Tema 21. Grandes l�neas de investigaci�n historiogr�fica en los siglos XIX y XX
La historiograf�a moderna nace en el siglo XIX de la mano de los ilustrados, cuando al aplicar m�todos cient�ficos en el descubrimiento de los hechos se convirti� en una ciencia. La Historia entr� a formar parte de la cultura popular y pas� a ser ense�ada en las escuelas. Se crear�n academias de historia que tratar�n de dar a conocer la historia nacional.
El siglo XIX est� influido por la Revoluci�n francesa, el ascenso de la burgues�a, la creaci�n de los Estados naci�n y la revoluci�n industrial; pero, tambi�n, por los periodos contrarrevolucionarios, y la aparici�n de un proletariado a�n m�s revolucionario. Adem�s, el Romanticismo se present� como una ideolog�a contrapuesta al racionalismo de los ilustrados. El mapa ideol�gico del siglo XIX era muy complejo.
Si la
historia contempor�nea comienza en la Revoluci�n francesa, la historiograf�a liberal tambi�n. Esta era una escuela
que intentaba justificar la Revoluci�n, antimon�rquica y proburguesa.
Tuvo su centro ideol�gico en Francia,
donde nacieron muchos de los movimientos revolucionarios burgueses que
ocurrieron en Europa durante el siglo. Los historiadores liberales introducen
una serie de conceptos nuevos, como el de clase social o lucha de clases. Son historiadores como Barnave
o Roedes
, que
sirvieron de precedente a la escuela pol�tica
que surgi� a mediados del siglo.
Pero es a Fran�ois
Guizot (1787-1874) a quien se considera como el
historiador m�s importante de esta corriente. Guizot interpreta toda la historia de Europa occidental desde la �ptica de la burgues�a triunfante, en sus obras
�Historia de la civilizaci�n en Francia� e �Historia de la civilizaci�n en
Europa�. Guizot convierte al estado llano (burgu�s) en el protagonista
de la historia. Para Guizot la historia
culmina con la revoluci�n de 1830, que significa el triunfo definitivo de la
burgues�a y el fin de la lucha de clases.
Agust�n Thierry
(1795-1856) es otro destacado historiador liberal, que intenta explicar la
historia en funci�n del triunfo de la burgues�a. Thierry muestra un profundo desprecio por la historia que s�lo trata de reyes y
gobernantes, y da al pueblo el car�cter
de protagonista de la historia, no s�lo a
la burgues�a, aunque le asigna a esta un papel dirigente.
Tambi�n liberales fueron Fran�ois-Auguste Mignet
(1796-1884) y Adolphe Thiers
(1797-1877) famoso por su cr�tica de la comuna
de Par�s de 1871. Sus aportaciones a la teor�a historiogr�fica no son
muy relevantes pero sus obras consagran la Historia como la historia pol�tica de la burgues�a.
El �ltimo gran
historiador liberal fue Alexis de Tocqueville
(1805-1859), tambi�n franc�s. Tocqueville analiz� la
expansi�n de la democracia en dos libros fundamentales: �La democracia
en Am�rica� y �El Antiguo R�gimen y la Revoluci�n�.
Tambi�n en Inglaterra hubo historiadores liberales, aunque
aqu� no hab�a que justificar el triunfo de una revoluci�n. Historiadores como Henry Hallam
o Thomas Babington Macaulay
ser�an mucho m�s conservadores, por el miedo que les produc�a la radicalizaci�n
popular. El liberalismo brit�nico considera la revoluci�n como un per�odo de caos y pillaje en el
que el pueblo impone sus intereses por la fuerza, al contrario de lo que sucede
en el tradicional compromiso de la burgues�a y la aristocracia inglesas.
La filosof�a positivista tendr� muy pronto su reflejo en la Historiograf�a. Sus m�s se�alados representantes ser�n alemanes, pero esta postura se extender� por toda Europa. El positivismo introduce la necesidad de dotar a la Historia de un m�todo cient�fico y t�cnico objetivo. A esta corriente pertenecen los aut�nticos creadores de la Historia moderna, y es la responsable de que entre en las universidades, y de que se creen academias de historia en toda Europa y Am�rica. Pero el positivismo pretender� desmarcarse de las corrientes pol�ticas e ideol�gicas, y ser neutral, con lo que dejan que la Historia sea utilizada por la clase dominante.
Es en Alemania donde surgen los primeros historiadores positivistas, un poco como reacci�n a los idealistas. Son, ideol�gicamente, nacionalistas, pero predicar�n el objetivismo y la neutralidad. Presentan la erudici�n como instrumento de trabajo fundamental, y lo convierten en la esencia de la Historia. En �ltima instancia, el positivismo tender� a formular leyes. Los documentos y la arqueolog�a se convirtieron en el objeto de estudio, tratados cient�ficamente. La Historia se hace con documentos, y el historiador no debe interpretarlos, s�lo ordenarlos para comprender los hechos.
Berthold Georg Niebuhr
(1776-1831) es uno de los m�s famosos historiadores positivistas. Sus estudios
se centran en la Roma mon�rquica, a la que concede todo tipo de virtudes. Este
ser� el modelo de erudici�n, saber muchos
hechos, pero muy locales. Aunque ser� el ministro prusiano Stein quien impulse la publicaci�n de los �Monumenta germaniae hist�rica�, que ser� la obra cumbre del
nacionalismo rom�ntico alem�n. Iniciados por la �Sociedad para el Estudio de la
Historia Pol�tica Alemana Antigua� recogen la colecci�n de fuentes de historia
medieval alemana m�s importante.
No obstante el
historiador m�s relevante fue Leopold von Ranke
(1795-1886) que ha sido considerado el fundador
de la historiograf�a contempor�nea. Ranke recoge la postura erudita de Niebuhr para
incorporarla a un nuevo modelo metodol�gico que pretende que la tarea del historiador es exponer c�mo ocurrieron las cosas.
De esta manera deja fuera del conocimiento hist�rico la interpretaci�n. Pero ni
la objetividad, ni la neutralidad, ni la imparcialidad son posibles de manera
absoluta. Ni el propio Ranke pudo sustraerse a
seleccionar los hechos m�s relevantes, ni a hacer juicios de valor. Es Ranke quien afirma que la misi�n de la historia �no consiste tanto en reunir y acoplar hechos como en
comprenderlos y explicarlos�.
En Francia el positivismo encontr� su
representante en Jules Michelet
(1798-1874). Michelet elabor� una Historia que le
acerca al concepto de historia total, a pesar de la erudici�n. En 1830
escribir� �Introducci�n a la historia universal� y en 1874 �Historia de la
Revoluci�n francesa�. En su �Historia de Francia� el pueblo pasar� a ser el protagonista de la historia, por lo que se estudiar�n los fen�menos
econ�micos, sociales, etc.
Numa-Denis
Fustel de Coulanges
(1830-1889) tratar� de conciliar el positivismo con el idealismo. Afirma que
los hechos de la historia deben ser tratados como cualquier otra ciencia usa
sus datos, aunque es cierto que de los datos hist�ricos se desprenden, de
manera natural, ideas filos�ficas. Atribuye a la inteligencia
del hombre la capacidad de cambiar la historia.
El positivismo se
convierte, en manos de Hippolyte Taine
(1828-1893), en agente del conservadurismo
mon�rquico. Su visi�n de la historia se centra en el estudio del Antiguo
R�gimen antes de la Revoluci�n francesa, y concluye que en �l estaban las
claves un cambio que se pudo producir sin revoluci�n. Esta visi�n destruye por
completo el mito objetivista y neutral.
El
idealismo hist�rico es una de las principales
corrientes del pensamiento historiogr�fico. Surge con el romanticismo
pero se desarrolla con la filosof�a de Kant y Hegel
.
Sus bases te�ricas se formularon en Alemania,
donde configuraron el movimiento nacionalista alem�n.
Johann Gottfried von Herder
(1744-1803) fue el pionero de esta ideolog�a, con su libro �Ideas sobre la
filosof�a de la historia de la humanidad�. Herder afirmaba que la historia de la humanidad,
y su evoluci�n diversa, era producto del
esp�ritu o el alma colectiva de cada pueblo, que se concretan en el
lenguaje, la literatura, la educaci�n, las costumbres, etc. Aqu� est� el origen
de los movimientos nacionalistas contempor�neos,
as� como el etnocentrismo europe�sta. Y hasta el racismo moderno.
Immanuel Kant (1724-1804) cre� toda una filosof�a de la Historia. Herder fue disc�pulo de Kant, y en este se encuentran las ideas fundamentales de su doctrina. Kant expone sus ideas en un breve ensayo titulado �Ideas acerca de la historia universal desde el punto de vista universal�. Seg�n Kant, todas las acciones del hombre tienen un fin, por lo tanto las acciones de todos los hombres, la historia, tambi�n tiene un fin: conseguir la felicidad y la libertad racional. Pero �cu�ndo y c�mo se alcanza ese fin?. Esto supone que el rumbo de la historia no depende de la voluntad de los hombres sino de la naturaleza creadora. El fin deb�a estar en una sociedad �nica, con un solo Estado y un una sola ley.
Para Johann Gottlieb Fichte
(1726-1814) la misi�n del historiador era explicar
el presente. Cada tiempo hist�rico posee unas caracter�sticas que le
identifican porque es el resultado de las
aspiraciones del pasado. Las ideas fundamentales de los per�odos del
pasado forman una secuencia l�gica seg�n el esquema
dial�ctico de: tesis, ant�tesis y s�ntesis. Pero como idealista, Fichte cree que lo que hace avanzar la historia son las
ideas pol�ticas. Fichte concibe la historia como si
su finalidad fuera el presente. Todos los hechos del pasado han de justificar
la situaci�n presente.
Pero el gran representante
del idealismo hist�rico es Georg Friedrich Hegel
(1770-1831). Hegel elabor� una filosof�a de la Historia que era en realidad la
historia vuelta filosof�a. Es decir, no s�lo historia de los hechos, sino
historia comprendida. Hegel elabor� una visi�n racional de la historia universal,
situando en el centro el esp�ritu de los acontecimientos que hacen surgir los
hechos. La historia universal es la exposici�n
del esp�ritu y c�mo el esp�ritu llega a saber de s�. Para Hegel el esp�ritu es el esp�ritu
del pueblo. Hegel cree que la historia
universal es el progreso de la conciencia de la Libertad, ya que el fin �ltimo
es ser consciente de la Libertad, y ejercerla. En este proceso, el Estado es la representaci�n que el pueblo da
a sus aspiraciones y el que garantiza la Libertad. S�lo en el Estado el hombre
tiene existencia racional. Por lo tanto, la
historia es la historia del Estado. Para Hegel todo lo real es racional y todo lo racional real. Esta es la esencia del
idealismo.
El materialismo hist�rico es la otra corriente principal de pensamiento historiogr�fico. Surge con el socialismo y se desarrolla con la filosof�a de Marx y Engels. En el siglo XIX el proletariado toma conciencia de clase, y habr� historiadores que interpreten la historia poni�ndolo en el centro de su modelo. Pero el materialismo hist�rico es mucho m�s. Aparece como una cr�tica radical al capitalismo y a la nueva hegemon�a de la burgues�a, vinculado a la lucha social, econ�mica y pol�tica de la nueva clase obrera que surge. Es una interpretaci�n de la historia que rompe con la tradici�n.
Para Karl Marx (1818-1883) el fin de la Historia no es la
interpretaci�n sino la transformaci�n de la
sociedad, ya que �la historia es la transformaci�n de la naturaleza
humana�. Pero tambi�n es Friedrich Engels
(1820-1895) art�fice principal del materialismo hist�rico. Lo fundamental del
materialismo hist�rico est� en las �XI tesis sobre Feuerbach
�, �La ideolog�a
alemana�, �El manifiesto comunista� y �El capital�. En el fondo, el
materialismo hist�rico es un m�todo de an�lisis
de la historia, a diferencia de otras ideolog�as, lo que implica que las
interpretaciones est�n abiertas, y no tienen por que ser dogm�ticas. Adem�s,
esto implica que s�lo tiene validez en la medida
en que se contrastan con la realidad, por lo que algunas de la tesis de Marx y Engels han de entenderse
en el marco jur�dico en el que surgieron.
Pero el materialismo hist�rico tiene unos principios fundamentales estables. Las premisas de las que parte son los individuos reales, su actividad y sus condiciones materiales de vida, tanto las que han encontrado preparadas como las que han podido crear con su esfuerzo. Premisas comprobables por v�a emp�rica. Toda Historia debe partir de la situaci�n f�sica de los individuos y de su relaci�n con la naturaleza; y de las transformaciones que sufre la naturaleza a trav�s del esfuerzo humano, ya que el hombre se distingue de los animales en que es capaz de producir sus medios de subsistencia. De esta manera la producci�n se convierte en elemento prioritario en la historia de la humanidad. Pero la forma en que los hombres llevan a cabo la producci�n depende de los medios de que disponen. Estos medios suponen una forma determinada de actividad, una forma de vida concreta, que refleja lo que es la sociedad. Es decir, lo que son los individuos depende de las condiciones materiales de producci�n, los modos de producci�n. Esto implica, que la totalidad de las manifestaciones sociales, tambi�n dependen de estos modos de producci�n. El modo de producci�n de la vida material condiciona al proceso de vida social, pol�tica, e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia. Esta es la esencia del materialismo hist�rico. Pero esto no quiere decir que los condicionamientos econ�micos sean los �nicos agentes que modifican la historia. Tambi�n las formas culturales que crean son ingredientes que la modifican, entre otras cosas porque ofrecen nuevas respuestas a las maneras de producci�n, y en �ltima instancia a los modos de producci�n. Los modos de producci�n no son absolutos ni estables, sino que cambian, y por lo tanto la historia cambia, se transforma, creando nuevas culturas. Es la sociedad quien hace la historia, pero en funci�n de dar respuestas a problemas concretos.
La Historia debe centrarse en el an�lisis del modo de producci�n existente en cada etapa de su desarrollo. Marx introduce conceptos b�sicos sobre los que debe centrarse la investigaci�n hist�rica: modo de producci�n, relaciones de producci�n, estructura econ�mica, fuerzas econ�micas, infraestructura, superestructura, clase social, etc. Conceptos que est�n sujetos a interpretaci�n. El materialismo hist�rico no es una interpretaci�n economicista de la historia, sino un m�todo de an�lisis que se centra en las interrelaciones de todos los agentes sociales, arrojando nueva luz sobre la historia y lo que es el ser humano. El materialismo hist�rico es la corriente historiogr�fica que m�s a ayudado a cambiar la Historia actual.
La Historiograf�a del siglo XIX ha dado sus frutos en el siglo XX creando multitud de escuelas y de interpretaciones, sin embargo, la historia de los distintos pa�ses cada vez est� m�s interrelacionada, cada vez es m�s la historia universal. La interpretaci�n de la historiograf�a dejar� de estar en manos de los fil�sofos y pasar� a los historiadores que son los que realmente hacen Historia.
Las escuelas idealistas del siglo XX tienen como fundamento las ideas filos�ficas kantianas y hegelianas.
Wilhelm Dilthey
(1833-1911) elabor� una teor�a hist�rica de base kantiana en la que parte de la
separaci�n clara entre ciencias del esp�ritu y
ciencias de la naturaleza. La Historia ser� una ciencia del esp�ritu.
Para Dilthey la Historia debe ser estudiada como experiencia
vivida, y en cuanto tal debe ocuparse del pensamiento humano. La Historia es la historia del pensamiento. Como ciencia
del esp�ritu la Historia debe tratar de la liberaci�n del esp�ritu humano.
Heinrich Rickert
(1863-1936) es el m�ximo exponente de la escuela neokantiana. En su obra �Ciencia cultural y ciencia
natural� (1899) ponen de relieve la diferencia
entre las ciencias, no s�lo por su objeto de estudio, sino tambi�n por
su m�todo. La Historia se ocupa de lo
individual, en una reconstrucci�n metal creada por el hombre.
Benedeto Corce (1866-1952) elabora una filosof�a de la Historia de ra�z hegeliana. Ha sido mencionado como el fundador de la escuela �presentista�, cuya ideolog�a se resume en que: el conocimiento hist�rico, el sujeto y el objeto, constituyen una totalidad. La relaci�n cognoscitiva es activa. Y el conocimiento y el compromiso del historiador est�n condicionados socialmente por su ideolog�a. Corce llega a negar la posibilidad del conocimiento hist�rico objetivo, y a afirmar que la Historia no es m�s que una proyecci�n del pensamiento del presente sobre el pasado. La historia siempre es presente, puesto que depende del punto de vista del historiador.
Las tesis presentistas han marcado la historiograf�a
estadounidense durante mucho tiempo, sobre todo en los a�os 30 y 40. R. C. Collingwood
(1899-1934)
fue quien sostuvo estas ideas en Estados Unidos. Formul� sus principios en el
libro �Idea de la Historia� (1943) en el que expone la tesis de que la Historia
comienza con la recreaci�n en la mente del
historiador. La Historia es la perpetuaci�n de los hechos del pasado en
el presente.
Pero las teor�as presentistas hab�an nacido en el marco del capitalismo triunfante, sin embargo, cuando este
se tambalea, aparece en Alemania la
primera teor�a c�clica del siglo XX. Fue Oswald Spengler
(1880-1936), tras escribir �La decadencia de Occidente�, quien inaugur� esta
corriente. Spengler busc� similitudes en la historia
que le permitiesen construir ciclos de apogeo y
decadencia que se repiten inexorablemente, lo que nos permite vaticinar
el futuro. Para Spengler la historia visible es el
alma hecha forma. Encuentra las similitudes en la cultura. Para �l todas las
culturas y civilizaciones nacen, crecen y mueren.
Arnold Toynbee
(1889-1975) hizo un gran esfuerzo de erudici�n y rigor hist�rico, pero su
modelo no escapa al idealismo historiogr�fico. Toynbee rechaza los grandes ciclos hist�ricos de Spengler,
pero propone los suyos. Considera que la
humanidad ha seguido v�as de evoluci�n divergentes, o paralelas, desde
un enfoque cultural, representado por diferentes
sociedades y civilizaciones. La historia de la Humanidad ha pasado por veintinueve civilizaciones, de las cuales
veintiuna se han desarrollado completamente y nueve se han abortado; catorce ya
han desaparecido: egipcia, andina, s�nica, babil�nica, ir�nica,
mic�nica, sumeria, maya, yucateca, mexicana, hitita, sir�aca, �rabe y hel�nica;
y cinco viven a�n: occidental, ortodoxa, hind�, isl�mica y extremo oriental, a
las que hay que a�adir la japonesa y la ortodoxa rusa. Las primeras ocho
civilizaciones no tuvieron relaci�n entre s�, y son el origen de todas las
dem�s. Las civilizaciones pasan por tres
estadios: uno de creaci�n y desorden,
otro de formaci�n de un Estado y un Imperio,
y otro de decadencia. La buena marcha de
una civilizaci�n depende de si es capaz de resolver
los problemas ambientales, pero cree que esta capacidad no depende de la
sociedad sino de ciertas personas creadoras,
de los grandes hombres, de la inteligencia de una minor�a
dirigente.
A pesar de lo irracional de estas formulaciones tuvieron un gran �xito gracias a su mezcla de pesimismo apocal�ptico, con el fin de la civilizaci�n, y el papel preponderante que la asignaba a la cultura de la clase dirigente, en este caso a la burgues�a. Era m�s una historiograf�a que justificaba el triunfo burgu�s que una historiograf�a cient�fica.
La escuela de los Annales
se form�
en Francia a partir de la publicaci�n de la revista �Annales de Historia Econ�mica y Social� en 1929. Su modelo hist�rico supone un giro
copernicano en la Historiograf�a. Los fundadores de la revista fueron Marc Bloch
(1886-1944)
y Lucien Febvre
(1878-1956). La escuela de los Annales ataca los fundamentos de la escuela
positiva, y tiene un claro compromiso social.
No es una escuela marxista, aunque s� utiliza
el materialismo hist�rico. Con el tiempo, esta influencia es hace m�s d�bil. En 1946 la revista se llamar� �Annales. Econom�as. Sociedades. Civilizaciones�. Todo en
plural, porque todos los hechos se enlazan y forman las civilizaciones, que no
son las de Toynbee. Pero, adem�s, la escuela
de los Annales tiene claras influencias de la
Geograf�a y la Sociolog�a.
La escuela de los Annales tratar� de comprender y explicar el pasado de cada pueblo en todas sus dimensiones, c�mo ocurri� lo que ocurri� y por qu�, para lo que utilizar�n todas las ciencias auxiliares que les sirvan en su tarea. De esta manera, rompen el estrecho margen de la especializaci�n.
La Sociolog�a ser�, siguiendo a Durhkeim
, una
realidad hist�rica aut�noma que trascend�a a los individuos, pose�a sus propias
leyes y que hab�a que estudiar a trav�s de los hechos positivos. Fue Hendir Berr quien propuso
la incorporaci�n de la sociolog�a en el estudio de la historia.
La Geograf�a, sobre todo la geograf�a humana de Vidal de la Blache
, es otra de
las grandes influencias. El marco natural se vuelve relevante, ya que en �l
est�n impresos los cambios que las sociedades han hecho en el medio. El paisaje es una creaci�n hist�rica del hombre.
Tambi�n utilizaron los m�todos estad�sticos, econ�micos y de cualquier otra ciencia, que les sirviese. La econom�a y la sociedad pasaron a ser el objeto de estudio de la Historia, por encima del Estado, las instituciones, los personajes y las guerras. Estas cosas pasan a tener un lugar secundario, ya que s�lo explican la coyuntura. La escuela tiene un marcado esp�ritu cr�tico del capitalismo dominante, y lucha contra la historia pol�tica como la �nica v�lida.
Se cambia el objeto de estudio, que pasa a ser el ser humano que vive en sociedad. Todas las manifestaciones hist�ricas deben ser tratadas como una unidad, que s�lo existe en la realidad social, en el tiempo y en el espacio. Las barreras cronol�gicas y espaciales se vuelven artificiosas. El estudio hist�rico debe centrarse en sociedades concretas, delimitadas en el espacio y en el tiempo.
La escuela de los Annales tratar� de convertir la Historia en una ciencia, para lo cual Bloch formular� un nuevo concepto de hecho hist�rico. Frente al hecho hist�rico se muestra partidario de la opci�n de hecho, de la historia como problema, de formular hip�tesis y plantear problemas. Los hechos fundamentales de la Historia pueden cambiar debido a la complejidad de la misma.
La escuela negar� el documento escrito como fuente indiscutible y m�xima de conocimiento hist�rico. Toda realizaci�n que parta de la actividad humana ser� una fuente.
La escuela
de los Annales supone un nuevo
rumbo en la historiograf�a moderna que no se puede evitar. En ella
trabajaron historiadores tan importantes como Frenand Braudel
, que
dirigir�a la revista y fijar�a su atenci�n sobre los ritmos de evoluci�n
temporal: el corto plazo para los
acontecimientos, el medio plazo para las
coyunturas, y el largo plazo para las
estructuras. Otros historiadores relevantes fueron: Emanuel Le Roy Ladurie
, Pierre Chaunu
o Marc Ferro
.
La
historia econ�mica nace con la econom�a pol�tica burguesa, junto con el capitalismo y la revoluci�n industrial. Sus impulsores
ser�n los grandes economistas. Adam Smith
, David Ricardo, Thomas Robert
Malthus y Karl Marx. Pero
fueron historiadores econ�micos destacados, tambi�n, Friedrich
List, Bruno Hildebrand
, Wilhelm Roscher
y Karl Knies, que adoptar�n una postura evolucionista y organicista, poniendo de relieve la
unidad de las ciencias sociales, y creando la teor�a
de los niveles de desarrollo econ�mico.
En Alemania surgi�, tras la unificaci�n, una escuela de econom�a hist�rica cuyo m�ximo
representante fue Gustav Schomoller
(1838-1917). Sus estudios econ�micos fueron muchos, pero siempre acudi� a la erudici�n como m�todo de trabajo. Sin embargo,
pondr� en el centro del hecho hist�rico la evoluci�n econ�mica.
No cabe duda de que fue el marxismo la ideolog�a que m�s influy� en estos historiadores, sin embargo, tambi�n hubo corrientes no marxistas. La historiograf�a econ�mica dio lugar a una Historia cuantificada: con series de precios, salarios, producci�n, etc., y a la utilizaci�n masiva de la estad�stica en Historia.
Esta metodolog�a dar� tres corrientes, la historia serial, representada por la escuela de los Annales, la historia cuantitativa en el mundo anglosaj�n, y la nueva historia econ�mica, en los Estados Unidos.
En la historia serial destacan historiadores como Cardoso, P�rez Brignoli, Pierre Chaunu
, J. Meuvert
, Fran�ois Furet, etc., que
contribuyen a la cr�tica las fuentes seriales. Tambi�n ponen en tela de juicio
la posibilidad de una Historia global, ya que las series econ�micas revelan
numerosas divergencias. El m�todo estad�stico utilizado por ellos se ha empleado en otros campos, como la Demograf�a.
La historia cuantitativa y la nueva historia econ�mica se suceden en el
tiempo en el mundo anglosaj�n, sobre todo en Estados Unidos, gracias al marginalismo en econom�a, que proporciona una
teor�a unificada sobre tres factores a analizar:
la tierra, el trabajo y el capital. Estos ser�n los factores que m�s incidan en
el crecimiento econ�mico, y por lo tanto en los ciclos econ�micos hist�ricos.
En esta escuela destacaron Simon Kurzets
, Alfred H. Conrad
, John R. Meyer
, Robert W. Fogel
, Stanley L. Engerman
, etc.,
aglutinados tras la Revista de Econom�a Hist�rica. Esta escuela
trat� de justificar la situaci�n hegem�nica de los Estados Unidos tras la
segunda guerra mundial. Su m�todo tiene el innegable m�rito de poner de relieve
la importancia de ciertos hechos hist�ricos en el desarrollo econ�mico de un
pa�s.
2.4. La nueva historia social
La historia social es la aut�ntica historiograf�a marxista, aunque sufra profundas modificaciones dependiendo de la experiencia del �socialismo real� y de la evoluci�n ideol�gica derivada del contacto con la realidad social. Habr� diferentes corrientes, dependiendo de si el marxismo est� bajo reg�menes comunistas, en los pa�ses desarrollados o en los pa�ses del Tercer Mundo.
Yuri Plej�nov (1856-1918) fue el introductor del marxismo en Rusia. Es un pensador que abarca temas de todos los campos. En el terreno de la Historia ayuda a fijar los principios del materialismo hist�rico.
Tambi�n Lenin (1870-1924) hizo un an�lisis hist�rico en sus escritos sobre la revoluci�n. Centra su atenci�n en la situaci�n econ�mica de la Rusia de su tiempo, para lo que utiliza gran cantidad de datos estad�sticos y cuantitativos. Se fija en la introducci�n de los mecanismos capitalistas en el campo, en el desarrollo industrial, en la formaci�n del mercado, etc.; y en sus interrelaciones, lo que le convierte en un historiador econ�mico y social. Este ser� el modelo de la historia social.
Karl Kautsky (1854-1938) y Rose Luxemburg
tendr�n una
obra en el mismo sentido, como muchos otros marxistas en Europa, por ejemplo
Jean Jaures
(1858-1914).
Con el triunfo de la Revoluci�n rusa cambia, radicalmente, la situaci�n del marxismo, sobre todo a ra�z del estalinismo. La Historia se impulsa de manera decidida desde un Estado socialista y con una concepci�n materialista. Con el estalinismo la Historia se hizo dogm�tica, y se puso al servicio del r�gimen sovi�tico, como la nueva historia econ�mica se puso al servicio del capitalismo. Mij�il N. Pokorvski (1868-1932) fue el �nico historiador de talla que se puso al servicio del r�gimen.
Sin embargo, hubo
historiadores que se desmarcaron de esta servidumbre. Georg Lukacs (1886-1961), Karl Korsch (1891-1937) y Antonio Gramsci
(1891-1937) desarrollar�n sus teor�as en contacto con la praxis revolucionaria,
por lo que superan el economicismo reduccionista del estalinismo. De los tres, Gramsci es el m�s
original. Combate el economicismo y se centra en el
hombre y la sociedad como motor de la historia. Se sit�a en el l�mite del
idealismo. Distingue entre movimientos org�nicos,
de largo plazo y dependientes del modo de producci�n, y movimientos de coyuntura de corto plazo y dependientes de la
voluntad de los hombres; en los que hay que tener en cuenta los movimientos
org�nicos. Ambos tienen importancia. La estructura y la superestructura forman un bloque
hist�rico interrelacionado que hay que estudiar en conjunto.
Las obras de Ernest Labrousse
, Vere Gordon Childe
(1892-1957) y Maurice
Dobb (1900-1976) impulsar�n la renovaci�n
del marxismo tras la ca�da del estalinismo. Cada vez m�s, los estudios
se centran en las condiciones materiales en las que viven los hombres y en las
estructuras que crean.
En la siguiente generaci�n surgen figuras tan
importantes como las de Pierre Vilar, con su idea de la Historia total, basado en
las realizaciones pr�cticas de los hombres, George Lefebvre
, Albert Soboul
, Michelle Vovelle
, Guy Bois
, Pierre Goubert
, Jacques
Dorz,
Jean Chesneaux
, etc.
Sin embargo, la mayor contribuci�n a la renovaci�n vino del marxismo ingl�s, dentro del grupo de Historiadores del Partido Comunista, con
figuras como, Christopher Hill
, John Saville
, Eric J. Hobsbawm
,
Rafael Samuel
, Edward P. Thomson
, Rodney Hilton
, Raymond Williams
,
etc., que optan por el compromiso pol�tico. Se pretende estudiar la historia en
su totalidad, superestructura e infraestructura. Esta es la �nica manera de
comprender el pasado, la historia total de la sociedad. Har�n una apuesta por
la historia de las clases populares, y en particular los pobres. Con ellos la
historiograf�a marxista ha dejado de ser dogm�tica, y han contribuido a hacer
de la Historia una ciencia.
Tras la ca�da del muro de Berl�n en 1989 y el fin del r�gimen sovi�tico en 1991, el capitalismo, y EE UU, se sienten triunfadores de la guerra fr�a y declaran que se ha alcanzado la sociedad perfecta, �la historia ha terminado!.
En 1989 Francis Fukuyama public� un art�culo titulado �El fin de la historia� en el que sosten�a que las instituciones que comprende el Estado de los pa�ses ricos modernos son las m�s perfectas que pueden existir, y que por lo tanto la historia (los cambios hist�ricos) ha terminado. Es, pues, una tesis idealista de corte hegeliano, pero �se piensa lo mismo en los pa�ses del Tercer Mundo?. Ese art�culo se convirti� en libro en 1992, con el t�tulo de �El fin de la historia y el �ltimo hombre�, en el que la teor�a se queda vac�a. Sin embargo, el art�culo ha tenido un �xito enorme, por lo escandaloso de su t�tulo y la publicidad que los conservadores estadounidenses le han dado. Despu�s de esto las escuelas historiogr�ficas se han multiplicado, para desligarse tanto del marxismo como del triunfalismo capitalista.
Una de las primeras escuelas
es la historia narrativa que
pretende recuperar la narraci�n como m�todo de investigaci�n historiogr�fica,
tratando de parecer neutral y sin carga ideol�gica. Historiadores como Hayden White
,
Sande
Cohen, Gertrude Himmelfarb
o Simon Schama
. Tiene
semejanza con la microhistoria de Carlo Ginzburg
, y N. Z. Davis
, que cuenta
peque�as an�cdotas que ocurrieron en el pasado. A la postre utilizan la erudici�n como m�todo de investigaci�n y eluden
la explicaci�n hist�rica. La popularidad de esta tendencia se debe al �xito
editorial que supone la venta de los libros. Este es el tipo de Historia que
apoyaba el fascismo.
Otra modalidad es la historia cientificista, que busca en las
ciencias auxiliares la justificaci�n de las explicaciones. Es el retorno al
positivismo. En el fondo desprestigia a la Historia como ciencia. Esta posici�n
se remonta a los a�os 50 con historiadores como C.
P. Snow
y el
fil�sofo Karl Poper
, y en la
actualidad a Carlo M. Cipolla
o K. N. Chaudhuri
. Pretenden
utilizar las Matem�ticas, pero en el fondo desconocen c�mo.
La clinometr�a es otra tendencia
cientificista. Sus m�todos son los de la econom�a y acuden a la historia para
completarlos, y recoger los datos. Destacan historiadores como Peter
Temin, K. J. Arrow
, R. E. Solow
, o Charles P. Kindleberger
.
Pero, tambi�n, utilizan otras ciencias como la Sociolog�a, la Antropolog�a, o
la Estad�stica. La clinometr�a se debate entre la
historia econ�mica y la econom�a hist�rica, debate resuelto en los primeros
a�os del siglo XX. Adem�s, trata de hacer predicciones, lo que en Historia es
absurdo. No parece que la historia pueda reducirse al estudio, por muy cient�fico
que sea, de un s�lo problema.
La ecohistoria, y el estudio de los
recursos naturales y el espacio desde el punto de vista de la geograf�a humana
tambi�n se ha puesto de moda. Esta corriente ha
puesto de relieve problemas razonables, y temas nuevos en la
investigaci�n hist�rica. Pero fijar la atenci�n en estos problemas es tambi�n
una postura reduccionista. La preocupaci�n por la
influencia de la humanidad en el entorno es un cl�sico de la Historia y de la
Geograf�a. Lo que es nuevo es la reducci�n ecologista. Est�n en esta postura
historiadores como N. J. G. Pounds
, Carl O. Sauer, Alfred
W. Crosby, Le Roy Ladurie
o J. R. Kloppenburg
. Desde
esta escuela, Jan de Vries
nos
ha llamado la atenci�n sobre la influencia del clima, y sus cambios, en las
sociedades, sobre todo a largo plazo. Tambi�n son interesante las obras de John Murra
, Angel Palerm
y Mart�nez Alier, lo que revela que este es un asunto de
utilidad en la Historia, pero no exclusivo.
El cientificismo de estas tendencias hace una reducci�n de la historia, pero, adem�s, pretenden una objetividad que no tienen, ya que toda Historia posee una concepci�n global definida. Se ha pasado de utilizar ciencias auxiliares en la investigaci�n hist�rica, a convertir esas ciencias en el centro de la Historiograf�a. Han aparecido as� historias fragmentarias, como la de la demograf�a, la sexualidad, la infancia, las mujeres, el vestido, el proceso de urbanizaci�n, la pobreza, etc., que tienden a asilarse entre s� y a constituirse en una ciencia, sin darse cuenta de su concepto global de la Historia, por lo que asumen el dominante o la moda.
Ante este panorama
historiadores como Gertrude Himmelfarb, Foucault
, Celeuze
, Dosse
o Derrida
, reclaman la
vuelta a un �nuevo historicismo�, a una
Historia global. Para ello pretenden volver a la explicaci�n hist�rica a trav�s
de los textos, pero asumiendo la ideolog�a capitalista dominante, t�citamente.
Tambi�n existe el riesgo
de que el abandono de las explicaciones econ�micas derive en una historia de las mentalidades como proponen
Aries
, Jacques
Revel, Chaunu
, Chartier
o L�vy-Bruhl
.
Pero siempre ha habido
historiadores que han tratado de integrar los
estudios parciales en una visi�n global de la historia: en la historia
de la cultura y la historia social de los marxistas dogm�ticos. Sin embargo,
los actuales estudios de historia social est�n muy alejados de ese dogmatismo. Son las tendencias que estudian la
historia y sus cambios como un fen�meno conjunto, con sus elementos econ�micos
y culturales. Este es el caso de historiadores como Gramsci,
Walter Benjamin
, Raymond Williams
,
Christopher Hill
,
E. P. Thomson, Gur�vich o Bajtin
.
La Historia no debe
perder sus objetivos, debe hacernos entender
c�mo era el mundo cuando este era presente. La Historia debe ser una
ciencia que intente abarcar lo humano en su conjunto, de acuerdo con un
objetivo que trascienda a la ciencia, como es el de explicar el mundo real y
ense�ar a otros a verlo con ojos cr�ticos, para ayudar a trasformarlo.
BIBLIOGRAF�A
Luis Su�rez Fern�ndez: �Corrientes del pensamiento historiogr�fico�. Eunsa. Pamplona 1996
Josep Fontana: �La Historia despu�s del fin de la historia�. Cr�tica. Barcelona 1992
Pelai Pages: �Introducci�n a la historia�. Barcanova. Barcelona 1983
Emilio Mitre: �Historia y pensamiento hist�rico�. C�tedra. Madrid 1997