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Tema 6. La poblaci�n mundial: modelos demogr�ficos y desigualdades espaciales

1. La evoluci�n de la poblaci�n mundial

     Existen para el conjunto de la historia de la poblaci�n mundial dos per�odos decisivos en los que se dispara el crecimiento demogr�fico: la revoluci�n neol�tica y la revoluci�n industrial.

     No podemos precisar cu�l es la poblaci�n de partida, puesto que no sabemos con exactitud qu� espacios estaban ocupados en el Paleol�tico ni qu� densidad pose�an. Las cifras var�an entre unos centenares a 10.000.000, aunque parece que en ning�n momento debi� haber menos de 100.000 personas. El crecimiento vegetativo de esta poblaci�n era muy peque�o, debido a que practicaban una econom�a de recolectores y cazadores que exig�a controlar gran cantidad de espacio para su explotaci�n.

     Se calcula, y aparece como aceptado, que hab�a unos 10.000.000 de habitantes en todo el mundo justo antes de que se descubriese la agricultura, la ganader�a, la cer�mica y la vida urbana: el Neol�tico. En poco tiempo la poblaci�n parece elevarse a unos 300.000.000. Cu�nto dura este tr�nsito, y c�mo se produce, lo desconocemos por completo, pero uno de sus fen�menos m�s caracter�sticos es la aparici�n de las ciudades. El Neol�tico supone un cambio en la econom�a y en el modelo de sociedad. Aparece la agricultura y la ganader�a, con lo que el territorio necesario para procurarse los recursos se reduce; aparece la cer�mica, con lo que se pueden almacenar y conservar los alimentos; y aparece el fen�meno urbano, con lo que se organiza y se divide el trabajo, aumentando la productividad.

     En realidad no se sabe nada, o casi nada, de c�mo fue la transici�n demogr�fica del Paleol�tico al Neol�tico, ni se sabe si fue larga o corta, ni cu�nto dur�. Pero s� se sabe que la poblaci�n aument�. Existen dos teor�as que explican el aumento de poblaci�n en el Neol�tico. La tradicional afirma que la agricultura, la ganader�a, la cer�mica y la ciudad mejoraron la alimentaci�n, y que las condiciones de vida en asentamientos permanentes y con una organizaci�n social compleja hacen aumentar la poblaci�n. El espacio necesario para conseguir alimentos y garantizar el aporte cal�rico durante todo el a�o se reduce, gracias a la agricultura y la cer�mica. Al estar mejor alimentados comenzar�an a vivir m�s y la poblaci�n aumentar�a. La otra teor�a es sostenida por ge�grafos como Ester Boserup, y afirma que la agricultura y la ganader�a no mejor� la alimentaci�n humana, sino que la empeor�, ya que, aunque hubiese un mayor aporte cal�rico, la calidad de los alimentos disminuy� al reducirse su variedad. Adem�s, la vida urbana, la aglomeraci�n humana, har�a aumentar el riesgo de contagio de las enfermedades infecciosas, con lo que aumentar�a la mortalidad. Sin embargo, el sedentarismo permitir� reducir el intervalo intergen�sico, las mujeres podr�n tener m�s hijos a lo largo de su vida f�rtil, la fecundidad aumentar�a y con ella la poblaci�n. Ser� precisamente el aumento de poblaci�n lo que obligar� a hacer los descubrimientos que identifican al Neol�tico.

     Desde el Neol�tico hasta los albores de la revoluci�n industrial la poblaci�n crece lentamente. Hasta que en los siglos XIX y XX se produce la transici�n demogr�fica. Se calcula que a comienzos de la transici�n demogr�fica hab�a unos 1.000.000.000 de personas, hoy en d�a se superan los 6.000.000.000.

2. El r�gimen antiguo de poblaci�n

     Durante todo el ciclo demogr�fico antiguo la poblaci�n no deja de crecer, aunque muy lentamente. Sin embargo, el rasgo m�s destacado de este modelo es que, en los ciclos cortos, los crecimientos y las crisis catastr�ficas, demogr�ficas, dependen de la coyuntura econ�mica, las crisis de subsistencia, las guerras y las emigraciones forzosas.

     El r�gimen antiguo de poblaci�n se define: por la alta natalidad, la alta mortalidad y la dependencia del tama�o de la poblaci�n de la coyuntura econ�mica. La mortalidad catastr�fica tendr� una importancia decisiva en el tama�o de la poblaci�n.

La fecundidad alta

     La alta natalidad y fecundidad parece un hecho cierto, pero no tan absoluto como pudiera creerse. El objetivo es que sobrevivan a la pareja dos o m�s hijos, y debido a la alta mortalidad infantil para ello es necesario tener muchos hijos.

     En la Europa preindustrial, seg�n el m�todo de reconstrucci�n de familias desarrollado por FleuryPronunciado /Floerí/ y HenryPronunciado /Enrí/, podemos afirmar que la fecundidad tiende a controlarse, y a reducirse, muy lejos de los m�ximos biol�gicos, te�ricos y observados.

     Los mecanismos m�s comunes de reducci�n de la fecundidad son: el matrimonio tard�o, 25 a�os para la mujer, y una tasa de solter�a definitiva muy alta, que en la Espa�a del XVII pudo llegar hasta el 10% de la poblaci�n. S�lo esto permite reducir la fecundidad biol�gica en 1/3, a pesar de la natalidad ileg�tima. Tampoco fueron extra�os otros m�todos de controlar la natalidad leg�tima: como el aborto y el infanticidio, y las pr�cticas de abstinencia sexual. Los grupos �tnicos con fecundidades muy altas, como los mud�jares, siempre fueron una minor�a.

La mortalidad alta

     La mortalidad tambi�n fue muy alta, sobre todo la mortalidad infantil, que lleg� a suponer el 50% de todas las defunciones de un a�o. La mortalidad infantil act�a, sobre todo, durante los primeros siete a�os de vida. Una vez superados se entra en la mortalidad ordinaria y disminuye significativamente. Los altos �ndices de mortalidad vuelven a aparecer a partir de los 60 a�os.

     Las causas de las defunciones son muchas: biol�gicas, alimenticias, sanitarias, sociales, epidemias, guerras, hambres, etc. La mortalidad por causas biol�gicas, aunque es alta, se considera normal; pero la mortalidad catastr�fica puede hacer reducir dr�sticamente la poblaci�n. Por otra parte, este tipo de mortalidad suele incidir con m�s virulencia en las clases bajas de la sociedad; peor alimentadas y m�s propensas a las enfermedades contagiosas (por el hacinamiento), y el peor acceso a la infraestructura sanitaria. Adem�s, son carne de ca��n en las guerras. Ser� el desarrollo econ�mico el que permita mantener un determinado tama�o de poblaci�n.

     Con este tipo de mortalidad y fecundidad, el histograma de frecuencias de la poblaci�n tiende a presentar un aspecto de columna. La mortalidad catastr�fica puede dar al traste con las generaciones m�s peque�as.

     Para evitar la mortalidad catastr�fica, sobre todo en casos de crisis econ�mica, se suelen tomar medidas para controlar la natalidad. Seg�n los gr�ficos de WrigleyPronunciado /Rigley/ si la natalidad se mantiene aparece la mortalidad catastr�fica, que puede hacer disminuir el tama�o de la poblaci�n.

     Una segunda hip�tesis aparece cuando la mortalidad comienza a actuar. Es entonces cuando se comienza a reducir la natalidad.

     La tercera opci�n es reducir la fecundidad antes de que empiece a actuar la mortalidad catastr�fica, evitando sus consecuencias.


Gr�ficos de Wrigley

     Todo ello suponiendo que se ha alcanzado un �ptimo de poblaci�n para un determinado desarrollo econ�mico, y que ese grado de desarrollo no se puede aumentar.

     De todas formas, hay otro mecanismo muy utilizado en las regiones superpobladas, la emigraci�n, bien sea esta voluntaria (por motivos econ�micos), o forzosa: como la expulsi�n de los jud�os de Espa�a en 1492, o la de los moriscos en 1609.

     La emigraci�n de las regiones menos desarrolladas a las m�s desarrolladas es una pr�ctica muy antigua, as� como la emigraci�n de las regiones superpobladas a las que tienen perspectivas de desarrollo econ�mico, como la emigraci�n a Am�rica y los pa�ses nuevos.

3. La transici�n demogr�fica y el r�gimen demogr�fico moderno

     El r�gimen demogr�fico moderno parece definirse por: su baja natalidad, su baja mortalidad (sobre todo su baja mortalidad infantil), y la escasa incidencia de la mortalidad catastr�fica. Aunque el crecimiento reducido que implican las tasas bajas puede devolver su protagonismo a la mortalidad catastr�fica.

     Con la revoluci�n industrial la sociedad, la econom�a y el Estado cambian radicalmente; y tambi�n el modelo de familia, y como consecuencia la poblaci�n. Comienza otro ciclo expansivo de la poblaci�n conocido como transici�n demogr�fica. La transici�n demogr�fica es un per�odo extraordinario de crecimiento de la poblaci�n. Consiste, b�sicamente, en el descenso de las tasas de natalidad y mortalidad. La forma c�mo se hace este descenso provoca el aumento de la poblaci�n.

     La transici�n demogr�fica es el paso del r�gimen antiguo al r�gimen moderno de poblaci�n. Este proceso comienza a finales del siglo XVIII o mediados del siglo XIX en los pa�ses que se est�n industrializando, y termina, en ellos, en los a�os 60 o 70 del siglo XX. Durante este per�odo la poblaci�n se ha multiplicado entre 2 y 7 veces.

     Las causas del descenso de la fecundidad son muchas, pero en la base de todas ellas est� el desarrollo econ�mico y la posibilidad efectiva de controlar la natalidad. El control de la natalidad no se hace por motivos maltusianos, puesto que la posibilidad de incrementar la productividad de la tierra es muy superior a lo que cre�a MalthusPronunciado /Maltus/. Adem�s, no es la falta de alimentos lo que favorece la reducci�n de la natalidad, sino, muy al contrario, el desarrollo econ�mico. Admitiendo que la coyuntura econ�mica positiva a corto plazo hace aumentar la fecundidad, es el desarrollo econ�mico a largo plazo lo que la hace descender, por diversos motivos.

     Para explicar este descenso David HeerPronunciado /Deivis Hir/ expone tres razones: el cambio en la escala de valores, los costes de los hijos y los recursos de tiempo y energ�a que requiere cada nuevo hijo. A medida que los hijos van sobreviviendo, el valor de un nuevo hijo disminuye, puesto que hay cada vez m�s seguridad de que los hijos van a salir adelante, y es necesario hacerse cargo de todos. Adem�s, el Estado del bienestar permite que durante la vejez no sea necesario depender de los hijos para asegurarse una vida similar a la que se ha llevado.

     La decisi�n de tener menos hijos es fundamental para el descenso de la natalidad, pero tambi�n lo son los m�todos anticonceptivos que permiten que esa decisi�n sea efectiva. Es parad�jico que la natalidad descienda al tiempo que desciende la edad de matrimonio (18 a�os para las mujeres). Es la efectividad de los m�todos anticonceptivos lo que permite este descenso.

     Las causas del descenso de la mortalidad, sobre todo infantil, son m�s claras. El desarrollo industrial conlleva el desarrollo cient�fico, y la puesta en pr�ctica de las medidas higienistas que propugnaban los ilustrados del siglo XVIII. Los avances cient�ficos en la lucha contra las enfermedades, sobre todo infecciosas, son notables. Adem�s, coincide con un descenso de la morbilidad de las enfermedades. Aparece la penicilina (Alexander FlemingPronunciado /Alexánder Flémin/, 1928) y las primeras vacunas: Edward JennerPronunciado /éduard yéner/ crea la primera vacuna, para la viruela, en 1796, (Louis PasteurPronunciado /Luis Paster/ 1822-1895). En todos los pa�ses se reforma la ciudad, y uno de los criterios que se tienen en cuenta son las condiciones sanitarias de los barrios. Se hacen calles m�s anchas y mejor ventiladas, alcantarillado, agua corriente, iluminaci�n, etc. Se educa a la poblaci�n en los h�bitos higi�nicos, por medio de la escolaridad obligatoria, y se crean hospitales y una infraestructura sanitaria m�s densa: aparecen los m�dicos de familia en todas partes. Adem�s, los hospitales, los cementerios, las c�rceles, los cuarteles y todas las infraestructuras que se consideran como fuente de enfermedades se trasladan a las afueras de las ciudades.

     Tambi�n se mejora la alimentaci�n, ya que se hace m�s regular y variada. La revoluci�n industrial asegura la producci�n agr�cola, gracias al aumento de la productividad de la tierra. Ser�n muy pocas la crisis de subsistencia desde entonces, el hambre en Irlanda en 1846-1848, el hambre en la URSS en 1920 y el hambre en Espa�a en 1940. Cada vez las crisis de subsistencia son menos violentas, hasta que llegan a desaparecer en los pa�ses ricos.

     Si la transici�n demogr�fica hace aumentar la poblaci�n es porque las tasas, y sus correspondientes curvas, de mortalidad y natalidad se separan, haciendo aumentar el crecimiento vegetativo. Seg�n el modelo t�pico hay tres momentos clave en el proceso, que se suceden en el tiempo y que hacen variar la curva de crecimiento vegetativo. El primero es cuando comienza a descender la mortalidad (a). Este momento se toma como el comienzo de la transici�n demogr�fica. El segundo per�odo es cuando comienza a disminuir la fecundidad (b). Este es le momento de mayor crecimiento vegetativo; pues la distancia entre la natalidad y la mortalidad es la m�xima. El tercero se presenta cuando las tasas de natalidad y mortalidad est�n en sus niveles m�nimos (c), y por consiguiente el crecimiento vegetativo. A este momento se le considera el fin de la transici�n demogr�fica. Para determinar el fin de la transici�n demogr�fica es necesario que las tasas bajas se mantengan durante, al menos, 5 a�os, y que la esperanza de vida al nacimiento para las mujeres sea, como m�nimo, de 73 a�os.


                    Modelo t�pico

    Seg�n la duraci�n, y su m�ximo crecimiento vegetativo, ChesnaisPronunciado /Shesné/ diferencia tres tipos de transici�n demogr�fica en los pa�ses desarrollados. El tipo n�rdico, en el que le crecimiento vegetativo anual m�ximo es muy bajo, menos de 2% y la transici�n demogr�fica es muy larga, dura entre 150 y 200 a�os. El tipo centro occidental de m�s corta duraci�n, entre 90 y 100 a�os, y tambi�n con un crecimiento vegetativo anual m�ximo menor del 2% que adem�s se alcanza a comienzos del siglo XX. Y el tipo meridional y oriental, de unos 90 a�os de duraci�n, y al igual que los anteriores con un crecimiento vegetativo anual m�ximo menor del 2%, pero que se alcanza mucho m�s tarde, hacia los a�os 50 y 60.


Gr�ficos de Chesnais

     En los pa�ses subdesarrollados este modelo est� alterado. Ninguno de ellos ha terminado la transici�n demogr�fica y por lo tanto no se puede saber cuanto durar�, pero en todos los casos ha superado el 2% de crecimiento vegetativo anual. En M�xico se ha superado el 7%. La transici�n demogr�fica en los pa�ses del Tercer Mundo no fue acompa�ada del crecimiento econ�mico de los pa�ses desarrollados, lo que implica un desequilibrio grave y unos problemas de paro, pobreza y hambre, que no hubo en Europa. Adem�s, se ha desarticulado el modelo tradicional de sociedad, con lo que no tienen respuestas propias a sus problemas. La superpoblaci�n producida en Europa tuvo la oportunidad de emigrar, gracias al colonialismo y la acogida de los pa�ses nuevos. Esa es una posibilidad que la superpoblaci�n de los pa�ses el Tercer Mundo no tienen.

4. El fin de la transici�n demogr�fica y el envejecimiento de la poblaci�n

     Una de las caracter�sticas del fin de la transici�n demogr�fica es el envejecimiento de la poblaci�n. Este envejecimiento se ha constituido en un problema para todos los pa�ses desarrollados, ya que no se garantizan las medidas asistenciales ni con el crecimiento econ�mico actual ni con el previsto, seg�n el crecimiento vegetativo de la poblaci�n. Durante la transici�n demogr�fica el histograma de frecuencias adopta una clara forma de pir�mide, con generaciones j�venes muy abundantes, generaciones adultas de tama�o medio y generaciones viejas reducidas. Con esta distribuci�n por edades, y los altos �ndices de crecimiento, la mortalidad catastr�fica apenas tiene importancia, aunque las guerras y la desnatalidad posterior est�n presentes en las cohortes de la pir�mide.

     La transici�n demogr�fica ha terminado para los pa�ses desarrollados en los a�os 60 y 70, lo que quiere decir que en ning�n pa�s del mundo se han extinguido las �ltimas generaciones abundantes de la transici�n demogr�fica. Sin embargo, ya est�n presentes las generaciones reducidas del ciclo moderno de poblaci�n. Esto implica que las generaciones m�s abundantes no sean las m�s j�venes, sino las adultas e incluso las viejas. El histograma de frecuencias adopta una forma de campana. A este fen�meno se le llama envejecimiento de la poblaci�n, que desaparecer� cuando se extingan las �ltimas generaciones de la transici�n demogr�fica.

     En este momento el histograma de frecuencias adoptar� el aspecto de columna que ten�a en el r�gimen antiguo de poblaci�n, y es posible que la mortalidad catastr�fica vuelva a tener un protagonismo determinante, pero no sabemos cu�les ser�n los factores que desencadenen esa sobremortalidad.

     Qu� es lo que pasa cuando termina la transici�n demogr�fica es algo que no sabemos, puesto que, en el mejor de los casos, ha transcurrido muy poco tiempo para poder evaluar las tendencias. En algunos pa�ses la fecundidad ha continuado descendiendo, hasta situarse por debajo de la mortalidad, con lo que el crecimiento vegetativo es negativo. Esto puede ser una tendencia permanente, pero tambi�n una situaci�n coyuntural (es el caso de Noruega y Suecia). La curva de la fecundidad contin�a una tendencia descendente por inercia, pero esto es f�cilmente corregible. Adem�s, al final de la transici�n demogr�fica, mientras contin�en presentes las �ltimas generaciones abundantes, la mortalidad se elevar� algo, mientras van desapareciendo. La tendencia normal deber�a ser hacia un crecimiento ligeramente por encima de cero.

     Tampoco sabemos cu�l ser� la tendencia una vez desaparecida la �ltima generaci�n de la transici�n demogr�fica, puesto que esto no ha sucedido en ning�n pa�s del mundo. Hacer prospectivas con los datos y tendencias de la transici�n demogr�fica es arriesgado y se ha demostrado altamente ineficaz, ya que esta es una �poca excepcional.
 

5. Ideas y pol�ticas demogr�ficas

     Desde el comienzo de los estudios sobre poblaci�n se diferencian dos posturas opuestas al respecto: las que afirman que el crecimiento econ�mico y el aumento de la productividad permitir�n un crecimiento demogr�fico continuo, lo cual redunda en el crecimiento econ�mico; y los que creen que el crecimiento econ�mico tiene un l�mite, y que el crecimiento demogr�fico terminar� por ser superior al econ�mico, provocando una crisis.

     MalthusPronunciado /Maltus/ es el abanderado de esta segunda hip�tesis. En su Ensayo sobre el principio de poblaci�n, publicado en 1798, expone sus ideas clave. Seg�n Malthus, la progresi�n del crecimiento de la poblaci�n es, o puede ser, geom�trica, mientras que el crecimiento de los recursos agr�colas no puede ser m�s que aritm�tico, debido a la ley de los rendimientos decrecientes. Este desfase en el ritmo de crecimiento de la poblaci�n y la econom�a provocar�, a la larga, problemas de subsistencia. La �nica manera de evitar esto es tomando medidas para reducir el crecimiento demogr�fico, y que no sea tan acusado que no permita mantener el �ptimo de poblaci�n. Sin embargo, la realidad a demostrado que: ni el crecimiento demogr�fico es geom�trico, ni el crecimiento econ�mico es aritm�tico. En esto ha influido el propio desarrollo econ�mico, la ciencia y la t�cnica, que a trav�s de la revoluci�n verde ha conseguido aumentar espectacularmente la productividad de la tierra. Hoy en d�a, Malthus es m�s valorado como el primer formulador de la ley de los rendimientos decrecientes.

     Los socialistas y  marxistas mantienen la primera hip�tesis: que el crecimiento econ�mico y el aumento de la productividad permitir�n un crecimiento demogr�fico continuo, lo cual redundar� en el crecimiento econ�mico. Consideran que no es posible solucionar los problemas de subsistencia y pobreza de la clase proletaria mientras la burgues�a acumula un capital regateado al trabajo del proletariado. Este es un problema de distribuci�n y de justicia social. No se puede pensar en reducir la natalidad del proletariado mientras la riqueza est� mal distribuida. Pero la realidad tambi�n ha desmentido a estos.

     La historia ha demostrado que el crecimiento econ�mico implica una reducci�n voluntaria en la tasa de natalidad, y que el crecimiento econ�mico no necesariamente supone que vaya a haber crecimiento demogr�fico sin desequilibrios como el paro. Paro habr� independientemente del desarrollo econ�mico y del tama�o de la poblaci�n ya que el volumen del mercado de trabajo est� acotado, y tiende a mantenerse en el l�mite, para reducir el precio de la fuerza de trabajo.

     Estas teor�as han generado dos tipos de pol�ticas con respecto a la poblaci�n: las natalistas y la antinatalistas o maltusianas, que han sido asumidas indistintamente por todas las ideolog�as seg�n sus intereses coyunturales. Incluso la misma ideolog�a ha promovido una u otra pol�tica en distintos lugares y momentos.

     Los nacionalismos han tendido a afirmar que la riqueza de un pueblo est� en sus hombres, por lo que era necesario fomentar el crecimiento de la poblaci�n. Adem�s, esto les permit�a tener fuerza de trabajo disponible.

     Las posturas antinatalistas las encontramos, frecuentemente, en los pa�ses del Tercer Mundo, con problemas graves de desarrollo y superpoblaci�n. Los escasos recursos no permiten mantener grandes contingentes de poblaci�n y las autoridades tratan de proporcionar los m�todos anticonceptivos m�s eficaces. Sin embargo, estos m�todos o son caros para ellos, o chocan con trabas y tab�es sociales. La aplicaci�n de la medicina occidental a los pa�ses del Tercer Mundo a precipitado la transici�n demogr�fica, y la ha hecho m�s intensa, provocando desequilibrios y choques con la mentalidad de la gente, en lugar de ser un proceso secular como lo fue en Europa. No obstante, algunos pa�ses del Tercer Mundo son abiertamente natalistas por motivos religiosos, como ocurre en los pa�ses isl�micos.

     Las pol�ticas natalistas las encontramos en la actualidad en los pa�ses desarrollados con bajas tasas de fecundidad, problemas de envejecimiento y que no desean recurrir a la inmigraci�n. Sin embargo, en estos pa�ses las medidas maltusianas son una tendencia secular que est�n por encima de las pol�ticas natalistas. Es posible que, en alg�n momento, los gobiernos consigan elevar la tasa de fecundidad, como en la Espa�a de los a�os 60, o en Europa y EE UU despu�s de la segunda guerra mundial, pero s�lo de manera coyuntural. Estas �ltimas generaciones son las m�s afectadas por el envejecimiento.

     Las pol�ticas natalistas tambi�n las hemos encontrados en los antiguos pa�ses socialistas, de la �rbita de la Uni�n Sovi�tica. Para ellos el triunfo del socialismo depend�a del n�mero de socialistas, que podr�an extender la Revoluci�n. Sin embargo, durante las crisis econ�micas estos mismos pa�ses adoptaron pol�ticas antinatalistas.

     El caso paradigm�tico de pa�s con pol�tica antinatalista es China, un Estado socialista pero con la mayor poblaci�n del mundo, y con muchos problemas para mantener el nivel de desarrollo. En China se recurre a medidas dr�sticas para reducir la natalidad. Por ley el matrimonio es tard�o, 30 a�os, y no se permite tener m�s de un hijo por mujer, se penalizan los dem�s. Lamentablemente el Gobierno no pone la misma energ�a en proporcionar m�todos anticonceptivos. No es infrecuente que se recurra al aborto, la exposici�n y al infanticidio, sobre todo de ni�as.

     Las pol�ticas natalistas y antinatalistas suelen responder a momentos coyunturales de la econom�a, pero lo cierto es que influyen poco en la tendencia secular de la transici�n demogr�fica. Se trata de buscar el �ptimo de poblaci�n, el equilibrio entre los recursos y las rentas necesarias para mantener una familia en la econom�a capitalista.

6. Distribuci�n espacial de la poblaci�n mundial

     La poblaci�n mundial no est� uniformemente distribuida por todo el globo, sino que tiende a concentrarse en las regiones m�s ricas, o en aquellas que necesitan mucha fuerza de trabajo para mantener su econom�a, aunque sea de subsistencia.

     Incluso, dentro de cada regi�n, la poblaci�n no ocupa el territorio de manera uniforme, sino que tiende a concentrarse en puntos de m�xima densidad, en las ciudades, dejando el mundo rural m�s despoblado.

    La densidad demogr�fica, nos muestra c�mo est� distribuida la poblaci�n en el espacio, y es la relaci�n entre la poblaci�n y la superficie.

Densidad demogr�fica = Poblaci�n/Superficie del pa�s en km2

     Existen, en el planeta, cuatro grandes zonas de alta densidad de poblaci�n, todas ellas en el hemisferio norte, en las cuales el 75% de la poblaci�n se concentra en las latitudes medias, con climas benignos.

     Los grandes focos de poblaci�n son:

     Asia oriental: Jap�n y la costa China. Jap�n tiene una econom�a capitalista desarrollada mientras que China tiene una econom�a socialista basada en la agricultura arrocera de tipo asi�tico, que necesita mucha fuerza de trabajo.

     Asia meridional: India, Paquist�n, Indonesia, Bangladesh y la pen�nsula de Indochina. Tienen econom�as tercermundistas basadas, tambi�n, en la agricultura arrocera de tipo asi�tico. Es una econom�a que necesita mucha mano de obra para su sostenimiento.

     Europa central: con una econom�a capitalista desarrollada. Es la regi�n que mejor tiene distribuida su poblaci�n.

     Y el noroeste de Norteam�rica: entre la costa y la regi�n de los Grandes Lagos. Es el pa�s m�s urbanizado del planeta. Posee una megal�polis desde Washington hasta Boston y Chicago. Tiene una econom�a capitalista muy desarrollada.

     En el hemisferio Norte podemos encontrar otras zonas densamente pobladas pero mucho m�s peque�as, como la costa californiana de Estados Unidos, M�xico Distrito Federal, el sur de Europa, el delta del Nilo y la regi�n del r�o N�ger.

     Del hemisferio Sur podemos destacar algunas concentraciones secundarias: la regi�n del R�o de la Plata, la regi�n de S�o Paulo en Brasil, el cabo de Buena Esperanza y el suroeste australiano, todos ellos de mucha menor entidad, casi puntual.

     Existen, por el contrario, cuatro grandes vac�os demogr�ficos, vinculados, a factores clim�ticos: Los desiertos fr�os de ambos hemisferios, el �rtico y el Ant�rtico; los desiertos, c�lidos y �ridos subtropicales; las selvas ecuatoriales y la alta monta�a. Estos desiertos se extienden por todo el mundo: Siberia, Canad�, el S�hara, el Amazonas, los Andes, la Patagonia, el T�bet, el desierto australiano, etc.

     En el resto del mundo las regiones de alta densidad de poblaci�n son muchas pero de menor entidad. En el Tercer Mundo las concentraciones humanas tienen sus propias caracter�sticas. Uno de los grandes problemas que tiene es la inexistencia de una jerarqu�a urbana bien definida. Las ciudades de los pa�ses subdesarrollados sufren macrocefalia. Frecuentemente, la mayor parte de la poblaci�n se concentra en una sola ciudad, casi siempre la capital, en el resto del pa�s nos encontramos con el mundo rural, sin apenas ciudades intermedias. Es este tipo de ciudades las que se tienden a potenciar �ltimamente, en los pa�ses del Tercer Mundo, pero con �xitos escasos. S�lo Marruecos puede presentar unos resultados m�s equilibrados.

Las migraciones

    Las migraciones son un factor de correcci�n de las diferencias de densidad de poblaci�n. Decimos que hay superpoblaci�n cuando en una regi�n los recursos econ�micos no son suficientes para toda la poblaci�n. En ese momento parte de ella debe emigrar para poder vivir en otras partes del mundo. Se emigra a dos tipos de regiones a las que son ricas, y que dan trabajo a los emigrantes, y a los pa�ses nuevos, que dan la oportunidad de hacer negocios libremente y hacer fortuna. No obstante tambi�n hay emigraciones por motivos pol�ticos, guerras, sociales o por cat�strofes naturales.

    La emigraci�n por motivos econ�micos afecta a la estructura por edades, ya que incrementa el n�mero de personas j�venes en edad de trabajar. El crecimiento real de una poblaci�n es:

Crecimiento real = Poblaci�n actual - Poblaci�n anterior

    La poblaci�n actual depende del crecimiento natural y el saldo migratorio. El saldo migratorio es:

Saldo migratorio = Crecimiento real - Crecimiento natural

    Es decir nos dice cu�nta gente del pa�s ha emigrado y cu�nta ha llegado. Tambi�n se obtiene

Saldo migratorio = Inmigrantes - Emigrantes

    Pero para esto debemos conocer cu�nta gente ha llegado y cu�nta se ha ido, lo que no siempre es f�cil.

     Por el momento, el problema m�s grave de los pa�ses que han terminado la transici�n demogr�fica es el envejecimiento, que es ante todo una cuesti�n econ�mica. De todas formas la falta de nacimientos se puede suplir con la inmigraci�n.

     El problema de la poblaci�n mundial no es el envejecimiento, sino la superpoblaci�n. La migraci�n es un factor de correcci�n de la poblaci�n utilizado desde siempre.

     Los pa�ses desarrollados, con problemas para mantener su aparato productivo, pueden recurrir a la poblaci�n joven y emprendedora de los pa�ses subdesarrollados y compensar as� las desigualdades. Esto puede hacer que la estructura por edades de muchos pa�ses se mantenga en niveles aceptables, al menos hasta que haya terminado la transici�n demogr�fica en los pa�ses del Tercer Mundo. Ser� entonces, cuando el envejecimiento mundial de la poblaci�n sea un problema.

     La emigraci�n puede mantener el nivel de crecimiento de un pa�s de acuerdo con su desarrollo econ�mico. Sin embargo, determinar cu�l es el �ptimo de poblaci�n es una cuesti�n imposible de concretar. No obstante, son los desequilibrios econ�micos, y la relaci�n entre recursos y poblaci�n, lo que desencadena el mecanismo de la emigraci�n. Y hasta de la recesi�n econ�mica si no es posible la emigraci�n.

     Las diferencias econ�micas entre pa�ses hacen que se establezcan flujos migratorios tendentes a concentrar la poblaci�n. Esto puede generar problemas en los pa�ses receptores, que apenas pueden proporcionar trabajo a su poblaci�n, con lo que se condena a los emigrantes a la marginalidad y frecuentemente sufren el racismo. Tambi�n puede crear problemas a los pa�ses emisores, que pierden la fuerza de trabajo m�s emprendedora y culta, con lo que se dificulta el desarrollo econ�mico del pa�s y se aumenta la poblaci�n dependiente.

     La emigraci�n tiene lugar entre las regiones menos desarrolladas a las m�s desarrolladas, quees una pr�ctica muy antigua, y tambi�n hay una emigraci�n de las regiones superpobladas a las que tienen perspectivas de desarrollo econ�mico, como la emigraci�n a Am�rica del siglo XIX y cominezos del XX, y los pa�ses nuevos.

    La emigraci�n, puede ser voluntaria (por motivos econ�micos), o forzosa: como la expulsi�n de los jud�os de Espa�a en 1492, o la de los moriscos en 1609. No obstante, la emigraci�n es un elemento compensador de las diferencias de poblaci�n y econ�micas. Entre los motivos econ�micos destaca el �xodo rural.

    Un tipo de emigraci�n especial es la emigraci�n golondrina que tiene car�cter anual, se emigra para las campa�as agr�colas y se regresa todos los a�os.

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