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Tema 7. El espacio rural. Actividades agrarias: situaci�n y perspectivas en Espa�a y en el mundo.

1. Definici�n de espacio rural

     Definir lo que es un espacio rural, o el mundo rural, es tan dif�cil como definir lo que es una ciudad, ya que hay en �l funciones hasta hace no mucho tiempo plenamente urbanas, como los servicios bancarios. Por otra parte, las ciudades actuales tienden a invadir el espacio antes claramente rural, con la construcci�n de residencias y la dedicaci�n a la agricultura a tiempo parcial. Se crea, as�, una zona intermedia de dif�cil delimitaci�n.

     De todas formas podemos enumerar algunas caracter�sticas que definen los espacios rurales: la baja densidad de poblaci�n; la presencia de actividades industriales nocivas, que ocupan mucho espacio, o que pierden mucho peso en el proceso de elaboraci�n; las actividades extractivas: miner�a, canteras y silvicultura; y las instalaciones de ocio de grandes dimensiones: estaciones de esqu�, campos de golf y, sobre todo, la presencia ineludible de actividades agropecuarias, que es lo m�s caracter�stico del mundo rural. Ser�n estas actividades agropecuarias las que definan y den car�cter a los distintos espacios rurales del mundo, y a sus respectivos paisajes.

     Por su car�cter, y su dedicaci�n a la agricultura, los espacios rurales sufren una serie de condicionantes ecol�gicos; ya que no todos los climas, ni todos los suelos son aptos para cualquier tipo, ni t�cnica, de cultivo. Adem�s, tienen unos condicionamientos demogr�ficos; ya que tiende al equilibrio entre la poblaci�n y los recursos. Esta ponderaci�n favorece la modificaci�n de las t�cnicas de cultivos, en caso de superpoblaci�n o subpoblaci�n. En las situaciones m�s graves se puede pasar de una agricultura intensiva a una agricultura extensiva: intensificar el uso del suelo, roturar territorio de bosque e, incluso, se reorganizar� la estructura social; o se asumir� una nueva tecnolog�a de cultivo. En la actualidad del medio rural se demandan servicios, por lo que encontramos en el campo personas que no viven de la agricultura ni la ganader�a. El medio rural tambi�n ha de someterse a ciertos condicionamientos jur�dicos que afectan a la estructura de la propiedad y a las formas de explotaci�n. Por �ltimo, el mundo rural sufre los avatares econ�micos y pol�ticos, sobre todo en los pa�ses donde la agricultura est� subvencionada.

    La agricultura actual ha tratado de superar los condicionamientos clim�ticos cultivando las especies bajo pl�stico: en invernadero.

    El cultivo de una determinada especie durante a�os en un mismo lugar termina por agotar los minerales de los que se alimenta la planta. Para evitar esto se deja descansar la tierra, sin cultivar, durante al menos un a�o. A esta t�cnica se le llama barbecho. No obstante, hay varios tipos de barbecho: el corto, en las tierras sobre las que se vuelve a cultivar en uno o dos a�os, antes de que se recupere el bosque; y el largo en el que se permite la recuperaci�n total del bosque.

    Las t�cnicas de regad�o han cambiado mucho. La t�cnica tradicional es el regad�o por inundaci�n en el que se hacen unos surcos entre las plantas, se desv�a parte de la corriente del r�o o pozo y se inunda toda la superficie. Este sistema es poco eficaz, ya que se emplea mucha m�s agua de la necesaria. Modernamente se ha empleado el riego por aspersi�n, que si se hace en horas nocturnas necesita mucha menos agua. El riego por aspersi�n consiste en un mecanismo que esparce el agua por toda la superficie como si fueran gotas de lluvia. La t�cnica de riego m�s eficaz es el gota a gota. Consiste en canalizar el agua con peque�os tubos hasta el pie de cada planta y dejar caer una gota cada cierto tiempo, hasta completar las necesidades de cada planta. Se controla por ordenador y se suele practicar en los cultivos de invernadero.

     En muchas ocasiones, es la estructura de la propiedad de la tierra y la estructura agraria, lo que define los paisajes rurales. La propiedad puede ser colectiva y de aprovechamiento com�n: con bienes propios, comunes, etc., pero tambi�n puede haber gran propiedad y peque�a propiedad. En Espa�a, la gran propiedad tiene su origen en la Reconquista: durante la Edad Media. Esta gran propiedad ha podido evolucionar hasta la peque�a propiedad, si el sistema de herencia favorece la partici�n, o si se vendi� a quienes trabajaban las explotaciones. Por el contrario, la peque�a propiedad puede evolucionar hacia la gran propiedad, si el sistema hereditario favorece el mayorazgo, por ejemplo, o si el precio del suelo es bajo y hay un capitalista rural que compra las tierras contiguas.

     Pero una cosa es el tama�o de la propiedad y otra el de las explotaciones. Una explotaci�n es la unidad t�cnico-econ�mica de la que se obtiene los productos agrarios. Estas explotaciones, seg�n las t�cnicas de aprovechamiento, pueden ser un latifundio, si son grandes o un minifundio, si son peque�as. No tiene porqu� coincidir gran propiedad con latifundio, ni peque�a propiedad con minifundio: la gran propiedad puede estar dividida hasta el minifundio y la peque�a concentrada, por arrendamiento, hasta el latifundio. No obstante ambos extremos suelen quedar obsoletos y tienden a no ser funcionales. Adem�s, tienen diferentes consecuencias econ�micas y sociales. Los desequilibrios han propiciado, en todos los pa�ses, reformas agrarias, bien t�cnicas bien pol�ticas.

     Al mismo tiempo, los condicionamientos t�cnicos han supuesto un aumento progresivo de la productividad de la tierra, con lo que el tama�o de la explotaci�n se ha relativizado. Esta tendencia ha alcanzado su m�ximo grado en la revoluci�n verde, o la aplicaci�n de todos los avances t�cnicos que puede ofrecer la ciencia moderna, en la agricultura.

     Por �ltimo, en general podremos distinguir dos grandes conjuntos de paisajes agrarios, los campos cerrados (bocagePronunciado /bocag/) y los campos abiertos (openfieldPronunciado /ópenfield/), que se encuentran en distintas partes del mundo, por distintos motivos. En el mundo rural distinguimos dos tipos de poblamiento: el concentrado y el disperso. El poblamiento concentrado en el agrupamiento de las viviendas de la aldea en un lugar en concreto, dejando el resto para que pueda ser cultivado. El poblamiento disperso se caracteriza porque no existe un n�cleo de viviendas sino que est�n esparcidas por todo el territorio, normalmente cerca de las explotaciones de cada familia.

2. La revoluci�n verde

     Desde el comienzo de la revoluci�n industrial la t�cnica y la ciencia han proporcionado a la agricultura m�todos y t�cnicas de cultivo que aumentaban la productividad de la tierra, pero ser� a partir de 1944 cuando este proceso adquiera dimensiones de revoluci�n. Este cambio era necesario para asegurar el aporte alimenticio a todo el mundo, aunque se ha incurrido en muchos errores. Fue Norman BorlaugPronunciado /Borláug/, desde la Fundaci�n RockefellerPronunciado /Rokeféler/, quien impuls� el desarrollo definitivo.

     En realidad la esencia de la revoluci�n verde son: las variedades de altos rendimientos, las semillas VAR, con todos los insumos necesarios para incrementar los resultados desde los niveles tradicionales al doble o m�s. Nuevas semillas m�s resistentes, y nuevos insumos, que permitieron ampliar el �mbito ecol�gico de las especies cultivadas. En general, son semillas de ciclo corto y poco sensibles al fotoperiodismo.

     Las semillas tradicionales son fruto de una selecci�n secular y emp�rica, en la que se han ido eligiendo las variedades que daban mayor provecho. Pero las VAR son semillas modificadas gen�ticamente para dar un rendimiento mayor en cualquier sistema ecol�gico. Sin embargo, para que den ese m�ximo rendimiento necesitan unos determinados insumos: abonos especiales (qu�micos), agua y pesticidas. Adem�s, es necesario eliminar las malas hierbas que compiten por la tierra, combatir las plagas (viejas y nuevas), y asegurar el regad�o. Frecuentemente, si falta alguno de los insumos, la cosecha cae por debajo del rendimiento habitual. Los fertilizantes son tan necesarios como las semillas. Esto implica que la producci�n agr�cola necesita grandes capitales.

     En los pa�ses subdesarrollados este es un problema a�adido, ya que su dependencia de los pa�ses ricos en cuestiones agr�colas es total. Adem�s, las semillas VAR son de las especies que se consumen en los pa�ses ricos, con lo que la producci�n agr�cola debe ir destinada a la exportaci�n.

     No obstante, es indiscutible que la revoluci�n verde ha aumentado el volumen de la cosecha por hect�rea, y permite una doble cosecha, sobre todo en los pa�ses ricos. Adem�s, ha generado una importante industria en torno a la creaci�n de semillas e insumos y su distribuci�n. Pero al mismo tiempo, la mecanizaci�n del campo reduce el empleo de la fuerza de trabajo.

     Cada vez es m�s importante la investigaci�n en ingenier�a gen�tica de las especies alimenticias. Pero tambi�n, la b�squeda de los recursos m�s productivos aut�ctonos, la agricultura biol�gica, que pretende utilizar el menor n�mero de insumos posible: aprovechando la capacidad de la naturaleza para producir.

     Tambi�n en el ganado ha entrado la revoluci�n verde con la administraci�n de hormonas y la selecci�n gen�tica. Incluso se ha llegado a cultivar en bandejas colocadas en estanter�as, sin tierra, s�lo con agua, nutrientes y algo de arena, son los cultivos hidrop�nicos. En la actualidad se est�n desarrollando los cultivos aerop�nicos, en los que las plantas se encuentran situadas en tubos individuales de varios pisos a los que se les proporciona nutrientes y agua. Con este sistema la productividad de la hect�rea aumenta m�s de 10 veces y la cantidad de agua necesaria se reduce hasta en un 90%.

     El uso masivo de insumos qu�micos puede provocar problemas de contaminaci�n, tanto del medio como de los mismos alimentos, con lo que se pueden producir problemas de salud.

Los comienzos de la revoluci�n verde

     Durante la segunda guerra mundial se aprecia que la alimentaci�n de los pa�ses desarrollados no puede depender de la estabilidad pol�tica (o de la cosecha) de unos pocos pa�ses, por eso las grandes corporaciones estadounidenses ven como un buen negocio la extensi�n de los cultivos a otros pa�ses. Pero para que el incremento de los costes de transporte fuese compensado, la productividad de la tierra deb�a de ser mayor. En esa fecha, la ciencia estaba en condiciones de proporcionar nuevas variedades. Poco despu�s se divulga, durante los a�os 60 y gracias a los medios de comunicaci�n de masas, el problema del hambre en el Tercer Mundo. La revoluci�n verde tratar� de presentarse como la soluci�n del problema, aunque en esa �poca ya se empieza a importar a los pa�ses desarrollados. Esto le permitir�a a Norman Borlaug conseguir el premio Nobel de la Paz de 1970.

    Norman E. BorlaugPronunciado /Borláug/ fue el genetista de la Fundaci�n RockefellerPronunciado /Rokeféler/ que impuls� la aplicaci�n de los avances cient�ficos a la agricultura, partir de 1944. Dirigi� el Centro Internacional de Mejoramiento del Ma�z y el Trigo (CIMMYT), en Atizap�n (M�xico). Las primeras semillas que lograron fueron unos trigos de espiga grande, pero con un grano de mayor peso, por lo que se doblaban con mucha facilidad, comprometiendo la producci�n. Las investigaciones posteriores se encaminaron a conseguir una variedad de trigo �enana�, con una ca�a resistente. Tambi�n tuvieron que encontrar una variedad resistente a la roya, de la que enfermaban f�cilmente las nueva variedades.

    El primer pa�s en el que encontramos explotaciones con semillas VAR es M�xico, pero recuerde que es el pa�s en el que se investiga. Fueron semillas de trigo que cubren un 9% de la superficie sembrada para la campa�a 1953-1954. Diez a�os despu�s en M�xico la superficie sembrada con semillas VAR era del 90%.

    Las nuevas variedades de ma�z se introdujeron tambi�n en M�xico, el �Plan Puebla� en 1967, en una extensi�n de 100.000 hect�reas. Aunque no dio los resultados esperados. Las dificultades de adopci�n de las nuevas semillas parece que se debi� a que en el valle de Puebla la mayor�a eran peque�os agricultores, que no ten�an el capital suficiente para renovar su explotaci�n. En realidad se limitaban a prestar las tierras para los experimentos.

    Adem�s de la Fundaci�n Rockefeller la otra instituci�n que impuls� la revoluci�n verde fue la Fundaci�n Ford a trav�s del International Rice Research InstituteInstituto Internacional para la investigación del arroz (IRRI), instalado en Los Ba�os (cerca de Manila, Filipinas). Sus investigaciones se orientaron a conseguir nuevas variedades de arroz. Las primeras aparecieron en 1962. De las 7.000 hect�reas iniciales se pasaron a m�s de 10 millones a comienzos de la d�cada de los 70.

    Gracias al �xito de estas variedades se crearon otras instituciones: Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en Cali, Colombia; el Internacional Institute of Tropical AgricultureInstituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA) en Ibad�n, Nigeria; la International Crop Research Institute Semi-Arid TropicsInstituto Internacional para la investigación de las cosecha de los países semiáridos (ICRISAT) en la India, el Centro Internacional de la Papa (CIP) en Per�; y el Internaciol Livestock Center for �fricaInstituto Internacional para el ganado de Áfrcia (ILCA), en Addis Abeba, Etiop�a. N�tese que estos centros se establecen en climas tropicales y dif�ciles para la agricultura europea. Las siguientes especies en la que se investiga son tropicales. La mandioca y el frijol es la que mejores resultado obtuvieron inicialmente, pero se aplican a todas, sorgo, mijo, ch�charo, etc., y especies como los garbanzos y las patatas. El centro colombiano del CIAT, comenz� a investigar con la ganader�a. Empezaron por la mejora de los pastos y la alimentaci�n ganadera.

    Los pa�ses a los que favoreci� inicialmente fueron del Tercer Mundo, pero esencialmente las grandes plantaciones. Sin embargo ser� cuando la revoluci�n verde llegue a los pa�ses desarrollados cuando alcance su transcendencia mundial. En los a�os 60 y 70 se cre�a que los pa�ses del Tercer Mundo ser�an los suministradores de los productos alimenticios al mundo rico, pero cuando los avances llegaron a la agricultura de los pa�ses ricos estos consiguieron no s�lo abastecerse de productos para la alimentaci�n, si no de tener excedentes.

3. Los grandes sistemas agrarios en el mundo

3.1. Los sistemas agrarios tradicionales

     Si bien es cierto que la agricultura tradicional se diferencia ampliamente seg�n el �mbito ecol�gico y la sociedad donde se desarrolla, tambi�n es cierto que, independientemente de su paisaje y sus condicionamientos, podemos definir unas l�neas comunes que la precisan.

     Una de sus principales caracter�sticas es el atraso t�cnico y tecnol�gico, que implica una econom�a de subsistencia en la que se consume todo lo que se produce y se dedica al gasto familiar gran parte de lo cultivado en la tierra. La creaci�n de v�as de comunicaci�n, y el consiguiente acceso a los mercados, permite una progresiva reducci�n de la superficie de cultivo, al poder obtener productos m�s baratos que los que se cultivan. Adem�s, el conocimiento de otras t�cnicas de cultivo favorece la asunci�n de una tecnolog�a mucho m�s avanzada.

     Este tipo de agricultura lo practica en la actualidad m�s de 1/5 de la humanidad, y supone gran parte de la superficie agr�cola del mundo. En general, la encontramos en los pa�ses subdesarrollados y con problemas de superpoblaci�n. La revoluci�n verde trat� de superar estos problemas, pero provoc� un cambio dr�stico en la dieta. Adem�s, frecuentemente, destruy� los sistemas tradicionales de cultivo y provoc� algunas crisis ecol�gicas.

     El incremento de la producci�n agraria ha llegado a cubrir las necesidades cal�ricas de la poblaci�n en los pa�ses del Tercer Mundo, hasta en las regiones m�s pobladas, pero s�lo en t�rminos estad�sticos, ya que no siempre los alimentos est�n bien repartidos, ni son los que tradicionalmente se consumen. Por el contrario, se ha reducido la variedad de los alimentos. Los factores fundamentales de este progreso son: la intensificaci�n de la productividad en las tierras de cultivo y el recurso a una abundante mano de obra, barata. Sin embargo, ha sido la desaparici�n paulatina de los modos de producci�n agr�cola tradicionales los que han supuesto la aparici�n de las grandes desigualdades, y del hambre cr�nica para gran parte de la poblaci�n del Tercer Mundo. La irrupci�n de la agricultura capitalista ha generado un proletariado agr�cola y rural de campesinos sin tierra, o con explotaciones minifundistas.

     En la actualidad son escasos los pueblos de cazadores y recolectores. S�lo los encontramos en el �mbito ecuatorial de �frica y Am�rica. Tambi�n son muy pocos los pueblos dedicados a la agricultura o ganader�a n�mada o semin�mada, pero estos est�n m�s extendidos. Los encontramos en el entorno de las regiones ecuatoriales o en las grandes estepas de Eurasia.

     Mayor presencia tienen los pueblos dedicados a la agricultura itinerante o c�clica. Los podemos encontrar en las regiones tropicales de �frica. Practican una agricultura extensiva con t�cnicas y labores de cultivo muy elementales. Los utensilios b�sicos son: el hacha, la azada y el bast�n, y los m�todos de preparaci�n del suelo el fuego y la roza, para lo que se limpia las tierras de las matas y hierbas in�tiles antes de labrarlas. La tierra rozada queda limpia de los arbustos que naturalmente se cr�an, para poder sembrar en ella. Con la azada fue posible retirar de la tierra los pies de los troncos de los �rboles quemados, con lo que se introduce un cambio radical en la biocenosis. Este proceso implica una selecci�n de las plantas �tiles, a las que se favorece, frente a otras que no lo son.

     Todos estos pueblos practican un policultivo de subsistencia que les proporciona todos los alimentos que consumen. En este tipo de agricultura es fundamental la integraci�n de la ganader�a, que ocupa las tierras que quedan en barbecho. No obstante, hay varios tipos de barbecho: el corto, en las tierras sobre las que se vuelve a cultivar en uno o dos a�os, antes de que se recupere el bosque; y el largo en el que se permite la recuperaci�n total del bosque.

     En este modelo la propiedad del suelo, normalmente, es comunal, ya que todos participan en la roza del bosque. Pero, tambi�n, hay propiedad privada, bien sea esta de la explotaci�n, que se trabaja temporalmente, o de la producci�n.

     Esta es una agricultura que no proporciona excedentes, por lo que est� en franco retroceso ante el empuje de la agricultura capitalista. Sin embargo, exceptuando algunos casos, la agricultura tradicional est� afectada por la t�cnica y las modernizaciones propugnadas por la revoluci�n verde. La agricultura de secano comienza a reducir los barbechos: con la utilizaci�n de abonos, los ciclos de cultivos y los regad�os. La introducci�n de cultivos comerciales debilita el sistema tradicional, comprometiendo el equilibrio biol�gico del suelo y obligando a los distintos pueblos a cultivar unos productos que no van a consumir ellos.

     Existe tambi�n una agricultura tradicional intensiva, cuyo paradigma es el arrozal asi�tico. Este modelo se caracteriza por el minifundismo de la explotaci�n, debido a razones t�cnicas, demogr�ficas y jur�dicas, que no permiten la mecanizaci�n de las labores agr�colas. B�sicamente, se utilizan el arado y la hoz. El incremento de la productividad de la tierra se ha logrado a costa de la selecci�n gen�tica de las semillas de arroz.

     El arrozal asi�tico es el sistema econ�mico preferente en todo el sudeste asi�tico, China y el Jap�n tradicional, en el que encontramos el sistema jori. Este r�gimen se organiza hacia el siglo VIII. En �l se establece, por ley, la redistribuci�n peri�dica de las tierras entre los campesinos, cada seis a�os. Se asignan las parcelas; que son rectangulares y todas de igual tama�o, independientemente de su productividad. Cada parcela est� delimitada por caminos o canales de riego. Se trata de un openfieldPronunciado /ópenfield/ generalizado. La voluntad social y el sistema jur�dico son fundamentales para el funcionamiento de esta pr�ctica.

     El arrozal asi�tico organiza el paisaje rural en campos de arrozales regulares en las tierras llanas, en contraposici�n con las tierras de secano, que se sit�an a continuaci�n. Tras ellas encontramos las pendientes cubiertas de bosques. Es en la tierra de secano, que peri�dicamente se queda en barbecho, donde pasta el ganado. Aunque no es muy intensa la integraci�n de la ganader�a en la agricultura. Las parcelas no son muy grandes, entre 5 y 10 �reas. Las m�s grandes son las granjas, seguidas de las parcelas de secano y las m�s peque�as son los arrozales intensivos.

     La agricultura tradicional est� en franco retroceso en todo el mundo, debido a la utilizaci�n de la tecnolog�a y a los avances cient�ficos. Pero la producci�n obtenida mayoritariamente es para el mercado, frecuentemente el internacional, lo que reduce las tierras, y el tiempo, dedicados al policultivo tradicional, que constituyen sus productos de consumo. Esto desarticula, tambi�n, la estructura de la propiedad, que genera un excedente de fuerza de trabajo, el cual termina pasando hambre.

3.2. La agricultura de plantaci�n

     En los pa�ses subdesarrollados coexisten dos tipos de agricultura opuesta, la agricultura tradicional de subsistencia y la agricultura capitalista de plantaci�n.

     Una plantaci�n es, seg�n la defini� la OIT en 1958, una explotaci�n agr�cola, situada en una regi�n tropical o subtropical, que emplea regularmente trabajadores asalariados y en la que, con fines comerciales, se cultivan o producen, en r�gimen de monocultivo, productos tropicales. Una plantaci�n es, pues, una empresa de gran propiedad, explotaci�n directa y altamente capitalizada, que utiliza todos los medios t�cnicos y cient�ficos que pone a su alcance la revoluci�n verde.

     La gesti�n de una plantaci�n es como la de una empresa dedicada a la producci�n y comercializaci�n de cualquier producto. La mano de obra es asalariada, y con horario fijo, suele ser aut�ctona, excepto la direcci�n y los altos cuadros que tienden a ser for�neos.

     En las grandes extensiones, a una plantaci�n le resulta m�s econ�mico trasladarse en el espacio, a costa de la sabana o del bosque tropical, que recuperar� la fertilidad de la tierra cuando esta est� agotada.

     El monocultivo productivo hace depender el �xito de la empresa de los precios internacionales del cultivo. Como suelen ser muy variables se intenta obtener el m�ximo beneficio en el menor tiempo posible. Es una econom�a especulativa. El hundimiento de los precios de un producto supone la ruina de pa�ses enteros, de los que, adem�s, huyen los capitales invertidos, ya que no son aut�ctonos.

     Los productos m�s representativos en este tipo de agricultura son: el caf�, la ca�a de az�car, el pl�tano, la hevea, el cacao, la nuez, el coco, los cacahuetes, el algod�n, el tabaco, los agrios, el aceite de palma, la quina, las pi�as y el t�, pero puede haber muchos otros, como las fibras textiles, el yute o el c��amo.

     En la actualidad la plantaci�n est� perdiendo importancia como empresa de capital for�neo. Se recurre cada vez m�s a la compra y comercializaci�n del producto, dejando la explotaci�n en manos aut�ctonas. Esto tiene dos grandes riesgos para las sociedades de los pa�ses subdesarrollados: el abandono definitivo del policultivo de subsistencia, que proporciona productos propios de la dieta tradicional; y la creaci�n de un proletariado rural sin recursos que desestructura las relaciones sociales tradicionales, y est� a merced de la estabilidad de los precios en el mercado internacional. Pero adem�s, son las empresas de los pa�ses ricos las que comercializan el producto; con un valor a�adido mucho mayor, aprovech�ndose de las ventajas de las buenas cosechas, pero sin asumir los riesgos de la producci�n.

     El hecho de que estos productos est�n destinados al comercio internacional implica que han de pasar por un proceso de tratamiento industrial en los pa�ses de origen, que puede ir desde el empaquetado hasta la transformaci�n en productos semielaborados. Estas f�bricas suelen estar en manos de capital for�neo, mixto e incluso aut�ctono (que son las menos).

3.3. La agricultura capitalista de Europa occidental

     La agricultura de Europa se caracteriza por ser una empresa de car�cter familiar con explotaciones de tama�o medio y altamente capitalizadas. La diversidad ecol�gica en Europa, y la especializaci�n regional productiva, ha permitido la producci�n de multitud de cultivos, que se han integrado perfectamente en la dieta europea y de todos los pa�ses desarrollados.

     El alto nivel de vida de los europeos hace aparecer la agricultura a tiempo parcial: peque�as explotaciones altamente productivas que generan rentas complementarias a personas que tienen su actividad principal en otro sector. Son explotaciones que consiguen pocos productos pero de alto valor a�adido. Estas explotaciones se mantienen, tambi�n, para el consumo familiar.

     La agricultura europea proporciona rentas a muy pocas familias, pues apenas se dedica a ella el 8% de la poblaci�n activa.

     En Europa podemos distinguir tres paisajes agr�colas t�picos: el n�rdico, de car�cter semin�mada y ganadero; el centroeuropeo, con un marcado contraste entre campos cerrados y abiertos, en �l encontramos el policultivo capitalista de mercado y el predominio del regad�o (este modelo se remonta a la Edad Media); y el mediterr�neo, en el que tambi�n existe un marcado contraste entre campos abiertos y cerrados, pero con un claro predominio de los abiertos en las regiones de secano y de los cerrados en las regiones de monta�a. Este modelo tambi�n tiene un origen medieval, en el que encontramos influencias �rabes, sobre todo en las t�cnicas de regad�o, como el uso de la noria. El paisaje mediterr�neo se caracteriza por la trilog�a productiva de trigo, vid y olivo, pero tambi�n es primordial el policultivo hort�cola, de gran variedad, en el que predominan los c�tricos.

     En la Edad Media se generaliz� un sistema de cultivos muy semejante en todo el continente. En los alrededores inmediatos del pueblo se encontraban las huertas de frutas y hortalizas, las mejor regadas y abonadas, que se cultivaban de forma intensiva. Luego se situaban las tierras dedicadas a las leguminosas y los cultivos de regad�o, m�s lejos estaba el cereal de secano, trigo y escanda, m�s all� los pastos y bald�os, y por �ltimo el bosque, que proporcionaba le�a y caza.

     En todos los modelos europeos tiene gran importancia la ganader�a, m�s en el pasado, cuando la ganader�a era fundamental para el abono de los campos. Hoy en d�a, las tierras de labor y las granjas de ganado est�n totalmente separadas y localizadas en diferentes regiones. En general, las explotaciones agr�colas est�n en comarcas de poca densidad de poblaci�n y de campos abiertos, mientras que las granjas se localizan, relativamente, cerca de las grandes aglomeraciones humanas: cerca de los mercados. Son explotaciones sin tierra en las que el ganado est� estabulado permanentemente, y cuyos residuos generan contaminaci�n.

     El r�gimen de propiedad es privado y la explotaci�n puede ser tanto directa como indirecta. El contrato m�s frecuente es el de arrendamiento.

     Desde la revoluci�n industrial el panorama ha cambiado radicalmente. Este desarrollo se inicia en el siglo XIX en la mayor parte del continente pero se intensifica a partir de la segunda guerra mundial. En este proceso de transformaci�n se ha abandonado la agricultura tradicional para comenzar la pr�ctica de la agricultura capitalista, es decir, se ha abandonado una agricultura en la que se consum�a dentro de la familia y se vend�an los excedentes de los productos que se cultivaban, para pasar a una agricultura en la que los productos se venden �ntegramente en el mercado. Para que esta transformaci�n fuese posible ha sido necesaria una reforma agraria t�cnica, que sin afectar a la estructura de la propiedad aumentase el tama�o de las explotaciones. Fue en Espa�a donde primero se realiz� este cambio, pero no ha sido el pa�s que la ha llevado m�s lejos ni con m�s eficacia.

3.4. La agricultura industrial estadounidense

     La agricultura estadounidense es muy reciente y ha hecho progresos espectaculares, principalmente en la ocupaci�n de vastas regiones de terrenos. Esto propici� una racionalizaci�n de las explotaciones con formas geom�tricas, altamente capitalizadas y de car�cter extensivo. En el sur del pa�s se dieron t�cnicas de explotaci�n de tipo plantaci�n, con productos como el algod�n y el ganado de vacuno.

     La explotaci�n estadounidense es, tambi�n, de car�cter familiar, pero est� gestionada como una empresa, casi como una industria. Desde hace mucho tiempo toda la producci�n de las explotaciones agr�colas estadounidenses est� destinada al mercado y no al consumo familiar.

     Como corresponde a un pa�s nuevo, Estados Unidos dispone de gran cantidad de tierras para la explotaci�n por lo que una de sus caracter�sticas es el gigantismo de las explotaciones, que permite obtener econom�as de escala, lo que le da una cierta ventaja en el mercado internacional, sobre todo con precios libres. La otra caracter�stica relevante es que la tierra no est� tan intensamente cultivada como en Europa.

     El r�gimen de propiedad es privado y la explotaci�n directa. La agricultura estadounidense utiliza, con ventaja, todos los avances t�cnicos, mec�nicos y cient�ficos que la revoluci�n verde pone a su alcance, lo que la convierte en la agricultura m�s rentable del mundo. Y sin embargo tambi�n es una actividad protegida, pero no se defienden las explotaciones, sino la producci�n: a trav�s de un sistema que garantiza el sostenimiento de los precios agr�colas en cotas suficientemente altas como para que la mayor�a de las explotaciones puedan obtener rentas adecuadas.

     En la agricultura estadounidense existe un alto grado de especializaci�n regional, son los famosos anillos: algodonero, en torno al golfo de M�xico, al sur de los montes Apalaches y en las zonas m�s favorables de las riberas del Misisipi; cultivos tropicales, en una estrecha franja costera en el Atl�ntico y el golfo de M�xico; ma�z, toda la mitad este de Estados Unidos; trigo de invierno, en la zona del ma�z, y el algod�n, durante la �poca en las que el cultivo principal no est� activo; trigo en las zonas m�s fr�as del norte y m�s secas del oeste; y forrajes y ganader�a, en las zonas m�s fr�as y h�medas de EE UU y Canad�. Se da desde el este de los Grandes Lagos hasta la costa atl�ntica.

 

3.5. La agricultura socialista

     La agricultura socialista de la URSS, en su aspecto paisaj�stico, es muy parecida a la estadounidense, son grandes explotaciones altamente mecanizadas con un monocultivo productivo, y est� especializada regionalmente. Pero la diferencia fundamental est� en el r�gimen de propiedad, que en los pa�ses comunistas es p�blico, lo que supone que el agricultor no es un empresario, sino un asalariado de la explotaci�n. En realidad la agricultura es una forma de vida rural. Emplea mucha fuerza de trabajo, por eso el grado tecnol�gico es menor.

     Desde 1991 no existe la URSS, pero el paisaje agr�cola ha cambiado muy poco, los agricultores han pasado a ser arrendatarios del Estado, pero la agricultura sigue siendo, como en el pasado, una forma de vida. Hasta el 15 de junio del 2001 no se aprob� una ley que permite vender la tierra.

     El paisaje agr�cola se form� durante los a�os de la URSS. En esta �poca hab�a dos tipos de explotaciones: los sovjoces, de propiedad estatal, en los que los agricultores trabajan por un salario para el Estado, como funcionarios; y los koljoces de propiedad colectiva, pero en los que los propietarios son los agricultores, y por lo tanto se reparten los beneficios entre todos. Son due�os de sus viviendas y de un dvor, o peque�o lote de tierra en el cada cual cultiva productos de huerta y ganado menor, para el consumo propio.

     En la agricultura socialista el trabajo se planifica y se ejecuta en una asamblea en la que participan todos los miembros del koljoz. Adem�s, pueden elegir a su consejo de administraci�n, y tienen la posibilidad de gestionar su producci�n, lo que hizo m�s rentables a los koljoces que a los sovjoces, y tambi�n m�s populares. Los koljoces son el origen de los pueblos agr�colas de la actualidad, aunque a�n no ha pasado el tiempo suficiente ni para que se consolide otro modelo ni para que se cambien el paisaje de manera significativa.

     Un caso particular es el de la Rep�blica Popular China. En China la vida rural es el modelo de revoluci�n, y se fundamenta en la agricultura de tipo asi�tico. La c�lula de producci�n es la comuna, que se crea en 1950, y que ser� ante todo un modelo de vida ideol�gico. En la comuna se reparte la tierra que se cultiva individualmente, pero con unos criterios colectivos que se deciden en la comuna, y con medios de producci�n que pertenecen a la comuna; todo ello bajo el principio de la ayuda mutua. Esto implic� un aumento del minifundismo en las explotaciones y la necesidad de producir con mucha fuerza de trabajo, lo que impidi� la mecanizaci�n y la asunci�n de los principios de la revoluci�n verde.

     Desde 1958 la explotaci�n deja de ser individual y pasa a ser responsabilidad de un peque�o grupo de agricultores, la brigada, que organiza la producci�n y las tareas agr�colas.

     En la econom�a socialista la producci�n se establece antes de la campa�a, con lo cual, a veces, hay problemas de abastecimiento y es necesario recurrir a la importaci�n. La producci�n o pertenece al Estado o la controla, y es el Estado el responsable de ponerla en el mercado. Los bajos precios de los productos generan mercados paralelos, ilegales, que complementan la econom�a familiar.

     Las actuales pol�ticas en los pa�ses socialistas, y el antiguo territorio de la URSS, tienden a una progresiva privatizaci�n de las explotaciones y a una liberalizaci�n del comercio. Pero los actuales campesinos no tienen capitales suficientes como para hacerse con la propiedad de la tierra, o con una explotaci�n de tama�o suficiente. Esta es la raz�n fundamental por la que perviven las estructuras socialistas. A�n m�s dif�cil es hacerse con el control de los latifundios, e incluso renovar la maquinaria. Pero el problema m�s grave de la agricultura en los pa�ses que han abandonado el socialismo es la dificultad de comercializar los productos; por la ausencia, casi absoluta, de canales de distribuci�n adecuados. Esto est� provocando una vuelta a un policultivo de subsistencia.

     La agricultura socialista cre� un tipo de explotaci�n, un tipo de poblamiento y un tipo de distribuci�n en el mercado, que no es posible desmontar tan f�cilmente, por medio de leyes. Para ello es necesario, y urgente, invertir y acumular capital.
 

4. Las transformaciones recientes de los espacios rurales

     El espacio rural proporciona los productos b�sicos que hacen posible la vida en todo el mundo. La ciudad carece del sector primario que la sustenta, y sin embargo, establece una competencia por el uso del suelo, entre lo rural y lo urbano, que provoca graves problemas ambientales.

4.1. Las transformaciones en el Tercer Mundo

     Una de las m�s tr�gicas consecuencias de la revoluci�n verde, y la explosi�n demogr�fica, es la incre�ble dependencia alimenticia del Tercer Mundo de los pa�ses desarrollados. El comercio internacional est� dominado por estos, al igual que los insumos que proporciona la t�cnica y la ciencia.

     En contra de los que opinaba MalthusPronunciado /Maltus/, la producci�n agraria en el mundo es suficiente para alimentar a toda la humanidad. El problema del hambre es, pues, que los mecanismos de distribuci�n de los productos no son eficaces. Cuesta mucho dinero, m�s del negocio que se podr�a hacer, abastecer ciertas regiones. Es un problema de distribuci�n social e internacional. No se puede hacer negocio con la exportaci�n de alimentos a esos pa�ses.

     Tras la aplicaci�n de la revoluci�n verde se pueden observar disparidades productivas entre pa�ses excedentarios y deficitarios, parad�jicamente entre pa�ses ricos y pobres, que ni siquiera tiene divisas para acudir al mercado internacional. Casi mil millones de personas en el mundo no tienen alimentos suficientes para desarrollar una vida activa. La cifra se dobla si consideramos a las personas mal nutridas a causa de la escasez. La mayor parte de estas personas viven en el �frica tropical, en Asia y en Am�rica tropical.

     Por si fuera poco la disparidad productiva, el comercio internacional est� dominado por los pa�ses ricos, lo que constituye una diferencia fundamental en la distribuci�n de los alimentos. Se cultivan los productos que se consumen en los pa�ses ricos. La ca�da generalizada de los precios agr�colas ha supuesto la virtual ruina de los agricultores del Tercer Mundo. Sin un mercado protegido los productos dedicados a la exportaci�n cada vez valen menos. No han faltado los intentos de controlar los precios, reteniendo o destruyendo la producci�n. Las cadenas de alimentaci�n han llegado a controlar la oferta y a crear la demanda en los pa�ses ricos.

     La tendencia de los pa�ses del Tercer Mundo es a la subsistencia alimentaria, no sin dificultades, para liberarse de la agricultura especulativa. El mercado de futuros permite realizar operaciones con los precios actuales para ventas en un plazo fijado. La operaci�n puede ser cancelada pagando la diferencia. Esto no deja de ser un mercado ficticio de precios intervenidos, aunque de operaciones seguras; pero, una vez m�s, dirigido al mercado internacional.

4.2. Las transformaciones en los pa�ses desarrollados

     El proceso m�s llamativo, en los pa�ses desarrollados, es el de la urbanizaci�n del campo, que provoca nuevos usos y modifica los conceptos que sobre el campo tiene la sociedad urbana; debido a que las condiciones de vida en la ciudad se aprecian como malas. En esta nueva situaci�n la funci�n residencial, el ocio y la industrial, dominan el uso del suelo, frente a la agraria. Esto es lo que hace dif�cil la definici�n de espacio rural.

     Los espacios m�s din�micos son las franjas periurbanas, sometidos al empuje del crecimiento f�sico de la ciudad, a causa de la funci�n residencial. Sufren una presi�n demogr�fica muy fuerte. El tama�o de esta franja var�a en funci�n de la dimensi�n del centro urbano y de la rapidez de las comunicaciones, pero no suele sobrepasar el is�crono de los 30 minutos.

     Lo m�s caracter�stico de esta franja es el uso del suelo, dedicado a actividades mixtas: residencial, grandes superficies comerciales, industria y actividades agr�colas. Todo ello supone tambi�n una profunda segregaci�n social.

     La funci�n residencial es la que m�s espacio ha consumido en los �ltimos a�os (la segunda funci�n nueva que m�s espacio ocupa es la industrial). La tipolog�a es muy variada, y puede ir desde la casa aislada en el campo, a las urbanizaciones construidas de nueva planta; con bloques adosados, lo que le asemeja mucho a la tipolog�a urbana o a un pueblo concentrado. Estas urbanizaciones se sit�an cerca de los grandes ejes de comunicaci�n, a diferencia de los pueblos que se situaban cerca de las zonas de cultivo.

     La composici�n social de estas regiones es muy variada. En primer lugar nos encontramos a las gentes que viven en, y de, la tierra, que progresivamente se ven sustituidos por la poblaci�n urbana que vive en el campo pero trabaja en la ciudad. De esta manera el modelo urbano se afianza en las aldeas, y sus habitantes se convierten en proletariado. Tambi�n existe un proletariado industrial, que es empleado en las f�bricas instaladas en la zona. La segregaci�n espacial es muy fuerte. Hay espacios muy degradados, en los entornos de las zonas industriales y los basureros (donde viven personas marginadas), pero tambi�n nos encontramos con entornos de gran calidad ambiental, donde viven o tienen una segunda residencia las familias de altas rentas. En este segundo pa�s encontramos dos modelos: las zonas residenciales de nueva planta, y socialmente muy diferenciadas; y los pueblos cercanos a las ciudades, donde conviven en el mismo espacio familias de rentas altas que trabajan en la ciudad y familias de rentas bajas que viven en el pueblo y de la agricultura.

     Tras la is�crona de los 30� aparece otro modelo de residencias, de tipo secundario y temporal, en espacios ecol�gicamente privilegiados y antiguos pueblos de emigrantes (hoy semiabandonados). Son pa�ses de ocupaci�n concentrada temporalmente, por lo que en esas residencias se suelen reproducir los mismos defectos de la vida urbana, pero sin la infraestructura que existe en la ciudad.

     En la ciudad actual existe una demanda de la vida y los valores del campo, pero que se consumen en forma de ocio a trav�s del turismo rural. No se pretende cambiar la vida urbana por la rural, sino llevar la vida urbana al mundo rural. El turismo rural tiene la ventaja de que diversifica la econom�a, los ingresos y el mercado de trabajo en el mundo rural m�s desfavorecido. El gran inconveniente es la persistencia de los usos urbanos, lo que constituye un atentado contra el modo de vida rural que se pretende encontrar. El peligro es la masificaci�n de este sector, que termina por agravar los problemas, al generar basuras excesivas e introduciendo tipolog�as constructivas aberrantes. La demanda de alimentos, agua y servicios, as� como los puestos de trabajo que generan, se concentran en las �pocas de vacaciones, lo que hace aumentar la oferta local en una �poca muy concreta. Esta oferta desaparece el resto del a�o, por lo que los pueblos aparecen abandonados. Adem�s, hay una tendencia muy fuerte a que estas actividades est�n controladas por capital urbano.

     Uno de los problemas m�s graves a los que se enfrenta el campo, y que es una situaci�n buscada, es el del envejecimiento y el aumento de la tasa de masculinidad, debido tanto: a la emigraci�n de la fuerza de trabajo joven, como al regreso de antiguos emigrantes, una vez jubilados. La emigraci�n de la fuerza de trabajo joven implica la elevaci�n de la edad de los propietarios de las explotaciones, que adem�s carecen de herederos.

     La otra actividad importante en la franja periurbana es la industrial, que en buena medida se ha instalado aqu� despu�s de haber sido expulsada de las ciudades.

     En el mundo rural siempre han estado presentes las actividades manufactureras, sobre todo en la �poca preindustrial, cuando necesitaban de la ubicaci�n en los lugares donde se encontraban las fuentes de energ�a o las materias primas; aunque era una industria fuera del control de los gremios y de peor calidad. Pero son las f�bricas surgidas con la revoluci�n industrial las que se localizar�n, ya en el siglo XX, en el mundo rural. No obstante, esta ubicaci�n sigue unos patrones, dependiendo de la materia prima que se pierda en el proceso de elaboraci�n, o de la cercan�a a las grandes v�as de comunicaci�n que dan acceso a los mercados. Son plantas muy contaminantes o con grandes necesidades de suelo, las que se instalan preferentemente en el mundo rural. Un modelo de ubicaci�n industrial es el que est� dirigido desde las instituciones del Estado hacia los pol�gonos industriales, que suponen una localizaci�n privilegiada, cercana a las comunicaciones y los servicios. Esta localizaci�n perif�rica implica, a menudo, una descentralizaci�n de la empresa: los centros de decisi�n y venta est�n en la ciudad, en el centro urbano, y la planta productiva en el campo.

     En este fen�meno es importante la procedencia de los capitales de las grandes empresas, que siempre tienden a quedarse en el lugar de origen detrayendo riqueza del lugar en el que se instalan. La industria suele aprovechar los recursos locales, lo que se traduce en un despegue industrial permanente de la zona. Pero si el �nico recurso explotado es la fuerza de trabajo la inversi�n resulta fugaz y especulativa.

     Las grandes industrias generan un cortejo de peque�as empresas subsidiarias que le sirven insumos, fabrican componentes y les prestan ciertos servicios. Estas empresas tambi�n se ubican en la franja periurbana, ya que para ellas el suelo urbano resulta demasiado caro.

4.3. El impacto ambiental y el desarrollo local

     En definitiva, el mundo rural est� sufriendo un progresivo deterioro a causa de las demandas de uso de la ciudad. Su espacio se invade f�sicamente en sucesivas franjas periurbanas. Pero en la actualidad el impacto de la demanda urbana llega a regiones que hasta el momento s�lo eran utilizadas de manera marginal; es el caso de las estaciones de esqu� y la construcci�n de una infraestructura hotelera en zonas de alta monta�a. Instalaciones que para poder mantenerlas exigen la creaci�n de una infraestructura viaria.

     Una de las consecuencias de la actividad agr�cola, desde sus comienzos en el Neol�tico, es la erosi�n y la destrucci�n de los suelos. Este proceso se intensifica con las pr�cticas de explotaci�n agresivas y el uso masivo de las t�cnicas de la revoluci�n verde. El abuso de los abonos y los pesticidas ha contaminado el suelo, el agua y la biocenosis lo suficiente como para que sea nocivo el consumo de determinados productos.

     En la actualidad antes de cualquier intervenci�n en el mundo rural se estudian sus consecuencias, su impacto ambiental. En este estudio de impacto ambiental se valoran las modificaciones que introduce el proyecto tanto en el medio natural como social. Seg�n los resultados puede modificarse el proyecto para minimizar el impacto.

     La sociedad actual tiene como valor conservar el medio rural, pero no parece l�gico el conservacionismo arqueol�gico (a costa del atraso econ�mico del campo, no s�lo de sus gentes), sino que debe buscarse una postura de equilibrio en la que las entidades locales puedan desarrollarse econ�micamente, conservando su car�cter. Unas pr�cticas agr�colas y forestales adecuadas y econ�micamente viables, una actividad tur�stica no masificada, la creaci�n de industrias m�s limpias y de servicios y, sobre todo, una recuperaci�n, por parte de las entidades locales, de la gesti�n de sus potencialidades, son fundamentales para revalorizar la vida rural. No todos pueden vivir del turismo.

     Desde los a�os 80 se viene hablando del desarrollo local. En un principio se refer�a a las posibilidades de desarrollar circuitos de explotaci�n y venta locales. Pero la necesidad de introducirse en los mercados internacionales, y la crisis econ�mica, han desvirtuado el concepto, y hoy en d�a es necesario volver a definirlo. La idea directriz es potenciar los recursos end�genos, de manera que puedan gestionarse de un modo permanente. Pero esta idea se deshace ante los usos de producci�n capitalista m�s agresivos. Tal y como est�n las cosas, lo que hoy se entiende como desarrollo local consiste en: c�mo los municipios pueden conseguir inversiones de las grandes empresas for�neas, y c�mo se pueden aprovechar los recursos paisaj�sticos para el turismo. Poco o nada tiene que ver esto con la creaci�n de un capital aut�ctono capaz de generar una industria y unos servicios que puedan hacer superar la coyuntura econ�mica desfavorable de la mejor forma posible.

5. La agricultura en Espa�a

     En los a�os 30 coinciden en Espa�a una serie de factores que hacen de su agricultura una de las m�s retrasadas del continente, al tiempo que es un pa�s esencialmente agr�cola. Adem�s del retraso en la modernizaci�n agr�cola, en 1936 comienza la guerra civil, que detiene el proceso de reforma agraria pol�tica emprendido durante la segunda Rep�blica. El triunfo de los fascistas hace retroceder el estado de la agricultura al siglo XIX, y vuelve a adquirir las condiciones t�cnicas y sociales del siglo pasado, poca maquinaria agr�cola, mucha mano de obra jornalera de campesinos sin tierra y contratos semifeudales, en los que los jornaleros trabajaban todo el d�a sin ning�n derecho reconocido legalmente.

     Tras la guerra, el pa�s se convierte en m�s dependiente de la agricultura a�n, ya que la industria es virtualmente inexistente y la �nica garant�a de encontrar alimentos es viviendo en el campo. Hay, en los primeros a�os 40, un proceso de retorno de la ciudad al campo. A�n as�, grandes masas de poblaci�n no se libran de la escasez y el hambre. Las cartillas de racionamiento de alimentos estuvieron vigentes hasta 1952.

     Debido a esto los precios agr�colas eran muy altos, el precio de la fuerza de trabajo muy bajo y, como consecuencia, la mecanizaci�n muy escasa. La corrupci�n se generaliza en el mercado agr�cola, y se crea un mercado negro de estraperlo, que permite la acumulaci�n de grandes cantidades de capital entre la oligarqu�a terrateniente. El enriquecimiento de quienes eran los propietarios de la tierra fue muy r�pido e importante, lo que posibilit� una tasa de ahorro alta. Pero una vez que se consiguen cubrir las necesidades alimenticias b�sicas de toda la poblaci�n, se reduce la velocidad de acumulaci�n de capital. Es entonces cuando se siente la necesidad de invertir ese dinero en otros sectores.

     A partir de 1952 la agricultura proporcionar� los capitales, la fuerza de trabajo y las mercanc�as necesarias para el desarrollo industrial. Hay un aut�ntico �xodo del mundo rural al urbano, y de las regiones agr�colas y pobres a las industriales y a los polos de desarrollo. Esta transacci�n de capital se hace gracias, y principalmente, al ahorro de los peque�os agricultores, que a trav�s de los pagar�s del Servicio Nacional del Trigo, canalizan los bancos de dep�sito y comercio. Es por medio de esos bancos como los agricultores pueden vender su producci�n y cobrar los pagar�s. Por �ltimo, el levantamiento del bloqueo comercial y el desarrollo econ�mico terminan por impulsar la industrializaci�n de Espa�a y el cambio radical del modelo agr�cola.

     Este cambio tuvo como instrumento fundamental la concentraci�n parcelaria. La concentraci�n parcelaria es un proceso de fusi�n de las explotaciones, que no de la propiedad, promovido por el gobierno. Pero para salir de la precaria situaci�n del campo se ha de realizar, tambi�n, un plan de regad�os, adem�s de la concentraci�n parcelaria. Nada de esto dar�, en Espa�a, muchos problemas, debido al car�cter autoritario del r�gimen. Espa�a fue el primer pa�s, tras M�xico, que hizo un plan de concentraci�n parcelaria. Esta se ve impulsada por el informe del Banco Mundial de 1962, y dar�a paso a una aut�ntica revoluci�n verde. Los grandes propietarios son los m�s beligerantes contra la concentraci�n, pero a la larga son los m�s beneficiados.

     La concentraci�n parcelaria no fue posible aplicarla con la misma intensidad en todas las regiones. Fue muy profunda en las zonas llanas de campos abiertos y dedicadas al cereal; pero es m�s dif�cil concentrar los pa�ses de monta�a y las explotaciones con �rboles o vi�as.

     El aumento del tama�o de la explotaci�n que supuso la concentraci�n parcelaria signific� la posibilidad de utilizar tractores, cosechadores, abonos, etc., y racionalizar la explotaci�n utilizando m�s capital y menos fuerza de trabajo. Gracias a ello aument� la productividad de la tierra, en todas partes, pero sobre todo en aquellas en las que el Estado mont� las infraestructuras para el regad�o. El regad�o era una exigencia para poner en marcha la modernizaci�n de la agricultura. Pero los campesinos no pod�an pagarse las infraestructuras necesarias; por eso, durante todo el per�odo, ser� el Estado quien se encargue de construir las infraestructuras necesarias.

     No obstante, los precios agr�colas terminaron por subir menos que los industriales, los insumos agrarios se hicieron m�s caros y los productos agr�colas m�s baratos, con lo que los beneficios se redujeron hasta casi no hacer rentable la explotaci�n agr�cola. Los a�os 70 fueron los m�s duros para la agricultura, que estuvo al borde de la quiebra a finales de la d�cada.

     Hoy en d�a la agricultura espa�ola, y la europea en general (exceptuando algunas grandes explotaciones), se mantienen gracias a las subvenciones y a la pol�tica proteccionista de las instituciones del Estado. El tama�o de la explotaci�n es insuficiente para el sostenimiento de una familia en un pa�s europeo. En general, las explotaciones est�n atendidas por una familia, en las que el recurso a las ayudas familiares son de mucha importancia.

     Sin embargo, la pol�tica agraria com�n (PAC) es contradictoria, puesto que si por un lado tiende a potenciar las explotaciones rentables, procurando que se cierren las menos viables, por otro, en zonas desfavorecidas y de alta monta�a, subvenciona a las explotaciones m�s peque�as y marginales; ya que se consideran el �ltimo reducto de toda una forma de vida, y se trata de evitar el despoblamiento y la desaparici�n de los usos tradicionales. Debido a la pol�tica de subvenciones y el proteccionismo, Europa genera excedentes de casi todos los productos que se consumen en el pa�s, lo que demuestra su eficacia, aunque en el �mbito internacional haya protestas por competencia desleal.

BIBLIOGRAF�A

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