Uno de los factores de unidad de Iberoam�rica es el de la colonizaci�n. Es una cultura llevada desde la Pen�nsula Ib�rica, que desplaza a las culturas precolombinas y las sustituye.
En cuanto a sus estructuras socioecon�micas hay que decir que existen grandes disparidades en la propiedad agraria, y son sociedades sumidas en el subdesarrollo, aunque hayan aparecido focos de intenso dinamismo econ�mico, como Buenos Aires.
Existen notables diferencias sobre todo por los contrastes en el medio f�sico y en el desigual grado de ocupaci�n y aprovechamiento del espacio. Las abruptas barreras de los Andes y las enormes distancias reforzadas por la densa vegetaci�n han contribuido a que las diversas regiones o pa�ses de Sudam�rica vivieran aisladas y faltas de integraci�n.
Hay otras diferencias marcadas por la mayor o menor disponibilidad de recursos, relacionadas con las dimensiones territoriales y el potencial demogr�fico de los distintos pa�ses.
Esta crisis hist�ricamente comenz� en los albores de la historia moderna, con la ruina de las sociedades precolombinas y con el establecimiento de una econom�a colonial, tendente a abastecer de materias primas agrarias y de metales preciosos a las metr�polis europeas, las cuales importaban esclavos. Esta crisis tuvo otra manifestaci�n en la etapa independentista (primer tercio del siglo XIX).
Todas estas circunstancias han sido coyunturales, superadas por la crisis del siglo XX y que han tenido dimensiones mucho mayores, sobre todo despu�s de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, afectando al factor social, econ�mico y territorial.
Esta crisis es derivada por:
- Su dinamismo demogr�fico: cabeza del mundo durante las �ltimas d�cadas, que exigen un gran esfuerzo econ�mico.
- La importancia del hambre: entre las clases marginales.
- Desequilibrada distribuci�n espacial y polarizaci�n social en dos grupos contrapuestos: las clases altas y bajas frente a la escasez de las clases medias.
- Inadecuada explotaci�n del potencial agrario: Iberoam�rica es potencialmente rica en el sector agr�cola, pero hay un reparto injusto de la tierra. Las reformas agrarias han sido incapaces de eliminar la polarizaci�n de las explotaciones en los dos extremos opuestos: latifundio y minifundio, potenciando la agricultura de plantaci�n.
La presi�n humana de los medios rurales se deja sentir con mayor fuerza en los urbanos, sobre los que confluyen los integrantes del �xodo campesino y los excedentes demogr�ficos. El crecimiento urbano se ha hecho explosivo en ciudades como M�xico.
La destacable industrializaci�n y expansi�n econ�mica, sobre todo en las grandes ciudades, no ha sido suficiente para dar empleo y disminuir las crecientes tensiones sociales.
Ha habido una gran expansi�n econ�mica con gran dependencia del exterior, con una fort�sima y acelerada deuda exterior que est� hipotecando las econom�as nacionales.
Los capitales extranjeros m�s importantes son de origen brit�nico y estadounidenses, que han llegado a deformar las estructuras industriales, pues s�lo responden a la demanda de bienes de consumo de la clase alta, privilegiada, que es la �nica que puede comprar esos productos, los capitales buscan la rentabilidad.
La dependencia tambi�n se manifiesta en el
comercio exterior, pues todav�a hoy las 3/4 partes de las exportaciones
iberoamericanas son de materias primas agrarias y minerales, en pa�ses
generalmente exportadores de un producto. Esta dependencia no s�lo se traduce
en un
Iberoam�rica tiene un panorama pol�tico desolador, con golpes militares continuos, y los reg�menes constitucionales no est�n creando condiciones de estabilidad. Tampoco es v�lido el modelo de desarrollo aplicado por los militares brasile�os desde el golpe de 1964. Cuba es la excepci�n.
Los reg�menes pol�ticos de esta �rea deben variar el rumbo para resolver todos estos problemas, para resolver la crisis territorial, econ�mica y social. Pero esto es dif�cil ante la posici�n de los EE.UU.
El espacio iberoamericano es heredero de un pasado colonial que introdujo cambios. Se produjo por medio de conquistas, que fueron sustituyendo a los ind�genas por grupos humanos ???tonos.
Las consecuencias del proceso colonizador en Iberoam�rica, que en otros �mbitos territoriales constituyeron la base de unas estructuras funcionales y modernas (como en Norteam�rica y Australia), representaron una herencia negativa: debido al papel que se le ha asignado en la divisi�n internacional del trabajo, se ha configurado como un espacio dependiente, dominado y abocado al exterior.
Iberoam�rica fue conquistada por los colonos como un servicio para la metr�polis, son territorios comunitarios dependientes de la metr�polis. Al final del proceso colonizador s�lo se hab�an ocupado los territorios que ofrec�an productos agrarios o mineros f�ciles de exportar, pero la dependencia del exterior se mantuvo a pesar de todo.
En el transcurso de un sigo hubo una bajada importante de la poblaci�n. Se pas� de unos 90-120 millones de habitantes a 4'54 a mediados del siglo XVII, produci�ndose las mayores ca�das en el �rea azteca de M�xico.
Las principales causas fueron:
- P�rdidas por las guerras de conquista.
- Ruptura de las bases econ�micas y de la organizaci�n social.
- Un factor decisivo fueron las epidemias.
La nueva organizaci�n introducida por los colonizadores fue la causa del desmoronamiento de las sociedades ind�genas. La encomienda se convirti� en una gravosa instituci�n para la obtenci�n de excedentes agrarios o de mano de obra barata.
La erosi�n humana producida por esta situaci�n indujo a los colonizadores a importar esclavos negros, lo que se mantuvo hasta el siglo XIX a pesar de que las rep�blicas que se fueron independizando proclamaron la abolici�n de la esclavitud.
Como resultado de ambas corrientes inmigratorias, la poblaci�n iberoamericana creci� a un ritmo elevado (un 1'6% entre 1900-1950).
Terminada la cat�strofe demogr�fica que introdujo la conquista, comenz� una nueva fase de la poblaci�n en funci�n de las bases econ�micas coloniales.
La consecuencia fue la ocupaci�n exclusiva de tan s�lo los territorios que ofrec�an metales preciosos o riqueza agraria con la que poder comerciar y obtener dinero y prestigio social.
Al comenzar el siglo XVIII s�lo hab�an adquirido una cierta densidad demogr�fica los enclaves mineros y las regiones con buenas condiciones para las producciones agrarias comercializables.
As�, fueron las coyunturas econ�micas forjadas por los colonizadores las que favorecieron la ocupaci�n y puesta en explotaci�n de unos territorios determinados.
En la segunda mitad del siglo XIX, sin embargo, se ocuparon nuevas regiones con riquezas mineras diferentes a las tradicionales (esta�o en Bolivia, nitrato y cobre en Chile, plomo y cinc en M�xico y Per�) que, gestionados por capitales europeos y norteamericanos, experimentaron su mayor desarrollo en el siglo XIX.
Iberoam�rica, a principios del siglo XX, constitu�a el principal abastecedor mundial de productos primarios. Brasil aportaba al mercado mundial la mitad del caf� consumido y casi la totalidad del caucho, Argentina la tercera parte de la carne, etc.
Por lo tanto, el papel otorgado a Iberoam�rica en la divisi�n internacional del trabajo fue el de abastecedor de materias primas mineras, poni�ndose en explotaci�n los territorios de mejores condiciones. Este proceso dur� hasta la crisis de 19829, pues despu�s se inici� una etapa expansiva que modific� las bases del desarrollo econ�mico.
La explotaci�n de los recursos naturales exigi� la creaci�n de una infraestructura y de unos servicios imprescindibles para realizarla, representados por los puertos, ciudades residenciales y administrativas y las v�as de transporte. As�, Iberoam�rica, durante los 150 primeros a�os, se organiz� en funci�n de la exportaci�n de metales preciosos.
Las diversas coyunturas econ�micas de la etapa colonial y principios de la independiente dieron lugar al nacimiento de unos n�cleos de poblamiento orientados a satisfacer las necesidades de los m�s ricos. Se crearon las grandes ciudades: M�xico, Guatemala, Panam�, Quito, etc.
Los centros urbanos, las comarcas o regiones productoras de los mismos, fueron unidas a los puertos por medio del transporte r�pido: el ferrocarril. Ello dio como resultado un trazado de l�neas m�s o menos perpendiculares a la costa, o paralelas a la misma si el territorio explotado se ubicaba en una franja costera.
Todos estos servicios e infraestructuras fueron creados para exportar unas producciones obtenidas de las explotaciones agrarias o mineras que indujeron un escaso y dependiente desarrollo industrial.
La extensi�n de este tipo de estructura agraria desequilibrada es fruto de un largo proceso hist�rico, pero que tiene estas bases de? Apropiaci�n de grandes lotes de tierra por los colonos, frente a un alto grupo de comunidades ind�genas, esclavos negros y minifundistas.
La consolidaci�n de esta estructura dual ha permitido la consagraci�n de los desequilibrios sociales durante la etapa tradicional hasta los a�os 40, cuando se ampliaron las clases medias.
La expansi�n industrial del siglo XIX-XX no fue capaz de crear un fuerte desarrollo econ�mico. Se trat� de una industrializaci�n dependiente, poco desarrollada y tradicional, aspectos que s�lo fueron superados parcialmente en la segunda fase.
En el siglo XX tambi�n aparece una nueva inversi�n extranjera: el petr�leo.
Por lo tanto, la industrializaci�n que llega hasta la Segunda Guerra Mundial es escasa, concentrada en la agricultura y miner�a y dependiente de las inversiones exteriores, orientadas hacia procesos din�micos: Buenos Aires, Sao Paulo...
S�lo en pa�ses con mejores condiciones (Argentina, Brasil...) tuvo cierta importancia el capital nacional, que fue creciendo poco a poco desde los a�os de la independencia.
Las consecuencias de la independencia fueron diferentes en cada pa�s, pero con una base com�n: el movimiento independentista no trajo cambios radicales ni en lo social ni en lo econ�mico.
Pero las diferencias se marcaron a favor de los grandes pa�ses por disponer de mayores recursos territoriales y demogr�ficos, que atrajeron pronto la inversi�n, mientras que los peque�os continuaron como subsidiarios de la econom�a tradicional, con una gran dependencia econ�mica.
Hacerlo.
Hacerlo.
Se fundamenta sobre todo en la ca�da dr�stica de la mortalidad� (general e infantil). As�, las sociedades iberoamericanas tienen las tasas m�s bajas de mortalidad de todo el mundo, la mayor�a menores del 10 por mil (Brasil 8 por mil, M�xico 6 por mil, Argentina 9 por mil).
Pero hay una excepci�n: las coyunturas econ�micas de pa�ses como Uruguay, Argentina y Chile favorecieron un comportamiento cercano al europeo, con natalidad moderada-baja (20-22 por mil) y mortalidad baja (8-10 por mil).
El ritmo acelerado del crecimiento demogr�fico trae consecuencias socioecon�micas negativas:
- Rejuvenecimiento de la poblaci�n: m�s de las 2/5 partes son menores de 15 a�os, lo que exige unas fuertes inversiones demogr�ficas e implican unas elevadas tasas de dependencia.
- Dificultades para atender satisfactoriamente a una creciente masa escolar: a pesar de la alfabetizaci�n, todav�a hay mucho camino por recorrer (en Brasil, m�s de la quinta parte de la poblaci�n es analfabeta).
- Aumento de la presi�n demogr�fica sobre la tierra y disminuci�n de oportunidades para la poblaci�n rural: cuanta m�s gente hay menos tierras, y tambi�n hay dificultad para la roturaci�n de nuevos terrenos dada a desequilibrada estructura de la propiedad.
El �xodo rural afecta a las ciudades medias y grandes, y es responsable del 50% del crecimiento urbano.
Hay distintos casos:
- Los que apenas han cambiado la situaci�n (Argentina, Paraguay, Uruguay, Santo Domingo y otros de Am�rica Central).
- Orientados hacia la colonizaci�n y promoci�n agrarias, en vez de una verdadera reforma (Venezuela, Colombia, Brasil, Ecuador y algunos de Am�rica Centra).
- Reforma fruto de una evoluci�n interrumpida (M�xico y Bolivia).
- Reforma avanzada problem�tica (Per�).
- Contrarreforma (Chile).
- Reforma socialista (Cuba).
Estas reformas agrarias no han sido suficientes, la explosi�n demogr�fica ha originado el minifundio, la proletarizaci�n y el paro entre los peque�os campesinos. Se ha roto tambi�n el equilibrio rural tradicional, basado en un sector de exportaci�n y otro de autoconsumo nacional, agravado por la mayor dependencia del exterior.
Si las reformas agrarias no han dado soluci�n a los problemas del campo, tampoco han resuelto los de la ciudad.
El colapso de los intercambios comerciales (Primera Guerra Mundial9, la crisis de 1929 y la Segunda Guerra Mundial trajo consigo una p�rdida de divisas para los pa�ses exportadores de materias primas agrarias y minerales. Entre 1930-1934 los pa�ses iberoamericanos experimentaron una ca�da del 30% de las divisas ingresadas por exportaciones.
Todo ello, unido al crecimiento de la poblaci�n y a las dificultades de abastecimiento surgidas en el mercado exterior motiv� que la burgues�a nacional invirtiera sus capitales en industrias de bienes de consumo. Al principio se localizaron en las �reas que ofrec�an los mercados m�s amplios, seguros y rentables: las grandes ciudades o metr�polis regionales.
El proceso se vio estimulado por la pol�tica
gubernamental, tendente a sacar a sus pa�ses del atraso industrial y a proteger
a las nuevas industrias de la competencia extranjera mediante aranceles
elevados. Ello atrajo a nuevos capitales exteriores que se invirtieron en los
territorios nacionales para asegurarse el
Por lo tanto, el proceso arranca de una t�mida inversi�n de capitales nacionales privados y se acelera desde que los gobiernos conceden est�mulos (subvenciones al transporte, cr�ditos a bajo inter�s, etc.), y de manera directa a la construcci�n de industrias b�sicas.
Las siderurgias no representan un gran paso hacia la industrializaci�n, excepto en Brasil y M�xico, ya que sus producciones son muy peque�as.
En los a�os 50 las grandes firmas multinacionales se sintieron atra�das por el mercado iberoamericano, se orientaron sobre todo a la producci�n de bienes de consumo duraderos (como los autom�viles). El capital multinacional acude a Brasil, Argentina y M�xico. Ya a principios de los 70 la inversi�n en estos tres pa�ses iba dirigida en un 75% a las industrias manufactureras.
Se da un nuevo paso en los pa�ses de vanguardia: Brasil ya no importa bienes de equipo, sino que ahora se fabrican en el territorio nacional. Argentina sigue a Brasil en esta diversificaci�n industrial.
Este proceso de industrializaci�n ha acarreado graves inconvenientes:
- Concentraci�n espacial: se han agravado los desequilibrios espaciales, ya que las grandes ciudades ofrec�an las mejores condiciones a la inversi�n, con lo que los capitales extranjeros localizaron sus f�bricas en ellas.
- Profunda dependencia tecnol�gica y financiera: la industrializaci�n exigi� conceder subvenciones y cr�ditos a bajo inter�s, para lo que los gobiernos acudieron al cr�dito internacional. A esta dependencia econ�mica se une la tecnol�gica, que se manifiesta en la importaci�n de las piezas m�s delicadas de un proceso de fabricaci�n.
- El paro y problemas sociales: la industrializaci�n de alta tecnolog�a no es la que conviene a Iberoam�rica, porque los artesanos, urbanos o rurales, se arruinan ante la masiva desaparici�n de empleos.
La importancia de la actividad agraria es mayor de la que le corresponde por el volumen de poblaci�n que emplea o por su baja participaci�n en el PNB de cada pa�s, pues representa una fuente de ahorro interno.
La sociedad iberoamericana es incapaz de hacer frente a las necesidades alimenticias de sus habitantes, debido a varios factores:
- Tanto los gobiernos como el sector privado han concentrado sus inversiones en la construcci�n, industrializaci�n, etc., marginando al medio rural.
- Los gobiernos han buscado unos precios bajos para los productos alimenticios como medida pol�tica para tranquilizar a las masas urbanas.
- Las inversiones agrarias han sido especulativas, centradas en cultivos industriales y de exportaci�n.
- En �pocas excedentarias se han importado grandes cantidades de grano a precios muy bajos.
La pol�tica econ�mica de la fase desarrollista ha olvidado que la actividad, la producci�n y las estructuras agrarias son lo m�s b�sico de cualquier econom�a.
El espacio agrario adquiere mayor complejidad y as� se cristalizan nuevos tipos de explotaciones bien como fruto de iniciativas particulares o a consecuencia de reformas agrarias. La densificaci�n demogr�fica ha provocado una presi�n sobre la tierra y unas formas m�s intensivas de aprovechamiento.
La gran explotaci�n, obligada a intensificar sus producciones bajo la presi�n de las reformas, va perdiendo su car�cter latifundista.
Junto a la hacienda, la gran explotaci�n ganadera moderna, m�s o menos extensiva, se ha extendido por toda Iberoam�rica. Se emplea muy poca mano de obra, al sustituir los pastores por alambradas. As�, tienen una elevada productividad por persona empleada y bajos rendimientos por unidad de superficie.
Este tipo de explotaciones transforman y comercializan a veces sus propias producciones, integr�ndose en el sector denominado "agri business" (explotaciones de ganader�a bovina con plantaciones y otros cultivos de exportaci�n).
Las peque�as y medianas explotaciones no disponen m�s que de una m�nima parte de la tierra. Los minifundios (menos de 5 Has.), junto con las explotaciones familiares (de entre 5-20' Has.), representan m�s de las 3/4 partes del total.
Las sociedades iberoamericanas han conseguido unos elevados �ndices de urbanizaci�n, con valores actuales del 68%, entendiendo como urbano a aquellos n�cleos que superan los 2.000 habitantes.
Se produce un contraste claro entre los pa�ses de Am�rica del Sur Templada (84% de poblaci�n urbana) y los del Caribe (54%). A los primeros se pueden sumar los casos de Venezuela (82%) y Cuba (71%). Los pa�ses m�s grandes, Brasil (71%) y M�xico (70%) est�n muy poco por encima de la media.
La urbanizaci�n ha sido acelerada. En 1960 la poblaci�n urbana no superaba el 46%, y no s�lo han crecido las grandes ciudades, sino que numerosas ciudades medias y peque�as han multiplicado varias veces su poblaci�n, aunque a menor ritmo.
La densificaci�n urbana es una consecuencia del crecimiento demogr�fico y del �xodo rural. En 1970 no hab�a m�s que unas 105 ciudades con m�s de 100.000 habitantes, a mediados de los 80 se alcanzaban unas 350, de las cuales 80 estaban en torno al medio mill�n, y unas 30 superaban el mill�n.
Las metr�polis nacionales han crecido bastante m�s deprisa que el resto de las ciudades. En 1.980 Montevideo tenia el 52% de la poblaci�n nacional, Buenos Aires el 45%, Santiago, La Paz y Asunci�n el 44%, y Lima-Callao concentraba un elevado porcentaje de la poblaci�n peruana, lo mismo que San Jos�.
Esto hechos constituyen la base de la macrocefalia, que en la actualidad tiende a perder importancia, dado el firme crecimiento de numerosas ciudades medias. Sin embargo, las metr�polis nacionales contin�an manteniendo una fort�sima atracci�n, creciendo a ritmos muy acelerados (entre el 4-6'5% anual).
Estos ritmos se fundamentan en una gran acumulaci�n de medios de producci�n y de servicios sobre ellas, y en este sentido es en el que puede hablarse de macrocefalia, en el de la enorme capacidad de decisi�n que estas aglomeraciones tienen, pues son sedes de las principales empresas, de los bancos, de organismos de la administraci�n y de la pol�tica.
Su funci�n de direcci�n afecta a todo el territorio nacional, aunque aumenta progresivamente el papel de las metr�polis regionales, si bien en Ecuador y Brasil la capital nacional se ve oscurecida por la funci�n que desempe�an otras ciudades de gran poder econ�mico, como Guayaquil frente a Quito y Sao Paulo frente a R�o, aunque �sta ha perdido la capitalidad frente a Brasilia.
Ha sido b�sicamente en los grandes pa�ses donde m�s se han desarrollado metr�polis regionales, principalmente en Brasil, M�xico y Colombia. Ciudades como Porto Alegre, Bello Horizonte, Salvador, Recife o Fortaleza representan aut�nticas metr�polis regionales con m�s de 1 mill�n de habitantes, que junto a Brasilia y a otras que no alcanzan todav�a esa cifra, est�n sirviendo de contrapunto, por su acumulaci�n de industrias y de servicios, a R�o de Janeiro y Sao Paulo. En M�xico, sobre todo Monterrey y Guadalajara (con m�s de 2 millones de habitantes cada una) son las aglomeraciones, adem�s de M�xico D.F., atraen inversiones y servicios.
En suma, aunque el acelerado crecimiento de las capitales nacionales no se detiene, existe una clara tendencia a la consolidaci�n de metr�polis regionales, fen�meno que a largo plazo corregir� la desequilibrada red urbana actual.
Es ya t�pica la imagen de la dualidad urbana en las ciudades del Tercer Mundo. Cualquiera de las grandes aglomeraciones revela bien a las claras ese car�cter, y sus desequilibrios internos tienden a aumentar en vez de a corregirse.
El caso de R�o de Janeiro, que en 1950
contaba con un 8'5% de poblaci�n viviendo en favelas, en 1980 ese porcentaje
afectaba en torno a 1/3 de la poblaci�n (1.700.000 hab.) En Sao Paulo, donde
las favelas tardaron m�s tiempo en aparecer, alojan
sobre un 20% de la poblaci�n, pero es significativo que 2'5 millones de los 9
del municipio en 1980 habitasen en casas de construcci�n propia y clandestina
sobre terrenos perif�ricos, que carecen de las infraestructuras m�nimas
(abastecimiento de agua, red de alcantarillado, electricidad), al mismo tiempo
que faltan servicios b�sicos (hospitales, dispensarios,
El h�bitat subintegrado, en forma de chabolas construidas con materiales de alba�iler�a, constituye una aut�ntica plaga de las grandes ciudades de Iberoam�rica, surgidas por las estrecheces econ�micas y por la pobreza de quienes las habitan. Es impensable su soluci�n mientras no se atajen las causas que las originan. Este tipo de h�bitat se halla distribuido por todo el espacio urbano, tanto en el centro en terrenos de fuertes pendientes y de dif�cil ocupaci�n, en los valles inundables de los r�os, etc., como sobre todo en la periferia, donde forma interminables barriadas chabol�sticas. En cada pa�s o ciudad han recibido nombres espec�ficos: Favelas en R�o y Sao Paulo, mocambos en Recife, ranchos en Caracas, tugurios en Bogot�, barriadas en Lima, conventillos en Chile o Ciudades perdidas en M�xico.
Todo este h�bitat subintegrado introduce una segregaci�n espacial que contrasta con los elegantes barrios de las aristocracias urbanas, las cuales se localizan en excelentes emplazamientos perif�ricos, como Pedregal en la Ciudad de M�xico, Copacabana e Ipanema en R�o de Janeiro, el Barrio Alto de Santiago de Chile, etc., aunque en la actualidad se tiende a construir lujosas viviendas en el centro para evitar los inc�modos desplazamientos diarios ocasionados por la saturaci�n del tr�fico. Esta recuperaci�n del centro por la alta burgues�a se ha desarrollado ya en el �Centro Expandido� de Sao Paulo, y se ha iniciado en el �rea nuclear de Buenos Aires.
Los sectores centrales son asiento de una actividad econ�mica urbana, similar al CBD de las ciudades del mundo desarrollado, que acogen en su suelo rascacielos elevados, que albergan las sedes de grandes empresas nacionales y extranjeras, de los bancos, de las agencias y de los organismos de la Administraci�n. Los desplazamientos laborales masivos que esto provoca conllevan a una penosa congesti�n urbana, potenciada por las insuficiencias infraestructurales. Frente a estas actividades de servicios cualificados, los peque�os servicios, el artesanado tradicional o moderno, el peque�o comercio, ambulante y sedentario, los servicios personales, etc. se localizan en los barrios perif�ricos.
La industria se corresponde con una localizaci�n espec�fica cerca de las vias de comunicaci�n (ferrocarril - carretera) con modernos edificios bien cuidados y vigilados, que contrasta con las pobres construcciones chabol�sticas de las inmediaciones.
Todo este entramado urbano, insuficientemente equipado, aparece con una ocupaci�n laxa, salpicado de abundantes solares vac�os, pertenecientes, por lo general a especuladores del suelo urbano.
Tanto las grandes ciudades, como las
medianas y peque�as est�n sujetas a una din�mica in
Es un espacio hijo de la colonizaci�n, con estructuras disfuncionales heredadas del pasado colonial, y mantenidas y potenciadas durante la fase neocolonial.
Las contradicciones que afloraban en los a�os 40 se mantienen en la actualidad, con el agravante de que en este lapso se han hipotecado las econom�as nacionales, sin que los enormes recursos mineros y agrarios hayan podido paliar la crisis econ�mica, social y pol�tica. Se mantendr� dependiente de fuerzas exteriores y falto de integraci�n regional. Una excepci�n es el caso cubano, con una din�mica econ�mica y socio-espacial diferente a la del resto.
Los tres pa�ses de Am�rica Meridional templada participan de la mayor�a de sus caracteres. Argentina s�lo est� a caballo entre el desarrollo y el tercermundismo.