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Tema 29. La expansi�n de los reinos cristianos en la pen�nsula ib�rica

1. Debate historiogr�fico

     Tras la invasi�n musulmana en el 711 el reino visigodo de Toledo se desmorona en pocos meses, despu�s de la batalla de Guadalete. La poblaci�n cristiana se concentra en el norte, donde se resistir� a la invasi�n. Pero, tambi�n, enseguida comienza la Reconquista. El concepto de Reconquista, de la p�rdida y recuperaci�n de Espa�a, ya lo formul� en la �poca san Isidoro de Sevilla, y fue siempre una aspiraci�n de los moz�rabes. La idea de Reconquista aparece perfectamente estructurada en el siglo XIII, en la obra del arzobispo de Toledo Jim�nez de Rada, pero ya se encuentra en el ciclo historiogr�fico de Alfonso III, en las Cr�nicas, redactadas en el reinado de Alfonso II, y hasta en el �Beato de Li�bana� a finales del siglo VIII.

     En la historiograf�a contempor�nea se debaten dos posturas: la tradicional, abanderada por Claudio S�nchez Albornoz, que sostiene que la �poca isl�mica fue un par�ntesis en la historia de Espa�a, plenamente cristiana, y que vendr�a determinada desde la Prehistoria (los aut�nticos espa�oles, herederos de la tradici�n hispanorromana y visigoda, son los que se refugiaron en el norte); y la interpretaci�n  de Am�rico Castro, que integra la �poca musulmana dentro de la historia de Espa�a, y la Reconquista como un per�odo de expansi�n de las monarqu�as feudales cristianas, an�loga a la que est� pasando en el resto de Europa; como las cruzadas o la contenci�n de los infieles al este del r�o Elba, o al norte, en torno al r�o Neva y la frontera rusa. Para Castro, la historia de Espa�a, como naci�n, comienza con los Reyes Cat�licos. No en vano, le gente anterior a ellos se consideraban visigodos, romanos, celtas o �beros, que habitaban la provincia romana de Hispania, que no es lo mismo que la naci�n espa�ola. Hoy en d�a, esta interpretaci�n tiene m�s partidarios, aunque no se pueden negar las contribuciones a la historia medieval de S�nchez Albornoz.

2. La formaci�n del reino asturleon�s: siglos VIII al X

     Tras la invasi�n musulmana, la poblaci�n cristiana, en general, se queda viviendo bajo dominio �rabe. Pero una parte de ella, y parte de la nobleza visigoda, se asienta en el norte buscando la protecci�n de las monta�as. La poblaci�n del pa�s aumenta y se consolidan las relaciones feudales: al prestar vasallaje, los campesinos, para que se les defienda de los moros.

     El reino de Asturias es el primero en organizarse. Su origen se puede encontrar en la organizaci�n de los grupos c�ntabros y astures en torno al r�o Sella, poco despu�s de la invasi�n musulmana. En el a�o 722 (seg�n S�nchez Albornoz, en el 718 seg�n la tradici�n) se produce la primera escaramuza entre los cristianos y los musulmanes, con victoria para los cristianos. Esta �batalla� tuvo lugar en Covadonga, en los Picos de Europa, acaudillados por Pelayo. Pelayo controlaba la zona, y consigui� formar una dinast�a de reyes. Pero el aut�ntico art�fice del reino de Asturias fue Alfonso I el Cat�lico (739-757). Alfonso I el Cat�lico aprovechar� las rebeliones bereberes de al-�ndalusAlándalus en español tradicional, desde el 741, y el hambre que azota la zona, para consolidar su reino en Asturias. En al-�ndalus se suceden una serie de guerras civiles entre ber�beres y �rabes y sirios. En el 748 al-�ndalus queda desconectado del califato de Damasco y comienza una guerra civil entre los Omeyas y los partidarios de los Abas�es. En el 756 Abderram�nAbb al-Rahmán en la norma culta se proclama emir en Sevilla, pero la guerra no terminar� hasta el 765. En el 753 Alfonso I el Cat�lico ataca territorio musulm�n, y conquista Galicia y Astorga, incluso llega hasta Coria y M�rida. El reino de Asturias comienza su expansi�n hasta controlar la zona mar�tima de Galicia, Asturias, Cantabria, Vizcaya y la vertiente sur de la Cordillera Cant�brica.

     El territorio conquistado por Alfonso I el Cat�lico era suficiente para las necesidades de la poblaci�n del pa�s, y sus sucesores tienen reinados de paz con los musulmanes. Fruela ha de consolidar las conquistas luchando contra los musulmanes, pero tambi�n tiene que hacer frente a la rebeli�n de los nobles vascos y gallegos. En el 774 Silo se convierte en rey de Asturias. Es un hijo de musulmanes que accede al trono por matrimonio, y comienza un periodo de paz con el Emirato.

     En el 791 Yusuf ibn Buit ataca el Bierzo y vence a Vermudo I, que abdica en Alfonso II el Casto, inici�ndose otra vez las hostilidades. Las aceifas musulmanas se hacen anuales. La del 794 llega a saquear Oviedo. Pero no son campa�as de conquista, sino de saqueo. Alfonso II el Casto terminar� con las aceifas en territorio astur, e incluso protagonizar� algunas espectaculares, como la razia de Lisboa en el 799. Alfonso II el Casto organiza el reino de Asturias al configurase con una entidad pol�tica heredera del reino visigodo, y por lo tanto legitimado para llevar adelante la reconquista de Espa�a. Establece la capital del reino en Oviedo y convierte su corte en un activo centro cultural y pol�tico, desde el que incluso se llega a mandar una embajada a Carlomagno en tiempos de Ramiro I.

     El reinado de Ramiro I es una �poca de paz, aunque tiene que hacer frente a los intentos de invasi�n normanda, en el 844, y a las aceifas musulmanas. Pero su labor fundamental es el afianzamiento del reino y la consolidaci�n del territorio al norte de la meseta, que est� muy poco poblada hasta el Duero. Es la �poca del esplendor cultural del reino astur.

     Ordo�o I repoblar� el sur de la Cordillera Cant�brica, tomar� Le�n en el 856 y repoblar� Tuy, Astorga y Amaya, en el 860. Pero ser� con Alfonso III el Magno cuando se traspase definitivamente la cordillera y se establezca la frontera en el Duero. En esta expansi�n no se ocupan territorios musulmanes, sino despoblados. Adem�s, las dificultades internas del Emirato son muy grandes, ya que tiene que hacer frente las rebeliones de mulad�es y moz�rabes, a la rebeli�n de los pr�ncipes musulmanes de Zaragoza, etc. Alfonso III el Magno toma Castrojeriz en el 882, Zamora en el 893, Simancas en el 899, y Toro y Due�as en el 900. La frontera se extend�a por los r�os Mondego, Duero, Arlanza y Arlanz�n.

     En el siglo X los problemas internos de los reinos se agudizan. En el 910 los hijos de Alfonso III el Magno conspiran contra �l y se reparten el reino: Asturias para Fruela, Galicia para Ordo�o y Le�n para Garc�a. Desde el 914 Ordo�o II ser� rey de Galicia y de Le�n, traslada la capital del reino a Le�n y contin�a la Reconquista. Aunque tambi�n ataca Navarra. Adem�s, los cristianos se aliar�n con los musulmanes enfrentados a C�rdoba, como los Ban� Qas� de Zaragoza. El reino se volver� a unir con Ramiro II, que se�ala el periodo de m�ximo esplendor de la monarqu�a.

     Con Ramiro II se consolida un espacio de tierra de nadie entre el Duero y el Sistema Central, los Extrema Durii. En el 940 Fern�n Gonz�lez repobl� Sep�lveda. Las luchas internas en el reino leon�s son cada vez m�s intensas. En el 943 Fern�n Gonz�lez, conde de Castilla, de la casa de Lara, se rebela contra Ramiro II y este le priva de su condado. La feudalizaci�n de la sociedad menoscaba el poder del rey. En el 951 Ordo�o III asume la corona.

     Ordo�o III hace una razia en Lisboa en el 955 y al a�o siguiente firma una tregua con C�rdoba. Pero ese mismo a�o Garc�a I derroca a su hermano y no ratifica la tregua. Fern�n Gonz�lez contin�a afianz�ndose en Castilla, luchando contra los moros y haciendo de su condado una entidad pol�tica cada vez m�s independiente. Fern�n Gonz�lez lleva adelante la Reconquista, por su cuenta, y tomar� parte en las guerras civiles por el trono, seg�n sus intereses. Se desata una contienda civil entre Garc�a I y Ordo�o IV. Los condes vascos atacan Castilla, en el 960. En el 965 se rebelan los condes gallegos. En el 966 Ramiro III asume el trono. Debe hacer frente a los ataques vikingos y normandos que durante esos a�os atacan Galicia. En el 976 HisamPronunciado con hache aspirada II es califa en C�rdoba, y nombra lugarteniente a Almanzor, que todos los a�os realizar� aceifas por los reinos de la pen�nsula. En el 982 se rebelan contra Ramiro III los condes gallegos, que eligen rey a Vermudo II. Se desata una guerra civil por el trono, que gana Vermudo II en el 984. Las dificultades internas del reino le debilitan. En el 988 Almanzor ataca Le�n. El reino de Le�n paga parias a C�rdoba. Pero en el a�o 1002 muere Almanzor, y el Califato entrar� en un proceso de descomposici�n que le llevar� a su desaparici�n, en el 1031.

3. La formaci�n de los reinos orientales: siglos VIII al X

     Tras la invasi�n musulmana la poblaci�n cristiana tambi�n encuentra refugio en los valles del sur de los Pirineos, tan inaccesibles como los de la Cordillera Cant�brica. Sobre todo se hace fuertes en aquellos valles que no son imprescindibles para pasar a Francia: los cuales son controlados por los musulmanes. Tras la victoria de Poitiers, en el 732, el Imperio carolingio recupera el territorio hasta los Pirineos y favorece la creaci�n de la marca hisp�nica al sur de la cordillera.

     La islamizaci�n del valle del Ebro, un territorio muy poblado y con una tupida red de ciudades, fue muy r�pida, e impidi� que los reinos surgidos al amparo de los valles pirenaicos se extendiesen m�s all� del prepirineo.

     La marca hisp�nica tiene su carta de nacimiento en el a�o 778, con la campa�a de Carlomagno por el valle del Ebro; que aunque termina en la emboscada de Roncesvalles, consolida el territorio en la vertiente sur. Tras la derrota en Roncesvalles el Imperio intenta establecer relaciones feudales con la nobleza cristiana del sur. En el 785 Gerona, Urgell y Cerde�a prestan vasallaje a Carlomagno, y desde este a�o est�n perfectamente definidos los l�mites de la marca. En el 798 Luis de Aquitania conquista Pallars y Ribagorza. El reino de Asturias ya se ha consolidado y han pasado los a�os dif�ciles del Emirato. En el 801 conquistan Barcelona. El Imperio trata de extender su dominio hacia el sur, pero se ve frenado en el valle del Ebro. La nobleza carolingia se asienta en esta zona. La marca hisp�nica es un territorio que presta vasallaje al Imperio y por lo tanto forma parte de �l, pero est� compuesto por condados independientes, que pueden unirse circunstancialmente, e incluso aliarse con los musulmanes para luchar contra los carolingios; como la alianza de Barcelona con los musulmanes en el 824. La m�xima autoridad la ostenta el emperador, sin embargo, todos los condes tratar�n de hacer su cargo hereditario, y se proclamar�n reyes tras la desintegraci�n del Imperio. Ser�n condados de la marca hisp�nica: Pamplona, Arag�n, Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgell, Cerda�a, Berga, Osona, Barcelona, Gerona, Besal�, Ampurias, Perelada, Rosell�n, Vallespir y Conflent; todos en la parte sur del Pirineo.

     En el 803 aparece en Pamplona la familia de los Arista, que tiene lazos parentales con los Ban� Qas� de Zaragoza: gobernadores del valle del Ebro relativamente independientes de C�rdoba. La solidaridad entre ambas familias les permiti� mantener la independencia frente al Imperio y al Emirato. El emir al-HakamPronunciado con hache aspirada, Alhakam en español tradicional I lleg� a un acuerdo con Carlomagno para repartirse el territorio. En �l es reconoc�a al Imperio su derecho sobre Arag�n y Pamplona. Pero tras la muerte de Carlomagno, en el 814, y el reparto de Verd�n en el 843, el Imperio se descompone y los reinos cristianos del sur afianzan sus dominios.

3.1. Catalu�a

 

     En el a�o 834 el conde aragon�s Aznar Galindo se afirma en las comarcas de Pallars y Ribagorza. Con el debilitamiento del Imperio se crean en los Pirineos tres territorios m�s o menos unificados: los condados de Pallars, Ribagorza, Urgell y Cerda�a; la zona mar�tima de Ampurias y Rosell�n; y una zona de frontera en el condado de Barcelona. En la segunda mitad del siglo IX se consuma la independencia de los condados catalanes, tras la desintegraci�n del Imperio. Pero tambi�n comienza una tendencia hacia la unificaci�n entorno a la casa condal de Barcelona. Ser� Vifredo I el Velloso quien controle Barcelona, Urgell, Cerda�a, Gerona y Besal�. Con esta base territorial inicia la expansi�n hacia el sur, ocupando la plana de Vich, en el 879, tierra de nadie, pero importante para la unificaci�n de sus dominios. Pero la marca superior isl�mica, en el valle del Ebro, estaba muy consolidada. El avance hacia el sur es mucho m�s dif�cil que en el oeste. A la muerte de Vifredo I el Velloso, Vifredo II Borrell (897-914) vuelve a prestar vasallaje al emperador, ser� el �ltimo que lo haga. Con Su�er (914-947) el condado de Barcelona ser� totalmente independiente. Borrell II env�a una embajada a C�rdoba en el 950, y es posible que en el 974 prestase vasallaje a al-Hakam II. Esta paz no impedir�a la aceifa de Barcelona del 985 por Almanzor, siendo califa HisamPronunciado con hache aspirada II.

3.2. Navarra y Arag�n

 

     El precedente del reino de Navarra est� en el de Pamplona. Desde el 770 hasta mediados del siglo IX la familia Arista ocupa el trono de Pamplona, extiende su influencia a Arag�n y tiene relaciones, por cuestiones familiares, con los Ban� Qas� de Zaragoza. Pero en el 858 una flota vikinga remonta el Ebro hasta Pamplona y cae preso Garc�a I ��iguez. Lo que supone una ruptura de relaciones, y un acercamiento de Pamplona a Le�n. En el 859, tras la batalla de Albelda, llegan al acuerdo de repartirse los dominios de los Ban� Qas�. El episodio de los vikingos debilit� la posici�n de los Arista en Navarra y favoreci� el entronizamiento de los Jimena, con Sancho I Garc�s, en el 905. Sancho I Garc�s cre� un reino feudal al estilo astur, y como los que estaban surgiendo en el Imperio: lejos de las tradiciones vasconas. Es el aut�ntico creador del reino de Navarra. Repobl� el interior y asegur� su control sobre los valles del Pirineo. Sus sucesores entroncaron con el reino aragon�s. Sancho II Garc�s Abarca ser� conde de Arag�n en el 970. Sancho Garc�s III el Mayor convirti� a Navarra en un basti�n contra los musulmanes, y ampli� su territorio con los condados de Sobrarbe, Ribagorza, �lava, Vizcaya y Castilla. Y en el 1063 Sancho IV Garc�s ser� rey de Arag�n.

     El condado, luego reino, de Arag�n est� ligado a la presencia de los francos en tierras pirenaicas desde el siglo VIII, pero sus or�genes son obscuros. En 824 nos encontramos a Aznar Galindo I al frente del condado. Sus descendientes gobernar�n Arag�n hasta el 974 a�o en el que entran en la �rbita de Navarra con Sancho II Garc�s Abarca. Pero en el 1035 Arag�n se independiza de Navarra y se convierte en reino con Ramiro I. En 1170 Alfonso II se convierte en rey de Arag�n y Catalu�a formando la Corona de Arag�n.

     Al final del milenio habr� tres reinos en los Pirineos: Navarra, Arag�n y los condados catalanes.

4. La expansi�n y la repoblaci�n hasta el siglo X

     La Reconquista ha ido unida a la repoblaci�n de las tierras ocupadas. La Reconquista no solo fue la lucha contra los musulmanes por recuperar Espa�a; tambi�n fue un periodo de razias y aceifas, s�lo por conseguir un bot�n; y la expansi�n territorial de los reinos cristianos en busca de nuevos espacios para cultivar y comerciar. Tras la derrota de Covadonga, los musulmanes tienden a establecerse en el sur, m�s urbanizado. En la submeseta norte se instalan los agricultores y ganaderos bereberes y mulad�es. El valle del Duero ser� uno de los territorios menos poblados de la pen�nsula, y casi totalmente fuera del control administrativo tanto de C�rdoba, como de Asturias y la nobleza, ya sea cristiana o musulmana. Sin embargo, la regi�n no estaba totalmente vac�a. Una serie de peque�os pueblos jalonaban el pa�s. Estas aldeas daban la alarma a ambos bandos en el momento que se iniciaban las razias. Cuando comience la expansi�n de los reinos cristianos hacia el sur estas ser�n las primeras tierras que ocupen. La repoblaci�n se har� siguiendo las pautas del Derecho romano.

     En el proceso se distinguen cuatro periodos: la repoblaci�n hasta el Duero, la repoblaci�n hasta el Sistema Central, la repoblaci�n de la submeseta sur y la repoblaci�n de Andaluc�a y Murcia. Adem�s, se diferencian tres �mbitos de avance: uno al oeste, el de los reinos de Le�n y Castilla; y dos en el este, el de Navarra y Arag�n y el de los condados catalanes, que desde 1131 es el mismo. En 1151 las coronas de Castilla y Arag�n se reparten las zonas de expansi�n, en Tudill�n. Este tratado se modificar� en 1179 en Cazorla para suprimir el homenaje de los reyes aragoneses a los castellanos.

4.1. El valle del Duero

 

     El valle del Duero era la zona m�s despoblada de la pen�nsula, aunque no totalmente desierta. Esta zona satisface las necesidades de expansi�n para la poblaci�n asturiana. Todas estas tierras fueron pobladas siguiendo una pauta similar, seg�n el Derecho com�n romano. Se ten�an en cuenta dos condiciones: todos estos territorios pertenec�an al rey; y los bald�os pasaban a ser propiedad del primer cultivador que los roturase. Era el derecho de presura: el rey otorgaba despu�s un documento acreditativo de la propiedad.

     La ocupaci�n se realiz� de tres formas principales: por cesi�n del rey a los nobles que le prestaban servicios militares, por repoblaciones eclesi�sticas de peque�os monasterios, que fueron absorbiendo las peque�as propiedades campesinas de su entorno, y por repoblaciones de peque�os agricultores que se acoger�n al derecho de presura. Esta �ltimas lograron escapar a las propiedades nobiliarias gracias a su condici�n de aldeas y comunidades de campesinos libres, con entidad jur�dica propia. Estas eran las aldeas de behetr�a que pod�an elegir a su se�or. Las dos primeras modalidades fueron m�s comunes en la expansi�n galaico-leonesa, mientras que la tercera fue m�s propia del espacio castellano. En las aldeas de behetr�a, y en las peque�as aldeas de la frontera, aparece la figura del caballero villano, un caballero que, no pudiendo pagarse el armamento y el caballo, pertenec�a a una villa que le sufragaba los gastos y a la que defend�a. Esta figura aparece en el fuero de Castrojeriz del 974.

4.2. Navarra y Arag�n

 

     En Navarra y Arag�n la repoblaci�n fue un proceso m�s complicado, puesto que sus zonas de expansi�n, lejos de estar deshabitadas, eran uno de los pa�ses m�s densamente poblados de la pen�nsula: el valle del Ebro. S�lo en los valles del Pirineo tuvieron el protagonismo de la repoblaci�n los campesinos.

     El peso de la repoblaci�n de la frontera lo llev�: la nobleza guerrera en el caso aragon�s, y los grandes monasterios en el caso navarro; aunque estas concesiones de tierras a los nobles no eran permanentes, y te�ricamente volv�an a la corona a la muerte del titular. Pero lo cierto es que se hicieron hereditarias y formaron grandes patrimonios territoriales. Tambi�n crearon grandes patrimonios los monasterios, como el de San Mill�n de la Cogolla. El territorio de expansi�n inicial era mucho menor que en el reino astur, pero tambi�n la densidad de poblaci�n de estos reinos era menor.

4.3. Los condados catalanes

 

     Al igual que Navarra, la zona de expansi�n de los condados catalanes es el valle del Ebro. Pero, a diferencia de aquellos, el peso de la repoblaci�n lo llevaron los peque�os agricultores, recurriendo al derecho de aprisioSemejante a la presura castellana. Los espacios sobre los que se extendieron fueron las llanuras costeras del Pened�s, el Vall�s y el Ampurd�n.

     A diferencia de las aldeas castellanas, las catalanas cayeron bajo el dominio de un se�or feudal que ocupaba un castillo y que ejerci� sobre ellas amplios poderes, hasta llegar a los malos usos: la intestia, por la que el se�or cobrar� la tercera parte, o m�s, de los muebles del labriego si mor�a sin testamento; la exorquia, por la que es se�or recib�a parte de los bienes del labriego si no dejaba descendencia, en el manso, al morir; la cugucia, por la que el se�or ten�a derecho a parte de los bienes, o a su totalidad, del labriego si su mujer era ad�ltera; la arsina, o indemnizaci�n al se�or en caso de incendio del manso; la firma de spoli por la que el se�or recib�a una cantidad para autorizar una dote; y la remensa, por la que el pay�s no pod�a abandonar el manso si no se pagaba una redenci�n. Este territorio, dominado por las castellan�as, se conocer� como Catalu�a la vieja, donde m�s intenso ser� el feudalismo.

5. La expansi�n en los siglos XI al XIII

5.1. �La expansi�n castellana y leonesa: siglos XI al XIII

     Entre los siglos XI y XIII los reinos cristianos comienzan a expandirse hacia el sur. El califato de C�rdoba se desmorona. En el 1002 muere Almanzor y en el 1031 se descompone el califato. Surgen, entonces, los reinos de taifas, que no tienen la fuerza suficiente para contener la expansi�n de los reinos cristianos. La suerte de la Reconquista es cambiante. Los cristianos son detenidos por los almor�vides, pero vuelven a recuperar su impulso en la �poca de las segundas taifas. En el 1171 los almohades invaden al-�ndalus y unifican de nuevo el territorio: la Reconquista se detiene moment�neamente.

     En el a�o 1212 los reinos cristianos vencen a los almohades en las Navas de Tolosa. Es la primera vez que los reinos cristianos vencen a un imperio musulm�n unificado. La Reconquista est� consolidada y s�lo quedar� Granada como �ltimo reducto isl�mico en Espa�a.

     En la expansi�n de Castilla y Le�n se distinguen tres fases: la ocupaci�n de los �Extrema Durii� en el siglo XI, la de la submeseta sur en el siglo XII, y la de Andaluc�a y Murcia en el siglo XIII, que no culminar� hasta 1492 con la conquista del reino de Granada.

     La penetraci�n al sur del Duero se hab�a iniciado en el siglo X, tras la victoria de Simancas en el 939, pero no se hab�a consolidado, y durante la �poca de Almanzor se hab�an perdido esos territorios. El avance se reanudar� a mediados del siglo XI, tras la ca�da del califato, por Fernando I (1029-1065) rey de Castilla y de Le�n. En el 1037 Castilla se convierte en reino, y luchar� por la hegemon�a en la pen�nsula con Le�n, aunque la mayor parte del tiempo son la misma corona. Los reinos de Castilla y de Le�n son independientes entre los a�os, 1065 al 1072 y 1157 al 1230, a�o de la uni�n definitiva. El avance hacia el sur del reino castellanoleon�s se caracteriza no s�lo por la ocupaci�n de tierras, sino por el cobro de parias a las taifas musulmanas. El sistema de parias se generaliza en toda la pen�nsula, en este siglo. Logra que le paguen parias y le presten vasallaje los reyes de las taifas de Zaragoza, Toledo, Badajoz y Sevilla. Fernando I ocupar� las plazas de Viseo, Lamego (1055) y Coimbra (1064). Tambi�n ha de enfrentarse a los navarros (batalla de Atapuerca, en 1054). A su muerte, en el 1065, el reino se divide entre sus hijos: Castilla para Sancho II, con las parias de Zaragoza, Le�n para Alfonso VI, con las parias de Toledo, Galicia para Garc�a, con las parias de Badajoz y Sevilla, y para Elvira y Urraca se conceden sendos se�or�os: los infantazgos. Comienza una guerra civil entre ellos por controlar todos los reinos. De esta guerra sale vencedor en el 1072 Alfonso VI, que unifica de nuevo los reinos. El reinado de Alfonso VI es crucial en la expansi�n del reino castellanoleon�s hacia el sur. En el 1085 conquista Toledo. Es la primera vez que se conquista una gran ciudad musulmana. Adem�s, Toledo era la antigua capital visigoda. Tras su conquista, Alfonso VI se titular� Imperator Toletanus. Con la conquista de Toledo la frontera se establece en el Tajo. Pero los reinos de taifas piden ayuda a los almor�vides que controlan el norte de �frica.

     La intervenci�n de los almor�vides detiene la Reconquista, al unificarse otra vez al-�ndalus y derrotar a los castellanos repetidamente. Alfonso VI conceder�a fueros a Burgos en el 1073, Sep�lveda en el 1076, Logro�o en el 1095 y restaurar�a las sedes episcopales de �vila en el 1087 y Salamanca en el 1102, en virtud de su condici�n de emperador. Pero, adem�s, hizo efectiva la repoblaci�n del espacio entre el Duero y el Sistema Central. La repoblaci�n en esta zona suele ser denominada concejil. Se trata de una repoblaci�n dirigida, planificada, en el que se daba fuero a un concejo y se le asignaba un alfoz. El territorio se denominaba comunidad de villa y tierra, con un n�cleo central administrativo y defensivo. La administraci�n ser� compartida por todos los habitantes del concejo. Este modelo de administraci�n concejil del ayuntamiento ser� el que se mantenga durante toda la Edad Moderna y el que se exporte a Am�rica. Adem�s, habr� un modelo de fuero, el de Sep�lveda, que se extienda por toda Castilla.

     El espacio entre el Duero y el Sistema Central se organiza como una sociedad de frontera, dedicada a la ganader�a extensiva, ya que las personas pod�an huir con los animales en caso de peligro. Este tipo de econom�a comienza a desarrollar la trashumancia. Tambi�n aparecen los caballeros villanos.

     El valle del Tajo y la submeseta sur, se conquistan en el siglo XII, y ofrecen condiciones totalmente distintas al valle del Duero. Su poblamiento es m�s denso. Los habitantes son musulmanes, y la vida urbana es mucho m�s activa que en los reinos cristianos. El punto de partida de la repoblaci�n de este pa�s fue la conquista de Toledo, en el 1085. A pesar de la invasi�n almor�vide, la Reconquista no da marcha atr�s. El modelo de repoblaci�n m�s difundido en el valle del Tajo es el concejil, pero sobre ciudades y pueblos musulmanes, y con un alfoz m�s amplio. El fuero que recibieron fue el que tradicionalmente se le daba a las poblaciones leonesas. En las zonas m�s expuesta, La Mancha y Extremadura, la repoblaci�n corre a cargo de los nobles y las grandes �rdenes religiosas. Sobre todo van a recibir tierras la di�cesis de Toledo y las �rdenes militares. De esta forma se crean los grandes se�or�os territoriales. Sin embargo, en estos se�or�os las ventajas para los habitantes avasallados son mayores que en otras partes, ya que deben recibir privilegios para decidirse a abandonar sus tierras y poblar otras.

     La paulatina descomposici�n del Imperio almor�vide posibilit� la reanudaci�n de la Reconquista. Entre 1144 y 1157 aparecen las segundas taifas. Alfonso VII toma Oreja en 1139, Coria en 1143, Calatrava en 1146, con lo que se consolid� la repoblaci�n del valle del Tajo.

     En el a�o 1147 los almohades comienzan a establecerse en algunas taifas y en 1157 luchan contra los cristianos en la pen�nsula con eficacia. Las taifas andalus�es prestan vasallaje a los almohades. En 1157 se separan los reinos de Castilla y Le�n, tras la muerte de Alfonso VII.

     Portugal nace de la dote que Alfonso VI concede a su hija Teresa, con motivo de su boda con Enrique de Lorena. El condado, desde muy pronto, mostr� sus tendencias secesionistas. Tras la muerte de Alfonso VI, Alfonso I Enr�quez logra la emancipaci�n del condado en 1139, proclam�ndose rey de Portugal. Los enfrentamientos con Le�n y con Castilla son constantes. En 1143 se firma la paz de Zamora entre Alfonso VII y Alfonso I Enr�quez, en la que el rey castellano reconoce la independencia de Portugal, pero prestando vasallaje a Alfonso VII. En 1142 Alfonso I Enr�quez se avasalla con la Santa Sede, con lo que hace efectiva su independencia. Alfonso I Enr�quez conquistar� Lisboa y Santarem en 1147, en los a�os 1160 el Alentejo, en 1212 Alfonso II de Portugal participa en las Navas de Tolosa, y en 1249 Alfonso III conquist� el Algarve y Faro. Es la Espa�a de los cinco reinos: Portugal, Castilla, Le�n, Navarra y la Corona de Arag�n, que tendr� vigencia hasta el 1230, a�o de la unificaci�n definitiva de Castilla y Le�n. En 1151 las coronas de Castilla y Arag�n se reparten las zonas de expansi�n, en Tudill�n. Este tratado se modificar� en 1179 en Cazorla para suprimir el homenaje de los reyes aragoneses a los castellanos. Con este tratado Navarra pierde sus oportunidades de expansi�n hacia el sur y pondr� sus esfuerzos en el norte, hasta conseguir regir el reino de Francia.

     La invasi�n almohade se produce en el a�o 1170, al mando de Ab� Yaqub Yusuf I, y detiene otra vez el progreso de la Reconquista. En 1177 Alfonso VIII, con la ayuda de Alfonso II de Arag�n, toma Cuenca, pero las conquistas cristianas son pocas. En 1195 Alfonso IX de Le�n pacta la paz con los almohades. Las disensiones se muestran entre los reinos cristianos, por las fronteras. En 1212 el arzobispo de Toledo logr� del papa Inocencio III la proclamaci�n de Cruzada para la lucha contra los almohades. Todos los reinos cristianos de la pen�nsula, y tropas francesas, se unen para luchar contra ellos. Toman Malag�n, Calatrava y Alarcos. Ese mismo a�o tiene lugar la batalla de las Navas de Tolosa, que es la puerta de entrada al valle del Guadalquivir. La derrota de las Navas de Tolosa supone el fin del Imperio almohade y del tercer periodo de taifas. S�lo se consolida la taifa de Granada.

     En el siglo XIII se conquistar� el valle del Guadalquivir, Extremadura y Murcia. La victoria de 1212 en las Navas de Tolosa modific� definitivamente el equilibrio militar entre musulmanes y cristianos, abriendo para estos el valle del Guadalquivir. Se inicia, as�, una r�pida reconquista por parte de Castilla. Pero la ofensiva militar comenz� con Fernando III el Santo (1217-1252) tras la uni�n definitiva de Castilla y Le�n en 1230. En 1236 se ocupa C�rdoba, en 1246 Ja�n y en 1248 Sevilla. A Fernando III le sucede Alfonso X el Sabio que finaliza la conquista del valle de Guadalquivir conquistando en 1262 C�diz y Niebla. Alfonso X el Sabio puso en marcha un plan de colonizaci�n del valle del Guadalquivir, en el que ten�an protagonismo las �rdenes militares (Santiago, Calatrava, Medina Sidonia, etc.), ante la resistencia del reino de Granada, y en el que tambi�n se potencian los concejos, tratando de expulsar a la poblaci�n musulmana. Tambi�n recibi� grandes extensiones la di�cesis de Toledo. Alfonso X el Sabio cre� la Escuela de traductores en Toledo que era el centro cultural m�s importante de la cristiandad. Promulg� un c�digo jur�dico, las Partidas, a ra�z de la cual se amurallan las ciudades.

     En 1243 el monarca murciano Ibn HudPronunciado con hache aspirada se declar� vasallo de Fernando III, con lo que este territorio entr� a formar parte de la Corona de Castilla. Los musulmanes de esta taifa fueron mejor tratados, hasta que tras la rebeli�n de 1244 fueron expulsados. La llegada de los colonizadores castellanos produjo resistencias entre la poblaci�n mud�jar. Forz� un primer repartimiento en 1257. En 1264 se produjo la primera rebeli�n mud�jar, pero no la �ltima. Las rebeliones fueron frecuentes hasta la expulsi�n de los moriscos en 1609.

5.2. La expansi�n de la Corona de Arag�n: siglos XI al XIII

     A comienzos de siglo XI Navarra y Arag�n permanecen unidos en manos de Sancho III Garc�s el Mayor (1000-1035). Sancho III logr� extender su reino a costa del reino moro de Zaragoza, e incorpor� las tierras de Sobrarbe y Ribagorza, es la �poca de la ca�da del califato de C�rdoba. Almanzor ataca toda la zona en sus razias, como har� con todos los reinos cristianos. A la muerte de Sancho III Garc�s el Mayor se divide el reino entre sus hijos. Navarra para Garc�a S�nchez IV, Arag�n para Ramiro I, Sobrarbe para Gonzalo y Castilla para Fernando I. Con Ramiro I el reino de Arag�n comienza su andadura como territorio independiente, en el 1035. Para conservar su independencia Sancho Ram�rez V se enfeudar� con el papado en el 1068. El avance territorial de los primeros reyes aragoneses es escaso. La Reconquista comienza con Sancho I y Pedro I que conquistan el valle del Cinca. En el 1094 ocupan Huesca, pero el avance m�s importante lo hizo Alfonso I el Batallador que en 1118 toma Zaragoza y en 1120 Calatayud y Daroca. Pero tambi�n intenta unificar sus territorios, y en 1123 sitia L�rida, ya bajo el gobierno del conde de Barcelona Ram�n Berenguer III. Mantuvo sus posesiones en Castilla hasta que fueron conquistadas por Alfonso VII de Castilla en 1127. A Alfonso Iel Batallador le sucede en 1134 Ramiro II en Arag�n, y Garc�a V Ram�rez en Navarra, que inicia su historia independiente. Ramiro II hubo de sofocar las rebeliones nobiliarias, que dar�an lugar al episodio de la campana de Huesca, en 1135. A Ramiro II le sucede en el trono su hija Petronila. En 1137 Petronila se casar� con el conde de Barcelona Ram�n Berenguer IV, que se convertir� en gobernador de Arag�n. Su hijo, Alfonso II se convierte en rey de Arag�n y Catalu�a formando la Corona de Arag�n.

     A comienzos del siglo XI los condados catalanes son una potencia peninsular independiente y consolidada. Despu�s de la aceifa contra Barcelona de Almanzor, en el 985, el conde Borrell II solicit� una tregua a C�rdoba, pero esta no dura m�s que hasta el a�o 1000, cuando los catalanes comienzan su reconquista y repoblaci�n. El progresivo desmembramiento del Califato favorece las intenciones de los condes de Barcelona. En el 1003 Abd al-MalikAbdelmalik en español tradicional ataca Barcelona, y Ram�n Borrell I pide la paz. En el 1010 comienzan las razias catalanas por al-�ndalus. Ese a�o, el conde de Barcelona, Ram�n Borrell III, apoya a MohamedPronunciado con hache aspirada. Muhamad en otras transcripciones II como nuevo califa, pero es restaurado Hisam II. En el a�o 1015 Ram�n Borrell III ataca las fronteras del Ebro y ocupa las tierras hasta el r�o Gaya. En el 1018 muere Ram�n Borrell III y le sucede su hijo, menor de edad, Berenguer Ram�n I. El condado entra en crisis y se independizan de Barcelona: Gerona y Vich. Aunque Berenguer Ram�n I restaura el condado. El dominio del condado de Barcelona sobre este pa�s es evidente a partir de Ram�n Berenguer I el Viejo (1035-1076). Comienza a utilizarse el top�nimo Catalu�a para referirse a �l. Ram�n Berenguer I el Viejo impone parias a las taifas lim�trofes, como Zaragoza y L�rida, en el a�o 1038. En el 1052 la unidad de Catalu�a permitir�a comenzar la Reconquista. Sin embargo, las luchas internas por la sucesi�n lo impidieron. Ser� Ram�n Berenguer III el Grande (1097-1131) el que ampl�e el territorio tanto al sur, como al oeste y el norte. En 1131 es conde de Barcelona Ram�n Berenguer IV,  y en 1137 se casa con Petronila, reina de Arag�n y se convierte en gobernador de Arag�n. Catalu�a se transforma en principado. Su hijo, Alfonso II de Arag�n, ser�, en 1162, rey de Arag�n y conde de Barcelona, t�tulos que llevar�n en lo sucesivo todos los reyes, creando as� la Corona de Arag�n.

     La Corona de Arag�n no s�lo se expande hacia el sur, sino que tambi�n lo hace hacia el norte y por el Mediterr�neo. Tiene bajo vasallaje a todo el MidiPronunciado /midí/ franc�s, el Rosell�n, la Provenza, Foix y hasta el Langueloc. El dominio de Arag�n sobre este pa�s no terminar�a hasta la muerte de Pedro II, en 1213. La expansi�n hacia el Mediterr�neo comenz� pronto. En 1149 Ram�n Berenguer IV hab�a ocupado Tortosa y L�rida, pero las disputas con Arag�n por la expansi�n por el este le impulsaron a extender sus dominios hacia el sur y el Mediterr�neo. Alfonso II conquista Teruel y Albarrac�n, en 1170 y 1172 respectivamente. El Tratado de Tudill�n, en 1151, hab�a limitado sus posibilidades de expansi�n hacia el sur. Pedro II el Cat�lico (1196-1213) consolidar� su territorio, pero no ser� hasta Jaime I el Conquistador (1213-1276) cuando Arag�n tenga su mayor impulso batallador. Entre 1229 y 1235 se conquistan las Baleares y en 1238 Valencia, con lo que pr�cticamente terminar�a su expansi�n en la pen�nsula. Ambos reinos se convertir�an en centros comerciales claves para la talasocracia que estableci� la corona. Pedro III el Grande (1276-1285) conquistar� Sicilia en 1282. La expansi�n por el Mediterr�neo continuar�a durante todo el siglo XIV.

     La repoblaci�n del valle del Ebro por parte de Catalu�a y Arag�n tienen rasgos distintos con la castellana, ya que este era un territorio muy poblado; y los naturales eran musulmanes. Todas las ciudades conquistadas tuvieron actas de capitulaci�n en las que se establec�a que la poblaci�n musulmana deb�a abandonar su recinto amurallado en un plazo de tiempo, aunque conservaban sus propiedades, sus costumbres y su legislaci�n. La mayor diferencia era que el se�or feudal pasaba de ser un musulm�n a ser un cristiano. La zona conquistada tras la formaci�n de la Corona de Arag�n se conocer� como Catalu�a la nueva, en donde no se impondr�n los malos usos como en Catalu�a la vieja, debido a los fueros favorables que se conced�an.

    En la expansi�n por el Mediterr�neo tienen un protagonismo singular los almog�vares. Los almog�vares eran compa��as de mercenarios catalanes y aragoneses al servicio de los reyes de Arag�n que luchaban a cambio del bot�n en la frontera musulmana. Cuando se termin� la Reconquista, ante la dificultad de mantener tropas mercenarias sin una guerra, Pedro III les env�a a Sicilia para defender al nuevo rey: don Fadrique de Arag�n, vasallo suyo. As�, la compa��a al mando de Roger de Flor, luchan contra los angevinos en las v�speras sicilianas (30 de marzo de 1282), en la que se expulsa a los angevinos de Sicilia; y tambi�n contra el papa. En los a�os siguientes y junto a otras compa��as, como las de Bernardo de Rocafort o Berenger de Enteza, conquistaron el sur de Italia y Grecia (Neopatria) llegando a enfrentarse con Bizancio. Su crueldad mercenaria les granje� muchos odios, y sus l�deres fueron asesinados. En 1309 se les unen tropas turcas y comienza a actuar como una rep�blica militar independiente. Esto les vali� perder el favor de los reyes aragoneses que en poco tiempo terminar�an con estas compa��as.

5.3. Navarra: siglos XI al XIII

     Navarra quedar� fuera de la expansi�n hacia el sur despu�s del Tratado de Tudill�n en 1151, entre Arag�n y Castilla. Navarra intentar� su expansi�n hacia el norte, emparentando con los Borbones. A la muerte de Sancho III Garc�s de Navarra se divide el reino entre sus hijos. Navarra para Garc�a S�nchez IV, Arag�n para Ramiro I, Sobrarbe para Gonzalo y Castilla para Fernando I. El reino de Navarra comienza su andadura independiente.

     Navarra ser� plenamente independiente desde el 1035 hasta el 1076 en que Sancho V, rey de Arag�n, se hace con la corona. Esta uni�n se mantendr� hasta 1134, en que Garc�a V Ram�rez el Restaurador recupere la independencia para el reino. En �l se incluyen los territorios de �lava, Vizcaya y Guip�zcoa. Sancho VI el Sabio (1150-1194) perdi� �lava, Guip�zcoa y Logro�o ante Alfonso VIII de Castilla. Sin embargo, las fronteras definitivas del reino no se establecieron hasta el reinado de Sancho VII el Fuerte (1194-1234). Navarra qued� como un reino residual entre dos grandes potencias: Castilla y Arag�n.

     Desde 1234 hasta 1274 reina en Navarra la casa de Champa�a, con lo que la monarqu�a navarra entra en el �mbito franc�s. En 1285 Felipe I ser� rey de Francia. La casa de Navarra reinar� en Francia hasta 1328.

 

BIBLIOGRAF�A

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Fernando Garc�a Cort�zar, y Jos� Manuel Gonz�lez Vesga: �Breve historia de Espa�a�. Alianza. Madrid 1994