Tema 54. La construcci�n de la Comunidad Europea
En realidad ninguno de los intentos anteriores al siglo XX de unificar Europa bajo un solo poder se puede considerar como antecedente de lo que hoy entendemos por Uni�n Europea, puesto que todos tienen como ideal el dominio de los pueblos y no la convivencia en com�n. Ni siquiera los pannacionalismos del siglo XIX, que pretend�an construir un gran espacio econ�mico donde mover con libertad mercanc�as y capital, y por donde pudiera circular la fuerza de trabajo y acceder a los mercados sin restricciones, pueden considerarse como antecedentes reales.
La idea de Europa es una construcci�n humana, puesto que a diferencia de otros continentes que tienen una unidad geogr�fica muy definida, Europa, en realidad, no es m�s que una pen�nsula de Asia. Claro que eso no lo sab�an los antiguos, que dividieron el mundo en continentes. Sin embargo, en esa pen�nsula se dan una serie de caracter�sticas comunes que la individualizan, caracter�sticas fundamentalmente de tipo cultural. Europa es la cuna de la civilizaci�n cl�sica grecolatina, una civilizaci�n que hizo del lat�n la lengua com�n hasta mucho despu�s de que hubiese dejado de ser utilizada por el pueblo, puesto que se mantuvo en las universidades, los monasterios y la liturgia, como lengua culta y de transmisi�n de saber. Con el tiempo esta sociedad se convertir�a en el modelo civilizador de todo el mundo y llegar�a a dominarlo. Otro de los aspectos culturales que unifican Europa es su base cristiana, que en �pocas precontempor�neas, como la Edad Media o la Edad Moderna, es lo que constituye la aut�ntica unidad de Europa, sobre todo ante el peligro de invasi�n musulmana. Adem�s, esta idea es la que constituye el centro del concepto de Imperio, desde el Sacro Imperio Romano Germ�nico a la rep�blica cristiana y la monarqu�a universal de Carlos V. Esta idea de Imperio y dominio persiste hasta la Europa del liberalismo y las guerras napole�nicas, los imperialismos y la paz armada. S�lo despu�s de la segunda guerra mundial, ante el espect�culo de una Europa devastada, la p�rdida de la hegemon�a mundial y el inicio de la guerra fr�a, se ve la necesidad de una Europa unida que pueda recuperar su nivel de potencia mundial ante la pol�tica de bloques.
Sin
embargo, la idea de que la unidad de Europa, puede ser la soluci�n a las
continuas guerras en las que se ve inmersa peri�dicamente. Estas ideas se
remontan al siglo XVII y tienen su m�xima expresi�n en la defensa contra el peligro
exterior que supone la lucha contra el islam. Pero es, ante todo, una postura
de los intelectuales como Andr�s Laguna, Luis Vives, el abate Saint-Pierre
, Rousseau
, Kant o Benthon
.
En el siglo XIX el internacionalismo obrero, los comunistas partidarios, tambi�n, del internacionalismo, los anarquistas, que fuera de todo Estado sue�an con la libre adhesi�n de ciudades, son los exponentes m�s claros de las posturas de uni�n europea. Aunque esto se queda en buenas intenciones cuando las guerras hacen tomar a la clase obrera posturas nacionalistas.
Tambi�n el nacionalismo expansivo del siglo XIX sue�a con unificar Europa,
aunque en realidad lo que pretende es aprovechar el impulso unificador de
pa�ses como Italia o Alemania, para que hombres como Giuseppe Mazzini
sue�e con
conseguir a escala europea lo que ha conseguido en Italia. De esta postura es
partidario tambi�n V�ctor Hugo.
Pero
nada de esto va m�s all� de la pura especulaci�n o las guerras de conquista,
hasta despu�s de la primera guerra mundial. Tras la paz de Versalles los pa�ses
que han estado en guerra y han vencido, sienten en la necesidad de crear instituciones
internacionales que garanticen la paz. El resultado de todo eso es la creaci�n
de la Sociedad de Naciones, y ser� en este foro donde se plantee por primera
vez la idea de una Europa unida en lo pol�tico y lo econ�mico. Ser� Coudehove
Kalergi
quien en 1922 lance por primera vez la idea paneuropea. Pero esto no ser� m�s
que un ideal pol�tico. En 1924 se promulga un manifiesto en el que se recogen
estos ideales, pero habr� que esperar a 1925 para que se firme el Tratado de
Locarno, que no deja de ser la plasmaci�n de unas buenas intenciones pol�ticas.
Las ventajas de la unificaci�n europea estaban patentes desde que en 1923 se unieron B�lgica y Luxemburgo. Este es un aut�ntico antecedente, por lo que tiene de acuerdo entre los pueblos y los gobiernos. A ellos se les unir�a Holanda en 1943 formando el Benelux. En 1929 la Sociedad de Naciones lanza la idea de crear los Estados Unidos de Europa, pero la crisis econ�mica hace tomar a los pa�ses medidas proteccionistas de su econom�a, y es la �poca de los nacionalismos excluyentes y los fascismos, cosa nada propicia para iniciar una unidad europea, por lo que todo queda en las intenciones pol�ticas, y no se ha dado un solo paso hacia la construcci�n de una aut�ntica unidad europea.
Pronto llegar�a la segunda guerra mundial que dejar�a a Europa en ruinas y a
merced de EE UU y la URSS, los dos grandes bloques que en 1946 iniciar�an una
guerra fr�a por el control de Europa, y el mundo. Es en esta �poca cuando se
toma conciencia clara de la necesidad de una uni�n pol�tica y econ�mica para
recuperar su status de gran potencia. En 1946 Winston Churchill
da una
conferencia en Z�rich en la que advierte del peligro que supone la URSS y lo
que implica, para Europa, la divisi�n en bloques que separar� a Europa con un
�tel�n de acero�. Sin embargo, no ser� hasta 1957 cuando se firme el Tratado de
Roma que pone en marcha el Mercado Com�n entre Italia, Francia, Alemania y el
Benelux.
En la econom�a capitalista contempor�nea, desde la revoluci�n industrial, la producci�n depende del mercado, de las posibilidades de compraventa del producto a precios baratos y sin trabas administrativas que lo encarezcan innecesariamente. Nace la idea de igualdad de adquisici�n de un producto, y del libre cambio. Surgen, as�, los mercados nacionales, gracias al transporte, en los que dentro de una determinada zona geogr�fica se incluye la extracci�n de materias primas, la elaboraci�n del producto y su venta. El transporte permite la creaci�n de regiones especializadas, que buscan ventajas comparativas. Todo esto hace surgir la teor�a de los grandes mercados, seg�n la cual un pa�s s�lo es viable econ�micamente si incluye dentro de sus fronteras todos los procesos de producci�n y venta de todos los productos que consume, sin trabas administrativas que encarezcan los precios unitarios. Esto implica que los pa�ses s�lo son viables si tienen un tama�o m�nimo. La unidad del mercado implica la creaci�n de un espacio por el que circulan libremente capitales, mercanc�as y fuerza de trabajo. Pero, al mismo tiempo que se crean mercados libres en espacios lo m�s amplios posible, estos se protegen de otros mercados similares y competidores, imponiendo barreras aduaneras que dificulten la competencia de otros productos creados en otros �mbitos. Esta dicotom�a entre mercado nacional interior, unido y libre, y mercado internacional intervenido, genera otros problemas. En general, no es posible producir todos los productos que se consumen, por lo que hay que acudir a las importaciones, en algunos casos. Entonces, aparece la necesidad de mantener el equilibrio de la balanza de pagos. Adem�s, la aduana servir�, como anta�o, para proteger la econom�a nacional de las crisis econ�micas internacionales. En realidad, este es el criterio que se sigue en el siglo XIX cuando se crean los actuales Estados nacionales, que no est�n compuestos ni por pueblos, ni por criterios topogr�ficos, sino que la idea de naci�n est� presidida por la creaci�n de un �mbito de libre circulaci�n de capitales, mercanc�as y fuerza de trabajo, en condiciones de cierta uniformidad y sin trabas administrativas.
El mercado peque�o deja infrautilizado el sistema productivo, ya que es capaz de producir m�s de lo que ese mercado es capaz de consumir. En estos casos se aboga por la liberalizaci�n del mercado mundial, o la creaci�n de un mercado m�s amplio. La consecuci�n de este mercado permite la obtenci�n de econom�as de escala y ventajas comparativas, con lo que descienden los precios unitarios del producto. El �nico obst�culo a esto son los l�mites que impone el transporte, de ah� que en los comienzos de la creaci�n de los mercados nacionales lo primero haya sido la construcci�n de una adecuada infraestructura viaria y de grandes canales de comunicaciones.
Seg�n el liberalismo econ�mico, un gran mercado es m�s dif�cil, sino imposible, de controlar por un peque�o grupo de productores, creando, as�, las condiciones para una competencia perfecta. Sin embargo, esto no es as�, puesto que las grandes multinacionales son capaces de controlar la oferta, y por lo tanto los precios. No en vano se han hecho necesarias leyes antitrust que garanticen la libre competencia, y se han tenido que prohibir los acuerdos entre los productores de un determinado art�culo. En todos los pa�ses hay tribunales de la competencia, y alterar el precio de las cosas es un delito.
Sin embargo, s� es cierto que un gran mercado proporciona precios m�s baratos, al suprimir las barreras arancelarias y al proporcionar un mayor n�mero de consumidores, con lo que los precios unitarios pueden bajar, porque aunque aumente la demanda, la f�brica puede aprovechar al m�ximo su sistema productivo. El incremento de las posibilidades de consumo y el aumento del poder adquisitivo hace crecer los beneficios y la econom�a.
La creaci�n de grandes mercados, y de mercados nacionales, no estuvo exenta de problemas, ya que determinadas zonas se opon�an a perder sus privilegios al ser incluidas dentro de las fronteras nacionales, ese es el caso del Pa�s Vasco en Espa�a, por ejemplo. Las primeras creaciones de Estados mercados nacionales, Inglaterra, Francia, Espa�a, etc., a partir del siglo XVIII y XIX impulsa el desarrollo de estos pa�ses gracias al transporte, que es una condici�n indispensable. Pero aqu� vamos a tratar de la creaci�n de grandes mercados por la uni�n de diferentes Estados, que en principio no eran el mismo ni unitarios.
El caso de Estados Unidos de Am�rica es paradigm�tico. En la construcci�n de los EE UU lo primero que se plantea es la uni�n pol�tica. En 1776 se promulga la Declaraci�n de Independencia, para todos los estados que lucharon contra Inglaterra. En 1787 se hace la constituci�n estadounidense, la primera constituci�n liberal, que para entrar en vigor ha de ser ratificada por todos los estados que componen la Uni�n. En ella queda patente que ning�n estado puede poner restricciones a las medidas econ�micas que se tomen en las instituciones que se crean en com�n para todos ellos. Tampoco pueden oponerse a la libre circulaci�n de capitales, mercanc�as y trabajadores. La constituci�n de 1787 es la creaci�n de un gran mercado, los estados que componen la Uni�n no pueden poner barreras aduaneras, se promulga la unidad monetaria y recae en el Congreso de la Uni�n la posibilidad de reglamentar el comercio. Seg�n este modelo, primero se toman las medidas pol�ticas que permitan la unificaci�n y luego las disposiciones econ�micas. Claro que el pa�s est� a�n por construir, y no hay oligarqu�as con intereses muy arraigados. No obstante, el proceso generar� tensiones que culminar�n entre 1862-1865 con la guerra de Secesi�n, una guerra entre dos modelos econ�micos, el liberal capitalista y el esclavista.
Otro
modelo diferente es el que se da en la Alemania del siglo XIX con la creaci�n
del Zollverein
, heredero de
la comunidad hanse�tica
. Seg�n
este proceso lo primero es la unificaci�n econ�mica, antes que la pol�tica. El
Zollverein se ve impulsado por el bloqueo ingl�s al continente durante la
invasi�n napole�nica de Europa, a comienzos de la revoluci�n industrial en
Alemania. Los peque�os estados alemanes ven la necesidad de ampliar su espacio
de mercado, pero no quieren perder su independencia pol�tica. En 1819 Baviera
hace la propuesta de la creaci�n de un espacio de libre circulaci�n de
mercanc�as y la supresi�n de aduanas. Entre 1834 y 1867 el Zollverein est�
funcionando con libertad en el comercio interior, y ante el comercio exterior
tiene un arancel com�n. El Zollverein est� controlado por un Congreso Aduanero en el que cada estado miembro tiene un voto, y en el que se requiere
unanimidad para alcanzar los acuerdos. En 1867 esta unanimidad se convierte en
mayor�a. El papel preponderante de Prusia en el Zollverein ser� aprovechado
para realizar la unidad alemana a trav�s de la guerra franco-prusiana. Seg�n
este modelo primero se hace la unificaci�n econ�mica y luego la pol�tica.
Otro modelo es el de la unificaci�n italiana, que nos advierte de los peligros de no tomar medidas contra los desequilibrios regionales. La diferencia de industrializaci�n entre el norte y el sur benefici� al norte, pues al quedar suprimidas las trabas arancelarias para la circulaci�n de capitales y trabajadores estos se concentraron en el norte, en busca de econom�as de aglomeraci�n, dejando al sur empobrecido y despoblado. La industria del sur desapareci� ante la invasi�n de productos m�s baratos provenientes del norte. La agricultura del norte tambi�n era muy productiva y no necesit� del sur, por lo que no hubo especializaci�n productiva. Lo que s� hubo fue un intenso �xodo, entre el norte y el sur, de la fuerza de trabajo, que era m�s barata.
El Benelux es el ejemplo de uni�n econ�mica y pol�tica m�s reciente, y un aut�ntico precedente. En 1923 se unen B�lgica y Luxemburgo y en 1943 se une tambi�n Holanda, en plena guerra, naciendo as� el Benelux. Lo m�s destacado del modelo de unificaci�n del Benelux es la concordancia de las pol�ticas monetarias, econ�micas y sociales. Hay una extrema prudencia en la puesta en pr�ctica de las medidas, puesto que hay grandes diferencias salariales, y de capacidad industrial, entre unas zonas y otras. B�lgica es mucho mayor que Holanda y que Luxemburgo y est� mucho m�s industrializada, por lo que hay que tomar acuerdos de compensaci�n que permitan la especializaci�n productiva. Tras la segunda guerra mundial el acuerdo permiti� un desarrollo comercial sin igual en Europa. Los acuerdos permitieron la diversificaci�n productiva y el desarrollo simult�neo de la industria y la agricultura.
Como
antecedente inmediato de la Uni�n Europea puede considerarse, tambi�n, a la
OCDE (OECE) Organizaci�n para la Cooperaci�n y el Desarrollo Econ�mico (u
Organizaci�n Europea de Cooperaci�n Econ�mica), que se crea en 1947 entre los
pa�ses para rentabilizar al m�ximo las ayudas del plan Marshall
. Se dise�an
planes de inversi�n de ayuda al desarrollo en toda Europa. Pero esta es una
organizaci�n que tiene muchos problemas, ante las profundas divergencias entre
los pa�ses.
El primer paso efectivo hacia la construcci�n de la Uni�n Europea es la firma del Tratado de la CECA, Comunidad Econ�mica del Carb�n y del Acero, en 1951. En aquella �poca el desarrollo de un pa�s se med�a por su capacidad de producir acero. Este acuerdo permite la liberalizaci�n de los intercambios entre Francia, Alemania, Italia y el Benelux. Es un compromiso irreversible de integraci�n econ�mica que tiene como virtud la creaci�n de unas instituciones independientes que velan por la buena marcha del tratado. Son: el Ejecutivo, el Tribunal de Justicia y la Asamblea Parlamentaria, que garantizan la coordinaci�n de las pol�ticas de los pa�ses firmantes. Se buscar� un equilibrio entre el mercado y la producci�n, se fijar�n las reglas de la competencia, se permitir� la libre circulaci�n de la fuerza de trabajo (que habr� de estar homologada), se realizar�n pol�ticas de inversiones, y se plantear� un nuevo problema: el de la explotaci�n de los recursos, ya que su distribuci�n geogr�fica no es uniforme. Tampoco es uniforme el precio de la fuerza de trabajo, que depende de las rentas percibidas m�s las cargas sociales, y como son diferentes en cada pa�s pueden influir sobre la capacidad exportadora y competidora. Las diferencias no son tan acusadas si se comparan sector por sector, pero s� hay diferencias en asuntos como el trabajo femenino. Adem�s, se hace necesario un desarrollo tecnol�gico uniforme y una reglamentaci�n com�n de homologaci�n, seguridad, medio ambiente, etc�tera. Todo ello con el fin de lograr un equilibrio econ�mico y evitar la tendencia de los capitales a concentrarse y a desequilibrar, geogr�ficamente, la econom�a. El precio de la fuerza de trabajo no era suficiente para atraer los capitales estables.
Todo ello permiti� la especializaci�n de la econom�a en un mercado ampliado que garantizaba un esfuerzo racional y el desarrollo de las regiones menos favorecidas, asegurando la libre competencia. El problema era el definir cu�l es el lugar de las diferentes regiones dentro de la econom�a de la comunidad.
En 1955 los ministros de Asuntos Exteriores y de Econom�a de los pa�ses de la CECA deciden ampliar el acuerdo a toda la econom�a. Esto implicaba, al mismo y tiempo, una unificaci�n previa del r�gimen arancelario con respecto a terceros pa�ses, la armonizaci�n de la pol�tica general en materia econ�mica, la coordinaci�n de la pol�tica monetaria, la libre circulaci�n de la mano de obra, la creaci�n de unas reglas de competencia comunes, la creaci�n de un fondo de inversi�n para las econom�as menos desarrolladas, y la armonizaci�n reglamentaria en el terreno social y su homologaci�n.
Todo esto se recoge en el Informe Spaak, un estudio previo de un grupo de expertos que defini� las grandes l�neas del contenido del Mercado Com�n. Este mercado com�n deber�a tener un �rgano independiente y permanente, que lleve la iniciativa de las decisiones, la Comisi�n Europea, un Tribunal de Justicia y una Asamblea Legislativa. Desde el principio se distinguieron dos posturas en la construcci�n de la Comunidad Europea: la liberal, que pretend�a una simple reducci�n de los obst�culos al comercio, y la social que abogaba por extender el compromiso a las condiciones sociales, que influir�an en el precio del producto, y la compensaci�n con las regiones m�s pobres, lo que implicaba una armonizaci�n de la econom�a.
Las negociaciones tuvieron lugar en Bruselas en 1956. El resultado fue la puesta en com�n de los mercados y los recursos, y el equilibrio global de la econom�a. Pero no se suprimen las aduanas. Se tiende a la armonizaci�n social de las condiciones de trabajo. En estas condiciones se firma en 1957 el Tratado de Roma.
El Tratado de Roma no crea una zona de libre cambio, sino una uni�n aduanera. El objetivo es arrastrar a los pa�ses a una uni�n econ�mica y pol�tica irreversible, pero con cuidado, para que no surjan posturas intransigentes.
En 1957 son seis los firmantes del Tratado de Roma: Francia, Italia, Alemania, B�lgica, Holanda y Luxemburgo. La Europa de los seis, que tienen relaciones privilegiadas con otras asociaciones parecidas como la EFTA (Asociaci�n Europea de Libre Comercio), de car�cter mucho m�s limitado y compuesta por los pa�ses n�rdicos.
El Mercado Com�n Europeo (CEE, Comunidad Econ�mica Europea) pronto se revela como la mejor asociaci�n de pa�ses para permitir el desarrollo econ�mico, y todas las naciones quieren formar parte de �l. En 1970 Espa�a firma una acuerdo comercial preferencial con la CEE. En 1972 Noruega pide la integraci�n en el Mercado Com�n, pero un refer�ndum popular lo impide, y el intento queda frustrado.
En 1973 nace la Europa de los nueve, al firmar el Tratado de Roma Inglaterra, Irlanda y Dinamarca. En 1973 hay una profunda crisis econ�mica, pero la incorporaci�n de estos tres pa�ses, a pesar de las dificultades, da un impulso decisivo a la Comunidad Econ�mica Europea, hacia el desarrollo comunitario y la integraci�n.
En 1974 se decide que el Parlamento Comunitario se vote en elecciones libres y directas por los ciudadanos, con una vigencia de cinco a�os. Y en 1978 se instaura el sistema monetario europeo, el ECU (Unidad de Cuenta Europea) que entra en vigor el 1 de enero de 1979. La CEE es una realidad indiscutible, que cada vez tiene m�s prestigio y es garant�a de crecimiento econ�mico, por eso los pa�ses que a�n est�n fuera quieren entrar.
En 1981 firma el Tratado de Roma Grecia, naciendo as� la Europa de los diez. La incorporaci�n de Grecia, un pa�s del sur predominantemente agr�cola, crea dificultades con la pol�tica agraria com�n (PAC).
En 1982 sale Groenlandia de la Comunidad, su lejan�a con respecto a Europa implica que no se vea tan beneficiada como el resto de Dinamarca.
Pero
la CEE no s�lo toma medidas econ�micas, sino tambi�n en el campo de la
investigaci�n y la tecnolog�a, con la firma del Acuerdo del EURAT�N, para el
desarrollo de la energ�a at�mica. Tambi�n hay proyectos para mejorar las
instituciones, con el fin de llegar a la uni�n pol�tica. En 1983 surge el
Anteproyecto de la Uni�n Europea, y en 1985 se hace el Informe Dooge
, sobre las reformas
institucionales necesarias.
En 1986 firman el Tratado de Roma Espa�a y Portugal, naciendo, as�, la Europa de los doce. Estos pa�ses, como Grecia, pertenecen al sur mediterr�neo, lo que traer� dificultades en la PAC. Adem�s, las preocupaciones sociales toman m�s relevancia, ya que estos pa�ses tienen muchas zonas desfavorecidas econ�micamente. Su ingreso en la CEE se hace en pleno proceso de unificaci�n pol�tica. En estos momentos la CEE ha cumplido los objetivos para los que se cre�, y ha crecido tanto que se hace necesario un nuevo tratado. El 3 de octubre de 1990 se vuelve a unificar Alemania, al desaparece la Rep�blica Democr�tica Alemana, integr�ndose en una sola, con lo que, de hecho, la Uni�n Europea crece, aunque no formalmente.
En 1992 se firma en Maastricht el nuevo tratado, el Tratado de la Uni�n Europea (UE). Este nuevo tratado ha de ser ratificado por los diferentes pa�ses, no sin dificultades, como el caso de Dinamarca que rechaza el tratado en refer�ndum, aunque posteriormente lo ratificar�.
En 1995 firman el Tratado de Maastricht Austria, Suecia y Finlandia. Noruega rechaza en refer�ndum, una vez m�s, su incorporaci�n. Nace as� la Europa de los quince, con lo que se desv�a el equilibrio europeo hacia los pa�ses del norte, m�s ricos e industrializados; aunque los pa�ses n�rdicos tienen una amplia tradici�n de compensaci�n de las desigualdades sociales.
En los tratados de Roma y Maastricht se determinan los objetivos de la Comunidad Europea, las instituciones y la pol�tica general. Son una especie de constituciones de la Uni�n Europea.
El
tratado fundamental en el que se plasman la mayor�a de las instituciones, y su
car�cter, es el Tratado de Roma. El tratado de Maastricht
es, en realidad, una ampliaci�n de los objetivos y un replanteamiento de las
instituciones, as� como de la pol�tica de la comunidad, con el objetivo de
alcanzar, a medio plazo, la unificaci�n pol�tica de la Comunidad Europea. Una
uni�n que se comenzar� por la creaci�n de una moneda com�n.
Los objetivos que se plantea el Tratado de Roma afectan a diversos �mbitos, como por ejemplo a las mercanc�as, para las cuales se prohiben los derechos de aduana entre los pa�ses de la Uni�n. Se establece un arancel com�n ante las mercanc�as llegadas de terceros pa�ses, lo cual crea problemas en las naciones que quedan fuera. Algunos pa�ses europeos tienen acuerdos bilaterales privilegiados, con los que van a formar parte de la CEE. Tal privilegio debe desaparecer o hacerse extensivo a todos los pa�ses de la CEE. Tambi�n hay problemas con EE UU que ve un frente com�n ante sus productos, y amparados en la OMC pretende la liberalizaci�n del mercado. El objetivo fundamental es la libre circulaci�n de mercanc�as, uno de los ejes b�sicos de la creaci�n de la Comunidad Econ�mica Europea.
Otro asunto es el de la libre circulaci�n de personas y servicios, sobre todo en lo referente a los trabajadores, a los que se garantizan todos los derechos. Para ello es necesario armonizar la pol�tica social de todos los pa�ses, de manera que sea parecida en cualquier pa�s de la comunidad, y un ciudadano tenga garantizados los mismos derechos en todos ellos.
La libre circulaci�n de capitales es uno de los objetivos fundamentales de la Uni�n Europea, ya que para algunos es el n�cleo clave de la misma. Este objetivo ha sido el m�s sencillo de llevar a la pr�ctica, puesto que son unos pocos los que tienen capitales de importancia, pero ha supuesto la necesidad de crear una uni�n monetaria que garantizara la estabilidad, el sistema monetario europeo, as� como una uniformidad fiscal, para evitar la formaci�n de para�sos fiscales que concentren la mayor�a de los capitales.
Tambi�n se determinan en los tratados c�mo ha de ser la pol�tica comunitaria en los diferentes sectores. En materia de pol�tica exterior el tratado est� influido por la OMC y la defensa de los propios intereses ante terceros, por lo que a�n es uno de los aspectos menos desarrollados de los tratados.
La pol�tica agraria com�n (PAC) es de vital importancia, sobre todo, para los miembros del sur, que tiene una mayor proporci�n de la agricultura en su PIB. El objetivo de la PAC es aumentar la productividad de la tierra y asegurar al agricultor un nivel de rentas m�nimo, que le permita vivir del campo con un nivel adquisitivo similar al de otros sectores. Tambi�n se pretende asegurar el abastecimiento de los productos m�s comunes a precios razonables para los consumidores. Todo ello implica la necesidad de racionalizar las explotaciones y modernizarlas, con el fin de hacerlas m�s productivas. Pero, tambi�n, en contradicci�n con esto, se subvenciona a la agricultura de monta�a, claramente deficitaria, para conservar los valores de este tipo de cultura y de poblaci�n. Esta pol�tica entra en contracci�n con la OMC, sobre todo despu�s de la Ronda Uruguay en 1994. Lo que se pretende es crear un mercado �nico con precios parecidos en todos los pa�ses miembros, y que el abastecimiento se haga preferentemente entre los pa�ses de la comunidad. Para ayudar a las regiones m�s desfavorecidas se ha creado el FEGA, un fondo de solidaridad financiera, y el FEDER, fondo de desarrollo regional.
En cuanto a la pol�tica de transportes el objetivo es la creaci�n de una red densa que permita integraci�n del mercado y la eliminaci�n de obst�culos administrativos, como las aduanas. La creaci�n de un mercado bien comunicado es vital para el crecimiento econ�mico de la Comunidad.
La pol�tica comercial est� dirigida por la existencia de un arancel exterior com�n y la defensa de la OMC.
La pol�tica social ha sido una de las m�s discutidas y replanteadas, pero es vital para no crear desigualdades entre los pa�ses miembros. Se centra en la unificaci�n de las reglamentaciones y la protecci�n social. La existencia de un fondo social europeo para la educaci�n y la preparaci�n t�cnica de los trabajadores. Esto es fundamental para la movilidad de la mano de obra. Es necesaria la cooperaci�n educativa y el tratar de ayudar a las regiones menos favorecidas. Esta pol�tica ha tra�do muchas tensiones, no s�lo entre pa�ses, sino entre grupos de poder que entienden la protecci�n social de diferentes maneras.
Tambi�n ha tra�do muchas tensiones la pol�tica monetaria, ya que es la que utilizan los diferentes gobiernos para estabilizar su econom�a. Pero la creaci�n del ECU implica el compromiso de tener una cierta estabilidad monetaria. La pol�tica de los diferentes pa�ses ha de ir dirigida a la convergencia, para lograr tener una moneda �nica, que resistir�a mucho mejor los ataques exteriores. Esta pol�tica se traduce en el sistema monetario europeo (SME) y el ECU (unidad de cuenta europea).
Tambi�n se lleva una pol�tica com�n en investigaci�n y desarrollo tecnol�gico. Se trata de tener una tecnolog�a propia y no depender de los EE UU ni del Jap�n.
Curiosamente, la Uni�n Europea no tiene definida una pol�tica espec�fica ni de industria, ni de energ�a.
Los tratados de Roma y Maastricht han creado una serie de instituciones con diferentes contenidos.
El Consejo de Ministros, que tiene un representante del gobierno de cada pa�s. Es el encargado de coordinar las pol�ticas econ�micas, adoptar los reglamentos de la comunidad y el �rgano encargado de tomar decisiones, que han de ser por unanimidad o mayor�a cualificada.
La Comisi�n Europea consta de 14 miembros de los distintos pa�ses. Es un �rgano independiente y vela por el inter�s general de la comunidad. Se ocupa de tomar decisiones y ejecutarlas en el marco del tratado. Est�, pues, al margen de los gobiernos de los pa�ses.
El Parlamento Europeo, que desde 1974 se elige por sufragio universal libre y directo, por cinco a�os, es el �rgano legislativo de deliberaci�n y control de la comunidad.
El Tribunal de Justicia es el �rgano encargado de garantizar el Derecho, en la interpretaci�n y aplicaci�n del tratado. Resuelve los litigios entre Estados y entre los �rganos de la comunidad.
El Tribunal de Cuentas se crea en 1975, pero no llega a funcionar hasta el 1-6-1977. Tienen el cometido de controlar las cuentas de la comunidad y emitir un informe anual.
El Banco Central Europeo, es el encargado de la pol�tica monetaria y la implantaci�n del euro, se cre� el 1-1-1999. Dirige las operaciones de cambio y garantiza el buen funcionamiento de los sistemas de pago.
El Banco Europeo de Inversiones (BEI) es el encargado de conceder pr�stamos a largo plazo a las empresas. Financia proyectos de inversi�n para contribuir al desarrollo equilibrado de la Uni�n.
El Comit� Econ�mico y Social que tiene una funci�n consultiva anta la Comisi�n Europea, el Consejo de la Uni�n Europea y el Parlamento Europeo. Los dict�menes son elaborados por diversos representantes cualificados en los diferentes sectores.
El Comit� de las Regiones, creado en 1994 es la instituci�n m�s joven. Pretende dar una voz ante las instituciones europeas a las regiones de cada pa�s, sin necesidad de que el gobierno correspondiente sea su voz en Europa. Se trata de un �rgano consultivo.
El Defensor del Pueblo, es un �rgano unipersonal que defiende derechos de todos los ciudadanos de la Uni�n ante la Administraci�n europea.
En general, las instituciones europeas no funcionan bien, debido al poco poder ejecutivo que tienen, y a las reticencias de los pa�ses a ceder soberan�a a favor de la Comunidad Europea.
El Tratado de Maastricht
es, en realidad, una reelaboraci�n de todos los tratados que desde 1957 se han
ido desarrollando en la Comunidad Europea, para tener uno s�lo de referencia.
Su finalidad es la uni�n pol�tica de todos los pa�ses que componen la Uni�n
Europea. Esencialmente es igual que el Tratado de Roma, pero modifica alguno de
sus objetivos y ampl�a otros, en funci�n de las necesidades de los nuevos
tiempos.
En materia de pol�tica exterior y seguridad se pretende la defensa de unos valores comunes y el fortalecimiento de la seguridad de la Uni�n Europea y sus pa�ses a trav�s de la creaci�n de un ej�rcito europeo: la UEO. Sin embargo, este objetivo se ha encontrado con muchas dificultades, por causa de los diferentes intereses que los pa�ses tienen en este tema. En la actualidad parece haberse dejado de lado ante la ineficacia manifiesta en el caso de la crisis de la guerra civil yugoslava. La actual defensa com�n est� en manos de la OTAN.
La ciudadan�a europea es una ampliaci�n del derecho a la libre circulaci�n e implica la facultad de ejercer los derechos civiles en cualquier pa�s de la Uni�n, tanto ejercer el derecho al voto, como a ser elegido en un pa�s extranjero. Este punto ha implicado la �nica reforma de la constituci�n espa�ola, hasta el momento, a�adiendo las palabras �y pasivo� al art�culo 13-2.
Otro de los objetivos del nuevo tratado es la ampliaci�n de las competencias de las instituciones. Sobre todo en materias como la cohesi�n social, la investigaci�n y el desarrollo, el medio ambiente, la industria y los transportes, la protecci�n al consumidor, la educaci�n y los fondos de cohesi�n.
El objetivo a medio plazo m�s transcendente es la uni�n monetaria. Este es el punto clave del tratado, ya que exige una estabilidad econ�mica y monetaria en cada pa�s, as� como de su industria, el control de la inflaci�n y el gasto p�blico. Se trata de hacer un mercado regional efectivo, con una moneda �nica, el euro, y supondr� una pol�tica econ�mica mucho m�s activa e intervencionistas en los distintos pa�ses. Todos los pa�ses miembros de la Uni�n Europea han intentado controlar su econom�a para conseguir los m�nimos especificados en el tratado. En 1998 todos los pa�ses miembros, excepto Grecia, cumpl�an los requisitos. Entre el 1-5-98 y el 3-5-98 se reunieron en Bruselas los presidentes y los ministros de Econom�a de los pa�ses para presentar los resultados y crear el euro. De los 15 pa�ses Grecia, Gran Breta�a, Dinamarca y Suecia, no formar�n parte del euro. Los otros once: Alemania, Francia, B�lgica, Holanda, Luxemburgo, Italia, Finlandia, Espa�a, Portugal, Irlanda y Austria, crearon la nueva moneda �nica. El euro entr� en vigor el 1-1-1999, para operaciones en mercados ficticios, pero este fue el d�a en el que naci� el euro ya que a partir de entonces nadie podr� comprar ni vender monedas nacionales, estas se convierten en expresiones de euro. La moneda oficial de esos once pa�ses es el euro. El 1-1-2002 comenzar� a circular como moneda corriente para sustituir definitivamente a las monedas nacionales de estos pa�ses el 1-3-2002, (en principio se acord� un per�odo de convivencia hasta el 1-6-2002). Los pa�ses que se quedaron fueran a�n pueden formar parte del sistema. El 3 de enero del 2001 entr� en el euro el Grecia.
El
31-12-1998 a las 13:30 qued� fijado definitivamente el cambio de las monedas
nacionales con el euro de la siguiente forma, un euro equivale a:
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166,386 |
pesetas espa�olas |
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40,3399 |
francos belgas y luxemburgueses |
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1,95583 |
marcos alemanes |
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6,55957 |
francos franceses |
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0,787564 |
libras irlandesas |
|
1.936,27 |
liras italianas |
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2,20371 |
florines holandeses |
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13,7603 |
chelines austr�acos |
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200,482 |
escudos portugueses |
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5,94573 |
marcos finlandeses |
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340,75 |
dracmas griegos |
En este momento un peri�dico diario costaba 125 pesetas, es decir 0,75 euros. Mil pesetas son, aproximadamente, seis euros (998,316 ptas.), para calcular el precio en euros, de productos de poco valor, se multiplica por seis y se divide entre mil, para pasar de euros a pesetas se divide entre seis y se multiplica por mil.
Se dejan de lado las consecuencias sociales de esta pol�tica, lo que no hace nada f�cil la construcci�n de una aut�ntica comunica europea de los pueblos, y no s�lo de los capitales. Aunque no se puede negar que la uni�n monetaria es una decisi�n que ha de llevar a la definitiva uni�n pol�tica.
El
tratado firmado en Maastricht se va modificando para adaptarse a las nuevas
exigencias de la Uni�n Europea. Hasta el momento ha habido dos modificaciones,
una en Amsterdam
en 1997 y otra
en Niza en el 2000, donde se fijaron las condiciones de ampliaci�n a los pa�ses
del este de Europa.
BIBLIOGRAF�A
J. F. Deniau y G. Druesne: �El Mercado Com�n�. Oikos-Tau. Barcelona 1989
VV.AA.: �Por la Europa de la libertad: una propuesta espa�ola�. Contrastes. Drac. Barcelona 1989
VV.AA.: �La Europa de los doce�. Salvat. Temas Clave. Barcelona 1986
Organismos Oficiales: �La Uni�n Europea: Breve introducci�n al tratado de Maastricht�. B.O.E. Madrid 1992