Tema 24. La pen�nsula ib�rica hasta la dominaci�n romana
La pen�nsula ib�rica ha sido un lugar en donde se han desarrollado pueblos prehist�ricos desde hace mucho tiempo. Las excavaciones en Orce elevan este periodo hasta hace un mill�n y medio de a�os. Pero los textos sobre este per�odo son pocos. La pen�nsula ib�rica no entra en la historia hasta que los griegos dan noticia de ella. Pero ser� en la �poca romana cuando tenga un papel importante en la historia de Occidente.
El Paleol�tico abarca el periodo comprendido entre los primeros restos conocidos de comunidades de hom�nidos, hasta que aparece la agricultura y la ganader�a. Se divide tradicionalmente en tres periodos: inferior, medio y superior. Este ciclo est� determinado por las glaciaciones. La ecolog�a variar�a entre un clima lluvioso y fresco y otro seco y caluroso.
El Paleol�tico inferior abarca desde los 600.000 a
los 100.000 a�os. Es un periodo mal conocido, en el que lo m�s destacable son
los restos de los pres�piens y hom�nidos
encontrados en Atapuerca. Se distinguen
tres etapas: la pebble tools
(herramientas de guijarro) es la m�s antigua, la abevilense
(o chelense
) y la achelense
. Es
destacable la industria l�tica, propia de cazadores, encontrada en el interfluvio del Manzanares y el Tajo; y la de las orillas del Guadalquivir, del periodo achelense. Las
culturas de este periodo son notablemente semejantes
a las africanas de la misma �poca, lo que permite sospechar una inmigraci�n desde el norte de �frica. Es de
suponer que el hom�nido de este periodo fuese el pitec�ntropo.
El Paleol�tico medio abarca desde los 100.000 a los 35.000 a�os. Es el periodo del neandertal del que se encuentran restos en los Pirineos, Levante y Andaluc�a. El hombre de neandertal fue un hom�nido cazador y n�mada que habit� en cuevas. Los restos corresponden al periodo musteriense y se caracterizan por la variedad de los utensilios que manejan; en los que destaca su funcionalidad, cada herramienta sirve para una tarea concreta. Tambi�n se encuentran vestigios de ritos funerarios, como los encontrados en la cueva Mor�n, en Santander.
El Paleol�tico superior va desde los 35.000 a los
10.000 a�os. Es el periodo del Homo
s�piens-s�piens, de tipo croma��n
. Este fue
ser humano que dejar�a las pinturas rupestres, o en tablillas, y que maneja un
utillaje muy complejo, propio de cazadores. Se distinguieron dos zonas: la franja norte, de Gerona a Asturias, en las que se diferencian
tres o cuatro culturas, y tienen
ramificaciones en el sur de Francia; y la zona
de Levante, aunque hoy en d�a no se considera debido a las m�ltiples
influencias que debieron existir.
En el Paleol�tico superior, el de mayor n�mero de culturas, se distinguen, en Espa�a, cuatro periodos: el auri�aciense, caracterizado por la vivienda troglodita, la industria funcional y el arte rupestre, junto a la escultura votiva, como las venus, muy decorada; el gravetiense, que se caracteriza por la vivienda en cuevas junto a viviendas artificiales, la caza de grandes animales y la abundancia de puntas de flecha; el solutrense, que se caracteriza por un nuevo tipo de talla en la piedra, mucho m�s plana y con agujeros, y tambi�n se trabaja el hueso y la madera, en los que se pueden encontrar utensilios muy finos; y el �ltimo periodo es el magdaleniense que es el de la industria �sea por excelencia, adem�s del gran desarrollo que tuvo la pintura rupestre y la pintura sobre placas, como las encontradas en la cueva de Altamira. Este es un periodo caracterizado por el alto nivel de las comodidades en la vida cotidiana, sobre todo en la vivienda, tambi�n troglodita, en las que se hallamos restos de luz en las cavernas y gran n�mero de adornos. Destacan las cuevas de Altamira.
La sierra de Atapuerca es una suave elevaci�n de calizas cret�cicas situada a 12 kil�metros al este de la ciudad de Burgos, en el norte de Espa�a. Durante la �ltima parte del Terciario y el inicio del Cuaternario, el agua disolvi� las calizas de la sierra formando una red de cuevas que durante el �ltimo mill�n de a�os se han ido rellenado con sedimentos procedentes del exterior. Estos rellenos son los que contienen el impresionante registro paleontol�gico y arqueol�gico que est� siendo excavado desde 1978.
A comienzos de este siglo la construcci�n de un ferrocarril minero cort� las calizas de la sierra, sacando a la luz varios de los dep�sitos fosil�feros originados por el relleno de las antiguas cuevas. De los yacimientos de la trinchera del ferrocarril, dos de los m�s importantes son los conocidos como Galer�a y Gran dolina. Adem�s de los yacimientos de la trinchera, existen otros que se encuentran a�n en el interior de las viejas cuevas. El m�s importante de ellos es el conocido como la sima de los Huesos, situado en el interior de la cueva mayor de Ibeas.
Los f�siles humanos de
la sima de los Huesos presentan una serie de
rasgos que comparten con los neandertales, lo que los relaciona con
ellos. Ahora sabemos, por ejemplo, que varias de las llamadas especializaciones esquel�ticas de los
neandertales estaban ya presentes, desde hac�a mucho tiempo, en sus antepasados
europeos del Pleistoceno medio. En otra serie de
rasgos, los hom�nidos presentan la misma morfolog�a
que los africanos m�s primitivos. Todo ello nos permite asegurar que los
hombres de la sima de los Huesos y sus contempor�neos europeos del Pleistoceno
medio eran los antepasados de los neandertales,
que vivieron durante el Pleistoceno superior. Ambos tipos humanos formaban
parte de una misma l�nea evolutiva,
continua y exclusiva del continente europeo. A pesar de ello, las diferencias
entre ambas formas son suficientes como para darle a cada una un nombre
espec�fico distinto: Homo heidelbergensis
para
los hombres del Pleistoceno medio europeo y Homo
neandertalensis para los neandertales del Pleistoceno superior.
Por otro lado, los f�siles de la sima de los Huesos comparten ciertos rasgos craneales tanto con los neandertales como con el hombre moderno (Homo s�piens), pero que est�n ausentes en el Homo erectus asi�tico, lo que refuerza la hip�tesis seg�n la cual los neandertales y el hombre moderno tuvieron, en tiempos remotos, un antepasado com�n. Pero, �qui�n fue ese antepasado com�n? La respuesta est� en los f�siles humanos de la Gran dolina. Estos f�siles presentan una combinaci�n de rasgos craneales, mandibulares y dentales que han permitido atribuirlo a una nueva especie humana: el Homo antecessor. Entre otras cosas, la morfolog�a facial de Homo antecessor de hace 800.000 a�os es como la de Homo s�piens, que aparece tan solo hace 200.000. La nueva especie, Homo antecessor, podr�a constituir el �ltimo antepasado com�n entre neandertales y humanos modernos.
El Mesol�tico es un periodo indefinido en el que conviven modos de vida de Paleol�tico y del Neol�tico. Se desarrolla en torno a los a�os 7000. Se caracteriza por que las culturas son perif�ricas: en la costa cant�brica con el complejo aziliense, derivado del magdaleniense y la cultura de las conchas de marisco; el per�odo asturiense con la decadencia de la industria �sea y del arte rupestre; y la costa mediterr�nea donde conviven dos tipos de industrias; una microlaminar y otra geom�trica, de t�cnicas gravetenses.
En esta �poca desaparecen los grandes mam�feros, y las culturas tienden a cazar piezas menores y a pescar. Pero, tambi�n, comienzan a cuidar las manadas y a sembrar plantas. En este periodo empiezan los contactos con grupos extranjeros. De esta etapa destaca el yacimiento de Muge, en el Tajo portugu�s. La vivienda se hace en caba�as y hay restos de ritos funerarios.
El Neol�tico es el periodo en el que aparece la ganader�a, la agricultura y la cer�mica. Presenta, en la pen�nsula, dos fases: el Neol�tico antiguo (6000-4000) y el Neol�tico pleno (4000-2500).
El Neol�tico antiguo se distingue por la presencia de cer�mica cardial impresa. Se extiende por toda el �rea mediterr�nea. Se caracteriza por un h�bitat cavern�cola, una econom�a ganadera y el progreso de la industria �sea en detrimento de la l�tica. Se desarrolla sobre todo en la zona de Levante, con grupos en Valencia, Sicilia, Mallorca y Andaluc�a.
El Neol�tico pleno corresponde a la primera mitad
del 3er milenio. Es la �poca en la que se expande el
Neol�tico hacia el interior y el norte, gracias a la ganader�a. En Andaluc�a destaca el yacimiento de la cueva de La
Carihuela
,
Granada, municipio de El Pi�ar, con viviendas construidas, y el de Almer�a (primera fase de la cultura de Almer�a)
con vivienda circular. En Catalu�a, se
encuentra la cultura m�s original. Se conocen los enterramientos en fosas, no
los poblados. Su cer�mica es lisa, con el vaso
cuadrado; y desarrollaron unos sistemas de cultivo en llanura.
La Edad de los Metales comienza en la segunda mitad del 3er milenio, con el conocimiento del cobre, y posteriormente del bronce, que se utilizan para hacer �tiles de trabajo y armas. Se refunden objetos inservibles. Pero, tambi�n, es la �poca de la mejor industria l�tica, que se resiste a desaparecer. La periodo de transici�n se le llama Eneol�tico. Se distinguen tres periodos: Bronce I o Edad del Cobre, hacia el 2500; Bronce II, hacia el 2000 y Bronce III, hacia el a�o 1000.
El descubrimiento de la fundici�n de los metales crea nuevas relaciones sociales y nuevas culturas, radicalmente diferentes a las anteriores. La sociedad se jerarquiza internamente, y entre poblados. Es fundamental el control de las regiones mineras. El cobre no es un material ubicuo y su posesi�n da poder ante los dem�s. La lucha por controlar el territorio minero favorece la aparici�n de la agresividad y la guerra, pero tambi�n del comercio a larga distancia.
Este es el periodo de las culturas megal�ticas, que son enterramientos funerarios colectivos. Est�n formadas por grandes cajas de enormes lajas. Se distinguen tres tipos: tumbas, alineamientos rituales y simples menhires. Suelen tener un corredor, y las c�maras pueden ser individuales o colectivas.
En el sureste se desarrolla la cultura de Los Millares, en la provincia de Almer�a, alrededor de una ciudad fortificada y con una necr�polis megal�tica pr�xima. Los d�lmenes son la construcci�n megal�tica m�s emblem�tica. Existen indicios de que tuvo relaciones comerciales con Egipto y con el mar Egeo. Es la cultura peninsular m�s importante del momento.
Tambi�n en Portugal se desarroll� una cultura megal�tica. Ser� de econom�a pastoril y se encuentra en torno a los yacimientos de cobre.
En la costa mediterr�nea tambi�n se desarrolla una cultura en la que destacan las cuevas sepulcrales (faltan los megalitos), de econom�a agr�cola, con poblados en los llanos.
En el norte de la pen�nsula se desarrollan culturas con megalitos, pobres, monta�esas que subsistir�n hasta muy entrado el Broce pleno, de econom�a ganadera.
Durante el 2� milenio se desarrollan tres culturas en la pen�nsula ib�rica: la de El Argar, el bronce valenciano y la de Las Motillas, en La Mancha.
La cultura de El Argar se extiende por el sudeste peninsular. Utiliza, ya, bronces de mejor calidad, y tiene un mayor n�mero de piezas. S�lo las hoces de siega se hacen de s�lex. Su econom�a se basa en la agricultura y en la miner�a, explotadas de forma intensiva. Los poblados est�n situados en los altos y rodeados de murallas, caracter�sticas de una sociedad guerrera. Cambian radicalmente los enterramientos, que se hacen individualmente o por parejas; no hay ya megalitos. Los enterramientos est�n dentro del poblado, debajo de la vivienda, en urnas de cer�mica. Los restos art�sticos son escasos, pero los que se conservan son de gran calidad t�cnica, aunque carecen, en general, de adornos.
La cultura del bronce valenciano tienen caracter�sticas similares a las de El Argar, tanto en el poblamiento como en la cer�mica, pero el enterramiento sigue haci�ndose en cuevas naturales.
El grupo de Las Motillas, refleja una intensa ocupaci�n de La Mancha. Su econom�a se basa en la agricultura, y su sociedad es de car�cter menos belicoso. Tienen contactos intensos con la cultura de El Argar. Su cer�mica es pobre, pero est� decorada. Los poblados est�n construidos sobre elevaciones de terreno, hechos por acumulaci�n de estratos, parecidos a los tels asi�ticos.
El Bronce III es la etapa en la que la cultura del bronce se extiende por toda Europa. Se caracteriza por el nacimiento y la difusi�n de la cultura de los campos de urnas. La cultura de los campos de urnas se considera de origen indoeuropeo, invaden Europa desde el norte y el este hacia el Mediterr�neo, aniquilando las culturas aut�ctonas. En la pen�nsula ib�rica se asentar�an esencialmente en el valle del Ebro. S�lo la fachada atl�ntica queda al margen de esta invasi�n.
La cultura de los campos de urnas aparece en Europa hacia el 1250a.C., probablemente desde el centro de Europa, he implant� masivamente la costumbre de incinerar a los difuntos y guardar las cenizas en una vasija, que ser� enterrada en campos de urnas. El rito de la inhumaci�n desaparece casi totalmente.
Al parecer no se produce una sola invasi�n, sino tres, aunque las dos �ltimas corresponden a la Edad del Hierro. Las caracter�sticas de la cultura de los campos de urnas son similares a las del resto de Europa: las poblaciones est�n situadas en lugares estrat�gicos y fuertemente fortificadas; la sociedad es muy jerarquizada y dominada por una oligarqu�a guerrera; la econom�a es agraria, cerealista, en la que aparecen importantes novedades t�cnicas, como el arado, los molinos braquiformes, las hoces y azuelas, y los silos (de mucha importancia era la ganader�a y la caza); y, por supuesto, la incineraci�n y el enterramiento en urnas. La cer�mica se caracterizar� por las formas redondas, el color negruzco, el cuello alargado y la decoraci�n cordada. El impacto de esta cultura sobre las aut�ctonas es demoledor, ya que sufren una r�pida aculturaci�n. Posiblemente haya un proceso de mestizaje.
En la zona del Atl�ntico contin�an desarroll�ndose las culturas megal�ticas, aunque ya en franca decadencia. Estas culturas se caracterizan por la perfecci�n de su metalurgia. Sin embargo, no son conocidos ni los enterramientos, ni el h�bitat de estos pueblos. Esta zona tendr� relaciones comerciales con los fenicios y los griegos, que llegan hasta aqu� en busca de esta�o.
En el interior de la pen�nsula se encuentra el yacimiento de Cogotas I. Su signo distintivo es la cer�mica de decoraci�n cordada y forma troncoc�nica. Adem�s, mantienen la inhumaci�n como rito funerario.
En Andaluc�a esta etapa es muy compleja, ya que se encuentran muchas culturas, y mantiene contactos directos con los fenicios y los griegos. Perduran las culturas existentes, como la de El Argar, aunque sus poblaciones est�n menos fortificadas, y su econom�a se hace m�s ganadera y m�s comercial. En la costa occidental se desarrollan los contactos entre todos los grupos del Atl�ntico, el Mediterr�neo y los colonizadores, que basan su econom�a en el comercio de largo alcance. Sus poblados no tienen murallas, aunque est�n situados en lugares estrat�gicos de f�cil defensa, y cerca de las v�as de comunicaci�n. Contin�an teniendo enterramientos megal�ticos.
Hacia el a�o 1000 a.C. comienza a difundirse por toda Europa la metalurgia del hierro. En la pen�nsula se instalan las colonias de los fenicios, griegos, cartagineses y romanos, y aparecen las primeras referencias hist�ricas a los asuntos de la regi�n. Se crean, en esta �poca, dos �mbitos diferenciados: uno al norte y en el centro, dominado por los pueblos indoeuropeos y los �beros; y otro al sur, en contacto con los pueblos mediterr�neos.
La metalurgia del hierro comenz� en la regi�n de Armenia a comienzos del 2� milenio. Hasta el 1200 a.C. La producci�n de hierro era muy peque�a, pero la t�cnica se difunde gracias a los pueblos del mar, y de esta manera llega a la pen�nsula ib�rica. La �poca de la Edad de Hierro se dividir� en dos etapas: la cultura de Hallstatt y la cultura de La T�ne.
La cultura de Hallstatt
es la continuadora la de los campos de urnas,
aunque en su contacto con los pueblos del mar se introducen ritos orientales como la tumba de carro, y se recupera el rito de
la inhumaci�n. Entre los restos de esta
cultura aparecen objetos procedentes del comercio con griegos y etruscos.
En esta cultura son caracter�sticos los poblados fortificados, con murallas de grandes dimensiones. Las sociedades son guerreras, y est�n fuertemente jerarquizadas, en la que domina la relaci�n tribal, y con el poder pol�tico en manos de reyes; que al final del periodo controlar�n varias ciudades, creando aut�nticos reinos. La econom�a es fundamentalmente agr�cola y ganadera. Utilizan el torno de alfarero. Sus relaciones comerciales con los colonizadores son muy intensas. En su actividad industrial destaca la fabricaci�n de armas, en la que por primera vez se dise�a una espada para ser utilizada desde el carro.
La T�ne
es la cultura de mayor difusi�n en Europa. Incluye el norte de
Inglaterra, la ribera sur del B�ltico y todo centro Europa. Los pueblos que la
componen son los primeros de los que hay
referencias hist�ricas: son los celtas.
Su h�bitat contin�a siendo fortificado, pero aparecen indicios de una organizaci�n urban�stica de tipo ortogonal, de influencia griega. Su desarrollo econ�mico se ve estimulado por las relaciones comerciales con griegos, fenicios, cartagineses y romanos, para lo que acu�an moneda desde el siglo III a.C. No obstante, sigue siendo una cultura agr�cola en la que hay nuevos inventos: como el arado mec�nico y la guada�a. Tambi�n se desarrolla la ganader�a, en la que aparece la estabulaci�n invernal del ganado. El perfeccionamiento t�cnico de esta agricultura es tal que sufre muy pocos cambios hasta el siglo XVIII.
En los enterramientos subsisten las dos tradiciones: incineraci�n e inhumaci�n. En las tumbas de varones se encontrar�n armas y en la de las mujeres adornos.
Su organizaci�n pol�tica es muy compleja. Tienden a la ciudad estado, gobernada por un rey. Pero esta ciudad extiende su influencia a un territorio m�s o menos amplio. Las ciudades suelen ser centros comerciales, en los que se encuentran con los colonizadores.
La cultura de La T�ne se ver� frenada por la expansi�n del Imperio romano.
Los griegos y los fenicios crear�n colonias por todo el Mediterr�neo con el fin de construir una tupida red de rutas comerciales. Estas colonias pondr�n en relaci�n los pueblos ind�genas con la civilizaci�n del Mediterr�neo oriental. Pero, los colonizadores s�lo crean ciudades en la costa, y no har�n incursiones en el interior. Son los ind�genas los que buscan esas urbes para mantener relaciones comerciales.
Habr� tres tipos de colonias: las de colonizaci�n masiva, en las que vivir�n pobladores a�n vinculados a su tierra, como la Magna Grecia o Cartago; las colonizaciones en factor�as o ciudades costeras, que se crear�n en la costa levantina y en Andaluc�a; y los centros comerciales, temporales y sin car�cter urbano, que aparecer�n, tambi�n, en la costa.
Las ciudades se creaban, siempre que era posible, en una isla cerca de la costa, como Gadir o Ampurias. Se buscaba una defensa f�cil, pero tambi�n un acceso sencillo a las rutas comerciales. Pero el n�mero de islas cercanas a las costas y con condiciones de habitabilidad es escaso, as� que se buscar�n lugares con playa y r�o que proporcionase agua dulce y refugio para las naves, a ser posible con una colina cercana.
El intercambio comercial es muy intenso, no en vano las colonias son, ante todo, centros comerciales. Los colonizadores buscaban, sobre todo, metales, principalmente cobre y esta�o, y en menor medida oro y plata. Estos metales se cambiaban por tejidos, joyas, adornos, perfumes y cer�mica. Tambi�n se potenci� la actividad industrial, como las salazones y la orfebrer�a, y el comercio agr�cola, pues los colonizadores tambi�n ten�a que comer. La pesca fue introducida por los fenicios, que conoc�an los m�todos de explotaci�n del mar.
Las ciudades fenicias tuvieron su �poca de esplendor durante el declinar del poder mic�nico y la invasi�n de los pueblos del mar. Sid�n y Tiro son las ciudades de origen y Cartago (814 a.C.) su fundaci�n m�s importante. Los fenicios fundan en la pen�nsula tres ciudades importantes: Gadir (C�diz), hacia el 1100 a.C., Sexi (Almu��car) y Abdera (Adra) y muchos centros comerciales menores. En Baleares los cartagineses fundan en el 654 a.C. Ebusus (Ibiza).
Gadir es el principal centro comercial, junto con Cartago. Las colonias fenicias eran ciudades estado, independientes entre s� y dominadas por la oligarqu�a de mercantil. Las relaciones con los ind�genas fueron intensas, por lo que hubo una gran mezcla cultural. No hay noticias de grandes revueltas ni guerras.
Los griegos tambi�n fundaron colonias en la pen�nsula ib�rica. La colonizaci�n comienza hacia el siglo IXa.C. Sin embargo, la presencia griega es menos clara que la fenicia. Las fundaciones griegas llegan de Massalia (Marsella, 650 a.C.) fundada por los focenses, como una etapa en su ruta con Tartesos. Se funda Rode (Rosas) en el siglo VIII a.C., Emporio (Ampurias) hacia el 600 a.C. Se supone que fundaron m�s colonias (Hemeroscopeion, Baria, Malaka, Alonis), pero probablemente no fueron m�s que centros comerciales, m�s o menos estables, de los que no quedan restos. Rode y Emporio funcionaron como ciudades estado y acu�aron moneda. No es de extra�ar que entre las ciudades fenicias y las griegas hubiese un intenso comercio.
El comercio con los ind�genas fue del mismo tipo que el que tuvieron los fenicios: iban buscando lo mismo, metales, principalmente cobre y esta�o, y en menor medida oro y plata. Estos metales se cambiaban por tejidos, joyas, adornos, perfumes y cer�mica. Pero las colonias griegas de Rode y Emporio tuvieron una mayor vocaci�n de permanencia y de explotar el espacio circundante.
El reino de Tartesos es conocido por sus referencias hist�ricas, pero la confirmaci�n arqueol�gica de la ciudad a�n est� por determinar totalmente. Existen dos fuentes cl�sicas que confirman la existencia de Tartesos, la Biblia (dudosa) y los autores grecolatinos como Avieno, Cicer�n, Plinio, Herodoto y Estrab�n.
Se tiende a considerar Tartesos como un reino aut�ctono surgido por la aculturaci�n de los ind�genas, producida por el contacto con griegos y fenicios. En realidad ser�a una cultura de la Edad del Bronce, de econom�a agr�cola y ganadera, que se desarroll� en torno a la regi�n minera onubense (siglo IX a.C.), y que controlaba la ruta del esta�o con el norte y la ruta mar�tima con Cartago.
La tart�sica es una sociedad jerarquizada, en cuya c�spide se encuentra la oligarqu�a comercial. Su estructura pol�tica se parece mucho a la de la tiran�a griega, y busca extender su dominio favoreciendo el comercio; sobre todo despu�s del contacto con los fenicios, que se incrementa tras la fundaci�n de Gadir. Ello provocar� una floraci�n de la cultura material entre las elites ind�genas, de la que tenemos constancia a trav�s de los tesoros de El Carambolo (Camas, Sevilla) y Aliseda (C�ceres), en los que se encuentra productos de procedencia for�nea.
La fundaci�n m�tica de Tartesos se remonta al a�o 1200 a.C., aunque el reino hist�rico no aparece hasta el 750 a.C. Seg�n la mitolog�a hay tres grandes reyes de Tartesos: G�rgoris, el recolector de miel; Habis, el agricultor; y Geri�n, el ganadero: las tres etapas del acceso a la civilizaci�n, seg�n la concepci�n griega. Pero el primer rey hist�rico fue Argantonio, al que se refiere Herodoto.
Las invasiones indoeuropeas se pueden dividir en tres periodos: la de los siglos XII-XIII a.C. o campos de urnas, la de los a�os 600 a.C. o Hallstatt, y la del siglo IV a.C. o poshallstatt, en la que la metalurgia evoluciona in situ con la llegada de los nuevos pobladores.
El centro y el norte de la pen�nsula est� ocupada por diversos pueblos, diferentes entre s�, pero con caracter�sticas comunes. Su situaci�n geogr�fica les pone al margen de las corrientes civilizadoras del Mediterr�neo. Son descendientes de las invasiones indoeuropeas. Tienen una estructura social tribal y una econom�a de base ganadera, excepto los vacceos, que son agricultores. Pero conocen la metalurgia del hierro, gracias a su relaci�n comercial con los colonizadores.
Esta es la cl�sica regi�n de los celt�beros en la que se encuentran pueblos como los pelendones, los arevacos, los vetones, los vacceos, los carpetanos, los lusitanos, los oretanos y los autrigones. M�s al norte los pueblos m�s antiguos: galaicos, astures, c�ntabros y vascones.
La sociedad es tribal y est� fuertemente jerarquizada. Eran sociedades guerreras, por lo que sus poblados se situaban en lugares defensivos. Aunque carecen de ciudades y son semin�madas.
Cartago fue la primera potencia que pretendi� dominar la pen�nsula. Lo intent� en dos etapas: entre el siglo VI y III a.C. con un car�cter colonial, y desde el siglo III a.C. por medio del dominio territorial. Esta es la �poca en la que gobierna en Cartago la dinast�a de los Barca. Tiro ha ca�do en manos persas en el 573 a.C. y Cartago hered� la funci�n de capital p�nica. Cartago se enfrentar�a a los griegos, y en el 509 a.C. firmar�a un pacto con Roma que les garantizaba el dominio del Mediterr�neo. Pero Roma y Cartago eran dos potencias en expansi�n y habr�an de chocar.
El conflicto entre Roma y Cartago se resuelve en tres guerras: las guerras p�nicas. En la primera guerra p�nica (264-240 a.C.) Cartago, gobernada por Am�lcar, pierde Sicilia y las colonias hisp�nicas, excepto Gadir. Desde el a�o 237 a.C. la guerra se desarrolla en la pen�nsula. La derrota implica grandes p�rdidas econ�micas y el pago de parias a Roma. Roma construye una gran flota. Con la derrota de Am�lcar es Asdr�bal quien controla el ej�rcito de Cartago, y firma el Tratado del Ebro en el 266 a.C. que divide las �reas de influencia de Roma y Cartago en este r�o. En el 255 a.C. se funda Cartago Nova (Cartagena). Asdr�bal muere en el 221 a.C. y An�bal sube al poder. En la segunda guerra p�nica (218-201 a.C.) el protagonista es An�bal, que consolida los territorios de Hispania y lanza una campa�a contra Roma, tras la conquista de Sagunto en el a�o 219 a.C. Pero Cneo Escipi�n desembarca en el 218 a.C. en Emporio y cortando el abastecimiento de An�bal le derrota. En el 210 a.C. Publio Cornelio Escipi�n, el Africano, llega a la pen�nsula para luchar contra los cartagineses. Publio Cornelio Escipi�n, el Africano, consigui� que muchos reyes ind�genas se pusiesen en favor de los romanos, lo que marcar� el inicio de la dominaci�n romana de la pen�nsula. En el 206 a.C. toma Gadir, �ltimo reducto cartagin�s de la pen�nsula. Tras la victoria de Zama en el 202 a.C. Roma incorpora Hispania a su imperio, divide la pen�nsula en dos provincias (Hispania Citerior e Hispania Ulterior) y nombra dos pretores para gobernarlas (Cayo Sempronio Tuditano y Marco Helio, respectivamente). Pero la pen�nsula no est� pacificada, y los romanos han de luchar contra los ind�genas. Marco Porcio Cant�n lucha en la Hispania Citerior y Publio Cornelio Escipi�n Emiliano en la Ulterior. En el 155a.C. comenzar�n las guerras lusitanas, con los episodios de Numancia y Viriato. La tercera guerra p�nica (149-146 a.C.) consisti� en la toma final y la destrucci�n de Cartago a cargo de Publio Cornelio Escipi�n Emiliano (Africano menor).
Roma era la due�a indiscutible del Mediterr�neo y de la pen�nsula. Ahora tendr�a que pacificarla luchando contra los pueblos celtas e �beros. Asunto que le llevar�a hasta el a�o 2 a.C. en que el emperador Octavio declara la paz romana.
Por su car�cter insular, las Baleares tienen una prehistoria diferente a la peninsular, pero por estar en el Mediterr�neo su historia depende de las corrientes que afectan a la pen�nsula. S�lo Mallorca y Menorca, estaban habitadas. Ibiza y Formentera eran conocidas como las Pitiusas, y carecen de restos arqueol�gicos.
El Neol�tico precer�mico se data en torno al a�o 4000 a.C. Hacia el 2000 a.C. se fecha una cultura que habita en cuevas y peque�os poblados, y que conocen la cer�mica decorada con incisiones. Hacia el 1500 a.C. aparece otra cultura caracterizada por los enterramientos en navetas, denominada pretalay�tica.
Pero la cultura balear, por excelencia, es la talay�tica, que dura hasta la llegada de los romanos en el 123 a.C.; los cartagineses hab�an fundado en el a�o 654 a.C. Ebusus (Ibiza). La cultura talay�tica se caracteriz� por sus construcciones: taulas, navetas y talay�s, que le dan nombre. Estas construcciones les hermanan con la cultura megal�tica.
Las islas Canarias est�n fuera del �mbito de influencia de las culturas mediterr�neas, pero s� se conocen. Las fuentes hist�ricas las nombran desde la antig�edad, los autores latinos las llaman fortunatae insulae, pero con la ca�da del Imperio romano son olvidadas hasta que las redescubren los �rabes en el 1312. Aunque nadie intenta conquistarlas, por lo que la Prehistoria aqu� llega hasta el siglo XV.
Posiblemente las Canarias est�n habitadas desde el 3000 a.C., por una cultura neol�tica avanzada, ya croma��n, que llega desde �frica. No existen restos paleol�ticos.
Hacia el 2000 a.C. llegan pobladores del Mediterr�neo; al menos a Gran Canaria. De esta �poca son las pinturas rupestres, la cer�mica pintada y los �dolos antropomorfos. Una tercera migraci�n se produce ya despu�s de Cristo, con pobladores negroides que viven en casas de piedra. Su cer�mica est� decorada con incisiones y tienen grabados que recuerdan al alfabeto libio. Ser�n los habitantes que se encuentren los conquistadores castellanos en el siglo XV.
BIBLIOGRAF�A
Equipo Redacci�n PAL: �El mundo romano�. Bolsillo mensajero. Bilbao 1986
Paul Petit: �La paz romana�. Labor. Barcelona 1969
Miguel Artola: �Enciclopedia de historia de Espa�a�. Alianza. Madrid 1988
Fernando Garc�a Cort�zar, y Jos� Manuel Gonz�lez Vesga: �Breve historia de Espa�a�. Alianza. Madrid 1994
Miguel Artola: �Historia de Espa�a�. Alianza. Tomo 1. Madrid 1988
Manuel Tu��n de Lara: �Historia de Espa�a�. Labor. Barcelona 1988
Jaime Alvar: �Historia de Espa�a. Tomo 2. De Argantonio a los romanos�. Historia 16. Temas de Hoy. Madrid 1995
P�gina de Internet de Atapuerca, de diciembre de
1997
http://www.atapuerca.com/