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Tema 20. El conocimiento hist�rico. Tiempo hist�rico y categor�as temporales. El historiador y sus fuentes. Explicaci�n y comprensi�n en la Historia

1. El conocimiento hist�rico

     Resulta m�s f�cil decir qu� no es la Historia que definir lo qu� es. La Historia no es una ciencia hipot�tico deductiva que tenga modelos de interpretaci�n que pueda aplicar a priori. La Historia parte de un dato y analiza su comportamiento racional, con lo que deduce la estructura l�gica de su m�todo de una manera emp�rica.

     La Historia ha pasado de ser un relato erudito del pasado a ser una explicaci�n de c�mo viv�an las sociedades antiguas, que aclara c�mo se vive en las sociedades actuales. La Historia es fundamentalmente un instrumento ideol�gico que permite analizar lo que pasa en nuestro mundo actual. Este instrumento es de vital importancia hoy en d�a, ya que Internet es un medio de difusi�n de la informaci�n que no est� filtrado por nadie, y por lo tanto todos debemos tener una herramienta que nos permita diferenciar entre los mensajes v�lidos y los que no lo son.

     La Historia no puede crear un cuerpo de leyes ciertas e inmutables que se repitan experimentalmente, no es una ciencia experimental, pero s� es un instrumento para abrir las puertas de un conocimiento del mundo razonado.

     Como cuerpo te�rico la Historia comienza con Herodoto y Tuc�dides. Ambos comprendieron que la Historia era algo m�s que un relato. Tuc�dides busc� analog�as entre los hechos hist�ricos del pasado y los del presente, formulando su teor�a de los ciclos. Pero lo m�s importante de esto es que la Historia serv�a para algo, dejaba de ser un cuento y comenzaba a ser interpretaci�n. Sin embargo, hasta el siglo XIX la Historia ser� fundamentalmente una colecci�n de datos. Se cuentan y explican los hechos de los grandes hombres y las instituciones, y se describen c�mo son los pueblos que se conocen.

     Es en el siglo XIX cuando la Historia se constituye como ciencia, con m�todos cr�ticos y extendiendo su campo de estudio a la Paleograf�a, la Numism�tica, la Arqueolog�a, y muchas otras ciencias auxiliares; de la mano de NiebuhrPronunciado /niébur/ y Ranke. A partir de entonces, la ciencia explicar�a los hechos; el esfuerzo de interpretaci�n es lo que dar� a la Historia su originalidad. Cu�les son los hechos m�s importantes, cu�les son los m�todos de interpretaci�n, o si se puede hacer una historia general o s�lo local y documental es un debate de las distintas escuelas historiogr�ficas, pero todas ellas tratar�n de interpretar los hechos del pasado.

     Una concepci�n atemporal de la Historia es: el conocimiento del pasado humano. Conocimiento, y no narraci�n, aunque la divulgaci�n de ese conocimiento se haga de manera escrita, como un relato. Considerar a la Historia un estudio o una investigaci�n es confundir los fines con los medios. Es conocimiento del pasado, no de las sociedades, ya que se da por hecho que la humanidad vive en sociedad. Y no de los hechos, ya que eso es la realidad. Del pasado humano, ya que nos interesa el hombre en cuanto tal. Para Marx la historia entera no consiste m�s que en una continua transformaci�n de la naturaleza humana.

     El historiador no pretende revivir los hechos, sino conocerlos; saber c�mo fueron cuando eran presente. Es la situaci�n que viv�an como presente las personas del pasado lo que nos interesa. Recl�s expresa la interrelaci�n entre Geograf�a e Historia con su frase �la Historia es la Geograf�a del tiempo y la Geograf�a es la Historia del espacio�. El tiempo pasado no est� aislado sino que ha dado sus frutos y tiene consecuencias en el presente.

2. El tiempo hist�rico y las categor�as temporales


     El tiempo que estudiamos se percibe como cambiante, multiforme y confuso (como el presente) pero el historiador procura saber de la �poca m�s cosas de las que sab�an quienes las viv�an (entre otros motivos porque conoce el desenlace de los hechos), no en los detalles, sino en las explicaciones generales que identifican y definen la �poca. De ah� la dificultad de hacer Historia de los hechos vividos. El defecto de la historia local es que es excesivamente exclusivista. No es m�s exacto un testimonio por estar m�s cerca de los hechos. Pero tampoco debemos considerar que la Historia no pasa por los particularismos de cada uno. Una historia local, perfectamente explicada y coherente con las grandes l�neas generales, arroja mucha luz acerca del presente y del pasado.

     El tiempo es inseparable de la Historia, pero el tiempo hist�rico no es el mismo que el f�sico. Para los historiadores el tiempo es el principio y el fin de sus investigaciones. El tiempo hist�rico no es unidimensional. El tiempo de los historiadores es el que viven los individuos, el de su organizaci�n social y econ�mica. La permanencia de unas determinadas estructuras es lo que determina los per�odos hist�ricos y su evoluci�n. Permanencia y movimiento en el tiempo es lo que interesa a los historiadores.

     La permanencia y evoluci�n de unas estructuras en un espacio es lo que determina las categor�as temporales que delimita el historiador. El tiempo hist�rico no tiene un valor universal, ni incide de la misma manera en todas las sociedades, ni simult�neamente. Existen per�odos de tiempo en los que el n�mero de acontecimientos importantes, o al menos conocidos, es mayor que en otras, y parece que tienen m�s importancia. Son los per�odos de cambio. En general, los hechos m�s lejanos abarcan m�s a�os y se consideran menos importantes que los m�s cercanos, en el creer popular.

     Para BraudelPronunciado /brodel/ existen tres categor�as hist�ricas: el tiempo corto, medio y largo. El tiempo corto es el que afecta a los acontecimientos, a la medida de los individuos, a la vida cotidiana. Es el tiempo del cronista y del periodista. Esto, independientemente de la transcendencia hist�rica que tengan. La ca�da del muro de Berl�n, por ejemplo. Es la historia de los acontecimientos, que no suelen tener en cuenta las estructuras econ�micas y sociales en las que tienen lugar. El tiempo medio es la duraci�n de la coyuntura. Este tiempo est� plagado de acontecimientos. Sin embargo, es tambi�n un lapso breve caracterizado por el movimiento, y que se desarrolla durante la vida de una persona. Como por ejemplo una crisis econ�mica, la transici�n espa�ola o una guerra. La variedad de duraciones efectivas es mucho mayor. El tiempo largo es el que corresponde a las estructuras, aquellas realidades hist�ricas que permanecen por debajo de los acontecimientos y de las coyunturas y que no se modifican con un s�lo acontecimiento. Permanecen durante varias generaciones. En estas condiciones se crean Estados, pa�ses, etc., como el franquismo, el comunismo en Rusia, pero tambi�n modos de entender la sociedad, la pol�tica y las relaciones econ�micas. Los cambios de una estructura a otra son lentos y afectan a multitud de acontecimientos importantes, por lo que no es f�cil determinar con exactitud y definitivamente cu�ndo comienzan y cu�ndo acaban. Tambi�n son de larga duraci�n los modos de producci�n y las edades hist�ricas. Estas estructuras permanecen por debajo de cambios de Estado y creaciones de pa�ses. Son los tiempos del Antiguo R�gimen, la Edad Antigua o la �poca capitalista. El movimiento es muy lento, si bien est� determinado por situaciones coyunturales. En realidad instituciones creadas en otras �pocas pueden perpetuarse m�s all� de ellas: como la familia, la Iglesia, el Ej�rcito, etc. Aunque cambian su naturaleza para dar respuesta a los nuevos tiempos. Parece que lo que m�s lentamente cambia son las estructuras mentales, y las formas de interpretar y comprender el mundo, que incluye desde la religi�n a la filosof�a, pasando por los mitos, la literatura, el arte, etc. Los diferentes enfoques de las estructuras que definen las distintas �pocas han tenido como consecuencia la creaci�n de numerosos modelos de periodizaci�n hist�rica.

Los modelos de periodizaci�n y la cronolog�a

     Uno de los problemas a los que se enfrenta el historiador es el de la objetividad de las fechas. El calendario es fundamental en esto, y este es una convenci�n que se ha cambiado en algunas ocasiones. No todos utilizamos el mismo calendario. Est�n vigentes los calendarios chinos, musulmanes o hebreos. El calendario juliano, creado en el 43 a.C. por Julio C�sar, estuvo vigente, en algunas partes del mundo, hasta el siglo XX. Aunque es cierto que el calendario m�s universal, y oficialmente aceptado por todos, es el calendario gregoriano, creado en 1580 por el papa Gregorio XIII, y aceptado desde entonces en toda Europa occidental. Otros intentos de crear calendarios, como el c�lebre calendario republicano de la Revoluci�n francesa, han fracasado, y es que es muy dif�cil cambiar la costumbre. Pero todos los calendarios son arbitrarios. El actual toma como a�o 1 el supuesto a�o en el que naci� Jesucristo. Sin embargo, por muy importante que sea esta fecha para los cristianos no es, objetivamente, una fecha relevante, no deja de ser una convenci�n. Pero la importancia de un calendario un�nimemente aceptado es vital para localizar los hechos de la historia en el tiempo, un tiempo reconocido por todos.

     El tiempo pasado es un objeto demasiado amplio y diverso como para estudiarlo en conjunto como una sola unidad, por lo que los historiadores lo han tratado de dividir en diferentes escalas temporales, �pocas, siglos, d�cadas, en las cuales aparecen como temas de estudio diferentes hechos que definen unos y otros.

     La historiograf�a tradicional ha dividido el tiempo pasado en edades. Existen dos per�odos b�sicos: la Prehistoria, tiempo anterior a los documentos escritos, y la Historia. La Prehistoria se divide en: Paleol�tico, antes del descubrimiento de la agricultura, la ganader�a y la artesan�a; Mesol�tico per�odo de transici�n; y Neol�tico, despu�s del descubrimiento de la agricultura, la ganader�a y la artesan�a. Por su parte la Historia se divide en: Edad Antigua, desde las primeras culturas de las que tenemos documentos escritos hasta la ca�da del Imperio romano; Edad Media, desde la ca�da del Imperio romano hasta el descubrimiento de Am�rica y la ca�da de Constantinopla; Edad Moderna, desde el descubrimiento de Am�rica hasta la revoluci�n industrial y la Revoluci�n francesa; y Edad Contempor�nea, desde la Revoluci�n francesa hasta la actualidad. A esta escala, es el modo de producci�n lo que aparece como objeto de estudio. Evidentemente, esta periodizaci�n es arbitraria y euroc�ntrica, pero es la m�s utilizada. Sin embargo, no es la �nica manera de dividir la historia.

     Otra periodizaci�n es la de Arnold ToynbeePronunciado /árnold toinbí/ que considera que la historia de la humanidad ha pasado por veintinueve civilizaciones, de las cuales veintiuna se han desarrollado completamente y nueve se han abortado; entre las que est�n los esquimales, los osmanl�es y los espartanos. Catorce ya han desaparecido: egipcia, andina, s�nica, babil�nica, ir�nica, mic�nica, sumeria, maya, yucateca, mexicana, hitita, sir�aca, �rabe y hel�nica. Y cinco viven a�n: occidental, ortodoxa, hind�, isl�mica y extremo oriental, a las que cabr�a a�adir la japonesa y la ortodoxa rusa. Las primeras ocho civilizaciones no tuvieron relaci�n entre s�, y son el origen de todas las dem�s. Por otro lado, todas las civilizaciones pasan por un per�odo de creaci�n, otro de desarrollo y otro de decadencia. Sin embargo, esta periodizaci�n no se ha impuesto en ning�n lado.

     La �nica alternativa a la divisi�n tradicional es la marxista, basada en el materialismo hist�rico. Seg�n esta periodizaci�n la historia se divide en modos de producci�n, los cuales pueden convivir en el tiempo y en distintas partes del mundo; lo que permite una Historia no euroc�ntrica. Pero lejos de establecer unos modos de producci�n inmutables, en el marxismo se ha discutido cu�les son y c�mo se suceden, incluso si todas las sociedades han de pasar por todos ellos. Los modos de producci�n b�sicos son: Tribal, de recolectores y cazadores y los primeros estadios de la agricultura y la ganader�a, la propiedad ser�a, en buena medida, comunal, la divisi�n del trabajo es elemental y comienza a desarrollarse el esclavismo; Comunal-Estatal, o Antigua, en la que el propietario es la ciudad estado de la antig�edad, subsiste el esclavismo, comienza a desarrollarse la propiedad privada, la divisi�n del trabajo se hace m�s compleja, se diferencia entre campo y ciudad, algunas personas no producen bienes y aparecen las diferencias de clase; Feudal, con predominio rural y de la propiedad comunal en la que la fuerza de producci�n son los hombres libres sometidos a servidumbre, y en las ciudades aparece la propiedad gremial; y Capitalista, la actual, con predominio de la propiedad privada y fuerte divisi�n del trabajo. M�s tarde Marx y EngelsPronunciado /éngels/ introdujeron el modo de producci�n Asi�tico, con lo que se romper�a el eurocentrismo y el mecanismo inevitable que hac�a pasar a todas las sociedades por todos los estadios. Pero ni Marx ni Engels eran especialistas en Historia. El estalinismo redujo estos estadios a cinco: Comunidad Primitiva, Esclavista, Feudalismo, Capitalismo y Comunismo, dejando fuera el Asi�tico. Esta reducci�n volv�a otra vez la Historia lineal y euroc�ntrica. Tras la muerte de Stalin se estableci� otra periodizaci�n, unilineal, con siete estadios, o modos de producci�n, seg�n Godelier: Comunidad Primitiva, Asi�tico, Antiguo, Esclavista, Germ�nico, Feudal, y Capitalista. Otra vez todas las sociedades tendr�an que pasar por todos los estadios, generalizando los modos de producci�n europeos y asi�ticos a todo el mundo, sin duda un exceso. El modo de producci�n Antiguo de dividir� en dos: Antiguo y Esclavista. Se suprime el Socialismo por no ser un modo de producci�n hist�ricamente desarrollado. Aunque las interpretaciones unilineales han sido las m�s conocidas no han sido las que m�s han contribuido a la Historia. Se han desarrollado otras periodizaciones que no son unilineales, y en las que un modo de producci�n genera m�s de una soluci�n. Melotti establece un sistema muy parecido al de Marx y Engels: Comunidad Primitiva, que se diversifica en Asi�tica, Eslava, Germ�nica y Antigua, que dar� la Esclavista; y luego Feudal y Capitalista. La complejidad de modos de producci�n no favorece la implantaci�n de esta periodizaci�n, pero el estudio de los modos de producci�n del pasado, en los distintos pa�ses, es lo que permitir� hacer una Historia no euroc�ntrica que explique la realidad del mundo de hoy.

3. Las fuentes

     La Historia se hace con fuentes. Una fuente es aquello que nos permite verificar un hecho hist�rico. La concepci�n tradicional de la Historia s�lo considera como fuente el texto escrito. De hecho hemos visto que se divide la historia de dos partes: Prehistoria, antes de los textos escritos, e Historia, con la aparici�n de la escritura. Pero, evidentemente, esta es una visi�n reduccionista de la historia. Historia es todo lo que ocurren desde la aparici�n de la humanidad sobre la Tierra, haya texto o no. La escuela de los Annales negar� el documento escrito como fuente indiscutible y m�xima de conocimiento hist�rico. Toda realizaci�n que parta de la actividad humana ser� una fuente.

     Consideraremos fuentes, pues, a los textos escritos, la arqueolog�a, las tradiciones orales, el arte, etc. Todo lo que ha producido la humanidad y todo lo que puede darnos informaci�n sobre el pasado. Evidentemente, las fuentes escritas son las m�s utilizadas: relatos, cartas, estad�sticas, literatura, padrones, archivos, toponimia, etc. El documento por excelencia es el texto legal, pero este es interesado, ya que deja constancia de lo que interesa a quien tiene el poder. Un libro de Historia no es una fuente, puesto que es un libro que ya interpreta los documentos.

     El mayor problema al que se enfrenta el historiador es el de c�mo conocer los hechos del pasado. Para ello hay que buscar testimonios que nos los cuenten, fuentes que suelen estar dispersas. Pero una vez localizadas no se pueden creer sin m�s, es necesario comprobar su autenticidad, su veracidad, qu� en el documento es adorno, si hay ocultaciones, etc. Los documentos conservados no hablan de lo que a nosotros nos interesa, sino de lo que les interesa a quienes los hacen. Por eso, de ciertos hechos puede haber muy pocos documentos, mientras que de otros existen innumerables datos, con lo que es necesario hacer un proceso de selecci�n de los documentos, la Heur�stica.

     El problema fundamental es determinar el grado de fiabilidad de la fuente, sobre todo si esta es escrita. Hay que determinar su autenticidad, saber su origen (que puede ser interesado), conocer el grado de credibilidad y hacer una cr�tica de ella. Pero, una vez estudiada y comprendida la fuente, no basta con publicar el hecho, es necesario interpretarlo y elaborar el conocimiento hist�rico.

4. Explicaci�n y comprensi�n de la Historia

     Por muchos hechos del pasado que se quieran contar, jam�s se podr�n contar todos. La historia erudita, en definitiva, es una reducci�n de la historia, y una reproducci�n de la ideolog�a dominante. Esto implica, tambi�n, una toma de posici�n ante los hechos del pasado que deben ser contados. Adem�s, el mayor n�mero de fuentes las conserva el poder y las clases dominantes, y estos conservan los documentos que le interesan. Por eso, el historiador debe intentar comprender c�mo era la sociedad del pasado cuando esta era presente.

     Para los positivistas, la Historia no deja de ser una acumulaci�n de documentos, en los que toda interpretaci�n no har�a m�s que falsearla. Pero esta visi�n de la Historia est� totalmente superada.

     Los hechos que conocemos se encuentran incardinados, y se relacionan entre s� formando estructuras que explican e identifican una �poca. No s�lo es necesario fijar los hechos, sino que hay que buscar las causas, las consecuencias, la relaci�n con otros hechos de la �poca (anteriores y posteriores), y hay que interpretarlos, pero sin recurrir a la noci�n cient�fica de causa efecto, autom�ticamente. En toda causa est�n todos los elementos del efecto, pero hay m�s, y no tiene porqu� pertenecer a la misma escala. Una cosa es responder a la pregunta �porqu� ocurrieron los hechos?, y otra justificarlos por tener unas causas que inevitablemente dan unos efectos. La historia no es causal. Frecuentemente, quien busca causas y efectos tiene una concepci�n finalista de la historia que, al fin, justificar�a el estado actual de las cosas.

     La Historia no siempre ha sido un saber cient�fico. Hasta el siglo XIX fue un saber enciclop�dico y precient�fico, como muchas otras ciencias.

     �La explicaci�n en Historia es el descubrimiento, la aprehensi�n, el an�lisis de los mil v�nculos que, de forma inextricable, unen entre s� las m�ltiples facetas de la realidad humana, que ligan cada fen�meno a los fen�menos vecinos, y cada estado a sus antecedentes inmediatos o lejanos, y tambi�n a sus consiguientes� (MarrouPronunciado /marrú/).

     Este tipo de conocimiento difiere mucho del dato, ya que se fundamenta en la comprensi�n y la interpretaci�n de los hechos. No debemos caer en el reduccionismo unitario, la realidad es muy compleja. Cada �poca hace la Historia sobre los temas que le interesan, que no tienen porque ser los temas que nos preocupan en la actualidad, la Historia puede cambiar. Los hechos de la Historia var�an seg�n la corriente de pensamiento o la escuela que los formule, y hay muchas escuelas historiogr�ficas, unas que pretenden justificar la situaci�n actual de distribuci�n del poder y otras ser m�s cr�ticas.

     Un tema recurrente es el de la objetividad, y si un historiador debe dejarse influir por los hechos que le son m�s simp�ticos. Tenemos que, el hecho de elegir un acontecimiento puede ser un acto subjetivo. Pero creer que un acontecimiento es objetivo en s�, termina transmitiendo la ideolog�a dominante, mientras que el que es consciente de su ideolog�a puede imponer las conclusiones de la metodolog�a a sus juicios previos. Pero una cosa es utilizar la ideolog�a, y otra muy distinta juzgar los hechos desde esa ideolog�a. Quien juzga los hechos no hace Historia sino proselitismo.

     Que los hechos de la historia se interpreten desde la ideolog�a del historiador no quiere decir que su interpretaci�n sea arbitraria. Los historiadores aplican un m�todo, que les puede llevar a unas conclusiones que pueden ser inesperadas para ellos. Primero formulan una hip�tesis de trabajo, luego recopilan fuentes y las someten a cr�tica, y a la luz de ellas sacan sus conclusiones, verificando o rechazando la hip�tesis, para luego divulgar los resultados.

     Para la explicaci�n y la visi�n de una �poca es indispensable, e inseparable, la ideolog�a de historiador. La ideolog�a es una vis�n del mundo que nos ayuda a seleccionar los hechos que nos interesan, aunque tambi�n es cierto que la teor�a se elabora a partir de los datos seleccionados con objetividad. Existe el peligro de no tener en cuenta aquello que se ha decidido dejar de lado, pero que existe. La explicaci�n hist�rica no debe salir de los l�mites que la ideolog�a y las fuentes recogidas tienen. No se puede explicar el arte con documentos econ�micos, aunque marquen la �poca.

     La verdad en la Historia no es geom�trica ni unitaria, ya que no lo es la realidad. Las explicaciones deben hacer comprender c�mo era la �poca y explicarla, pero la verdad es parcial.

     En Historia, la verdad objetiva no est� en saber si un hecho es cierto, sino en descubrir y determinar cu�l es la aut�ntica naturaleza del hecho, hasta comprender las verdaderas relaciones entre la sociedad y las cosas.

     La forma de expresi�n de la Historia es la palabra, fundamentalmente escrita, el libro, pero no necesariamente como literatura. De hecho, hacer de la explicaci�n literatura perjudica el an�lisis, lo que no quiere decir que no deban estar bien escritos, y de forma amena.

     En definitiva, la Historia sirve para conocer c�mo funciona nuestra sociedad, c�mo ha funcionado en el pasado, qu� soluciones se dieron y cu�les fueron sus consecuencias, y tambi�n para satisfacer la curiosidad humana. La memoria nos permite progresar como seres humanos, en sociedad y acumulando cultura. La Historia es un instrumento de an�lisis del mundo, de nuestro mundo de hoy.

BIBLIOGRAF�A

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Manuel Tu��n de Lara: �Por qu� la Historia�. Temas Clave. Salvat. Barcelona 1993

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Saturnino S�nchez Prieto: �Y qu� es la Historia�. Siglo XXI. Madrid 1995