Tema 8.
La humanidad siempre ha tenido la necesidad de transformar los elementos de la naturaleza para poder aprovecharse de ellos. En un sentido gen�rico a esa transformaci�n de la naturaleza es a lo que podr�amos llamar industria. Al elemento de la naturaleza que vamos a transformar le llamamos materia prima y al objeto transformado y dispuesto para usar lo llamamos producto elaborado. Si el producto obtenido necesita una segunda elaboraci�n se trata de un producto semielaborado, como por ejemplo las planchas de acero que a�n deben usarse para hacer coches, o clavos.
La industria fue el sector motor de la econom�a desde el siglo XIX y hasta la segunda guerra mundial la industria. Era el sector econ�mico que m�s aportaba al producto interior bruto (PIB), y el que m�s mano de obra ocupaba, pero desde entonces y con el aumento de la productividad gracias a la mejora de las m�quinas, y el desarrollo de los servicios, ha pasado a un segundo t�rmino. Sin embargo, contin�a siendo esencial, puesto que no puede haber servicios sin desarrollo industrial.
Hacia finales del siglo XVIII, y durante el siglo XIX, el proceso de transformaci�n de los recursos de la naturaleza sufre un cambio radical, que se conoce como revoluci�n industrial. Este cambio consiste, b�sicamente, en la disminuci�n del tiempo de trabajo necesario para transformar un recurso en un producto �til, gracias a la utilizaci�n, en el proceso, de m�quinas. Esto permite reducir los costes unitarios, y aumentar la productividad, si bien es necesario incrementar los costes totales, lo que hace imprescindible la acumulaci�n de capital. Para entonces est� plenamente asentado en modo de producci�n capitalista, que pretende la consecuci�n de un beneficio aumentando los ingresos y disminuyendo los gastos. Con la revoluci�n industrial el capitalismo adquiere una nueva dimensi�n, y la transformaci�n de la naturaleza alcanza l�mites insospechados hasta entonces.
Gracias a revoluci�n industrial las regiones se pueden especializar, sobre todo debido a la creaci�n de medios de transporte eficaces, un mercado nacional y otro internacional, lo m�s libre posible de trabas arancelarias y burocr�ticas. Algunas regiones se van a especializar en la producci�n industrial, conformando lo que conoceremos como regiones industriales.
El capital de inversi�n, en Europa, procede de la acumulaci�n de riqueza en la agricultura. El capital agr�cola se invertir� en la industria y en los medios de transporte necesarios para poner en el mercado los productos elaborados.
En principio los
productos industriales har�n aumentar la productividad
de la tierra, con lo que se podr� liberar
fuerza de trabajo para la industria y se podr�n obtener productos agr�colas excedentarios para alimentar a una
creciente poblaci�n urbana, que no vive del campo. La
agricultura, pues, proporciona a
la industria capitales, fuerza de trabajo y mercanc�as. Todo ello es una
condici�n necesaria para el desarrollo de la revoluci�n industrial.
En los pa�ses del
Tercer Mundo, y en algunos pa�ses de industrializaci�n
tard�a, el capital lo proporciona la inversi�n
extranjera, que monta las infraestructuras necesarias para detraer la
riqueza y las plusval�as que genera la fuerza de trabajo; sin liberar de las
tareas agr�colas a la mano de obra necesaria, sino s�lo a la imprescindible. En
un principio hubo de recurrirse a la esclavitud para garantizar la mano de
obra. Pero el cambio de la estructura econ�mica, y la destrucci�n de la
sociedad tradicional, garantiz� la disponibilidad de suficiente fuerza de
trabajo asalariada y voluntaria.
La existencia de recursos naturales es tambi�n una condici�n b�sica para que se desarrolle la industria. Pero lo que es, o lo que se considera, un recurso natural cambia con la tecnolog�a y el desarrollo de la ciencia. Un recurso natural es aquel elemento de la naturaleza que la sociedad, con su tecnolog�a, es capaz de transformar para su propio beneficio. Esto quiere decir que no siempre se consideran recursos naturales los mismos elementos de la naturaleza, sino s�lo aquellos que se pueden transformar. Mientras se desconozca c�mo aprovechar un determinado elemento, este no es un recurso natural. El ejemplo m�s claro es el del petr�leo, que se conoc�a desde antiguo pero s�lo en el siglo XX se pudo aprovechar para mover motores y crear energ�a: s�lo entonces se convirti� en un recurso natural.
En todo proceso de transformaci�n de la materia prima, en producto elaborado, aquella pierde peso, por lo que se generan residuos. Cuanto m�s peso se pierda m�s residuos se generan, pero tambi�n m�s importancia tendr� la ubicaci�n de la materia prima en la localizaci�n de la industria, puesto que el coste del transporte de la mercanc�a, para la misma distancia, aumenta con el volumen. Sin embargo, hay excepciones, como en el caso de que el producto elaborado sea muy fr�gil o necesite medios de transporte muy especializados, y por lo tanto m�s caros. Por otra parte, es raro el producto elaborado que utiliza una sola materia prima. En este caso ser� m�s importante el recurso que m�s peso pierda en el proceso de elaboraci�n.
Algunas industrias utilizan como materia prima productos elaborados por otras f�bricas y su pauta de localizaci�n est� en funci�n de la ubicaci�n de esas otras factor�as, sobre todo si est�n instaladas antes que ella.
Pero adem�s, muchas compa��as se instalan all� donde ya hay otras industrias; en busca de las econom�as de aglomeraci�n que generan los servicios conjuntos de las empresas. La cercan�a a una zona industrial se busca para conseguir estas econom�as de aglomeraci�n.
Uno de los fen�menos m�s llamativos de la actividad industrial es la contaminaci�n que produce. La materia prima perdida en el proceso de elaboraci�n se introduce en el medio de manera masiva, por encima de las posibilidades que tiene la naturaleza de recuperarse, generando, as�, la contaminaci�n. Por otro lado, el ritmo de consumo de los recursos naturales tambi�n puede ser un problema, ya que un uso mayor a su umbral de renovaci�n lleva, inexorablemente, al agotamiento del recurso, y por consiguiente, al cierre de la industria por falta de materia prima que transformar.
La eliminaci�n de los desechos o su acumulaci�n, o la escasez producida por la depredaci�n, pueden hacer desaparecer una regi�n industrial, debido a las pocas garant�as de pervivencia. El modelo capitalista de producci�n industrial tiene todas estas caracter�sticas, lo que la convierte en el mayor agente de agresi�n al medio natural, en el que encuentra sus recursos.
La existencia de un mercado con rentas altas y diversificadas es fundamental para el desarrollo de la industria. Es el mercado, sobre todo el mercado interior, lo que hace crecer la econom�a y lo que da salida los productos elaborados en la industria. �l es el encargado de distribuir la mercanc�a y facilitar su consumo, poniendo los bienes al alcance de los consumidores.
Con la revoluci�n industrial los productos se multiplican, el precio unitario baja y, adem�s, sube la renta nominal de muchas familias. Tras el crecimiento de la renta, las necesidades de abastecimiento se multiplican y se diversifican. Adem�s, la vida urbana no permite proveerse de todo lo necesario. Surgen, as�, los comercios permanentes (en todas las ciudades) que permiten acceder a la oferta de productos industriales y agr�colas de una manera continua.
Para la actividad industrial es fundamental la existencia, y el consumo, de energ�a que mueva los ingenios y las m�quinas.
En �pocas preindustriales las fuentes de energ�a eran renovables: cursos de agua, vientos y animales eran un factor de localizaci�n fundamental, puesto que sin ellas no puede haber industria.
Con la revoluci�n industrial y la invenci�n de la m�quina de vapor por James Watt en 1767, la industria se libera un poco de esa dependencia tan estricta. Sin embargo, la m�quina de vapor funciona con agua y carb�n, ya sea este mineral o vegetal, y por lo tanto alcanza su �ptimo de producci�n en lugares en los que haya estos dos recursos en abundancia. Las primeras industrias, que funcionan principalmente con m�quinas de vapor, se localizan en regiones carbon�feras, de carb�n mineral, que es m�s barato que el vegetal, y en zonas h�medas, en donde el agua (a�n no se hab�an regulado los r�os) era abundante. Son regiones como el Ruhr, Inglaterra, el norte de los Apalaches o Asturias.
La liberaci�n definitiva se consigue con el abaratamiento del transporte, la producci�n de energ�a el�ctrica y su transporte a larga distancia. Cosa que s�lo ocurre en el siglo XX. Hoy en d�a la mayor parte de las m�quinas industriales son el�ctricas; y para las que no lo son el transporte de carb�n, petr�leo o gas es muy barato. Adem�s, existe una pol�tica, al menos en Europa, de precios uniformes para el consumo de electricidad. Esto ha permitido liberar totalmente a la industria de una localizaci�n cercana a las regiones productoras de energ�a. En el caso de Espa�a las principales regiones productoras de energ�a son Castilla y Le�n, los Pirineos, Galicia y Castilla-La Mancha; sin embargo, las regiones m�s consumidoras son Madrid y el Levante. En general, en todos los pa�ses las regiones productoras son pobres y est�n despobladas; ya que la producci�n de energ�a es una de las actividades m�s contaminantes, con m�s impacto ambiental y que m�s rechazo producen entre la poblaci�n. Por el contrario, las regiones consumidoras son las m�s ricas y pobladas. En todo caso, las zonas donde se produce la energ�a est�n alejada de los n�cleos importantes de poblaci�n, aisladas en regiones monta�osas; pero las zonas de mayor consumo son las ciudades y su entorno industrial.
El recurso energ�tico b�sico para la producci�n industrial es la energ�a el�ctrica, salvo para el transporte, los altos hornos y la propia producci�n de energ�a el�ctrica.
La producci�n de electricidad necesita otras fuentes de energ�a, de las que no puede prescindir. Dos son las fuentes de energ�a b�sicas, para la producci�n el�ctrica: la hidroelectricidad y la termoelectricidad.
La producci�n hidroel�ctrica se consigue haciendo pasar por una turbina grandes cantidades de agua a mucha presi�n. Para esto es necesario el embalsamiento de agua en grandes cantidades y con grandes desniveles. Esto supone una ubicaci�n limitada a regiones con excedentes de agua y con grandes desniveles, por encajamiento de r�os. Puesto que no es posible encontrar estas condiciones en todas partes, ni siquiera de manera abundante, la potencia posible de esta forma de producir energ�a parece limitada; a la espera de avances tecnol�gicos de importancia.
La producci�n termoel�ctrica consiste en hacer pasar por una turbina aire caliente a presi�n. El aire caliente se consigue calentando agua, para lo cual es necesario: bien quemar carb�n, bien quemar petr�leo, o bien recurrir a la fisi�n nuclear. La opci�n por uno de estos tres m�todos depende del precio de la misma, de la tecnolog�a, y de las externalidades ecol�gicas. En todo caso, esta es una opci�n pol�tica, ya que la producci�n el�ctrica suele estar en manos del Estado.
La posibilidad de instalar potencia el�ctrica por medios t�rmicos es muy superior a la hidroelectricidad, ya que no precisa de condiciones naturales favorables, y es apta para ubicarse en regiones secas o llanas.
Existen otras formas de producir electricidad, con fuentes de energ�a renovables: e�lica, solar, geot�rmica, etc.; pero tienen el mismo inconveniente que la hidroelectricidad: necesitan unas condiciones naturales �ptimas, y su producci�n no se podr� incrementar mientras que no se consiga un cambio tecnol�gico sustancial. S�lo la energ�a solar puede llegar a ser ubicua, si se consigue la tecnolog�a necesaria.
La electricidad no es el �nico recurso energ�tico utilizado por la industria; el carb�n, el gas y el petr�leo tienen una importancia no peque�a en la producci�n industrial (mucho mayor en el pasado que en la actualidad). En general son los hornos los que utilizan este tipo de fuentes de energ�a.
Si todos estos factores han contribuido al despegue industrial de ciertas regiones, el factor decisivo que ha impulsado la renovaci�n ha sido el transporte y la creaci�n de un mercado nacional.
El sector del transporte es esencial para el funcionamiento de los pa�ses; por eso es el Estado quien construye las infraestructuras viarias: carreteras, v�as de ferrocarril, puertos y aeropuertos, que todos pueden utilizar m�s o menos libremente. Para cualquier zona subdesarrollada la construcci�n de una carretera es una garant�a, y una condici�n, de desarrollo.
Los precios del transporte dependen de la distancia, el volumen, los cuidados necesarios durante el traslado (fr�o por ejemplo), y de las operaciones de carga y descarga. El precio del transporte puede influir de manera decisiva en el precio unitario del producto. Cuando este coste unitario total es menor que el coste del unitario de producci�n, el art�culo se importa de los lugares donde se fabrica m�s barato. Esto facilita la especializaci�n funcional de las regiones. Ello permite conseguir ventajas comparativas en las que la dedicaci�n exclusiva a un producto, o a una gama peque�a de productos, eleva las rentas lo suficiente como para permitir el transporte y la importaci�n de las mercanc�as que se han dejado de producir.
Este intercambio de manufacturas entre regiones, en el �mbito nacional o internacional, crea un mercado interrelacionado al que no es ajena la pol�tica econ�mica o la moneda.
Distinguiremos tres tipos b�sicos de industria: la industria pesada, la industria de equipo y la industria ligera.
En sentido estricto una industria pesada es aquella que trata grandes cantidades de productos brutos, pesados, para transformarlos en productos semielaborados. En realidad estos son, en su mayor�a, bienes de equipo, pero trataremos esto a parte; por lo que consideraremos, como industria pesada a las de primera elaboraci�n, y como industrias de equipo a las que emplean productos semielaborados.
En el caso de la industria pesada, de primera elaboraci�n, es aconsejable la instalaci�n de las plantas cerca de las materias primas o en su caso cerca de los puertos a los que llegan. En la industria de equipo, en cambio, el valor a�adido del producto aumenta, y el nivel tecnol�gico necesario es mayor, lo que la libera un poco de la dependencia de los recursos. Se suelen instalar en las grandes ciudades industriales.
En la industria pesada distinguiremos, como industrias principales, la metalurgia y la qu�mica.
La industria metal�rgica tiene una gran dependencia de las materias primas; excepto en el caso del aluminio, cuyos procesos de elaboraci�n son muy complejos y su valor a�adido es alto. Las partes esenciales de esta industria son: el alto horno y los trenes de laminaci�n. Son industrias que exigen inversiones muy elevadas, y ocupan mucho suelo industrial. Adem�s, es necesario preparar lugares de almacenamiento y acondicionar el lugar para el transporte de los materiales, por ejemplo con cintas transportadoras.
La industria metal�rgica proporciona: lingotes, forjados, tubos, planchas de acero, hierro, aluminio u otro metal con vistas a utilizarlos en otras f�bricas, como la construcci�n o las v�as del ferrocarril. Cuanto m�s complejo sea el proceso de la obtenci�n del producto mayor ser� el valor a�adido. Esta industria permite tener asociadas otras formas de rendimiento, como la producci�n de energ�a el�ctrica en los altos hornos o la obtenci�n de cemento. A este tipo de industria se le considera una actividad b�sica de la econom�a. Durante mucho tiempo fue el �ndice por el que se med�a el desarrollo de un pa�s.
La industria qu�mica es m�s variada, ya que utiliza una gama mayor de materias primas: combustibles s�lidos, l�quidos y gaseosos, pirita, cal, sales, productos vegetales y animales, etc. La elaboraci�n de productos qu�micos es m�s compleja, y su nivel tecnol�gico mayor, por lo que dependen menos de una localizaci�n cercana a los recursos.
Los productos qu�micos precisan de unas condiciones de transporte y almacenamiento especiales, ya que pueden ser muy contaminantes para el medio. Al igual que la metalurgia, las plantas ocupan mucho suelo industrial. Los trabajadores de estas empresas tienen que estar altamente cualificados, lo que dificulta su traslado.
Los productos m�s comunes son: fertilizantes, colorantes, explosivos, pl�sticos, gomas, caucho, detergentes, aislantes, fibras artificiales, productos fotogr�ficos, productos farmac�uticos, etc. Su dependencia de la tecnolog�a implica que se localicen principalmente en los grandes pa�ses industriales.
Un tipo de industria qu�mica diferenciado es la refiner�a de petr�leo, esencial para la econom�a capitalistas desarrollada. Son industrias que se sit�an cerca de los grandes puertos de entrada del petr�leo o cerca de los yacimientos. Todas ellas producen graves problemas de contaminaci�n, tanto por el peso perdido en el proceso de elaboraci�n como por las grandes cantidades manejadas.
Las industrias de equipo se dividen en dos grandes grupos: las industrias de construcci�n y las metal�rgicas de transformaci�n.
Las industrias de construcci�n van desde la construcci�n de viviendas a las grandes infraestructuras: pantanos, carreteras y autopistas, centrales hidroel�ctricas, puentes, ferrocarriles, etc.; pero tambi�n entra aqu� la fabricaci�n de productos cer�micos y vidrios, desde azulejos a botellas, que se emplean en otros procesos industriales.
La metalurgia de transformaci�n es todav�a m�s compleja. Simplificando, se pueden distinguir las industrias productoras de utillaje industrial; la fabricaci�n del material para los transportes pesados: construcci�n naval y ferrocarril; la fabricaci�n de autom�viles, aviones y material agr�cola; y la fabricaci�n de material el�ctrico para otros usos.
En definitiva, esta industria genera bienes que ser�n utilizados en otros procesos, bien como producto que se ha de elaborar, bien como maquinaria necesaria para la producci�n.
La industria ligera es la que fabrica bienes de uso y consumo particular. Para ello utiliza materias primas y productos semielaborados. Aunque la industria alimentaria moviliza grandes cantidades de productos. El destino de estos bienes es el mercado al por menor. Entre ellas destacan: la alimentaci�n, el textil, el mueble, la qu�mica ligera, los electrodom�sticos, etc., pero su variedad es tan grande como los art�culos que encontramos en el mercado. Todos ellos son mercanc�as de alto valor a�adido, y su localizaci�n depende, sobre todo, de la cercan�a de un mercado consumidor. En general consumen poca energ�a en el proceso de producci�n, la necesidad de suelo industrial es menor y su tasa de contaminaci�n m�s baja.
Por lo com�n, el mercado de la industria pesada son otras industrias, mientras que el mercado de la industria ligera es el p�blico. La prosperidad de la industria ligera depende de la tasa de consumo interno del mercado. Esta es la causa de que sean las primeras en sentir las crisis econ�micas, aunque luego las repercuten en la industria pesada al demandar de esta menos mercanc�a.
Ya desde comienzos del siglo XIX se intenta buscar un modelo te�rico que explique la localizaci�n industrial. Ser� el alem�n Alfred Weber quien en 1909 desarrolle una teor�a pura sobre la localizaci�n industrial en el espacio.
Para su teor�a Weber supone un espacio isotr�pico, pero, con recursos localizados en un punto y con un mercado en otro punto. En general su teor�a se aplica a la industria pesada, aunque puede aplicarse a la industria ligera. El factor fundamental del que trata la teor�a es la distancia: la distancia de la planta de producci�n a los recursos y al mercado. Lo que se localiza es la planta de producci�n, que es el lugar de fabricaci�n. Tambi�n considera que los costes de producci�n son los mismos en todas partes. Con estos supuestos, lo ideal es que la planta se ubique en el lugar donde los costes de transporte est�n minimizados. Weber representar� su teor�a en un tri�ngulo, en el cual, dos v�rtices corresponden a los productos que necesita en su elaboraci�n y otro v�rtice es el lugar de mercado.
Lo normal es que, en la elaboraci�n de cualquier bien, se necesite m�s de un producto. Incluso productos elaborados por otras empresas. Weber distingue entre: materiales puros que se venden tal y como se encuentran en la naturaleza, como los tomates; y los materiales brutos, que han sufrido alg�n tipo de elaboraci�n y han perdido peso, como la madera para muebles.
Seg�n Weber la ubicaci�n de una planta industrial est� relacionada con cuatro factores fundamentales: la distancia a los recursos naturales, la distancia al mercado, los costes de la mano de obra y las econom�as de aglomeraci�n. Estos dos �ltimos factores est�n modificados por decisiones pol�ticas.
Weber no considera en su teor�a las fuentes de energ�a, aunque pueden incluirse como materia prima, ya que es posible considerarlas como un coste m�s de producci�n, y tiene caracter�sticas muy similares a las materias primas.
En la teor�a se consideran dos tipos de materiales de producci�n: los ubicuos, como el agua, la arena o cualquiera que pueda encontrarse en cualquier parte; y los recursos localizados, que s�lo se encuentran en un determinado punto y son esenciales para la elaboraci�n. Estos �ltimos son los que tendr�n m�s peso en la localizaci�n de la planta, aunque existen regiones en las que, lo que Weber considera materiales ubicuos, no lo son tanto.
En el primer supuesto Weber considera que los costes de producci�n son iguales en todas partes, por lo que s�lo es posible una variaci�n del precio unitario debido a los costes de transporte. La ubicaci�n de la planta ser� all� donde los precios de transporte sean m�nimos. Estos precios est�n en funci�n de la p�rdida de peso en el proceso de elaboraci�n, de la fragilidad o del aumento del valor a�adido.
Weber elabora un �ndice, �ndice de materiales, en el que se divide el peso de los recursos utilizados entre el peso del producto elaborado. El resultado indicar� la dependencia de la planta para localizarse cerca de los recursos o cerca de los mercados. En los materiales puros el resultado es 1, en los materiales brutos ser�n mayor que 1; cuanto m�s alto sea el �ndice material m�s dependencia tendr� la planta de la localizaci�n de los recursos, ya que el producto elaborado pierde m�s peso, y por lo tanto cuesta m�s transportar la materia prima que el producto elaborado; cuanto m�s bajo sea el �ndice material m�s cerca del mercado se situar� la planta. Weber consideraba como peso de ubicaci�n al �ndice de materiales m�s uno (PU=IM+1). En este modelo no se tienen en cuenta ni la energ�a empleada ni el valor a�adido del producto.
En el segundo modelo Weber introduce cambios en funci�n del coste de la mano de obra y de las econom�as de aglomeraci�n. Estos factores pueden hacer que el coste de producci�n descienda en alg�n otro punto; y la planta tender�a a instalarse all� donde producir le saliera m�s barato, siempre y cuando el ahorro en los costes de producci�n superen el aumento de los costes de transporte; a los que se ha de hacer frente, ya que la nueva localizaci�n no es el �ptimo de reducci�n de los costes de transporte. El tri�ngulo que Weber utiliz� en el primer modelo aparece ahora rodeado de c�rculos conc�ntricos que representan el coste del transporte en una �rea, cada c�rculo se llama isodap�n. Si situamos un punto en el que los costes de la mano de obra son menores que los costes del transporte, dentro del isodap�n, la planta se ubicar� en ese punto, pero si los costes de la mano de obra quedan fuera del isodap�n la planta no se trasladar�. El l�mite entre los costes de transporte y el ahorro en la fuerza de trabajo es el isodap�n cr�tico.
Weber tambi�n tuvo en cuenta el efecto de las econom�as de aglomeraci�n. Por el hecho de estar situada en una regi�n industrial, una planta puede beneficiarse de ahorros en cuestiones como el acceso a los mercados, a las v�as de comunicaci�n, a la mano de obra especializada, a los servicios comunes y a los proveedores. Sin embargo, estos ahorros pueden desencadenar una competencia por la tierra y dispararse el precio del suelo, anulando los posibles ahorros.
Como ocurre en todos los modelos la teor�a es m�s simple que la realidad, pero es muy �til para comprender muchos fen�menos de localizaci�n industrial. La cr�tica m�s grave que se le puede hacer a este modelo es que no tiene en cuenta ni los costes de extracci�n del recurso, ni las limitaciones y costes del almacenamiento; dos factores que pueden hacer subir mucho el precio unitario del producto. Tampoco tiene en cuenta que cuanto mayor sea el valor a�adido a un producto menos depende del transporte para generar plusval�as y crear beneficios.
Los poderes pol�ticos pueden favorecer la ubicaci�n de industrias: teniendo una mano de obra barata o una ley laboral favorable a los empresarios, ofreciendo suelo industrial barato, eximiendo de impuestos a las empresas, dando subvenciones u ofreciendo servicios a las compa��as. Todas estas medidas, y algunas otras de tipo legal, fiscal o bancario, pueden hacer bajar los costes unitarios de un producto, al menos a corto plazo, por lo que una empresa puede decidirse a construir una planta en un determinado lugar en funci�n de ellos.
Pero tambi�n existen factores ambientales de atracci�n o rechazo de una planta. Dependiendo de la cantidad de residuos que genere en su proceso de elaboraci�n del producto, la planta podr� ser m�s o menos contaminante para el medio en el que se ubica. Esta contaminaci�n genera rechazo y oposici�n de ciertos grupos, cuando se instalan plantas contaminantes para el medio cerca de n�cleos de poblaci�n, regiones naturales fr�giles o de especial inter�s en su conservaci�n.
Pero, adem�s de los recursos naturales y energ�ticos, muchas plantas tienen una dependencia del medio m�s inmediata. A veces, las necesidades de agua o de zonas verdes cerca de la planta, no permiten la localizaci�n de la planta m�s que en determinados lugares.
Toda actividad industrial supone la existencia de un importante agente contaminante, que se convierte en un elemento de rechazo para las ciudades que les sirven como mercado, por lo que las industrias deben localizarse en los lugares de peores condiciones ecol�gicas.
Si atendemos a la localizaci�n global, tenemos que, el clima es un factor limitante de la actividad industrial, m�xime cuando del clima depende la capacidad regeneradora de la naturaleza. Adem�s, los climas extremos dificultan el funcionamiento de la propia planta y la aglomeraci�n en las cercan�as de la fuerza de trabajo.
Tambi�n debe tenerse en cuenta la pol�tica de desconcentraci�n de las grandes empresas multinacionales, sobre todo en momentos de crisis econ�mica. Los bajos fletes permiten a las empresas construir las plantas de producci�n en los pa�ses con una fuerza de trabajo m�s barata. La vinculaci�n de las empresas con esos pa�ses es escasa, y el traslado de las factor�as frecuente. Incluso el domicilio social y fiscal de las grandes empresas se instala en pa�ses donde se pagan pocos impuestos. Sin embargo, en los pa�ses industrializados se queda lo m�s importante: los centros de decisi�n, la mano de obra especializada y m�s cualificada y la investigaci�n. Esta pol�tica de desconcentraci�n busca, en muchos casos, no depender de una sola planta para la fabricaci�n de un producto, sino que se fabrican los componentes en varias factor�as y se montan en una, con lo que no dependen de la crisis de una regi�n o planta.
Por �ltimo, no debemos desde�ar la importancia de la investigaci�n en la ubicaci�n de una planta industrial. En la actualidad, muchos bienes dependen del estado de la investigaci�n cient�fica, o en todo caso la fabricaci�n de los mismos. Las nuevas m�quinas pueden aumentar la productividad de la fuerza de trabajo, lo que significa que el valor a�adido es mayor y el producto m�s ubicuo. Adem�s, la investigaci�n puede generar una industria de vanguardia en las regiones en las que existe. Muchos capitales est�n dispuestos a invertir en este campo. La investigaci�n cient�fica puede ser un factor de localizaci�n de primer orden.
Desde el comienzo de la revoluci�n industrial, las f�bricas ha tendido a concentrarse en algunas regiones, en busca de la cercan�a a los lugares de los que proced�a la materia prima, los mercados consumidores y las econom�as de aglomeraci�n y escala. Estos son los factores fundamentales que crean una regi�n industrial, es decir: una regi�n en la que la actividad industrial est� concentrada. Existencia de materias primas y un mercado consumidor son los ejes fundamentales de la localizaci�n industrial. Pero, adem�s, la existencia de una f�brica o de una regi�n industrial atrae nuevas inversiones, lo que estimula al mismo tiempo su crecimiento.
La primera regi�n industrial se vio en Inglaterra, en un pa�s agr�cola, pero con acceso al tr�fico mar�timo internacional, la regi�n de Liverpool-Manchester. Con el tiempo se cre� en la zona nueva riqueza, que se distribuy� entre gran parte de la poblaci�n: la cual creci� espectacularmente, posibilitando el aumento del consumo interno y estimulando as� la actividad industrial, gracias a las econom�as de escala. Pero pronto aparecieron los rendimientos decrecientes, el mercado se satur� y la industria comenz� a instalarse en otros territorios; que se convirtieron, tambi�n, en regiones industriales, como el entorno de Londres, el Ruhr, el noroeste de EE UU y poco a poco toda Europa, Estados Unidos, Jap�n y diversos enclaves en el resto del mundo.
Las empresas de una regi�n industrial son productoras de bienes para el mercado; pero parte de ese mercado son otras empresas de la misma regi�n, por lo que el ubicarse en la misma significa localizarse cerca del mercado.
La regi�n industrial tiene una serie de infraestructuras que ofrece a las plantas que se instalan en ellas, con lo que no tiene porqu� crearlas. Esto supone un gran ahorro de capital. Adem�s, cuantas m�s plantas existan, mejores ser�n esas infraestructuras: v�as de comunicaci�n, mercados, mano de obra cualificada, agua, fuentes de energ�a, electricidad y una pol�tica empresarial, laboral y ambiental, favorable.
No obstante, la congesti�n de una regi�n industrial puede hacer subir en exceso el precio del suelo, y como consecuencia sale m�s econ�mico instalarse en una regi�n no industrial. A la larga, esa nueva ubicaci�n tender� a crear las condiciones para una nueva regi�n industrial.
Podemos distinguir varios tipos de regi�n industrial, atendiendo a su morfolog�a:
La regi�n dispersa en el medio rural, vinculada al campo. A menudo es fruto de las actividades industriales antiguas.
La regi�n mixta campo-ciudad, t�pica de Suiza y el norte de Italia; en la que encontramos grandes ciudades pero en las que la industria est� muy vinculada al medio rural.
La regi�n centralizada en una metr�poli, contigua a una ciudad que le sirve de mercado preferente.
La regi�n portuaria, ligada a un puerto y a las rutas internacionales de comercio, como Amsterdam o Nueva York.
La regi�n extractiva, vinculada a las actividades extractivas: miner�a, silvicultura o pesca, como Asturias. En estas regiones las industrias existentes pueden ser m�s o menos variadas, dependiendo de si s�lo se dedican a la extracci�n o tambi�n a la transformaci�n y elaboraci�n del producto extra�do. Aunque han podido atraer otras industrial ajenas a la actividad principal, bien sean estas de equipo o no.
En Espa�a las principales regiones industriales son: Madrid, Catalu�a, Valencia, Asturias y Pa�s Vasco. Pero la industria se extiende por todo el pa�s. Buena parte de ella est� vinculada a una actividad principal: la pesca en Vigo, la alimentaci�n el Castilla y Le�n, el aceite en Ja�n y C�rdoba, el corcho en Extremadura, etc.
Hasta la segunda guerra mundial la industria era el sector econ�mico que m�s aportaba al PIB, y el que m�s fuerza de trabajo ocupaba, pero desde entonces y con el aumento de la productividad gracias a la mejora de las m�quinas, y el desarrollo de los servicios, ha pasado a un segundo t�rmino. Sin embargo, contin�a siendo esencial, puesto que no puede haber servicios sin desarrollo industrial.
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