TEMA 59. EL ARTE G�TICO
El t�rmino g�tico, en principio, se aplicaba s�lo a la escultura. Aparece en el Renacimiento, en la obra �La vida de los m�s ilustres [...]�, de Vasari, para referirse a la arquitectura �pasada de moda� de los godos, los b�rbaros, refiri�ndose as� a toda la arquitectura anterior al renacimiento italiano, lo que puede dejar traslucir la opini�n de los artistas del s.XVI sobre este estilo; cre�an que lo hab�an tra�do los godos de las grandes invasiones del s.V. Este desprecio por el g�tico se extiende desde el siglo XVI al XVIII.
A finales del s.XVIII surgen una serie de voces que reivindican el g�tico (entre ellas, Goethe y su predilecci�n por la catedral de Estrasburgo) y nace una interpretaci�n m�stica del g�tico, sobre todo por parte de arquitectos alemanes e ingleses. Asimismo, surgue un paralelo en la literatura g�tica, el g�nero de la novela g�tica, cuya primera novela es �El castillo de Otranten�, de Walpole, y donde aparecen arquitectos g�ticos, criptas, vidrieras,...
Se construir� en neog�tico en los siglos XIX y XX, incluso pasar� a Am�rica, con un estilo en el que se recuperan la est�tica y las formas pero no la manera de construir. En el siglo XIX, con el comienzo de los nacionalismos, los pa�ses comenzar�n a disputarse la invenci�n del g�tico; incluso empieza un inter�s por toda la �poca medieval, con lo que surgen diferentes caracterizaciones de lo medieval en Inglaterra, Francia, y Alemania, ya que la �poca g�otica se considera la gran �poca gloriosa.
Habr� dos visiones del g�tico nacidos en Francia; una de signo laico, basada en la figura de Viollet-le-Duc, quien admira la t�cnica construcyiva g�tica, preocup�ndose realmente de c�mo funciona esta arquitectura; y otra de signo religioso retratada por Emile M�le.
En el siglo XX se crea una historiograf�a de car�cter idealista, donde intentaban encontrar la esencia del g�tico, lo com�n a todas las manifestaciones de este estilo, representada por los alemanes. Generaciones posteriores intentar�n encontrar lo c�mun entre el pensamiento escol�stico y el arte g�tico.
El g�tico es, fundamentalmente, un arte de ciudad, cuyo gusto proviene de la monarqu�a, a trav�s de los burgueses, que eran los mecenas. La Iglesia se encuentra en una �poca de crisis que remata con el cisma en el siglo XIV, pero a�n as�, la poblaci�n es tremendamente religiosa, lo que crear� un arte fundamentalmente religioso.
Arquitectura g�tica en Francia.
El arte g�tico tiene como �nico centro de nacimiento e irradiaci�n el norte de Francia. Desde el punto de vista hist�rico viene marcado por la alianza que se produce entre la monarqu�a francesa y la iglesia. La regi�n denominada de la "Ile de France" �territorio dominado por la dinast�a de los Capetos, fue adquiriendo una s�lida estructura mon�rquica, favoreciendo la formaci�n de una clase dirigente unitaria, animada por el ideal caballeresco y "cort�s", esta sociedad se encontr� frente a una iglesia debilitada, que solo se ve renacer en la reforma cisterciense propiciada por San Bernardo de Claraval. Unido como el rom�nico al desarrollo de las lenguas romances, en esta �poca se establecen las lenguas literarias nacionales que viene determinadas por su prestigio pol�tico o po�tico.
El primer intento de arquitectura g�tica se produce en Saint Denis, en la planta y la doble girola de la cabecera se aprecia la nueva est�tica, es propiciado por el abad de Suger, seguidor de San Bernardo de Claraval y consejero de Luis VI, en esta construcci�n existe una clara intencionalidad pol�tica busc�ndose en el nuevo estilo, un lenguaje m�s d�ctil, sutil y elegante, que sea una expresi�n original y contundente del poder real frente al clero cluniacense y la nobleza feudal.
Siguiendo el ejemplo de Saint Denis, en la segunda mitad del siglo XII, se erigen varios edificios de un g�tico primitivo. En la catedral de Laon (1156-1160) y en la de Notre Dame de Par�s (1163), se ensaya una mayor elevaci�n de la nave central y la luz se convierte en el elemento dominante, los intentos de mayor iluminaci�n son constantes. En un principio en ambas se utilizan las b�vedas sexpartitas, sistema que es abandonado pronto por la introducci�n de un nuevo elemento, el arbotante, utilizado por primera vez en 1180 en Notre Dame de Par�s, que permite dirigir los empujes desde las b�vedas hasta los contrafuertes exteriores, consigui�ndose la apertura de grandes vanos. En esos mismos a�os se inicia la construcci�n de la catedral de Chartres, que introduce la novedad de la eliminaci�n de las tribunas sobre las naves laterales y la utilizaci�n de b�vedas de crucer�a simple.
A partir del siglo XIII y tras estos primeros intentos, el estilo g�tico se afianza definitivamente en su fase cl�sica, las catedrales de Reims (1211) y Amiens (1220) son los mejores ejemplos del g�tico internacional o cl�sico. En ambas se utiliza la planta cruciforme y los elementos son combinados en un sistema consciente que busca la ingravidez, la iluminaci�n irreal y la regularidad. Las variedades regionales del g�tico franc�s ser�n m�ltiples ramificadas y derivadas de la adaptaci�n del estilo a las tradiciones regionales.
Pero el estilo perfectamente asentado se dirigir� a una artificiosidad continua empe�ada en ganar altura, expandir los vanos y acentuar el apuntamiento de los arcos. Esta tendencia conforma lo que se ha llamado el "g�tico radiante", cuyo ejemplo m�s caracter�stico es la Sainte Chapelle de Par�s, representativa del estilo m�s efectista y ornamental.
En el siglo XIV se terminaran las grandes catedrales comenzadas y se construir�n edificios de menor entidad, destacando la catedral de Albi o la iglesia de los Jacobinos de Toulouse ambas realizadas en ladrillo y de planta de sal�n.
En el siglo XV, el car�cter ascensional del g�tico franc�s alcanza su m�xima cota cuando �ste se une a la rica decoraci�n flam�gera, que llega ocultar los elementos arquitect�nicos, correspondiendo a este momento la fachada de la catedral de Tours o la de Ruen.
Arquitectura g�tica en Inglaterra.
El nuevo estilo se difundi� r�pidamente por Inglaterra, adquiriendo caracter�sticas originales. Uno de los primeros antecedentes g�ticos se encuentran en la catedral de Durhan (1093-1133) realizada bajo los influjos franceses, en donde los nuevos elementos arquitect�nicos se ensayan en una concepci�n del espacio todav�a rom�nica.
En la evoluci�n del g�tico ingl�s cabe distinguir varias etapas:
Una primera, el g�tico primitivo, desde los primeros tanteos del siglo XII hasta mediados del XIII, durante la cual las formas francesas normandas seguir�n traduciendo, en el sentido ornamental, la l�gica estructural rom�nica francesa para desplegar en horizontal superficies vastas y muy decoradas. De este primer momento son la catedral de Salisbury, el crucero de la de York, la nave y la sala capitular de Lincoln y el coro de Worcester.
La segunda fase, llamada g�tico decorado o curvil�neo, se desarrolla durante la segunda mitad del XIII y primera del XIV, ya libre del influjo franc�s: la tendencia decorativa del g�tico ingl�s se fue acentuando dando lugar al llamado "estilo decorado", que se desarrolla desde 1230, y que se constituye como el g�tico internacional de inspiraci�n �ntegramente inglesa, liberado de la influencia francesa, e hist�ricamente marcado por el conflicto de la guerra de los Cien A�os. Sus mejores ejemplos son las b�vedas estrelladas de Gloucester, Wells, Canterbury, Bristol y Winchester.
Por �ltimo desde principios del siglo XV a comienzos del XVI se generaliza el llamado estilo g�tico vertical o perpendicular: A partir de 1350 el uso de las b�vedas de abanico que permiten el desarrollo de estructuras ligeras sin arbotantes, dar� lugar al llamado "estilo perpendicular" caracterizado por complicad�simos entrelazados de nervaduras en las b�vedas y una profusa ornamentaci�n. Sus obras m�s representativas son el claustro de la Abad�a de Gloucester el King�s College de Cambridge la capilla de San Jorge de Windsor y la de Eton�s College. A finales del siglo XIV se desarrolla el "estilo Tudor" nacido a partir del uso del arco Tudor; uno de los mejores conjuntos de esta �poca final es la capilla de Enrique VII en la abad�a de Westminster, cubierta con b�vedas planas ricamente decoradas. El g�tico en esta modalidad adquiere valor de estilo nacional ingl�s, aflorando en la historia arquitect�nica del Reino Unido a trav�s del per�odo rom�ntico de la arquitectura "neog�tica" o "historicista" de finales del siglo XIX.
Arquitectura g�tica en Alemania
En los pa�ses germ�nicos la evoluci�n de la arquitectura fue compleja, de una parte la pervivencia del esp�ritu rom�nico hizo que el g�tico no se desarrolla plenamente hasta bien entrado el siglo XIII y, de otra, la proximidad a Francia hizo que Alemania fuese uno de los pa�ses que mejor asimil�, junto al caso espa�ol, el esp�ritu g�tico, caracterizado por edificios de gran altura realzada por lo puntiagudo y calado de sus altas torres y gabletes.
Sus primeras obras corresponden casi a la mitad del siglo XIII, copiando en sus catedrales, casi de forma literal los modelos de Chartres, Reims y Amiens, como ocurre en la catedral de Colonia (1240), Bamberg (1248), Estrasburgo o Friburgo, pues sin duda en muchas de ellas intervinieron artistas franceses. El rasgo m�s peculiar son las esbeltas torres rematadas con agujas caladas, de las que el mejor ejemplo se encuentra en la catedral de Ulm, cuya �nica torre central est� decorada ya seg�n el gusto flam�gero.
Sin embargo, en el siglo XIV, consigue crear un nuevo modelo en las iglesias denominadas "plantas de sal�n", donde las naves dispuestas a la misma altura, unifican el espacio produciendo una sensaci�n de diafanidad que no se hab�a conseguido en los modelos franceses, esta visi�n del espacio se aplicar� en el llamado g�tico tard�o de los siglos XV y comienzos del XVI; el ejemplo m�s temprano de esta tipolog�a es la catedral de Minden. La influencia del g�tico alem�n se trasmitir� hacia el norte y centro de Europa hasta Rusia.
Arquitectura g�tica en Italia.
En Italia, el g�tico, como hab�a ocurrido con el rom�nico, se vio mediatizado por la pervivencia de la tradici�n cl�sica, por lo que no fue plenamente aceptado, limit�ndose �nicamente a adoptar algunos aspectos t�cnicos y ornamentales, nunca el esp�ritu ascensional del g�tico puro, someti�ndole a diversas modificaciones y adaptaciones caracterizadas por la tensi�n entre la verticalidad y la horizontalidad adem�s de por la solidez de los muros. Todo ello lleva a una predilecci�n por la planta basilical con una o tres naves cubiertas con madera, por lo que los soportes son simples columnas o ligeros pilares, en cambio la cabecera suele estar cubierta con b�veda de crucer�a. La carencia de pesadas b�vedas facilit� el sentido de horizontalidad e hizo que hubiera una tendencia a amplios muros cerrados, sobre los que se abren ventanas de reducido tama�o y arcos s�lo ligeramente apuntados, dicha horizontalidad se remarca por la utilizaci�n de bandas horizontales de m�rmoles de diferentes colores alternados.
Ejemplos son las iglesias de Santa Mar�a Novella en Florencia (1278) o la de San Francisco de As�s (1228). La reacci�n contra las formas g�ticas, tan lejos de la tradici�n de la Antig�edad Cl�sica, es muy temprana apareciendo ya en las catedrales de Orvieto y Siena , perdurando hasta bien entrado el siglo XIV, seg�n vemos en la traza del campanil de la catedral de Florencia. Por el contrario, mayor vinculaci�n con el g�tico europeo ofrece la catedral de Mil�n, ejecutada por artistas franceses y alemanes a finales del siglo XIV siguiendo los gustos flam�geros, aunque se inici� en el XIII y no se concluy� hasta el XV.
La arquitectura civil tuvo un gran desarrollo debido a la intensa vida econ�mica de las ciudades, siendo sus mejores muestras el Palacio Comunal de Siena, el Palacio de la Se�or�a de Florencia y, sobre todo, el Palacio Ducal de Venecia .
Arquitectura G�tica en Portugal.
Es una arquitectura tard�a pues hay una natural tendencia a prolongar la tradici�n rom�nica hasta muy entrado el siglo XIV; uno de sus mejores ejemplos de este momento es el monasterio de Batalha iniciado por Alfonso Domingues a finales del siglo XIV por encargo real para conmemorar la batalla de Aljubarrota (1385) y en la que se aprecian tanto los influjos g�ticos franceses como los ingleses.
Es el siglo XV el de mayor esplendor del g�tico luso, en particular durante el reinado de Manuel el Afortunado (1495-1521), en que el g�tico portugu�s recibe el nombre de "g�tico manuelino" caracterizado por la integraci�n, junto a su esencia anterior, de elementos hispano-flamencos y mud�jares, creando un estilo un tanto barroquizante por la exuberancia decorativa de motivos mar�timos, her�ldica y vegetales; las mejores muestras de esta escuela g�tica son el monasterio de los Jer�nimos de Belem, iniciados por el franc�s Boytac, autor asimismo de las "capillas imperfeitas" (inacabadas) de Batalha, y concluido por el espa�ol Juan del Castillo; la obra m�s popular del g�tico manuelino es la torre de Belem, en Lisboa (1515) realizada por el artista portugu�s Francisco de Arruda.
ARTE G�TICO EN ESPA�A.
Generalidades y entorno hist�rico
El estilo g�tico se desarrolla en Espa�a bajo el directo influjo de Francia; en los primeros momentos a trav�s de la fase cisterciense o preg�tica que desde finales del siglo XII penetra en Castilla; la llegada de los cistercienses en 1131, llamados por Alfonso VII, y la r�pida implantaci�n de sus monasterios, influy� en gran medida en el �ltimo rom�nico espa�ol. El empleo de la b�veda de crucer�a en las construcciones rom�nicas no fue un elemento extra�o puesto que hab�a antecedentes en C�rdoba.
Las primeras manifestaciones que podr�amos considerar g�ticas, en su etapa protog�tica, se producen durante el �ltimo tercio del siglo XII. Despu�s, en la primera fase propiamente g�tica, a partir de finales del primer cuarto del siglo XIII, y en virtud de las estrechas relaciones que hubo entre las coronas de Castilla y Francia, se consolid� el g�tico en su fase m�s cl�sica y purista unificando las diversas tendencias que hab�an florecido en la etapa anterior; en esta primera �poca el estilo g�tico espa�ol participa de las caracter�sticas e influencias que llegan a la Pen�nsula desde los grandes centros europeos; las primeras obras del g�tico espa�ol derivan directamente de las catedrales de Chartres, Reims y Amiens y, como en Francia, es el momento de la construcci�n de las grandes catedrales.
El siglo XIV espa�ol est� marcado por las calamidades medievales (peste, guerras, hambres, etc.) y especialmente Castilla se resiente de ello congelando su activo plan de construcciones catedralicias que hab�a desarrollado en el siglo precedente. �nicamente en el Levante espa�ol, la Corona de Arag�n, pese a los efectos de la peste es capaz de seguir con la construcci�n de catedrales siguiendo las formas caracter�sticas del g�tico mediterr�neo, de otra parte el clasicismo precedente se funde con las formas italianas que se introducen a trav�s del reino de Arag�n y con la influencia germ�nica del g�tico internacional.
Por �ltimo en el siglo XV, se introducen formas borgo�onas que m�s tarde son sustituidas por las flamencas, que unidas a las germ�nicas dar�n como resultado el denominado "estilo hispano-flamenco", al fundirse con las formas ornamentales mud�jares sobre estructuras arquitect�nicas g�ticas; todav�a durante el siglo XVI se mantienen dichas estructuras en la arquitectura religiosa.
Arquitectura G�tica en Espa�a.
Siglo XII (finales): fase protog�tica
La fusi�n de las �ltimas formas del rom�nico con las formas cistercienses, dar� lugar, en las postrimer�as delsiglo XII y principios del XIII, a una serie de edificios como las catedrales de Cuenca, �vila, L�rida, Tudela, Tarragona o Sig�enza, que se han interpretado como los primeros ensayos de arte g�tico, aunque la concepci�n de su espacio y el tratamiento de la luz es todav�a absolutamente de gusto rom�nico. La catedral de Cuenca supone un hecho singular en el g�tico espa�ol, por las influencias anglonormandas y borgo�onas que recibe. En la catedral de Sig�enza se combinan la austeridad cisterciense de sus inicios con la influencia francesa de las b�vedas de la nave central y del crucero.
Siglo XIII: el g�tico puro
Durante el siglo XIII, siguiendo inicialmente la ruta del comercio lanero y debido a las estrechas relaciones que mantiene Fernando III el Santo con Francia, se introducir�n en Castilla las formas g�ticas francesas.
En 1218, siguiendo el modelo de Amiens, se inicia la catedral de Le�n, una de las m�s bellas catedrales g�ticas donde se re�nen todos los logros de la arquitectura francesa. El autor de la catedral, el maestro Enrique que trabaj� en ella a partir de 1254, consta de tres naves, girola y capillas absidiales, y son de gran belleza las vidrieras de su interior; en su conjunto es la m�s francesa de todas la catedrales g�ticas espa�olas.
En 1221 se comienza la catedral de Burgos, a iniciativa del obispo Mauricio, que conoc�a las realizaciones europeas, el maestro Enrique, originario de la Ile de Francia, es el primer arquitecto que inicialmente dirige el proyecto, sin embargo la sucesi�n de nombres de maestros espa�oles en la direcci�n de las obras, Juan P�rez, demuestra como �stos hab�an asimilado el arte franc�s tanto en su esencia como en sus formas.
En 1226 se inician las obras de la catedral de Toledo, bajo la direcci�n, primero, del maestro Mart�n y despu�s Pedro P�rez; esta catedral, mayor por sus dimensiones que la de Le�n y Burgos, y tambi�n m�s independiente de los patrones franceses, refleja la presencia en ella de algunos elementos netamente hispanos (mud�jares), especialmente en el triforio que presenta arcos lobulados y entrelazados, siendo el cubrimiento de su doble girola uno de los aspectos m�s relevantes de la misma. A partir de la catedral de Toledo se puede decir que el g�tico franc�s se hab�a asimilado y se hab�a acomodado al gusto y las maneras tradicionales del pa�s.
Siglo XIV: el g�tico mediterr�neo.
El G�tico del siglo XIV se centra sobre todo en las construcciones del Reino de Arag�n, donde el g�tico adopt� cualidades particulares relacionadas con la horizontalidad del g�tico italiano y del sur de Francia. As� los templos catalanes tienden a la planta de sal�n, prescindiendo de la diferencia de altura entre nave central y naves laterales, con lo que se reduce la funci�n de los arbotantes que en muchos casos desaparecen, reforzando la funci�n de los contrafuertes que frecuentemente flanquean capillas entre ellos; las cubiertas se hacen planas y se abren peque�os ventanales. Igualmente se prescinde del gran aparato decorativo que hab�a invadido las construcciones castellanas del siglo anterior.
La catedral de Barcelona se inicia en 1298, consta de tres naves casi a la misma altura y girola sin arbotantes. La iglesia de Santa Mar�a del Mar, de Barcelona, presenta planta de sal�n, con tres naves de id�ntica altura, separadas por pilares octogonales y con ausencia de arbotantes. La catedral de Gerona, inicialmente con un proyecto id�ntico a la de Barcelona, tiene su fama por la simplificaci�n de este proyecto, que hizo de ella un monumento �nico, ya que sus tres naves iniciales fueron reunidas en una, en 1417 fue encargado Guillem Bofill en realizar el nuevo proyecto. La catedral de Palma de Mallorca se inicia en el primer tercio del siglo XIV, se plantea como una iglesia de tres naves con cabecera rectangular, es un edificio falto de pureza estil�stica con elementos de las m�s diversas escuelas, destacando la utilizaci�n de pilares ochavados a imitaci�n de Santa Mar�a del Mar y la utilizaci�n de gruesos contrafuertes exteriores, que le dotan de un aspecto recio. Respondiendo al car�cter burgu�s de la sociedad aragonesa, se realizaran una gran cantidad de edificios civiles entre los que hay que destacar el sal�n Tinell, del Palacio Real de Barcelona, el Sal�n del Consejo de Ciento, del Ayuntamiento y las Atarazanas tambi�n de las misma ciudad. En Valencia la mejor muestra de este per�odo es la torre campanario de la catedral, el popular �Mical�t� construido a finales del siglo.
Durante el siglo XIV la actividad arquitect�nica de Castilla decreci� afectada por las crisis econ�micas, sociales y pol�ticas que sufri� la corona y el reino castellano, a�n as� se inician las construcciones de las catedrales de Palencia, Oviedo y Vitoria, as� como abundantes iglesias conventuales que se distribuyen por todas las regiones. Entre los grandes n�cleos de arquitectura g�tica, castellana y catalana, se encuentra el foco navarro, muy vinculado al franc�s por razones hist�ricas; su m�ximo exponente es la catedral de Pamplona, construida entre 1397 y 1472, presentando una girola cuya planta es un pent�gono irregular.
Siglos XV y XVI: g�tico flam�gero o isabelino.
La renovaci�n de la arquitectura g�tica que se hab�a realizado en siglo anteriores dar� como consecuencia el denominado "estilo hispano-flamenco", resultado de la fusi�n del g�tico de caracteres flamencos (flam�gero) con la tradici�n del arte hispano musulm�n. En este siglo el arte g�tico alcanza su plenitud, tanto en las construcciones religiosas como en las civiles, en buena mediada suscitado por la necesidad de las coronas de afirmar su dominio territorial, y sobre todo a partir del �ltimo tercio del siglo, cuando los Reyes Cat�licos pretenden crear un estado moderno unificado, potencian el nacimiento de un arte que pudiera representar la unidad de las coronas. De otra parte, la presencia de numerosos artistas provenientes de Flandes y Centroeuropa, determinar� el nacimiento de una serie de escuelas art�sticas regionales que introducir�n los nuevos gustos europeos en la culminaci�n de obras emprendidas en el per�odo cl�sico y en otras que se inician en este momento. T�cnicamente este estilo se va a caracterizar por la complicaci�n infinita de las nervaduras en las b�vedas, la utilizaci�n de todo tipo de arcos, el carpanel, el conopial, el escarzano, o el mixtil�neo, y la abundante decoraci�n de finos labrados. Pero adem�s con los Reyes Cat�licos el g�tico se simplifica en estructura, se consigue una clarificaci�n en las construcciones que permitir� que el g�tico, como expresi�n del poder real, se popularice y extienda a toda la pen�nsula, renov�ndose en este estilo infinidad de iglesias situadas en el mundo rural y que inicialmente hab�an sido construidas en estilo rom�nico. Estas �ltimas construcciones g�ticas coinciden en el tiempo con las primeras renacentistas, superponi�ndose y utiliz�ndose de manera aleatoria los dos estilos, los dos eran validos y novedosos, puesto que en la regeneraci�n del g�tico de la �poca de los Reyes Cat�licos se entiende que hay un abandono en las formas tradicionales, y se presenta como una expresi�n del pensamiento humanista, por ello es imposible entender el Renacimiento espa�ol sin este g�tico final.
Las primeras muestras flam�geras se plasman en la construcci�n de la catedral de Sevilla, iniciada en 1402 sobre el emplazamiento de la mezquita almohade, de la que se conserva el minarete como campanario, la famosa Giralda y el patio musulm�n como claustro de la nueva catedral, cuya construcci�n se prolonga a lo largo del siglo XV, y se singulariza tanto por sus dimensiones como por su estructura; la planta es de cinco naves de nueve tramos, con capillas laterales entre los contrafuertes, y recargadas de decoraci�n; se cubren con b�vedas de nervadura sencilla, salvo en el crucero.
Con el traslado del arzobispo de Sevilla a Toledo, las formas flam�geras se extienden por Castilla, siendo Burgos y Toledo los focos de mayor irradiaci�n.
Burgos fue otro de los focos que desde mediados del siglo XV acoge la presencia de artistas extranjeros como Juan de Colonia, encargado de las obras de la catedral de Burgos en 1442 comienza a construir la aguja sur y termina la norte, en ellas hay una clara imitaci�n de las formas flam�geras germ�nicas, en 1454, en las cercan�as de Burgos se realiza la cartuja de Miraflores. En 1482 su hijo Sim�n de Colonia realiza en la catedral la capilla del Condestable cubierta con b�veda octogonal estrellada y calada y clara influencia mud�jar. En Valladolid, vinculadas al taller de los Colonia de Burgos, se construyen las fachadas denominadas "de tapiz" de las iglesias del convento de San Pablo y del colegio de San Gregorio. Estas formas hispano-flamencas llegan a su m�xima culminaci�n con la construcci�n del cimborrio de la catedral burgalesa, en 1539, por Felipe Bigarny, donde se aprecia un virtuosismo artesanal heredado de las formas hispano musulmanas, al igual que ocurre en la catedral de Oviedo, que se puede considerar una de las obras m�s completas del flam�gero.
En Toledo, hacia 1430 se nota la presencia de otro grupo de artistas flamencos que intervienen completando aspectos de la catedral bajo la direcci�n de Hanequ�n de Bruselas; en estos momento se construyen la puerta de los Leones de la catedral de Toledo, realizada por Hanequ�n, y las capillas sepulcrales de San Ildefonso y don Alvaro de Luna. Pero el gran maestro toledano de finales del siglo XV es el franc�s Juan Guas (1430- 1496), interprete indiscutible de la s�ntesis de los caracteres flamencos con los mud�jares y los gustos flam�geros del �ltimo g�tico para configurar el denominado "g�tico isabelino", normativo de la nueva arquitectura planteada en el per�odo de los Reyes Cat�licos; la obra m�s representativa de este sistema arquitect�nico y decorativo es el monasterio de San Juan de los Reyes, emprendido en el a�o 1477 por Juan Guas en el mismo Toledo, en este edificio la exuberante decoraci�n del g�tico flam�gero se combina con una estructura de iglesia simplificada en sus elementos y sencilla concepci�n de nave �nica y cabecera poligonal. La decoraci�n se utiliza como f�rmula de exaltaci�n de las Coronas. Este mismo arquitecto trabajara en el Palacio de los Duques del Infantado en Guadalajara y en el castillo de Manzanares el Real. Los hermanos Ant�n y Enrique Egas que trabajaran en el hospital de la Santa Cruz de Toledo y en los de Granada y Santiago, asimismo realizan los proyectos de la capilla Real y de la Catedral de Granada.
En Levante, el g�tico final flam�gero est� representado por edificaciones civiles, principalmente lonjas dedicadas al comercio, como son la lonja de Palma de Mallorca y la de Valencia , realizadas respectivamente por Guillem Sagrera y Pedro Compte en las que utilizaron planta de sal�n cubierta con b�vedas de crucer�a y esbeltos pilares helicoidales.
Por �ltimo hay que citar que durante las primeras d�cadas del siglo XVI se construyen las �ltimas catedrales g�ticas, de 1512 es la de Salamanca y de 1525 es la de Segovia, obras debidas a Juan y Rodrigo Gil de Honta��n que combinan estructuras g�ticas con elementos renacentistas.
Escultura g�tica en Francia.
El nacimiento de la escultura g�tica se puede fechar alrededor de 1175, con los relieves dedicados a la Virgen de la catedral de Senlis, en ellos las figuras aparecen ya libres del soporte arquitect�nico, en la catedral de Laon y en la de Chartres las estatuas columnas se presentan casi como esculturas de bulto redondo adosadas, contribuyendo con su tratamiento al sentido ascensional de la arquitectura. La evoluci�n de la escultura har� que florezcan m�ltiples talleres que se ir�n preocupando cada vez m�s de la t�cnica de la representaci�n que del tema representado, adquiriendo una mayor importancia la escultura exenta tanto en im�genes de santos como en escultura funeraria.
Los mejores conjuntos escult�ricos corresponden al siglo XIII y en ellos se advierte la nueva iconograf�a del Cristo en Majestad, ahora como Maestro de expresiones humanas y bondadosas, as� como la Virgen que ocupa el centro de las decoraciones escult�ricas; as� ocurre en las portadas de Notre-Dame de Par�s, en la del crucero de la catedral de Chartres, catedral de Amiens, con bellas figuras de la Virgen Dorada o el Beau Dieu, y en la catedral de Reims, cuyas esculturas de los grupos de la Anunciaci�n y de la Visitaci�n, posteriores a 1250, ofrecen un naturalismo y clasicismo paradigm�ticos del estilo.
En el siglo XIV la escultura entre en una fase de cierto manierismo, marcado inter�s por la expresividad y el movimiento, manifestado en el alargamiento y acusada curvatura de las im�genes tocadas con mantos de abundantes plegados curvil�neos de gran naturalidad y realismo. A finales del siglo surge en la Borgo�a uno de los principales centros escult�ricos donde trabaja Claus Sluter, creador de un tipo de sepulcros como el conjunto funerario de Felipe el Atrevido, en Dijon, autor tambi�n del conocido pozo de Mois�s, en el que aparecen las figuras de los ap�stoles dotadas de gran realismo
Escultura g�tica en Italia
La mayor escuela de escultura g�tica en Italia se desarrolla en la Toscana, sobre todo en la ciudad de Pisa, donde se hab�a mantenido con m�s fuerza la cultura cl�sica, y donde se est� en permanente contacto con la cultura de Oriente. Esta escultura influenciada por los logros de la escultura francesa, r�pidamente evoluciona hac�a un clasicismo que desemboca en el Renacimiento.
Nicol�s Pisano sintetiza su conocimiento de la Antig�edad Cl�sica, a trav�s de los sarc�fagos romanos, con los logros de la escultura francesa, sus obras m�s importantes son el p�lpito del Baptisterio de Pisa y el p�lpito de la catedral de Siena. Su hijo, Giovani Pisano sigue la l�nea del padre introduciendo un mayor dramatismo, con una clara referencia a la escultura francesa, en los p�lpitos de la catedral de Pisa y la fachada de la catedral de Siena .
Con un tono anunciador del Renacimiento, en Florencia Andrea Pisano realiza las primeras puertas del baptisterio de Florencia, en bronce y decoradas con temas b�blicos, en las que se recorta n�tidamente el volumen de las figuras, as� como en los trabajos que realiza en los relieves del Campanile de Florencia, que hab�an sido dise�ados por Giotto.
Escultura g�tica espa�ola
Siglo XIII
Desde finales del siglo XII la transici�n escult�rica mostrada en el compostelano P�rtico de la Gloria o en las portadas de Tuy, San Vicente y Ciudad Rodrigo, as� como la estil�stica esbozada en la C�mara Santa o en la Colegiata de Toro, confluir� durante todo el siglo XIII con la nueva escultura de inspiraci�n francesa, ejecutada en un principio por maestros venidos de fuera que se instalan junto a las grandes catedrales castellanas. Es indudable que en las catedrales de Burgos y Le�n trabajaron escultores llegados de Francia, solo as� se entiende la repentina aparici�n de un estilo que no pod�a derivarse de las formas anteriores. El autor de la puerta del Sarmental de la catedral de Burgos, ha sido identificado como el mismo maestro que realiz� el "Beau-Dieu" de la catedral de Amiens, apreci�ndose los mismos ecos franceses en la de la Coroner�a o de los Ap�stoles del mismo templo. Otro tanto puede decirse de los maestros de la catedral de Le�n, autores de la triple portada de la catedral y de la Virgen Blanca que decora el parteluz de la puerta central. Los talleres leoneses y burgaleses ejercen su influencia sobre los escultores espa�oles apegados a la tradici�n,sobre todo en la escultura de sepulcros, que r�pidamente evolucionan hacia f�rmulas g�ticas, pero la riqueza de planteamientos de la escultura anterior influir� en el nuevo estilo conform�ndole con caracteres propiamente hispanos, que tendr�n un rico desarrollo, sobre todo, en la imaginer�a (en Espa�a destaca la talla en madera, generalmente policromada, de gran tradici�n en el pa�s y muy utilizada en los retablos).
Siglo XIV
La influencia italiana es muy temprana en la escultura, que conecta r�pidamente con el naturalismo de la escuela de Pisa, y se refleja en Castilla en las puertas del Perd�n y de los Ap�stoles de la catedral de Toledo, o en la puerta Dorada de la catedral de Pamplona.
En Catalu�a se establece una escuela propia de gran tradici�n, iniciada por el Maestro Bertomeu durante el siglo XIII labra la imagen del parteluz de la catedral de Tarragona, pero es a partir de este siglo cuando alcanza su mayor esplendor; fuertemente influenciada por el gusto italiano trabaja el alabastro, muchas veces policromado, en la ejecuci�n de sepulcros y retablos, entre los primeros sobresalen el sepulcro de Santa Eulalia de la catedral de Barcelona o los importantes sepulcros reales de Santes Creus y Poblet mandados realizar por los Reyes de Arag�n.
Siglo XV
El siglo XV fue uno de los momentos culminantes marcado por la honda influencia realista borgo�ona transmitida por los artistas de origen flamenco que llegan a Espa�a.
La escuela catalana alcanza su m�ximo desarrollo con las figuras de Pere Joan, autor de importantes obras tales como el Medall�n de Sant Jordi en la Generalitat, el retablo mayor de la catedral de Tarragona y el banco o predela del altar mayor de la Seo, en Zaragoza, que luego ser� concluido por Hans de Suabia; en Mallorca el arquitecto Guillem Sagrera esculpe el �ngel de la Lonja y las figuras de la puerta del Mirador, en la catedral de Palma, de las que destaca la cabeza de San Pedro.
Navarra fue uno de los puntos donde primero llegan estos influjos, manifestados en el sepulcro de Carlos III, el Noble y de su esposa, situado en la catedral pamplonica, realizado por Janin de Lomme en 1416.
En Castilla el influjo flamenco se mostr� m�s tard�amente, segunda mitad del siglo, y ligado al desarrollo de la arquitectura hispano-flamenca; las primeras muestras se evidencian en la catedral de Sevilla en el sepulcro del cardenal Cervantes , obra de Lorenzo Mercader de mediados del siglo de penetrante realismo. En Toledo y Burgos se desarrolla una escultura influenciada por la presencia de maestros n�rdicos como Hanequ�n de Bruselas, Egas Cueman y Rodrigo Alem�n autor, �ste �ltimo, de la siller�a baja de la catedral de Toledo, o Juan Guas que proyecta y decora San Juan de los Reyes en Toledo.
Pero sin duda el autor m�s importante de este per�odo es Gil de Silo� que trabaja en Burgos entre 1486 y 1501, cuya obra principal es el retablo de la cartuja de Miraflores y el sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal, de planta estrellada y de magn�fica decoraci�n. En este mismo g�nero y tambi�n de este momento cabe destacar el sepulcro adosado de Mart�n V�zquez de Arce, conocido como El Doncel, en la catedral de Sig�enza, escultura funeraria que anuncia el final de la Edad Media y que es atribuido, hoy ya confirmado, al maestro Sebasti�n de Almonacid, autor tambi�n del monumental sepulcro exento del Condestable don �lvaro de Luna, en la catedral de Toledo.
La riqueza art�stica de este per�odo es inmensa y se refleja, fundamentalmente, en el desarrollo de los retablos, que con caracter�sticas netamente hispanas muestran la prodigiosa capacidad narrativa y creadora del momento, siendo los mejores los de la catedral de Sevilla, obra de Pedro Dancart y Jorge Fern�ndez, y el retablo mayor de la catedral de Toledo, debido a numerosos artistas nacionales y extranjeros entre los que hay que citar a Sebasti�n de Almonacid y Felipe de Borgo�a. Otra faceta muy reveladora de las capacidades del momento son las siller�as corales, talladas en madera de nogal con figuras sacras y profanas que se distribuyen por respaldos, brazos, misericordias; de los momentos finales del g�tico destaca Rodrigo Alem�n autor de la siller�a baja del coro de Toledo, siller�as de las catedrales de Zamora, Plasencia y Ciudad Rodrigo.
Pintura g�tica. Caracter�sticas
Como en el rom�nico, tambi�n la pintura g�tica tuvo el fin de decorar los templos, pero al disminuir la superficie de los muros por la invasi�n que hacen las ventanas en las paredes de los edificios g�ticos, hace que la pintura mural pierda importancia y se desplace el inter�s pict�rico hacia las vidrieras, reserv�ndose la pintura como tal para tablas y miniaturas, al mismo tiempo que se desarrolla el arte del retablo, donde se mezclaran la pintura y la escultura y se desarrollaran programas iconogr�ficos coherentes. La pintura g�tica va a presentar una tem�tica preferentemente religiosa, donde las figuras se representan como s�mbolos de la realidad natural, y donde el mundo sobrenatural se simboliza mediante fondos dorados que la luz hace brillar. Las figuras son planas e ingr�vidas sin referencias a la realidad, tratando de crear un espacio simb�lico desvinculado del entorno.
En su evoluci�n cabe distinguir una serie de etapas o estilos diferentes, cuya cronolog�a, aunque de dif�cil sistematizaci�n, pues la contemporalidad y la convivencia de varios de ellos sobre los mismo espacios dificulta cualquier intento de precisi�n:
Estilo franco-g�tico o g�tico lineal:
Las escasas posibilidades de desarrollar la pintura mural durante los primeros momentos del g�tico, debido a la ausencia de muros en las grandes construcciones, y a que la pintura sobre tabla se encontraba en fase de nacimiento, hizo que el inter�s principal de la actividad pict�rica se dirigiera hacia las vidrieras y las miniaturas. Tanto en una como en otra, la t�cnica de representaci�n se cifra en hacer resaltar las figuras, de colores planos y recortadas por l�neas, sobre el fondo monocromo; hay una claro predominio de la l�nea sobre el color, sin gradaciones tonales y fuerte naturalismo en la viveza crom�tica, prefiriendo los colores primarios (azul, amarillo, rojo) siempre planos. En los vitrales las escenas y las figuras aisladas frecuentemente est�n encerradas en medallones, nichos o espacios tetralobulados.
Los mejores ejemplos del siglo XIII se encuentran en las vidrieras de la catedral de Chartres, Notre-Dame de Par�s y, especialmente importantes, las de Sainte-Chapelle. La miniatura se caracteriza por los encuadramientos arquitect�nicos, as� como por la viveza crom�tica, el abundante empleo del oro, las orlas de temas vegetales y decoraci�n historiada de las letras capitales. Particularmente activo es el taller de Par�s cuyas obras reflejan el lujoso refinamiento de la corte de San Luis y la riqueza iconogr�fica del momento. La muestra m�s elocuente de este escritorio es el salterio de la Reina Do�a Blanca de Castilla y de San Luis, obra del primer tercio del siglo XIII.
En Espa�a la influencia de esta corriente es bien manifiesta no solo en las vidrieras de Le�n, sino en las obras miniadas entre las que sobresalen las Cantigas de Santa Mar�a de Alfonso X el Sabio. En cuanto a pintura mural destacan los fresco de la catedral de Salamanca.
Estilo italo-g�tico:
En Italia se conserv� hasta entrado el siglo XIII la decoraci�n de mosaico que, como influencia bizantina, tanto se hab�a utilizado en el arte rom�nico. En estos mosaicos se mantuvieron la mayor parte de los logros del arte bizantino, como el modelado de las figuras mediante la luz y la sombra o la generaci�n del espacio mediante el escorzo, sin embargo estos conocimientos, expresados en la �poca rom�nica, permanecen r�gidos y anclados en el tiempo, ser� con el nuevo estilo g�tico y una personalidad concreta, Giotto, cuando se liberen y puedan evolucionar hac�a el Renacimiento.
El proceso de transformaci�n de la pintura heredada de los bizantinos se inicia en Florencia con artistas como Cavallani y Cimabue que desarrollan su actividad en Roma y Florencia. �ste �ltimo, Cimabue, es considerado el iniciador de la escuela florentina, pero la verdadera figura de la escuela de Florencia es Giotto, introductor de la pintura moderna, con �l se inicia el Renacimiento y una nueva valoraci�n y consideraci�n del Arte y los artistas.
Giotto de Bondone (1266-1337) consigue la representaci�n del espacio real mediante el tratamiento de las figuras con luces y sombras, en el estudio de sus anatom�as traducir� expresiones an�micas. Las escenas son tratadas como narraciones donde se crea la ilusi�n del tema que sucede delante de nosotros, el movimiento, la rotundidad casi monumental de las figuras, sus gestos dram�ticos y el tratamiento de la luz hacen que la escena aparezca como un aut�ntico montaje escenogr�fico. La fama de Giotto se difundir� r�pidamente y todos los pintores lo imitar�n lo que da lugar a la llamada escuela florentina. Con �l cambia el concepto del artista-artesano an�nimo, solo diferenciado por la pericia y conocimiento de las t�cnicas tradicionales, pasando a un primer plano el ingenio inventivo, siendo la fuerza y la novedad de la creaci�n su mayor valor. Estos conceptos dar�n forma al Renacimiento y ser�n la base de la historia de los grandes artistas. Sus obras m�s destacadas son los frescos de la capilla de los Scrovegni en Padua, y los frescos sobre la vida de San Francisco de la iglesia alta de As�s, as� como varias versiones de la Maest�.
Sin embargo esta forma de entender el arte, primer paso hacia el Renacimiento, no queda reducida al n�cleo florentino, en Siena se desarrolla la denominada "escuela sienesa", imbuida por la pintura del g�tico internacional, con figuras estilizadas, onduladas y elegantes. Duccio di Buoninsegna es el mejor representante de esta escuela, donde se sintetizan la tradici�n bizantina y los nuevos modelos europeos. Sus obras m�s conocidas son la Pala Rucellai ( 285) y la Maest�
Escuela flamenca:
El arte flamenco, especialmente referido a la pintura, es el que se desarrolla durante el siglo XV en Flandes.
Durante los siglos XIII y XIV las ricas tierras de Flandes y los Pa�ses Bajos siguieron la misma din�mica que se hab�a impuesto en el resto de Europa. Al mismo tiempo que en Italia se estaban produciendo las primeras experiencias renacentistas en Flandes se inicia, derivado de las formas del g�tico internacional, el estilo flamenco. La pintura flamenca tiene una importante repercusi�n en toda Europa, a la que llega a lo largo del siglo XV, tanto por la nueva t�cnica que introduce, pintura al �leo, como en la adopci�n de novedosos temas y formas de expresi�n. Flandes, as� se convierte en uno de los principales centros pict�ricos europeos que compite con el modernismo del arte del Renacimiento.
El nacimiento de la pintura flamenca est� �ntimamente ligado al desarrollo del Ducado de Borgo�a, constituido en 1363 y que en el siglo XV se extiende por todos los Pa�ses Bajos. El gusto por el arte de sus duques, la riqueza, el refinamiento y el lujo de su corte, hizo que confluyeran en ella importantes artistas de Francia, Italia, y de los mismos Pa�ses Bajos, y con ellos las diversas tendencias del g�tico internacional europeo. Al mismo tiempo se produce la s�ntesis entre el esp�ritu caballeresco y cortesano de la Baja Edad Media con el sentido burgu�s y realista de la sociedad flamenca. De todo ello surge una nueva forma de representaci�n, cuya ampl�sima influencia se debe al surgimiento de importantes personalidades art�sticas. La pintura de las miniaturas, especialmente la de los hermanos Limburg, que trabajaron a comienzos del siglo XV, as� como la escultura de Claus Sluter, desarrollada fundamentalmente en el c�rculo de Dijon, ser�n uno de sus puntos de partida.
El perfeccionamiento de la t�cnica de la pintura al �leo, mediante la utilizaci�n de aceite de linaza como aglutinante, en la pintura al temple se hab�a utilizado huevo o cola, y la introducci�n de barnices y disolventes que aceleran el secado, van a permitir una minuciosidad que antes era imposible, as� como el empleo de las veladuras, superposici�n de capas de pintura que transparenta las anteriores, con las que consiguen una mayor brillantez de colorido con mejores matices y texturas. Pero la pintura flamenca es todav�a medieval, no tiene el aparato conceptual y te�rico del Renacimiento, y va a considerar al pintor como un artista-artesano, conocedor de la t�cnica y de la tradici�n pict�rica, que transcribe la apariencia de las cosas, mostrando la realidad dentro de una perspectiva atmosf�rica fruto de la maestr�a de una buena tradici�n t�cnica.
El estilo flamenco es desarrollado en un principio por un conjunto de pintores, los llamados "primitivos flamencos", que crean una escuela que durante casi trescientos a�os aportar� artistas de primera calidad.
Se considera a los hermanos Van Eyck, Huberto y Jan, como los creadores de esta escuela flamenca. La temprana muerte de Huberto, en 1426, y las confusas noticias sobre su actividad plantean problemas a la hora de valorar su exacta aportaci�n. Jan van Eyck, sobrevive a su hermano unos quince a�os, y a �l se deben atribuir los mejores logros de esta primera fase de la pintura flamenca. Los dos hermanos trabajaran en el Pol�ptico del Cordero M�stico de la iglesia de San Bav�n de Gante, cuyo trabajo fue encargado por un rico burgu�s de la ciudad. En �l destacan ya todas las caracter�sticas de lo que ser� esta pintura: extremada minuciosidad y realismo con un gusto por los m�s m�nimos detalles, impecable ejecuci�n t�cnica, equilibrio crom�tico y compositivo, y tratamiento de todos los aspectos con igual intensidad, figuras, naturaleza, interiores. Este inter�s dar� como resultado que, posteriormente, la pintura flamenca se especialice en estos temas, aunque tambi�n ejecute nuevos g�neros como el retrato, paisajes, naturalezas muertas, pintura de interior, etc. Frente al peque�o tama�o que normalmente se va a utilizar en la pintura flamenca, realizada para las casas burguesas y el traslado de las cortes ambulantes, el retablo de San Bav�n de Gante es de enormes dimensiones, y est� formado por veinte tablas, en las cuales las interiores se pintan tambi�n en su cara interna.
Con Jan van Eyck la pintura flamenca adquiere toda su dimensi�n, en sus cuadros la acumulaci�n de sutiles observaciones aisladas, constituyen por su fuerza una unidad cerrada y concluyente. Figuras de gran naturalidad, cuyos rostros son aut�nticos retratos, se incluyen en espacios donde cobran igual importancia los paisajes y los interiores. Sus obras m�s representativas son el Matrimonio Arnolfini, en la National Gallery, la Virgen del Canciller Rolin, del Louvre, y el de la Virgen del Can�nigo Van der Paele, de Brujas, y retratos como el sorprendente Hombre del turbante.
Como creador de aspectos fundamentales de la estil�stica flamenca se encuentra el Maestro de Fl�malle, cuyas obras se han confundido con el pintor Robert Campin, as� como con una etapa juvenil de Roger van der Weyden; entre sus obras destaca la tabla de Santa B�rbara del Museo del Prado, y los tr�pticos de la Anunciaci�n y la Trinidad. Sus pinturas son m�s arcaicas que las de los Van Eyck y presenta una influencia de la escultura muchos m�s acusada, con ropajes inspirados en las obras de Sluter. La influencia de sus obras ser� muy fuerte, a mediados del siglo XV el conocimiento de su obra se generaliza, mientras que la de Van Eyck, en muchos aspectos, resulta demasiado avanzada, su realismo y el tratamiento sutil de la luz son dif�ciles de plasmar.
Rogier van der Weyden, trabaja durante el segundo tercio del siglo XV. Con �l se van a concretar los caracteres de la escuela flamenca, siendo el pintor que m�s influencia tiene como creador de composiciones. Su obra maestra es sin duda, el Descendimiento del Museo del Prado, que se caracteriza por su sentido pl�stico y su hondo patetismo. Este pintor tuvo una enorme influencia, sus tipos y sus temas iconogr�ficos fueron repetidos por toda Europa a excepci�n de Italia.
En el mismo momento trabajan Dierick Bouts, cuyo estilo se caracteriza por el alargamiento de las figuras y por la importancia que concede a la luz, Petrus Christus, con una cierta tendencia a la abstracci�n de las formas. Siguiendo a Rogier van der Weyden, durante el ultimo tercio del siglo XV y principios del XVI se desarrolla un importante grupo de pintores: Memling y Gerad David, Hugo van der Goes, aunque la figura m�s original del arte flamenco en esta �poca es Jer�nimo Van Aeken, el Bosco, que a trav�s de sus fantasiosas obras, el Jard�n de las Delicias, el Carro de heno, La Epifan�a, nos ofrece todo un mundo de ensue�os fant�sticos y miedos medievales que ocultan intenciones moralizantes visibles por la alegor�as que encierra.
Pintura g�tica y flamenca en Espa�a
La pintura del g�tico lineal o franco-g�tica se mantuvo hasta finales del siglo XIII, manifest�ndose principalmente en la decoraci�n de obras literarias, como vemos en las famosas C�ntigas de Santa Mar�a , obra de mediados del siglo XIII escrita por el rey castellano Alfonso X el Sabio, y tambi�n en la ilustraci�n de Biblias y salterios. No faltaron tampoco tablas para frontales de altar de tradici�n rom�nica, cuyas muestras m�s relevantes se encuentran en el reino de Arag�n: frontales de los maestros de Av�a, Soriguerola y pinturas murales del monasterio de Sigena, todas ellas del siglo XIII. Del siglo siguiente son las tablas que decoran la techumbre mud�jar de la catedral de Teruel, as� como las pinturas murales de Ant�n S�nchez de Segovia de la capilla de San Mart�n en la catedral vieja de Salamanca y el artesonado del claustro de Silos.
El estilo �talo-g�tico se manifiesta prontamente en tierras de la corona de Arag�n, conviviendo con los modos lineales, en tanto que en Castilla se desarrolla m�s tard�amente. En tierras catalanas, desde mediados del siglo se acusa su presencia en las obras de Ferrer Bassa que decora la capilla de San Miguel en el monasterio de Pedralbes, en Barcelona (1346), con escenas sobre la Pasi�n de influjo italiano de filiaci�n giottesca. La influencia sienesa es m�s evidente en las obras de Ram�n Destorrents (retablo de San Marcos de la catedral de Manresa) y en los hermanos Serra, Jaime autor del retablo de Sigena y Pedro ejecutor del retablo del Esp�ritu Santo de Manresa, que al final de su obra empiezan a introducir las formas t�picas del g�tico internacional. En Castilla domin� m�s la influencia de la escuela de Florencia representado sobre todo por Rodr�guez de Toledo autor que decor� la capilla de San Blas en la catedral toledana.
El estilo internacional es introducido, tambi�n v�a Arag�n, por Llu�s Borrassa, disc�pulo de los Serra, que trabaj� para las ciudades de Tarrasa y Vich (retablos de San Pedro y de Santa Clara, respectivamente), le siguieron Bernardo Martorell (retablo de las Transfiguraciones, catedral de Barcelona), en Valencia Lorenzo de Zaragoza y en Arag�n el Maestro de Arg��s. En Castilla las figuras m�s importantes son el galo Nicol�s Franc�s, autor del retablo mayor de la catedral de Le�n, de rico y variado cromatismo, con deleite en la narraci�n de detalles anecd�ticos, y el italiano Nicol�s Florentino, autor, junto a su hermano Dello Delli, del monumental retablo mayor de la catedral vieja de Salamanca y del Juicio Final que decora el �bside de dicho altar. En otro orden de valores destaca el Maestro de Sig�enza, de claro y brillante colorido como se aprecia en sus retablos, el de San Juan Bautista (Museo del Prado) y el de Santa Catalina (Catedral de Sig�enza).
A mediados del siglo XV las relaciones comerciales con Flandes, marcan el desarrollo de la pintura flamenca en nuestro pa�s. Jan van Eyck, realiza una estancia en Barcelona y Valencia, introduciendo las formas flamencas en la pen�nsula. Llu�s Dalmau , es enviado a Flandes por Alfonso V el Magn�nimo, para formarse en la nueva pintura burguesa. Su obra Virgen dels Concellers representa la asimilaci�n de las obras flamencas. Sin embargo en Catalu�a se mantendr�n con gran fuerza la pintura g�tica y la influencia italiana. En Castilla la influencia de pintores flamencos es determinante, pintores como Jorge Ingl�s o Fernando G�llego son sus mejores representantes y sus principales obras son una buena muestra de las influencias flamencas recibidas.