¿No
hay ciencias en la educación secundaria?
Recientemente
se ha hecho público el informe
Pisa, que pone de manifiesto algunas importantes deficiencias
en el nivel de los estudiantes de enseñanza secundaria
de nuestro país. Se ha detectado, entre otros problemas,
que los estudiantes muestran importantes carencias en la
comprensión lectora, en las matemáticas y
en las ciencias, aunque este último aspecto no ha
sido demasiado destacado en los medios de comunicación.
Este informe no es el único indicador del bajo nivel
en ciencias de nuestros estudiantes. Las notas que, en promedio,
obtienen los estudiantes en las pruebas de PAAU en ciencias
y matemáticas son claramente mejorables y, poniendo
como ejemplo la química, encontramos que las notas
de los tres últimos años en la convocatoria
de junio han sido 4,4 (2002), 4,9 (2003) y 4,6 (2004). Este
bajo nivel ha aconsejado a las facultades de ciencias a
emprender algunas acciones, como ofrecer asignaturas de
libre elección o realizar los denominados cursos
cero, para afianzar algunos de los conceptos más
importantes de las ciencias que los estudiantes no tienen
bien asimilados.
Ésta es una solución poco satisfactoria ya
que la responsabilidad de formar adecuadamente a los estudiantes
de bachillerato no es competencia de las universidades.
Si se busca por las posibles causas del bajo nivel científico
de los alumnos, se observa que los estudiantes de bachillerato
de las modalidades de Tecnología y de Ciencias de
la Naturaleza y de la Salud dedican únicamente la
mitad de su tiempo a estudiar asignaturas de ciencias. Además
las ciencias no están presentes en la parte común
del bachillerato y, en las actuales condiciones, es difícil
que los estudiantes realicen un número razonable
de prácticas de laboratorio.
En el caso concreto de la química se produce la
sorprendente situación de que esta asignatura no
es obligatoria para los estudiantes de bachillerato de la
modalidad de tecnología, por lo que un
estudiante puede acceder a los estudios de Ingeniería
o incluso a las licenciaturas de Química o Ingeniería
Química sin haber cursado la química en el
bachillerato, lo que genera un importante fracaso
de los alumnos en los primeros cursos de sus estudios universitarios.
Esta desafortunada situación olvida la importancia
de esta ciencia en la tecnología. Así, no
es posible preparar materiales con nuevas propiedades, desarrollar
fármacos o profundizar en los estudios de campos
tan innovadores como son la superconductividad, la nanotecnología,
el diseño de catalizadores o el magnetismo de las
sustancias sin tener una buena base de química. De
igual forma la química es imprescindible si queremos
realizar una gestión adecuada de los residuos y minimizar
la contaminación que inevitablemente genera la elevada
población de nuestro planeta y nuestra actual forma
de vida.
En conclusión, parece claro que las ciencias no
están adecuadamente tratadas en la educación
secundaria actual, a pesar de que su estudio permite que
los ciudadanos adquieran unos conocimientos fundamentales
para interpretar la vida cotidiana, en la que la ciencia
y la técnica tienen una presencia cada vez mayor.
Por otro lado, una buena base científica permite
que el público tenga una mayor capacidad crítica
y una visión más exacta de las posibles consecuencias
que se derivan de los avances científicos. Además,
el conocimiento del método científico es muy
útil a los estudiantes, tanto para su futura vida
profesional como para su formación integral.
Esperemos que el debate que ha abierto el informe Pisa
sobre la educación secundaria consiga reconducir
la situación y permita que los nuevos ciudadanos
sean partícipes de la cultura el siglo XXI, que es
a la vez humanística y científica.
ELa-Vanguardia.-Jaume R. Granelle,
vicedecano de la facultad de Química de la Universitat
de Barcelona
|