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Tema 37. El debate historiogr�fico sobre la Revoluci�n francesa

1. La historiograf�a de la Revoluci�n francesa: Autores

La Revoluci�n francesa a sido estudiada por multitud de autores desde el mismo momento en el que se produjo. La discusi�n sobre su comienzo, su duraci�n, sus etapas y sus hechos, ha estado en el centro de la pol�mica historiogr�fica desde un principio.

La Revoluci�n francesa ha sido siempre un asunto complicado de interpretar. Fue considerada como modelo de revoluci�n pol�tica, en el que la burgues�a desplazaba a la aristocracia en el poder. Sin embargo, no era una mera trasferencia de poder, sino un cambio en el concepto del ejercicio poder y de administraci�n del pa�s. Tambi�n se discute si hubo una revoluci�n o varias. Existen problemas pol�ticos, econ�micos e institucionales que dificultan el an�lisis. Adem�s, la Revoluci�n francesa tiene un halo m�tico que ha sido promovido por las ideas rom�nticas de autores como Voltaire, Rousseau o Montesquieu.

Uno de los primeros autores que trat� la Revoluci�n francesa fue Thiers, que en 1827 destacaba el aspecto catastr�fico de la revoluci�n, apoyado por una enorme cantidad de datos, obtenidos de fuentes directas.

Pero la visi�n m�s extendida en el siglo XIX era la rom�ntica, que sosten�an Lamartier, Michelet y otros, los cuales reivindicaban el papel del pueblo como protagonista de la historia. Tocqueville fue uno de los m�s famosos, y en 1856 su interpretaci�n se fundamenta en la recopilaci�n de datos de archivo. Taine fue otro de los autores decimon�nicos que en 1875 mantiene que la revoluci�n fue obra de una minor�a, contra la monarqu�a. Tiene una especial aversi�n al periodo jacobino, y lo que representa.

Tambi�n en Estados Unidos e Inglaterra hubo autores que se preocuparon por analizar la Revoluci�n francesa, como Charles Fox, Thomas Paine y Thomas Jefferson. Ellos tienen su propia revoluci�n y su constituci�n, por lo que ven con simpat�a los comienzos de la revoluci�n, el per�odo de la Monarqu�a Constitucional, la Declaraci�n de los Derechos del Ciudadano e incluso la etapa de la Convenci�n, pero rechazan el per�odo del Terror.

En el siglo XX cambia, en buena medida, la interpretaci�n de la Revoluci�n francesa. Autores como Mathiez se dedica al estudio de las fuerzas econ�micas que se encuentran en el proceso revolucionario. Lefebvre destaca la importante labor del campesinado en los acontecimientos. Labourse proporciona datos hist�ricos y estad�sticos, principalmente econ�micos, y destaca la evoluci�n, al alza, del precio del pan, como desencadenante de la revoluci�n. Autores como Soboul y Godechot hacen una integraci�n de los aspectos pol�ticos, econ�micos y sociales. Las �ltimas interpretaciones se han hecho con motivo del bicentenario de la revoluci�n. Autores como Furet defienden una interpretaci�n pol�tica de la revoluci�n, divulgada con este motivo.

2. Delimitaci�n y fases de la Revoluci�n francesa

Con la revoluci�n se produjo un cambio fundamental en la estructura de las relaciones pol�ticas, sociales, econ�micas y culturales de Francia. La burgues�a accede al poder, y a partir de ahora el dinero y el patrimonio ser� quien marque las diferencias de clase, quedando anticuada la estructura estamental.

Para Furet, la Revoluci�n francesa comienza con las Reformas de Turgot en 1774, y no concluye hasta 1880, a�o en que se reafirma el sistema republicano. Se caracteriza por consolidar una legislaci�n secularizada, en la que destacan cuestiones como la del divorcio, la escuela laica, la ense�anza obligatoria o la libertad de prensa.

Sin embargo, los contempor�neos de la revoluci�n tomar�n la fecha del 14 de julio de 1789 (fecha de la toma de la Bastilla) c�mo comienzo de la revoluci�n. Este d�a, a instancia de V�ctor Hugo en 1880, se convierte en la fiesta nacional francesa.

Cien a�os despu�s se pretenden olvidar los per�odos tr�gicos de la revoluci�n. La �poca del Terror es obviada en la historiograf�a, y en los libros de texto de las escuelas (como el de Lavisse). Se considerar� como comienzo de la revoluci�n el 5 de mayo de 1789, fecha de la reuni�n de los Estados Generales.

En los a�os treinta del siglo XX, el Partido Comunista Franc�s hace una interpretaci�n de la historia en la que funde la Revoluci�n francesa con la Revoluci�n rusa, como parte de un mismo proceso y una �nica matriz ideol�gica. Para defender esto, Jaur�s escribe Historia socialista de la Revoluci�n francesa. Seg�n esta interpretaci�n, Robespierre y la �poca del Terror son los hechos culminantes de la revoluci�n, y se comparan con el bolchevismo. Para autores como Mathiez el bolchevismo y el jacobinismo son dos dictaduras de clase.

Con motivo del bicentenario de la Revoluci�n se pretende resaltar su herencia moral: la proclamaci�n de los Derechos Universales del Hombre y el Ciudadano, la Constituci�n, los valores democr�ticos, etc., y se pretende olvidar la lucha social y el Terror. En realidad hay una cierta mitificaci�n oficial de la Revoluci�n francesa.

Actualmente se consideran como antecedentes de la revoluci�n: la bancarrota en la que se encontraba el Estado en 1788 y la negativa a convocar a los Estado Generales por parte de Luis XVI, para aumentar los impuestos. Se toma como comienzo de la revoluci�n la convocatoria de los Estados Generales el 5 de Mayo de 1789, que se erigen en Cortes Constituyentes. Se considera que la Revoluci�n francesa tuvo dos fases: una, primera, de Monarqu�a Constitucional, entre 1789 y 1792; y otra, segunda, de Gobierno de la Convenci�n, entre 1792 y 1794, en la cual que se distingue el periodo del Terror, de 1793 a 1794, en la que se imponen las reivindicaciones sociales de los sans-culottes.

Algunos autores consideran que tambi�n pertenece al ciclo de la revoluci�n la Restauraci�n burguesa, de 1794 a 1799, en la que se incluye la �poca del Directorio, desde 1795 hasta el golpe de Estado de Napole�n el 18 de brumario de 1799. Tambi�n hay autores que consideran la �poca napole�nica, de 1799 a 1815, como parte de la Revoluci�n francesa.

3. Rasgos fundamentales del debate sobre la Revoluci�n francesa

El estudio de la Revoluci�n francesa est� marcado por las principales ideolog�as contempor�neas. En numerosas ocasiones se identifica, de una manera simplista, la revoluci�n con el periodo del Terror. Muchas de las interpretaciones toman el per�odo de la Rep�blica, como paradigma de la revoluci�n.

La interpretaci�n de Adolphe Thiers, en 1823 durante la Restauraci�n borb�nica en Francia, hace una exposici�n coherente desde la visi�n de la gran burgues�a liberal. Utiliza en sus estudios los testimonios de los testigos presenciales. Esta interpretaci�n es completada por Fran�ois-Auguste Mignet, en 1824, que se dedica al estudio del mundo ideol�gico que act�a en la revoluci�n.

Thomas Carlyle, en 1837, inicia la visi�n rom�ntica de la revoluci�n, que ayuda a su mitificaci�n. Los rom�nticos mitificar�n, sobre todo, la oposici�n a la monarqu�a y la experiencia republicana.

Alexis Tocqueville afirmar�, hacia 1850, que la mayor parte de los cambios que se produjeron durante la Revoluci�n francesa se hab�an gestado durante el Antiguo R�gimen, y que la aut�ntica revoluci�n se dio en 1848. En realidad afirma que la revoluci�n no sirvi� para nada, ya que el Antiguo R�gimen ten�a flexibilidad suficiente como para asumir los cambios.

Hippolyte Taine tambi�n conden�, en 1876, la Revoluci�n francesa, por estar en el origen de todos los conflictos presentes en las sociedades contempor�neas.

Alphonse Aulard mitificar� el per�odo republicano, sobre todo la figura de �el Buen Dant�n� opositor de Robespierre y m�ximo representante de la fase laica de la revoluci�n, pero con un sentido m�s democr�tico.

Esta no es m�s que una referencia de los numerosos estudios que sobre la Revoluci�n francesa se han hecho.

4. Interpretaci�n conservadora de la Revoluci�n francesa

La interpretaci�n conservadora es la m�s antigua, ya que es la visi�n de los conservadores mon�rquicos. Durante mucho tiempo fue la m�s generalizada. Su juicio de la revoluci�n se fundamenta en la cr�tica a los hechos concretos, apelando a los valores tradicionales, cuando no naturales, que se vulneraron durante la revoluci�n.

Para los conservadores mon�rquicos, la revoluci�n comenz� el 17 de junio de 1789 y fue expuesta por los portavoces conservadores de la Asamblea Nacional Constituyente: Cazal�s, Lally-Tollerdal y Abb� de Maury.

Esta interpretaci�n fue iniciada por Edmon Burke, en Inglaterra, tres a�os antes del Gran Terror, y se prolonga hasta el rechazo de la revoluci�n de Taine. Es curioso que se condenen los hechos, por violentos, mucho antes de que se produjesen los acontecimientos m�s sangrientos.

Seg�n esta interpretaci�n, la monarqu�a francesa pose�a una constituci�n �ntegra y un parlamento del que eran guardianes la nobleza y el clero: los estamentos virtuosos de la sociedad. La revoluci�n es una cosa de hombres ambiciosos y sin escr�pulos que conspiran para arrebatar el poder a sus leg�timos due�os. Burke, en 1791, no sabe nada del bloqueo del parlamento por parte de los estamentos privilegiados, ni de la bancarrota en la que se encuentra el Estado. Para �l, la transformaci�n que supone la revoluci�n es arbitraria y ha sido promovida por c�rculos secretos y mas�nicos.

Esta interpretaci�n es la visi�n oficial de la Iglesia cat�lica, del conservadurismo ingl�s, de la Alemania conservadora y de todos los conservadores mon�rquicos, en general.

5. Interpretaci�n liberal o de la burgues�a idealista de la Revoluci�n francesa

Para los liberales, la Revoluci�n francesa comienza con el mismo acto revolucionario: la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente el 17 de junio de 1789. Se trataba de liquidar de un golpe la representaci�n particular de los intereses de los estamentos privilegiados.

Para la burgues�a liberal el Juramento del Juego de Pelota el 20 de junio de 1789 y el asalto a la Bastilla el 14 de julio de 1789 son los hechos centrales de la revoluci�n, un tanto mitificados. Pero los puntos culminantes de la Revoluci�n francesa, y los m�s decididamente enaltecidos, son: la Declaraci�n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, y la primera constituci�n escrita, el 3 de diciembre de 1791.

Esta interpretaci�n mitifica el periodo de la Monarqu�a Constitucional y hace un repudio absoluto de la �poca de la Convenci�n, no s�lo del Terror. Pero este rechazo se debe no tanto a la violencia del momento, el Terror se considera c�mo un mal necesario, sino por el socialismo incipiente que suponen las posturas m�s radicales.

Para los liberales, la Ilustraci�n es un elemento condicionante de la revoluci�n, el sustrato ideol�gico sin el cual no hubiera sido posible. Personajes como Montesquieu, Voltaire y Rousseau son los padres espirituales de la revoluci�n.

Se considera a la aristocracia y al clero como una casta privilegiada que ocupan los puestos del Estado, y que no gobiernan en beneficio de todos, sino para mantener un sistema de privilegios caduco, lo que implicaba una mala gesti�n y la corrupci�n en el Estado.

Jules Michelet es el gran te�rico que defiende esta postura. Para �l, con la revoluci�n, el gran pueblo de Francia ha roto sus cadenas y ha conseguido la Libertad. Pero, los protagonistas de la revoluci�n son los grandes hombres, que interpretan los deseos de la naci�n y de la opini�n p�blica para llevar a cabo la revoluci�n. Esta es una de las interpretaciones m�s extendidas en la actualidad.

6. Interpretaci�n de los socialistas franceses de la Revoluci�n francesa

La interpretaci�n que de la Revoluci�n francesa hacen los socialistas franceses est� un tanto alejada del materialismo hist�rico. Este an�lisis es el de mayor resonancia en Francia, y Jean Jaur�s, Albert Mathiez, George Lefebvre y Albert Soboul sus mejores valedores.

La interpretaci�n de los socialistas franceses, hace una gran aportaci�n al conocimiento de los antecedentes y a la situaci�n previa a la revoluci�n. Esta labor se lleva a cabo desde la Sociedad de Estudios Robesperristas, que publica los Anales hist�ricos de la Revoluci�n francesa.

Sin embargo, la interpretaci�n de los socialistas franceses tiene numerosas corrientes, y disparidad de criterios. Louise Blanc, en 1847, hace la primera exposici�n socialista de la cuesti�n. Blanc vio en el Terror el primer paso hacia el futuro Estado de la fraternidad, y en Robespierre a un socialista adelantado a su tiempo.

Jean Jaur�s, en 1901, escribe la Historia socialista de la Revoluci�n francesa, te�ida de un humanismo socialista, que concibe la revoluci�n como un modelo hist�rico de ataque al poder pol�tico por parte de una clase que dominaba econ�micamente, la burgues�a, contra la clase que ten�a el poder pol�tico, la aristocracia. La revoluci�n es tambi�n un modelo de democracia social, durante la �poca de la Convenci�n, y Robespierre es el gran valedor de la democracia reformista.

Albert Mathiez,en los a�os 20, redescubre la figura de Robespierre, al que compar� con Lenin. Relaciona las revoluciones francesa y rusa, y considera la dictadura jacobina como la primera dictadura del proletariado.

Para los socialistas franceses, la revoluci�n fue el resultado de la lucha de clases, de la burgues�a contra la nobleza, y la victoria del capitalismo. En principio no hab�a que liquidar a la nobleza como clase, pero fue necesario ante el apoyo exterior a la monarqu�a. Para lograrlo fue necesaria la alianza de la burgues�a con el pueblo, lo que llev� a la revoluci�n a la fase de la Convenci�n y el Terror. Pero los logros realmente importantes de la revoluci�n se dieron despu�s de los acontecimientos revolucionarios, como la formaci�n de un mercado nacional, y la desaparici�n del concepto feudal de la propiedad en favor del nuevo concepto burgu�s; para lo cual se reparte la propiedad agraria feudal y se liberaliza la vinculaci�n de los campesinos. La cuesti�n agraria es un tema central, ya que la mayor parte de la sociedad vive del campo.

El an�lisis de los socialistas franceses no desprecia los m�todos cuantitativos, y da importancia al estudio de la evoluci�n del precio del pan, los salarios, la situaci�n econ�mica, la deuda del Estado, etc.

Para Lefebvre y Soboul, la Convenci�n fue un instrumento de los peque�os propietarios aut�nomos para defender sus intereses, no un instrumento del pueblo. La revoluci�n es un fen�meno espec�ficamente franc�s con tres aspectos fundamentales: el concepto de libertad, que est� en el origen de las libertades modernas; el concepto de igualdad, que se centra sobre la consecuci�n de unas menores diferencias econ�micas; y el concepto de unidad, que concibe el Estado como una estructura unitaria y centralista. Lefebvre y Soboul han matizado la postura idealizada del socialismo franc�s, por no ser estrictamente socialista, ya que no se pueden comparar la Revoluci�n francesa con la rusa: una es una revoluci�n burguesa, y la otra es una revoluci�n socialista.

7. Interpretaci�n marxista-leninista de la Revoluci�n francesa

La interpretaci�n marxista-leninista estuvo, hasta los a�os 60, restringida a la Uni�n Sovi�tica y su entorno; pero desde esa �poca se extendi� por todo el mundo. Es un an�lisis que se fundamenta en el materialismo hist�rico. Concibe a la Revoluci�n francesa como una, la primera, revoluci�n burguesa; a la que temporalmente se ha unido el campesinado y el proletariado, as� como los peque�os burgueses, para derrotar al sistema feudal absolutista. La revoluci�n fue, as�, resultado de la lucha de clases.

Carlos Marx ve en la Declaraci�n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano la concreci�n de las aspiraciones de la revoluci�n. Una revoluci�n que se caracteriza por promover el individualismo extremo del ciudadano privado y la consagraci�n de la propiedad privada absoluta, con lo que no se ha aportado nada a la superaci�n de la alienaci�n humana. Fue una revoluci�n dirigida en nombre de las ideas, aunque lo que venci� fueron los intereses de la burgues�a, ya que el pueblo no ten�a ideolog�a pol�tica. Cuando en 1830 la burgues�a apoya la restauraci�n borb�nica, abandona sus ideales universales y afianza sus intereses de clase. Para entonces, la revoluci�n a calado en todos los estratos de la sociedad, que est� dispuesta a defenderla.

Lenin se interes� m�s por el activismo revolucionario de la etapa de la Convenci�n, y por la din�mica de la participaci�n popular. Tambi�n estudio las causas profundas de la revoluci�n, y las circunstancias en las que se encontraba el sistema feudal absolutista. Sugiere que, durante la revoluci�n, se produce una transformaci�n simult�nea de la base socioecon�mica y la superestructura. En este proceso estallan las tensiones de clase, aunque en un principio la burgues�a recibe el apoyo del campesinado y de las clases bajas urbanas.

Para Lenin, uno de los hechos m�s significativos de la revoluci�n es la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, a la cual considera como el comienzo de la revoluci�n, por la participaci�n de las masas en el proceso.

Durante la revoluci�n se produce la liquidaci�n del feudalismo para fortalecer el capitalismo. La burgues�a se hace contrarrevolucionaria cuando no es capaz de controlar la revoluci�n. En 1792 el pueblo contin�a con la revoluci�n, con el ataque a las Tuller�as para capturar al rey, dando comienzo al periodo de la Convenci�n. El rey ser�a decapitado en 1793, dando paso a la fase del Terror. Pero esta etapa tambi�n fue dominada por la burgues�a, con hombres como Robespierre, que en realidad era un revolucionario burgu�s. En 1794 se hizo una alianza de la burgues�a con el campesinado, tras la desaparici�n del peligro contrarrevolucionario, y se entr� en el periodo del Directorio.

Para Lenin tambi�n la �poca napole�nica pertenece a la revoluci�n, ya que es la fase en la que la burgues�a se asienta en el poder. Las revoluciones de 1830 suponen que la gran burgues�a se instale en el poder definitivamente.

En la interpretaci�n marxista-leninista no se identifica la Revoluci�n francesa con la rusa ya que una es una revoluci�n burguesa y la otra una revoluci�n socialista.

8. Interpretaci�n estructuralista de la Revoluci�n francesa

La interpretaci�n estructuralista se centra en la resoluci�n de problemas espec�ficos, como los que se observan en la econom�a, la sociedad, el derecho o las instituciones. Pretende una interpretaci�n del conjunto de los hechos de la revoluci�n y con m�ltiples puntos de vista.

Seg�n P�lmer y Godechot, la Revoluci�n francesa es una m�s de las revoluciones atl�nticas, que tiene las mismas aspiraciones que otras revoluciones de la zona. Esto no deja de ser determinismo geogr�fico, se produce una revoluci�n por estar enclavado en una regi�n. Pero, adem�s, es muy discutible lo de las �revoluciones atl�nticas�.

Furet y Richet consideran que el fen�meno es m�s complejo. Opinan que hay tres revoluciones simult�neas: la de los diputados de Versalles, la de las capas bajas y la peque�a burgues�a, y la de los campesinos.

Para la interpretaci�n estructuralista, la Revoluci�n francesa fue una revoluci�n burguesa, que intent� establecer la igualdad y la seguridad personal en la legislaci�n, de ah� el constitucionalismo y el liberalismo econ�mico que triunfa durante la misma. El factor decisivo en su �xito fue la puesta en marcha de la reestructuraci�n constitucional del Estado por medio de una Asamblea Nacional.

Gobban opina que la revoluci�n lo �nico que consigue es destruir la Administraci�n mon�rquica e imponer otra, republicana y napole�nica, desconectada de todo el contexto pol�tico, ideol�gico y social.

La interpretaci�n estructuralista se centra tanto en la evoluci�n de las instituciones que frecuentemente olvida los movimientos sociales que se produjeron. Sin embargo, est� es la visi�n de la revoluci�n que m�s est� triunfando en al actualidad, aunque a�n no es la m�s popular. Son los historiadores modernos quienes defienden este punto de vista.

9. Controversias y objetivos de la investigaci�n actual sobre la Revoluci�n francesa

A pesar del tiempo y los estudios sobre la Revoluci�n francesa, a�n est�n por aclarar numerosas cuestiones, como si se dio una revoluci�n, o al menos una reacci�n, de la aristocracia contra el rey, al ver que pod�an perder sus privilegios. O si hubo una o tres revoluciones como indican Furet y Richet.

Tambi�n est� en discusi�n de si la dictadura jacobina fue el punto culminante de la revoluci�n; o si fue una revoluci�n burguesa; o incluso si hubo durante la revoluci�n una ruptura con el Antiguo R�gimen o m�s bien se dio una continuidad.

Estas y otras cuestiones son motivo de estudio hoy en d�a, ya que la discusi�n sobre lo que fue y las consecuencias que tuvo la Revoluci�n francesa a�n est�n vigentes; no en vano es el hecho que, tradicionalmente, inaugura la Edad Contempor�nea.

Lo que actualmente se estudia de la Revoluci�n francesa se centra sobre la estructura organizativa y administrativa del Antiguo R�gimen, que es la parte m�s desconocida. As� como su estructura social y econ�mica.

Tambi�n se estudian el origen social, las motivaciones y los objetivos de los protagonistas de la revoluci�n, as� como los grupos sociales que actuaron durante las distintas fases del periodo revolucionario.

Otro de los objetos de estudio es la mentalidad de los grupos, y la din�mica revolucionaria de estos en las distintas fases de la revoluci�n.

Tambi�n se estudia la herencia que nos ha dejado la Revoluci�n francesa. Seg�n Ren� R�mond la revoluci�n est� en el origen de la sociedad moderna en la que hoy vivimos d�a a d�a.

BIBLIOGRAF�A

Eberhard Schimit: �Introducci�n a la historia de la Revoluci�n francesa�. C�tedra. Madrid 1980

Morales Moya y Castro Alfin: �Ayer y hoy de la Revoluci�n francesa�. Del Drac. Barcelona 1984

Daniel Gu�rin: �La lucha de clases en el apogeo de la Revoluci�n francesa, 1793-1795�. Alianza. Madrid 1974