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Tema 48. Fascismo y neofascismo: caracteres y circunstancias en que se desarrollan

Introducci�n

El fascismo y la guerra en el siglo XX son dos fen�menos diferentes que tiene la misma causa: la propiedad privada de los medios de producci�n, y la divisi�n del mundo en Estados nacionales. En �ltima instancia, el fascismo es un instrumento del gran capital para dominar al pueblo. Como la guerra moderna, involucra en su desarrollo a toda la sociedad. Se tratar� de dominar al proletariado por el terror, para evitar las tendencias revolucionarias. Ning�n r�gimen pol�tico puede gobernar contra la clase que ostenta el poder econ�mico.

A pesar de ser un instrumento del gran capital, el fascismo se nutre, fundamentalmente, de la peque�a burgues�a empobrecida y descontenta, y del proletariado marginal. Lo que no evita que el fascismo contin�e siendo el arma del capitalismo decadente que pretende controlar la econom�a desde el poder pol�tico, sin que parezca que est� involucrado el poder econ�mico.

El fascismo nace tras la primera guerra mundial, desde la ideolog�a de los nacionalismos radicales, en Italia, donde se forman los fascios, que ser�n la primera gran organizaci�n fascista, la cual est� integrada, principalmente, por excombatientes. Italia est� entre los pa�ses vencedores de la guerra, pero se siente perjudicada en los tratados de paz. Los fascios se desarrollan, extraordinariamente, bajo el mando de Benito Musolini, y en 1922 marchan sobre Roma y toman el poder, que les es entregado por el rey V�ctor Manuel III.

En los a�os treinta, la oposici�n al fascismo limar� las diferencias, entre los liberales y los comunistas, ante el enemigo com�n.

Existen numerosas interpretaciones sobre lo que es el fascismo, pero popularmente es tiende a confundirlo con los conservadores tradicionales, mon�rquicos, y la b�squeda de ley y orden dentro de la derecha. Veremos que esta interpretaci�n no es correcta. El fascismo es, ante todo, un instrumento del gran capital y no una rebeli�n m�stica de la peque�a burgues�a. Tambi�n est� la tesis liberal, individualista, que afirma que hay una identidad pr�xima entre el fascismo y el comunismo, por ser ambos reg�menes totalitarios que se mantienen por el terror. Para ellos, el fascismo, como tal, no existe.

1. Naturaleza del fascismo

La mayor parte de los fascismos se definen, en lo pol�tico, progresivamente; al calor del oportunismo demag�gico sobre los acontecimientos pol�ticos del pa�s. El nazismo es una excepci�n, puesto que nace ya constituido como una ideolog�a, con una literatura, antes de implantarse en la sociedad; aunque tambi�n aprovecha oportunistamente los descontentos y los fantasmas que hay en la sociedad alemana. En 1923 Adolf Hitler escribe Mein kampf, donde resumir� su ideolog�a. Pero la mayor�a de los fascismos nacen como una protesta instintiva, irracional y violenta que tiene como valor fundamental la acci�n directa, antiburocr�tica y antiintelectual. En Italia no asume un programa pol�tico hasta que no est� en el poder.

Para su consolidaci�n, y para construir su ideolog�a pol�tica, utiliza varios elementos anteriores a �l, que est�n en la sociedad. Su originalidad est� en que los asocia y los utiliza demag�gicamente. De esta forma consigue la adhesi�n de sectores de la sociedad que de otra forma nunca le hubieran apoyado. Estos elementos son: la reacci�n nacionalista, la reacci�n contra la democracia parlamentaria, la reacci�n tradicional y la crisis econ�mica.

1.1. La reacci�n nacionalista

Uno de los argumentos que el fascismo utiliza m�s demag�gicamente es el del nacionalismo humillado y traicionado. El nacionalismo fascista es, al igual que el del siglo XIX, integrador y expansionista, pero, a diferencia de aquel, es represor y excluyente. La naci�n es un mercado libre y grande, seg�n la teor�a de los grandes mercados que se desarrolla en el siglo XIX, pero en la ideolog�a fascista degenera en la teor�a del espacio vital, seg�n la cual una naci�n debe dominar los espacios que le suministran materias primas y mercados. Adem�s, debe tener bajo su dominio una zona de seguridad nacional. Esto les lleva a tener una pol�tica exterior expansiva, por medio de la guerra.

El sentimiento nacionalista es muy fuerte en Italia, que aunque forma parte de los aliados, vencedores de la primera guerra mundial, se siente como una naci�n agraviada; porque cree que no recibe lo que le corresponde como vencedora de la guerra, y se ve menospreciada en favor de Yugoslavia.

Las instituciones son las garantes del sentimiento nacional, sobre todo el Ej�rcito. Son los excombatientes los que se sienten m�s frustrados. Para ellos el sacrificio de sus camaradas ha sido en vano, y eso es algo que no est�n dispuestos a permitir. Sus acciones reivindicativas son violentas, y van dirigidas contra el gobierno y las instituciones democr�ticas, que son corruptas. Este sentimiento no s�lo afecta a Italia sino, tambi�n, a Francia, Alemania, Espa�a y Portugal. En Italia se organizan en fascios, y dan nombre a la ideolog�a y el movimiento. En Francia se organiza la Liga Francesa, en Alemania el Partido Nazi, y en Espa�a, que tiene en la guerra de Marruecos su desagravio particular, Falange. Aunque todos son fascistas, cada uno de ellos tiene su originalidad y se diferencian entre s�. Como buenos nacionalistas buscan sus se�as de identidad.

1.2. La reacci�n contra la democracia parlamentaria

Otro de los elementos ideol�gicos que utilizan es la reacci�n contra la democracia parlamentaria, que en los a�os de la posguerra, a�n habiendo salido fortalecida de la contienda, sufre un descr�dito general debido a la crisis econ�mica de los a�os 30. El fascismo reacciona contra el liberalismo y el libre mercado triunfador en 1918, ya que el gran capital pretende intervenir la econom�a en su favor.

En ciertos sectores, la demagogia intenta mostrar a la democracia como ineficaz para resolver los problemas, sobre todo de orden p�blico (muchas veces causados por ellos) que se ve alterado por las reacciones revolucionarias socialistas. En Alemania se instaura la Rep�blica de Weimar, que se considera como el s�mbolo de la derrota en la guerra, con un r�gimen democr�tico.

Las dificultades econ�micas y las agitaciones sociales hacen aparecer a la democracia como un sistema ineficaz para resolver sus propios problemas y defender �los intereses de su pa�s�. La democracia sufre una crisis, en sus instituciones, en todo el mundo. Se cree que la divisi�n en partidos implica la divisi�n interna del pa�s, en contra de un �proyecto nacional� com�n. El objetivo nacional es la negaci�n del individualismo, la subordinaci�n al grupo, la defensa del inter�s y los derechos nacionales, todo el pueblo coherentemente unido en una m�stica comunitaria en la que es necesario suprimir la diversidad y someterse a la direcci�n �nica, al jefe, que es el que conoce el fin �ltimo de todas las acciones.

El fascismo es antiliberal, ya que est� en contra de todas las libertades que puedan debilitar a la autoridad y el poder de cohesi�n del grupo.

Para mantener la demagogia, el fascismo es antirracional, no apela a la raz�n para convencer e imponer sus tesis, sino que apela al sentimiento irracional. Esto les hace despreciar el intelectualismo, y tener una m�stica por la fuerza f�sica, la violencia, la juventud, el ej�rcito y la acci�n directa que se salta todos los tr�mites burocr�ticos.

El fascismo es una ideolog�a econ�micamente intervencionista, ya que su objetivo �ltimo es favorecer los intereses del gran capital nacional.

1.3. La reacci�n tradicional

El fascismo no es la reacci�n tradicional, no son los mon�rquicos que a�oran el absolutismo y la restauraci�n del Antiguo R�gimen, por m�s que en Espa�a se aliasen con los carlistas, que s� eran la reacci�n tradicional. Son un producto de la sociedad capitalista surgida en la Revoluci�n francesa. Apelan a la soberan�a nacional, y utilizan para legitimarse los plebiscitos y las elecciones, incluso suelen tener ascensos plenamente democr�ticos. Tienen un compromiso con la Revoluci�n francesa que se observa en sus ideas publicitarias de igualdad y justicia social. Organizan la sociedad capitalista a trav�s de los sindicatos verticales, tienen una pol�tica social paternalista y hacen una apuesta decidida por la industrializaci�n y por lo moderno, como los futuristas italianos.

El origen social de sus militantes no es la antigua aristocracia, sino la peque�a burgues�a y el proletariado descontento o parado, que ser�n quienes formen los cuadros dirigentes de los partidos. Sus militantes son parados y marginados y las clases medias empobrecidas por la crisis econ�mica. La clase media aboga por un r�gimen que controle el mercado en favor suyo.

El fascismo no es una ideolog�a igualitaria, sino que acepta el dirigismo de la elite que forma el partido y que se personifica en la figura del jefe.

La burgues�a les tolera, y les utiliza para contener los procesos revolucionarios de la izquierda, durante los a�os 30. La burgues�a les subvenciona y les vota, e incluso les ayuda a conseguir el poder. Pero una vez que est�n en el poder les tienen en contra, debido a sus excesos.

La l�gica del fascismo les lleva a la obediencia al jefe y al poder del partido que manda en el Ej�rcito. El Estado depende del partido hasta llegar a confundir Estado y partido.

Pretende la supresi�n de la lucha de clases en pos de un �proyecto nacional� cuyo plan s�lo conoce el jefe.

El fascismo es una ideolog�a racista, que mitifica la raza dominante, dominadora del mundo, y mitifica su pasado. En Italia se mitifica la grandeza de Roma, y se recupera su saludo tradicional con el brazo en alto y estirado; en Alemania se mitifica el pasado celta y se recupera la cruz gamada; y en Espa�a se mitifica la Reconquista y el Imperio y se recuperan el yugo y las flechas, s�mbolo de los Reyes Cat�licos.

El racismo se fundamenta en la desigualdad de las razas, y se mitifica a la propia raza, que es la depositaria de todas las virtudes. Es el caso de la apolog�a de la raza aria en Alemania, a la que se considera la �nica que ha sido capaz de crear una �cultura� y la �nica que puede crearla. Este racismo no es gratuito ya que lo que pretende es comprometer a la �raza� mayoritaria de la sociedad en su proyecto, asegur�ndoles que ellos son los beneficiarios de las ventajas que se derivan de su sistema pol�tico, marginando a parte de la poblaci�n.

La crisis econ�mica hace del fascismo, que era un fen�meno residual, un movimiento masivo, durante los a�os 30. La demagogia y la m�stica servil hacen de los fascistas un grupo violento f�cilmente manejable que se utiliza como fuerza de choque contra las organizaciones obreras.

Su ideolog�a les lleva a mitificar, tambi�n, la guerra como medio de conseguir sus objetivos y como manera de regenerar la sociedad. Esto supone una pol�tica exterior agresiva, un revanchismo nacionalista por los resultados de la primera guerra mundial. Un proyecto unificador de lo que se supone �el pa�s�.

No se pueden avivar las pasiones sin ponerles un objetivo a medio plazo, y no se puede alentar la guerra sin declararla en alg�n momento. El ascenso al poder en varios pa�ses de reg�menes fascistas aboc� a Europa, y al mundo, a una segunda guerra mundial.

2. La crisis econ�mica

La crisis econ�mica que se inicia en 1929 afecta gravemente a la burgues�a media, que sufre sus consecuencias y no tiene el seguro de una buena renta, ni la protecci�n del Estado. El empobrecimiento de la clase media y el proletariado, y el triunfo de la revoluci�n socialista en Rusia, provoca miedo a una revoluci�n social tanto en la peque�a como en la gran burgues�a. Ambas defender�n sus peque�as o grandes propiedades a cualquier precio.

La crisis afecta a todo el mundo, a causa del concepto liberal de la libertad de mercado. La �nica manera de que no afecte la crisis a un pa�s es teniendo un mercado protegido. El mercado incontrolado extiende la crisis por todo el mundo, lo que lleva el descontento a las clases medias, y a los parados desencantados y desesperados, cuyo n�mero alcanza unas cifras espectaculares. El paro se convierte en un fen�meno de masas.

La gran burgues�a mantiene sus ingresos gracias al proteccionismo del mercado exterior y a la sumisi�n, a menudo conseguida violentamente, de la clase obrera. Adem�s, la gran burgues�a se mantiene tambi�n con las subvenciones del Estado y las obras p�blicas. La burgues�a s�lo es una clase unitaria cuando se siente amenazada por un enemigo externo; de lo contrario tiene frecuentes enfrentamientos internos.

El gran capital utilizar� al fascismo como milicia antiobrera, ante el peligro de revoluci�n socialista, lo que unir� a la peque�a y a la gran burgues�a frente a un enemigo com�n, una revoluci�n socialista, que en la �poca se ve como algo muy posible, ya que ha triunfado en la URSS. Pero los m�todos de los agentes fascistas pasar�n por encima de la legalidad, formando bandas violentas de matones. Cuando un Estado no le asegura sus beneficios, la gran burgues�a lanza al poder a los fascistas, que les garantizan la intervenci�n de la econom�a en su favor, sin el peligro de des�rdenes p�blicos.

2.1. Italia

En Italia, tras la guerra mundial, se palpa en todas partes el esp�ritu revolucionario. Los sindicatos consiguen algunas de sus reivindicaciones m�s importantes, y tiene en la huelga una de sus armas m�s eficaces. Se hace necesaria una reforma agraria de tipo pol�tico, que es exigida con insistencia.

En esta situaci�n el gran capital recurre a los fascios de Benito Musolini para atemorizar a los obreros y reventar las huelgas y las manifestaciones de forma violenta. Los fascios se convierten en partido en 1921, un partido cuyo programa a�n no est� del todo definido, pero que su labor fundamental es organizar algaradas antiobreras. Este partido est� financiado por la gran burgues�a, y su programa econ�mico pretender� beneficiarla con una pol�tica de grandes obras p�blicas. En 1922 se produce la marcha sobre Roma y el rey V�ctor Manuel III les entrega el poder instaur�ndose as� una dictadura fascista de partido �nico.

2.2. Alemania

En Alemania se produce una aut�ntica revoluci�n obrera tras la derrota en la guerra; una revoluci�n en la que se hayan implicados los obreros y los campesinos, pero que no logra triunfar y es aplastada violentamente, tras el asesinato de Rose Luxemburg.

Para conjurar el peligro de otra revoluci�n, el gran capital acude a los cuerpos francos y las ligas de combate, que act�an violentamente contra los obreros. En 1920 Adolf Hitler organiza estos grupos en un s�lo partido, el Partido Nacionalsocialista o Nazi. En 1923 son una organizaci�n �nica, el Partido Nazi. Su programa pol�tico est� definido desde el principio: habla de los agravios de la guerra, de no pagar, del proteccionismo econ�mico, de la docilidad del Estado frente a las potencias extranjeras, y de que el partido debe controlar el Estado.

Las clases medias son v�ctimas de la competencia del libre mercado, y ven con buenos ojos este programa. Para ellos la lucha de clases les es un concepto extra�o, ya que son considerados como burgues�a por el proletariado, pero no son, ni mucho menos, ricos. Les es m�s pr�ximo la idea de colaboraci�n de las clases en un proyecto com�n, la idea de patria y de naci�n, y de poner el inter�s general y el Estado por encima de las clases.

Los campesinos son parte de la peque�a burgues�a, puesto que son peque�os propietarios de las explotaciones que cultivan. Adem�s, los precios agr�colas crecen menos que los industriales, lo que genera una tensi�n entre agricultura e industria. El principal capital del campesinado es el precio de la tierra.

El Partido Nazi se nutre de estas clases descontentas. Hitler intentar� un golpe de Estado en 1922, por el que ser� condenado a prisi�n, pero ganar� las elecciones de 1933.

3. M�stica y demagogia

El fascismo no apela a la raz�n para lanzar sus consignas, sino al sentimiento. Utilizan la m�stica y la parafernalia publicitaria, la demagogia, para lanzar a las masas contra los obreros revolucionarios; obreros que son de su misma clase. Tienen una organizaci�n paramilitar, y anteponen las virtudes de la acci�n directa frente a la negociaci�n y la burocracia. La violencia y la corrupci�n son sus formas fundamentales de actuaci�n.

Recurren a la fe irracional. La raz�n desmontar�a todas sus tesis demag�gicas. La l�gica de lo que sucede se basa en el embaucamiento. Para ellos la soluci�n est� en la defensa de un inter�s general, nunca bien determinado, que s�lo conoce el jefe, y al que hay que obedecer ciegamente porque es el �nico que tiene todas las claves y el que sabe para qu� sirve lo que se est� haciendo. Este proyecto nacional implica la disoluci�n del individualismo en el grupo que le acoge. Dentro de este grupo tiene una misi�n que le supera. Es el recurso a la fe, al misticismo y la obediencia ciega al hombre gu�a, al dictador providencial, la jefe salvador. Se recurre, tambi�n, al mito de los muertos ca�dos por la patria, en combate.

La propaganda es el medio fundamental para despertar y favorecer la m�stica demag�gica. Se emplean todos los medios que la tecnolog�a m�s moderna pone a su alcance, iluminaci�n y altavoces, la radio, etc. Se usa todo tipo de s�mbolos, y se repiten las consignas sin pensar, a modo de oraciones. Se apela a la sugesti�n de la palabra y el discurso demag�gico en los m�tines y reuniones que despiertan la pasi�n emotiva. Para ello, utilizan las grandes reuniones y escenograf�as, desfiles y uniformes que se convierten en fetiches.

Su discurso se fundamenta en un anticapitalismo demag�gico y peque�o burgu�s. No hace falta demostrar sus afirmaciones: lo dicen y basta. Este discurso cala en las personas menos ilustradas, y en las que m�s afecta la crisis. Se acusa de todos los males a las potencias extranjeras, a los jud�os, banqueros, prestamistas y usureros, al socialismo marxista, etc.; en el fondo, a los competidores del gran capital nacional.

El corporativismo burgu�s hace creer que la lucha de clases se superar� con la colaboraci�n de la burgues�a y el proletariado, en un proyecto nacional com�n. Nace, as�, la idea del sindicalismo vertical, gremial, en el que se pone el acento en la ayuda mutua (curiosamente este es un concepto nacido en el anarquismo), pero que est� controlado por la gran burgues�a. Se trata de erradicar, con este m�todo, la lucha de clases: para ello hay que perseguir a los socialistas.

Ninguna de sus afirmaciones se sostiene racionalmente, ni resiste un an�lisis medianamente riguroso, por eso es necesario recurrir a la fe y a la demagogia. Esto no quiere decir que no haya gente culta entre los fascistas, pero estos son los que lanzan las proclamas y pertenecen al partido como dirigentes, se aprovechan del partido y de sus militantes.

4. El ascenso del fascismo

Durante los a�os de entreguerras las bandas fascistas act�an como milicias antiobreras en toda Europa.

Italia

En Italia las bandas de fascistas nacen entre 1914 y 1918, durante la primera guerra mundial. Muchas de ellas eran controladas por Benito Musolini, como la Liga antibolchevique, las Umas, etc. Su estrategia era la de hacer ataques callejeros por sorpresa y reventar manifestaciones.

Los grupos de fascistas se instalan poco a poco en el poder. En 1920 obtienen el Ministerio de la Guerra, y elaboran un plan para contactar con todos los grupos antisocialistas. En 1922 est�n perfectamente organizados bajo las �rdenes de Musolini y marchan sobre Roma para conquistar el poder, que les es entregado por V�ctor Manuel III, en un golpe de Estado incruento. Tiene una alianza con el Ej�rcito para que no intervenga, en el que le conceden amplios poderes. Una vez en el poder, hacen un plebiscito para legitimar su golpe de Estado.

Alemania

Tras el armisticio florecen en Alemania los grupos antisocialistas, sobre todo despu�s de la fallida revoluci�n de 1920. Se organizan en torno al Partido Nazi. Est�n m�s organizados que en otros pa�ses, y tienen una ideolog�a predefinida. Cuentan con una secci�n se asalto, la SA, espec�ficamente violenta. Adolf Hitler es quien controla estos grupos. En 1922 intenta dar un golpe de Estado, pero fracasa y es condenado a la c�rcel. Ser� entonces cuando defina su ideolog�a y escriba Mein kampf. En 1933 gana las elecciones y se asienta en el poder.

El proletariado no reacciona ante este ascenso del fascismo. Su no intervenci�n est� condicionada por ser, en muchos casos, compa�eros de clase. Sin embargo, el fascismo est� al servicio de la clase dirigente, que tiene la posibilidad de crear un gobierno fuerte que sirva a sus intereses, por eso los fascismos son lanzados al poder.

Una vez en el poder el proceso es el mismo en todas partes. Se suspenden las libertades y los partidos, pero intentan mantener una apariencia legal cambiando la constituci�n, aunque luego utilizar�n la violencia para imponerla. La peque�a burgues�a conquista el poder y el partido se confunde con el Estado. La burgues�a capitalista comienza a retirar la confianza a los fascistas cuando empiezan a gobernar, porque ven que sus excesos generan violencia social y existe la posibilidad de una guerra. Adem�s, los fascistas en el poder se ven obligados a llevar a cabo su programa, demag�gico, anticapitalista.

El Estado fascista purga al partido y se transforma en una dictadura militar y policiaca. Pero tampoco olvidan de d�nde vienen, y qui�n les a apoyado para conquistar el poder. No se puede gobernar en contra de la clase que tiene el poder econ�mico. Adem�s, es de la burgues�a de donde vienen los fondos econ�micos.

Nunca dejan de tener una base social, gracias a la propaganda y a la demagogia, pero para conseguir sus objetivos es necesario inducir al pa�s a una pol�tica exterior expansionista, y al final a una guerra. Sus mayores enemigos no son los partidos de izquierdas, sino la derecha liberal, pues son los competidores directos del electorado y tienen una pol�tica econ�mica no intervencionista, a diferencia de ellos. Sin embargo, ponen mucho empe�o en destruir el sindicalismo obrero, suprimiendo los sindicatos de clase e imponiendo los sindicatos verticales, la izquierda les quita su fuerza de choque.

5. La pol�tica econ�mica

A pesar de proclamarse anticapitalistas, los fascistas restituyen el capitalismo privado de las grandes compa��as, eliminando la competencia y creando monopolios estatales. Se hacen exoneraciones fiscales en favor de la burgues�a capitalista. Se prohiben abrir nuevas industrias, para eliminar la competencia. Se crean instituciones corporativas y monopolios que mantiene el mercado intervenido. Todos los productores est�n obligados a tomar acuerdos y cumplirlos. El Estado saca a flote las empresas deficitarias, pero manteni�ndolas privadas.

El Estado es el gran cliente de las grandes empresas: haciendo numerosas obras e impulsando la industria de guerra. Los recursos se obtienen de los impuestos y de la deuda p�blica. Crean, as�, un circuito cerrado de la econom�a nacional, protegida y aut�rquica.

La industria ligera, y la peque�a burgues�a, son los grandes perjudicados de este sistema, puesto que no tiene la protecci�n del Estado.

Al final, este sistema acabar� provocando la segunda guerra mundial y morir� con ella

6. El fascismo tras la segunda guerra mundial

A pesar de haber perdido la guerra, y de ser una ideolog�a completamente desacreditada, el fascismo pervive, aunque en c�rculos m�s o menos marginales, tras la guerra.

El fascismo se extiende por toda Europa y salta a Am�rica. En Francia se observar�n tentaciones fascistas en el gobierno del general De Gaulle. En Espa�a gobierna, hasta 1975, Franco, con un r�gimen fascista un tanto desnaturalizado. En Portugal ser� el gobierno de Salazar el r�gimen fascista que durar� hasta la Revoluci�n de los claveles, en 1974. Tambi�n en Grecia la dictadura de los coroneles, de corte fascista, dura hasta 1974.

El fascismo sobrevivi�, en estado casi puro y con un marcado acento racista, en la Sud�frica del apartheid.

Muchos de los fascistas que pierden la guerra se refugian en Am�rica latina y obtienen amplia relevancia social. Ser�n los inspiradores de las dictaduras militares y criminales que azotan Am�rica latina durante los a�os 60, 70 y 80. Aqu� su estrategia de conquista del poder ha cambiado un poco. Ya no tienen una base popular amplia. Asaltan el poder sin necesidad de toda la parafernalia fascista t�pica, que les hubiese delatado, pero mantiene un populismo demag�gico y contin�a utilizando los plebiscitos para mantenerse en el poder. En la Am�rica anglosajona se ha establecido un fascismo integrista, tambi�n demag�gico, pero con una base popular amplia. Sin embargo, aunque alcanza puestos en el parlamento, est� muy lejos de controlar el poder.

En los �ltimos a�os, sobre todo desde la crisis econ�mica de 1973 y sucesivas, se observa un incremento entre grupos marginales del fascismo m�s violento y declarado. Se manifiestan en los campos de f�tbol, que es el medio que utilizan como sistema de propaganda. No pueden recurrir a la propaganda tradicional por el profundo rechazo que despiertan en toda Europa. Sin embargo, s� usan Internet, ya que la red favorece el anonimato.

Son grupos que reivindican el fascismo hist�rico como modelo pol�tico, pero que pr�cticamente han desaparecido en los �ltimos a�os del siglo XX, salvo como grupos muy marginales. No obstante, estos grupos provocan mucha alarma social y son profundamente rechazados por la clase media, por lo que no es probable que proliferen peligrosamente, aunque hay que tenerles vigilados.

7. La nueva ultraderecha europea

En los �ltimos a�os del siglo XX y los primeros del XXI algunos grupos de ultraderecha han conseguido �xitos electorales. �Son estos partidos fascistas? En Francia se encuentra el grupo de Le Pen, el m�s activo, y consigue alcald�as y diputados. Tambi�n en Austria y en Suiza han conseguido entrar en el Parlamento, �y como segunda fuerza pol�tica! Parece que hay un cierto resurgimiento c�clico: en unas elecciones consiguen un triunfo y en las siguientes desaparecen del mapa pol�tico. Esto puede deberse al rechazo que tienen en el extranjero, alentada por los medios de comunicaci�n, pero tambi�n a un claro rechazo interno en cuanto llegan al poder.

Tambi�n en el a�o 2002 han aparecido grupos de ultraderecha con representaci�n pol�tica en Holanda y en Dinamarca. Estos grupos tienen claras diferencias con el neofascismo que conoc�amos. En primer lugar no se identifica con �l, y por lo tanto tampoco con el fascismo hist�rico. Es por esto que no se les llama claramente fascistas, si no partidos de ultraderecha. Sin embargo tiene algunas caracter�sticas que aparecen igualmente en el fascismo hist�rico, aunque no todas.

En la nueva ultraderecha podemos observar caracter�sticas t�picamente fascistas:

Son grupos que no se reconocen entre s�. Esta era tambi�n una caracter�stica del fascismo hist�rico, ya que para los fascistas el fascismo italiano no era lo mismo que el nazismo alem�n o que el franquismo espa�ol, y viceversa.

Sus partidos declaran que no tienen ideolog�a. Esto es claramente un fraude, ya que todo partido necesita una ideolog�a. Esta tambi�n es una caracter�stica del fascismo hist�rico, que se declaraban tanto anticomunistas como anticapitalistas.

Llegan a la sociedad con mensajes populistas. Pero no cualquier mensaje que pueda ser aceptado por la poblaci�n sino aquellos que surgen de un estado visceral; como por ejemplo la pena de muerte para terroristas, narcotraficantes y violadores o el tema de la inmigraci�n. Este populismo tambi�n es una caracter�stica del fascismo hist�rico.

Son nacionalistas proteccionistas. Es decir, pretenden salir de la Uni�n Europa y el euro (o al menos que est�n supeditados a sus intereses) y ven como un problema que se construya una mezquita en cada pueblo (por ejemplo), lanzan mensajes como primero: �los que aqu�� para recibir prestaciones viviendas, etc., aunque se pasen por encima de los Derechos Humanos.

Y aunque defienden los intereses del empresariado nacionalista proteccionista y cuyo cliente principal es el Estado es votado, al igual que le fascismo hist�rico, por los trabajadores y los peque�os empresarios descontentos.

Esta �ltima caracter�stica, el del nacionalismo proteccionista (sobre todo en lo econ�mico y lo social) es lo que les revela como fascistas, y lo que les vincula al fascismo hist�rico aunque en sus manifestaciones externas sobre la dictadura, la falta de libertad, el culto a la personalidad, y el control social por la fuerza, no se les vea claramente.

Su �xito pol�tico c�clico parece deberse a una cierta aton�a de los partidos democr�ticos. En todos los pa�ses los dos partidos mayoritarios, los que pueden gobernar, suelen tener pol�ticas muy similares, por lo que el ciudadano no ve alternativa y tiende a abstenerse o a votar a partidos que le ofrecen alternativas, aunque sean demag�gicas. Las pol�ticas de los partidos democr�ticos tienden a asumir las posturas liberales de poca intervenci�n del Estado. Sin embargo, en Europa el �xito de la sociedad del bienestar exige un Estado medianamente fuerte e intervencionista.

Los caballos de batalla pol�ticos de esta nueva ultraderecha, que les dan votos, son la inseguridad ciudadana y la inmigraci�n. Son �problemas� muy inmediatos que el ciudadano ve en la calle. Ya que cuando se habla de inseguridad ciudadano no se est�n refiriendo a los grandes delitos sino a la peque�as delincuencia. Su soluci�n es meramente policial, y ah� es donde est� la demagogia, ya que tratan las consecuencias en lugar de las causas. Adem�s, para ello ponen en peligro el r�gimen de libertades que conforman un sistema democr�tico.

BIBLIOGRAF�A

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