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TEMA 23.- DEL NEOLITICO A LAS SOCIEDADES URBANAS DEL PROXIMO ORIENTE. FUENTES ARQUEOLOGICAS.

ESQUEMA

1.- INTRODUCCION.

2.- TEORIAS SOBRE EL ORIGEN DEL NEOLITICO.

3.- CARACTERISTICAS DEL NEOLITICO: DOMESTICACION.

4.- �DONDE SE DESARROLLA EL NEOLITICO? PRIMEROS ASENTAMIENTOS.

5.- LA EXPANSION DEL NEOLITICO.

����������� - ASIA

����������� - EUROPA

6.- MEGALITISMO.

7.- EDAD DE LOS METALES.

8.- PRIMERAS CULTURAS URBANAS.

9.- BIBLIOGRAFIA.

 

1.- INTRODUCCION.

����������� Ser� J. LUBBOK quien en el 1865 utilice por primera vez el t�rmino Neol�tico para denominar una fase cultural caracterizada por el pulimento de la piedra. Pero esto es solo una parte de un cambio mayor caracterizado por la implantaci�n de nuevas relaciones entre el hombre y el medio ambiente. Se pasar� de una econom�a depredadora a otra productora, cambio al que GORDON CHILDE denomin� como �Revoluci�n Neol�tica�, asentada sobre la agricultura y la ganader�a.

2.- TEORIAS SOBRE EL ORIGEN DEL NEOLITICO.

����������� Principalmente son tres:

-                            El origen de las formas de vida neol�ticas estar�a en los cambios clim�ticos (defendido por G. CHILDE) de finales del Pleistoceno y principios del Holoceno, produci�ndose una desecaci�n de amplios espacios, siendo los peque�os reductos con recursos de aguas donde se refugiaron animales y vegetales as� como el hombre, controlando y aprovech�ndose, domestic�ndolas y conservando, as� como garantizando su reproducci�n. Es la Teor�a de los Oasis, debilitada cuando se demostr� que, precisamente en esa zona, los cambios clim�ticos no fueron tan importantes como CHILDE pensaba.

-                            Binford, Flannery y Harris defiende que el cambio es debido a causas demogr�ficas, como el aumento de la poblaci�n, y por tanto existe la necesidad de un mayor aporte alimenticio. Lo que se duda es si el aumento de poblaci�n es una consecuencia o una causa de la Neolitizaci�n.

-                            Braidwood expone que el cambio es debido a un proceso cultural gradual: la necesidad del hombre de una mayor estabilidad y su relaci�n cada vez m�s estrecha con su entorno natural, da lugar al proceso de neolitizaci�n.

3.- CARACTERISTICAS DEL NEOLITICO. PERIODIZACION.

La sedentarizaci�n podr�a definirse como el agrupamiento de una poblaci�n reunida por una comunidad de intereses en relaci�n a un territorio o espacio geogr�fico concreto. Sobre �l se sustenta su forma de vida a partir de una instalaci�n permanente. El factor determinante es la dimensi�n del territorio, cuando puede ser explotado sin necesidad de nomadismo, y cuando sus recursos se renuevan por s� mismos de forma natural o mediante la intervenci�n humana en el biosistema, para garantizar la subsistencia del hombre. La instalaci�n permanente servir�a adem�s como reafirmaci�n de la propiedad de un territorio por parte de una comunidad.

A partir del Neol�tico la sedentarizaci�n se generaliza, debido a las nuevas t�cnicas agr�colas y ganaderas, que facilitan al mismo tiempo la posibilidad de agrupamientos mayores de poblaci�n y organizaciones sociales m�s complejas, aunque sigan existiendo grupos especializados en cultivos y ganader�a, sin que ello reste importancia al poblado de origen como lugar de h�bitat permanente para la mayor parte del grupo.

El Mediterr�neo oriental fue el �rea natural de origen y manipulaci�n de las primeras plantas cultivadas (agricultura). La primera fase del proceso es el cultivo de tipo silvestre con semillas recogidas en las �reas de origen. Luego se hace la selecci�n de plantas mutantes, y con la intervenci�n humana se logra la eliminaci�n de los tipos silvestres originales. Tras este proceso, las plantas cultivadas necesitan de la intervenci�n humana para sobrevivir.

Las gram�neas de tipo silvestre antecesoras del trigo y la cebada se desarrollan en zonas del suroeste de Asia. Los primeros cereales que se domesticaron aparecen hacia el 8800 a.C. en los niveles neol�ticos de Aswad al SO. de Siria, en cuyo nivel mesol�tico se encontr� la especie silvestre carbonizada. Algo m�s tarde hay cereales dom�sticos en Jeric�, Gilgal y Netiv Hagdud, en Palestina, y en el neol�tico de Abu Hureyra, al n. de Siria, y una fase m�s tard�a, en Cay�n�, al S.E. de Turqu�a.

Los cereales eran f�cilmente almacenables y si se guardaban en condiciones adecuadas pod�an conservarse largo tiempo sin perder sus cualidades nutritivas. Las primeras siembras de cereal debieron ser con semillas silvestres recolectadas en sus �reas de origen y en el curso de esta pr�ctica se producir�a la domesticaci�n.

La cebada aparece tambi�n en asentamientos neol�ticos del Pr�ximo Oriente y tambi�n crece all� silvestre.

El cultivo del arroz se inici� al este de Tailandia (5500 a.C.) y aparece en el 2000 a.C. en el Neol�tico del Sur de China. Su antecedente es originario de las Indias Orientales. El cultivo m�s importante durante el Neol�tico Chino es el mijo.

El ma�z, originario de Am�rica, en la actualidad no se encuentra en estado silvestre, y era la alimentaci�n b�sica de las poblaciones precolombinas de Per� y Am�rica Central. Tiene un origen controvertido. En M�jico aparece en Tehuac�n, y en los niveles de la fase Coxcatl�n (6800/5000). En Am�rica del Sur en Ayacucho (6500/5500). Pero al parecer en Am�rica se cultivaron antes otra plantas como la calabaza, habichuelas y el pimiento desde el 6500 a.C.

Las leguminosas (guisantes y lentejas) se cultivaron desde inicios del Neol�tico, pero con un papel menos importante que los cereales, aunque tienen su importancia ya que sus ra�ces aportan nitr�geno a los suelos y, por tanto su cultivo alternado con el de cereales, es muy beneficioso para conservar la fertilidad de la tierra. La lenteja tiene su antecedente silvestre en Europa y Asia Occidental, aparece a fin del IX milenio en Mureybet y Abu Hureyra, y m�s tarde en los poblados neol�ticos del Pr�ximo Oriente y tambi�n en Grecia. El lino, como planta oleaginosa y como fibra textil, tambi�n tuvo su importancia, conserv�ndose tejidos sobre arcilla en el Neol�tico Precer�mico de Jarmo y en El Fayum hacia el 4500 a.C.

Ganader�a: La relaci�n del hombre con los animales a lo largo de la Prehistoria es mucho m�s compleja y depende de las caracter�sticas de cada especie, de sus posibilidades de acercamiento al hombre y de la edad. Puede darse el caso de acercamiento del animal al hombre o puede que sea por la posible captura y domesticaci�n de un individuo joven, sin que �sto tenga consecuencias en el futuro de la especie.

La verdadera domesticaci�n supone cambios biol�gicos en el animal, influye en sus caracter�sticas gen�ticas produciendo modificaciones taxon�micas y tambi�n cambios en la relaci�n del animal con el grupo humano. Los animales vivos se integran en la organizaci�n socioecon�mica del grupo humano. Cuando el hombre a�sla un grupo de animales, da lugar a la consanguinidad, favoreciendo la aparici�n de genotipos nuevos, seleccionados por �l, desaparece la selecci�n natural, y ya no pueden sobrevivir sin �l. Da lugar a nuevas razas, y sobre todo, y seg�n las necesidades, da lugar al aprovechamiento por la comunidad humana por su carne, lana, leche o fuerza motriz.

Estudios paleozool�gicos han aislado los agriotipos que dieron lugar a los primeros animales dom�sticos. La domesticaci�n de las primeras especies (oveja, cabra, cerdo, buey) se da ya en tiempos muy antiguos en Pr�ximo Oriente, donde est�n los antecesores de la cabra y� la oveja, mientras que los del buey y el cerdo se situaban en un h�bitat mas extenso en el continente eurasi�tico. En el natufiense ocupa un papel importante la gacela, la cabra salvaje y la pesca.

La domesticaci�n del perro est� documentada en el Pr�ximo Oriente en el Epipaleol�tico zarziense y en el natufiense antiguo desde hace unos 13.000 a�os. En Europa es m�s tard�o, hace 10.000 a�os, al igual que en Am�rica (10.400).

La cabra parace haber sido el primer animal dom�stico, documentada desde el Neol�tico precer�mico del Levante, con origen en la cabra salvaje del Pr�ximo Oriente, con h�bitat en ambientes rocosos. El cordero dom�stico, de h�bitat menos monta�oso, exisit�a ya en el Neol�tico en diferentes �reas desde hace unos 8.500 a�os.

La domesticaci�n del buey dom�stico se documenta al final del Neol�tico precer�mico en Levante hace unos 8.000 a�os. El cerdo dom�stico, cuyo antecedente es el jabal�, tiene antecedentes de domesticaci�n desde hace unos 8.000 a�os, mientras que el caballo fue aprovechado mucho m�s tarde, en las llanuras del mar Negro, hace unos 5.800 a�os, extendi�ndose posteriormente.

Los intercambios: el comercio. La realidad arqueol�gica parece demostrar que estas primeras civilizaciones sedentarias tuvieron un extenso movimiento de intercambios, gracias a la presencia de objetos en poblados que no son de origen local. La sociedad neol�tica empez� a demandar determinados bienes, materias primas y diversos objetos. Lo m�s probable es que se tratara de intercambios reducidos, facilitados por desplazamientos de grupos o individuos, lo que permitir�a el trueque entre diferentes comunidades e intercambio de presentes.

En algunas ocasiones s� parece existir aut�nticas redes de intercambio de determinadas materias primas de alta demanda, incluso a distancias considerables, como en el caso de la obsidiana, roca volc�nica muy escasa, procedente de Anatolia, las C�cladas, las L�pari o Cerde�a. Otras rocas bas�lticas tuvieron distribuci�n m�s restringida para la fabricaci�n de hachas o recipientes de lujo. Un caso destacado en el Neol�tico peninsular avanzado es el uso de adornos de piedra verde (calaita) en sepulcros de fosa en Catalu�a, provenientes de la explotaci�n minera de Can Tintor� (Gav�, Barcelona), con pozos y galer�as. A estas comunidades, de organizaci�n compleja y estable, cabe atribuirles una actividad comercial de bienes de tipo santuario.

La cer�mica. Es uno de los logros m�s importantes del Neol�tico, que supone la transformaci�n de la materia s�lida en sustancia pl�stica y, tras una cocci�n, de nuevo en materia s�lida. Con ello se consigue la creaci�n de materiales que pueden colocarse al fuego, con propiedades impermeables, gracias al aprovechamiento de las cualidades de plasticidad y resistencia al fuego de las arcillas.

Las aplicaciones fueron m�ltiples, desde su uso en la fabricaci�n de silos de almacenamiento y construcci�n de paredes hasta recipientes, otros utensilios de uso dom�stico y elementos de adorno.

La cer�mica ofrece numerosas variaciones morfol�gicas, t�cnicas y decorativas, siendo adem�s fr�gil y econ�mica. Sus restos han permitido establecer secuencias evolutivas, clasificadas en horizontes o culturas, permitiendo la identificaci�n de grupos concretos.

La cronolog�a� del neol�tico se ha dividido en cuatro per�odos, bas�ndose en la existencia o no de cer�mica, y ser�a grosso modo la siguiente:

Neol�tico Precer�mico A, conocido por las iniciales en ingl�s: PPN A (+-9000-7500). Este per�odo� se desarrolla en la zona geogr�fica que abarca� el punto de intersecci�n entre la zona nuclear de cereales y la zona de los cazadores recolectores natufienses y khiamnienses, que se corresponde al corredor que va desde el Jord�n al valle medio del E�frates.

Neol�tico Precer�mico B inicial y medio, PPN B, (7500-6500). Se produce un a expansi�n hac�a Anatolia.

Neol�tico Precer�mico B final, (6.500-5.500). Es la �poca de la gran emigraci�n neol�tica, con un gran aumento de poblaci�n y una colonizaci�n d e las zonas esteparias del interior, tal vez debida al pastoreo (Cauvin9

Neol�tico Cer�mico A (6.500-5.000), PN A.� En el 7� milenio se comienza a difundir la cer�mica, probablemente desde Anatolia; a comienzos del 6� milenio la cer�mica ya ha llegado al levante

Neol�tico Cer�mico b (5000-3750) PN B. En esta fase comienza la transici�n hacia el calcol�tico, ya que desde Asiria se difunde el trabajo del cobre.

4.- DONDE SE DESARROLLA EL NEOLITICO. PRIMEROS ASENTAMIENTOS.

El Neol�tico en el PR�XIMO ORIENTE.

Antecedentes. Natufiense y Khiamniense

El Natufiense se presenta como un punto de partida de la neolitizaci�n, m�s que como un antecedente. El Natufiense se extiende fuera de la zona nuclear de los cereales, e incluso en �sta los macrorrestos de cereales no son los que predominan en todos los yacimientos, as� en Mureybet predominan las leguminosas sobre le trigo silvestre y la cebada, s�lo en Abu Hureyra (valle del Eufrates)hay una fuerte recolecci�n de trigo silvestre. Hacia el noveno milenio se observa un cambio tecnol�gico (fase Khiamniense) donde aparecen herramientas pre-agricolas: puntas de flecha con muescas (puntas de Khiam), azuelas talladas, bifaces, tranchets,

Los principales yacimientos khiamnienses son. Mureybet II (el I es Natufiense), con predominio de la correhuela, de la pesca, y retrocede la caza d e la gacela y avanza el uro. El cambio se aprecia el terreno simb�lico con figurillas femeninas d e caliza, y un posible culto al toro atestiguado en Mureybet

2. Cronolog�a del Neol�tico del Levante (Moore9

2.a. Neol�tico Arcaico� I (8.500-7600) de Moore, que se corresponde al PPN A

Se conocen varios yacimientos, que ser�an el neol�tico m�s antiguo. En resumen s epueden diferenciar tres facies que ser�an ya neol�ticas en Siria y Palestina (Aswad, Sultaniense y Muraybetiense). Primero voy a analizar los tres yacimientos y luego los ritos funerarios

2.a.1. Tell Aswad, en el oasis de Damasco.

Abarcar�a el octavo milenio (7800-7000). Ya es neol�tico, con plantas dom�sticas desde el comienzo: Trigo, lentejas, guisantes, aunque la cebada es a�n silvestre. Las casa tienen a�n una tipolog�a parecida al natufiense, ya que est�n excavadas en el suelo y son circulares, con sepulturas bajo el suelo. Las puntas de flecha halladas derivan de las de Khiam. El trigo silvestre se halla a unos 50 km, por lo que se piensa que e s un asentamiento de gentes venida s de fuera que llegaron con un neol�tico ya formado.

2.a.2. Jeric�.� Se observa una serie continuada hacia la neolitizaci�n que parte del Natufiense, evoluciona al Khiamniense, y luego llega el Sultaniense, que ya es un horizonte neol�tico, con hojas de hoz, persiste el khiamiense, mientras la poblaci�n se va desplazando hacia las llanuras cultivables. Ya hay indicios claros de domesticaci�n de las plantas (10%� de los raquis de cebada son ya domesticos), sin embargo para Redman, a�n no estamos ante una sociedad plenamente agr�cola, ya que la caza y la recolecci�n a�n tiene un papel importante.� Jeric� en este per�odo presenta unas casas a�n redondas y excavadas en el suelo, con una muralla defensiva de 1, 6 metros de anchura y una altura de hasta 2 metros, rodeada d e un foso de excavado en la propia roca de 8,5 metros de anchura y 2,1 de profundidad y una torre circular en la cara interna de la muralla de� 8 metros, con una escalera interna de 22 pelda�os de piedra. , lo que nos da idea de una sociedad rica y con una organizaci�n social compleja. Lo que es seguro es que era una comunidad muy rica, con v�veres almacenados en sus silos, controlando manantiales de agua, comerciando con sal (Mar Muerto) o bet�n a cambio de materiales ex�ticos como la turquesa o la obsidina o las conchas de caor�. Las ceremonias y el intercambio de regalos pudieron contribuir a mantener las relaciones amistosas entre grupos, pero una ruptura o la irrupci�n de nuevas gentes podr�an implicar el abandono del comercio a favor del pillaje, por lo que los habitantes de Jeric� deb�an procurarse su defensa.� Los muertos se enterraban bajo las casa s y habitualmente con la cabeza separada del cuerpo, y� con arcilla y conchas, como queriendo reconstruir la cara del muerto

2.a.3. Mureybet Se desarrolla en el octavo milenio� en el desierto semi�rido sirio, en la cuenca alta del E�frates..� Sus artefactos son similares a los de otros poblados de levante contempor�neos a �l. Los dos componentes b�sicos son unos peque�os �tiles hechos con hojas d e silex muy delgadas y rectas y unos instrumentos de gran tama�o empleados para los trabajos m�s duros, fabricados con un tipo de cuarcita muy basta. Tambi�n se han hallado puntas pedunculadas y dientes de hoz. Son comunes los peque�os molinos de mano y los morteros de piedra pulimentada, aunque no se han encontrado las manos de mortero ni las piedras de moler. No existen espinas d e pescado y s�lo unas pocas conchas de lo que s e deduce que no explotaban intensivamente los recursos fluviales. Las casa de este asentamiento son otra vez redonda s y semiexcavads en el suelo, pero el problema m�s interesante que plantea Mureyber tiene que ver con la incipiente agricultura. Sus habitantes a�n eran cazadores, y se alimentaban de los grandes b�vidos salvajes, de los onagros y de las gacelas. Los an�lisis de restos bot�nicos revelan� que s�lo utilizaron especies silvestres especialmente la escanda, adem�s de cebada, lentejas y arvejas, es decir se recolectaban una amplia gama de vegetales susceptibles de domesticaci�n. Sin embargo, de acuerdo a lo que se conoce sobre el habitat de la escanda y sobre el medio natural de esta regi�n durante el octavo milenio, no parece que existiera la escanda m�s cerca de la actual frontera turca, a unos 240 km de Mureybet (o Mureybit). Redman se�ala tres posibles interpretaciones de este hecho:1/ que los habitantes de Mureybet se trasladaran a lo que hoy es Turqu�a en �poca de cosecha para recoger el grano o para conseguirlo mediante comercio o pillaje 8hay restos de obsidiana, lo que demuestra que hab�a una ruta d e intercambio abierta con Anatolia. 2/ Que estamos equivocados y el clima de Mureybet era lo suficientemente fr�o para que creciera la escanda 3/ que la escanda de Mureybet, a�n siendo morfol�gicamente silvestre, en realidad hab�a sido plantada y cosechada.. Esta �ltima hip�tesis abre la posibilidad de que estuvieramos ante un inicio de la agricultura como tal antes de que el grano silvestre se convirtiera en domestico.

2.b Neol�tico precer�mico B, o neol�tico 2 (septimo milenio)

2b.1. Caracter�sticas. Se observa una generalizaci�n de la agricultura, as� restos provenientes de este per�odo presentan la primera evidencia de formas simples de agricultura, en Jeric�, Beidha y Ramad, un aumento d e la poblaci�n (140 yacimientos). La domesticaci�n de las ovejas y las cabras facilit� la colonizaci�n de las estepas sirias. Las casa comienzan a ser rectangulares y articuladas en torno a patios y de adobe con suelos, paredes y banquetas enlucidos, ya veces adornados con pinturas. Hay una generalizaci�n d e la costumbre de� separa el cr�neo de los muertos y reconstruirlo con arcilla, yeso y conchas,. Las cabezas se enterraban debajo del nivel de habitaci�n y los cuerpos bajo las habitaciones. Esta cierta uniformizaci�n d e las costumbres nos conduce a pensar en una interacci�n entre los distintos poblados. El comercio de la obsidiana era ya notable. El instrumental l�tico var�a de unos lugares a otros, as� aparecen puntas de flecha, hojas de hoz, piezas laminares, hachas de piedra pulimentadas. Abundan los objetos de adorno: conchas, hueso, turquesa (probablemente procedente del Sina� y del Zagros). Tambi�n aparecen unos objetos geom�tricos (esferas, conos...) que se han interpretado como piezas de contabilidad. En el mundo simb�lico parecen tener cierta importancia las figurillas antropomorfas de arcilla, entre las que sobresalen las llamadas venus de Manhatta, que podr�an obedecer a una posible representaci�n de la diosa madre, aunque no es seguro.

Redman se�ala tres caracter�sticas principales en las aldeas de Levante de esta �poca.

1/ Son grandes asentamientos con una s�lida arquitectura. Los cimientos de piedra y la sofisticadas t�cnicas de construcci�n atestiguan una ocupaci�n� a lo largo de todo el a�o.

2/ Exist�a un uso extendido y razonablemente uniforme de ciertos elementos distintivos de tecnolog�a y decoraci�n, que inclu�an la vaisselle blanche, pisos enlucidos pintados de rojo y cr�neos enlucidos

3/ Aunque los restos excavados han sido interpretados como pruebas del pastoreo de animales� y de l a domesticaci�n de plantas, no todos los expertos aceptan estas conclusiones. Redman cree que la evidencia indica que, incluso practic�ndose formas incipientes de agricultura en algunos asentamientos, en otros, como Munhata, podr�an haber seguido subsistiendo sin ayuda de la producci�n d e alimentos.

2.b.2 Principales yacimientos:

Jeric� con 4 h. (la misma extensi�n que en la fase precedente), Ras Shamra, 8h., Ahu Hureyra 11,5 h., Tell Ramad 2h.,

2.c. Neol�tico cer�mico A, o neol�tico 3 de Moore (6000-5000)

El origen de la cer�mica se ha situado en Anatolia a finales del VII milenio (seg�n Mellaart). En torno al a�o 5.500 ya hab�a llegado a Palestina. Su facilidad de fabricaci�n estimul� las producciones locales. Los poblados siguen siendo de la misma extensi�n m�s o menos (Jeric� se mantiene en 4 h.), pero Abu Hureyra se reduce hasta� 5/6 h. ante s de desaparecer por causas desconocidas, y Ras Shamra sigue en 8 h. la s casas son rectangulares como en el periodo precedente, se construye con piedra, adobe y madera. Los suelos siguen siendo enlucidos, pero ya no se pintan. Comienzan las necr�polis, decayendo la costumbre de enterrar a los muertos bajo el poblado (excepto en Biblos). Se generaliza el uso d e la piedra pulimentada, se mantiene el tr�fico de obsidiana, pero decrece la malaquita y la turquesa del Sina�. Se contin�an los intercambios con los Zagros y Anatolia. Las herramientas de piedra pulimentada est�n relacionadas con la explotaci�n del bosque y la tala de �rboles para obtener madera por un lado, y por otro terrenos cultivables. Se produce un desplazamiento de la poblaci�n, se abandona el Sina�, las estepas interiores del Levante� y� parte de Palestina. . Algunas de estas zonas permanecer�an pr�cticamente desiertas durante los siguientes mil a�os. Redman cree que este abandono no fue causa de una invasi�n, pues no hay restos de incendios en el registro arqueol�gico, sino una desecaci�n del clima, que alcanz� su m�ximo en torno al a�o 6000, especialmente en el valle del Jord�n y en el �rea de Damasco. En Monte Carmelo, Bekaa, y el valle de Orontes, Anatolia se establecen nuevos poblados, preferentemente en zonas elevadas con tierras arables y cerca de cursos de agua. Se domestican la oveja, la cabra, el buey y el cerdo. Se cultiva trigo, cebada y leguminosas.

2.d. Neol�tico Cer�mico B o Neol�tico 4 de Moore (4500-3750)

2.d.1 Caracter�sticas. Las casa son rectil�neasy siguen estando las necr�polis fuera del poblado. La cer�mica es muy variada, alguna variante presenta engobe rojo. Los intercambios a larga distancia parecen reducirse (disminuye la obsidiana de� Anatolia) pero contin�an a a nivel local (basaltos y calizas). Se intensifica la explotaci�n del territorio. Hay un aumento d e poblaci�n que fuerza precisamente esta explotaci�n. Contin�a la fabricacion en arcilla de figuritas antropomorfas, cuyo sentido �ltimo (�exvotos, idolos?) se nos escapa. A comienzos del IvVmilenio se empieza a adopoptar la tecnolog�a del cobre con lo que se entra en el calcol�tico, que probablemente provendr�a del Este, de la zona de lo que luego ser�a Asiria

2.d.2 Yacimientos. Biblos.

Son yacimientos importantes Jeric�, Munhatta y Byblos. Este �ltimo es uno de los mejor conocidos. Es una� gran comunidad asentada en las dunas de un profundo wadi que discurr�a hacia el Mediterr�neo. Sus casas ten�an cimientos de piedra y suelos de arcilla, y consist�an en estructuras exentas que� en algunos casos dispon�an d e dos habitaciones una m�s grande que otra. Probablemente su poblaci�n era agricultora, pero complementaba su dieta con recursos marinos. La cer�mica era muy abundante, al igual que en otros yacimientos del Levante en el VI milenio. Los recipientes estaban bien manufacturados y aunque estaban sin pintar ciertas piezas ten�an decoraciones incisas� y en relieve. Sus tonalidades eran momocromas, las superficies se bru��an y la pasta se inclu�a normalmente arena cono desgrasante. Las forma ser�n sencillas y en su repertorio� figuraban vasijas redondeadas o globulares.

3.El Neol�tico en Anatolia.

3.1 Cronolog�a.

El neol�tico de Anatolia no es tan antiguo como el del Levate, y no se puede encontrar paralelismo con las facies del PPNA, pero s� con el PPN B� de Levante. Se ha dividido el Neol�tico anatolio en dos fases: fase antigua (desde el el VIII milenio hasta el 6000 a. C.) donde a�n hab�a una cohabitaci�n de la caza y la recolecci�n con la caz y la pesca, y otra fase tard�a durante el Vi milenio con econom�a y sociedades plenamente agr�colas

3.2. Yacimientos

3.2.1. Cay�nu.� Situado al Este de Anatolia, cerca de las minas de obsidiana de Bing�l.� Es un mont�culo oval, no muy elevado, situado cerca (250/150m.) de un de los afluentes del alto Tigris , en la actual provincia de Diyarbakir en Turqu�a.� En base a las dataciones radioc�rbonicas, la ocupaci�n� neol�tica precer�mica de� Cay�nu se podr�a fechar entre 7.300 y 6.500 a.C.. dividido en cinco subfases. En torno al a�o 6.500 aparecer�a ya la cer�mica

Se eligi� excavar este yacimiento debido a si localizaci�n en las estribaciones de los Taurus, una regi�n situada justo entre el Levante y los montes Zagros. Est�s situada� a 830m. De altura en un valle abierto en las estribaciones del Taurus. La vegetaci�n era durante el per�odo de ocupaci�n de estepa boscosa, compuestas de pistachos y robles, y en sus inmediaciones crec�an formas potencialmente domesticables como trigo y cebada silvestre. Uros, cerdos, ovejas y cabras poblaban la zona. Se ha calculado que entre 100 y 200 personas podr�an poblar la aldea.

La fase m�s antigua e s la precer�mica, dividida en cinco subfases

�                     La denominada de Fondos de Caba�a: Basal Pits BP. Los restos no conten�an edificios, sino que eran hoyos peque�os en forma de circulo para cocinar,

�                     la subfase siguiente es la de plantas de Parrila (grill plan GP), que proporcion� los restos de 5 edificios, cimentados en piedra, y de una estructura uniforme. El pido de los edificios, que estaba enlucido, se elevaba por encima del suelo permaneciendo seco en invierno. Exist�an dos habitaciones largas y estrechas, con tres peque�os espacios rectangulares entre ellas, que podr�an ser alacenas. . Tambi�n en dos edificios hay un �rea en la que el suelo presenta un pavimento de relleno compacto de guijarros, que podr�a ser una cocina.

�                     La siguiente subfase es la de grandes habitaciones pavimentadas (broad pavement plan BPP). Los tres elementos de ella son demasiado extraordinarios para ser interpretados sencillamente como arquitectura dom�stica. Una es un espacio abierto que tiene cuatro o m� s piedras hincadas. Otra es un edificio cuyos restos parciales incluyen un piso con una cuidad disposici�n de grandes losas de piedra caliza y piedras hincadas. Un tercer elemento es una estructura de un �rea de 9 por 10 metros con un piso de terrazo de excelente realizaci�n.� Desgraciadamente en esta subfase� se encontraron pocas herramientas asociadas.

�                     De la subfase siguiente, de planta celular (cell plan CP), se han preservado m�ltiples d edificios debido al incendio de sus superestructuras� de adobe. Estas estructuras se denominan plantas celulares o de peque�as celdas, porque sus cimientos de piedra forman de seis a ocho peque�as unidades en forma de celda. No se sabe con certeza si estas celdas funcionaban como habitaciones, como espacios de almacenamiento, o simplemente como espacios de aireaci�n. En las tres� estructuras mejor conservadas, las aberturas en los muros p�treos de cimentaci�n podr�an constituir pasillos entre las habitaciones en forma de celda. En otras tres cimentaciones relativamente completas, las celdas son demasiado peque�as para su uso como habitaciones, pero podr�an usarse par ala circulaci�n de aire. En dos de las construcciones en que las celdas tienen cimientos de tama�o de habitaci�n, la gran cantidad de molinos y herramientas� de asta preservados indican la existencia de ciertas actividades productivas,. En todos estos edificios, las diferentes celdas conten�an distintos tipos de artefactos, implicando con ello que partes concretas de un edificio se usaban para actividades espec�ficas, Tambi�n podr�a estar la parte baja destinada almacenamiento y la parte superior a residencia. Las herramientas encontradas en las celdas var�an d e unas a otras lo que podr�a indicar que cada una de las celdas ten�a una funcionalidad distinta. En una de estas celdas se encontraron los restos de dos maquetas de casas hechas de arcilla. Tambi�n hay esferas de piedra caliza, obsidiana sin trabajar de grandes trozos, azuela, cinceles, una esc�pula completa de un bos primigenius que probablemente se uso como yunque. En una de las edificaciones se hallaron grandes dep�sitos de artefactos de obsidiana como puntas y herramientas especializadas de m�s de 20 cm. de longitud

�                     La fase final precer�micaes la de grandes habitaciones individuales (large room pla LRP), contiene varias estructuras completas, la mejor conservada de ellas es una habitaci�n individual de un �rea de cinco por nueve metros, de la que se conserva in situ la mitad del piso. la evidencia de la parte preservada de esta habitaci�n abierta indica que se us� par al preparaci�n de alimentos vegetales, as� dentro de un recept�culo se hallaron grandes fragmentos� de mazas, morteros y machacadores de basalto.

Centr�ndonos en los utensilios hallados en Cayonu es todas sus fases, se observa que la el hueso y los cuernos eran la materia prima preferida. En los niveles inferiores abundan los punzones y los objetos punzantes, unas finas agujas de de hueso son muy frecuentes. Un tipo de piezas �seas con marcas de perforaciones e incisiones podria haber constituido formas de trabajo art�stico o de alg�n tipo de contabilidad o escritura. En las subfases m�s modernas las piezas hechas a base de cuernos se usaban como enmangues o asas de instrumentos� de piedra. Encontraremos dos tipos� de enmangues: uno hecho con a partir de asta curvadas con una larga acanaladura para introducir una hoja, y otro fabricado a partir� de un cuerno grueso, que posee un orificio oval en un extremo para poder enmangar el objeto cil�ndrico de piedra, como una azuela o un raspador.

En cuanto a los objetos ornamentales, usaban diversos materiales, alguno de los cuales s�lo pod�an obtener por comercio. Las piedras duras, el hueso y las conchas se utilizaban par ala fabricaci�n de cuentas y pendientes en forma rectangular y tubular, objetos que parecen peones de ajedrez se realizaban con piedras duras. En dep�sitos de la subfase BPP (LA TERCERA) hay un n�mero reducido de cuencos d e piedra, a veces decorados.

Se empleaba la arcilla secada al sol para ciertos fines :como las superestructuras de sus casas y sus elementos interiores eran de arcilla. Hay evidencias de experimentos en el modelaje de vasijas de arcilla en cestas y, en general, abundan los peque�os objetos de barro con una gran variedad de formas, Se modelaban objetos geom�tricos de reducidas dimensiones, en forma de esferas, discos, conos y relojes de arena as� como unas formas abstractas que podr�an ser estilizaciones. En todas las subfases hay peque�as figurillas de animales y personas (destaca una de una se�ora embarazada).

En las primera subfases se registran piezas de cobre batido. Se martilleaban hasta darles forma de alfileres, escariadores o l�minas que se enrollaban para hacer cuentas tubulares. Una mena de cobre ha sido hallada� cerca. Pero despu�s de la fase GP se abandono el trabajo del metal. Evidentemente para los habitantes de Cayonu no consideraron la metalurgia una actividad importante y la interrumpieron cuando dejaron d e tener razones pata viajar al �rea de extracci�n..

En lo que se refiere a los recusrsos de subsistencia, en lo respecta a la carne se observa que el patr�n general de explotaci�n sufri� un trasvase de la dependencia de la caza mayor d e animales del �rea 8ciervos, uro) hacia las cabras y ovejas dom�sticas. ����� Esto supone un claro indicio de la domesticaci�n de estos animales, cuya morfolog�a cambia en las fases finales, as� ser�an por ejemplo m�s peque�os y tambi�n los animales se consumir�an m�s j�venes.. Redman cree que el� cambio hac�a la ganader�a fue brusco pero no afect� simult�neamente a toda la comunidad, tal vez al comienzo s�lo unas pocas familias ten�an animales dom�sticos. El cerdo ya estaba domesticado en la �ltima subfase. En la subfase CP aparecieron tres grandes mand�bulas de cerdos enterrados en, lo que pudiera ser un antecedente de la costumbre mesopot�mica de incluir ofrendas en las fosas de fundaci�n de nuevas edificaciones.

Los restos vegetales muestran que ya se practicaba desde la primera subfase la agricultura combinada con la recolecci�n. El patr�n parece ser una r�pida adopci�n de ciertas plantas domesticas, como la escanda y la esprilla, pero se mantuvo la dependencia de algunos recursos silvestres arb�reos. El clima era muy bueno para los cultivos con una precipitaci�n media anual en torno� alos 700 milimetros.

Ya se que me he enrollado mucho con Cayonu, pero es que es clave para comprender el precer�mico anatolio, y su avanzado grado de evoluci�n y sofisticaci�n. Si quer�is saber m�s sobre este importante yacimiento me remito al libro Los or�genes dela Civilizaci�n de Redman, publicado por editorial Cr�tica p�ginas 200 a 210

3.2.2. Hacilar

Este yacimiento se localiza en el suroeste de Anatolia, fue habitado durante el s�ptimo milenio. Fue descubierta por el famoso James Mellaart en 1970. En sus niveles inferiores era una peque�a comunidad cuyos habitantes cultivaban cebada y escanda, y que probablemente ten�an animales dom�sticos. Algunas de las caracter�sticas del antiguo Hacilar son similares a los del NPP B del levante: los suelos enlucidos pintados de rojo, la relevancia de los cr�neos en las pr�cticas de enterramiento y la ausencia de cer�mica. En el sexto milenio ya hay cer�mica en Hacilar. En el nivel 6, datado hacia el a�o 5.400 a.C., �los edificios eran grandes unidades rectangulares con z�calos de piedra. La comunidad era peque�a y dispon�a de un �rea abierta en el centro (�una plaza?), y un muro rodeaba todo el conjunto. Un incendio en este nivel propici� que se conservaran muchos de sus materiales, as�� se pueden observar divisiones internas realizadas con tabiques enyesados y un tramo de escalera que conducir�a a un segundo piso. La cer�mica era bru�ida, bien cocida y monocroma, con algunos recipientes, no muchos, pintados. Las herramientas de piedra tallada se realizaban con silex local, aunque tambi�n se utilizaba la obsidiana de Anatolia central. As� mismo se constataron �tiles de hueso y mangos de asta para hojas de silex. El hallazgo m�s remarcable de este per�odo lo constituyen las figurillas de arcilla cocida con formas naturalistas. La mayor�a representan a mujeres gordas, de 25 cm. de altura y est�n modeladas en diversas posiciones.

Los niveles superiores de Hacilar se datan entre el 5200 hasta el 5000 a. C. s�lo han preservado una parte de la comunidad, destacando� sobre todo grandes construcciones de piedra y tapial. El asentamiento estaba rodeado por una fortificaci�n, y la cer�mica estaba pintada de rojo sobre un fondo crema, y con unos dise�os geom�tricos. Hay cer�micas zoomorfas y antropomorfas. Las figurillas son de cer�mica y suelen ir pintadas.

La econom�a de Hacilar en el sexto milenio no se conoce bien pero es posible que ya fuera plenamente agr�cola. Se han constatado restos carbonizados de esprilla y escanda, trigo panificable, cebada desnuda, guisantes, armaga y bellotas.

Los restos de la comunidad de ����� Hacilar� marcan la pauta e lo que suced�a en el� Pr�ximo ORIENTE. El tama�o medio de los asentamientos permanece constante pero se observa una mayor dependencia de la producci�n de alimentos, mientras el mundo simb�lico aumenta su complejidad.

3.2.3 Can Hassan III, en la llanura de Konya, documenta una fase entre el 6500 y el 5600 a.C. con una disposici�n de casas muy t�pica del Neol�tico anatolio , muy apretada en forma d e panal, rectangulares hechas de adobe o tapial y con acceso desde el techo. Cultivaban trigo, cebada, centeno, lentejas y habas, aunque no se abandona l a recolecci�n de� frutos y cereales silvestres. Las vacas, ovejas, cabras y cerdos eran dom�sticos. Pero tambi�n segu�an cazando otros animales como� �quidos o ciervos. Es una econom�a mixta que estuvo muy extendida en e l VII milenio

3.2.4. Suberde. Es otra aldea del s�ptimo milenio en Anatolia sudcentral. E un peque�o yacimiento de 20 �reas de extensi�n situado en sobre un promontorio rocoso junto al lago Sugla, al sur de la actual ciudad de Konya. Mientras que los niveles inferiores presentan pisos con cenizas pero sin estructuras permanentes, y los niveles superiores, pisos enlucidos y muros de adobes, no hay cer�mica en todo el dep�sito de Suberde. S�lo ten�an domesticado al perro y la carne que consum�an proven�an de la caza: ciervo, oveja salvaje, cerdos y b�vidos salvajes. Los habitantes de Suberde permanecieron ajenos a la neolitizaci�n, su econom�a se basaba en la caza, y dado que les iba bien, no consideraron conveniente pasarse a la domesticaci�n, como hab�an hecho ya otras aldeas de la zona

3.2.5. Catal Huyuk (las dos u llevan di�resis pero no me sale en el ordenador).

Cubre unas 13 hect�reas y se alza 17, 5 metros sobre la llanura circundante, un valle desecado y abierto al sureste del amoderna ciuda de Konya, auna altitud de 900 metros. La dataci�n de los niveles investigados abarca desde el 6250 hasta el 5400 a.C. y todos conten�an cer�mica. Mellaart, quien la ha investigado, defiende que Catal Huyuk es una ciudad no una aldea.

La econom�a era b�sicamente agr�cola, aunque sus habitantes practicaron el comercio y la artesan�a.� El ganado vacuno, mayoritariamente dom�stico, constituy� la principal fuente de carne seg�n Perkins, completada con la oveja dom�stica y la caza. Se cultivaba la esprilla, la escanda, la arveja amarga y los guisantes y dos variedades h�bridas, el trigo panificable y la cebada de seis carreras desnuda, que produc�an cosechas m�s abundantes que sus predecesoras, pero que probablemente necesitar�an irrigaci�n. Otros vegetales como las bellotas, pistachos y almendras proven�an de las monta�as que rodeaban el yacimiento.

Los edificios, de madera y adobe, segu�an un trazado rectil�neo� normalizado. Cada habitaci�n ten�a una forma aprox. Cuadrada de 25 m cuadrados. Parece que todas las casas eran de una sola planta y el acceso se realizaba por unas escaleras desde el techo. Las viviendas estaban adosadas, sin callejones intermedios, es de suponer que la circulaci�n se realizara� por las terrazas. La mayor�a de las casas se encuentran agrupadas en torno a posibles patios. Cada casa ten�a una zona destinada a cocina con un horno, pero sin hogar

Probablemente, el comercio y la industria fueron aspectos importantes en la econom�a. Es posible que gran parte de la materia prima que se usaba se consegu�a mediante comercio, a cambio de productos ya manufacturados, por lo cual deb�a ser ventajoso para ellos.. Cabe la posibilidad de que este comercio cubriera necesidades b�sicas. Los habitantes de Catal Huyuk (catalhuyukenses?) pudieran haber controlado el tr�fico de obsidiana desde� sus fuentes� en Anatolia central. Se ha encontrado silex del Taurus, conchas del Mediterr�neo y de l Mar Rojo, cobre del este del Anatolia, y turquesas del Sina�.

Adem�s de procurar y distribuir materias primas, algunos miembros de la comunidad de Catal Huyuk dedicaban parte de su tiempo a convertir esas materias primas en bienes manufacturados.� La gran cantidad de puntas de obsidiana muy bien realizadas pero sin usar, l a abundancia de adornos personales, la cesteria (de la que hay evidencias), los recipientes de madera y los tejidos, son elementos que sugieren que una industria artesanal que pudo basarse en el trabajo de familias espec�ficas.

La industria de piedra tallada de los Catalhuyukeros(?) se caracteriza por la presencia de �tiles bifaciales con retoque plano, de mucha calidad. Las piezas m�s caracter�sticas son las grandes puntas de lanza., los cuchillos y las puntas de flecha. La industria �sea consta de leznas, agujas, cuentas de collar, esp�tulas y pulidores, otros �tems de menor distribuci�n ser�an agujas para el pelo en forma de tenedor, o un mango de daga.

La cer�mica de los niveles antiguos es de color crema, es bru�ida y contiene desgrasantes vegetales. En el nivel� predomina una cer�mica de mejor cocci�n, de bru�ido oscuro con desgrasante arenoso. Por �ltimo en los niveles m�s recientes, esta cer�mica� aparece con modificaciones en el color del bru�ido y registra pocos intentos de decoraci�n. Esas piezas estaban destinadas a la preparaci�n y almacenamiento de los alimentos. Los artistas catalhuyulkerenses(?)� expresaban su creatividad art�stica m�s en las pinturas murales o en objetos decorativos, que en la vajilla cer�mica.

Se ha recuperado una gran variedad de objetos de arcilla y figuritas zoomorfas y antropomorfas tanto en barro como en arcilla. Existen dos piezas inusuales: una. De arcilla, representa a una mujer sentada en un banco flanqueado por dos leones (un avance de la Cibeles?, de la diosa entre fieras, la potnia theron cretense?): la otra, de piedra, representa dos parejas una tumbada al lado de la otra ((ah picarones!!). Tambi�n se han descubierto algunos grandes sellos de arcilla con dise�o geom�tricos. Tanto si se utilizaron para la decoraci�n, como para la comunicaci�n simb�lica, su t�cnica constituy� un avance importante en el desarrollo de la comunicaci�n.

Adem�s de este rico material inventariable, existen en Catal Huyuk, diversas pinturas muralles y objetos moldeados en arcilla que podr�an ilustrar otros aspectos. Las pinturas sobre los muros enlucidos constituyen las primeras manifestaciones conocidas de esta t�cnica. Cada habitaci�n se ensyesaba cada a�o, lleg�ndose a hallar en una habitaci�n hasta 40 capas de yeso que conten�an muchos dise�os distintos. Otras t�cnicas decorativas consist�an en aplicar relieves moldeados en arcilla que se decoraban con incisiones. Las pintura murales eran tanto monocromas como pol�cromas, y se pueden combinar con relieves. Agunos de los dise�os eran lineales o geom�tricos, parecidos a los que se usaban para los tejidos, muy parecidos a lo dise�os de los kilims turcos, de lo que se podr�a deducir que tambi�n tej�an alfombras. Uno de lso dise�os pintados consiste en una serie de cuadros bajo un volc�n en erupci�n, para Mellaart esto pudiera haber representado el propio poblado con las entonces activas monta�as volc�nicas de Hasan dag, a unos 100 km de distancia. Tambi�n hay una representaci�n de caza. Otra representa unos grandes p�jaros, que parecen buitres, y varios cuerpos humanos algunos decapitados. La interpretaci�n que hace Mellaart es que los muertos eran expuestos a los animales carro�eros, y se enterraban cuando solo quedaban huesos, los cr�neos podr�an recibir un tratamiento diferenciado, estos hueso se enterraban bajo las casas a veces recogidos en piezas de cester�a.����

La utilizaci�n de relieves de arcilla y de yeso, combinados eventualmente� con pinturas y con huesos de animales constituye una de las caracter�sticas de las habitaciones identificadas como templos, y podr�a, seg�n Redman ser un s�mbolo religioso. En una habitaci�n se han encontrado� diversos picos de buitres revestidos de arcilla y fijados en la pared siguiendo las formas del pecho de una mujer.Otros relieves muestran leopardos y mujeres en posiciones que sugieren partos. Estas pinturas se renovaban cada a�o. El n�mero desproporcionado de "templos" ha dado lugar a especulaciones. En este sentido se ha sugerido que Catal Huyuk fue una ciudad religiosa que actuaba como centro de una gran regi�n. De ser as�, parte de su subsistencia podr�a derivarse del pago que recib�a de la poblaci�n circundante a cambio de dirigir las ceremonias.

Sin embargo Redman ofrece otra interpretaci�n: el auge de una comunidad� de gran tama�o y complejidad fue posible gracias a una serie de avances que provocaron el aumento de la producci�n. Probablemente la irrigaci�n , la cr�a de ganado, la mejora de las semillas provocaron una aumento de la producci�n, y parte de la poblaci�n se pudo liberar de las actividades de subsistencia al menos durante parte del a�o y pudo dedicarse al comercio d e la obsidiana y a la artesan�a. Con una base subsistencial� efectiva la poblaci�n aument�, pues el excedente econ�mico relaj� las limitaciones culturales a la natalidad y permiti� una mayor esperanza de vida. Adem�s �atal Huyuk ejerci� de polo de atracci�n sobre las peque�as comunidades menos ricas. Qu� hizo esta comunidad aldeana que sufr�a un r�pido aumento d e poblaci�n? Adatar sus� rituales primitivos que hab�an guiado las actividades de personas que viv�an en una aldea y hab�an creado lazos entre familias, aumentado y se perfeccionaron para dar cabida al aumento de la dimensi�n d e la antigua ladea. Para organizar un sistema que hab�a multiplicado por diez su tama�o, los mecanismos de regulaci�n de la organizaci�n y del flujo de informaci�n tendr�an que haberse incrementado en m�s de diez veces. N esta hip�tesis no es rara la atenci�n al ritualismo y la multiplicaci�n de habitaciones con funciones rituales . Precisamente Redman siguiendo este hilo argumental sostiene que si �atal hubiera reaccionado a su crisis de crecimiento con la creaci�n de nuevas formas d e� organizaci�n, introduciendo formas de simplificaci�n no de continua reelaboraci�n, la primera civilizaci�n urbana hubiera aparecido en los altiplanos de Anatolia no en Mesopotamia. Finalmente este asentamiento fue abandonado y substituido por otros dem�s peque�os y de menos sofisticaci�n econ�mica. Voy a reproducir las palabras finales que Redman le dedica en su libro ya citado a �atal Huyuk (recordad lo e la di�resis en las dos u es que no me sale)

CAN Hasan es un poblado del neol�tico cer�mico final en la llanura de Konya, que abarca desde mediados del Vi milenio a mediados del IV. Las casas est�n en panal siguiendo el esquema de �atal, con cer�mica pintada, no alcanz� el esplendor del vecino �atall, aunque parece ser que le sobrevivi�. Es contempor�neo de la fase final de Hacilar. No he encontrado muchos m�s datos sobre este poblado.

4. Neol�tico en ir�n e Irak

En este ep�grafe se trata la zona del alto Tigris (el futuro Asur) y en la zona de los Zagros, porque Ir�n e Irak no exist�an en aquella �poca.

4.1. Cronolog�a: El neol�tico abarca desde el a�o 8000 a. C. Al 5000 a. C. dividido en dos per�odos, uno del 8000 al 6000 y el final durante el VI milenio. No hay pruebas d e que el neol�tico sea tan antiguo como en el Levante. Siguiendo el esquema del libro voy a analizar los distintos asentamientos.

4.2 Zawi Chemi Shanidar. En una terraza sobre el gran Zab al norte del actual Ir�n, a 425 metros de altura,� m�s abajo de la famos�sima cueva de Shanidar. En un nivel inferior los restos han sido calificados bien de epipaleol�ticos o de protoneol�ticos tal vez porque ya hay pozos de almacenamiento, y junto a piezas laminares ha aparecido un posible mango de hoz de asta y molinos de piedra, pero sin embargo no hay restos de� los cereales que eran almacenados o triturados. Lo m�s interesante de este yacimiento es la posible domesticaci�n de la oveja en el nivel inferior en torno al a�o 9000 y el 8500 a.C., ya que los restos de este animal son de ejemplares j�venes. Otro ejemplo de temprana domesticaci�n de animales fue el de la cabra en hacia el a�o 7000 en Tepe Asiab en el actual Ir�n

4.3. Jarmo. Sobre un risco a 800 metros de altura al este de Kirkuk en Ir�n. Su neol�tico abarca desde el VII milenio al Vi, aunque la ocupaci�n va desde� el Xmilenio al IV.

Braiswood centr� sus primeras investigaciones sobre el origen de la agricultura y la domesticaci�n de animales en Jarmo.

Durante su excavaci�n s e han identificado hasta 12 niveles arquitect�nico. Jarmo se ha definido como asentamiento permanente dada la solidez� de sus edificaciones, construidas generalmente a base de adobe o turba prensados.� Sus edificios rectil�neos contaban con varias habitaciones, muchas de ellas con patios.

La econom�a de Jarmo se basaba en la agricultura sedentaria, aunque la recolecci�n era muy importante. Las cabras y las ovejas domesticadas proporcionaban una buena fuente de aprovisionamiento. Tambi�n se cultivaba la cebada, la esprilla, y la escanda en su fase transicional entre el tipo silvestre y el domesticado. Adem�s de estos recursos alimentarios, los habitantes de Jarmo dispon�an de animales potencialmente domesticables como cerdos, caballos, b�vidos caballos, y caracoles de tierra (qu� buenos!!).

Las herramientas relacionadas con la recolecci�n el procesado d e alimentos son frecuentes;: l�minas de silex que se han interpretado como haces, morteros molinos de mano y mazas y hornos. Hay objetos de arcilla modelados para darle forma abstracta, antropomorfa o zoomorfa. Tambi�n son frecuentes los �tiles de obsidiana y de hueso, destacando los cuenco de piedra, las hachas y la azuelas.

4.4Ganj Dareh. El descubrimiento del yacimiento de Ganj Dareh desplaz� el l�mite superior establecido para la ubicaci�n de estas primera aldeas, est� situada cerca de la moderna ciudad de Kermanshah en ir�n, a 1400 metros de altura y es un peque�o mont�culo con 8 metros de dep�sitos correspondientes al neol�tico antiguo. Los niveles superiores del yacimiento contienen resto de una aldea antigua con una s�lida arquitectura de adobes d en torno al a�o 7000. Este niveles, llamado por el arque�logo nivel D se ha conservado muy bien por un incendio. . La arquitectura de este nivel se compone se principalmente de estructuras rectil�neas con peque�as habitaciones� construidas a base de ladrillos plano-convexos. Algunos edificios pudieron tener un segundo piso sostenido por troncos de madera. Los pisos de abajo pudieran ser almacenes, en un dise�o que se puede encontrar tanto en Anatolia como en Jordania. Los techos estaban constru�dos con troncos y ca�as recubiertos de arcilla.

Se ha encontrado la cer�mica cocida m�s antigua del oriente, es tosca, poco cocida, con desgrasante vegetal. Las piezas suelen ser vasos grandes, de hasta 0,8 metros de altura y m�s peque�os, de unos 5cm. Estos vasos podr�an tener una funci�n d e almacenamiento. La arcilla se usaba para figurillas y contenedores. Los artefactos de silex son abundantes, pero la obsidiana es escasa. Son caracter�sticas� las laminilals de dorso, las hojas con truncadura, las raederas de pesadas lascas, raspadores.... En cuanto a piedra pulida� abundan los dientes de hoz, los morteros y las manos de mortero. Con hueso se fabricaban punzones y unas posibles mu�equeras.

Contaban con cabras domesticas y cultivaban viertas plantas . Los enterramientos s e hac�an dentro del poblado y algunas persona ten�an malformaciones en el cr�neo por causa de unos vendajes que usaban en vida. En el edificio incendiado en el nivel D ha aparecido una posible habitaci�n con funci�n ritual, con un cub�culo con dos cr�neos sin mand�bulas de ovejas incrustados uno sobre otro� en un nicho

4.5 Ali Kosh

Es un mont�culo de base circular que tiene apr�x. 135 metros de di�metro. Sus excavadores han definido tres fases

�         Fase Bus Mordeh. La m�s antigua, fechada entre 7500 y 6750 Ac. Se caracteriza por unas toscas� estructuras rectil�neas de adobes y por su estrategia subsistencial basada en una combinaci�n de recursos salvajes y dom�sticos . La mayor�a de las� semillas carbonizadas recogidas durante las excavaciones pertenec�an a leguminosas silvestres anuales, aunque ya hay semillas cultivadas en peque�os porcentajes: cebada, escanda, ninguna originaria de la regi�n. Tambi�n pastoreaban cabras y ovejas, aunque completaban su dieta con la caza. Las herramientas son similares a las de otros poblados: piezas laminares de silex, instrumentos de piedra tallada y algo de obsidiana, mazas de piedra pulida, punzones d e hueso, ornamentos l�ticos y de conchas. Es posible que fuera un asentamiento estacional durante invierno y primavera, y durante el verano se trasladaran a las monta�as a aprovechar los pastos

�         Fase Ali kosh. 6750-6000 La construcci�n d e los edificios mejora. Predomina el cultivo de trigo y cebada y disminuye la recolecci�n. Continua la caza de grandes ungulados, pero se consolida el pastoreo de ovejas y cabras. Entre las herramientas destacan� los dientes de hoz , los contenedores como cuencos de piedra o la cester�a. Hay unas figurillas de arcilla, entre las que destacan algunas que representan a una cabra. Estaban dentro de una red comercial que les tra�a conchas marinas del Golfo P�rsico, cobre desde Ir�n Central, Turquesas desde el noreste de Ir�n y obsidiana de Anatolia. Los cad�veres eran recubiertos de ocre rojo, flexionados y envueltos en una estera� roja, junto a objetos de� adorno personal

�                     Fase Mohammad Jaffer 6000-5600 a C. Ya aparece la cer�mica. Mejoran las herramientas agr�colas y las casas, pero la tierra, despu�s de mil a�os de explotaci�n intensiva debi� agotarse y el asentamiento fue abandonado

5.- EXPANSION DEL NEOLITICO. AFRICA Y EUROPA.

�frica. Egipto.

El valle del Nilo fue escenario del asentamiento de cazadores-recolectores en un amplia �rea con un instrumental de uso agr�cola. En Egipto, ya desde hace 18000 a�os, aparecen piedras de moler y hojas semejantes a las de hoz, pero no hay pruebas de pr�cticas agr�colas ni asentamientos campesinos permanentes antes de finales del VI milenio. Las piedras de moler y las hojas de s�lex con lustre aparecen entre el 12500 y el 9500 a.C.

Parece que el proceso de instalaci�n de comunidades campesinas se debe a influencia o est�mulos del Pr�ximo Oriente (del sur de Levante). Las primeras especies cultivadas no son de origen local, sino importadas. Hacia el 4500 a.C. hay poblados con econom�a campesina, con animales dom�sticos (cabra, oveja y buey) y cultivos de invierno muy evolucionados (cebada, trigo, lino, lentejas garbanzos), perfectamente adaptados al r�gimen de inundaciones del r�o. Los campesinos conoc�an las posibilidades del medio, y los utensilios difieren bastante de los del Pr�ximo Oriente. La poblaci�n parece ser aut�ctona, pero las formas de vida neol�ticas ser�an for�neas, llegadas al valle del Nilo ya plenamente formadas.

En la regi�n de Kom Ombo se estudi� un poblamiento del Paleol�tico Superior muy especializado en actividades recolectoras con abundancia de molinos de mano e instrumentos de s�lex con lustre, que indicar�an la recolecci�n de cereales silvestres, en una fecha cercana al 10000 a.C. (contempor�neo al Kebariense de Levante), aunque en Egipto no hubo una revoluci�n que desembocara en la agricultura. La actividad de caza, pesca y recolecci�n se prolong� hasta el 6000 a.C. y el 5000 a.C., donde se documentan las primeras actividades agr�colas.

Una instalaci�n sedentaria parece comprobarse en una cultura preagr�cola del Mesol�tico de Jart�n. Practicaban caza y pesca, y se han encontrado arpones de hueso y piedras de moler. Las casas eran chozas de ca�as y barro, y fabricaban cer�mica decorada con l�neas onduladas incisas y puntos.

Los primeros poblados neol�ticos que se conocen son los de la depresi�n del Fayum, que fueron clasificados en dos fases, Fayum A y B, en funci�n de aspectos tipol�gicos y no evolutivos. Son poblados de estructura modesta, simples chozas de ca�as y barro de tendencia circular, silos excavados en el suelo a veces forrados con esteras de juncos. Se conoce la cer�mica y destaca el trabajo de la madera, hueso y piedra pulimentada, adem�s de cester�a y el tejido de lino. Consum�an oveja, cabra y buey dom�sticos, as� como trigo y cebada, y cazaban, pescaban y recolectaban.

Se han encontrado arpones y puntas de hueso., y ten�an hoces de mango de madera y piezas de s�lex, puntas de flecha y hojas con retoque bifacial plano. Entre los adornos est�n las conchas marinas y cuentas de collar de piedra. Las fechas m�s antiguas llegan a mediados del V milenio.

El poblado de Merimde est� situado en la parte occidental del delta. Era de gran extensi�n y tuvo una larga duraci�n (entre 5200 y 3500 a.C.). Sus caracteres son semejantes a los de Fayum, pero la cer�mica, de color negro, es m�s elaborada y decorada, y aparecieron mazas de piedra, seguramente tard�as.

Contempor�neo es el asentamiento y necr�polis de El Omari, a la derecha del r�o frente a El Cairo. M�s tard�o es el poblado de Maadi, contempor�neo de El Gerza (4600-3500 a.C.), donde hab�a, adem�s de chozas circulares, estructuras rectangulares con c�maras subterr�neas y hogares. Grandes vasijas cer�micas serv�an para el almacenamiento, que tambi�n se hac�a en pozos o silos revestidos de arcilla o esteras. Tambi�n estaban desarrolladas las actividades de tipo artesanal, como la fundici�n de objetos de cobre, procedente de las minas de Dyebel Ataqa y del Sina�.

Se conoce mal el proceso de desarrollo hasta los tiempos predin�sticos, habiendo diferencias manifiestas entre el norte y el sur, sobre todo en la cer�mica y otros utensilios. En el sur, las fases m�s antiguas parecen estar representadas en el Badariense, fechado en el yacimiento de El-Hammamiya en 5580�420 y 54955405 a.C. (fechas anteriores a las del Fayum), Al pie de los acantilados de El Badari se ha encontrado una serie de cementerios que se hallan en el desierto, detr�s de los asentamientos m�s o menos permanentes, con los habituales silos revestidos de esteras o barro. Las tumbas eran fosas ovaladas cubiertas de madera o esteras, con uno o m�s cuerpos encogidos y apoyados sobre su lado izquierdo, mirando al sur y cubiertos de pieles y con ofrendas variadas y piezas de ajuar (paletas, cucharas, vasos y peines de marfil y figurillas humanas de marfil o barro). La cer�mica caracter�stica es roja con el borde y el interior ennegrecido. Comienza a trabajarse el cobre batido y se inicia la t�cnica de la pasta v�trea.

La fase siguiente, Amratiense, muestra ya poblados m�s desarrollados, numerosos y permanentes, que llegan desde Deir Tasa a la frontera sur con Nubia. Las casas siguen siendo chozas circulares destinadas a vivienda, hogar o almac�n. Destacan las piezas de s�lex con tallado bifacial plano, los vasitos de basalto pulimentado, las cabezas de maza discoidales y las paletas de pizarra para cosm�ticos. La cer�mica presenta decoraci�n pintada de bandas blancas sobre fondo rojo, con escenas con hombres, animales y barcos.

Con el per�odo Gerzeense contin�a el desarrollo, se generaliza el uso del cobre, oro y plata. La cer�mica var�a mucho, con arcillas claras y decoraci�n pintada en rojo: barcas sagradas, �rboles, p�jaros, animales...

Europa

Chipre

Horizonte Khirokit�a

En torno al 7800 BP la isla se ve ocupada de forma brusca por una cultura diferente, denominada horizonte Khirokit�a, cuyo origen es dif�cil de precisar. A partir del 7400 BP existe un vac�o documental que podr�a indicar el abandono de la isla, para reaparecer posteriormente a partir del 6600 BP. El poblado mejor conocido es el propio de Khirokit�a, en el interior de la isla, como el de Kalavassos Tenta, mientras en la costa est�n Cap Andreas Castros y Petra Ton Limniti.

Los emplazamientos se caracterizan por una fuerte preocupaci�n por la seguridad, y est�n localizados en lugares con defensas naturales, como islotes (Petra), acantilados (Cap Andreas) o con muros de defensa (Khirokit�a, Kalavassos Tenta). Los poblados estaban formados por casas circulares (que recuerdan a los tholoi de Halaf) dispuestas en agrupaciones cerradas o bien con espacios exteriores de utilidad dom�stica. Est�n hechas con muros de piedra o adobe y con di�metro entre 1�80 y 5 m, con cubierta plana, con interior dividido en zonas para las diferentes actividades, pudiendo llegar hasta siete habitaciones.

Destaca la decoraci�n pintada de estas construcciones, como en Kalavassos Tenta, que representa a personajes estilizados en ocre rojo, recordando las halladas en Anatolia. No conocen la cer�mica, pero fabrican vasijas de piedra de gran perfecci�n t�cnica y est�tica. Tosco material l�tico, de materias locales y con un utillaje mon�tono. La industria �sea es elaborada, con uso del fuego para el acabado, y la forman agujas y punzones.

Desarrollan una agricultura cerealista (trigo y cebada), leguminosas (lentejas) y aceitunas y ciruelas. En ganader�a destacan los ovic�pridos y el cerdo. Tienen pesca intensa y cazan gamo y ciervo.

Las sepulturas son individuales bajo el suelo del h�bitat, con ajuares ricos y variados. La deformaci�n craneal est� generalizada en el conjunto de la poblaci�n, un aplanamiento de la parte posterior del cr�neo que provoca el desplazamiento de la mand�bula hacia delante.

Parece que esta cultura es fruto de una colonizaci�n relacionada con la expansi�n neol�tica del Pr�ximo Oriente del VIII milenio, pero con algunos elementos caracter�stico originales. Por ejemplo, el amplio uso de la arquitectura circular con t�cnicas elaboradas, cuando en el Pr�ximo Oriente se da la rectangular. Tambi�n hay diferencias en la industria l�tica, con la ausencia en la isla de puntas de flecha y la ignorancia del retoque por presi�n. Hay mayor afinidad con Levante en las pinturas murales y en la fauna.

Cultura de Philia

Los yacimientos de Philia-Drakos A y Ayios Epiktitos-Vryssi inician el Neol�tico cer�mico en Chipre a partir del 6600 BP, que continuar� con los niveles superiores de Khirokit�a y sobre todo en Sotira.

La secuencia de Philia-Drakos A presenta una evoluci�n en cuatro fases, donde las cer�micas indican una relaci�n con las regiones de Cilicia y sudoeste de Anatolia.

De evoluci�n posterior es el poblado de Sotira, en la costa sur, con habitaciones cuadrangulares de esquinas redondeadas y el tejado sujeto por un pilar central que divide el espacio interior. Aparecen las necr�polis separadas de las habitaciones.

Grecia

Dentro del estudio de transformaci�n neol�tica en Europa, la zona de la Grecia continental y la isla de Creta reviste gran importancia por su situaci�n geogr�fica (proximidad a Oriente Pr�ximo) y por su papel en la expansi�n de los avances neol�ticos hacia la Europa mediterr�nea y oriental.

Aunque tradicionalmente se vincula a la difusi�n oriental, el hallazgo de niveles de neol�tico precer�mico junto a dataciones arcaicas de final del VII milenio abre un debate entre la hip�tesis de neolitizaci�n proveniente del Oriente Pr�ximo y los que reconocen un desarrollo aut�ctono desde el Mesol�tico.

Proceso de transformaci�n

Las ocupaciones precedentes a los primeros signos de transformaci�n se hallan en pocos yacimientos mesol�ticos (cuevas de Zaimis y Ulbrich, y el yacimiento al aire libre de Sidari), siendo el m�s importante la cueva de Franchti, ocupada desde el 20000 BP. En sus niveles de Mesol�tico Reciente (8900-8700 BP) aumentan los microlitos y aparecen variaciones significativas en el consumo de vegetales y sobre todo la explotaci�n de la pesca.

La presencia de obsidiana procedente de las islas de Melos constituye la prueba m�s antigua de navegaci�n en el Mediterr�neo oriental. La secuencia termina con los niveles del Neol�tico Antiguo del VI milenio. El 70% de la industria l�tica presenta unas caracter�sticas id�nticas a los niveles anteriores, mientras que el 30% restante presenta unos rasgos comparables a las caracter�sticas de los conjuntos de otros yacimientos precer�micos (Sesklo o Argissa), que por debajo del Neol�tico Antiguo cuentan con unas ocupaciones de tipo precer�mico.

En las ocupaciones aparecen vestigios de h�bitats ligeros, abundantes conjuntos l�ticos con gran importancia de la talla laminar en la producci�n de utillaje, predominando los elementos de hoz y una gran utilizaci�n de materiales ex�genos (s�lex u obsidiana), con importaci�n de n�cleos preformados o incluso de productos acabados.

La producci�n de subsistencia se halla asegurada por una agricultura y ganader�a con predominio de especies dom�sticas, como trigo y cebada en agricultura y ovic�pridos, buey, cerdo y perro en ganader�a.

Las interpretaciones actuales inciden en un doble proceso de transformaci�n: la llegada de poblaciones ex�genas a la zona de Tesalia, mientras que en la Grecia septentrional existir�a un proceso de aculturaci�n del substrato local. Las nuevas poblaciones se instalan en los llanos aluviales o colinas sedentarias.

Neol�tico Antiguo

Solamente el yacimiento de Achillion muestra una evoluci�n continuada a partir de los conjuntos anteriores hasta el Neol�tico Antiguo, denominada tambi�n cultura de Proto-Sesklo (7700-6900 BP).� Se desarrolla principalmente en la regi�n de Tesalia, extendi�ndose hacia la regiones propias, con diferencias regionales en la cer�mica.

Los poblados se instalan en las zonas de contacto de varios nichos ecol�gicos o en las terrazas de los r�os. Las construcciones presentan normalmente una habitaci�n de planta variable construidas sobre adobe con base de piedra. Destacan las variaciones observadas en el asentamiento de Nea Nikomedia, con una t�cnica de construcci�n de enca�ado revestido con arcilla, ampli�ndose las habitaciones a dos o tres estancias. La disposici�n de las casas es dispersa. En las unidades de habitaci�n abandonadas se realizan las inhumaciones individuales o colectivas, en posici�n replegada y con escaso ajuar.

Las formas econ�micas se caracterizan por una continuidad de las evidencias del Neol�tico Precer�mico, con agricultura de trigo, cebada, avena, mijo y leguminosas, siendo la novedad m�s significativa la expansi�n de las variedades de trigo desnudo Los frutos consumidos son variados, y la gama de productos vegetales es la que se consumir� durante todo el Neol�tico.

La explotaci�n de las especies animales presenta un predominio de las especies dom�sticas sobre las salvajes. Existe ganader�a predominante de cabra y oveja en Creta, Tesalia y Macedonia, as� como buey dom�stico y cerdo. La caza es variada, con los c�rvidos y liebres como especies m�s buscadas.

La cer�mica constituye la novedad t�cnica m�s significativa, con uso de los medios t�cnicos b�sicos (modelado a mano, cocci�n en hornos al aire libre, utilizaci�n de las t�cnicas de oxidaci�n-reducci�n). Se componen de vasos de paredes finas, con formas simples hemisf�ricas, a veces con pie, que evolucionan hacia las cer�micas pintadas o monocromas de tipo Proto-Sesklo, que introducen� la decoraci�n pintada en colores rojizos con geom�tricos tri�ngulos.

Neol�tico Medio

Este horizonte (7000-5900 BP) se diferencia del anterior por las producciones cer�micas, con abundantes variaciones regionales:

- Zona del Peloponeso (asentamientos de Asea y Lerna): aparecen las cer�micas de Urfirnis.

- Tesalia: producciones en clara continuidad con sus precedentes, llamadas cultura de Sesklo.

- Macedonia occidental: asentamientos de Sitagroi I-II y Dilkili-Tash.

Los asentamientos se caracterizan por la continuidad de numerosos h�bitats del per�odo anterior, si bien se incrementa la ocupaci�n con concentraciones densas, como en los llanos de Tesalia. Los poblados mantienen una estructura dispersa, si bien empieza a parecer una disposici�n ordenada de las casas, en forma paralela, o en verdaderas calles estrechas que forman un conjunto ortogonal, como en D�mini. Por primera vez aparecen dispositivos de protecci�n como murallas o fosos.

Las construcciones mantienen las caracter�sticas anteriores, siendo la novedad m�s significativa las construcciones de planta rectangular con dos o tres habitaciones (Sesklo y Otzaki), denominadas m�gara, es decir, casas con una o dos habitaciones con vest�bulo, donde se sit�a el acceso.

Aparecen maquetas en arcilla cocida que reproducen las construcciones, proporcionando informaci�n importante sobre el sistema de cubierta, con tejados a doble vertiente sostenidos por columnas de madera.

Econ�micamente se dan muy pocas variaciones, siendo la m�s significativa una ligera variaci�n de los reba�os, con descenso de los ovic�pridos en beneficio de bueyes y cerdos.

Neol�tico Reciente

Desde mediados del V milenio se produce la consolidaci�n de las nuevas formas socioecon�micas, con intensificaci�n de los asentamientos, estabilizaci�n de los grupos con una r�pida regionalizaci�n, mayor estructuraci�n del espacio dom�stico y primeros trabajos colectivos destinados a la defensa. Aparece una progresiva diferenciaci�n funcional del trabajo, indicios de trabajos artesanos y un incremento de los intercambios. Todas estas caracter�sticas indican la creciente desigualdad social que desemboca en su institucionalizaci�n a finales del IV y a lo largo del III milenio.

Se produce la aparici�n de la primera verdadera metalurgia junto a la continuidad en el uso de los metales nativos, sin que suponga ninguna ruptura cultural.

Las definiciones culturales se realizan a base de las producciones cer�micas, con dataciones absolutas entre el 6000 y el 5000 BP:

- Tesalia y Macedonia oriental: aparece la cultura de D�mini (asentamientos de Arapi y Otzali), siguiendo a la cultura de Sesklo. Se subdivide en cinco fases: Larissa, Tsangli, Arapi, Hagia Sofia, Otzali y D�mini Cl�sico, con producciones cer�micas diferenciadas.

- Macedonia oriental y Tracia: se distinguen varias fases, como Proto-Maritsa, Maritsa y Goumesia, en los asentamientos de Sitagroi y Dikili Tash, con fuerte similitud de formas cer�micas con las culturas balc�nicas de Karanovo.

Los cambios notables se dan en la estructura de los asentamientos, con una cierta continuidad de los h�bitats tradicionales y a creaci�n de nuevos asentamientos en emplazamientos diferenciados de los horizontes anteriores, caracterizados por una situaci�n pr�xima a los recursos acu�ticos.

Los poblados presentan una estructura m�s densa y una generalizaci�n de los sistemas de protecci�n, que pueden ser fosos (a veces reforzados con empalizadas) o murallas conc�ntricas. Se produce la aparici�n de las casa rectangulares complejas, con una habitaci�n principal y peque�as c�lulas de almacenamiento laterales. Las construcciones m�s modestas se disponen alrededor de grandes construcciones tipo m�garon.

Se observan variaciones en las pr�cticas funerarias, documentadas en la regi�n de Tesalia, donde las sepulturas se sit�an en el exterior del h�bitat, con una disposici�n en verdaderas necr�polis. Se practica la incineraci�n, bien parcial (Souphil) o total (Zarkos), con los restos �seos depositados en vasos cinerarios, y �stos a su vez en tumbas de fosa. Las variaciones en los ajuares muestran el inicio de la diferenciaci�n socioecon�mica de la poblaci�n.

�El Neol�tico en los Balcanes

Los primeros asentamientos en los Balcanes datan del VI milenio, relacionados con la evoluci�n de la Grecia peninsular, tanto a nivel cronol�gico como cultural, que permite definir una evoluci�n paralela a lo largo del VI y V milenios.

Grupo Starcevo-Koros

Se extiende por toda la zona del Bajo Danubio. Sus or�genes ofrecen doble interpretaci�n: tradicionalmente se relacionaba con una colonizaci�n proveniente de Tesalia, pero se ha demostrado la existencia de un substrato ind�gena anterior a la presencia de indicios de pr�cticas agr�colas.

El asentamiento de Lepenski-Vir es un gran poblado sedentario con caba�as de madera y arcilla, con econom�a tradicional de caza y recolecci�n, que a mediados del VI milenio ve la incorporaci�n de la producci�n de subsistencia y de la cer�mica.

Otro gran poblado es el de Karanovo, en el valle de Maritsa (Bulgaria), formado por un conjunto de 18 unidades de habitaci�n de planta cuadrangular, organizadas en torno a una calle y rodeadas de una empalizada. Practicaban una agricultura intensa (trigo y mijo) y ganader�a (buey, cerdo y oveja).

En estos poblados no se aprecia una diferenciaci�n social, y la unidad socioecon�mica es la familia. Existen evidencias de intercambios en el grupo de Starcevo, con objetos procedentes de Hungr�a y el Egeo.

Neol�tico Reciente

Desde la segunda mitad del V milenio se desarroll� un horizonte caracterizado por la verdadera consolidaci�n de los primeros grupos agr�colas de la regi�n. En Bulgaria se desarrolla la fase Karanovo II-III y en Servia la cultura de Vin�a, ambas con un nivel cultural similar, desarrolladas a partir de fases anteriores utilizando la evoluci�n de las producciones cer�micas, ahora con mejor tecnolog�a y mayor sofisticaci�n.

La subsistencia y la distribuci�n de asentamientos siguen las mismas pautas que en sus fases anteriores. Aparecen signos de transformaci�n, especialmente en el grupo de Vin�a, donde se constata una importante metalurgia de cobre gracias a dep�sitos dom�sticos y funerarios, lo que ha permitido a Renfrew hablar de un Calcol�tico precoz en los Balcanes, independiente del foco anat�lico.

El Neol�tico en Europa central

Cer�mica de bandas (Danubiano I)

Desde mediados del V milenio las tierras bajas de Europa Central conocieron una civilizaci�n neol�tica que se caracteriza por una gran uniformidad de su cultura material. El elemento m�s representativo es la cer�mica de bandas, que debi� extenderse con gran rapidez por un amplio territorio, pues se conoce desde Budapest hasta los Pa�ses Bajos y Francia desde el 4500 a.C. Existen marcadas diferencias de tipo econ�mico y religioso con el Neol�tico balc�nico, por lo que parece m�s un proceso lento de aculturaci�n que de conquista en esta etapa, que para G. Childe mereci� el nombre de Danubiano I.

Los h�bitats son muy estereotipados (Bylany en Checoslovaquia, K�ln-Lindenthal en Alemania y Geleen o Sittard en los Pa�ses Bajos), con poblados muy extensos que agrupan varias granjas en el interior de un recinto defendido por un terrapl�n, una empalizada y un foso. Las viviendas son rectangulares y enormes, construidas con postes de madera y ramaje, y constan de h�bitat, cuadra y cobertizo. En K�ln-Lindenthal no todas las viviendas eran contempor�neas, sino con distintas fases ocupacionales en funci�n de ciertos condicionamientos econ�micos. En Geleen y Sittard existe la impresi�n de que sus ocupaciones fueron largas y menos interrumpidas.

La econom�a se basaba en la pr�ctica de cultivos rotatorios de agricultura itinerante, con abandono peri�dico de los campos conforme se agota su fertilidad, y cultivos de centeno, cebada, trigo guisantes y lentejas. Destaca el uso de azadas y palos cavadores. La agricultura itinerante y la posibilidad de que las casas tan grandes cobijaran a m�s de una familia son las caracter�sticas que mejor definen a las gentes de la cer�mica de bandas. Tambi�n tiene gran importancia la ganader�a, de cabra, oveja y en especial de buey (sobre el que posiblemente se realizaran cruces intencionados con Bos salvaje). En Alemania casi todos los restos de b�vidos corresponden a animales adultos, lo que parece indicar que los a�ojos no se consumieron como carne. Ciertos rasgos parecen denotar pr�cticas de castraci�n entre algunos individuos, bien para conseguir animales de engorde, bien para incrementar su docilidad.

El mejor distintivo de este grupo cultural es la cer�mica, en la que privan las formas muy simples, como cuencos y recipientes esf�ricos, y cuyas superficies se decoran con cintas o bandas formando meandros y espirales. En un principio la t�cnica utilizada es la incisi�n (cer�mica linear), para progresivamente aparecer el puntillado. En la zona oriental, en �poca tard�a, aparecen bandas pintadas monocromas. Existen tambi�n hoces y hachas pulimentadas, as� como algunos materiales ex�ticos (conchas mediterr�neas, marfil africano) que ponen de relieve las redes comerciales.

Tienen precario conocimiento de las necr�polis. Los enterramientos est�n pr�ximos a los h�bitats y nunca en grandes cementerios. Suelen estar en fosas individuales, en posici�n contra�da y con pobr�simos ajuares.

Danubiano II

Es dif�cil precisar el inicio de esta fase, que significar� una notable diversificaci�n cultural. Tal vez desde los inicios del IV milenio se consolidar�n los grupos puntillados en el extremo occidental; algo despu�s surgir� entre el Elba y el Rhin la civilizaci�n de Roessen, con conexiones e influencias en el norte de Francia, Pa�ses Bajos y Suiza. En Hungr�a aparece el grupo de Tisza, con expansi�n. Las cer�micas pintadas se extiende por Austria, Bohemia, Silesia y Polonia, recibiendo al final la influencia del grupo servio de Vin�a-Tordos, conociendo al final de su desarrollo (fase de Lengyel) adornos de cobre. Entre la desembocadura del Danubio y el Dniester prosigue la civilizaci�n de Tripolje (ahora Cl�sico Tripolje), con ciertos matices del Danubiano.

El c�rculo de Roessen, centrado en Turingia y Baviera, se caracteriza por un tipo de cer�mica derivada de la de bandas puntilladas, con importantes novedades formales (vasos carenados) y decorativas, con la aparici�n de la t�cnica de Roessen, que consiste en una alineaci�n de puntos impresos triangulares que originan un surco de fondo rugoso en el que se incrusta una pasta blanca para destacar el motivo.

Pese al cambio en las viviendas (ahora cuadradas y de dimensiones m�s reducidas que en el Danubiano I), se piensa que son las mismas gentes danubianas que hayan cambiado su tradicional forma de vida, abandonando las tierras bajas, instalando los poblados en peque�os promontorios y dedic�ndose casi exclusivamente a la ganader�a.

Los ajuares se enriquecen, y en las tumbas se documentan brazaletes de m�rmol, cuentas de collar de hueso o n�car y puntas de s�lex triangulares con base c�ncava.

En el extremo occidental de la provincia Danubiana el influjo Roessen se dejar� sentir, pero previamente se mantienen las decoraciones puntilladas de bandas incisas realizadas con punz�n. Es la �poca del pointill� por excelencia de la regi�n de Par�s, Bajo Rhin y del Mosa, que prepara la aparici�n de los grupos neol�ticos propiamente occidentales.

El B�ltico

Desde finales del V milenio, algunos grupos epipaleol�ticos, como Erteb�lle, en la costa septentrional de Jutlandia (uno de los concheros m�s c�lebres del �rea n�rdica) se benefician de los inventos neol�ticos, fabricando cer�mica y �tiles de piedra pulimentada (hachas). Esta circunstancia, que supone el contacto con grupos neol�ticos danubianos, da pie a que se haya considerado como un subneol�tico.

Paralelamente a Ert�bolle existieron en el interior gentes productoras, los agricultores de Ellerbeck, a quienes algunos autores indican como los primeros neol�ticos n�rdicos, si bien otros autores son esc�pticos, pues los cereales encontrados podr�an no ser productos estrictamente agr�colas, sino de crecimiento espont�neo.

La neolitizaci�n de Jutlandia, Scania y las orillas meridionales del B�ltico no acaece hasta la aparici�n de los Trichterbecher (TRB) o Funnelneck Beaker (vasos de embudo) en la segunda mitad del IV milenio. Puede subdividirse en dos etapas, la primera (fases A-B) con tumbas planas individuales, y la segunda (C-D) en la que se pierde el enterramiento individual frente al impacto megal�tico de enterramientos colectivos. Predominaba la econom�a agr�cola cerealista, y con posterioridad se impuso la ganader�a, especialmente con la introducci�n del cerdo.

Sobre la segunda etapa de la cultura TRB incidir�, desde la mitad del III milenio el pueblo oriental de la Corded Ware, que mantiene la tradici�n de las tumbas individuales y ser� responsable de la aparici�n de los primeros elementos met�licos en la regi�n.

En el sur de Suecia, Dinamarca y orilla sur del B�ltico, debido a la intempestividad del clima, no cuajaron las actividades neol�ticas, perdurando durante este per�odo y en las Edades del Metal una cultura de cazadores y pescadores heredera de los grupos epipaleol�ticos maglemoisienses, que s�lo excepcionalmente conocieron la cer�mica.

El Neol�tico en Francia

Inicios de la neolitizaci�n

Los precedentes mesol�ticos se enmarcan en el conjunto Sauveterriense, diferenci�ndose una fase antigua (10000-8500 BP) y otra reciente (8500-7500 BP). Los asentamientos son numerosos en Provenza occidental y central (Bois Sauvage, Fontbregua, Grimari), norte de Italia (Gaban, Romagno) y con presencia en Provenza oriental y Liguria.

Los aspectos econ�micos se centran en la explotaci�n de recursos naturales, siendo la caza el m�s importante, as� como explotaci�n de recursos vegetales.

En continuidad con la tradici�n l�tica anterior se forma el conjunto Castelnoviense, hallado en los yacimientos de Font-des-Pingeons (Chateuneuf-les-Martigues), de Baume-de-Montclus o en el norte de Italia (Romagno III), con cronolog�a en el VIII milenio. Son poblaciones que practicaban una caza diversificada con alto consumo de conejos y presencia de ovic�pridos, considerada aportaci�n exterior.

A partir de la primera mitad del VIII milenio aparecen en la zona meridional asentamientos del Neol�tico Antiguo Cardial, con presencia de agricultura cereal�stica y ganader�a de ovic�pridos, lo que da lugar a una interpretaci�n en la que se produce la difusi�n r�pida de innovaciones provenientes de zonas exteriores (Balcanes) en algunas �reas de la Provenza o el Languedoc, desde las cuales existe una expansi�n por aculturaci�n hacia poblaciones aut�ctonas (Castelnovienses) o hacia nuevos territorios, como el �rea paduana del norte de Italia.

Los primeros asentamientos con evidencias de producci�n agr�cola-pastoril se encuadran en el denominado grupo cardial, con incorporaci�n en el conjunto denominado franco-ib�rico de cer�micas impresas. Las producciones cer�micas se caracterizan por recipientes globulares, cuencos o jarras con fondo convexo y recipientes con ligero cuello. La decoraci�n se realiza con bandas horizontales de tipo impreso, a menudo con cardium, alternando con bandas no decoradas.

Los asentamientos tienen una distribuci�n costera, ocupando peque�os valles hacia el interior. A las cl�sicas ocupaciones en cuevas o abrigos (Abrigos de Font-des-Pingeons y de Fontbregua, Grotte Gazel, Abri Jean Clos) se unen asentamientos al aire libre como Courthezon-le-Baratin (Vaucluse) o Leucate (Herault). Presentan h�bitats sencillos con caba�as circulares (5 m de di�metro), zonas de almacenamiento y hogares.

La cultura material presenta un utillaje l�tico de talla laminar con equilibrio tipol�gico, as� como abundante utillaje �seo y en piedra pulimentada.

La ganader�a mixta se documenta desde los inicios de la ocupaci�n cardial, con la caza como actividad estacional, complementando la dieta la pesca y la recolecci�n litoral. La actividad agr�cola es conocida desde los inicios de la fase con cereales dom�sticos, en un principio con mayor uso de la cebada sobre el trigo, para variar posteriormente.

La evoluci�n de estos grupos se aprecia a partir de la evoluci�n de la morfolog�a y decoraciones cer�micas (grupos epicardiales, Montbol�), denotando la consolidaci�n de las nuevas formas econ�micas. Se produce la expansi�n de la influencia de estos grupos hacia el interior de Francia, desde el Alto Loire hasta los bordes del Atl�ntico. Los procesos de aculturaci�n del interior son complejos, como lo demuestra el caso del conjunto Recaurdiense.

Consolidaci�n de la neolitizaci�n

La segunda mitad del IV milenio se halla representada en Francia meridional por la cultura Chassey, cuyo proceso de formaci�n se realiza en la propia regi�n meridional francesa y que conocer� una expansi�n geogr�fica que llegar� a cubrir la casi totalidad del actual estado franc�s. La expansi�n en las zonas septentrionales ha dado lugar a la diferenciaci�n de un Chasense Meridional, del Chasense de la cuenca parisiense y del Chasense del Oeste.

El proceso de formaci�n se realiza a partir de la propia evoluci�n de los grupos del Neol�tico Antiguo (Montbol�, Bize, Fontbregua), con un proceso multinuclear. La cultura chasense es observada como una vasta entidad homogeneizada en funci�n de las propiedades cer�micas con variaciones regionales significativas, fruto de un desarrollo marcado por tres caracter�sticas:

- Existencia de una econom�a de subsistencia local, con agricultura y ganader�a.

- Relaciones de complementariedad territorial de tipo regional.

- Marco de intercambios y circulaci�n de materias primas de tipo macrorregional.

El h�bitat es principalmente al aire libre en los valles de tierras de explotaci�n agr�cola f�cil, con superficies extensas (como St. Michel de Touch) y una estructura caracterizada por empalizadas y fosos. Se observa un amplio desarrollo agr�cola por el incremento de la antropizaci�n del medio. Las pr�cticas pastoriles se incrementaron en esta zona meridional con la explotaci�n del cerdo, y se aprecia una notable disminuci�n de la caza. El final del Chasense se observa como la disoluci�n de las relaciones econ�micas en beneficio de entidades espaciales m�s reducidas.

El Neol�tico en Italia

Inicios de la neolitizaci�n

Italia meridional y Sicilia

Es en las regiones meridionales de Italia y en las islas pr�ximas donde se documentan las primeras evidencias del proceso de neolitizaci�n. Desde finales del VII milenio y durante el VI se registra el horizonte de cer�micas impresas, con yacimientos situados en zonas costeras de la regi�n de Trieste, en las costas orientales de la pen�nsula (Pulla) y en Sicilia. Los yacimientos m�s representativos son Coppa Nevigata, Rendina I, Torre Sabea, Torre Canne y cueva Guardiano en la regi�n de la Pulla, Prato de Don Michele en Tremiti y la cueva de Uzzo en Sicilia. Se trata de instalaciones al aire libre o en cueva, destacando el poblado de Coppa Nevigata, con una estructura fortificada.

La producci�n de subsistencia estaba caracterizada por una producci�n agro-pastoril, pero con importante explotaci�n de recursos naturales. La industria l�tica presenta un fuerte microlitismo, continuidad de la tradici�n mesol�tica. Las producciones cer�micas se caracterizan por una doble producci�n: cer�micas lisas� y formas decoradas impresas con cardium, con los motivos repartidos por todo el conjunto. La progresiva introducci�n de nuevas tem�ticas y t�cnicas ha servido para diferenciar, en Italia suroccidental, tres horizontes:

- Estilo Prato Don Michele, momento m�s arcaico, con decoraciones exclusivamente impresas.

- Estilo Guadone (segunda mitad del VI milenio), donde contin�an las cer�micas impresas pero con mayor complejidad, series m�s finas y tem�ticas m�s organizadas, con motivos triangulares o circulares.

- Estilo Messina-La Quercia (finales del VI milenio y primera mitad del V),k con progresiva disminuci�n de cer�micas impresas y la introducci�n de nuevas decoraciones en los vasos de mayor calidad a base de incisiones rellenas de pasta blanca o roja, y la aparici�n de los motivos pintados.

A finales del VI milenio aparecen en el sur de Italia meridional un buen n�mero de asentamientos en los valles de suelos f�rtiles, caracterizados por unas instalaciones a base de caba�as circulares de di�metro variable, rodeadas por fosos circulares. Destacan las detalladas excavaciones de Passo di� Corvo, simples trincheras de recorrido circular en forma de C.

Se produce la diferenciaci�n regional de muchos grupos a partir de las producciones cer�micas, como los grupos de Matera en el sudeste o la cultura de Stentinello en Sicilia. Coincidiendo con esta fase de difusi�n de las cer�micas bicrom�ticas o tricrom�ticas se produce la consolidaci�n de las aldeas agr�colas.

Italia central y septentrional

La documentaci�n muestra una diferenciaci�n respecto a la zona meridional. Se trata de una zona de transici�n entre Europa central y balc�nica y el occidente mediterr�neo. La cueva de Arene Candide indica el proceso de transformaci�n gracias a su importante secuencia estratigr�fica. La neolitizaci�n se vincula al grupo de cer�mica impresa, a partir de la primera mitad del V milenio, con industria l�tica tipo mesol�tico, ganader�a de ovic�pridos, b�vidos y suidos, caza y consumo de moluscos marinos.

Se produce la evoluci�n del horizonte postcardial a finales del V milenio e inicios del IV, definidos por las producciones cer�micas, diferenciando grupos regionales (cultura de Fiorano, grupo de Vho, grupo Gaan), que muestran relaci�n con los grupos d�lmatas.

Islas pr�ximas

Se documenta la primera ocupaci�n a lo largo del VI milenio. Malta conoce la cultura Ghar Dalkam, relacionable con la fase de Stentinello (Sicilia), mientras que en C�rcega y Cerde�a se relaciona con la cultura de las cer�micas impresas. El patr�n de asentamiento es variable, sobre todo en cavidades: cueva de Filiestru o Monte Maiore (Cerde�a) o del Abrigo D de Filitosa y Basi en C�rcega.

Consolidaci�n de la neolitizaci�n

Italia meridional y Sicilia

A pesar de la diversificaci�n de los grupos se observa una continuidad con el horizonte antiguo tanto en asentamientos como en la persistencia de poblados atrincherados. Existen variaciones en la cultura material con la introducci�n de cer�micas pintadas con mayor complejidad decorativa. Aparecen peque�os grupos (Ripoli en los Abruzzos, cultura de Dasso en el Lacio), con desarrollo de la agricultura y ganader�a en h�bitats bien al aire libre (grupo de Ripoli, con caba�as circulares excavadas) o en cuevas (Dasso).

Posteriormente se produce la evoluci�n hacia zonas culturales m�s amplias, como la de Serra d�Alto, desde el sur hasta el centro de Italia, caracterizada por un h�bitat semiexcavado de planta circular y sepulturas bajo el mismo o en fosas aisladas. La fase m�s evolucionada del sur de Italia es la del grupo de Diana, que ocupa los Abruzzos y parte de Umbr�a, con importante desarrollo en las islas meridionales.

Norte de Italia

Se desarrolla una propia evoluci�n, desligada de los centros de los Balcanes y en relaci�n con la evoluci�n de las regiones pr�ximas. En continuidad con la cultura de Fiorano se desarrolla la cultura de los vasos de Boca Cuadrada, con una diferenciaci�n tipol�gica de la cer�mica, con tres fases cronol�gicas:

- Quinzano: la m�s antigua, con recipientes de boca cuadrada y decoraci�n incisa.

- Rivoli-Chiozza: fase media, con cuencos de boca cuadrada y decoraci�n excisa.

- Rivoli Castelnuovo: fase reciente, con influencias en el horizonte posterior de Lagozza.

El h�bitat puede ser en cuevas o al aire libre, en caba�as circulares con pasillos de acceso y sepulturas en fosa, con el difunto en posici�n encogida.

La cultura de Lagozza se caracteriza por unas producciones cer�micas lisas. Se desarrolla en la parte m�s septentrional (Liguria, Lombard�a) y presenta relaci�n con grupos culturales coet�neos de otras regiones europeas (Chassey, Cortaillod).

El Neol�tico en la Pen�nsula Ib�rica

El Neol�tico en la Pen�nsula Ib�rica se enmarca en la problem�tica general de la neolitizaci�n del Mediterr�neo occidental europeo, aunque no puede hablarse de homogeneidad cultural en todo el territorio. La primera neolitizaci�n se produjo en la franja costera mediterr�nea, desde Catalu�a hasta Andaluc�a y Portugal meridional, pero los yacimientos mejor conocidos se ubican en las sierras costeras interiores. En las restantes �reas peninsulares las transformaciones culturales fueron m�s tard�as y con particularidades diferentes, incorpor�ndose con mayor lentitud a la econom�a neol�tica.

Las regiones mediterr�neas de la Pen�nsula son las que mejor documentan la presencia del Neol�tico Antiguo o de cer�micas impresas, conserv�ndose un buen registro arqueol�gico en Catalu�a, Pa�s Valenciano y Andaluc�a.

Catalu�a

Neol�tico Antiguo

Aparecen yacimientos mayoritariamente en cuevas (Toll, Balma de l�Espluga, L�Espluga de Francol�), pero tambi�n al aire libre (Los Guixeres, Cambrils). A ra�z de los trabajos realizados en las cuevas de Montserrat en 1925 se identific� una industria l�tica y una cer�mica cardial caracter�stica, que mereci� la denominaci�n de cer�mica montserratina, con materiales similares a los yacimientos del sur de Francia, norte de Italia y otros puntos del Mediterr�neo occidental.

La cer�mica cardial presenta formas globulares con cuello marcado, que en los casos m�s pronunciados se denominan botellas, con peque�as asas macizas o mamelones perforados, y con la decoraci�n distribuida en bandas horizontales o verticales que ocupan casi tres cuartas partes de la superficie del recipiente.

Las �ltimas investigaciones han aportado nuevos datos sobre el poblamiento, conoci�ndose un mayor n�mero de yacimientos al aire libre en las tierras bajas m�s f�rtiles, as� como una combinaci�n entre poblados al aire libre y cuevas pr�ximas, quiz�s destinadas a funciones ganaderas, de almacenamiento o incluso sepulcrales.. Los trabajos realizados en el Barranc de Fabra (Tarragona) muestran una aldea rodeada de un muro de piedra, en cuyo interior se extienden nueve viviendas circulares u ovaladas, construidas con posible z�calo de piedra y paredes de arcilla.

Neol�tico Medio

Tras la primera fase, se detect� en la mayor�a de las cuevas un nivel de ocupaci�n, denominado Epicardial, en el que se abandon� progresivamente el uso de cer�micas con decoraci�n cardial y se fabricaban mayoritariamente cer�micas o con decoraci�n menos cuidada, a base de incisiones o cordones.

Algunos autores (Guilaine) identificaron a principios del IV milenio una fase intermedia entre el Epicardial y las culturas del Neol�tico Final, desarrollada en los Pirineos mediterr�neos, con ramificaciones hasta el sur de Catalu�a y norte de Levante, representada en la cueva del Toll, en Balma de L�Espluga e incluso en la cueva de L�Or. Recibi� el nombre de Montbol�, por el yacimiento ep�nimo de los Pirineos franceses, donde apareci� un nivel caracterizado por la ausencia de cer�mica cardial y la presencia de nuevos recipiente sin decoraci�n, de formas simples globulares y con unas t�picas asas tubulares verticales. La industria l�tica era escasa, abundando m�s los �tiles de hueso (punzones y alisadores). Pocos testimonios de actividad agr�cola, siendo m�s numerosos los restos de fauna dom�stica, que parecen indicar una mayor importancia de la ganader�a, junto a la que se seguir�a practicando la caza (roedores, liebres y aves).

Neol�tico Final

La etapa m�s reciente del Neol�tico Final est� ocupada por la cultura de los Sepulcros de Fosa (de la segunda mitad del IV milenio a la primera mitad del III), que toma su nombre del tipo de yacimientos conocidos, casi exclusivamente enterramientos individuales de inhumaci�n en fosa, siendo los lugares de habitaci�n pr�cticamente desconocidos.

Las sepulturas est�n cavadas en el suelo, con el cad�ver en posici�n encogida, y protegidas por lajas de piedra con diferentes formas, encontr�ndose aisladas o en grupos de peque�as necr�polis, como en B�vila Madurell (San Quirze del Vall�s). Mayoritariamente se han encontrado en las tierras bajas de los valles fluviales, y escasas en cuevas (Toll). Los ajuares, con particularidades propias, pueden encuadrarse en los objetos t�picos de los grupos neol�ticos tard�os de la Europa occidental.

La cer�mica es uno de los elementos m�s caracter�sticos, destacando los recipientes lisos de forma variada, desde grandes vasijas ovoides o cil�ndricas a cuencos carenados, ollas y tazas, destacando por su originalidad los vasos de boca cuadrada.

Entre los �tiles l�ticos destacan los microlitos geom�tricos, los cuchillos triangulares, las puntas de flecha y sobre todo las hachas pulimentadas fabricadas sobre diversos materiales, como obsidiana o serpentina.

Los objetos de adorno est�n bien representados en las numerosas cuentas de collar encontradas, destacando las fabricadas en piedra de color verde, posiblemente variscita proveniente de la mina de Gav�, junto al r�o Llobregat, donde se han localizado pozos excavados en la roca y galer�as subterr�neas, as� como diversos materiales: cer�micas de variada tipolog�a, utensilios de hueso y picos y otros �tiles, presumiblemente empleados por los mineros para la extracci�n. La explotaci�n de estas minas implica la complejidad de la organizaci�n social de finales del Neol�tico, ya que no s�lo era trabajo t�cnico, sino la posterior transformaci�n y distribuci�n del material extra�do.

Se practic� intensamente la agricultura, con hallazgos de molinos de mano y ubicaci�n de yacimientos en tierras bajas y f�rtiles, as� como la ganader�a (ovic�pridos y b�vidos).

Pa�s Valenciano

Es la regi�n peninsular donde m�s se ha desarrollado la investigaci�n sobre el Neol�tico, con numerosos lugares arqueol�gicos y un importante volumen de datos. En el sur de la provincia de Valencia y norte de Alicante es donde se concentran algunos de los yacimientos m�s importantes de todo el Mediterr�neo occidental.

Estos yacimientos confirman la existencia de dos tipos de ocupaci�n diferentes, que responden a un patr�n de asentamiento y de subsistencia dual, resultado del contacto entre las influencias llegadas desde el exterior y las sociedades epipaleol�ticas locales:

- Yacimientos como la cueva de La Cocina (Dos Aguas, Valencia), la de Mallaetes (Valencia) o la de Llatas (Alicante) ofrecen niveles estratigr�ficos del Epipaleol�tico, demostrando la progresiva evoluci�n del substrato local, sobre el que se van asimilando las nuevas aportaciones, representadas sobre todo por la cer�mica cardial.

- Otros yacimientos, como la cueva de la Sarsa (Bocairente, Valencia), la de L�Or (Benairr�s, Alicante) o la de Cendres (Moraira, Valencia), muestran un primer nivel de ocupaci�n con todos los elementos t�picamente neol�ticos. La cer�mica cardial es abundant�sima, y ofrece una rica decoraci�n. La presencia de �tiles l�ticos como hoces o hachas pulimentadas, la identificaci�n de trigo y cebaba y la deforestaci�n del paisaje indican una presencia humana activa, practicando la agricultura intensiva y la ganader�a, con restos de ovic�pridos, b�vidos y cerdo.

El per�odo ha sido definido en su conjunto como Neol�tico I (7000-5500 BP), dividido en horizontes seg�n los tipos de decoraci�n cer�mica:

- Horizonte de cer�micas cardiales: Can Ballester (Castell�n), Cova de L�Or y Cova de Les Cendres (Alicante).

- Horizonte de cer�micas incisas-impresas: Cova de L�Or, Cova de Les Cendres, Cova Fosca, con variables regionales.

- Horizonte de cer�micas lisas-cepilladas: Cova de Les cendres, con mayor variedad decorativa.

El Neol�tico Inicial va evolucionando lentamente en los mismos lugares, perdiendo poco a poco sus se�as de identidad caracter�sticas. La cer�mica cardial se va reduciendo, y se adoptaron otras t�cnicas decorativas, fabricando cer�micas lisas, que algunos autores han querido identificar con un Neol�tico Medio no tan bien independizado como en Catalu�a.

Se habla de un Neol�tico final desde mediados del IV milenio (3500-2500 a.C.), representado tanto en las cuevas conocidas como en yacimientos al aire libre, entre los que destacan La Ereta del Pedregal (Navarr�s, Valencia) o el Arenal de la Virgen (Villena, Alicante). Destaca la presencia de cer�micas lisas con formas nuevas, mientras que aumentan los asentamientos al aire libre, lo que parece indicar la generalizaci�n de este tipo de h�bitat, cada vez de mayor tama�o.

Andaluc�a

Cultura de las cuevas (6300-5980 BP)

Recibe este nombre porque los yacimientos m�s caracter�sticos son las cuevas. Los sitios mejor estudiados se sit�an en las provincias costeras de Almer�a, Granada y M�laga, o inmediatamente interiores, como Ja�n, con afinidades de la zona sur levantina. Destacan las cuevas de la Carig�ela (Pi�ar, Granada), de Nerja (M�laga), de los Murci�lagos (Zuheros, C�rdoba) y de M�rmoles (Priego, C�rdoba)

Cueva de la Carig�ela

Uno de los yacimientos m�s representativos es la cueva de la Carig�ela (Pi�ar, Granada), en las monta�as interiores, que muestra la evoluci�n del Neol�tico en la zona. En los niveles inferiores ofrecen buena representaci�n de la fase antigua, con abundante cer�mica cardial de formas globulares y semiesf�ricas junto a otras decoraciones impresas y de cordones, destacando una vasija con decoraci�n cardial y a la almagra (estilo �ste que pervivir� hasta el comienzo de la Edad de los Metales). Los niveles superiores representan las fases del Neol�tico Medio y Final, caracterizados por la casi total desaparici�n de la cer�mica cardial, de la decoraci�n impresa en general y la difusi�n de los tipos decorados a la almagra o t�picos vasos con asas pitorro.

Cueva de Nerja

Otro yacimiento representativo es la cueva de Nerja (M�laga), cuyos primeros niveles corresponden al Epipaleol�tico, representado por restos de hogares y numerosos �tiles l�ticos (microlaminares y geom�tricos). Sobre ellos aparece otra ocupaci�n del Neol�tico Inicial, con industria l�tica evolucionada sobre hojas, piezas escasamente pulimentadas y presencia de cer�mica de formas globulares con decoraci�n impresa no cardial, incisa y a la almagra.

El momento m�s representativo de esta cueva es el correspondiente al Neol�tico Medio-Final, representado por una cer�mica con decoraci�n incisa o cordones, una industria l�tica de tradici�n geom�trica y punzones de hueso. Se encontr� un silo para almacenar alimento con diversos tipos de cereal, exponentes de una agricultura intensiva y selectiva. Tambi�n apareci� un enterramiento doble rodeado de numerosos restos vegetales as� como cer�mica y �tiles de hueso y s�lex.

Otra muestra del abundante poblamiento de la zona y de la evoluci�n cultural del Neol�tico son el yacimiento al aire libre de Las Maj�licas (Alfacar, Granada), la cueva de la Mujer (Granada), la del Higuer�n y la Pileta (M�laga) o la del Nacimiento (Ja�n).

Neol�tico Final en el Sudeste

Es una fase que abarca desde el �ltimo cuarto del IV milenio a la segunda mitad del III, localizada en poblados al aire libre, preludio de las posteriores culturas calcol�ticas. Se le conoce con el discutido t�rmino de cultura de Almer�a. Son buenos ejemplos los h�bitats en altura de El Garcel, La Gerundia y Tres Cabezos (Almer�a) o la Pe�a de los Gitanos (Montefr�o, Granada). La cultura material se caracteriza por cer�mica lisa de formas variadas, industria de s�lex de tradici�n geom�trica y gran abundancia de �tiles pulimentados.

Existen fosas de enterramiento (Loma de la Atalaya, Loma de las Eras, etc.) de forma circular rodeada de piedras, con dos o m�s cuerpos inhumados acompa�ados de industria l�tica de tradici�n geom�trica, �tiles de piedra pulimentada y brazaletes de concha.

Arag�n

Neol�tico Antiguo

Se observa un proceso similar al del Pa�s Valenciano. Tres yacimientos aportan datos sobre grupos epipaleol�ticos con diversos elementos caracter�sticos del Neol�tico Antiguo (b�sicamente cer�mica cardial): Botiquer�a dels Moros (Mazale�n, Teruel) y los abrigos de Costalena y del Pontet (Maella, Zaragoza).

En el Alto Arag�n se han identificado yacimientos plenamente neol�ticos, entre los que destaca la Cueva de Chaves (Bastar�s-Casbas), del V milenio, con cer�mica cardial rica en formas y decoraciones, industria l�tica laminar, elementos pulimentados, molinos, industria �sea t�pica y objetos de adorno.

Se detecta el uso funerario exclusivamente en cuevas (Cueva de Chaves, Cueva del Moro).

Neol�tico Medio

Es una fase que va del 6000 al 5500 BP, entre el horizonte epicardial y el Neol�tico Reciente.

En el Alto Arag�n se desarroll� una dualidad socioecon�mica, con asentamientos diferenciados: zonas monta�osas pastoriles y poblados al aire libre (El Torrell�n) con la agricultura como base econ�mica. Tambi�n se ocupan cavidades naturales (Espluga de la Puyascada). En las tierras del Bajo Arag�n hay yacimientos al aire libre con actividades agr�colas y cer�micas impresas no cardiales de finales del V milenio, como Alonso-Norte y Las Torrazas (Alca�iz, Teruel).

Aparece tambi�n en el nivel B de Pontet y en la necr�polis de Mina Vallfera (Mequinenza).

Neol�tico Final/Reciente

En las monta�as del Alto Arag�n se documenta la continuidad del sustrato del Neol�tico Antiguo, y se produce la consolidaci�n de la agricultura, con poblados al aire libre campaniformes en las tierras bajas (El Villar, Pe�a del Agua, El Portillo).

Portugal

El Neol�tico Antiguo est� bien representado en la zona sur de Portugal Es un proceso de neolitizaci�n m�s bien aut�ctono, con asentamientos, contexto e industria l�tica similares al Mesol�tico Geom�trico, como se aprecia en Moita do Sebastiao, Cabe�o do Pez y Samouqueira. Tambi�n hay afinidades con el proceso de neolitizaci�n de Andaluc�a, con rareza de cer�micas cardiales y predominio de las impresiones no cardiales.

Se ocupan extensas �reas abiertas cerca del litoral o de los r�os, con ocupaciones cortas. Las estructuras m�s comunes son fondos de caba�as y estructuras de combusti�n.

Se documentan dos fases, que comprenden el V milenio a.C.:

- Neol�tico Antiguo Pleno: Vale Pincel I y Cabranosa da Sagres.

- Neol�tico Evolucionado: Vale Vistoso, Salema y Montum de Baixo.

Recordar que el inicio del megalitismo tiene en las regiones del suroeste de Portugal uno de los focos originarios m�s antiguos del megalitismo en Europa, desde el 6500 BP aproximadamente.

Resto de la Pen�nsula

En el resto de la Pen�nsula la documentaci�n es escasa, con una neolitizaci�n tard�a y progresivo desarrollo de comunidades agr�cola-pastoriles centrada en el IV milenio a.C.

En la zona cant�brica se distinguen dos grupos culturales:

- Grupo de Santimami�e: asentamientos en monta�a, cerca de la costa.

- Grupo de los Husos: en valles y llanuras, en la parte meridional.

El �nico yacimiento que se atribuye a inicios del Neol�tico es el Abrigo del Montico (Charratu, �lava). En la Meseta hay a�n menos datos, con yacimientos en la regi�n de Madrid poco claros.

6.- MEGALITISMO

Al t�rmino del Neol�tico muchos grupos occidentales y n�rdicos adoptaron la costumbre de inhumar a los muertos colectivamente en grandes construcciones de piedra denominadas sepulcros megal�ticos. Tambi�n est� documentada en el Mediterr�neo, desde el Egeo hasta la Pen�nsula Ib�rica, por lo que se ha ido extendiendo el fen�meno de la colonizaci�n megal�tica, que se habr�a desarrollado entre los �ltimos compases del Neol�tico y el inicio de la Edad de los Metales. Por lo tanto no es ni una �poca ni una edad, ni una cultura, sino simplemente una cricunstancia com�n a diferentes grupos culturales de un mismo momento.

Habitualmente se reconocen 3 tipos de monumentos: tumbas, alineamientos rituales y menhires. Los dos �ltimos afectan al Mediterr�neo. Las tumbas megal�ticas se caracterizan por su variedad de formas, y se pueden distinguir tres tipos:

- Grandes cistas o cajas de enormes lajas.

- Los sepulcros de corredor, que cuentan con una c�mara bien individualizada respecto al pasillo de acceso.

- Las galer�as cubiertas, en las que c�mara y corredor son todo uno.

Todas se caracterizan, sin embargo, por ser enterramientos colectivos, evidenciando seg�n Childe una situaci�n social nueva respecto al Neol�tico. La extensi�n de este fen�meno se documenta en Europa Occidental (desde Gibraltar al Mar del Norte, todo el Mediterr�neo y la zona n�rdica, pero faltando en el sector continental: sur de Alemania y valle del Danubio). Su amplia dispersi�n ha planteado a los investigadores dos cuestiones: d�nde est� el origen del megalitismo, y a trav�s de qu� caminos se produjo su difusi�n hasta alcanzar zonas tan distantes.

Ante estas cuestiones los cient�ficos se dividieron en:

- Orientalistas: Partidarios de la cuna egea, siguiendo a Childe y tomando como referencia los tholoi mic�nicos del Tesoro de Atreo, del siglo XIV y XIII a.C., y que se habr�a extendido primero por el Mediterr�neo occidental, Francia, Gran Breta�a y despu�s por las zonas del norte.

- Occidentalistas: Hoy son mayor�a, y se basan en el contraste de las caracter�sticas, antiguedad y posibilidades de autonom�a e indigenismo que veremos a continuaci�n al estudiar las distintas zonas.

�Zonas

1 El Egeo

Las cuevas artificiales (a partir del 2800 a.C.) y tholoi (a partir del 2500 a.C.), ambos enterramientos colectivos, ser�n las posibles manifestaciones del megalitismo en esta zona.

- Cuevas artificiales: Desde el 2800 a.C., con tumbas circulares de peque�o aparejo en la necr�polis de Khepala. En Zygouries (Peloponeso) hay enterramientos colectivos, que se extender�n por el �tica y Eubea, y llegan a las C�cladas. Paralelamente, en Chalandriani(Syros) aparecen tumbas circulares de piedra, a veces rematadas con c�pula, pero raramente con m�s de un enterramiento.

- Tholoi: en Pl�tanos y Koumassa, son las que mas se acercan al megalitismo. Son de mediados del III milenio, con techo copular, precedente de los grandes tholoi mic�nicos de un milenio posterior.

2 El Mediterr�neo central

El mismo complejo de las cuevas artificales colectivas se manifiesta durante todo el III milenio en el Mediterr�neo central. Son muy similares a las del Egeo, y tradicionalmente, siguiendo la linea orientalista, se les ha considerado sus herederas. Whitehouse alude a su contemporaneidad, e incluso anterioridad, por lo que se puede invertir el influjo.

- Malta: Existen ya en el 2800 a.C. en el hipogeo de Ta Hagrat. Alcanzar� su m�ximo esplendor a partir del 2500 a.C. con el hipogeo laber�ntico de Hal Saflieni y los templos de Ggabtija y Mnandra. A partir del 2000 a.C. se acaba esta tradici�n con la llegada de gentes de la pen�nsula italiana.

- Sicilia: A inicios del III milenio decae la inhumaci�n neol�tica en cista o fosa, y aparece el enterramiento colectivo en el interior de cuevas artificiales en forma de �horno� (Culturas de Conzo y Conca d�Oro, precedentes de la de Chiusazza-Malpasso, en la que los hipogeos ya est�n generalizados).

- Cerde�a: La cultura de Ozieri tiene m�s de un millar de cuevas artificiales con ricos ajuares, a inicios del III milenio.

3 El Mediod�a franc�s

En el Sureste de Francia, concretamente en los alrededores de Arl�s, existen hip�geos o cavidades excavadas en el suelo con cubiertas de lajas, como osarios colectivos, destacando Source de Montvieille, de planta cruciforme con dos peque�os �bsides que flanquean la cabecera, y las pseudogalerias cubiertas del Aude (d�lmenes de c�mara rectangular con corredor muy largo, del 2700 a.C.). Durante un tiempo, a lo largo de todo el Calcol�tico, todos estos monumentos seguir�n en uso, como prueba el hip�geo de Roaix (2150 a.C.). Las relaciones de este grupo con la zona pirenaica oriental son grandes, lo que se aprecia con los sepulcros de c�mara poligonal (tipo espolla) de Catalu�a.

4 El sureste de la Pen�nsula Ib�rica (Calcol�tico en la Pen�nsula Ib�rica)

La cultura de los Millares es uno de los focos meg�liticos m�s notables del Mediterr�neo, pero solo refleja un determinado momento, a mediados del III milenio. Hay que indagar en etapas anteriores seg�n Leisner y Blance:

- Finales del IV milenio: construcci�n de c�rculos de piedra, sin pasillo de acceso y tal vez descubiertos, con funciones funerarias (Loma de la Atalaya). Sus ajuares son cer�micas lisas, hachas pulimentadas y hojas y microlitos geom�tricos de s�lex, denotando su neolitismo y evidenciando el or�gen local de estos enterramientos.

- A partir del 2900-2800 a.C.: se dota de pasillo a los c�rculos funerarios y est�n cerrados en ocasiones con el procedimiento de falsa c�pula, con el mismo tipo de ajuar que la fase anterior pero con presencia ya de idolillo de hueso y piedra (de inspiraci�n cicl�dica), y las puntas cruciformes de retoque invasor, alternando con microlitos geom�tricos. Se inicia por entonces un proceso de regionalizaci�n, y frente a las tumbas circulares almerienses, en las zonas altas de Granada, se desarrollar� una facies megal�tica, arraigada en el antiguo complejo de la �Cultura de las Cuevas�, caracterizada por los sepulcros de corredor con c�maras trapezoidales o rectangulares.

Todav�a antes de Los Millares hay ciertas cuevas artificales en Murcia o naturales en La Barsella de Torremanzanas (Alicante) que son utilizados como enterramientos colectivos en la primera mitad del III milenio, con unas pocas piezas met�licas que evidencian su calcolitismo.

La cultura de Los Millares

Se desarrolla desde el 2500 a.C. Se caracteriza por las tumbas de tholoi, con cubiertas cupulares, por los pasillos de acceso compartimentados por lajas o puertas perforadas y por los cromlechs conc�ntricos que sujetan las tierras de los t�mulos circulares que fosilizan los monumentos.

Los h�bitats son plenamente calcol�ticos, con viviendas circulares de piedra, asentados sobre promontorios de dificil acceso, a veces dotados con defensas artificiales (murallas con bastiones semicirculares y peque�os fortines redondos a modo de avanzadas defensivas, parecidas a las de Kastri).

En virtud de esta analog�a, Blance se refiri� a Los Millares y otros castella contempor�neos del estuario del Tajo, como colonias de gentes orientales, aisladas de la poblaci�n ind�gena, a quienes se deb�a de atribuir los materiales ex�ticos: pu�alitos de cobre de hoja curva egipcios o peque�os objetos de marfil y alabastro; con �sto tambi�n interpretaba que el tholois millarense, siguiendo la teor�a orientalista, era otro elemento m�s importado. Pero actualmente, aunque hay que aceptar una relaci�n con el Mediterr�neo oriental, se deben tener en cuenta los numerosos tholoi del sureste de la Pen�nsula Ib�rica frente a la rareza de los del Egeo, y que adem�s cuentan con el precedente ind�gena, como los enterramientos redondos sin corredor y un poco m�s tarde los circulares con corredor con falsa c�pula.

Por lo tanto, se puede decir que en Los Millares convergieron un sustrato ind�gena con un componenete for�neo. Hay que tener en cuenta que la fortificaci�n de Chalandriani (2200 a.C.) es posterior a la de Los Millares y El Barranquete (2450 y 2350 a.C.), dejando de ser de esta manera la muralla de los Millares copia de las orientales, sino al rev�s.

5 Portugal (Calcol�tico en la Pen�nsula Ib�rica)

1� Etapa

Los m�s antiguos megalitos portugueses, que pasan por ser los primeros de todo el area atl�ntica, fueron ciertas antas o d�lmenes poligonales, muchas veces sin corredor o con �l muy corto, en la zona de Beira y Tras Os Montes, con material compuesto por microlitos geom�tricos, junto a cer�micas lisas, igual que la de los concheros del Muge-Tajo. Este horizonte aparece mejor representado en tierras m�s meridionales, con antas en Regueros de Monsaraz, Carapito y Orca dos Castenairos, pero aqu� aparece tambi�n ya la cer�mica a la almagra. Este momento est� datado en C-14 entre 3100-2900 a.C.

2� Etapa

Aproximadamente en el 3000 a.C. Est� caracterizada por el alargamiento desmesurado de los pasillos, dando lugar a magn�ficos sepulcros de corredor, que en el Alentejo son considerados los mejores exponentes del Neolitico de Pavia. En sus ajuares hay un f�sil-gu�a: �el �dolo-placa alentejano�, �dolo rectangular de pizarra, profusamente decorado con incisiones geom�tricas dispuestas en ret�cula o damero con posible significado atropaico. Cada inhumaci�n contaba con su correspondiente �dolo, lo que facilitaba su recuento. La zona de Reguengos de Monsaraz, en el Anta grande de Olival da Pega, es la mejor muestra de sepulcro de este momento: ajuar de mas de 50 �dolos-placa, una rica industria de piedra tallada a base de hojas cuchillo y puntas de base c�ncava con retoque invasor, paralelos a la fase pre-Millares. M�s al sur, en la zona de Huelva, hay megalitos de complicadas plantas, sin que se resienta la personalidad de los ajuares. En la Extremadura portuguesa aparecen dos tipos de monumentos funerarios: las cuevas sepulcrales de planta cuadrada y sin apenas corredor, y los cl�sicos sepulcros de corredor del tipo de los de Casainhos. En uno y otros adem�s de las puntas de base convexa y retoque invasor est�n los �dolos-alentejanos.

3� Fase

Cultura de Vila Nova de Sao Pedro, paralela a Los Millares, reflejo de la cultura colonial en el Atl�ntico. Sus h�bitats tienen defensas bastionadas an�logas a las millarenses. Encontramos tumbas con dos modalidades: tholois, parecidos a los del sureste, y en cuevas artificiales con largos corredores. Los ajuares son iguales a los de los Millares. Se trata ya de una aut�ntica cultura calcol�tica.

6 Francia Atl�ntica

A inicios del IV milenio, los sepulcros de corredor de Arm�rica, regi�n Centro-Oeste, islas del Canal y Baja Normandia inician las tumbas megal�ticas de esta zona. Estos sepulcros se presentan bien asiladamente o formando parte de complejas construcciones tumulares con varios de ellos. Un ejemplo importante en Barnenez, con alguna tumba datada en el 3800 a.C., lo que demuestra que hubo tholois en Breta�a dos mil a�os antes que los mic�nicos. Otro ejemplo es Kercado, del 3800 a.C. Algunas lajas de Barnenez y Kercado tiene grabados iguales a los de los menhires, con lo cual se pueden datar en fechas m�s antiguas estas piezas.

Sobre el 3000 a.C. hay un cambio formal notable en los megalitos: Las c�maras redondas dejan lugar a otras cuadradas, a veces con peque�as camarillas a los lados. Son exclusivas de la zona de Morbihan, donde a mediados del III milenio aparecer�n los sepulcros �en escuadra�. En otras �reas ya se ha producido la explosi�n de las �galer�as cubiertas�, desde el Bajo Loira hasta B�lgica, teniendo en la zona de Par�s al grupo Seine-Oise-Marne, donde hay hipogeos, con brotes hacia el norte y el sur, enlazando con el megalitismo n�rdico y el pirenaico occidental, respectivamente.

7 Islas Brit�nicas

En la segunda mitad del IV milenio hay dos tipos funerarios: las tumbas con c�mara propiamente megal�tica y los t�mulos largos sin estructuras, que son numerosos en Inglaterra y raros en Escocia, y est�n en estrecho parentesco con los aut�nticos megalitos, ya que eran colectivos y contaban con estructuras de madera (megax�licos).

Los m�s antiguos megalitos aparecieron en el 3200 a.C. para durar hasta finales del III milenio.

Inglaterra

Aparecen en Wiltshire con galer�as cubiertas, que llegan a su esplendor a mediados del milenio. M�s al norte est� el megalito de Severn-Cotswold, caracterizado por t�mulos en forma de cu�a encerrando galer�as rectangulares con entradas precedidas por un espacio semicircular o patio ceremonial..

Escocia

Clyde-Carlington es otros de los focos megal�ticos antiguos. Con galer�as cubiertas bajo t�mulos trapezoidales o rectangulares y una majestuosa entrada o patio en forma de herradura.. Parece que existe un origen local para este tipo de monumentos, con independencia de los del Continente.

Norte del Canal de Caledonia

Aparece una nueva tradici�n megal�tica caracterizada por los sepulcros de corredor, con una evoluci�n paralela a la de las galer�as de las tierras escocesas m�s meridionales. De las simples c�maras poligonales se pasa a los sepulcros de largo corredor, m�s evolucionados, con c�mara compartimentada. Una variante de �stos es el grupo de Maes Howe, con amplias c�maras cuadradas construidas sin ortostatos y con aparejo de piedra en seco, originario de las irlandesas del tipo New Grange.

Irlanda

En los inicios del III milenio est� el grupo de Boyune, con la dataci�n de t�mulo de Know en 2795 a.C. Las cubiertas planas de un primer momento se trocar�n en techumbres de aparejo reducido y falsa c�pula, como la de New Grange, que cuenta con tres camarillas secundarias.

Los Henges

El mismo estilo megal�tico de las tumbas se ve en las Islas Brit�nicas en ciertos recintos circulares, elipsoidales u ovales, delimitados por bloques de piedra o postes de madera. Parecen haber tenido un significado a veces funerario, an�logos a los de Carnac.

Los m�s antiguos son del 3330 a.C., con un s�lo foso como l�mite de �rea sagrada, para progresivamente ir incorporando menhires y dar lugar a los �henges�. Los primeros datan del 2800 a.C., debiendo construirse durante largo tiempo, como queda reflejado en Stonehenge, iniciado antes del 2000 a.C. Sobre su significado hay varias hip�tesis, tal vez la mejor es la que habla de un lugar de culto al sol, ya que el eje principal del c�rculo est� orientado hacia el punto en que sale el sol en el solsticio de verano.

8 Europa septentrional

Principalmente aparece en los Pa�ses Bajos, a la desembocadura del V�stula, Jutlandia y la regi�n sueca de Scania. Est� caracterizada por los sepulcros de corredor y galer�as cubiertas, consideradas por Childe como un reflejo del megalitismo occidental. Las tumbas anteriores son ya megal�ticas pero no colectivas (�langdysser� o t�mulos largos delimitados con bloques de piedra, en cuyo interior hay varias cistas dolm�nicas). Las fechas de dataci�n de los �langdysser� son posteriores al 3000 a.C., y las de corredor, a mediados del III milenio.

En una �ltima fase en el Sur de Suecia aparecer� la variante de sepulcro de corredor con c�mara perfectamente cuadrada y un incipiente pasillo, que durar� hasta el Bronce Antiguo.

����������� Conclusi�n

La raz�n de su origen est� de parte de los occidentalistas, ya que las dataciones del C-14 tanto en Breta�a, Gran Breta�a como la Pen�nsula Ib�rica son bastante anteriores a las del este del Mediterr�neo. Giot y Powel han acu�ado el t�rmino �fachada atl�ntica� para aludir a un territorio de sustrato cultural com�n: epipaleol�tico tardenoisiense II final-III, en el que, ante un est�mulo exterior, pudo brotar el megalitismo. Seg�n �sto, los sepulcros de corredor habr�an sido un invento de las �ltimas comunidades epipaleol�ticas atl�nticas: tardenoisiense en Breta�a, concheros del Tajo en Portugal o de los Obanienses en el oeste de Escocia..

Hoy se tiende a afirmar que el megalito fue un f�sil-gu�a de las primeras culturas neol�ticas atl�nticas, con una importante contribuci�n del sustrato ind�gena epipaleol�tico. Pudo aparecer primero en Arm�rica, para simult�neamente brotar en Iberia y en las islas Brit�nicas, con algunas particularidades locales, y partiendo de esta fachada atl�ntica, extenderse de oeste a este. Pero no se puede negar que hubo alguno otro movimiento en sentido contrario desde el Mediterr�neo oriental a occidente, para as� poder entender la presencia en Iberia de manufacturas del Egeo.

En conclusi�n, el megalitismo es una moda surgida durante el primer neol�tico en la costa atl�ntica de Europa, extendi�ndose por los territorios continentales durante el IV milenio y los dos tercios del III milenio. Sus �ltimas manifestaciones coinciden en determinadas �reas con el desarrollo de las primeras comunidades metal�rgicas. A esta dispersi�n cronol�gica y espacial es debido la gran variedad tipol�gica de los monumentos funerarios.

Hoy existe una propensi�n a negar que la arquitectura megal�tica estuviera sujeta a unos formularios r�gidos de evoluci�n, ya que se puede comprobar que los m�s antiguos megalitos de los diferentes territorios son distintos, para comprender la imposibilidad de seguir manteniendo unos cauces �nicos y unidireccionales de la evoluci�n de los monumentos.

7.- EDAD DE LOS METALES

Los inicios de la metalurgia

El proceso evolutivo de algunas comunidades neol�ticas (en el V y sobre todo en el IV milenio) produjo la transformaci�n de agrupaciones rurales en urbanas hasta convertirse en centros de grandes civilizaciones hist�ricas ya en el IV-III milenio (como las ciudades sumerias o egipcias).

La evoluci�n de las comunidades neol�ticas europeas debi� esperar unos dos milenios m�s para alcanzar la civilizaci�n urbana. Se pueden establecer paralelismos entre el proceso de evoluci�n del Neol�tico Final del Pr�ximo Oriente y el que se produjo en Europa, pero con anticipaci�n cronol�gica del primero: una primera etapa de consolidaci�n y expansi�n de las formas de vida neol�ticas hacia zonas pr�ximas, mediante el pastoreo, y un segundo momento de expansi�n, ya de poblados campesinos, con doble actividad agr�cola y pastoril, de gran difusi�n a partir del VII milenio.

Entre el 8500 y el 6500 a.C. se produce en el Pr�ximo Oriente una transformaci�n hacia la vida agr�cola, con las primeras aldeas de agricultores desde el VIII milenio. En el VII milenio aparece la cer�mica, con intercambio de materias primas y productos. La expansi�n desde Siria hacia Anatolia y Mesopotamia, y desde Palestina hacia el valle del Nilo dio lugar a la creaci�n de centros m�s desarrollados. Se conoce el regad�o desde el VI milenio, y las primeras ciudades revelan sociedades complejas y jerarquizadas hacia el 4000 a.C.

El Calcol�tico

El Calcol�tico es un t�rmino en desuso en la Prehistoria del Pr�ximo Oriente, al ser dif�cil definirlo como un per�odo por la rapidez en su evoluci�n hacia el Bronce Antiguo. Abarcar�a m�s o menos el V y IV milenio, aunque el uso del cobre batido se conoc�a desde antes (finales del VIII milenio y comienzos del VII en Anatolia, y VII-VI milenios en Mesopotamia).

En el VI milenio destacan Yarim Tepe (norte de Mesopotamia) y �atal H�y�k, con un collar de cobre de 13 cuentas.

En el V milenio est�n:

- Can Hassan 2B: cabeza de maza del 5000 a.C.

- Susa (fases A y B-C): con cobre de las minas de Anarak (posible intercambio de metales), en posible aleaci�n con ars�nico, en la primera mitad del IV milenio.

- Nahar Mishmar (en el Mar Muerto): 423 objetos de cobre (3700 a.C.). Aleaci�n de cobre y ars�nico, algunos fundidos con la t�cnica de la cera perdida.

Hasta finales del IV milenio no hay aleaci�n cobre-esta�o (verdadero bronce), seguramente procedente de Afganist�n. Durante el III milenio hay mayor uso del verdadero bronce en detrimento del cobre, que desaparece a inicios del II milenio.

Contextos culturales de Pr�ximo Oriente donde aparece la metalurgia

Palestina. Complejo Gasuliense (4100-3200 a.C.)

Ocupa las llanuras bajas de Palestina, con agricultores y pastores conocedores de la metalurgia. En el yacimiento de Teleilat Ghassul hay tres fases, la primera con caba�as circulares y m�s tarde con planta rectangular, hogares y silos.; en la segunda fase destaca la cer�mica de formas c�nicas o en cucurucho, vasos con pie, mantequeras con asas de orejeta, pintadas en la �ltima fase. Escasa aparici�n de metal, con dos santuarios e �dolos en forma de viol�n (rito a la divinidad femenina).

En el yacimiento de Abu Hamid (valle del Jord�n) tiene mucha importancia la circulaci�n de mercancias, en especial de cobre, con una actividad permanente de los poblados. Econom�a de cereales y olivo. Las casas son de planta rectangular, con paredes de adobe y z�calo de piedra, almacenes y grandes espacios abiertos. Hay �reas de trabajo de ceramistas, indicativo de cierta especializaci�n artesanal.

Zona de Beersheba

Hay asentamientos durante el IV milenio en Horvat Beter, Abu Matar y Safadi, con distintas caracter�stica a los gasulienses.

Las primeras habitaciones eran c�maras subterr�neas, a las que se superponen casas ovales de piedra y adobe, rectangulares en la �ltima etapa. Los poblados eran especializados, con cobre importado de Transjordania y cer�mica, alguna hecha con torno (vasijas con cuello), siendo caracter�sticas las mantequeras.

Destaca el trabajo en marfil de figuritas masculinas y femeninas desnudas con las manos sobre el vientre (Safadi).

Norte de Siria. Cultura de Halaf

Las primeras ocupaciones se remontan a finales del VII milenio, pero es en torno al V, con la cultura de Halaf, cuando el poblamiento se acrecienta en n�mero e importancia. El yacimiento m�s importante de esta cultura es Tell Sabi Abyad (valle del Balik), donde se fijan las caracter�sticas arquitect�nicas de este per�odo: coexistencia de construcciones de planta circular de reducido tama�o (tholoi), posibles silos, con habitaciones rectangulares y sistemas complejos. Destaca en la vida de los poblados la producci�n de cereales.

La cultura de Halaf es originaria del norte de Siria (Aqab) y noroeste de Irak (Arpachiyah), con gran extensi�n geogr�fica, en especial de la cer�mica, desde el Tauro a los Zagros, con una colonizaci�n agr�cola-ganadera de los valles de los r�os mesopot�micos. Su cronolog�a va del 5500 al 4500 a.C.

El yacimiento que da nombre a la cultura es Tell Halaf, en el norte de Siria. Tiene construcciones circulares de 3-4 m de di�metro, llamadas tholoi, con dependencias anexas. Son m�s frecuentes las rectangulares en piedra y adobe, y los patios para funciones dom�sticas.

En la industria l�tica destaca el uso de la obsidiana, s�lex y piedras verdes en colgantes, amuletos, sellos, figuritas femeninas, animales y proyectiles de honda.

Su magn�fica cer�mica, muy extendida, es la m�xima expresi�n de la cer�mica pintada pol�croma, con evoluci�n variable seg�n los lugares, obra posiblemente de artesanos especializados. Se han localizado talleres en Arpachiyah (Irak) y Yunus (Turqu�a). Los yacimientos del este presentan motivos animales variados y flores, as� como otros geom�tricos o lineales.

Por las m�ltiples representaciones de bucr�neos (cabezas de b�vidos) se supone que el ganado vacuno ser�a una base importante de su econom�a.

8.- PRIMERAS CULTURAS URBANAS

Primeros pasos hacia el urbanismo

Los primeros pasos hacia el urbanismo se producen en Mesopotamia en los milenios V-IV, en el per�odo� de Obeid o Ubaid (5300-3600 a.C.) en la ciudad de El Obeid, en Tepe Gawra o en Eridu, de 10 Has., con trece templos sucesivos, figurillas religiosas de arcilla, cer�mica fabricada en torno lento, fundici�n de cobre y una gran necr�polis en Erid� (con una poblaci�n entre 2000y 4000 habitantes).

Cultura de El Obeid

La cultura de El Obeid supone un cambio importante en la Prehistoria de Mesopotamia, con una colonizaci�n de la Baja Mesopotamia gracias a la nueva tecnolog�a que permiti� los cultivos de regad�o y obras hidr�ulicas. La ganader�a era selectiva, con b�vidos y cerdos. El medio facilitaba la pesca y la caza de aves acu�ticas, y cultivos como el lino.

Nos encontramos en Erid� con una gran aglomeraci�n de poblaci�n, con casas normales y otras que presentan cierta monumentalidad, con planta tripartita, que pueden reflejar un centro de poder. Se consolidan las pr�cticas funerarias del Neol�tico avanzado, con una necr�polis de m�s de 200 sepulturas con ajuares variados.

Expansi�n de la cultura de El Obeid

A lo largo de un dilatado per�odo esta cultura muestra una gran fuerza expansiva. A mediados del V milenio se implantan elementos (arquitectura, cer�mica) en Tepe Gawra (Asiria), conviviendo con elementos de tradici�n Half (tholois) y Samarra.

Primer urbanismo en Mesopotamia

El primer urbanismo se documenta en Mesopotamia (per�odos de URUK, 3600-3100 a.C. y Jemdet Nasr, 3100-2900 a.C.) y Egipto (Gerzeense y predin�stico reciente, 3500-3000 a.C.) hacia el 3500 a.C., con sociedades de clases, ej�rcitos, producciones en serie, ciudades y escritura, metalurgia (cobre y bronce), torno, rueda, arado, animales de tracci�n y artesanos.

La �Revoluci�n urbana� de Childe se caracteriza por los grandes asentamientos (Uruk-Warka, de 80 Has., con 10.000 habitantes), cambios en la estructura de la comunidad, organizaci�n social y en las interacciones humanas (escritura), �tica (c�digos legales) y principios de ingenier�a (ciudades sumerias).

Importancia del urbanismo

Ya antes del V milenio podemos ver los or�genes de la sociedad urbana en el Pr�ximo Oriente, y la ciudad es el centro f�sico del proceso de aparici�n de la civilizaci�n.

La importancia de los cambios del fen�meno urbano en los milenios IV-III se evidencian en su continuidad a lo largo de la historia. La formaci�n de ciudades es un fen�meno complejo. Para algunos antrop�logos fue fundamental el control y gesti�n en las sociedades hidr�ulicas. Para otros, el aumento demogr�fico, la presi�n de las poblaciones o el resultado del intercambio y control, demanda y distribuci�n de los bienes.

9.- BIBLIOGRAFIA

- REDMAN, Charles L. Los Or�genes de la civilizaci�n. Editorial cr�tica Barcelona 1990.

- ARRIBAS PALAU, A. Lecciones de Prehistoria. Teide. 1977.

- MARVIN, H. Introducci�n a la Antropolog�a General.