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TEMA 72. CAMBIO SOCIAL Y MOVIMIENTOS ALTERNATIVOS.

FEMINISMO, PACIFISMO, ECOLOGISMO.

1.    CAMBIO SOCIAL Y MOVIMIENTOS ALTERNATIVOS

�M�s que cambiar el mundo, como dir�a Marx, hay que cambiar la vida, como dec�a Rimbaud�. Esta cita efectuada por el poeta Leopoldo Mar�a Panero (El Pa�s; 27 de octubre de 2001) nos va a servir de punto de partida para analizar los cambios sociales producidos en los �ltimos a�os.

Efectivamente, durante la historia de las movilizaciones sociales se puede se�alar un claro punto de inflexi�n. Hasta los a�os sesenta, los movimientos sociales, canalizados en lo que se conoc�a como �movimiento obrero�, pretend�an �cambiar el mundo�. Eran movimientos orientados a transformar la estructura social con la esperanza de que, generando nuevas formas sociales, la emancipaci�n del trabajador ser�a posible.

Sin embargo, a partir de los a�os sesenta la efervescencia en la movilizaci�n social aumenta. Emergen infinidad de movimientos que no encajan, o bien encajan mal con los esquemas que han ordenado los anteriores. Como dir�a nuestro poeta, querr�n �cambiar la vida�. Sus demandas ya no estar�n dirigidas a la obtenci�n de mejoras econ�micas, sino a mejorar la vida: a crear espacios de libertad, de participaci�n, de gesti�n conjunta de los asuntos sociales. Para conseguirlo, utilizaron recursos, estrategias y t�cticas tan nuevas que las ciencias sociales no encontraron forma alguna de hacerlas inteligibles desde los viejos modelos marxistas, y se vieron obligadas a construir otros nuevos.

Feminismo, ecologismo, liberaci�n gay y l�sbica, nacionalismo, antiglobalizaci�n, okupas, etc. Son ejemplos de estos nuevos movimientos sociales. Pero �Qu� son? �C�mo aparecen? �C�mo funcionan? �Qu� consecuencias generan todos estos movimientos?

A pesar de su variedad y de su evidente complejidad,� es posible hallar un cierto n�mero de caracter�sticas que los unen:

1. Son grupos heterog�neos respecto a su composici�n, contenidos y formas de organizaci�n . Como se�ala A. Touraine, los actores de estos movimientos alternativos son individuos que, a diferencia de los movimientos sociales cl�sicos, no se encuadran en posiciones estructurales homog�neas ni tampoco presentan un alto nivel de habilidades estrat�gicas.

2. Presentan una estructura descentralizada y poco burocr�tica, que destaca por un proceso de toma de decisiones ante todo participativo. Plantean un desaf�o al orden pol�tico contempor�neo, al abogar por un nuevo estilo de acci�n pol�tica, basado en la participaci�n directa. Con ello, muestran una manifiesta oposici�n y cr�tica al modelo� democr�tico liberal de participaci�n pol�tica.

3. Son antiinstitucionales, tanto desde sus formas organizativas, como desde su comportamiento, funcionando de manera distinta a como lo hacen otras instituciones sociales y pol�ticas. Esta posici�n anti-institucional se hace patente en el car�cter de sus reivindicaciones, y es que tras una etapa de las sociedades occidentales, en la que las necesidades materiales hab�an quedado m�s o menos cubiertas por el Estado del Bienestar, los movimientos alternativos pasan a incluir en sus demandas la satisfacci�n de nuevas necesidades derivadas de nuevos valores �postmaterialistas, no satisfechos por el mercado. Necesidades de car�cter colectivo antes que individual, de solidaridad, y de b�squeda y reivindicaci�n de nuevas identidades colectivas (�tnicas, de g�nero, de minor�as...)

4. Los movimientos sociales cl�sicos elaboraban propuestas de cambio total del sistema� mediante la lucha reivindicativa de la clase obrera. Sin embargo, los movimientos alternativos ya no tienen a esta clase social como protagonistas de la acci�n sino a las clases medias. Estas clases ya no buscan revoluciones sino la satisfacci�n de unas necesidades hasta cierto punto particulares, que se combinan con demandas de car�cter universalista, pero que son demandas de logros y beneficios extensivos al conjunto de la sociedad. De este modo, la consecuci�n de las metas y objetivos que orientan su acci�n no s�lo benefician a los participantes de la acci�n o a los miembros del movimiento, como ocurr�a con el movimiento obrero, sino que se extienden al conjunto de la sociedad.

5. Todos estos movimientos expresan tambi�n una cr�tica a la Sociedad moderna, se�alando d�nde est�n sus contradicciones y erigi�ndose en protagonistas de la b�squeda de soluciones a esas contradicciones. Para los movimientos alternativos, las contradicciones y el conflicto social no se generan exclusivamente en el �mbito econ�mico ni en la producci�n y distribuci�n de bienes, sino que existen otras zonas de conflicto. El conflicto social no es ya de car�cter econ�mico sino cultural. Con ello se cuestionan los modelos culturales y civiliza torios, los �mbitos donde se dirime la identidad personal y el sentido de la vida. Para los soci�logos R. J. Dalton, M. Kuechler y W. B�rkin� esta ideolog�a es lo que verdaderamente distingue a los movimientos alternativos de otros movimientos sociales.

6. Se les denomina movimientos alternativos porque reivindican el quedarse fuera, al margen del marco institucional de la administraci�n p�blica. Prefieren influir en las decisiones pol�ticas mediante presiones y mediante la opini�n p�blica, en lugar de comprometerse con la actividad pol�tica convencional. Uno de los instrumentos utilizados por los nuevos movimientos sociales para ejercer influjo en la opini�n p�blica y en aquellos que toman decisiones pol�ticas, es la protesta, que se ha convertido en una actividad planeada y organizada. En numerosas ocasiones, se apoyan para la acci�n y la movilizaci�n de sus simpatizantes en los medios de comunicaci�n, que son considerados como un factor muy importante para lograr extender sus mensajes y reivindicaciones a toda la poblaci�n (especialmente internet). Por �ltimo, su estilo pol�tico es no convencional, es decir, alternativo: impregnado de fuerte sentimiento antisistema, alejado de los procesos de negociaci�n y conflicto de los sistemas corporatistas de las sociedades democr�ticas occidentales, y de las formas, estilo y normas de los partidos pol�ticos.

����� Hay que precisar que no todas las formas de acci�n colectiva y sus organizaciones presentan� estos rasgos, pero s� son f�cilmente observables entre aquellos movimientos m�s representativos y que mayor impacto han tenido y tienen en las sociedades contempor�neas, como son el movimiento feminista, el movimiento pacifista y el movimiento ecologista, con sus derivaciones y particularidades. Veamos ahora de forma pormenorizada las principales caracter�sticas de estos movimientos alternativos.

2. FEMINISMO. ECOLOGISMO PACIFISMO.

a)    Origen:

La mayor parte de los analistas comparte la idea de que el origen de los nuevos movimientos sociales debe buscarse en el ciclo de luchas y protestas de la d�cada de los sesenta que culmina en 1968 y se prolonga, seg�n los pa�ses, hasta mediados los a�os setenta del siglo XX. La expresi�n "nuevos movimientos sociales" comprend�a entonces b�sicamente tres: feminismo, ecologismo y pacifismo. Estos tres movimientos no pueden analizarse de manera aislada sino que guardan entre s� estrechas relaciones. Adem�s, tampoco tienen rasgos fijos en el tiempo sino que han ido evolucionando conforme los han hecho los acontecimientos hist�ricos.

Teniendo en cuenta estas premisas, podemos afirmar que todos ellos tienen estas caracter�sticas b�sicas:

�         Los tres (feminismo, ecologismo y pacifismo) han nacido en el marco y al rebufo de un movimiento social m�s amplio, el movimiento estudiantil o universitario que, entre 1965 y 1970, se extendi� desde California a Frankfurt y Berl�n, desde Par�s a Praga y desde Barcelona y Madrid a Italia y M�xico.

�         Los tres tienen su origen en las capas medias ilustradas de las sociedades llamadas de capitalismo tard�o o avanzado, en una fase de crecimiento econ�mico relativamente acelerado, de acentuada generalizaci�n de la ense�anza universitaria (lo que entonces se llam� "masificaci�n") y de incorporaci�n relativamente r�pida de la mujer al trabajo externo (no exclusivamente dom�stico).

�         Los tres han crecido, sobre todo por lo que hace a Europa, discutiendo, polemizando y/o dialogando con el movimiento social cr�tico de la sociedad capitalista m�s implantado en la �poca, es decir, con el movimiento obrero y sindical.

�         Los tres han nacido y se han desarrollado criticando a la vez "la democracia realmente existente" (en Estados Unidos y Europa occidental) y el "socialismo realmente existente" (sobre todo en la URSS y en los pa�ses del Pacto de Varsovia).

�         En su origen fueron b�sicamente movimientos antiautoritarios, antiburocr�ticos, antimilitaristas, antiimperialistas, anti-productivistas, antipatriarcales; y, por extensi�n, fueron tambi�n a la vez anticapitalistas y antisocialistas (entendiendo por tal, b�sicamente, el modelo sovi�tico de socialismo existente en la URSS, no el socialismo como ideal o como movimiento).

�         Los tres (feminismo, ecologismo y pacifismo) han nacido en Estados Unidos, en conexi�n con lo que se llam� "contracultura", traslad�ndose r�pidamente, a trav�s de la cultura anglosajona, a todo el mundo. Luego estos movimientos se han ido diferenciando por regiones y/o pa�ses casi siempre en funci�n de estos dos factores: las peculiaridades culturales y nacionales; y la implantaci�n relativa, en cada pa�s, del movimiento obrero y sindical con el que polemizaban o dialogaban.� En efecto, all� donde el movimiento obrero y sindical era muy d�bil o estaba particularmente integrado en el sistema social (casos de Estados Unidos, Alemania, Pa�ses Bajos y parte del Norte de Europa) estos otros movimientos sociales alcanzaron bastante r�pidamente un alto grado de autonom�a, tanto te�rica como pr�ctica. El ejemplo m�s notable en este sentido fueron las "iniciativas ciudadanas" en la RFA de finales de la d�cada de los setenta, origen de lo que luego ser�a el Partido Verde Alem�n. En aquellos lugares en que, en cambio, el movimiento obrero y sindical (y los partidos pol�ticos a ellos vinculados) hab�an conservado cierto esp�ritu de resistencia al sistema (por ejemplo, en la Europa del Sur, en Latinoam�rica y en otros lugares) feminismo, ecologismo y pacifismo tuvieron que moverse en los m�rgenes de la socialdemocracia organizada, fluctuando, por tanto, entre la afirmaci�n de la autonom�a y la tendencia a transformar desde dentro estas otras organizaciones y partidos. Tal fue el caso, hasta la d�cada de los ochenta, de Francia (donde los partidos socialista y comunista ten�an una importante implantaci�n en la d�cada de los setenta), de Italia (con un partido comunista a punto de llegar al gobierno a mediados de los setenta) y de Espa�a, Portugal y Grecia (en fase de transici�n a formas democr�ticas y con una muy fuerte implantaci�n de los partidos y movimientos comunistas hasta la d�cada de los ochenta.

�         Hablando con propiedad, los tres movimientos sociales mencionados� son s�lo relativamente "nuevos". En la d�cada de los setenta del siglo pasado sol�a decirse que dichos movimientos eran "nuevos" por comparaci�n con el "viejo" movimiento obrero y sindical. Pero, de hecho, el feminismo como movimiento social (sufragista, por ejemplo) es tan antiguo como el movimiento obrero y sindical; el pacifismo como actitud es m�s antiguo que el movimiento obrero y sindical, y como movimiento propiamente dicho se remonta, en Europa, por lo menos a la antesala de la primera guerra mundial o, en algunos aspectos, a la guerra franco-prusiana de 1870. De modo que "la novedad" de estos dos movimientos en los a�os 60-80 tiene que referirse sobre todo a su dimensi�n (a la realidad social que representaban) y a su orientaci�n (antisistema) m�s que a las ideas que defienden sobre la igualdad entre los g�neros o sobre la paz. S� era "nuevo", en todos los sentidos, el movimiento ecologista o medioambientalista, pues aunque antes de los a�os sesenta hab�a habido personalidades individuales de las que puede decirse que fueron "ecologistas", nunca hasta entonces hab�a habido un movimiento social que tuviera como objetivo expl�cito rectificar abiertamente el productivismo industrialista de nuestras sociedades.

Muchas veces cuando se escribe sobre el feminismo, el ecologismo y el pacifismo de la d�cada de los setenta, sobre todo en Europa, se tiende a colocar su origen en el mayo franc�s de 1968. Esto es inexacto. Los documentos escritos del movimiento franc�s de ese a�o y las grabaciones que han quedado de las asambleas estudiantiles no avalan esta tesis. En los textos y en las grabaciones en que se recogen las reivindicaciones y las discusiones de los estudiantes, obreros e intelectuales que participaron en los acontecimientos del mayo franc�s apenas hay nada que tenga que ver con el feminismo, el ecologismo y el pacifismo. Hay que considerar, m�s bien, que el origen intelectual de estos movimientos est� en la contracultura norteamericana de la d�cada de los sesenta, vinculada a su vez a una reconsideraci�n radical de las relaciones entre los sexos, al respeto de las diferencias (empezando por las diferencias de g�nero), al retorno a la naturaleza a trav�s de una nueva vida comunitaria, al movimiento en favor de los derechos civiles y a la desobediencia civil como forma principal de protesta.

Adem�s de estos tres movimientos sociales y del ya mencionado movimiento estudiantil o universitario no se debe olvidar, en este contexto, que por los mismos a�os se estaba configurando y desarrollando otro movimiento social: el movimiento ciudadano, de base urbana, organizado por barrios, cuyas reivindicaciones (creaci�n y mejora de infraestructuras, de los servicios sanitarios, de las condiciones de salubridad e higiene, de ense�anza, de esparcimiento y ocio, etc.) se entrecruzaban con algunas de las reivindicaciones de los otros movimientos y tambi�n con las reivindicaciones tradicionales del movimiento obrero y sindical. As�, por ejemplo, algunas de las luchas de los a�os setenta en las grandes ciudades incorporan reivindicaciones transversales del movimiento obrero, del movimiento ecologista, del movimiento feminista y del movimiento ciudadano. Este movimiento enlazaba ya, desde principios de la d�cada de los setenta, con las pr�cticas de lo que en Estados Unidos se llam� "el nuevo vecindario" y con las teorizaciones que por entonces se estaban haciendo sobre el sentido y la funci�n de los movimientos urbanos (H. Lef�bvre, A. Touraine, M. Castells, J. Borja, A. Mattelart) en Estados Unidos, Europa occidental y algunos pa�ses latinoamericanos (sobre todo en el Chile de Allende.

b)Auge del neoconservadurismo:

A partir de 1980, la acentuaci�n del ciclo conservador (tatcherismo y reaganismo) en las sociedades industrialmente desarrolladas del Norte (Estados Unidos y Reino Unido, sobre todo) no s�lo quebr� parcialmente la �tica de la resistencia del movimiento obrero y sindical sino que afect� tambi�n, y profundamente, a los movimientos alternativos. La primera mitad de la d�cada de los ochenta estuvo marcada, en el plano internacional, por la inflexi�n ofensiva de Estados Unidos y de la OTAN en materia de estrategia nuclear. Esta inflexi�n, que fue captada muy bien, ya en sus inicios, por el historiador brit�nico E. P. Thompson, hizo pasar a primer plano (sobre todo en Europa) el movimiento antimilitarista y pacifista.

Sintom�ticamente, gran parte de los militantes de los anteriores movimientos ecologista y feminista pasaron a trabajar en los movimientos anti-OTAN y en las organizaciones antimilitaristas y pacifistas. Esto se explica por el temor generalizado que entonces se produjo a una guerra librada con armas nucleares y porque la parte m�s activa del movimiento ecologista a comienzos de la d�cada de los ochenta se opon�a a la energ�a nuclear en sus diferentes manifestaciones. As� naci� lo que se conoce con el nombre de �Ecopacifismo�. Al mismo tiempo el movimiento feminista se vio afectado por los efectos de la reestructuraci�n industrial y por las restricciones impuestas (desde un punto de vista neoliberal) al Estado asistencial que frenaron el ritmo de incorporaci�n de la mujer al trabajo externo.

As�, pues, se puede decir que el gran movimiento social de mediada la d�cada de los ochenta ha sido el movimiento pacifista (con sus diversas corrientes). Casi todas las grandes manifestaciones de esos a�os en Europa tienen que ver con la preocupaci�n ante lo que se percib�a como un inminente peligro de guerra nuclear entre las dos grandes potencias, peligro que no empez� a decrecer hasta la proclamaci�n de la �Perestroika� en la Uni�n Sovi�tica y la declaraci�n, por parte de Gorbachov, de un desarme unilateral.

Durante ese per�odo, y hasta la celebraci�n del refer�ndum sobre la OTAN (1986), en la mayor�a de las comunidades aut�nomas que componen el estado espa�ol coincidi� en este movimiento antibelicista y antimilitarista casi todo lo que quedaba en el pa�s de la vieja izquierda social-comunista con casi todo lo que hab�a nacido en la d�cada de los sesenta como nueva izquierda (libertaria y antiestalinista). Ah� hay que ver, por lo dem�s, el origen de Izquierda Unida como movimiento pol�tico-social.

De ese per�odo habr�a que subrayar otras dos cosas.

1� la incorporaci�n (cuantitativa y cualitativamente importante) de sectores religiosos (en nuestro caso, cristianos) al movimiento antimilitarista; incorporaci�n favorecida no s�lo por la actividad de las comunidades de base sino tambi�n por la actitud de la jerarqu�a de algunas iglesias ante las armas nucleares y por el desarrollo de la filosof�a latinoamericana de la liberaci�n. Todo eso contribuy� a dar una nueva dimensi�n ideol�gica, m�s mestiza, m�s plural, al movimiento, factor �ste que le diferencia de las marchas antibelicistas de las d�cadas anteriores en varios pa�ses europeos, como Alemania e Inglaterra.

2� la influencia, cada vez mayor en el conjunto de los movimientos sociales, de las reflexiones de origen feminista sobre la vida cotidiana, sensibilidad, educaci�n de los sentimientos, diferencias de g�nero e igualdad; una influencia que, independientemente de las fluctuaciones del movimiento feminista propiamente dicho en el aspecto organizativo, se hizo muy patente en el conjunto del movimiento antimilitarista y ecopacifista de entonces. Este fen�meno es observable tanto en algunas de las manifestaciones antibelicistas de la �poca en Inglaterra como en numerosos documentos te�ricos del movimiento en Alemania e Italia.

Paralelamente, durante ese per�odo, se produjo una importante crisis del anterior movimiento ciudadano. Se trata de un proceso con oscilaciones cuyo factor determinante ha sido (casi siempre) la proximidad al gobierno y al poder de unos u otros partidos pol�ticos. Esta crisis tuvo dos derivaciones principales, cuyos ejemplos, emblem�ticos, fueron Alemania y Espa�a.

En Alemania las anteriores iniciativas ciudadanas, que hab�an estado poniendo el acento en el voluntariado social, quedaron incorporadas (como gran parte del movimiento pacifista, del ecologismo y del feminismo alternativo) al Partido Verde, que se fue consolidando como una opci�n pol�tico-social independiente de los dos grandes partidos parlamentarios (la democracia cristiana y la social-democracia).

En Espa�a, con el PSOE en el gobierno desde 1983, el movimiento ciudadano fue perdiendo autonom�a, bien por integraci�n de sus miembros en los partidos pol�ticos, bien por incorporaci�n de los mismos en el m�s amplio movimiento antimilitarista y pacifista. Poco a poco el movimiento ciudadano fue colonizado por los diferentes partidos pol�ticos y su actividad anterior generalmente sustituida por los profesionales de la gesti�n y de la animaci�n cultural, con lo que el trabajo social voluntario pas� a un segundo plano.

As�, pues, cuando se entra en la nueva fase de distensi�n internacional (a partir de 1986-1987) todos los movimientos sociales anteriormente mencionados estaban en un nivel m�s bajo que el que hab�an alcanzado en la d�cada de los setenta. En Espa�a el movimiento anti-OTAN se deshace despu�s de la derrota en el refer�ndum. El m�s amplio movimiento antimilitarista se fragmenta en movimientos sociales menores, organizativamente menos articulados (objetores al servicio militar, objetores a los gastos militares, insumisos...) y muy marcados, adem�s, por las peculiaridades nacionales y regionales o por la influencia directa de los nacionalismos. Se dir�a, por tanto, que la nueva situaci�n internacional y el proceso de institucionalizaci�n progresiva de estos movimientos han contribuido a hacerlos m�s plurales pero al mismo tiempo han tenido el efecto de limar las puntas cr�ticas anticapitalistas con que nacieron.

c) Los movimientos alternativos desde los noventa hasta hoy:

La ca�da del muro de Berl�n, la desmembraci�n de la URSS, la desaparici�n del Pacto de Varsovia y el final de la bipolarizaci�n en el plano internacional han significado, desde los inicios de la d�cada de los noventa del siglo XX, un nuevo desplazamiento de los ejes principales de la conflictividad mundial. El conflicto del golfo P�rsico (primera guerra del Golfo) se puede considerar como el momento inicial de esta nueva fase, caracterizada por la guerra por los recursos (entre Norte y Sur, entre centro y periferia) as� como por las latentes guerras por los mercados entre los principales bloques econ�micos y financieros (Estados Unidos, Jap�n, UE y, potencialmente, China).

Tras un breve momento inicial de relativa euforia, ideol�gicamente caracterizado en "Occidente" como "fin de la historia", se ha ido imponiendo la percepci�n de que las "guerras entre culturas" o "guerras entre civilizaciones" pasaban a ocupar el lugar de la antigua polarizaci�n entre los Estados Unidos de Norteam�rica y la Uni�n Sovi�tica. La dimensi�n �tnico-cultural y/o religiosa de las guerras que desde 1990 han tenido lugar en los Balcanes, en Chechenia, en Argelia, en Turqu�a, en la regi�n africana de los Grandes Lagos, en Oriente Medio, en Afganist�n, entre India y Pakist�n,(y actualmente en Irak) parecen confirmar esta percepci�n, aunque tambi�n es verdad que en la presentaci�n de los hechos se tiende a ignorar por lo general otras dimensiones de los mismos: la agudizaci�n paralela de los problemas econ�micos y sociales en el tercer mundo, el aumento de las desigualdades y la existencia de intereses geoestrat�gicos de las grandes potencias ...

El nuevo impulso adquirido por el proceso de globalizaci�n del sistema capitalista ha producido dos formas paralelas de fundamentalismo en el mundo: de un lado, el integrismo llamado "neoliberal", muy vinculado al etnocentrismo euronorteamericano, y, de otro, los nuevos integrismos religiosos, que en parte expresan un sentimiento de resistencia al proceso de uniformizaci�n cultural mediante la reafirmaci�n de las identidades y en parte suponen una reacci�n conservadora a los vertiginosos cambios que sufren en sus respectivos pa�ses.

As� pues, podemos afirmar que, desde la Primera Guerra del Golfo, "pacifismo", "ecologismo" y "feminismo", sin m�s consideraciones, ya no significanlo que significaron hace veinte a�os. De la misma manera que cuando alguien pronuncia la palabra "izquierda" hoy en d�a es razonable preguntar "qu� izquierda", as� tambi�n cuando se pronuncian esas otras palabras hay que preguntar qu� pacifismo, qu� ecologismo, qu� feminismo.

�� En efecto, los tres movimientos han sufrido cambios espectaculares en los �ltimos tiempos, estas transformaciones pueden resumirse en las siguientes:

1. Los tres principales movimientos sociales surgidos en la d�cada de los sesenta est�n pasando ahora por un proceso de institucionalizaci�n y burocratizaci�n, bien mediante la integraci�n en partidos pol�ticos preexistentes; bien mediante la utilizaci�n de dichos partidos con el objetivo de relanzar sus propias reivindicaciones; o bien, simplemente, mediante la aceptaci�n de la financiaci�n estatal directa. Este proceso de institucionalizaci�n afecta muy sensiblemente a la autonom�a de dichos movimientos y, en general, puede decirse que tambi�n ellos cumplen la ley de Robert Michels sobre la burocratizaci�n necesaria de las grandes organizaciones sociopol�ticas.

2. Un rasgo caracter�stico importante de la evoluci�n de estos movimientos en esta �poca es la mayor concreci�n y relativa desideologizaci�n de sus propuestas: la tendencia a lo que suele llamarse "realismo". Esto es muy patente, por ejemplo, en la transformaci�n de una parte del movimiento ecologista en partidos verdes o ecopacifistas. Y vale, con variantes, lo mismo para Espa�a que para Alemania, Pa�ses Bajos, Francia o Italia. Al tiempo que una parte de las propuestas del feminismo, del ecologismo y del movimiento de objetores ha calado en el conjunto de la sociedad civil, tambi�n se ha producido un debilitamiento de su ideolog�a y una dispersi�n de sus objetivos socipol�ticos. �stos incluyen desde la pr�ctica de la caridad (en el sentido m�s tradicional de la palabra) para con los segmentos sociales excluidos o en peor situaci�n en diferentes pa�ses del mundo, hasta la ayuda al desarrollo ecol�gicamente orientado pasando por el comercio justo o por la ayuda humanitaria a refugiados y desplazados, lo que incluye numeros�simos proyectos de colaboraci�n internacional solidaria.

3. Otro rasgo importante es el hecho de que, en la pr�ctica, dejan de ser �movimientos alternativos�. En este sentido, se debe precisar que una parte importante de estas organizaciones s�lo son "no-gubernamentales" nominalmente: muchas de ellas dependen (y no s�lo en lo econ�mico) de los gobiernos; otras han sido ya creadas directamente por los gobiernos (en sus diferentes instancias) con la intenci�n pol�tica de contrarrestar la influencia de organizaciones previamente existentes y que actuaban, �stas s�, con inequ�voca autonom�a; algunas aparecen como la forma posmoderna de la beneficencia organizada por los ayuntamientos y los gobiernos municipales o por instituciones eclesi�sticas que compiten indirectamente en la alternancia gubernamental; y s�lo algunas, la minor�a, pueden ser consideradas como asociaciones voluntarias dependientes de los fondos aportados por sus afiliados. Reconocer que esto es as� no implica juicio alguno sobre la mayor o menor eficiencia de cada una de ellas en relaci�n con los fines propuestos, pero s� sugiere la existencia de un cambio general de orientaci�n respecto de lo que fueron los movimientos cr�ticos y alternativos de las d�cadas pasadas: As�, la decantaci�n libertaria y/o voluntariamente extraparlamentaria o anti-sistema en el feminismo, en el ecologismo y en el pacifismo se hizo m�nima a partir de la d�cada de los noventa.

Pero, por otra parte, no debemos concluir que la integraci�n de estos movimientos sociales en el sistema capitalista haya acabado con los movimientos alternativos.La primera excepci�n importante a esta tendencia, desde mediados de los a�os noventa, es seguramente el �movimiento ocupa�, criminalizado en muchos pa�ses porque atenta contra la sacrosanta propiedad privada en sociedades que dicen garantizar constitucionalmente el derecho a la vivienda. De todos los movimientos sociales surgidos en la d�cada de los noventa �ste es el que ha afirmado con m�s coherencia y radicalidad la propia autonom�a respecto de las instituciones y de los partidos pol�ticos institucionalizados, seguramente porque en la concreci�n de sus reivindicaciones pone el dedo en la llaga de una de las lacras m�s llamativas del sistema y que m�s afecta los j�venes en el momento actual.

En este �mbito de la �no-integraci�n� hay que considerar tambi�n las actividades cr�ticas de algunas organizaciones con importante implantaci�n en todo el mundo, como "Greenpeace" y "Amnist�a Internacional", as� como las asociaciones y organizaciones (surgidas durante los �ltimos a�os en los cinco continentes) en favor de los inmigrantes pobres en pa�ses ricos, asociaciones antirracistas, en defensa de los derechos sociales de los trabajadores, en defensa de las mujeres maltratadas, contra la esclavizaci�n de los ni�os, en defensa de las culturas ind�genas, en favor de un uso alternativo de las nuevas tecnolog�as de la informaci�n y la comunicaci�n, etc�tera.

Estas �ltimas asociaciones no siempre han logrado hasta ahora cristalizar en verdaderos movimientos coordinados y estructurados, pese a lo cual parecen estar anunciando al menos un concepto alternativo de ciudadan�a para el siglo XXI, una revisi�n de la idea ilustrada de tolerancia y una ampliaci�n de la idea tradicional de los derechos humanos.

El fen�meno m�s significativo del cambio de siglo en lo relativo a los movimientos sociales alternativos ha sido el r�pido desarrollo del llamado "movimiento antiglobalizaci�n". En su g�nesis hay tres ciudades muy distintas que, sin embargo, simbolizan bien lo que este nuevo movimiento quiere representar: Chiapas, Seattle y Porto Alegre.

Numerosos analistas han coincidido en se�alar como un primer antecedente de este movimiento el �Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo� organizado en 1996, en Chiapas, M�xico, por iniciativa del EZLN(Ej�rcito Zapatista de Liberaci�n Nacional). Esta iniciativa se prolongar�a luego en varias reuniones m�s y dar�a impulso a la propuesta de una Acci�n Global de los Pueblos en la que se complementan las reivindicaciones indigenistas del neozapatismo y la cr�tica a la globalizaci�n neoliberal. En este �mbito empezaron a discutirse y a esbozarse algunas de las reivindicaciones que han inspirado las acciones m�s importantes del movimiento antiglobalizaci�n hasta la fecha: primero en Seattle (1999), luego en Praga (2000), Porto Alegre (enero de 2001), G�nova (julio de 2001) y, ya en el a�o 2002, en Barcelona, Roma y nuevamente Porto Alegre.

En poco m�s de dos a�os la dimensi�n alcanzada por el movimiento antiglobalizaci�n y su repercusi�n medi�tica han sido impresionantes, tanto por el n�mero de participantes en las manifestaciones (en crecimiento sostenido desde la movilizaci�n en Seattle) organizadas contra diferentes reuniones de la Organizaci�n Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el G-8, la cumbre europea etc., y por su composici�n (que es realmente internacional y multicultural) como por el n�mero de asociaciones vinculadas (m�s de un millar de organizaciones de los cinco continentes formaron parte del I Foro Social Mundial de Porto Alegre).

El denominado movimiento antiglobalizaci�n es propiamente un movimiento de resistencia global, un movimiento de movimientos, en el que se puede considerar superada la anterior distinci�n entre viejos y nuevos movimientos sociales, pues en �l concurren sindicatos y partidos pol�ticos de izquierda, organizaciones ecologistas, pacifistas y feministas, asociaciones indigenistas, antirracistas y grupos de ciudadanos que ponen el acento en la defensa de los derechos humanos, de los derechos sociales y de los derechos civiles.

Esto no quiere decir que se trate de un movimiento de s�ntesis en la que hayan desaparecido las tendencias y diferencias ideol�gicas, t�cticas y estrat�gicas que caracterizaron a los otros movimientos aqu� analizados. Tales diferencias siguen existiendo y aparecen con claridad en muchos de los documentos producidos y en las manifestaciones organizadas por el movimiento. El movimiento antiglobalizaci�n ha heredado de los anteriores movimientos sociales el esp�ritu cr�tico respecto de las actuaciones de los partidos pol�ticos tradicionales y de las c�pulas sindicales as� como tambi�n su �nfasis originario en la autonom�a respecto de los mismos. Pero, por otra parte, ha dejado en un lugar secundario muchas de las discusiones que sacud�an e estos otros movimientos en su fase de declinaci�n en favor del an�lisis de los efectos (econ�micos, sociales y culturales) de la globalizaci�n neoliberal y en favor de la concreci�n de sus objetivos alternativos. Es en este sentido en el que se puede decir, por tanto, que empieza a hacerse anacr�nica la anterior diferenciaci�n entre movimientos viejos y nuevos.

Un s�ntoma de ello es la incorporaci�n al movimiento antiglobalizaci�n, tanto de sindicatos importantes - en Estados Unidos, en Brasil, en Italia, en Francia, en Espa�a, etc.- como de algunos partidos pol�ticos que llevan tiempo actuando en el l�mite entre la pol�tica institucional y la pol�tica alternativa. As�, por ejemplo, militantes y dirigentes del Partido de los Trabajadores de Brasil, de Izquierda Unida en Espa�a, del Partido de la Refundaci�n Comunista en Italia, del Partido Verde Alem�n e incluso de varios partidos socialistas se han comprometido desde el primer momento con este movimiento.

Probablemente la explicaci�n de esta caracter�stica no es s�lo que el movimiento antiglobalizaci�n est� todav�a en sus inicios. Hay tambi�n otros factores coadyuvantes. Entre ellos habr�a que subrayar los siguientes:

-          Una coincidencia muy amplia en priorizar lo social frente a lo pol�tico;

-          La cr�tica compartida a la democracia representativa actualmente existente en la mayor�a de los pa�ses;

-          La conciencia de la involuci�n autoritaria de lo que habitualmente se llama neoliberalismo;

-          La creaci�n, a trav�s de Internet, de redes propias de contrainformaci�n, di�logo y discusi�n. Este �ltimo factor tiene por el momento una gran importancia pues ha evitado que la agenda del movimiento quedara determinada desde el principio, como est� ocurriendo con casi todos los sindicatos y partidos pol�ticos institucionalizados, por la presi�n de los grandes medios de comunicaci�n.

A pesar de la heterogeneidad de este movimiento de movimientos, que es evidente, hay toda una serie de objetivos compartidos por las diversas organizaciones y personas comprometidos en el mismo: el control del poder ahora ilimitado de las multinacionales, la condonaci�n de la deuda externa de los pa�ses empobrecidos, la reforma radical (o la supresi�n) de las grandes organizaciones econ�micas y pol�ticas internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la construcci�n de una democracia participativa como alternativa a la democracia representativa realmente existente. En la formulaci�n de objetivos el movimiento oscila entre una estrategia declaradamente anti-neoliberal y una estrategia decididamente anticapitalista.

En la conciencia de la mayor�a de las personas y organizaciones que lo integran el movimiento antiglobalizaci�n es un movimiento anti-sistema. Pero no lo es en el mismo sentido en que lo eran originalmente los movimientos sociales alternativos, entre otras razones porque hoy se conoce mucho mejor lo que el "sistema" es y sobre todo sus v�as directas e indirectas de asimilaci�n inmediata de todo aquello que se presenta como alternativo. Comparativamente, una de las cosas que llaman la atenci�n es que este movimiento de movimientos ha abandonado la inspiraci�n rom�ntica, marcusiana, de la cr�tica a los medios de comunicaci�n y a la publicidad para poner el acento en un uso alternativo del m�s avanzado de los medios de comunicaci�n existentes.

El listado de las acciones que el movimiento antiglobalizaci�n ha programado en Porto Alegre para 2002-2003 da ya una idea de la amplitud de sus objetivos. All� el movimiento se ha comprometido a dar la batalla por el acceso de las gentes pobres al agua potable y a los f�rmacos que ahora no est�n a su alcance, se�aladamente para combatir el SIDA; se ha comprometido a presionar para modificar la estrategia de la FAO contra el hambre en el mundo; se ha comprometido a exigir la adhesi�n de todos los gobiernos al protocolo de Kyoto; ha incorporado la reivindicaci�n del 0,7 del PIB para la ayuda a los pa�ses empobrecidos; se ha comprometido a dar la batalla contra el comercio de armas y por la reconversi�n de las f�bricas de armamentos; se ha manifestado contra las patentizaci�n de partes de seres vivos; ha hecho campa�a a favor de la tasa Tobin y de la cancelaci�n de la deuda de los pa�ses empobrecidos; y ha hecho suya las reivindicaciones indigenistas frente a la globalizaci�n cultural que conduce a la homogeneizaci�n y a la extinci�n de lenguas y culturas minoritarias. Es obvio que todos y cada uno de estos objetivos chocan de frente, en mayor o menor medida, con la orientaci�n neoliberal de la globalizaci�n en curso.

Aun as�, la caracterizaci�n habitual de este movimiento como antiglobalizador es todav�a imprecisa. En primer lugar porque supone en �l un gen�rico empe�o cr�tico contra la globalizaci�n en general cuando la mayor�a de las organizaciones, grupos y personas que lo componen a lo que se oponen, en realidad, es a la gesti�n neoliberal y neocapitalista� de este proceso. En segundo lugar porque esa caracterizaci�n parece implicar en el movimiento una orientaci�n exclusivamente negativa, anti, cuando uno de los rasgos del mismo est� siendo ya su capacidad para hacer propuestas alternativas en positivo.

El conocido slogan "otro mundo es posible" no es s�lo una palabra recuperadora del esp�ritu de la utop�a; es tambi�n expresi�n de la convicci�n interna del movimiento en el sentido de que hay ya propuestas alternativas realizables. Basta con pensar a este respecto en las aportaciones te�ricas de algunas de las personas que m�s han influido en el desarrollo de la conciencia de los militantes y organizaciones que componen el movimiento: Marcos, subcomandante del FZLN, sobre el v�nculo existente entre la defensa de los deseos y necesidades de los ind�genas y la autonom�a de los movimientos; Noam Chomsky, con su cr�tica radical de la pol�tica exterior de EE.UU desde la �poca de la guerra fr�a hasta el 7 de octubre de 2001: Bernard Cassen e Ignacio Ramonet, de Le monde diplomatique, como promotores (entre otros) del Foro Social Mundial de Porto Alegre; Tarso Genro y Raul Pont, alcaldes de Porto Alegre en distintos momentos, sobre la virtualidad de la democracia participativa en los �mbitos local y regional; Walden Bello, director de Focus, sobre la democratizaci�n de la econom�a global; Susan George, del Instituto Transnacional de �msterdam, sobre la posible democratizaci�n de la Organizaci�n Mundial de Trabajo; Hazen Henderson sobre lo que puede ser un desarrollo humano sostenible; Diane Matte, feminista, sobre las posibles medidas para corregir el efecto negativo de globalizaci�n actual entre las mujeres del mundo; Naomi Klein sobre el papel de las grandes marcas (Nike, Microsoft, MacDonald's, Motorola, Coca cola, etc.) en el mercado mundial y c�mo hacerlas frente; Jos� Bov� sobre los m�todos de acci�n a emplear contra las grandes empresas transnacionales en la agricultura; I. Wallernstein sobre el sistema-mundo como perspectiva de an�lisis; Toni Negri y Michael Hart sobre la caracterizaci�n del Imperio actual y las perspectivas de un movimiento sim�trico contra la globalizaci�n sin mediaciones ideol�gicas...

La novedad de este movimiento respecto de otros movimientos sociales anteriores es su car�cter no s�lo internacionalista sino realmente mundial, su aspiraci�n a una ciudadan�a planetaria respetuosa de las diferencias ling��sticas y culturales. Hasta ahora ninguno de los movimientos sociales cr�ticos y alternativos mencionados en este balance hab�a logrado tener una dimensi�n as�, o sea, una organizaci�n que oponer a las grandes instituciones econ�micas internacionales y a las asociaciones pol�ticas institucionalizadas que, con matices, dan su apoyo a las organizaciones econ�micas b�sicas del sistema. Los partidos comunistas dejaron de tener una organizaci�n internacional hace tiempo; los sindicatos no han logrado levantar una organizaci�n internacional operativa que vaya m�s all� del an�lisis conjunto de las situaciones; los partidos nominalmente socialistas la tienen pero no son ya ni siquiera arena en los engranajes del sistema que ha generado esta fase de la globalizaci�n; los otros movimientos no pasaron del "pensar globalmente y actuar localmente". De manera que el mundialismo cr�tico del sistema que quedaba en las �ltimas d�cadas hab�a que buscarlo en algunos documentos de la UNESCO o en algunas organizaciones religiosas con vocaci�n ecum�nica. Esa situaci�n ha empezado a cambiar en los dos �ltimos a�os al irse configurando una red de redes con presencia de personas y organizaciones de los cinco continentes.

Otra de las consecuencias de la aparici�n del movimiento antiglobalizaci�n es la tendencia a superar una de las limitaciones de los movimientos sociales cr�ticos y alternativos de las d�cadas anteriores: el ser, en muchos casos, movimientos de un solo asunto, por grande e importante que este asunto fuera (la crisis medioambiental, la cr�tica de las armas, las reivindicaciones de las mujeres). Las manifestaciones de Seattle, Praga, G�nova y Barcelona, por una parte, y el intercambio de ideas y proyectos alternativos que ha supuesto la creaci�n del Foro Social Mundial, por otra, obliga a inscribir el trabajo cotidiano de asociaciones cr�ticas que siguen dedic�ndose mayormente a un solo asunto (sea �ste el comercio justo, las batallas ambientales, la cooperaci�n, la defensa de los derechos de los inmigrantes o la lucha contra el SIDA) en un proyecto colectivo m�s amplio y de dimensi�n internacional. De manera que, como ha escrito Vittorio Agnoletto, representante italiano en el consejo del Foro Social Mundial, la multiplicidad de las pr�cticas no implica ahora buscar el m�nimo com�n denominador sino el m�ximo com�n m�ltiplo.

Entre los rasgos que caracterizan este movimiento de movimientos hay que subrayar cuatro que est�n cargados de futuro: 1� el rechazo de toda subalternidad respecto de la pol�tica institucional y de los partidos pol�ticos existentes; 2� el compromiso con la globalizaci�n de los derechos de las personas y de los pueblos, lo que da una dimensi�n nueva a la lucha por los derechos humanos; 3� la implicaci�n en la realizaci�n de formas avanzadas de democracia local; 4� la tendencia a la ampliaci�n de la democracia representativa en democracia participativa empezando por las organizaciones del propio movimiento.

Aun es pronto para entrar a valorar lo que el movimiento antiglobalizaci�n lleva en su seno. Pero hay en �l varios s�ntomas esperanzadores que conviene mencionar. El primero de estos s�ntomas es el crecimiento de la conciencia de que, para hacer frente a los peores efectos de la globalizaci�n neoliberal, hay que superar la atomizaci�n de los otros movimientos sociales alternativos y su dimensi�n nacional-estatal para establecer una estrategia global de actuaciones tambi�n en un �mbito mundial. Es en este sentido en el que el movimiento antiglobalizaci�n se estructura como un movimiento de movimientos, como una red de redes conectadas en distintos �mbitos geogr�ficos. El segundo s�ntoma esperanzador es que, habiendo cuajado en los pa�ses ricos del planeta (Estados Unidos de Norteam�rica y la Uni�n Europea principalmente), el actual movimiento antiglobalizaci�n pone el acento en la cr�tica de las desigualdades que perjudican mayormente a las poblaciones empobrecidas o excluidas de los pa�ses de �frica, Asia y Am�rica Latina. Expresa, por tanto, de forma inequ�voca, su compromiso con las gentes que est�n en peor situaci�n en el mundo actual. De este modo el movimiento enlaza bien con las principales resistencias, protestas y movilizaciones de los pa�ses y pueblos perif�ricos o semiperif�ricos respecto al centro del Imperio, en particular con las propuestas y experiencias organizativas de Chiapas y Porto Alegre y con las propuestas del Foro Social Mundial.