TEMA 49
�LA JUSTICIA EN LA
POLIS COMO OBJETIVO DE LA FILOSOF�A DE PLAT�N�
1. BIOGRAF�A DE
PLAT�N
Plat�n naci� alrededor del a�o 427 a.d.C. en Atenas, en
el seno de una distinguida familia ateniense.
La juventud de Plat�n estuvo marcada por la guerra del �Peloponeso de las cuales Atenas sali�
derrotada, y el poder y la econom�a que ostentaba sobre el mundo griego cay� en
las manos de Esparta.
Plat�n intent� embarcarse en el mundo de la pol�tica,
como era natural trat�ndose de un joven de su alcurnia. Los parientes que ten�a
entre los oligarcas que formaban el �gobierno de los treinta�, quer�an que se
introdujera en la vida pol�tica bajo su protecci�n; pero, cuando la oligarqu�a
empez� a practicar una pol�tica de violencias y trat� de complicar a S�crates en
sus cr�menes, Plat�n se disgust� con sus parientes. Este suceso le hizo confiar
en los dem�cratas, a los que apoy� hasta que ocurri� la suprema cat�strofe, que
habr�a hacerle odiar la democracia para siempre: su maestro, S�crates, fue
acusado de impiedad y de corromper a la juventud. Fue condenado a muerte en el
a�o 399 a.C.
Despu�s de la muerte de S�crates, Plat�n viajo extensamente por Italia,
Sicilia, Egipto y Cirene en busca de conocimientos.
Viaj� a Sicilia y en Siracusa conoci� a Dionisio I en el que
hall� el esp�ritu adecuado para ser educado bajo su ideal pol�tico. Sus
manifestaciones pol�ticas, que en algunos casos eran irreverentes con la clase
dominante, lo llevaron a prisi�n. Tras recobrar su libertad volvi� a Atenas,
donde fund� un centro especializado en la actividad filos�fica y cultural, al
cual llam� La Academia, se llam� as� por estar ubicada cerca del santuario
dedicado al h�roe Academo. Muchos fil�sofos e intelectuales estudiaron en esta
academia, incluyendo a Arist�teles.
Cuando ten�a 60 a�os recibi� la invitaci�n de su amigo Di�n para que
interviniera directamente en la educaci�n del joven rey Dionisio II. Plat�n
viaj� a Siracusa y a los pocos meses, tras diversas intrigas palaciegas,
Dionisio II se vio obligado a deshacerse de Plat�n. �ste regres� a Atenas.
Nuevamente Dionisio II invit� al fil�sofo a ir a Siracusa para recibir sus
ense�anzas. Plat�n intent� persuadir al rey de que no estableciera en la isla
un r�gimen esclavizador, encontr�ndose esta vez con la directa oposici�n del
propio rey, pudiendo escapar de la persecuci�n a la que fue sometido.
Desde ese momento decidi� no intervenir nunca m�s, de modo directo, en los
asuntos pol�ticos. Los �ltimos a�os de su vida los pas� ense�ando en la
Academia.
Plat�n muri� en el 347 a.d.C en Atenas a la
edad de 80 a�os.
2. CONTEXTUALIZACI�N DEL AUTOR Y SU OBRA
La problem�tica filos�fica de Plat�n se centra en el intento de que los
hombres vivan en una sociedad perfecta(utop�a). En torno a esa idea se va a
desarrollar el conjunto de la obra plat�nica.
Por lo que respecta a la tradici�n filos�fica que precedi� a Plat�n, se
pueden distinguir dos grandes momentos:
a) el origen de la filosof�a, en el
S. VI a.C., Tales, Anaximandro, Anax�menes, pitagorismo, Heraclito... andaba
preocupada por el problema del arj�: primer principio material causa de lo que
existe y del cambio. Es decir una tradici�n interesada en el conocimiento de
las causas del mundo material.
b) La crisis social y pol�tica(S.V
a.C), representada en el plano de la filosof�a por los sofistas, interesados
b�sicamente en los problemas humanos y en la educaci�n. De las ense�anzas de
los sofistas se desprend�a el relativismo en el conocimiento y, por� tanto, la imposibilidad de establecer una
verdad �nica e igual para todos.
Dentro de esta problem�tica, pero totalmente opuesto a
los sofistas, hay que incluir a S�crates, en esencia, se opon�a� a los sofistas por no aceptar dos cosas de
ellos:
a) El relativismo: Se impon�a la
aceptaci�n de que no hab�a nada definitivo en la naturaleza humana; en
consecuencia, el bien, la justicia y el resto de virtudes morales, eran
consideradas como resultado del pacto entre los hombres y de las tradiciones
culturales de cada comunidad. No hay una idea definitiva y universal del bien,
como no hay ninguna religi�n universal, para todos los hombres.
S�crates se separa de los sofistas al estar convencido de
la universalidad de las virtudes morales.
b) El m�todo educativo empleado. Lo
sofistas ense�aban para triunfar y convertir a sus alumnos en pol�ticos
versados y en triunfadores sociales, aunque lo que defendieran fuera injusto y
s�lo persiguieran el enriquecimiento personal.
S�crates cree que hay que educar para la verdad. Frente
al sentido pr�ctico de los sofistas, S�crates est� convencido que el bien y la
verdad son �nicos y descubiertos por la raz�n mediante la introspecci�n.
Este planteamiento va a influir profundamente en Plat�n
que dedicar� todos sus esfuerzos a interpretar la filosof�a como la b�squeda de
la verdad y la educaci�n como el m�todo(camino) que tiene que llevar a ese fin.
Adem�s, esa educaci�n y verdad, tienen que estar al servicio de la
polis(ciudad) para hacer que la justicia resplandezca.�
2. LA OBRA DE PLAT�N
Plat�n escribi� sus obras en forma de di�logos en donde, con ocasi�n de
estar varios amigos reunidos, entablan una conversaci�n con respecto a alg�n
tema que ha sido intencionalmente suscitado.
La estructura del di�logo filos�fico es abierta, pues m�s que dar
soluciones finales lo que hace es plantear problemas a una a una cierta tesis
propuesta; se presentan pegas y objeciones y todos participan de la discusi�n
aportando distintos puntos de vista.
Para concluir, se puede observar que los di�logos plat�nicos poseen una
expresi�n teatral notable y que en ellos es S�crates el protagonista m�s
habitual.
Aunque existen muchas dudas acerca de las fechas y las prioridades de las
obras, los di�logos principales son los siguientes (bajo una supuesta
ordenaci�n cronol�gica): Men�n, Cratilo, Simposio(o el Banquete), Fed�n,
Apolog�a de S�crates, la Rep�blica, Fedro, Parm�nides, Teeteto, Sofista, El
Pol�tico, Timeo, Critias, Filebo y las Leyes.
En este tema nos ocuparemos de desarrollar las l�neas del pensamiento
plat�nico expuesto en su obra La Rep�blica, ya que el tema que nos ocupa es el
concepto de justicia en el pensamiento plat�nico.
3. LA REP�BLICA
3.1 El contenido de la Rep�blica
La Rep�blica es el m�s largo de los di�logos de Plat�n. Es, a todas luces, la propuesta de construir
una sociedad perfecta basada en la racionalidad y no en los hechos. Su objetivo
ser�, como el subt�tulo de este di�logo �O de la Justicia� lo indica,
definir la justicia ideal; fundamentar sobre ella y constituir el estado
perfecto.
Pero para hablar sobre la teor�a pol�tica de Plat�n, hay que hablar de su
�ntima conexi�n con la �tica. Ya que para plat�n se desarrollan conjuntamente.
En la �poca de Plat�n era esencial una vida comunal, vivida en el seno de
la ciudad estado e inconcebible aparte de la ciudad, hasta tal punto que a
ning�n griego genuino se le habr�a ocurrido nunca que alguien pudiese ser un
hombre perfectamente bueno y cabal manteni�ndose ajeno por completo al estado,
puesto que s�lo en la sociedad y gracias a ella es posible que el hombre viva
como es debido, y la sociedad significaba para el griego la ciudad-estado. Por
consiguiente, para un fil�sofo como Plat�n, interesado en todo lo relativo a la
felicidad del hombre y a la vida verdaderamente buena para el hombre, era una
necesidad imperiosa determinar la genuina naturaleza y la funci�n del estado.
Ahora bien, es totalmente evidente que ninguna Constituci�n ni gobierno
alguno de los de la realidad encarnan el principio ideal de justicia; pero lo
que le interesaba a Plat�n no era ver lo que son los estados emp�ricos, sino lo
que el estado deber�a ser, y as�, en el di�logo la Rep�blica, Plat�n aspira a
la constituci�n de un estado ideal basado en la justicia, por lo que examina
este concepto bajo todos los aspectos al comienzo mismo de la obra.
Hagamos un examen m�s detallado, libro por libro, de esta utop�a sublime.
Libro I En este, S�crates busca la verdadera naturaleza de la justicia y establece
que es sabidur�a y virtud, as� como la injusticia es vicio e ignorancia. Y as�
como lo propio de la sabidur�a y virtud es gobernar bien, lo propio de la
injusticia y de la ignorancia es hacerlo mal. Por lo tanto, la condici�n del
hombre justo ser� mejor que la del injusto, ya que el justo es feliz
precisamente por ser justo, y el malo desdichado precisamente por ser malo; de
donde puede inferirse con toda raz�n que siempre y de todas maneras la justicia
es preferible a la injusticia. Tal es el principio ideal de la Rep�blica.
Libro II Su objeto es, en esencia, mostrar la diferencia total que existe entre el
bien y el mal, de cuya distinci�n bien establecida saldr� la definici�n de lo
justo y lo injusto.
Libro III En este libro Plat�n aborda una cuesti�n dif�cil: la de poner el mando en
manos de los verdaderamente dignos de mandar. As�, divide la naci�n en tres
clases: los trabajadores, los guerreros o guardianes, y los gobernantes.
Los trabajadores: el objetivo de esta clase es contribuir al mantenimiento
econ�mico de todo el estado. Dentro de esta clase cada uno se dedicar� a
aquello para lo que est� mejor dotado.
Los guerreros: est�n dedicados a la guarda del Estado, y son necesarios porque en una
comunidad de hombres siempre existe el peligro de que surjan enemistades
internas, o bien de que surjan conflictos con los de fuera. Los guerreros, sin
embargo, suponen un peligro puesto que son los �nicos miembros armados de la
sociedad y bien podr�an, en un determinado momento, intentar convertirse en los
amos de la sociedad. �C�mo evitar esto?. La mejor forma de evitar esto es
evitar que los guerreros tengan ning�n tipo de inter�s, ya sea este econ�mico,
familiar o de otro tipo.
De todos los ciudadanos son
ellos [los guardianes], los �nicos a quienes est� prohibido manejar ni aun
tocar oro o plata, o guardarlo bajo su techo, o usarlo en sus vestiduras, o
beber en copas de oro o plata; y que esa es la �nica manera de que ellos y el
Estado se conserven (libro III)
Quiero, en primer lugar, que
ninguno de ellos [los guardianes] tenga cosa alguna que a �l s�lo pertenezca,
salvo en el caso en que sea absolutamente necesario; que no haya, adem�s, casa
ni almac�n en que no pueda entrar todo el mundo (ibid).
Los gobernantes: deber�n promulgar las leyes y
establecerlas. De entre los guerreros se escogen los mejor dotados, y entre los
20 y 30 a�os se les somete a un especial sistema de formaci�n cient�fica,
alternada con los correspondientes ejercicios de formaci�n f�sica. Los que
sobresalen son introducidos en el grado de los �guardianes perfectos�. Estos
guardianes perfectos deben ser fil�sofos perfectos, para que puedan poner como
fundamento de todo el edificio estatal a la verdad y al ideal. Estudian cinco
a�os filosof�a, matem�ticas, astronom�a, bellas artes y dial�ctica, para tomar
conocimiento de todas las leyes, verdades y valores del mundo. Despu�s se
emplean durante 15 a�os en servir al Estado en altos cargos p�blicos. A los 50
a�os este grupo selecto se retira, pero vive entregado a la contemplaci�n del
bien en s� y presta el servicio superior de dar al estado las grandes ideas
seg�n las cuales ha de regirse. �Pues no tendr�n fin las calamidades de los
pueblos mientras los fil�sofos no sean reyes o los reyes no se hagan
fil�sofos�.
Libro IV De las cuatro virtudes que habr� de tener el
estado, la sabidur�a encarnar� en los gobernantes, el valor en los guerreros,
la templanza en el pueblo y en los gobernantes a un tiempo; la �ltima la
justicia consistir� en que cada uno cumpla con constancia la funci�n que le sea
propia y, por consiguiente, la injusticia, en invadir las funciones de los
dem�s. Ahora bien: �es la justicia en el individuo lo mismo que en el estado?
Desde luego, porque las costumbres del estado provienen de las de los
individuos que lo integran, y como en el alma del individuo hay tres
principios: Alma racional: parte superior del alma humana, inmortal y divina.
Gracias a ella alcanzamos el conocimiento y la vida buena, su virtud es la
prudencia. Alma irascible: parte del alma humana en donde se sit�an la voluntad y
el valor, su virtud es la fortaleza. Alma concupiscible: parte mortal del alma
humana responsable de las pasiones, placeres y deseos sensibles, su virtud es
la templaza, que
corresponden a las cuatro virtudes del estado, ya que en el individuo se dar�
tambi�n la justicia cuando cada una de estas partes cumpla debidamente su
funci�n, pues la injusticia no es sino el desacuerdo de las tres partes del
alma. Y como la justicia es para el alma lo que la salud para el cuerpo, es ventajoso
ser justo y perjudicial ser injusto.
Para Plat�n existe un paralelismo entre individuo y Estado, pues este no es
m�s que la imagen ampliada del alma humana.
�������� En una palabra: la ciudad-estado
ser� prudente al ser gobernada por un reducido n�mero de hombres escogidos;
fuerte, pues la educaci�n de los guerreros habr� inculcado la justicia en su
coraz�n, haci�ndoles conocer aquello de que han de preservarse y, por el
contrario, lo que han de amar; temperante, pues se gobierna as� misma, regula
sus pasiones y placeres y siempre la parte del hombre m�s estimable gobierna a
la que lo es menos; en fin, ser� justa, pues se es justo obrando en virtud de
la prudencia, de la fuerza y de la templanza. Con todo ello, Plat�n puede
sentar la profunda afirmaci�n de que la justicia no es otra cosa que el orden
establecido en las acciones del hombre que es due�o de s� mismo, o sea, en el
bien obrar.
*En el di�logo Fedro, Plat�n trata la cuesti�n de la
esencia y partes del alma, a trav�s del mito del carro alado.
��� �El "mito del carro alado" representa el alma racional con la met�fora del auriga. Es la parte m�s excelente del alma, se identifica con la raz�n y nos faculta para el� conocimiento y la realizaci�n del bien y la justicia. Es un principio divino y dotado de inmortalidad. La sit�a en la cabeza (el cerebro).
Representa el alma irascible con la met�fora del caballo bueno y d�cil a las instrucciones del auriga. Gracias a esta parte el auriga puede seguir a los dioses hacia el mundo de las Ideas y la contemplaci�n de la Idea de Bien. En el alma irascible se encuentra la voluntad, el valor y la fortaleza. Plat�n no defiende con claridad ni su mortalidad ni su inmortalidad. La sit�a en el pecho (el coraz�n).
Representa el alma concupiscible con la
met�fora del caballo malo, poco d�cil y que dirige al carro hacia el mundo
sensible. Es la parte del alma humana m�s relacionada con el cuerpo y en ella
se encuentran los placeres sensibles y los apetitos o deseos sensibles(deseos
sexuales, apetitos por la comida, la fama, la riqueza...). Por estar tan
�ntimamente ligada al cuerpo se destruye cuando �ste muere. La sit�a en el
abdomen (h�gado).
Esquema de las partes del alma y sus
relaciones con la �tica y la pol�tica.
|
����������� TIPOS |
����������� RELACI�N CON |
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PARTES DEL CUERPO |
MITO DEL CARRO� ALADO |
LA VIRTUD |
EL TEMA DE LAS CLASES SOCIALES |
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|
�
Alma racional |
cerebro |
Auriga |
prudencia (fronesis) |
Gobernantes |
|
�Alma irascible |
pecho |
caballo bueno, hermoso y d�cil |
fortaleza (andreia) |
Guerreros |
|
Alma concupiscible |
abdomen |
caballo malo, feo y desbocado |
templanza (sophrosine) |
Artesanos o trabajadores |
Libro V� Tras haberse ocupado de la
educaci�n de los hombres, S�crates se ocupa de la de las mujeres, las cuales,
en el Estado perfecto tendr�n las mismas funciones y recibir�n la misma
educaci�n que los varones; es m�s ser�n comunes a todos los guerreros y, por
consiguiente, los hijos que nazcan de sus uniones ser�n comunes tambi�n. Plat�n
demuestra que este r�gimen, que destruye la familia, es el m�s conveniente para
el Estado.
Ante modificaciones tan encontradas con la �tica y costumbres de la �poca
surge la duda de si semejante Estado, pese a sus excelencias, podr� realizarse.
Si, responde Plat�n; claro que �nicamente cuando los reyes(los gobernantes)
sean fil�sofos o los fil�sofos reyes. Esto le lleva a definir la filosof�a, a
distinguir el verdadero fil�sofo del simple curioso y a deslindar los campos
entre la ciencia o episteme(conocimiento universal y necesario de lo absoluto,
de lo eterno y una tarea eminentemente racional.) y la simple opini�n o doxa
(conocimiento que se fundamenta en la percepci�n de las cosas
espacio-temporales), acabando con la afirmaci�n de que los fil�sofos son
�nicamente los que llegan a la esencia de las cosas.
�Libro VI� De lo anterior parece deducirse que
tan s�lo el fil�sofo es digno y capaz de gobernar, desde el momento que es el
�nico que conoce la verdad ideal. Ahora bien: para cumplir esta misi�n
debidamente �Cu�les deben ser las excelencias de los fil�sofos y cual su
ciencia? El fil�sofo debe conocer aquello que verdaderamente es (existe), para
poder modelar el Estado sobre un ideal divino. Pero conocer lo que �es� no es
conocer el aspecto exterior de las cosas, tan incierto y cambiante de por s�,
sino elevarse hasta su esencia, es decir, colocarse frente a lo bueno y lo
bello, que es colocarse frente al �ser �nico�, �pero c�mo se alcanza este
conocimiento de las esencias inmutables si los hombres viven en contacto
continuo con las cosas materiales y totalmente alejados de las esencias? En
Men�n 81-84 se nos dice que la causa del conocimiento es el recuerdo
(anmnesis): al existir un sucesivo renacer de las almas, resulta que �stas han
visto en existencias anteriores las esencias de las cosas, lo que hace evidente
que todo lo que se llama aprender no es otra cosa que recordar. El
conocimiento, en grados sucesivos, lo recupera el alma al recordar hasta
alcanzar nuevamente el mundo de las esencias.
Para conducir al fil�sofo al conocimiento de Ser o las esencias, Plat�n nos
habla, al final de este libro, de las cuatro maneras de conocer y los cuatro
objetos de conocimiento, a trav�s de la �analog�a de la l�nea�*, met�fora
utilizada por Plat�n para representar los g�neros de realidad:
a) mundo inteligible o mundo de ideas, independiente
del que vivimos, que tiene autonom�a y existencia propia y que es causa del
nuestro. Es un mundo de esencias inmutables(silla, mesa, justicia, bien,
belleza, azul, etc.) puros conceptos que siempre son ellos mismos, mientras que
el mundo en el que vivimos es un mundo de cosas materiales, sometido al cambio
continuo, al nacimiento, a la extinci�n, pero construido a imitaci�n del mundo
ideal. Este mundo de ideas es racional y conceptual y es, adem�s, la causa de
las cosas sensibles. Ese mundo de esencias es para Plat�n la �nica realidad
existente y a la que se debe dirigir el conocimiento que aspire a la verdad. La
misi�n del fil�sofo es descubrir las esencias porque s�lo ah� es donde radica
el conocimiento verdadero y la realidad de todo lo que existe.
b) Mundo sensible o mundo de los sentidos que se
ocupa de las cosas materiales, sensibles y�
cambiantes. Este mundo material y sensible es una copia y duplicaci�n,
una imitaci�n, del mundo ideal, que es inmutable y eterno. Por este motivo el
conocimiento asociado al mundo sensible no resulta fiable.
El ascenso gradual hacia las esencias, que arranca con el
conocimiento sensible, Plat�n lo jerarquiza en cuatro estudios sucesivos de
conocimiento que el alma recorre hasta alcanzar el mundo de las� ideas son:
a) sensible u opini�n (doxa), se da
en el mundo sensible, conocimiento no fiable ni seguro, primero recorre la
eikas�a, que se corresponde con los reflejos o sombras de las cosas, y
posteriormente accede a la pistis, que es el conocimiento directo de las cosas.
Ambos niveles est�n dominados por los sentidos, por lo que no pueden ofrecer
conocimiento verdadero al estar sujetos al cambio. Posteriormente se accede al
conocimiento
b) �inteligible u cognoscible (episteme), se da en
el mundo inteligible,� el de los objetos
matem�ticos, al que corresponde la di�noia y, finalmente se accede a la
contemplaci�n directa de las esencias o ideas que es la culminaci�n del
conocer, al que le corresponde la n�esis.
|
Grados de
Conocimiento���� |
|
�������� GRADOS DECONOCIMIENTO |
||||||
|
����������� nombre |
OPINI�N (en griego doxa) |
CIENCIA
(en
griego epist�me) (*) |
||||
|
����������� tipos |
conjetura |
creencia |
pensamiento
discursivo (di�noia) matem�ticas fundamentalmente |
dial�ctica o ciencia en sentido estricto o inteligencia o filosof�a (no�s) |
||
|
����������� definici�n |
conocimiento sensible basado en
la percepci�n de las sombras y los reflejos |
conocimiento basado en la
percepci�n directa de las cosas sensibles |
conocimiento racional pero basado en los signos sensibles |
conocimiento puramente racional de las Ideas y sus relaciones esenciales, en particular de la Idea de Bien |
||
|
instrumento
del�� conocimiento |
la percepci�n |
la percepci�n |
la raz�n, pero apoyada en signos sensibles e hip�tesis |
la pura raz�n |
||
|
objeto de
conocimiento |
�������� |
MUNDO INTELIGIBLE |
||||
|
sombras y apariencias de los objetos sensibles |
los objetos sensibles y las cosas fabricadas |
los objetos matem�ticos |
las Ideas, principalmente la Idea de Bien |
|||
|
calidad del saber |
|
|||||
*analog�a de la linea: met�fora utilizada por plat�n para representar los g�neros de realidad (mundo sensible y mundo inteligible), los tipos de conocimiento (conocimiento sensible u opini�n y conocimiento inteligible o cognoscible) y sus especies.
|
CONOCIMIE |
NTO SENSIBLE |
CONOCI |
MIENTO INTELECTUAL |
|
A |
D |
C E |
B |
|
conjetura |
creencia |
pensamiento discursivo |
inteligencia o dial�ctica |
|
im�genes |
cosas f�sicas |
entes matem�ticos |
Ideas (Idea del Bien) |
|
|
|
|
|
|
MUNDO� SEN |
��� SIBLE� o visible |
����������� MUN |
DO INTELIGIBLE |
Libro VII se abre con la c�lebre alegor�a de la caverna. Supone Plat�n la existencia
de una caverna en cuyo interior hay una multitud de hombres prisioneros desde
su infancia y tan bien encadenados que no pueden hacer el menor movimiento, ni
siquiera volver la cabeza. Tras ellos hay una luz, y entre �sta y sus cuerpos
prisioneros pasan objetos cuya sombra, proyectada delante de ellos sobre la
pared de la caverna, es lo �nico que ven sus ojos. Esta caverna es
representaci�n del mundo en que vivimos; las cadenas, las pasiones y prejuicios
que nos atan; las sombras, las falsas realidades entre las que vivimos. Es
decir, que el hombre esclavo de sus sentidos no tiene una existencia verdadera.
�nicamente existe la persona que consigue romper las f�rreas ataduras de los
sentidos, de las pasiones y de los prejuicios y salir al estado en que su alma
libre de vicios y esclavitudes materiales, puede manifestarse tal cual es. Tan
s�lo entonces deja de ser una sombra, se hace inmortal y se eleva hasta la
esencia de su ser.
La significaci�n de esta alegor�a es la siguiente: el mundo sensible no
tiene raz�n de ser ni puede explicarse sin la posibilidad y examen del
invisible, es decir, sin referirse a una causa superior, fuera de la cual nada
es verdad. Este pensamiento anima toda la obra de Plat�n. Nadie que no se haya
liberado de los apetitos carnales y no haya penetrado en el mundo de las
esencias y de la verdad, es digno de ponerse a la cabeza de los dem�s y de
gobernarlos.
Ahora bien �Qu� educaci�n debe recibir este hombre para ser real y
verdaderamente fil�sofo? Pues la que permita a su alma elevarse hasta la
verdadera realidad. Plat�n describe los contenidos de la educaci�n de los que
habr�n de dedicarse a ser gobernantes en este libro, �sta consta de una serie
de asignaturas o materias y de unos tiempos y edades en las que los diferentes
conocimientos deber�n ser adquiridos. Se inicia a los 20 a�os. Los
conocimientos para los aspirantes a futuros gobernantes se inician con una
sinopsis de todo lo estudiado anteriormente (ciencias y conocimientos
particulares que en la l�nea del conocimiento es la pistis) para pasar luego al
estudio de la aritm�tica, la geometr�a, la astronom�a (diano�a) hasta los 30
a�os; todo este proceso lo que busca es el entrenamiento en la generalizaci�n y
la ampliaci�n del pensamiento abstracto y globalizador que permita acceder al
mundo de las esencias.
A partir de los 30 a�os y por un periodo de 5 m�s, los que han ido pasando
las pruebas se inician en aquella que tiene por t�rmino el conocimiento del
bien, es decir,� la dial�ctica.�
La dial�ctica es el
m�todo filos�fico, propuesto por Plat�n, para acceder al mundo de las ideas.
Sus caracter�sticas principales son: es una actividad cognoscitiva pues se trata
del ejercicio de la raz�n; su objeto es el conocimiento del Mundo Inteligible,
de las relaciones existentes entre las Ideas; su aspiraci�n �ltima es el conocimiento
de la Idea de Bien y del modo en que �sta es el fundamento �ltimo de toda la
realidad; as�, Plat�n definir� la filosof�a como "una ascensi�n al
ser"; por ser una actividad estrictamente racional no se apoya en la
percepci�n; por utilizarse la pura raz�n el conocimiento al que da lugar es
conocimiento estricto, conocimiento universal y necesario; no acepta como
verdadera ninguna premisa que no haya sido cuestionada, busca el sentido
�ltimo, la raz�n� m�s profunda de cada
tema que trata.
De este modo, y a trav�s de
las ciencias citadas, el mundo material ser� el camino que conduzca al
intelecto. Unos y otros estudios, los materiales y los intelectuales, durar�n
para los magistrados hasta los cincuenta a�os. Entonces y tras una escrupulosa
selecci�n, les ser�n confiados los asuntos p�blicos. Y entonces ser�n dignos de
gobernar, ya que toda su vida anterior la habr�n empleado en prepararse y en
irse elevando hacia la fuente de la bondad, de la belleza y de la justicia, es
decir, hacia la causa superior.
Libro VIII Una vez
establecidas las condiciones necesarias para la realizaci�n del Estado
perfecto, y asimismo las que son precisas para volver tal al gobernante, llega
Plat�n a la cuesti�n capital de la Rep�blica, cuesti�n a�n no resuelta,
relativa a determinar si el malo es feliz en la tierra. Esta cuesti�n requiere
que sea aclarada no solamente en el individuo, sino en la colectividad, en la
familia y en el estado, ya que tan s�lo de este modo, es decir, tras un examen
profundo, podr� asentarse la moral en la c�spide de la pol�tica.
Plat�n se vale del examen de
las diversas clases de gobiernos defectuosos (gobiernos existentes) para
deducir de ella la resoluci�n de este problema.
Para llevar a cabo tan ardua
tarea establece Plat�n que hay tantas clases de gobierno como clases de seres
humanos, pues el gobierno se origina a partir del car�cter de los hombres que
forman un estado, y los forma a su vez. Plat�n investiga las diferentes formas
de estado y los tipos de hombres que son propios de ellas, y examina las
cualidades o defectos de ellos.
�������� La forma ideal
de gobierno es, para Plat�n, la monarqu�a o�
aristocracia, gobierno del mejor o de los mejores:
�Digo, ante todo, que la
forma de gobierno que hemos instituido es una, pero que puede d�rsele dos nombres.
Si gobierna solamente uno, se llamar� al gobierno monarqu�a, y si la autoridad
est� repartida entre varios, aristocracia� Libro VIII
�el individuo que
corresponde a la aristocracia ya lo hemos examinado, conviniendo en decir que
es justo y bueno� Rep�blica, Libro VIII
�El uno que
est� al frente del gobierno es el rey fil�sofo.
Esta� forma de
gobierno ser�a la existente por siempre si no ocurriese que las cosas tienden a
corromperse. El movimiento da lugar a nuevas formas de gobierno, tanto peores
cuanto m�s alejadas est�n de la aristocracia. Estas otras formas de gobierno
son: timocracia, oligarqu�a, democracia y tiran�a.
En la timocracia, dominio de la clase
militar, no mandan los espiritual y moralmente mejores, sino los ambiciosos;
hombres que se tienen por capaces y excelentes, porque son buenos deportistas,
cazadores y soldados; carentes en cambio de finura espiritual y sentimientos
delicados. Les atrae tambi�n la ganancia de dinero, defienden por ello la
propiedad privada y se enriquecen ocultamente.
A continuaci�n viene la oligarqu�a, significa
literalmente gobierno de pocos. En realidad es el dominio de los adinerados y
la postergaci�n de los faltos de recursos aunque sean bien dotados. Si en la
timocracia el af�n de dinero era una llaga m�s o menos disimulada, aqu� la
codicia se convierte claramente en principio de gobierno. All� reg�a a�n la
parte irascible del alma, aqu� impera la inferior de todas, la centrada en la
pura concupiscencia de los �nfimos bienes. El Estado no es ya administrado seg�n
lo pide la naturaleza de las cosas y la rectitud, sino que se encuentra en
manos de unos pocos logreros y explotadores. No figuran a la cabeza del Estado
hombres especializados, de competencia, sino pol�ticos que aparentan saberlo
todo y en realidad no saben nada. Tenemos el primado de la pol�tica convertida
en una caza de puestos bien retribuidos, que obstaculiza el trabajo, destruye
la interna unidad y condena el Estado a la impotencia, porque no representa ya
al Estado el pueblo, sino a una banda de explotadores.
��Qu� entiendes por
oligarqu�a?
�Una forma de gobierno en
que el censo deduce de la condici�n de cada ciudadano; en que, por
consiguiente, corresponde a los ricos el mando, en el cual no tienen parte
alguna los pobres... la virtud y las gentes de bien ser�n menos estimadas en un
Estado, en la misma proporci�n en que m�s se estime en �l a los ricos y a las
riquezas... se establecen por medio de una ley las condiciones exigibles para
participar del poder olig�rquico, y esas condiciones se resumen en la cantidad
de las rentas. La cantidad exigida es m�s o menos considerable, seg�n que el
principio olig�rquico se halle m�s o menos en vigor. Y queda prohibido aspirar
a los cargos a aquellos cuya hacienda no llegue a la cifra se�alada por las
leyes...
Un descenso a�n mayor del ideal pol�tico lo
representa la democracia, gobierno del pueblo. Aqu� impera la plena
libertad de acci�n; todos legislan y mandan a la vez. Frente a ella nos
quedamos ya sin autoridad que la sujete y limite; ning�n derecho inviolable;
todos son iguales, cada cual es libre de expresar sus deseos cualesquiera que
sean, como le plazca, cual en la plaza del mercado.
Forma ideal, en apariencia,
de vida pol�tica, abigarrada, sin trabas coercitivas, sin nadie que mande, y
que dispensa de una cierta igualdad tanto a lo que es desigual como a lo que es
igual (ibid)
La perversi�n caracter�stica del dem�crata est� en
que �no reconoce orden ni fuerza alguna de deber moral, sino que vive al d�a
seg�n su gusto y su humor, y a esto llama �l vida amable, libre y feliz� (ibid)
El gobierno pasa a ser
democr�tico cuando los pobres, habiendo conseguido la victoria sobre los ricos,
asesinan a unos, expulsan a otros, y se reparten por igual con los que quedan
los cargos de la administraci�n de los asuntos, reparto que en este gobierno se
rige de ordinario por la suerte... todo el mundo es libre en ese Estado... cada
cual es due�o de hacer lo que le plazca... A ese Estado, mi querido amigo,
puede ir cada cual a buscar el g�nero de gobierno que le acomode... porque los
contiene a todos, ya que en �l cada individuo tiene libertad de vivir a su
manera... Como ves, es �se un gobierno muy agradable, en que nadie es se�or;
gobierno de encantador abigarramiento y en el cual reina la igualdad, as� en
las cosas desiguales como entre las iguales (ibid)
A continuaci�n viene la m�s extrema degradaci�n de
las formas pol�ticas, la tiran�a, gobierno de un individuo preocupado
por su propio inter�s. No es el opuesto de la democracia, sino su consecuencia.
La democracia vive en el desbordamiento de la libertad. Las mujeres no hacen
caso ya a sus maridos, y hasta los animales parecen contagiados del h�lito de
libertad que impregna el ambiente; son m�s osados y sueltos. El mismo caballo y
el asno sienten conciencia de su libertad, lo muestran en su andar por las
calles, sin ceder el paso a las personas, todo a tono con el principio de la
igualdad. Pero �ste es el camino por donde la libertad se destruye a s� misma.
El pueblo necesita un l�der para dirimir sus internas disensiones. Y como tiene
por costumbre �encumbrar siempre a uno con preferencia sobre los otros y a �se
mima y hace omnipotente�, puede llegar el caso de que tal dirigente del pueblo,
engre�do a�n m�s por los cantos de sirena de los �temibles magos y hacedores de
tiranos�, una vez en posesi�n y disfrute del poder, se haga como le�n que ha
lamido la sangre. Cae en la embriaguez del poder y en la ilusi�n de grandeza.
El tirano comenzar� por lo pronto a vender favores y amistad, y a hacer toda
clase de promesas; despu�s ver� la manera de deshacerse de sus enemigos;
maquinar� guerras para que el pueblo constantemente tenga necesidad de un jefe
y no le quede tiempo para pensar en alzarse contra el r�gimen; se rodear� cada
vez m�s exclusivamente de sus criaturas; aumentar� y reforzar� hasta el
infinito su escolta personal y se distanciar� con ello m�s y m�s del pueblo;
acabar� por quitar a �ste las armas para que se le entregue indefenso, y as�
�vendr� finalmente el pueblo a comprender qu� clase de monstruo �l mismo se ha
creado y alimentado�. Entonces se ve claramente lo que significa la tiran�a:
esclavitud entre esclavos. Porque all� no s�lo el pueblo es esclavo, lo son
tambi�n sus d�spotas y gobernantes subalternos. Y el mismo tirano no es mas que
un esclavo, esclavo de sus deseos y pasiones.
Veamos, pues, mi querido
Adimante, c�mo se forma el gobierno tir�nico... es punto menos que evidente que
debe su nacimiento a la democracia... El paso de la democracia a la tiran�a,
�no es, sobre poco m�s o menos, el mismo que el de la oligarqu�a a la
democracia?... �no halla la democracia la causa de su p�rdida en el insaciable
deseo de lo que considera como su verdadero bien?... �no es ese amor a la
libertad llevado al exceso (y esto es lo que yo quer�a decir), acompa�ado de
extremada indiferencia para todo lo dem�s, lo que acaba por perder a ese
gobierno y por hacer necesaria la tiran�a? ... La misma plaga que perdi� a la
oligarqu�a, tomando nuevas fuerzas e impulsos nuevos de la general licencia,
impulsa al Estado democr�tico hacia la esclavitud: porque con verdad se dice
que no cabe caer en un exceso sin exponerse a caer en el exceso contrario (...)
As�, respecto de un Estado, como respecto de un simple particular, la libertad
excesiva debe traer tarde o temprano una extremada servidumbre... Natural es,
pues, que la tiran�a no nazca de ning�n otro gobierno que del gobierno popular;
es decir, que a la libertad m�s completa y entera suceda el despotismo m�s
absoluto e intolerable (libro VIII)
Es evidente para todo hombre
que no hay Estado m�s desventurado que aquel que obedece a un tirano, ni le hay
m�s venturoso que el que est� regido por un rey (libro IX)
Todo este libro est�
integrado por el magnifico desarrollo de la generaci�n y trasformaci�n de los
estados; ahora bien, su esencia y su fin consisten en establecer sobre bases
inmutables la alt�sima verdad de la que Plat�n hace principio en su pol�tica:
que tan solo la justicia puede dar la felicidad.
Libro IX continuando la
cuesti�n de la tiran�a, Plat�n pinta en este libro el retrato acabado del
tirano. Se trata de llegar hasta sus m�s rec�nditas pasiones, con objeto de
saber si es feliz o desgraciado, y con este prop�sito, Plat�n le describe
v�ctima de todos los vicios y de todas las pasiones: �ninguna injusticia le
detiene cuando se trata de satisfacer su capricho y de esclavizar algo a su
inconstante voluntad.�
La condici�n del tirano,
esclavo de sus pasiones es semejante a la de una ciudad entregada a los furores
de un populacho desenfrenado. Todos los cr�menes que hacen gemir a la ciudad se
agitan en el alma atormentada y dolorida del tirano. De este modo, as� como el
estado oprimido por un tirano es el m�s desdichado de los estados, el hombre
tiranizado por sus pasiones es el m�s infortunado de los hombres; la semejanza
es total y perfecta.
Concluye este libro
ofreciendo una serie de pruebas sobre al superioridad del hombre justo sobre el
injusto.
Libro X� y �ltimo es un ataque contra las artes en
general, especialmente contra la pintura y la poes�a por estar asociadas con
im�genes y no con la verdad.
Acaba el di�logo tratando de
averiguar cuales son las recompensas otorgadas a la virtud; y con motivo de si
tales recompensas son puramente terrenales o si se disfrutan tambi�n en otra
vida posterior, llega a la cuesti�n de la inmortalidad del alma.
El alma humana, que es
inmortal, tiene sucesivos periodos de vivir alojada en el cuerpo que , al
perecer, la libera regresando al mundo de los muertos para recibir su premio o
castigo y esperar un nuevo destino terrestre. El argumento para probar tal
inmortalidad no es de mucha fuerza; no consigue demostrar con positiva
evidencia lo que se propone; pero es sumamente bello el mito de Er, que vuelve
a la tierra tras haber podido contemplar lo que ocurre al otro lado de la vida.
De este modo, y tras haber
reglamentado la educaci�n del pueblo, definido la justicia y el desarrollado
los fundamentos inconmovibles de la verdadera moral (al proclamar la felicidad
del justo y la desgracia del malo), y tras haber demostrado mil veces la
importancia que tienen los bienes morales y el deber que incumbe al legislador
de hacer reinar la virtud entre los mortales, termina Plat�n esta obra.
4. CONCLUSI�N
Concluiremos puntualizando las caracter�sticas m�s
importantes del pensamiento plat�nico:
1. Sigue a S�crates
en la b�squeda de los universales (definiciones)
2. Descubre que
esa necesidad se satisface postulando un mundo de ideas, eterno e inmutable.
3. Las cosas
f�sicas son un reflejo de esas verdades ontol�gicas, de las que participan y a
las que imitan.
4. En el alma
reside el conocimiento o recuerdo de las ideas, que es despertado al entrar en
contacto con las cosas del mundo sensible.
5. El fin de la
filosof�a es la verdad, por tanto descubrir las ideas o esencias.
6. La educaci�n es
un proceso gradual de ascenso desde la materia a las esencias (ideas).
7. Conocidas las
ideas, el fil�sofo puede ser gobernante y dirigir la ciudad bajo la idea de
justicia y bien.
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