En la historia de la filosof�a ha habido un largo debate entre la concepci�n funcionalista que pone de relieve la importancia del consenso, y la concepci�n contraria que concede mayor importancia al conflicto y a la coerci�n.
La opini�n de que la sociedad humana posee un orden gracias al consenso es muy antigua y est� muy arraigada. Podemos encontrarla ya en Plat�n; fue expresada tambi�n en la idea de la �voluntad general� de Rousseau y del �imperativo moral� de Kant. Entre los primeros soci�logos el principal exponente de esta opini�n es Durkheim, quien percibi� claramente que los sentimientos comunes eran los que hac�an que los hombres viviesen en sociedad. M�s recientemente, Parsons elabor� una teor�a anal�tica que suger�a que un sistema social, considerado como un sistema de roles, exist�a �nicamente en la medida en que hab�a un acuerdo sobre las formas de comportamiento que se esperaban de cada rol. Seg�n esto, se otorga gran importancia a los elementos normativos de la acci�n social: es decir, a la conformidad con las reglas, los valores y las expectativas de los dem�s; y dicha importancia se relaciona a su vez con el criterio funcionalista de que cada sistema de acci�n contribuye positivamente al mantenimiento del sistema social en su conjunto.
Los soci�logos que asumen esta postura tienden a considerar el conflicto como una fuerza negativa. No niegan su existencia, pero lo consideran una alteraci�n del funcionamiento normal del sistema social. Es decir, es anormal y, por regla general, tambi�n transitorio, ya que en un sistema social existen fuerzas inamovibles que tienden a restaurar el equilibrio, a devolver al sistema a un estado de equilibrio y estabilidad.
La otra gran tradici�n sociol�gica es la que considera el conflicto, no como algo anormal y transitorio, sino como permanente e incluso necesario. Su origen es tambi�n muy antiguo, pudi�ndose remontar quiz�s a Arist�teles y, sin duda, a Hobbes, Hegel y Marx; y entre sus m�s recientes exponentes est� el soci�logo alem�n Dahrendorf. Seg�n este criterio, la existencia de la escasez es suficiente por s� misma para garantizar la presencia de conflictos, ya que las personas pertenecientes a cualquier grupo tratan, por todos los medios, de incrementar su parte de los recursos escasos, a expensas de los dem�s si es necesario. Si entre dichos recursos escasos incluimos el mando, el poder y el prestigio, entonces las ocasiones para que surjan conflictos se incrementan. Por ejemplo, el poder se denomina un concepto de �suma - cero�; si A tiene poder sobre B, C y D, entonces puede pensarse que A tiene una cantidad positiva de poder, mientras que B, C y d poseen cantidades negativas, ya que lejos de detentar el poder, son sus objetos. Por tanto, la suma del poder de todos los miembros es cero. En toda sociedad que para sobrevivir se base en el esfuerzo cooperativo, se precisa una jefatura, alguien que dirija su funcionamiento; y esto lleva a que las personas se dividan entre las que tienen poder y aquellas cuyo poder es negativo, lo cual supone la aparici�n de conflictos entre ambos.
Los conflictos pueden asumir m�ltiples formas. El t�rmino es muy amplio e incluye la discusi�n, el regateo, la rivalidad y la lucha institucionalmente controlada al mismo nivel que la violencia directa. No obstante, por debajo de las formas menores de resolver las disputas subyace la posibilidad de la agresi�n en forma de violencia f�sica; es decir, la coerci�n. Por consiguiente, los soci�logos que mantienen este punto de vista, ven en la coerci�n, m�s que en el consenso, la ra�z �ltima del orden social.
Adem�s, el conflicto se encuentra estrechamente ligado al cambio. Si la sociedad representa un equilibrio de fuerzas, este equilibrio puede cambiar. Cuando dos personas o dos grupos est�n enfrentados, una soluci�n posible consiste en que uno gane y el otro pierda; y entonces el vencedor procede a hacer su voluntad, a ejercitar su albedr�o a pesar de las objeciones del otro, y a transformar el estado de cosas en beneficio propio. Sin embargo, otra posible soluci�n al conflicto consiste en que ambas partes puedan salir mejor libradas. En tercer lugar, un conflicto puede solucionarse con perjuicio para ambas partes.
Queda una cuarta posibilidad: que el conflicto desemboque en un punto muerto o paralizaci�n; es decir, que no se produzca ning�n cambio. En este caso se suele hablar de tensi�n m�s que de conflicto.
Dahrendorf expone los dos criterios de la siguiente manera:
| Concepci�n estructural - funcionalista del consenso o de la integraci�n | Concepci�n de la coerci�n |
| 1) Toda sociedad es una estructura de elementos, estable y relativamente persistente | 1) Toda sociedad est� sujeta a procesos de cambio en cualquier nivel; el cambio social es omnipresente |
| 2) Toda sociedad es un sistema de elementos bien integrado | 2) Toda sociedad muestra disensi�n y conflicto en cualquier nivel; el conflicto social es omnipresente |
| 3) Todo elemento tiene una funci�n en la sociedad; por ejemplo, contribuir a su mantenimiento como sistema | 3) Todo elemento de una sociedad contribuye a su desintegraci�n y cambio |
| 4) Todo sistema social en funcionamiento se basa en el consenso, por parte de sus miembros, respecto a determinados valores. | 4) Toda sociedad se basa en la coerci�n ejercida por algunos de sus miembros sobre otros |
�Para qu� sirve el conflicto? �Qu� representa para los individuos, para los grupos y para las sociedades? �Cuales son sus funciones positivas o integradoras?. Seg�n Coser, el conflicto delimita los grupos y clarifica sus fronteras: es decir, especifica el lugar en que se encuentra cada uno. Unifica los grupos proporcionando a sus miembros un inter�s com�n en la supervivencia y victoria del grupo. El conflicto proporciona a los grupos coherencia, organizaci�n y direcci�n. Adem�s, obliga a cada facci�n antag�nica a interesarse por la coherencia, la organizaci�n y la direcci�n del contrario, ya que resulta mucho m�s f�cil negociar con un grupo que cuenta con un l�der en el cual se pueda confiar para mantener el grupo en orden y respetar cualquier acuerdo que se logre. Por otro lado, el conflicto �evita la osificaci�n del sistema social al ejercer presiones a favor de la innovaci�n y la creatividad�.
Coser puntualiza que en cualquier sistema social los conflictos son menos destructivos cuando son muy numerosos y cuando no coinciden sus l�neas de desintegraci�n u oposici�n; es decir, cuando existen m�ltiples conflictos transversales. En este tipo de sociedad, A y B pueden entrar en conflicto en una cuesti�n determinada, pero A tendr� mucho cuidado de no perjudicar a B m�s de lo necesario, ya que A y B son aliados en un segundo conflicto contra C.
Comte es el fundador de la Sociolog�a moderna, aunque haya autores anteriores a �l. Fue el primero en acu�ar el t�rmino Sociolog�a en el �Curso de Filosof�a positiva�. Lo que le llev� a crear la Sociolog�a fue un altruismo, una preocupaci�n por las necesidades sociales. La soluci�n para superar los problemas de su �poca era abordar una pol�tica cient�fica positiva.
En los Cuadernos de Filosof�a Social intenta hacer un estudio descriptivo y una interpretaci�n de la situaci�n por la que atraviesa la sociedad de su �poca. Llega a la conclusi�n de que la actual situaci�n se significa porque est� acabando la actual sociedad teol�gico - militar, que se asienta sobre un pensamiento religioso y que va acompa�ada predominantemente de la actividad guerrera. Esta sociedad est� siendo sustituida por la sociedad cient�fico - industrial, en donde predomina el pensamiento de los sabios y cient�ficos que son los que dirigen la nueva sociedad. La actividad reinante es la actividad industrial. A medida que el esp�ritu humano alcanza el estado positivo, la lucha del hombre contra el hombre es sustituida por la lucha del hombre contra la naturaleza, en ese intento de extraer los recursos naturales en funci�n de las necesidades humanas.
Toda reforma social ha de ir precedida de una reforma en el orden del pensamiento.
La reforma de la ciencia significa que hay que elaborar un sistema de las ciencias positivas, sistema que empieza con la l�gica y las matem�ticas y termina con la sociolog�a.
En las otras dos fases desarrolla las intuiciones planteadas en su primera fase.
La sociolog�a se divide en dos grandes apartados: est�tica y din�mica social.
Din�mica social: presenta las leyes que regulan el devenir y el cambio social. La din�mica social viene planteada por la ley de los tres estados. El estado est� constituido por un conjunto de ideas que determinan un r�gimen intelectual. Este conjunto de ideas son las instancias �ltimas a las que los individuos acuden cuando se enfrentan con los problemas de la existencia social. Esas ideas vienen a representar la conciencia social. Los tres estados por los que ha pasado el esp�ritu humano son: estado teol�gico, metaf�sico y positivo.
En el estado teol�gico el hombre intenta conocer la naturaleza de las cosas determinando sus causas �ltimas. Es el r�gimen de los dioses; predomina la imaginaci�n.
Tras este primer periodo aparece la etapa de transici�n, representada por el estado metaf�sico. El esp�ritu humano intenta conocer la naturaleza de las cosas, pero no recurriendo a los dioses, sino a entidades abstractas inscritas en el propio ser de las cosas. Esas entidades abstractas quedan englobadas en el concepto metaf�sico de naturaleza.
El r�gimen positivo de la conciencia se da cuando la conciencia humana llega a su madurez, conoce sus propias limitaciones, se contenta con un saber m�s limitado que el saber absoluto, pero m�s riguroso, este saber se contenta con analizar los hechos, establecer relaciones entre ellos, el m�todo es el r�gimen cient�fico.
A cada r�gimen intelectual � a cada estado de la conciencia � le corresponde un tipo de sociedad; al estado teol�gico le corresponde la sociedad militar, al estado metaf�sico la sociedad legalista y al estado positivo, la sociedad industrial.
En esta concepci�n de la historia humana se recoge un marcado optimismo antropol�gico.
El pensamiento teol�gico y el militarismo son esencialmente autoritarios, de ah� que ambos sistemas se den juntos. Los medios de subsistencia de esta sociedad son muy rudimentarios, la unidad de producci�n y consumo es la familia.
Esta sociedad se resquebraja cuando aparece el estado metaf�sico de la conciencia y, con �l, la sociedad legalista, en esta sociedad comienza a darse una separaci�n entre el poder sagrado y el poder civil; se refuerza el segundo a consta del primero. Es una etapa de transici�n que sirve para superar los prejuicios de la tradici�n religiosa y preparar el camino al estado positivo. Al hablar del estado metaf�sico de la conciencia, se refiere a la filosof�a racionalista de su �poca. La sociedad legalista significa el fin de la sociedad teocr�tica, la creaci�n de los modernos estados europeos y el inicio de la vida parlamentaria.
El estado positivo se desarrolla en la sociedad industrial, su aplicaci�n pr�ctica es la tecnolog�a. El fen�meno del industrialismo significa la superaci�n de las tradiciones artesanales y una organizaci�n cient�fica de la producci�n; como consecuencia de esto aumentan notablemente la producci�n y los recursos; aparecen las grandes masas trabajadoras; comienzan a configurarse tensiones conceptuales entre contratados y contratantes; como consecuencia de la superproducci�n y por consiguiente, la saturaci�n de los mercados, aparecen bolsas de pobreza en el seno de la abundancia; el sistema econ�mico se caracteriza por el libre mercado y la b�squeda del m�ximo beneficio.
Para Comte, las caracter�sticas m�s importantes del industrialismo son las tres primeras. Los conflictos son consecuencia de una mala organizaci�n de la sociedad.
En toda sociedad es necesario un grupo planificador, un grupo dirigente, pero adem�s piensa que los industriales son los que deben controlar el estado.
Defiende la propiedad privada, pero esta propiedad ha de cumplir una funci�n social.
Para la buena marcha de la sociedad no s�lo es necesario aplicar el liberalismo econ�mico, sino que es necesaria una total transformaci�n moral. En la sociedad hay dos tipos de jerarqu�a: espiritual y temporal. La temporal hace referencia a una escala de poder social y econ�mico. La espiritual hace referencia a valores generales: altruismo, etc. Lo importante es que el hombre intente alcanzar la cumbre en la jerarqu�a espiritual y no en la temporal.
Est�tica social: La sociedad es parecida a un organismo y al igual que a un �rgano no se le puede comprender si no es ubic�ndolo en su contexto vital habitual, la est�tica social es el estudio anat�mico de los elementos que componen la estructura social y que cooperan al consenso.
El consenso es aquello gracias a lo cual una pluralidad de individuos vienen a constituir una colectividad, aquello que hace que un conjunto de instituciones sociales vengan a componer una unidad social.
Cuando Comte habla de la estructura social se refiere a la organizaci�n social. Estructura social es disposici�n ordenada de las instituciones sociales. Cada �rgano social contribuye al consenso social; este consenso se consigue mediante las ideas comunes que son el contenido de una conciencia colectiva. Una sociedad es m�s estable a medida que sus ideas comunes tengan una mayor fuerza de cohesi�n.
La primera parte de la Est�tica social supone una introducci�n a la sociolog�a de la religi�n, del lenguaje, de la pol�tica, etc.
El intento sociol�gico de Comte estuvo condicionado por un idealismo moderado y un conservadurismo ideol�gico. Ello le llev� a resaltar m�s el tema del consenso, de la armon�a general, complementariedad funcional de los �rganos sociales y le llev� a minusvalorar el tema del conflicto social. Habl� todo lo m�s de un cambio evolutivo moderado, por ese moralismo abstracto propio del pensamiento burgu�s. Toda su sociolog�a est� abocada a un optimismo antropol�gico - filos�fico fruto del racionalismo ilustrado decimon�nico. Previ� la importancia de la tecnocracia. Postula un revolucionismo simple.
Profundiza en temas sociol�gicos, aunque aproxima la sociolog�a a la biolog�a. El contexto social de Spencer es la gran revisi�n de la ciencia biol�gica a mediados del XIX que llev� a que se desarrollasen las teor�as evolucionistas, no como teor�a cient�fica, sino como ideolog�a progresista social. Fue instrumento ideol�gico de la clase burguesa.
Spencer intentar� acercar la sociolog�a a la biolog�a.
Las tesis de Hoeblicker de que el huevo o cigoto es una c�lula a partir de la cual y por un proceso de diferenciaci�n se configuran los elementos de los �rganos vivientes y la tesis de la homogeneidad originaria de los elementos que componen la estructura org�nica de los seres vivos llamaron la atenci�n de Spencer y le sirvieron para aproximar m�s la sociolog�a a la biolog�a. Por esta �poca � hacia 1843 � ley� la teor�a evolucionista de Lamarck.
En 1857 public� su ensayo El progreso, su ley y su causaen el que dice que la teor�a evolucionista es la �nica que puede aportar una explicaci�n aceptable al principio de la vida.
La base en que asienta su teor�a organicista de la sociedad es en la teor�a de la evoluci�n. El evolucionismo se da tanto en el mundo org�nico como en el superorg�nico o social.
Spencer cree que sin la analog�a org�nica no hay sociedad. La evoluci�n se caracteriza en primer lugar porque cada vez aparecen unidades vivientes de mayor volumen. Esto aparece en sociedad desde los peque�os grupos a las grandes ciudades. Este aumento de volumen va acompa�ado de una complejificaci�n estructural: aparecen �rganos m�s complejos y especializados. Evoluci�n en ambos mundos significa complejificaci�n estructural, tanto en el nivel org�nico como en el inorg�nico. Junto a ello Spencer reconoce que hay diferencias entre el nivel social y el nivel org�nico. El primero presenta mayor plasticidad y movilidad, mayor capacidad de adaptaci�n y mayor creatividad. La conciencia social se reparte a trav�s de las conciencias de los individuos. En el mundo org�nico las partes est�n en funci�n del todo, mientras que en el social el todo est� en funci�n de las partes.
Tanto la unidad social como la org�nica son realidades sistem�ticas.
Un sistema es una totalidad compuesta de partes que son semidependientes y semiaut�nomas.
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Sistema social |
Estructura social: integraci�n por diferenciaci�n Funci�n social: la actividad de los diversos �rganos sociales que procura satisfacer diversas necesidades y ayuda al mantenimiento de la estructura social |
La corriente funcionalista destaca el tema de la cohesi�n, del orden social, cuando habla de cambio,, habla de cambio evolutivo, consensuado, pautado. Al funcionalismo se le ha denominado sociolog�a del consensus, aunque tambi�n hable del cambio social.
Malinowski es uno de los fundadores del funcionalismo, su investigaci�n se basa en fuentes de primera mano, fuentes directas; es el iniciador del m�todo de encuesta antropol�gico sobre el terreno. Critic� a los soci�logos funcionalistas anteriores el que trabajasen con material de segunda mano.
A partir de este m�todo, Malinowski concluy� que toda sociedad detenta una cultura original, cultura que aparece como un todo y que hay que explicar y comprender en su propia unidad sistem�tica. Cada rasgo cultura cobra sentido por el lugar que ocupa en el sistema cultural. Un postulado fundamental de su funcionalismo es la unidad de la cultura humana.
Malinowski presenta un tipo de sociedad fuertemente integrada, coherente; esta coherencia se refleja en los postulados de su funcionalismo:
Postulado de la unidad funcional de la sociedad: todo elemento cultural es funcional para la sociedad, coadyuva a su mantenimiento
Funcionalismo universal: todo elemento cultural cumple una funci�n
Necesariedad: cada elemento cultural ocupa un lugar espec�fico y es indispensable para ese sistema socio-cultural.
Se ha criticado a este modelo el que solo es operativo para ciertas sociedades primitivas, pero no resulta operativo de cara al an�lisis de la sociedad contempor�nea. Esta poca operatividad oblig� a una revisi�n del m�todo funcionalista absoluto para hacerlo operativo de cara a la sociedad contempor�nea, es decir, para hacerlo operativo de cara a estudiar el conflicto. Merton es uno de los funcionalistas m�s importantes que se dedicaron a revisar este m�todo.
No hay ning�n texto donde Marx haga una exposici�n sistem�tica de su concepci�n materialista de la historia, sino que esta concepci�n se encuentra desparramada a lo largo de toda su obra. La categor�a fundamental de Marx es la praxis. A partir de la praxis Marx interpreta la historia como un proceso social de autoproducci�n mediante el trabajo. Esta concepci�n es una concepci�n dial�ctica, ya que hay momentos hist�ricos que entran en contradicci�n las fuerzas sociales de producci�n con el estado de desarrollo de las fuerzas productivas.
En el griego antiguo, praxis significaba la acci�n propiamente dicha, era una acci�n que ten�a su sentido en s� misma, no ten�a como consecuencia la creaci�n de un producto externo al sujeto agente. Por praxis se entend�a aquella acci�n que no era artesanal, productiva.
Para la acci�n productiva, el griego utiliza el t�rmino �p�yesis�.
En el marxismo cuando se habla de la praxis se hace referencia a la praxis productiva o a la praxis pol�tica, es decir, se hace referencia a aquella acci�n cuyo resultado es algo exterior al individuo.
El sujeto ordinario, la conciencia ordinaria, no hace una reflexi�n que tenga como objeto la praxis en s� misma, la conciencia del hombre de la calle es una conciencia te�rica con respecto a la praxis.
Para la �poca de la Grecia Antigua, la actividad material productiva no era una actividad t�picamente humana, era la actividad t�pica del esclavo. En Plat�n, la vida contemplativa alcanza su punto �lgido. El trabajo esclaviza al hombre encaden�ndolo en el mundo sensible siendo un obst�culo para que el hombre alcance el m�ximo bien.
Para Arist�teles, la actividad te�rica es la actividad t�picamente humana, sin necesidad de aplicarla pr�cticamente a la realidad.
En el mundo cl�sico no hay una vertebraci�n arm�nica entre teor�a y praxis debido a una concepci�n excesivamente racionalista del hombre y debido tambi�n, a un cierta minusvaloraci�n del mundo sensible.
En la Edad Media las dos actividades relevantes sociol�gicamente eran la contemplaci�n (actividad religiosa) y el cultivo de las armas.
Sin embargo, el pensamiento hebreo es un pensamiento estrictamente material donde, incluso, se valora positivamente la praxis como actividad productiva, aunque luego, en el mito del pecado original, se presenta el trabajo como algo doloroso.
Esto, sin embargo, no tuvo una proyecci�n sociol�gica notable debido a la influencia del Neoplatonismo sobre los padres de la Iglesia.
Tampoco, en este periodo, hay una vertebraci�n entre teor�a y praxis.
En el Renacimiento, comienza a considerarse al hombre no solo como un animal te�rico, sino que tambi�n se le concibe como un sujeto activo y transformador del mundo, de tal forma que el conocimiento especulativo deja de ser una actividad v�lida en s� misma; el conocimiento puede, y debe, servir para la actividad pr�ctica.
Sin embargo, a nivel macrosocial, sigue habiendo una preeminencia de la teor�a sobre la praxis.
En los siglos XVI y XVII se acent�a la idea del valor de la transformaci�n de la Naturaleza pero, lo que especialmente se ensalza es la utilidad del producto, y no se valora el hecho mismo de la actividad transformadora, de tal forma que se olvida al protagonista de la praxis (al ser humano).
Esta misma valoraci�n pragm�tica de la praxis es la que tambi�n aparece en los grandes economistas del XVIII. La econom�a es una ciencia de la riqueza y para la riqueza.
La dimensi�n humana de la praxis no se descubre hasta Marx. Marx, en su concepci�n de la praxis est� influenciado por Hegel.
En la obra de Hegel, hay una reflexi�n acerca de la praxis. En suFragmento de sistema, Hegel describe a la praxis como �la destrucci�n utilitaria del objeto�; esta misma definici�n aparece en Sistema de la moralidad; aqu� a�ade que a trav�s de la praxis se da una uni�n entre el sujeto y la naturaleza del objeto, sobre todo a trav�s de la herramienta utilizada. En los Cursos de Filosof�a de la realidad, Hegel concibe la historia del hombre como el proceso de autoproducci�n del hombre por el trabajo. Concibe Hegel el trabajo como la satisfacci�n mediata de la necesidad. Tambi�n afirma que no se trabaja ya para un uso inmediato del producto, sino que satisfacci�n inmediata se sustituye por una satisfacci�n ideal o posible, con ello afirma el car�cter universal y abstracto del trabajo en la sociedad moderna. Se trabaja no para satisfacer las necesidades individuales, sino las necesidades sociales. En la Fenomenolog�a del Esp�ritu Hegel resalta la importancia de la praxis en la formaci�n humana del hombre. �El trabajo implica la transformaci�n humana de la naturaleza, de tal manera que lo subjetivo se objetiva en el objeto�. El producto ya no es una realidad en s� y pasa a ser una realidad para s�, es decir, el productor se reconoce en el producto de su actividad creadora, descubriendo en el producto su propia naturaleza. De esta manera el trabajador toma autoconciencia de s�, el trabajador toma conciencia de su libertad.
Sin embargo, seg�n Marx, esta valoraci�n de la praxis est� ubicada en una filosof�a idealista, de tal forma que la liberaci�n que postula Hegel se mueve en un plano idealista, porque la praxis acaba disolvi�ndose en una actividad espiritual.
Por otro lado, la filosof�a hegeliana est� encaminada a justificar lo dado, es una filosof�a conservadora que no valora el drama humano del trabajo alienado.
Para superar esta concepci�n abstracta de la praxis es necesario: 1) descubrir un sujeto humano de la praxis (Feuerbach); 2) darle un contenido material hist�rico (Marx).
Feuerbach contrapone la teor�a y la praxis y la religi�n. La teor�a es asunto de la raz�n; la teor�a es �la contemplaci�n objetiva de la realidad y en la medida en que es objetiva vertebra una relaci�n arm�nica entre el sujeto y la naturaleza. El comportamiento te�rico implica la destrucci�n de la ilusi�n religiosa; sin embargo, el hombre no puede dejar de satisfacer las necesidades ego�stas del coraz�n, estas necesidades se satisfacen mediante la religi�n.
Feuerbach contrapone teor�a y religi�n, teor�a y praxis. El comportamiento pr�ctico (religioso) origina una visi�n deformada de la realidad. Para Feuerbach, la perspectiva pr�ctica es la perspectiva religiosa. Cuando el hombre acuda al conocimiento objetivo, desinteresado, se podr� superar la antinomia raz�n - coraz�n, el mundo del sentimiento estar� orientado hacia su objeto natural, que es el hombre.
La insuficiencia de este planteamiento consiste en que Feuerbach se centra, al hablar de la praxis, en la praxis religiosa; es un sistema que peca de formalismo, abstraccionismo y ahistoricismo.
Seg�n Marx, hasta �l no ha habido una vinculaci�n entre teor�a y praxis; sin embargo, a trav�s de la aut�ntica praxis la filosof�a se hace real, pr�ctica a la vez que la propia realidad se hace teor�tica.
Para que la relaci�n arm�nica entre teor�a y praxis se haga realidad hace falta una actividad transformadora que implica: 1) una cr�tica radical, 2) un sujeto encargado de realizar esa cr�tica (este sujeto ser� mediador entre la teor�a y la realidad).
La cr�tica radical es la que tiene como objeto al hombre real y sus necesidades reales. Esta cr�tica se inicia con Feuerbach, con el cual el hombre comienza a tener conciencia de s� mismo. Sin embargo, la cr�tica feuerbachiana es una cr�tica radical te�rica de la que es necesario pasar a la cr�tica radical pr�ctica que se identifica con la praxis revolucionaria. La realizaci�n de esa praxis revolucionaria est� condicionada a la existencia de un sujeto real que medie entre filosof�a y realidad. Este sujeto es el proletariado. Este proletariado implica la negaci�n de su propia condici�n de clase y la afirmaci�n del hombre universal.
En esta su etapa de juventud Marx considera al proletariado como la clase aplastada, humillada que est� destinada a emanciparse. Es decir, es una concepci�n todav�a un tanto te�rica, casi feuerbachiana.
La misi�n hist�rica del proletariado se fundamenta en una dial�ctica de lo inhumano; el proletariado es una mera abstracci�n en el proceso productivo. Pero, en la medida en que sus cadenas son absolutas, tambi�n su liberaci�n ha de ser absoluta.
Marx concibe la historia, en su primera etapa, como un proceso racional que tiene una meta concreta � la realizaci�n del hombre total � a trav�s de los conflictos sociales, y cada paso en la historia es un momento que tiene que alumbrar el reino de la libertad. En esto hay clara influencia hegeliana.
Cuando Marx profundice en el estudio de la econom�a ya no fundamentar� el destino del proletariado en que es la negaci�n de lo humano, sino en el lugar que ocupa el proletariado en un modo de producci�n determinado en un sistema de producci�n contradictorio.
Para determinar las necesidades del proletariado en la sociedad de su �poca, Marx ha de profundizar en la situaci�n econ�mica. Cuando comienza a profundizar en el mundo de la infraestructura econ�mica se encuentra con la praxis entendida como actividad material productiva. El proletariado aparece como el protagonista de unas relaciones laborales y socioecon�micas adem�s de como un sujeto revolucionario.
La Naturaleza (el objeto) no existe para el hombre (el sujeto) al margen de su actividad pr�ctico - material porque la Naturaleza se presenta al hombre en el contexto de su actividad transformadora. Considerar la Naturaleza al margen del hombre es considerarla de un modo abstracto.
Fuera de esta relaci�n productiva la Naturaleza es nada para el hombre ya que �sta existe para �l como producto de su actividad transformadora o como producto de su actividad productiva.
La concepci�n de la Naturaleza al margen del hombre es un tema que a Marx no le interesa y es estudiado por Engels en el materialismo dial�ctico.
Para Marx, la naturaleza que el hombre conoce es la naturaleza humanizada o en v�as de humanizaci�n. Marx afirma que el hombre va creando en un proceso hist�rico - social. Mediante su trabajo el hombre se objetiva en la naturaleza, proyecta su esencia subjetiva en el objeto creando un producto humanizado que sirve para satisfacer esas necesidades de tal manera que el hombre se objetiva en la Naturaleza y la Naturaleza se subjetiviza en la medida en que el hombre la integra en su realidad humana a trav�s de su manipulaci�n y su consumo. El muno transforma al hombre, y el hombre se transforma transformando al mundo. El hombre produce sus propios modos de subsistencia a trav�s del trabajo.
La praxis como producci�n material presenta dos momentos: la herramienta y las relaciones sociales. A medida que la actividad material se desarrolla se hace necesaria una divisi�n del trabajo, lo cual implica el desarrollo de unas relaciones sociales de producci�n.
La existencia humana aparece como un conjunto enorme de fuerzas productivas que implica la configuraci�n de unas relaciones sociales de producci�n. La historia es el proceso social de autoproducci�n del hombre por el trabajo.
En la producci�n, el hombre no s�lo act�a sobre la naturaleza, sino que tambi�n act�an unos sobre otros. Fuerzas de producci�n y relaciones sociales son dos aspectos de una misma realidad, ya que el hombre como ser productivo y como ser social son una misma cosa.
A partir de esta visi�n antropol�gica, Marx empieza a prefigurar su concepci�n dial�ctica de la historia. A cada sistema de fuerzas productivas le corresponden objetivamente unas relaciones sociales de producci�n determinadas. El sistema de fuerzas productivas viene determinado por el conjunto de trabajadores y por el nivel de control sobre la naturaleza.
Las relaciones sociales de producci�n vienen determinados por las formas de propiedad.
Las relaciones sociales evolucionan y llega un momento en que, debido a esto, deben cambiar las relaciones sociales de producci�n. Si las relaciones sociales de producci�n vigentes resisten al cambio, llegar� el momento en que se alumbrar� una contradicci�n objetiva entre el estado de desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales. Esta contradicci�n s�lo puede ser resuelta a trav�s de la praxis revolucionaria.
El motor de la historia es el desarrollo de la producci�n y el trabajo, y la trama de la historia es la lucha de clases. Las propias contradicciones existentes en el seno del modo de producci�n es lo que implica el avance de la historia. El paso de un modo de producci�n a otro exige la mediaci�n de una praxis revolucionaria.
Las diferentes clases de organizaci�n social existentes a lo lago de la historia han sido: sociedad tribal, esclavista, feudal, capitalista y comunista, con la mediaci�n de la etapa socialista.
Para Marx, la superestructura es la conciencia que tienen los hombres con respecto a su ser y a su comportamiento; tambi�n hace referencia a las instituciones sociales que son producto de la actividad social y que son realidades instrumentales que sirven para legitimar el orden social establecido.
Las doctrinas sociales expresan la realidad objetiva social, pero a trav�s del prisma reformador de los intereses de clase. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia.
El Estado aparece como un elemento de la superestructura; es la instituci�n que detenta el poder leg�timo y que est� al servicio de los intereses de la clase dominante. Para Marx la infraestructura (es decir, la estructura econ�mica) determina la superestructura.
La tesis fundamental de Marx es que no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Seg�n esto, el Estado aparece como elemento de la superestructura ideol�gica. El Estado aparece como una instituci�n que representa el poder leg�timo, la coacci�n leg�tima.
La intuici�n mas importante de Marx es recordar que todo pensamiento humano es un pensamiento en situaci�n; hay que ubicarlo en un contexto hist�rico y social.
En la teor�a marxista de la infraestructura - superestructura, estos dos conceptos son conceptos te�ricos de la misma realidad, inseparables. La infraestructura implica la superestructura. Se puede hablar de interacci�n dial�ctica entre infraestructura y superestructura.
Para Marx, el dinamismo sociol�gico del modo de producci�n capitalista alumbra una profunda contradicci�n objetiva: mientras que el trabajo se socializa cada vez mas, la propiedad sobre los medios de producci�n se privatiza cada vez mas, lo cual trae como consecuencia que poco a poco el capital se ir� concentrando cada vez en menos manos y, por tanto, la masa de trabajadores se ir� ampliando, lo que a su vez provocar� un decrecimiento de los salarios. Esta situaci�n poco a poco se ir� volviendo insufrible para el trabajador y desembocar� en una revoluci�n del proletariado, tras la cual se formar� la dictadura del proletariado, como paso previo a la fundaci�n de la sociedad comunista.
Durante largo tiempo, la sociolog�a estuvo muy influida por el darwinismo social. Durante el medio siglo anterior a la Primera Guerra Mundial los soci�logos estuvieron cautivados por el car�cter aparentemente cient�fico de nociones tales como las de �selecci�n natural�, la �supervivencia de los m�s fuertes� y la �lucha por la vida� que extrajeron de los trabajos de Spencer y Darwin. Se olvidaban, con ello, del hecho de que el conflicto en la sociedad humana es intra-espec�fico y que las otras especies animales son inmunes a nuestro tipo de conflicto: su selecci�n, supervivencia y lucha se refiere exclusivamente a su medio ambiente, y su agresividad no va nunca dirigida contra su propia especie, excepto en forma de lizos normalmente no mortales entre individuos dirigidas a establecer jerarqu�as internas. Las especies animales no se destruyen a s� mismas en batallas, ni subyugan a sus semejantes para explotarlos. A pesar de esta objeci�n los esfuerzos de los darwinistas sociales no fueron del todo vanos puesto que reunieron y ordenaron gran cantidad de informaci�n acerca del conflicto social.
Freud y su escuela mantuvieron viva la noci�n de la existencia de un elemento agresivo y destructivo en el hombre que s�lo la cultura y un proceso de socializaci�n adecuado pueden controlar y sublimar en forma de expresi�n creadora y pac�fica. Los bi�logos y zo�logos modernos han comenzado a explorar la agresi�n entre los animales y a aplicar la experiencia en este terreno a la conducta humana. As�, Konrad Lorenz mostr� c�mo la guerra intraespec�fica en los animales s�lo ocurre cuando se introducen experimentalmente presiones ambientales muy agudas, en especial el exceso de poblaci�n. Seg�n �l, el agobio producido por un exceso de densidad demogr�fica produce un desequilibrio ecol�gico y ps�quico que hace que el �esp�ritu de lucha� que posee toda especie sea redirigido por el hombre contra sus propios cong�neres. En una primera fase el hombre elimin� todas las dem�s especies que le amenazaban o las explot� en su provecho. Esto fue lo que le permiti� extenderse sobre toda la faz de la tierra. Y al multiplicarse sin cesar el territorio adecuado comenz� a hacerse dif�cil de encontrar. Fue entonces cuando empez� la lucha entre bandas armadas y tribus. La poblaci�n excesiva agota los alimentos, impone formas opresivas en la distribuci�n de la riqueza, inclina a unas gentes a vivir paras�ticamente de otras, e impone niveles de densidad demogr�fica o espacial que son psicol�gicamente da�inos, al tiempo que aumenta las tendencias agresivas de muchos individuos.
Sin embargo, aunque la poblaci�n excesiva es un problema grave y que puede llegar a ser desastrosa para el futuro de la humanidad, no es una variable que explique toda la agresi�n humana. Hay zonas muy poco pobladas que presentan �ndices de criminalidad m�s altos que las de gran densidad; hay tribus, castas y pueblos guerreros cuyo modo de vida tiene causas econ�micas, pol�ticas e ideol�gicas distintas de las demogr�ficas o espaciales.
Gran parte de la sociolog�a pol�tica gira en torno a este tema. Cubre la expresi�n pol�tica de los conflictos, as� como las luchas abiertas por el poder. En este contexto, quienes afirman que �la estratificaci�n trata del poder� han tendido a transferir el �nfasis tradicional marxista sobre la clase como expresi�n de relaciones econ�micas desiguales al terreno del sistema de poder predominante, de modo que tanto clase como econom�a aparecen como subproductos de la distribuci�n del poder y la autoridad en una sociedad dada.
Sin embargo, parece que los datos emp�ricos obligan a establecer una interpretaci�n menos unilateral: el conflicto ocurre a menudo para establecer el control o el dominio sobre bienes y servicios sin que el af�n por el ejercicio directo del poder sobre otras personas entre en juego por parte de todos los contendientes. El hecho de que una parte de la poblaci�n est� siempre movida por un claro deseo de poder no abona la generalizaci�n de la lucha por el poder para la sociedad en su totalidad. As� pues, suponer que �la estructura del poder y la subordinaci�n en las sociedades humanas es la raz�n �ltima de la presencia de la protesta y la resistencia... del antagonismo y la alteraci�n del orden... es una cuesti�n que va m�s all� de la prueba emp�rica�
La opini�n de �la historia de toda sociedad es la historia de la lucha de clases�, expresada por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, refleja el supuesto b�sico de quienes creen que la �nica clave que explica el conflicto social es el antagonismo entre los grandes estratos en que est� dividida la sociedad, seg�n criterios de poder econ�mico o pol�tico. Esta posici�n es muy extrema, y parece m�s sensato suponer que el conflicto de clases es uno de los tipos del conflicto social en general, si bien se trata de uno de los m�s importantes.
En general, los estudiosos del conflicto de clases han aceptado la explicaci�n marxista tradicional como la m�s acertada, por lo menos para las primeras fases de la industrializaci�n de los pa�ses capitalistas occidentales, pero han subrayado sus limitaciones en lo que se refiere a la nueva situaci�n creada por el auge del �estado benefactor�, el neocapitalismo y la expansi�n de nuevas formas de gesti�n y propiedad de bienes que han dado lugar a la aparici�n de nuevas estructuras ocupacionales y formas de reclutamiento de personal para los nuevos roles de la sociedad moderna.
Varios de los marxistas cl�sicos fueron los primeros en percatarse de esto y abrir la v�a a nuevos planteamientos. As�, por ejemplo, para Lenin, el relativo bienestar de las clases trabajadoras inglesas depend�a directamente de la miseria de los pueblos dependientes de la corona brit�nica, que constitu�an un mercado cautivo de la metr�poli. M�s tarde la desaparici�n del imperialismo cl�sico sobre el que se basa esta interpretaci�n ha dado lugar a que surjan nuevas doctrinas, que siguen esta l�nea. Destaca la de los te�ricos de la revoluci�n en el �tercer mundo�. Por ejemplo, Franz Fanon sostuvo que el neocolonialismo y el neoimperialismo se basan en la existencia de unas �naciones proletarias� que se alzan no ya contra una clase social, sino contra todo un sistema de explotaci�n entre los pa�ses. En varios sentidos, estos argumentos son muy vulnerables a un an�lisis serio. En primer lugar, existe un elemento de verdad en la afirmaci�n de que la guerra internacional y la expansi�n imperialista es un subproducto de los conflictos de clases internos: las clases dominantes han encontrado, desde siempre, que era sumamente conveniente para ellas canalizar las energ�as desencadenas por el conflicto interno hacia afuera, mediante expediciones militares, la apertura de nuevos mercados y la creaci�n de situaciones de tensi�n ideol�gica colectiva que exig�a a todo ciudadano dirigir su agresividad contra un enemigo externo, real o imaginario. En segundo lugar, los te�ricos socialistas han sabido subrayar fen�menos que han sido ignorados u oscurecidos por muchos de los soci�logos del pasado, que insist�an en presentar el conflicto social de clases como si solamente se tratara de una mera fricci�n entre diversos rangos sociales, sin mayores consecuencias.
Dentro del marxismo destaca la aportaci�n de Gyorgy Luk�cs, quien reinterpret� la noci�n de proletariado en t�rminos m�s radicales y revolucionarios que los admitidos por la ortodoxia comunista sovi�tica. Luk�cs esclareci� la interpretaci�n sociol�gica de la direcci�n de la historia contempor�nea: seg�n �l, es el proletariado con su conciencia de clase (y no el partido) el primer y principal transformador de la sociedad moderna y de su sistema de valores.
Como Luk�cs ha mostrado, las clases y su conflicto deben entenderse en su totalidad; las tensiones y luchas entre individuos de distinto rango social y entre grupos aislados ciertamente existen, pero su sentido solamente puede captarse si se comprende el todo de que son parte, es decir, la estructura social general que las engendra.
Otra contribuci�n importante es la de Gramsci, quien analiz� los elementos internos de las clases dominantes, y demostr� la importancia de los intelectuales y de la intelligentsia en general tanto en la tarea de legitimar y mantener el sistema prevalente de desigualdad social como en la de derrocarlo.
Seg�n Ab�n Jald�n, existen cuatro g�neros distintos de conflagraci�n armada. La primera es la tribal, que abraza tambi�n las luchas entre clanes y familias. La segunda es la de quienes viven de la expoliaci�n y el robo. La tercera es la �guerra santa� o religiosa. Finalmente, la cuarta es la din�stica, de rebeli�n o sucesi�n.
Es decir, seg�n Ab�n Jald�n, existen: a) guerras entre naciones, clanes y tribus, que compiten por un territorio marcado, riqueza o soberan�a; �stas pueden ser inspiradas por ciertos grupos dirigentes o influyentes minoritarios; b) guerras promovidas por profesionales, es decir, como un modo de vida; �ste es el caso de los mercenarios, los piratas, los saqueadores de oficio; c) las guerras ideol�gicas y religiosas, y d) las guerras civiles, en las que se ventila la cuesti�n de la legitimidad del poder o del sistema de poder. Naturalmente, los cuatro tipos aparecen combinados a menudo en cada caso concreto de conflicto armado.
La guerra puede definirse como aquel tipo de conflicto social que tiene lugar a trav�s de la organizaci�n de una colectividad con objeto de conseguir la subyugaci�n o destrucci�n f�sica total o parcial de los miembros de otro u otras colectividades, con derramamiento de sangre. La guerra es, pues, una lucha mortal y organizada.
Seg�n Margaret Mead, la guerra no es una necesidad biol�gica, sino una �invenci�n cultural�. As�, las variedades de la guerra primitiva son tales que no existe una forma �nica, com�n a todos los hombres. Encontramos batallas ceremoniales o rituales, luchas de exterminio, expediciones de pillaje, vendettas familiares o cl�nicas, pero en todos estos casos aparecen reglamentos estrictos de conducta y de ley tribal o intertribal.
Los factores ambientales pueden haber dado origen a la guerra en un pasado muy remoto, pero ya no pueden explicar la situaci�n presente. As�, encontramos sociedades que educan a sus hijos en la ferocidad y el combate, como �nica �tica aceptable. Otras educan a sus mozos en las virtudes opuestas. La violencia y la guerra no quedan abandonadas al capricho: las hostilidades deben conducirse seg�n normas apropiadas de tiempo, lugar y manera. Tambi�n el car�cter del enemigo cae dentro de estas normas culturales.
Seg�n Quincy Wright, la guerra depende de cuatro factores: a) la tecnolog�a, y en especial la tecnolog�a militar; b) la ley; c) la estructura social, en especial la de las unidades pol�ticas que la dominan en tribus, naciones, imperios, y d) la red de actitudes y opiniones presentes. El conflicto armado puede ser desencadenado en cualquiera de estos niveles en cuanto se destruye el equilibrio social general. La paz es, en �ltima instancia, el mantenimiento din�mico de un sistema general de equilibrio entre las diversas fuerzas sociales, a trav�s de esfuerzos constantes para mantenerla.
La revoluci�n es una forma de guerra � espec�ficamente, de guerra civil � cuyos resultados difieren con mucho de los de otros modos de conflicto social. Puede definirse como aquel proceso social de cambio intenso y r�pido, que entra�a una insurrecci�n armada inicial y que produce mudanzas substanciales en la estructura y la cultura de la sociedad que la presencia. De cuantos disturbios sociales existen, solamente aquellos que provocan cambios dr�sticos en las relaciones de poder, jerarqu�a, ideolog�a predominante y otros rasgos de semejante alcance pueden recibir el nombre estricto de revoluciones.
Las revoluciones son fen�menos totales que no dejan ninguna zona de la sociedad fuera de su alcance. La mudanza social viene acompa�ada de transformaciones en los valores, las leyes, la religi�n, el poder y la t�cnica, si bien la nueva sociedad no difiere de un modo absoluto de aquella que la vio nacer. Marx, por ejemplo, sentenci� que las �pocas anteriores a las revoluciones llevaban siempre en su seno la semilla revolucionaria y la l�gica irremisible de su propia destrucci�n futura.
Adem�s de ser fen�menos totales, las revoluciones son caracter�sticas de su propia �poca hist�rica. As�, la revoluci�n que tuvo lugar en Egipto en tiempos de Amenhotep IV y que destruy� el poder de la vieja aristocracia fue distinta de la revoluci�n democr�tica ateniense, plasmada en la legislaci�n de Sol�n, que abri� las puertas del poder a las clases medias y cre� unas condiciones sin precedentes para el progreso del pensamiento secular y racional.
Las revoluciones modernas tienen lugar cuando concurren un n�mero espec�fico de circunstancias. Si solamente se produce una o varias de ellas diremos que la situaci�n es, a lo sumo, cuasi revolucionaria, lo cual puede llegar a acarrear un grado notable de disturbios y alteraciones, pero no un cambio revolucionario. para que ocurra una revoluci�n es menester que est�n presentes todos los siguientes factores:
La concepci�n popular de la situaci�n revolucionaria siempre ha entra�ado un choque entre ricos y pobres, o poseedores y despose�dos. Esto es una verdad elemental, pero las cosas no son tan sencillas. Ha habido un gran n�mero de revueltas dirigidas contra una clase privilegiada que no han producido cambios revolucionarios, porque las iras de los alzados iban contra el hambre, los impuestos o la presi�n pol�tica: lo que se intentaba era la restauraci�n de la justicia. Normalmente, en estos casos, la revuelta es ef�mera y va seguida de una fase de pacificaci�n violenta que mantiene el orden anterior.
Lo que importa para que la revoluci�n sea posible es la existencia de un antagonismo, sobre todo su paso de un estado de latencia a un estado de explicitud entre unas capas de la poblaci�n cuya aceptaci�n consensual de la autoridad de los poderosos es un impedimento casi insuperable. As�, si la mayor�a no pone en entredicho la legitimidad de la autoridad de las clases dominantes el proceso revolucionario es imposible.
El antagonismo de clase exige el desarrollo de una conciencia de clase, as� como una p�rdida de referencia hacia la autoridad tradicional.
Tanto Marx como Tocqueville insistieron en que no es la mera pobreza lo que desencadena la revoluci�n, sino la percepci�n de la desigualdad como algo injusto e insoportable. De aqu� se sigue que las revoluciones pueden estallar bajo condiciones de �prosperidad� sin precedentes hist�ricos para la sociedad en cuesti�n e incluso para sus clases bajas. Como dicen Marx y Engels:
Un alza notable de los salarios presupone un crecimiento r�pido del capital productivo. El crecimiento r�pido del capital productivo produce un crecimiento igualmente r�pido de riqueza, lujo, necesidades sociales y comodidades. As�, aunque las comodidades de los trabajadores hayan subido, la satisfacci�n que dan ha ca�do en comparaci�n con el estado de desarrollo de la sociedad en general. Nuestros deseos y placeres provienen de la sociedad; los medimos, por lo tanto, por la sociedad y no por los objetos mismos que los satisfacen. Y como son de naturaleza social, son relativos (K. Marx y F. Engels: Trabajo asalariado y capital, Alianza, Madrid)
Para Davies, es posible dar una explicaci�n del cambio revolucionario que se base en la relaci�n que existe entre las expectativas econ�micas crecientes de una secci�n importante de la poblaci�n y las fluctuaciones econ�micas. �Las revoluciones ocurrir�n cuando un per�odo prolongado objetivo de desarrollo econ�mico y social vaya seguido de un breve per�odo de aguda regresi�n�
El cambio social que precede al estallido de la revoluci�n entra�a el desarrollo de nuevos estratos de gentes dotadas de movilidad ascendente que no pueden hallar un lugar en la sociedad adecuado, seg�n ellos, para su cualificaci�n. La rigidez del mundo social en que viven los ahoga, de modo que en un momento determinado comienzan a retar al sistema mismo.
En todo per�odo revolucionario entran en juego discontinuidades y des�rdenes de status y poder.
Los estratos que notan con mayor intensidad la frustraci�n creada por el sistema social son aquellos que m�s cerca est�n de la clase a batir. El descontento proletario puede ser un factor importante en la pauta general de la revoluci�n, pero en algunas fases decisivas sectores de la peque�a burgues�a y los intelectuales se convierten en la punta de lanza revolucionaria. Los revolucionarios m�s exigentes son aquellos para quienes las recompensas de status y poder est�n m�s cerca, y no obstante no son alcanzables
Las clases dominantes deben ser capaces en tres sentidos distintos tanto para sobrevivir a la amenaza revolucionaria como para neutralizarla. En primer lugar, deben abrir sus filas al reclutamiento de personas de otro origen. Segundo, deben saber adaptarse a las innovaciones t�cnicas y econ�micas. En tercer lugar, es tambi�n esencial que las clases dominantes muestren una vigorosa capacidad de creaci�n pol�tica frente a las condiciones cuasi revolucionarias. La revoluci�n es poco probable si hay un gobierno eficiente con una pol�tica bien definida. Como Lenin a�adi�, es requisito de toda revoluci�n que el ej�rcito deje de ser leal a las clases dominantes.
Una gran secci�n de los grupos que se pasan al enemigo est� formado por los intelectuales o sus adl�teres. Los intelectuales tienden a percibir m�s penosamente su privaci�n de status, y se sienten doblemente aislados e in�tiles bajo el r�gimen tir�nico cuya destrucci�n desean. Mu�vense en un mundo de doctrinas, ideas y planes a veces ut�picos que est�n en gran demanda en �pocas de efervescencia revolucionaria. Al mismo tiempo, los intelectuales son muy �tiles en la tarea de llenar los huecos t�cnicos dejados por los grupos salientes y en ayudar a otros revolucionarios mucho menos competentes en ciertos terrenos.
Cuando el cambio social es intento, los conflictos entre adultos y j�venes se acent�an. En virtud del proceso de socializaci�n, cada ni�o es integrado socialmente seg�n las normas, valores y actitudes de sus mayores y, por ende, de su clase, �mbito social y subcultura. Mas si durante su juventud el hombre se va encontrando con un mundo que no responde a las l�neas de conducta que le han sido inculcadas, puede caer en un estado de confusi�n mental an�mica, pudiendo llegar desde la rebeli�n puramente irracional y antiautoritaria contra los adultos hasta la aceptaci�n de todas las contradicciones que la crisis le presenta, mediante su sumisi�n y adaptaci�n t�ctica y casu�stica a cada coyuntura; podr� tambi�n alcanzar una cr�tica racional y coherente con la situaci�n.
Cuando la desviaci�n colectiva de los j�venes no es comprendida ni aceptada por los adultos y cuando sus agravios y motivaciones son ignorados por las diversas �lites sociales, aparece el conflicto social intergeneracional.
Hay cuatro grandes tipos de rebeli�n de los j�venes contra sus mayores:
I. La rebeli�n pol�tica identificada con las fuerzas de izquierda o liberales (a menudo clandestinas) predominantes en un pa�s. En este caso los j�venes suelen identificar la reparaci�n de sus agravios o reivindicaciones con un sistema de legitimidad pol�tica deseada tambi�n por otros grupos pol�ticos de su pa�s.
II. La rebeli�n pol�tica ut�pica. Acompa�a �sta a menudo a la anterior, aunque preconiza una transformaci�n inmediata del mundo mediante la destrucci�n antiautoritaria de los �instrumentos de opresi�n�
III. La rebeli�n fascista. La desviaci�n social de los j�venes impuesta por las crisis puede canalizarse en ciertos casos en organizaciones de juventud paramilitares. En ciertas sociedades pluralistas de clase hay j�venes que resuelven sus conflictos psicosociales seg�n ideales de obediencia ciega e identificaciones con la extrema derecha.
IV. La pseudorrebeli�n de la marginalizaci�n. Tr�tase de una retirada de un mundo que es considerado no s�lo hostil, sino incapaz de garantizar la salvaci�n moral mediante la acci�n colectiva contra sus instituciones injustas. El elemento ut�pico y comunitario es muy importante en los grupos de esta tendencia, aunque lo m�s se�alado es su creaci�n de una subcultura y estilo distintos.
Sin embargo, no todas las rebeliones generacionales se reducen a estos cuatro tipos. Las rebeliones generacionales contra el �mundo de los adultos� est�n ancladas en la estratificaci�n ocupacional y su din�mica y oportunidades, as� como en las estructuras de dominaci�n de clase, amen de su conexi�n con los problemas educativos y profesionales del mundo moderno. Tienen adem�s relaci�n con los conflictos internacionales y con la formalizaci�n de una cultura sin fronteras.
La destrucci�n y las p�rdidas para el vencido y las recompensas y ganancias para el vencedor no son m�s que los efectos superficialmente obvios de la contienda.
Fue Simmel quien abri� el camino a un entendimiento m�s apropiado de los efectos del conflicto sobre las partes contendientes. En vez de concentrar su atenci�n sobre los efectos disfuncionales del conflicto, observ� que �ste tambi�n produc�a efectos de otro g�nero. El conflicto es una de las fuerzas integrativas m�s potentes con que un grupo pueda contar: aumenta la solidaridad interna; ayuda al mantenimiento de la disciplina; bajo su presi�n se toman decisiones dr�sticas que no hubieran sido aceptables en condiciones normales.
Lewis Coser ha intentado elaborar toda una teor�a general de las funciones integrativas del conflicto social. Su enfoque ha consistido en querer interpretar el conflicto desde un punto de vista neutral, como fen�meno cuyos efectos pueden ser considerados como positivos para la estructura de ciertos grupos, clases o instituciones, aparte de los juicios morales que podamos emitir sobre tal proceso.
Gluckman ha alcanzado conclusiones similares a las de Coses en su estudio sobre el conflicto social y la costumbre en el seno de colectividades tribales en Africa: �stas han mostrado que �los hombres se querellan de acuerdo con sus lealtades consuetudinarias, pero se restri�en y cohiben ante la violencia a causa de otras lealtades opuestas, tambi�n consuetudinarias. El resultado es que los conflictos producidos por un conjunto de relaciones... conducen al establecimiento de la cohesi�n social�
Salvo casos ef�meros de caos pasajero, la sociedad posee una estructura sist�mica o cerrada. Decimos que la sociedad es un sistema porque sus miembros se ci�en suficientemente a las pautas de conducta de sus instituciones. Una de las bases del acatamiento expl�cito o t�cito de las normas sociales es la conformidad social. La conformidad es simplemente conducta que obedece o encaja en la norma social.
Estrechamente ligado con la conformidad est� el consenso. El consenso existe cuando los miembros de los grupos se encuentran en un estado de acuerdo afirmativo en materia normativa o cognitiva, relevante para su interacci�n mutua, respecto a las personas y roles centrales al sistema y respecto a personas, roles y colectividades externas al sistema. El consenso entra�a tambi�n un estado de solidaridad formado por un sentido de identidad com�n surgido por lig�menes afectivos de caracter�sticas primordiales, o por una participaci�n en lo sagrado y en la comunidad civil, o en una cultura com�n. El consenso es algo m�s profundo que la conformidad, pues cuando existe pone a personas e instituciones en contacto armonioso con los centros del sistema social general.
Pero el consenso completo es imposible, pues la sociedad est� siempre en tensi�n entre esta fuerza cohesiva y las fuerzas centr�fugas que resultan de sus propios procesos internos de diferenciaci�n y de su adaptaci�n deficiente al medio ambiente. Los individuos y los grupos que pierden sus lig�menes consensuales con el sistema prevalente pasan a la acci�n disconforme, se desv�an de las normas abiertamente reconocidas como v�lidas por la comunidad. Estamos entonces ante la desviaci�n o conducta desviada. La desviaci�n es cualquier tipo de conducta que no encaja en las normas de un sistema social determinado. La desviaci�n es una conducta que se aparta de lo que un grupo normalmente espera de la conducta de un subgrupo o individuo.
La desviaci�n social se comprende y mide mejor dentro del marco de la anomia. El sentido literal de la palabra griega anomia es el de �ausencia de ley� o norma. En sociolog�a anomia denota, en primer lugar, una situaci�n en la que existe un conflicto de normas, de manera que los individuos no pueden orientar con precisi�n su conducta. Es decir, que se encuentran en una situaci�n en la que hipot�ticamente no hay normas porque no las hay precisas. Conflicto de normas significa, pues, vac�o normativopara quienes se encuentran en medio de �l.
Tanto Durkheim como Merton han subrayado el hecho de que la anomia surge de la discrepancia que existe entre las necesidades del hombre y los medios que le ofrece una sociedad concreta para satisfacerlas. Seg�n Merton, la crisis an�mica surge en el conflicto entre �fines culturales y normas institucionales�. Un ejemplo claro de esto lo ofrece la sociedad norteamericana. Seg�n los valores del sistema cultural americano los individuos son socializados en su juventud para que se esfuercen por conseguir el �xito. Pero la estructura social no permite a la mayor�a que lo consiga. La mayor�a, irremisiblemente, fracasa, y por lo tanto se considera a s� misma como fracasada. Adem�s, parcialmente a causa de la ideolog�a individualista, el inconformismo con la propia situaci�n social no se traduce en acci�n de clase, sino en una lucha individualista por el �xito.
Las consecuencias de todo esto pueden quedar reducidas a neurosis y psicosis individuales. Pero tambi�n pueden llegar al llamado por Durkheim suicidio an�mico; y puede crear un tipo especial de delincuencia, una conducta desviada que quiere alcanzar los mismos objetivos por otros caminos.
La discrepancia entre fines culturales y medios normales o socialmente aceptados de ascender no es por s� sola causa de anomia. Lo importante, dice Merton, es que la falta de oportunidad ocurra en una sociedad en la que constantemente se predique la igualdad de oportunidades al tiempo que existan fuertes barreras contra la igualdad.
Cambio social es cualquier alteraci�n o transformaci�n total o parcial de la estructura de la sociedad, que, aunque de por s� se la considera estable, puede modificar su historia. Cambio social es toda observaci�n constatable en el tiempo, que afecta de forma no ef�mera ni circunstancial ni provisional a la estructura o al funcionamiento de una sociedad dada, hasta el punto de modificar el curso de su historia. Se entiende que el cambio ocurre dentro de un periodo breve de tiempo, puesto que, si el periodo es largo, se habla m�s bien de evoluci�n social.
El cambio social puede definirse principalmente por tres caracter�sticas:
Todo cambio es temporal: el paso del tiempo es una condici�n importante para que sucedan cambios, pero el tiempo solo no los produce.
El cambio es tambi�n ambientas (sujeto a un lugar): se da siempre en entornos concretos, tanto f�sicos como culturales. El entorno geogr�fico est� constantemente sujeto a cambios, algunos de ellos producidos por el control del hombre sobre la naturaleza, y otros por los poderes incontrolados de esta misma. El entorno cultural ejerce un gran influjo en el comportamiento de las personas; al mismo tiempo, el comportamiento de las personas transforma el entorno cultural.
Todo cambio posee un aspecto humano. El hecho de que las gentes efect�en cambios y a su vez sean afectados por ellos, confiere al cambio la mayor importancia. Adem�s, todo el personal de una sociedad entra en los grupos y sale de ellos, de forma que var�an el n�mero y el tipo de miembros que la forman. Al cambo de un periodo de tiempo, todo el personal de una sociedad queda completamente reemplazado por otro.
Los factores que determinan el cambio social son:
En toda sociedad los modos tradicionales institucionalizados de comportamiento suelen atender a las necesidades reconocidas de la gente. Pero cuando aparecen nuevas necesidades �creadas, imaginarias, o reales�, originan una situaci�n en la que frecuentemente se intenta el cambio, y a veces se realiza.
La necesidad est� �ntimamente ligada con la disposici�n para el cambio, las actitudes de expectaci�n y de previsi�n que tienen las personas en la sociedad. Los que est�n m�s o menos satisfechos con el status quo y desconf�an de las innovaciones, no crean condiciones favorables al cambio. Donde la gente ans�a nuevas y mejores maneras de educar a sus hijos, de distribuir las rentas, de agilizar el gobierno o de fomentar los valores religiosos, procuran condiciones favorables para el cambio.
El caudal acumulado de conocimientos es una condici�n importante para el cambio, porque las nuevas maneras de hacer las cosas se basan generalmente en formas previamente existentes. La condici�n depende tanto de la cantidad como de la especie de los conocimientos de que se dispone. Seg�n la abundancia de conocimientos, organizados, variados y transmisibles, contribuir�n a determinar el punto de partida para adquirir nuevos conocimientos. Una sociedad en donde el caudal de conocimientos es r�gido, conservador y dogm�tico no ofrece f�ciles condiciones para el cambio. Y al contrario, los cambios ser�n m�s r�pidos cuanto m�s flexibles y manejables sean los conocimientos.
El tipo de los valores dominantes que existen en una cultura y la actitud u orientaci�n general de la gente frente a ellos son una importante circunstancia para el cambio. Si el esp�ritu cient�fico de b�squeda est� acoplado con una fe pragm�tica en la perfectibilidad social, son casi inevitables los cambios introducidos deliberadamente. La insistencia en los valores tradicionales e inmovilistas crea una situaci�n en la que los cambios s�lo suceden con lentitud.
El grado de complejidad de la estructura social y cultural es tambi�n una condici�n de cambio. Una sociedad en que haya gran diferenciaci�n y multiplicaci�n de status y clases, especializaci�n y divisi�n de funciones y un sistema f�cil de comunicaciones y transportes es sumamente propicia a la mutaci�n.