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TEMA 26 � OR�GENES Y DESARROLLO DEL FEUDALISMO. LA ECONOM�A SE�ORIAL. DEBATE HISTORIOGR�FICO

 

  1. INTRODUCI�N: EL FEUDALISMO, UN T�RMINO POL�MICO
  2. ELEMENTOS INSTITUCIONALES DEL FEUDALISMO:

 

 

  1. LA SOCIEDAD FEUDAL:

 

                                                              i.      LA POSESI�N DE LA TIERRA

                                                             ii.      LA EXPLOTACI�N DE LA TIERRA

                                                           iii.      R�GIMEN DE TENENCIA DE LA TIERRA

 

  1. CARACTER�STICAS ESTRUCTURALES DEL SISTEMA FEUDAL
  2. LA DIN�MICA DE LA LARGA DURACI�N:

 

  1. LA CIUDAD EN EL SISTEMA FEUDAL
  2. LA CRISIS DEL SIGLO XIV: CRISIS DEL FEUDALISMO

 

 


1.- INTRODUCCI�N: UN T�RMINO POL�MICO, EL FEUDALISMO.

 

El t�rmino feudalismo es un t�rmino pol�mico, sobre su utilizaci�n no existe un acuerdo consensuado. Resumiendo, podr�amos decir que existen dos formas de acercarse al enfoque del feudalismo:

 

Ganshof es el autor de este enfoque, aunque �ste tiene graves deficiencias al tener un sentido ahist�rico de las palabras. Sin duda exist�a una estructura de poder, pero si se pretende, como en el caso de Ganshof, utilizar el t�rmino feudalismo en su sentido �t�cnico-jur�dico� hay que hacer comenzar el estudio en el siglo XIII, incluso en el XIV, �pocas en que se constituye realmente un derecho feudal. Ganshof utiliza t�rminos como �jur�dico�, �pol�tico�, �social� sin reflexionar sobre ellos, sin saber claramente lo que encubren, sin preguntarse tampoco si esas distinciones son realmente pertinentes para el periodo y la sociedad que pretende estudiar.

 

 

Esta �ltima forma de acercamiento es la que vamos a utilizar para mostrar la estructura socioecon�mica de la Europa feudal. Entenderemos el feudalismo como un sistema en el cual est�n imbricados unos en otros los distintos planos que componen la sociedad. Si bien esto tendr� ciertas matizaciones y prestaremos un especial inter�s al papel de la iglesia dentro del sistema feudal.

 

2.- ELEMENTOS INSTITUCIONALES DEL FEUDALISMO

 

Tenemos que destacar dos elementos fundamentales: uno personal (relaci�n personal entre dos hombre libres) o VASALLAJE; otro real (la entrega de una cosa de un hombre a otro) o FEUDO. Para la interpretaci�n institucional no podr� haber feudalismo hasta que estos dos elementos no se den unidos.

 

 

 

Esta encomendaci�n se diferencia por los servicios que se prestan al se�or: si son militares se llama sociedad feudal, si lo son de tipo econ�mico, r�gimen se�orial. El vasallaje implica un acto f�sico con unos ritos que revisten dos caracteres en dos �pocas distintas: en la �poca carolingia encontramos dos ritos esenciales: INMIXTO MANUUM, el vasallo pone sus manos entre las del se�or, es la se�al de la protecci�n que el vasallo espera del se�or; y el JURAMENTUM, juramento de fidelidad del vasallo al se�or, en el que se especificaban las obligaciones del vasallo al se�or.

 

En los siglos XI, XII y XIII el homenaje est� divido en el INMIXTO MANUUM, el VOLO (acto de voluntad del vasallo al encomendarse al se�or) y el SACRAMENTUM (limitaci�n del vasallo), terminado con un beso entre el se�or y el vasallo. Este pacto conlleva unas obligaciones rec�procas:

 

  1. El vasallo para con el se�or: AUXILIUM (servicio militar). La cual tendr� una formulaci�n negativa (no hacer da�o al se�or ni a su familia) y otra positiva (prestar ayuda al se�or que est� en relaci�n al feudo pose�do). A partir del siglo XII esto podr� ser sustituido por un pago en met�lico (SCUTAGIUM). El CONSILIUM tiene dos funciones, el consejo personal de hombre a hombre y la funci�n jurisdiccional (el vasallo le ayuda a administrar justicia, lo que no es dif�cil al no existir c�digos escritos)
  2. El se�or para con el vasallo: protecci�n militar y judicial, y mantenerle bien en su propia casa o d�ndole una renta o feudo.

 

         FEUDO: Es la cesi�n de tierras a cambio de la prestaci�n de servicios, sobre todo militares. Esta cesi�n conclu�a con la muerte de unos de los contratantes. El feudo se denomina con el t�rmino de tenencia que es la tierra que uno disfruta y controla, pero no posee. Su derecho de no es pleno sino IUS IN RES ALIENA. El feudo puede ser un castillo, una tierra, un trozo de poder pol�tico, � La tierra tiene una gran importancia en el vasallaje, porque el se�or limitar� las exigencias hacia el vasallo, seg�n las tierras que tenga �ste.

         UNI�N DE VASALLAJE Y FEUDO: Los or�genes del feudalismo se pueden situar en la monarqu�a franca (siglo VIII); �poca de inestabilidad en la que los reyes no se encontraban en condiciones de defender a sus s�bditos, se formaron unas clientelas militares nobiliarias que daban protecci�n a cambio de servicios por parte de los protegidos. Estas clientelas son sustituidas por unos se�ores que dan protecci�n y una tierra que asegura el sostenimiento del protegido (BENEFICIO). La evoluci�n de esta uni�n pasa por dos etapas:

                                                              i.      Gestaci�n: no existe un lazo personal sino real, es una etapa de uni�n legal. A principios del siglo IX se estima que los servicios del vasallaje est�n condicionados a la entrega de un feudo. SERVITITUM SECUMDUM QUANTITATEM Y QUALITATEM BENEFICII. Antes, con la muerte del se�or, el vasallo se quedaba en la calle, con la muerte del vasallo sus hijos corr�an la misma suerte. Pero el vasallo es cada vez m�s propietario y sus derechos son mayores, as� el poder de los se�ores disminuye. Los romanistas s�lo admiten dos dominios:

1.      directo: est� en manos del se�or.

2.      indirecto: en manos del vasallo

 

Cuando el vasallo aumenta su poder, convierte sus tierras en patrimonio familiar en con la que comienza la segunda etapa: heredatibilidad, divisibilidad y repartibilidad.

 

                                                             ii.      Consolidaci�n del feudalismo: est� caracterizado por la imposibilidad del se�or de arrebatar las tierras al vasallo, as� lo que antes era vitalicio ahora es hereditario. Los derechos del se�or quedan reducidos. Poco a poco los vasallos se niegan a prestar servicios al se�or e incluso dividen las tierras entre sus sucesores. Se produce tambi�n una subinfeudaci�n por la que el se�or pierde m�s derechos porque el vasallo divide el feudo entre subvasallos que pasan a depender del vasallo por un contrato. Luego al unirse el vasallaje y el feudo se puede ser vasallo de varios se�ores, lo cual crear� discordancias. Los se�ores para impedirlas imponen que todos los homenajes sean de fidelidad absoluta.

 

En el siglo XII estos elementos institucionales entran en crisis, el feudalismo cl�sico inicia su declive, se vuelve a estudiar el derecho romano y van apareciendo los primero estados absolutistas.

 

3. LA SOCIEDAD FEUDAL

 

         DISGREGACI�N DEL PODER POL�TICO: A partir del siglo IX los cargos pol�ticos se feudalizan: los condes son vasallos del emperador y llegan a crearse relaciones personales con el propio emperador, no s�lo en relaciones pol�ticas. Carlomagno pretende que los condes dependan del emperador por medio de una fidelidad personal y que reciba de ellos vasallaje. El cargo y recompensa de �ste es un pago a la fidelidad personal, as� hacen patrimonial su cargo pol�tico y su feudo; por lo tanto se convierten en un poder aut�nomo frente al propio estado. Sus bienes son hereditarios. La �poca de Carlomagno supuso una rehabilitaci�n administrativa, cultural y monetaria. Una red administrativa centralizada cuya base son los condes, a los que no se les paga con un salario, sino con una parte de las rentas de su condado o concedi�ndoles tierras. As� se forma la base social de la aristocracia.

Se va a dar tambi�n, superpuesto a este sistema de condados un grupo reducido de magnates del s�quito de Palacio, de donde surgen los missi dominici para estar al tanto de lo que ocurre en el Imperio; adem�s est�n los VASSI (vasallos militares) a los que se les da unas tierras, las cuales son una recompensa obligada por sus servicios militares o administrativos.

La convergencia de estos tres grupos es lo que forma el feudo: concesi�n de legada de tierras que el emperador da a un vasallo, con unos poderes jur�dicos y pol�ticos a cambio de un servicio militar o administrativo.

Con la expansi�n de los feudos, �stos se est�n haciendo hereditarios socavando los cimientos del estado carolingio.

La segunda oleada de invasiones provoc� que los condes sembrasen el pa�s de castillos en la segunda mitad del siglo X. La poblaci�n campesina cae cada vez m�s en manos de los condes al ser defendidos por �stos de los ataques de la segunda oleada de invasiones. Los castillos se convierten a la vez en prisi�n y protecci�n para el campesinado. Si antes la relaci�n REY-S�BDITO era directa, ahora con la nueva relaci�n REY-SE�OR-S�BDITO aparece la guerra privada, el monarca ha perdido la facultad de mantener la paz dentro de sus propio territorio.

Los bienes de la Iglesia eran considerables desde el bajo imperio y siguieron si�ndolo durante mucho m�s tiempo hasta que fueron secularizados. Ven�an a representar entre una quinta y una tercera parte de las tierras, sin contar los diversos ingresos subsidiarios, entre ellos el diezmo. Esta fant�stica riqueza formaba parte de la misma estructura del clero, la cual era obtenida de forma relativamente f�cil y no ten�a ning�n problema de herencia. Todo bien adquirido por la Iglesia lo era de forma definitiva y los cl�rigos siempre fueron los que m�s preparados estaban para conservar la exacta memoria de sus derechos, as� como para administrar sus posesiones con celo y diligencia. Durante la Alta Edad Media fue la �nica organizaci�n capaz de realizar una cierta acumulaci�n, lo que evidentemente le proporcion� una fuerza relativamente considerable en cualquier �mbito de la actividad social en que esa acumulaci�n fuese condici�n previa.

Los controles de la Iglesia eran grandes:

         Controlaba el tiempo, tanto el anual (calendario) como el diurno: tiempo de trabajo y tiempo de fiesta; tiempo de paz, de abstinencia. M�s abstractamente, tambi�n controlaba el tiempo hist�rico, a la vez mediante el c�mputo (desde el nacimiento de Cristo) y mediante la perspectiva general de la historia del mundo, de la creaci�n al juicio final.

         Sobre marcos espaciales era menos absoluto, aunque sin embargo ejerc�a una notable influencia en el sector: en el plano general marcando impl�citamente los l�mites de la cristiandad; en el plano regional, por los l�mites de las di�cesis, los m�s estables de toda la Europa feudal; en el plano local, por la organizaci�n del espacio de las parroquias: reductos consagrados de los cementerios, recintos de la iglesias, recorridas ceremoniales de los calvarios. El conjunto formaba una s�lida red muy jerarquizada a la cual se superpon�a otra red muy ramificada y muy compleja de cultos de medio y largo radio de acci�n que, permanentemente, lanzaban sobre los caminos innumerables muchedumbres siempre renovadas de peregrinos de toda laya. En suma, una red fija y una red itinerante.

         Sobre los lazos de parentesco y de las formas de matrimonio que la Iglesia impuso, al menos como norma.

         Sobre el sistema de ense�anza: desde las escuelas episcopales y mon�sticas de la Alta Edad Media a los colegios de las �rdenes religiosas, pasando por las universidades, todo lo que cuenta perteneci� a la Iglesia. Ese control del saber acompa�aba un estrecho control y multiforme de las creencias y de la moral: el catecismo reiterado y reactualizado en los sermones dominicales; la pr�ctica de la confesi�n individual permiti� penetrar en las conciencias para intentar orientar m�s directamente las conductas. Este monopolio del saber y de la moral pudo apoyarse eficazmente en el monopolio de lo escrito hasta el siglo XII y en una posici�n dominante en los distintos �mbitos de representaci�n.

         Sobre el sistema de asistencia y de hospitales, el cual estaba justificado por el deber de la caridad y sostenida por la riqueza eclesi�stica.

         Sobre los poderes principescos y reales. La Iglesia interven�a simult�neamente como clero detentador de lo sagrado y como pueblo cristiano. La consagraci�n eclesial interven�a solamente para autentificar de alg�n modo la relaci�n privilegiada entre el pueblo y su rey en el momento que esa relaci�n se renovaba; de ese modo la consagraci�n real participaba por una parte del control de parentesco (fuente de legitimidad) y por otra del control del tiempo (reinados con denominaciones socializadas de la cronolog�a general).

 

Desde el siglo V al XIII, el poder de la Iglesia no ces� de reforzarse en todos los sentidos, de extenderse y refinarse. De forma m�s general, la Iglesia aparecer� como la fuerza motriz principal del sistema feudal, al menos desde el bajo imperio hasta el siglo XVI.

La Iglesia ha autonomizado en cierto sentido lo esencial de la reproducci�n generalizada del sistema. El sistema de producci�n feudal reposaba sobre dos pilares: el v�nculo de los hombres a la tierra y la cohesi�n de la organizaci�n de la aristocracia. La vinculaci�n al suelo era una vinculaci�n con los vivos y con los muertos. La vinculaci�n con los vivos fue doblemente sacralizada y fijada por el matrimonio �nico e indisoluble y por la proliferaci�n del parentesco espiritual. Pero la vinculaci�n con los muertos goz� asimismo de suficiente atenci�n. El culto funerario estrechamente socializado, fijado en el espacio, imbricado en los aspectos generales y obligatorios del culto cristiano, apareci� como una de las m�s s�lidas garant�as de la estabilidad de las poblaciones.

Por lo que respecta a la organizaci�n de la aristocracia, fue una funci�n casi monopolizada por la Iglesia hasta el siglo XIII; a partir de entonces debi� compartirla con el estado. Hasta el siglo XII la incorporaci�n de una tierra marginal al sistema feudal se hac�a por la conversi�n de la aristocracia al cristianismo. A partir de esta conversi�n, las poblaciones eran integradas por su aristocracia en las redes del saber (lengua latina) y de parentesco que les asimilaban al resto de la cristiandad. Hasta el siglo XIII de hecho, la perdurabilidad y homogeneidad de la Iglesia constituy� el fundamento �nico de la cohesi�n aristocracia, el �nico contrapeso eficaz de la l�gica tribal y guerrera que articulaba la aristocracia feudal: de ah� la importancia absolutamente de una separaci�n extrema entre el �ordo clericum� y el �ordo loucorum�, puesto que la supervivencia del sistema como tal iba en ello. La Iglesia era la intermediaria necesaria entre dios y los hombres.

 

   CABALLER�A Y HONOR. Cuando las tierras est�n repartidas y ya no hay m�s para poder recompensar a los guerreros, �stos tratan de alcanzar la nobleza personal a expensas de la guerra. Lo mismo pasa con los hijos de los nobles que no son los primog�nitos que buscan tambi�n la nobleza personal. La manera de conseguirlo es formar parte de la orden de caballer�a, para ello tienen que ser cat�licos, fieles a su se�or, ayudar a los m�s d�biles, ser de casa noble y, sobre todo, vivir noblemente (sin hacer trabajos manuales). No pueden ser castigados con penas capitales. Desaparece hacia el siglo XV, pero su influencia va a ser grande como forma de vida y de cultura (incluye la gentileza y el honor). No pagan impuestos, tienen derecho a la guerra privada y s�lo pueden ser juzgados por sus iguales. Crean la primera cultura laica entre la Cl�sica y el Renacimiento.

 

   LA M�DULA DEL SISTEMA FEUDAL: La explotaci�n de un hombre por otro constituye dicha m�dula, esto va a suponer la posesi�n de la tierra y de otros hombres por parte del se�or y la apropiaci�n de funciones p�blicas.

 

 

 

 

o             R�GIMEN DE TENENCIA DE LA TIERRA: No tiene porque coincidir r�gimen de propiedad con r�gimen de tenencia de la tierra. En la explotaci�n directa (r�gimen de propiedad de la tierra coincide con la tenencia. El poseedor del dominio eminente tambi�n tiene el dominio �til) y en la indirecta (r�gimen de propiedad de la tierra no coincide con la tenencia. El poseedor del dominio eminente no ejerce el dominio �til)

 

El conflicto se�ores-campesinos sobre la apropiaci�n del excedente de la tenencia campesina constituye el principal motor en la evoluci�n de la sociedad medieval. Los campesinos que ocupaban y cultivaban la tierra no eran sus propietarios. La propiedad agr�cola estaba controlada privativamente por una clase de se�ores feudales. Esta coerci�n extraecon�mica, que tomaba la forma de prestaciones de trabajo, rentas en especie u obligaciones consuetudinarias del campesino hacia el se�or, se ejerc�a tanto en la reserva se�orial, vinculada directamente a la persona del se�or, como en las tenencias o parcelas cultivadas por el campesino.

 

3.      CARACTER�STICAS ESTRUCTURALES DEL FEUDALISMO.

 

Sacaremos dos conclusiones: una relativa a la producci�n y la otra a la relaci�n social de producci�n. En cuanto a la producci�n, la forma caracter�stica del sistema es la peque�a producci�n campesina al marcar sus ritmos de crecimiento a la econom�a. Una visi�n exclusivamente institucional a veces enmascara esta evidencia al sobreimponer el marco jur�dico de la producci�n (el se�or�o) a la unidad fundamental de la producci�n (la explotaci�n campesina).

La complementariedad de estos dos grupos ha, sin lugar a dudas, contribuido a mantener, incluso a reforzar, las solidaridades lugare�as el orden econ�mico, en la medida que el goce de derechos de uso y pastos comunes era indispensable para la supervivencia del jornalero y, consiguientemente, �til para la peque�a producci�n en su conjunto.

o        Las instituciones sociales tienden tambi�n a preservar la peque�a producci�n. As� la comunidad de lugare�os juega un papel an�logo al del gremio en el artesanado urbano en la defensa de los derechos de uso o de su ampliaci�n, rechazo de todo lo que es susceptible de romper los equilibrios socioecon�micos, y particularmente la innovaci�n t�cnica. En lugar de contradecir la peque�a producci�n individual es su auxiliar y protectora. As�, resulta un bloqueo tecnol�gico que es una de las mayores caracter�sticas del sistema, cuyo t�rmino supone la debilitaci�n previa de esas instituciones. De manera que el crecimiento en el sistema feudal toma necesariamente una caracter�stica extensiva que se expone al riesgo de los rendimientos decrecientes.

o        A la hegemon�a de la peque�a producci�n corresponde probablemente una demograf�a original. Su primera caracter�stica estar�a en la naturaleza misma del r�gimen demogr�fico, especialmente su principal mecanismo autorregulador: la adaptaci�n de la nupcialidad a las variaciones tendenciales de la mortalidad, sobre la base de una fecundidad pr�cticamente estable. Semejante microrregulaci�n (se hace en la escala de la explotaci�n familiar) s�lo es concebible en un sistema dominado por la peque�a producci�n individual, donde el nacimiento de ni�os queda subordinado a la desaparici�n de sus parientes. Su segunda caracter�stica tiene una importancia excepcional en el funcionamiento del sistema y en sus desarreglos eventuales. Esto resulta del car�cter extensivo del crecimiento econ�mico: los progresos de la producci�n suponen los de la poblaci�n y a la inversa. Pero la estrecha relaci�n entre las dos formas de crecimiento quiebra cuando el crecimiento demogr�fico, obedeciendo con unos mecanismos que le son propios, sigue una trayectoria aut�noma respecto al crecimiento econ�mico.

De cualquier manera, la peque�a producci�n es el eje del sistema. Es en su seno donde se muestran los resorte del crecimiento y, por consiguiente, la din�mica del sistema. �Esto quiere decir que la hegemon�a de la peque�a producci�n es tal que el lugar econ�mico del se�or es accesorio y que se encuentra confinado en un papel social y pol�tico? Los hechos contradicen esta hip�tesis. El campesino se inserta en unas relaciones sociales determinadas y la marcha de su explotaci�n no ser�a comprendida independientemente de la renta se�orial a la que est� sometido.

Veamos ahora las relaciones sociales de producci�n. La originalidad del sistema estudiado reside no s�lo en las caracter�sticas de la producci�n sino tambi�n en un modo de explotaci�n del hombre, del que conviene recordar los siguientes rasgos distintivos:

         La renta feudal es el aspecto principal de la intervenci�n econ�mica del se�or. En la funci�n del se�or se distingue una acci�n directa (participaci�n en las actividades de producci�n) y una indirecta (efecto de la renta se�orial sobre la producci�n campesina). La primera es bastante reducida; asegura, evidentemente, la responsabilidad del equipo de uso colectivo (molino, bosques), pero hay que tomar en consideraci�n el papel limitado de la reserva se�orial cultivada, s�lo interviene de forma marginal en la esfera de las actividades productivas propiamente dichas. A cambio, ejerce una influencia constante y multiforme sobre esas actividades. Porque la primera raz�n de ser del sistema es suministra a los amos de la vida social una renta que es sacada de la producci�n, hipotecando m�s o menos el funcionamiento de las explotaciones campesinas.

         La tasa de cargas feudales o tasa de participaci�n en las cosechas no tiene una evoluci�n an�rquica. Por el juego de los mecanismos socioecon�micos diversos est� afectada por un movimiento de ca�da tendencial que s�lo es interrumpido por la intervenci�n de un factor extraecon�mico: el desarrollo de la guerra y la fiscalidad real.

         El movimiento de ca�da tendencial de la tasa de cargas feudales deriva de la misma estructura social. En la presi�n contradictoria ejercida por cada uno de los protagonistas sobre dicha tasa, el campesino dispone con el usufructo de la tierra y el control del proceso de producci�n de una mayor ventaja. El se�or, excluido de de este proceso, s�lo ejerce sus punciones en virtud de actos de origen extraecon�mico. El resultado de esta presi�n a largo plazo es una evoluci�n favorable al campesino de la relaci�n de fuerzas econ�micas, generando una erosi�n de la tasa de cargas feudales. S�lo una nueva definici�n de las presiones extraecon�micas, es decir, un arreglo pol�tico de las relaciones de explotaci�n, es susceptible de cambiar por un tiempo, esta tendencia.

La hegemon�a de la peque�a producci�n renta se�orial por presiones extraecon�micas son las dos grandes caracter�sticas del sistema socioecon�mico, cuyos cimientos aparecen, de este modo, contradictorios. De un lado, el car�cter individual y familiar del proceso de producci�n; de otro, el car�cter se�orial de la apropiaci�n de la tierra y del poder. Entre ambos, las tensiones son constantes.

 

5. LA DIN�MICA DE LARGA DURACI�N

 

En el sistema feudal encontramos una din�mica de larga duraci�n caracterizada por la alternancia entre fases de crecimiento y fases de retroceso o estancamiento, el paso de una a otra ser�a ineludible debido a la disminuci�n de la productividad.

 

         FASE DE AUGE O FASE A: Tiene siempre un car�cter extensivo, se manifiesta por la conquista del espacio agrario, con una base t�cnica pr�cticamente constante, y por el crecimiento de la poblaci�n. Comporta tambi�n una ca�da tendencial de la productividad del trabajo. Por raz�n de las permanencias t�cnicas, la extensi�n de la producci�n en el espacio, m�s la sobrecarga de hombres, trae consigo una ca�da de la productividad global por el juego de m�ltiples factores[3]. A este proceso tambi�n corresponde una tendencia ascendente de los precios y una evoluci�n en tijera de los precios agr�colas e industriales. El encarecimiento de los precios agr�colas tiene como punto de apoyo principal la ca�da de la productividad en ese sector; inversamente, la subida de los precios agr�colas favorece el crecimiento al justificar la puesta en valor de tierras marginales, aun siendo mediocres. Esto acent�a la ca�da de la productividad.

Por �ltimo, en el crecimiento se produce un debilitamiento de los salarios reales, lo cual es un �ndice de una pauperizaci�n de la masa campesina. Siendo �ste, un nuevo factor del debilitamiento de la productividad.

Un �ltimo elemento del proceso de crecimiento es la ca�da de la tasa de cargas feudales. Esto es un elemento indispensable e inseparable de la ca�da de la productividad. La sobrecarga de hombre y la parcelaci�n de la tierra a fines del siglo XIII ser�a inconcebible si no se hubiera exigido menos a cada campesino. Inversamente, cuando el producto por cabeza disminuye, la parte de este producto susceptible de ser cedida tambi�n declina, hay aqu� una acci�n de cambio sobre la tasa de cargas feudales. Sin una ca�da tendencial de la tasa de cargas feudales, la conservaci�n de una tendencia larga para la reproducci�n libre (econ�mica-demogr�fica) a pesar del declive de la productividad ser�a incomprensible. Gracias a ello, una parte m�s grande del producto es destinada a los gastos de equipamiento y al consumo campesino, es decir, para la reproducci�n.

En este proceso de crecimiento est�n impl�citas las condiciones de su crisis. Se llegar� a umbral en el que la ca�da de la productividad har� cada vez m�s aleatoria la reproducci�n simple para un gran n�mero de explotaciones. Pero el verdadero umbral cr�tico llegar� cuando el volumen de renta se�orial d� signos de retroceso cuando los efectos de la ca�da de la tasa no ser�n compensados por los del crecimiento econ�mico y demogr�fico. La clase se�orial deber� entonces sacar m�s de cada uno y por un acto pol�tico invertir la p�gina del crecimiento.

 

         FASE DE CRISIS O FASE B

 

Este proceso no es la simple imagen invertida del crecimiento. A fines de la edad media, este proceso de crisis se manifiesta bajo la forma de crisis violentas y generalizadas, cronol�gicamente limitadas, pero desbordando su marco econ�mico y demogr�fico al afectar a todos los aspectos de la vida social.

La sucesi�n de muchas explosiones, separadas por fases de tranquilidad, no debe, sin embargo, enmascarar la continuaci�n del proceso que, como el de crecimiento, presenta un car�cter acumulativo. La din�mica de la crisis hace que el volumen e la renta feudal tienda a decrecer a pesar del aumento de las cargas feudales, de ello resulta una incitaci�n permanente a tomar una parte m�s grande del producto de la explotaci�n campesina, por el impuesto o el pillaje. Se advertir� tambi�n que considerados en un periodo de larga duraci�n, haciendo abstracci�n de los periodos intermedios de tranquilidad, las manifestaciones de la crisis son sim�tricas a las del crecimiento. Ello se traduce en la contracci�n del espacio agr�cola y la regresi�n demogr�fica, sin cambios de orden t�cnico. Se acompa�a de un alza de la productividad del trabajo[4]. Por razones inversas a las enunciadas m�s arriba, este movimiento de la productividad est� estrechamente relacionado con el que la tasa de las cargas feudales; desde este punto de vista, la presi�n se�orial y real, a pesar de la apariencias, es un factor decisivo de progreso.

A la FASE B tambi�n le corresponde una tendencia descendente de los precios y un encarecimiento relativo de los precios industriales. La contracci�n de los precios agr�colas refleja el eficiente crecimiento de la agricultura actuando sobre la producci�n (obligando al repliegue sobre las mejores tierras) y sobre la productividad. En fin, la crisis tambi�n produce un alza de los salarios reales y una mejora de los niveles de vida cuando las tempestades econ�micas o militares se alejan. Este fen�meno est� en estrecha uni�n con los progresos de la producci�n.

Como movimiento acumulativo, la crisis encuentra entonces en la evoluci�n de la productividad un mecanismo autorregulador que le asigna unos l�mites. Estos se alcanzan cuando la productividad llega a un nivel tal que la explotaci�n campesina est� en condiciones de soportar las nuevas cargas fiscales y en posici�n de practicar una reproducci�n libre. Desde entonces las condiciones socioecon�micas de otro fase de crecimiento pueden ser realizados. Este conjunto de consideraciones nos conduce a ver los movimientos largos algo que los fen�menos coyunturales unen a las variaciones de la masa monetaria o de la poblaci�n. Estos movimientos de larga duraci�n son espec�ficos de la econom�a feudal ya que el comportamiento de la renta y de la productividad es propio de este sistema. La din�mica de larga duraci�n est� principalmente sometida a la acci�n de dos leyes socioecon�micas tendenciales y complementarias:

 

         La ley de la ca�da tendencial de las cargas feudales est� unida a la contradicci�n entre la apropiaci�n se�orial de la tierra y el car�cter individual del proceso de producci�n.

         La ley de ca�da tendencial de la productividad lo est� a las caracter�sticas de la producci�n (la peque�a producci�n s�lo permite un crecimiento extensivo).

 

6.      LA CIUDAD EN EL SISTEMA FEUDAL

 

Hay dos tipos de tesis respecto a la ciudad dentro del sistema feudal:

 

La consecuencia del desarrollo de la conciencia burguesa fue el movimiento comunal urbano del siglo XII y el establecimiento de se�or�os colectivos, es decir, entidades pol�ticas diferenciadas dentro del orden feudal, separadas de ese mundo, pero poseedores de una soberan�a parcelada comparable a la de los feudatarios.

 

Esto va a ser la tesis aqu� defendida. Para ello establecer� primero una amplia clasificaci�n de la ciudad medieval:

 

Se analiza, ahora, la estructura interna de las ciudades. La econom�a urbana, como la econom�a rural, se basaba universalmente en la unidad de producci�n y distribuci�n familiar, es decir, el taller artesanal o la peque�a tienda. En las ciudades mayores las organizaciones artesanales, fraternidades y gremios actuaban como estructuras intermedias entre los artesanos y los peque�os comerciante, por un lado, y el gobierno urbano, por el otro. Estas fraternidades estaban dominadas por los artesanos m�s ricos.

La elite urbana eran los comerciantes capitalistas, grandes, medianos y peque�os; gentes que acumulaban capital en dinero como beneficio derivado de la venta m�s que de la producci�n. Hab�a semejanzas entre ellos y los se�ores feudales[5] y tambi�n diferencias.

Dado que la mayor parte del beneficio de los comerciantes derivaba de la provisi�n de las clases aristocr�ticas, puede decirse que viv�an indirectamente del excedente campesino y naturalmente se ve�an afectados por los cambios en el equilibrio del poder entre se�ores y campesinos y, en consecuencia, por los ingresos a disposici�n de los terratenientes.

La gran mayor�a de las peque�as ciudades de mercado eran burgos se�oriales, a ellos habr�a que a�adir algunas ciudades mayores que, a pesar de su desarrollo econ�mico, no hab�an obtenido la autonom�a relativa de los burgos reales.

Si se consideran las ciudades medievales en su conjunto es evidente que no se pueden ver como islas feudales en mares feudales. Ni se pueden considerar los intereses sociales y econ�micos de los burgueses medievales como opuestos y en desarrollo antag�nico a los intereses del estado feudal y su clase propietaria dirigente. Hay que mirar la econom�a urbana como una parte del conjunto de la econom�a feudo-se�orial.

 

7.      LA CRISIS DEL SIGLO XIV: CRISIS DEL FEUDALISMO

 

El sistema feudal es un sistema din�mico. Podr�amos distinguir cuatro etapas en la evoluci�n del sistema feudal:

 

a)     Siglos V-X: periodo de formaci�n

b)     Siglos XI a primera mitad siglo XII: ascenso del sistema feudal

c)     Segunda mitad del siglo XII-XIV: florecimiento del sistema feudal, crecimiento del comercio y de la econom�a monetaria, especializaci�n de los se�or�os en art�culos determinados. En Europa Central la aparici�n de las rentas monetarias en vez de las prestaciones en la reserva se�orial o renta en trabajo. Diferenciaci�n en el seno de la clase campesina: labradores-jornaleros.

d)     Crisis del siglo XIV: gran recesi�n econ�mica, mutaciones dentro del sistema, retroceso de la servidumbre en occidente y aparici�n del estado absolutista.

 

Sobre esta �ltima etapa va a versar este apartado. Es la denominada crisis del feudalismo. En el siglo XIV nos encontramos en la denominada FASE B. La transici�n de principios del siglo XIV no es un episodio cualquiera. Es el principio de su crisis. Esto quiere decir que el sistema ha agotado sus posibilidades de expansi�n con una conquista casi integral del espacio cultivable.

Un callej�n econ�mico sin salida en primer lugar. Todas las contradicciones del crecimiento se acumulan y se exacerban. La sobrecarga de hombre se acrecientan peligrosamente, la productividad cae, la miseria se extiende. Y si el nivel de actividades se mantiene a�n durante un tiempo, es por el coste de una inflaci�n que retarda los plazos pero los agrava al mismo tiempo.

El imp�s es, a la vez, institucional, pol�tico y moral. Es este car�cter general de la crisis lo que queremos designar con la expresi�n de crisis de feudalismo. Significa simplemente que el sistema no puede funcionar m�s sobre bases tradicionales y que est� por tanto condenado a la desorganizaci�n. El signo de esta desorganizaci�n es dada por el feudalismo cuando se lanza a unas aventuras militares de las que espera entradas de ayudas. El implacable mecanismo guerra-fiscalidad-guerra se coloca en su lugar tan pronto como es puesto en funcionamiento.�C�mo el tejido, ya de por s� an�mico, de las unidades de producci�n campesina habr�a podido resistir la avalancha de nuevos cargos que caen sobre ella? Despu�s de 1337, la sobrerrenta fiscal rompe los equilibrios de la econom�a campesina. No se necesita m�s para que la sociedad sea expuesta a todas las cat�strofes. Tanto que, delante de esta marea humana agitada por convulsiones cada vez m�s violentas, la fragilidad irrisoria de las instituciones pol�ticas no ofrece ning�n recurso.

Las cat�strofes se abaten unas sobre las otras, confundi�ndose: el hambre, la peste, la guerra. Ser�a insensato querer minimizar los efectos o pretender que solo los mecanismos econ�micos sean a�n directamente responsables de la regresi�n demogr�fica.

La soluci�n adoptada para impedir la ca�da de los ingresos se�oriales tiene una significaci�n particular: la renta feudal centralizada se superpone de una manera permanente como una sobrerrenta feudal, cuya mayor parte por m�ltiples canales va a parar a las tesorer�as se�oriales. No hay ninguna revoluci�n en esto. Las dos clases fundamentales de la sociedad permanecen cara a cara. S�lo las modalidades de explotaci�n de la una por la otra han cambiado. El poder del pr�ncipe en adelante ser� respaldado por el del se�or para extraer de la producci�n campesina lo quees necesario para mantener a la clase dirigente. Entre las dos formas de renta, la coexistencia se vuelve necesaria, pero es dif�cil. M�s poderosa, la administraci�n mon�rquica es m�s apta para sostener su papel cuando, al contrario, la administraci�n se�orial se desmorona. As�, se abre la v�a para una centralizaci�n acrecentada de la renta combinada con la hipertrofia del aparato de estado con el horizonte del absolutismo.

Esta es una de las principales consecuencias de la crisis del siglo XIV, esto supuso, como hemos visto, una disminuci�n de sus ingresos por la contradicci�n entre la peque�a y la gran propiedad, con la consiguiente reacci�n se�orial que va hacer la nobleza se agrupe ante un monarca. El poder de clase de los se�ores feudales qued� directamente amenazado por la desaparici�n gradual de la servidumbre. El resultado fue un desplazamiento de la coerci�n pol�tica en un sentido ascendente hacia una cima centralizada y militarizada: el estado absolutista.

Otra de las consecuencias de la crisis ser� el final de la servidumbre en el occidente europeo y el paso de una renta en trabajo a una renta en dinero o especie (aunque la primera no desaparece) y la aparici�n de la denominada segunda servidumbre al este del Elba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Cartas de fundaci�n de un se�or�o: al noble X se le cede todo lo que hay en determinado territorio, esto va acompa�ado de la jurisdicci�n sobre todos los habitantes de dicho territorio.

[2] Esto es debido al h�ndicap de productividad que debe soportar, que s�lo superar� por el favor de las circunstancias particulares de los privilegios de origen social (para las explotaciones se�oriales), una fertilidad particular del suelo, facilidades de venta de productos (proximidad de los grandes mercados de consumo y de v�as navegables) o una coyuntura de precios altos y salarios bajos.

[3] Mediocridad de las tierras marginales, descenso de la ganader�a, fragmentaci�n de las explotaciones, etc.

 

 

[4] Repliegue sobre las mejores tierras, aumento de la ganader�a, reestructuraci�n de las explotaciones, eliminaci�n de las m�s ineficientes, etc.)

[5] Distancia respecto al proceso productivo y no tendencia a invertir. Ingresos comerciantes depend�an de una funci�n de intermediario y de los pr�stamos a arist�cratas y al estado.