1. El t�rmino �evoluci�n�

El t�rmino �evoluci�n� no aparece (o casi no aparece y s�lo lo hace de manera no significativa) en Lamarck (que habla de �transformismo�), ni en Darwin, que utiliza la f�rmula �descendencia con modificaciones�. Y es que el significado tradicional de la palabra no conven�a en absoluto a las nuevas ideas.

En efecto, tradicionalmente �evoluci�n� designaba un proceso de desarrollo programado y finalizado: el conjunto de etapas por las que un ser debe pasar para alcanzar su forma adulta y perfecta. La evoluci�n es el paso progresivo de una forma potencial (pre-forma), en germen, a una forma plenamente extendida y actual. Las diferentes fases del desarrollo de un embri�n ejemplifican esta manera de entender la evoluci�n.

Fue Spencer quien introdujo el t�rmino �evoluci�n� y lo convertir� en una palabra dominante de su gran sistema filos�fico y destinada a formar parte de la biolog�a moderna. Pero el uso de Spencer es ambiguo y poco darwiniano. Spencer no rompe con el finalismo: su evolucionismo es un progresismo cuya ley cree �l conocer.

Hoy muchos autores siguen asociando la evoluci�n a uno u otro finalismo y el pensamiento religioso no parece poder asimilar de otra manera la evoluci�n darwiniana, que a veces se extiende a toda la cosmog�nesis. El hombre se presenta as� como el fin de un proyecto bioc�smico que se extiende a miles de millones de a�os. Sin embargo, en la medida en que el evolucionismo sirve como marco te�rico de investigaci�n para las ciencias biol�gicas contempor�neas, este finalismo no tiene cabida. Para poder ser correctamente aplicada al pensamiento darwiniano y al neodarwinismo contempor�neo, la idea de evoluci�n debe ser despojada de toda referencia a la finalidad o a un proyecto prefigurado de alguna manera en la naturaleza de las cosas. En sentido darwiniano, la evoluci�n est� bajo el signo de lo aleatorio, lo imprevisible y el mecanicismo.    

2. El origen de los seres vivos seg�n las religiones

La mayor�a de las religiones, de manera m�s o menos expl�cita, afirman que el Universo entero procede de Dios (o de los dioses). Por ejemplo, el hinduismo asegura que todo lo que existe surgi� gracias al dios Brahma. �ste cre� el esp�ritu, la energ�a, el tiempo y sus divisiones, las constelaciones y los seres vivos y, por supuesto, al hombre y a la mujer. Seg�n la religi�n babil�nica el dios Marduk cre� el Sol, la vegetaci�n y la humanidad; los indios hopi de Arizona defend�an que una diosa cre� un gran n�mero de aves y animales, y los envi� a poblar el mundo; luego, tomando barro de la tierra, hizo la primera mujer y despu�s el hombre. Concepciones an�logas podemos encontrar en otras muchas religiones.

Si nos centramos en la tradici�n judeo-cristiana, en el G�nesis se nos narra la creaci�n del mundo, las plantas, los animales y el hombre por Dios. Seg�n el G�nesis Dios cre� todas las cosas de la �nada� y, luego, a su imagen y semejanza, a nuestros primeros padres, Ad�n y Eva, y de esta primera pareja desciende toda la humanidad.

Estas concepciones consideran, por una parte, que todas las especies de seres vivos fueron creadas de una vez para siempre y, en consecuencia, que son inmutables y, por otra, que entre el ser humano y el resto de los seres vivos existe una separaci�n profunda y tajante; los humanos son seres absolutamente distintos.

3. Las teor�as naturalistas del universo

Al lado de los mitos, las leyendas y el pensamiento religioso, por toda la cuenca del Mediterr�neo aparecen una serie de explicaciones racionales o precient�ficas del origen del Mundo y de los seres vivos. En el punto de partida del pensamiento filos�fico se encuentra el asombro; el asombro del hombre frente al Ser, ante el cambio y el movimiento. El hombre busca una explicaci�n.

En Grecia, desde el siglo VI a.C., los primeros cosm�logos buscan un principio universal capaz de explicarlo todo. �El agua, el fuego, el aire, los n�meros? Lo que asombra no es propiamente el origen del hombre, sino la vida, el Ser, en su estatismo y en su cambio. El sabio cree poseer una visi�n coherente de todo el Universo.

La Escuela de Mileto es la expresi�n misma del genio jonio. Los pensadores milesios se esforzaron en determinar �la �nica materia de la que salieron todas las cosas�. El materialismo milesio est� animado por la idea de una evoluci�n l�gica.

3.1 La Grecia antigua

Tales expresa su asombro ante el cambio, la multiplicidad de los individuos y las experiencias que parecen contradecir la inmutabilidad y la unicidad de las ideas. Para �l, el origen de todas las cosas est� en el agua. El agua del mar es el l�mite de la tierra. M�s all� de nuestro mundo se extiende el oc�ano infinito. Si se excava en el suelo se encuentra agua; el agua cae del cielo y hace crecer las plantas que, a su vez, constituyen el alimento de los animales.

Para Anaximandro, el principio com�n de todas las cosas no es el agua, sino una sustancia indeterminada, invisible, amorfa, de la que procede el agua y todos lo elemento de la naturaleza. Este principio indeterminado es el caos. El mundo ordenado �cosmos� proviene del caos. En lo que concierne al hombre y a su origen, este fil�sofo ten�a un punto de vista extremadamente moderno. Habiendo observado que al ser humano, desde su infancia, le hace falta un largo per�odo de cuidados y protecci�n, concluy� que si el hombre hubiese sido siempre como �l lo ve�a no habr�a podido sobrevivir. Era necesario, pues, que en otros tiempos hubiese sido diferente; tuvo que evolucionar a partir de un animal que, m�s r�pidamente que el hombre, hiciera su camino solo.

El principio com�n de la aparente multiplicidad y variabilidad de las cosas era para Anax�menes el aire, medio vital que envuelve a la tierra, fuente de vida y origen de todas las cosas. Pit�goras, por su parte, crey� descubrir en los n�meros el principio de todas las cosas. S�lo en las matem�ticas puede encontrarse la exactitud completa y la evidencia absoluta.

Her�clito �el oscuro� tuvo una percepci�n de la variabilidad y la fugacidad de todo lo que existe, de la diversidad y del perpetuo cambio. �Todo cambia, nada es permanente, hay un movimiento perpetuo; nadie puede ba�arse dos veces en el mismo r�o�. Her�clito vio en el fuego el principio de todas las cosas.

Emp�docles m�s tarde dijo que el hombre y los restantes seres vivos nacieron de la tierra, habi�ndose originado de miembros y �rganos unidos al azar, con lo que habr�an surgido muchas combinaciones poco aptas, que fueron eliminadas, persistiendo s�lo las combinaciones m�s arm�nicas.

De una inteligencia enciclop�dica, Arist�teles vio en la filosof�a la totalidad ordenada del saber humano. Sus experiencias y observaciones sobre las especies animales m�s variadas le permitieron esbozar su clasificaci�n. Para darse cuenta de su estructura y funcionamiento lleg� a distinguir en todo ser una materia y una forma, que es un principio inmanente de organizaci�n de la materia. Su concepci�n de la naturaleza es finalista. El azar s�lo sabr�a crear lo indefinido, lo indeterminado o lo desordenado. Cada ser est� organizado y tiende a su perfecci�n. Los seres vivos no son en absoluto el resultado de unos esbozos monstruosos. La monstruosidad no precede al establecimiento de la regla, no es m�s que su desviaci�n. Hay un orden jer�rquico en las especies animales hasta el hombre, ser dotado de raz�n.

Arist�teles empez� la clasificaci�n sistem�tica de los seres vivos seg�n su estructura. Distingu�a entre �animales con sangre� y �animales sin sangre�. Los animales con sangre se divid�an en: mam�feros, aves, reptiles y peces. Los animales sin sangre en: animales de cuerpo blando, animales con escamas (crust�ceos), animales de concha e insectos.

De esta clasificaci�n de los animales obtuvo su concepto de �escala de la ant� o de los seres. Arist�teles observa que la naturaleza progresa desde los seres m�s sencillos hasta los m�s complejos. No hay que entender esta afirmaci�n en sentido evolutivo, sino en la acepci�n puramente formal en que se basa la idea de la gran cadena de seres u ordenaci�n lineal de los distintos grupos de organismos. Cuanto m�s compleja es la estructura de una criatura, tanto m�s alto es su lugar en la escala de los seres.

Arist�teles estaba firmemente convencido de que todos los seres naturales tienen a alcanzar la perfecci�n que les es propia. Esta convicci�n fundamental de que los seres naturales tienden a alcanzar su propio estado de perfecci�n surgi� bajo la influencia de sus estudios biol�gicos.

3.2 China

En China nunca creyeron en la inmutabilidad de las especies. Esto era consecuencia del hecho de que nunca concibieron una creaci�n especial, y ello a su vez ocurr�a porque no imaginaban una creaci�n ex nihilo por una deidad suprema. Por tanto, no hab�a raz�n para creer que diferentes g�neros de seres vivos no pudieran transformarse f�cilmente, si se les daba tiempo suficiente.

Wang Chhung (en Lun H�ng [Discursos pesados en la balanza]) insiste en que el hombre es un animal como los otros, si bien es el m�s noble de ellos, rechaza las historias mitol�gicas sobre su nacimiento, pero no la generaci�n espont�nea. Adem�s, mantiene que todas las transformaciones, por extra�as que sean, son fundamentalmente naturales, y habla de �mutaciones�, herencia gen�tica, migraciones animales y tropismos.

El naturalismo evolucionista ocup� plenamente el centro del pensamiento de la escuela neo-confuciana. Todos los neo-confucianos aceptaron la idea de que el Universo atravesaba ciclos alternativos de construcci�n y disoluci�n.

3.3 Roma

Lucrecio, autor de un poema filos�fico De Rerum Natura, expone la teor�a de la concepci�n atomista y mecanicista del Universo. Lucrecio centra su obra en una inmensa compasi�n hacia la humanidad angustiada, a la que quiere librar de las preocupaciones de ultratumba. Del desarrollo del mecanismo ciego de la naturaleza deriva para el alma una posible tranquilidad, una forma �ntima y nueva de libertad.

Lucrecio da la tierra como matriz com�n a todo lo que vive. Lo mismo que la pluma, el pelo o las sedas cubren los miembros de los cuadr�pedos y el cuerpo de las aves, as� la naciente tierra empez� por parir las hierbas y los arbustos; a continuaci�n, mediante mil procedimiento, dio a luz la numerosa cohorte de los seres vivos. La organizaci�n de los cuerpos animales procede del azar que agrup� los �tomos de una forma o de otra. Adem�s de la eliminaci�n de monstruos no aptos para la vida, hubo en la historia de la naturaleza destrucci�n de razas viables pero insuficientemente armadas o protegidas, ya que todos los seres vivos luchan entre s�. Lucrecio hizo algunas observaciones interesantes: la pluralidad de los mundos, el origen relativamente reciente de nuestro universo, la aparici�n tard�a del hombre entre los seres vivos constituyen otras tantas teor�as que lo acercan a nosotros.

Una raza de hombres vivi� entonces, una raza de los m�s fuertes y digna de la dura tierra que la hab�a creado. Unos huesos m�s grandes y m�s fuertes formaban la constituci�n de estos primeros hombres, su cuerpo ten�a una armadura de fuertes m�sculos, resist�an f�cilmente el fr�o y el calor, los cambios de alimentos y los ataques de la enfermedad. Cu�ntas vueltas dio el sol a trav�s del cielo mientras ellos llevaban su vida errante de bestias salvajes (De Rerum Natura, libro 907-947)

3.4 La Edad Media, el Renacimiento y el Barroco

Durante la Edad Media se difundi� una interpretaci�n literal del relato b�blico de la Creaci�n, interpretaci�n que conformaba una cierta creencia en el fijismo, la cual perdurar� durante varios siglos en el cristianismo. Tal concepci�n, negadora de la evoluci�n de las especies, se consideraba tan evidente, que no se sent�a ni la necesidad ni la utilidad de designarla con un nombre particular.

No obstante, algunos Padres de la Iglesia, entre los que destaca Agust�n de Hipona, sostuvieron opiniones favorables a una cierta evoluci�n c�smica antes de la creaci�n del hombre (hip�tesis de la creaci�n en potencia). Todas las obras de Dios, seg�n San Agust�n, proceden de la unidad de la sustancia divina y son, por lo tanto, comunes a las tres Personas divinas, el mundo fue creado de la nada y tiene como fin la manifestaci�n de la liberalidad y de la gloria de la Trinidad. Sin embargo, la creaci�n no concierne a la constituci�n de los entes singulares: Dios crea directamente la materia prima, que contiene en s� �las razones seminales�, es decir, las esencias de todas las cosas en estado germinal, que se desarrollar�n en el curso de las generaciones.

Durante el Renacimiento hubo una serie de innovaciones que transformaron la visi�n est�tica que de la naturaleza se hab�a mantenido en la �poca medieval. El descubrimiento de Am�rica fue uno de los acontecimientos que m�s contribuy� a este cambio de mentalidad. Su exploraci�n no s�lo aport� una enorme cantidad de datos nuevos, sino que tambi�n hizo considerar los hechos ya conocidos desde nuevos puntos de vista. El conocimiento de animales y plantas aument� de modo muy considerable y qued� de manifiesto con toda claridad la existencia de diferentes faunas y floras en los distintos continentes.

Durante el siglo XVII estuvo muy difundida la idea aristot�lica de que todos los organismos forman una gran cadena o escala, que se extiende desde las formas m�s sencillas hasta las m�s complejas. El aforismo �la naturaleza no da saltos� alcanz� su m�xima expresi�n filos�fica en la obra de Leibniz. Esa continuidad de los seres vivos en el espacio propia de la escala no implicaba, sin embargo, una continuidad en el tiempo.

En el campo de la Embriolog�a alcanz� una gran resonancia la teor�a de la preformaci�n, seg�n la cual, el organismo adulto ya estar�a contenido en el germen con todos sus caracteres, de tal modo que el desarrollo consistir�a solamente en el despliegue o desenvolvimiento de lo ya existente en miniatura.

Contra los preformacionistas Christian Wolff defendi� la teor�a de la epig�nesis, es decir, el desarrollo a partir de un material b�sico informe. Bas�ndose tanto en observaciones microsc�picas como en hechos experimentales, lleg� a la conclusi�n de que el organismo no se halla �preformado� en el huevo, sino que sus estructuras van surgiendo a lo largo del desarrollo embrionario.

3.5 El siglo XVIII

Sin embargo, hubo que esperar hasta el siglo XVIII para que, en Francia, Benoit de Maillet intente aportar una explicaci�n naturalista del origen del hombre. De Maillet fue el precursor de Buffon, el cual puso al alcance del gran p�blico los conocimientos cient�ficos de su tiempo y plante� una teor�a sobre la formaci�n y evoluci�n deluniverso.

Maillet hab�a observado en sus viajes la presencia de conchas y de peces f�siles en algunas rocas de las monta�as. �C�mo interpretar esto? Maillet pensaba que la superficie del globo estuvo en otro tiempo recubierta completamente por el mar. En esos tiempo lejanos s�lo pod�an existir seres acu�ticos. Las aguas se redujeron bajo el efecto de la evaporaci�n y a medida que emergieron los continentes, aquellos seres dieron lugar a todos los seres a�reos de nuestra naturaleza actual. La prueba esencial es que a cada tipo de animal terrestre corresponde un tipo de animal marino que probablemente fue su antepasado.

No hay ning�n animal terrestre que ande, vuele o repte, del que el mar no contenga especies similares o pr�ximas y cuyo paso de uno de estos elementos al otro no sea posible

De esta forma, los peces de la superficie engendraron los p�jaros; los peces del fondo engendraron los mam�feros. En cuanto al hombre, deriva manifiestamente del trit�n: nuestra piel se encuentra cubierta de peque�as escamas que son el testimonio indiscutible de una ascendencia tritoniana. Incluso los bienhechores poderes terap�uticos del agua atestiguan nuestro origen marino.

Estas �terrestrizaciones� no est�n totalmente acabadas. A medida que descender� el nivel de los mares, otras criaturas acu�ticas se convertir�n en terrestres. Maillet se pregunta si la �terrestrizaci�n� humana es definitiva e irreversible y si algunos ni�os no podr�an habituarse a vivir en el mar como sus antepasados los tritones.

4. El problema de la formaci�n de las especies en el siglo XVIII

4.1 Del reino del fijismo a la aparici�n de un transformismo parcial

A partir de Ray, y sobre todo de Linneo, tend�a a imponerse una concepci�n fijista que ve�a en cada una de las especies una entidad inmutable. �Nunca � hab�a dicho Ray � nace una especie de la semilla de otra especie�. Y en sus Fundamentos de Bot�nica, Linneo declar� que la naturaleza cuenta con tantas especies como fueron creadas desde el origen.

Este fijismo reinar�a en Biolog�a durante m�s de un siglo, y prestar�a valios�simos servicios al eliminar el transformismo ingenuo y grosero de las edades anteriores. En vez de ser un obst�culo para los progresos de la ciencia, correspond�a a una exigencia cada vez mayor de los conocimientos y, sobre todo, a una necesidad de referencia ante la confusi�n formal.

Mas por fundado que fuera en su conjunto, el fijismo no pod�a evitar algunas dificultades reales, pues, por lo menos en el interior de una especie, los observadores atentos registraban variaciones que les parec�an explicables.

Por ello, incluso los grandes te�ricos del fijismo creyeron que ten�an que reservar un lugar a ciertas excepciones. Muy ocasionalmente, pensaba Ray, pueden producirse �degeneraciones� de la especie, y algunas de ellas pod�an ser, por ejemplo, capaces de hacer derivar una col ordinaria de una coliflor.

En cuanto a Linneo, si bien atribu�a a la sabidur�a soberana del Todopoderoso las diferencias reales, �serias�, entre las plantas, estimaba, empero, que la Naturaleza puede producir ciertas diferencias accesorias, especie de monstruosidades destinadas a desaparecer, mientras que las especies originales durar�n eternamente.

Desde 1742, fecha en la cual un estudiante le present� una linaria que no logr� determinar, Linneo concedi� a�n m�s campo a la variabilidad de las especies. Ni siquiera rechazar� la �sorprendente� conclusi�n de que en el reino vegetal pueden surgir nuevas especies e incluso nuevos g�neros permanentes, ya sea por variaci�n brusca, ya por el juego de la hibridaci�n, lo cual conmov�a hasta cierto punto las bases mismas de la Bot�nica, al rebajar las �barreras naturales�.

Algunos decenios antes, J. Marchant hab�a descubierto en su jard�n dos especies de mercurial que no conoc�a y que difer�an de la especie t�pica por la disposici�n y los bordes de las hojas; dado que esas nuevas formas, una vez aparecidas, se mantuvieron constantes, Marchant no dud� que hab�a asistido al nacimiento de nuevas formas, y se consider� autorizado a proponer la siguiente hip�tesis:

Por esta observaci�n podr�a, pues, sospecharse que la Omnipotencia, habiendo creado una vez individuos de plantas como modelos de cada g�nero, hechos con todas las estructuras y caracteres imaginables, esos modelos, digo, o cabezas de cada g�nero, al perpetuarse, habr�an producido, finalmente, unas variedades, entre las cuales, las que han permanecido constantes y permanentes han constituido especies que, con la sucesi�n del tiempo y de la misma manera, han dado origen a otras producciones diferentes, que han multiplicado tanto la Bot�nica en algunos g�neros, pues consta que se conocen hoy en algunos g�neros de plantas hasta cien, ciento cincuenta e incluso m�s de doscientas especies distintas y constantes pertenecientes a un s�lo g�nero de plantas (�Observations sur la nature des plantes�, M�m. de l�Ac. roy. des Sciences, 1719)

Tambi�n, pues, Marchant adoptaba un transformismo parcial, limitado a la descendencia de un mismo g�nero.

Una opini�n bastante an�loga se encuentra en Duchesne, el cual vio nacer una nueva especie de fresa a partir de la ordinaria. �Se trataba, en realidad, de una nueva especie? Y en tal caso, �cuantas variedades hab�a en los dem�s g�neros que debieran considerarse como especies? Consider� que todos los fresales conocidos proced�an de una misma ra�z original, y lleg� a esbozar una g�nesis de esas especies, se�alando que �el orden geneal�gico es el �nico que indica la naturaleza, el �nico que satisface plenamente el esp�ritu; todo otro orden es arbitrario y vac�o de ideas�.

Adamson se pronunci� claramente contra la fijeza absoluta de la especie; pretend�a conocer cuatro producciones de especies nuevas, tres de las cuales, sobre todo, eran �muy notables, muy seguras y observadas por viejos bot�nicos acostumbrados a ver bien�. Seg�n �l, esos cambios m�s o menos duraderos proceder�an de la acci�n de las condiciones exteriores: cultivo, clima, etc.

4.2 El transformismo limitado de Buffon

Buffon parece que se adhiri� a la concepci�n de la variabilidad limitada. Buffon ve�a claramente la oscuridad del problema, as� como la obligaci�n resultante de recurrir, para resolverlo, a una experimentaci�n met�dica en la que la hibridaci�n desempe�ar�a un papel de elecci�n:

�C�mo podr� conocerse el grado de parentesco de animales de especie diferente si no es por los resultados de un uni�n intentada mil veces...? �A qu� distancia del hombre situaremos los grandes monos que se le parecen tan perfectamente por la conformaci�n del cuerpo? �Eran en otro tiempo todas las especies de animales lo que son hoy? �No habr� aumentado, o m�s bien disminuido en n�mero? �No han sido destruidas las especies d�biles por las m�s fuertes o por la tiran�a del hombre...? �qu� relaciones podemos establecer entre ese parentesco de especies y otro parentesco mejor conocido, como es el existente entre las diversas razas de una misma especie? (Des mulets.)

En su famoso cap�tulo sobre la degeneraci�n de los animales, fue donde Buffon expuso m�s claramente sus opiniones transformistas. Considera en dicho cap�tulo la acci�n modificadora del medio, representado principalmente por el clima, que altera la forma exterior; el alimento, que afecta a la forma interior, y la domesticaci�n, por �ltimo, para aquellas especies animales que el hombre ha reducido a cautividad.

Como ejemplo de esos efectos cita las variaciones en la talla del animal, en el color y en la calidad del pelaje, en el espesor de la piel, etc. Llega as� a preguntarse sobre el cambio de las especies mismas, sobre �esa degeneraci�n m�s antigua y completamente inmemorial que parece haberse producido en cada familia, o, si se prefiere, en cada uno de los g�neros bajo los cuales pueden comprenderse las especies pr�ximas y poco diferentes entre s�.

Luego de haber comparado, desde este punto de vista, todos los animales cuadr�pedos y haberlos reducido cada uno a su g�nero, concluir� que las doscientas especies cuya historia ha ofrecido pueden, en definitiva, �reducirse a un n�mero bastante peque�o de familias y or�genes principales, de las cuales han surgido probablemente todas las dem�s�.

Parece, adem�s, que algunos g�neros y especies propios del Nuevo Mundo tienen con otras especies del Viejo relaciones lejanas que parecen indicar que hay �algo en com�n en su formaci�n�.

Por si todo esto fuera poco, Buffon tom� en consideraci�n la hip�tesis del transformismo generalizado, es decir, la hip�tesis seg�n la cual todos los animales derivar�an de un solo antepasado.

El asno y el caballo, �son de la misma familia como dicen los nomencladores? Si lo son en realidad, �no podr� decirse igualmente que el hombre y el mono tienen tambi�n un origen com�n? Y teniendo en cuenta la conformidad esencial de la naturaleza que se mantiene desde el hombre hasta los mam�feros, de los mam�feros a los p�jaros, de los p�jaros hasta los reptiles y de los reptiles hasta los peces, �no se podr�n considerar todos los animales �como formando una misma familia� y suponer que todos �vienen de un mismo animal que en la sucesi�n de los tiempos ha producido, perfeccion�ndose y degener�ndose, todas las razas de los dem�s animales...? No habr�a as� ya l�mites para el poder de la Naturaleza, y no ser�a err�neo suponer que con el tiempo ha sabido obtener de un solo ser todos los dem�s seres organizados

�C�mo debe interpretarse este texto?: Seg�n unos cr�ticos, Buffon declara su verdadera opini�n cuando expone la tesis del transformismo generalizado, y si finge rechazarla es sencillamente por burla y fingimiento, para evitar la persecuci�n de la iglesia. Seg�n otros, en el momento en Buffon escribi� esas l�neas no hab�a elaborado siquiera su transformismo restringido, y estaba mucho m�s preocupado por atacar a los nomencladores que por insinuar una opini�n subversiva.

Buffon rechaza la idea de que la esencia de los seres vivos radica en los aspectos morfol�gicos, en las estructuras anat�micas y fisiol�gicas. En contraste, �l defiende un criterio globalista que presta especial atenci�n a elementos estructurales, etol�gicos y ecol�gicos.

La historia de un animal debe ser no la historia de un individuo, sino la de toda la especie de estos animales. Debe comprender su generaci�n, el tiempo de pre�ez, el del parto, el n�mero de peque�os, los cuidados de los padres y de las madres, su modo de educaci�n, su instinto, los lugares en que habita, su alimento, la manera en que se lo procuran, sus costumbres, sus ardides, su caza. A continuaci�n, los servicios que pueden prestarnos y todas las utilidades o comodidades que podemos sacar de ellos. (Oeuvres philosophiques, Jean Piveteau, PUF, Paris, 1954, p. 16)

Destacar� la diversidad y complejidad de la naturaleza que, en consecuencia, exige el enfoque globalista para su estudio. La diversidad de la naturaleza es tal, sus producciones son tantas, la variedad de sus dise�os tan sorprendente, que la mente del hombre sucumbe, si pretende reducir la naturaleza a los compartimentos taxon�micos de los clasificadores.

Parece que todo lo que puede ser es. La mano del Creador no parece haberse abierto para dar la existencia a cierto n�mero determinado de especies, m�s bien parece que haya lanzado a la vez un mundo de seres relativos y no relativos, una infinidad de combinaciones arm�nicas y contrarias, una perpetuidad de destrucciones y renovaciones (Ib�dem, p. 9)

Buffon concibe la naturaleza como un orden de procesos, como un sistema de leyes en el que Dios ya est� ausente. Un sistema, en fin, en el que, frente al car�cter est�tico y al finalismo de la concepci�n linneana, lo m�s destacable es la autonom�a y el dinamismo. En Buffon el equilibrio de los fen�menos naturales no nos remite a la providencia divina, sino a las leyes de la naturaleza:

La naturaleza es un sistema de leyes establecidas por el Creador para la existencia de las cosas y para la sucesi�n de los seres [...] una fuerza viva, inmensa, que lo abraza todo, que lo anima todo [...] una obra perpetuamente viva, un obrero incesantemente activo [...] el tiempo, el espacio y la materia son sus medios, el universo su objeto, el movimiento y la vida su fin [...] Los resortes que emplea son fuerzas vivas [...] Fuerzas que se equilibran, que se amalgaman, que se oponen sin poder aniquilarse. Unas penetran y transportan los cuerpos, otras los calientan y los animal. La atracci�n y la impulsi�n son los dos principales instrumentos de la acci�n de esta fuerza sobre los cuerpos inertes. El calor y las mol�culas org�nicas vivas son los principios activos que pone en funcionamiento para la formaci�n y el desarrollo de los seres organizados [...] La naturaleza no se aparta jam�s de las leyes que le han sido prescritas (�Sobre la naturaleza. Primera perspectiva� en Oeuvres philosophiques, p. 31)

Las mol�culas org�nicas constituyen una especie de �tomos de la materia viva que se van ensamblando en los �rganos que les sirven de �molde interior�. Cuando se ha completado el crecimiento del ser vivo, supone Buffon que las mol�culas org�nicas asimiladas sirven para el desarrollo de g�rmenes de otros individuos semejantes que se segregar�n del organismo adulto. En la reproducci�n sexual las mol�culas que no se utilizan ya para el crecimiento se re�nen, procedentes de todo el cuerpo, en los �rganos sexuales y forman el licor seminal. Eso explicar� el parecido de los hijos con los padres, as� como la herencia de los caracteres adquiridos. El licor seminal de ambos sexos contiene peque�os cuerpos organizados que se desarrollar�n �nicamente cuando se junten ambos licores. Se producir� entonces un cuerpo organizado, una especie de esbozo del animal con las partes esenciales, que iniciar� su desarrollo.

En cualquier caso, la principal aportaci�n de Buffon es su definici�n de especie:

Un individuo es un ser aparte, aislado, separado y que no tiene nada en com�n con los otros, excepto que se les parece o difiere de ellos. Todos los individuos parecidos que existen sobre la superficie de la Tierra son considerados como formando la especie de estos individuos. No obstante, no es ni el n�mero ni la colecci�n de individuos parecidos lo que hace la especie; es la sucesi�n constante y la renovaci�n ininterrumpida de los individuos que la constituyen. Pues un ser que durara siempre no ser�a una especie, ni tampoco un mill�n de seres parecidos que tambi�n duraran siempre. La especie es, pues, una palabra cuyo referente no existe en la realidad m�s que considerando la naturaleza en la sucesi�n de los tiempos. S�lo comparando la naturaleza de hoy con la de otros tiempos, y los individuos actuales con los pasados, hemos llegado a una idea clara de lo que se llama �especie� [...] No siendo la especie nada m�s que una sucesi�n constante de individuos parecidos y que se reproducen (Las �pocas de la naturaleza, en o.c., p. 236)

4.3 Transformismo integral de Maupertuis

La generaci�n opera por medio de �mol�culas seminales� procedentes de uno y otro generador. Cuando esas mol�culas se combinan convenientemente, el hijo se parece a sus padres, pero a veces ocurre que se combinan irregularmente y entonces aparece un ser singular, anormal.

�No podr�a explicarse as� el que de dos individuos se siguiera la multiplicaci�n en especies diversas? Esas especies deber�an su origen primero a ciertas producciones fortuitas, en las cuales las partes elementales no habr�an seguido el orden que ten�an en los animales padre y madre: cada grado de error habr�a dado origen a una nueva especie; y a fuerza de desviaciones repetidas, se habr�a producido la infinita diversidad de los animales que hoy vemos, la cual seguir� aumentando quiz� con el tiempo, pero tal vez con aumento imperceptible durante siglos (Essai sur la formation des corps organis�s)

En este texto, Maupertuis introduce el concepto de variaci�n fortuita, concepto muy parecido al de mutaci�n de los bi�logos modernos.

Maupertuis insiste en la insuficiencia del mecanicismo para explicar el fen�meno de la vida y de la reproducci�n de �sta. Como alternativa sostiene la hip�tesis vitalista de mol�culas org�nicas, dotadas de un cierto grado de conciencia, aunque oscura, y, por tanto, de algo similar a la memoria, al deseo, a la aversi�n, etc., como elementos originarios de los seres vivos.

4.4 La zoonom�a de Erasmus Darwin

Seg�n Erasmus Darwin toda la vida org�nica proviene de un filamento org�nico primordial al que la gran causa primera dio la facultad de adquirir partes e inclinaciones nuevas �y de continuar as� su perfeccionamiento por su propia actividad inherente y transmitir esos perfeccionamientos de generaci�n en generaci�n a su posteridad por los siglos de los siglos�.

Los progresivos cambios se deber�an a causas exteriores muy diversas: clima, h�bitos, r�gimen, enfermedades, ... Los diversos �rganos podr�an haberse adquirido gradualmente como consecuencia de los continuos esfuerzos que hacen los animales para procurarse el alimento, y podr�an haberse transmitido a sus descendientes con una estructura cada vez m�s apropiada al objeto buscado.

Aqu� se reconoce ya la idea �lamarckiana� de las necesidades creadoras de �rganos. Pero en la obra de Erasmus Darwin tambi�n se reconoce el germen de algunas nociones �darwinistas�: la coloraci�n protectora, la selecci�n sexual, etc.

As� pues, al terminar el siglo XVIII el transformismo est� s�lidamente constituido. Se basa por una parte en la observaci�n positiva de los especialistas en Historia Natural y en la especulaci�n de los fil�sofos, a medida que se emancipan de la tutela de la Teolog�a en vistas a sustituir la doctrina de la creaci�n independiente de las especies por una explicaci�n racional del mundo vivo.

5. El lamarckismo

En 1809, Lamarck public� su obra fundamental, Filosof�a Zool�gica, y en ella afirma que los seres vivientes poseen una tendencia a desarrollarse y a multiplicar sus �rganos y sus formas, dando lugar a que �stos sean cada vez m�s perfectos. Seg�n esta teor�a, todas las especies vegetales y animales proceden de otras especies anteriores menos desarrolladas y m�s imperfectas.

En su Filosof�a Zool�gica expone la primera tentativa de elaboraci�n de una teor�a sistem�tica de la evoluci�n de los organismos vivos, es decir, las tesis que lo convierten en uno de los primeros defensores del evolucionismo. Desde una perspectiva en conjunto de�sta, seg�n la cual la Naturaleza constituye una totalidad regulada por leyes establecidas por el Creador, pero que funcionan de modo riguroso y son cognoscibles por la ciencia, Lamarck cree que las especies animales se desarrollan una a partir de la otra, de las m�s simples a las m�s complejas. Por ello concibe la evoluci�n de los �rganos animales como una reacci�n y adaptaci�n de los individuos al ambiente, y teoriza la transmisi�n hereditaria de los caracteres adquiridos favorables a la adaptaci�n al ambiente.

Lamarck pens� siempre en los organismos en relaci�n con su comportamiento en la naturaleza y con los desaf�os planteados por los ambientes cambiantes. Rechaz� las concepciones catastrofistas admitidas en su tiempo, considerando que �este medio c�modo de explicar las cosas no tiene otro fundamento que el imaginativo que lo ha creado y que no puede apoyarse en ninguna prueba�. ��Por qu� suponer �dec�a� sin pruebas una o varias cat�strofes universales, cuando la marcha de la Naturaleza basta para explicar los hechos que observamos en todas sus partes?�.

Contra el fijismo aduc�a que, si las especies hubieran sido fijadas en la Creaci�n y se mantuviesen est�ticas desde siempre, no podr�an sobrevivir a los cambios medioambientales. Por tanto, deber�an adaptarse constantemente, aunque cambiaran poco en apariencia. Lamarck accedi� a la hip�tesis transformista al tratar de encontrar una respuesta al problema de la extinci�n de las especies. Al comparar las ostras f�siles de su colecci�n con otros ejemplares modernos, lleg� a la conclusi�n de que unas hab�an evolucionado hasta transformarse en las otras. En realidad, las antiguas especies no se hab�an extinguido, sino que s�lo se habr�an modificado hasta convertirse en las actuales. M�s adelante consider� el desarrollo �evoluci�n� de la vida como un proceso lento, suave y gradual, planteamiento que prefigura el gradualismo darwinista.

Lamarck recoge en su obra la idea aristot�lica de la gran cadena de seres u ordenaci�n lineal de los distintos grupos de organismos.

El tiempo y las circunstancias favorables constituyen los dos principales medios que emplea la naturaleza para dar la existencia a todas sus perfecciones. La causa de la progresi�n perfectiva que observamos en la naturaleza es la influencia que ejercen las �circunstancias de habitaci�n� y �la de los h�bitos contra�dos�. La relaci�n entre estos dos tipos de causas es antag�nica, puesto que las influencias exteriores vienen a perturbar la tendencia espont�nea de la naturaleza a la regularidad. Lamarck insiste en la variablidad de los seres vivos. Como causas de estas variaciones propone el tiempo y las circunstancias, los cuales influyen sobre los h�bitos, modific�ndolos. �stos, a su vez, modifican los actos, lo que determina, a la postre, un cambio de �rganos.

Grandes cambios en las circunstancias producen en los animales grandes cambios en sus necesidades, y tales cambios en ellas las producen necesariamente en las aciones. Luego, si las nuevas necesidades llegan a ser constantes o muy durables, los animales adquieren entonces nuevos h�bitos, que son tan durables como las necesidades que los han hecho nacer (Lamarck, Filosof�a Zool�gica, pp. 167-168)

Al decir que �las circunstancias influyen sobre la forma y organizaci�n de los animales�, Lamarck no afirma que el medio act�e directamente sobre el organismo, sino que hace al organismo modificarse por s� mismo para adaptarse al medio. Aunque con frecuencia se piensa que la inducci�n de variaciones por influencia directa del medio ambiente fue postulada por Lamarck, en realidad se trata de una hip�tesis de Geoffrey Saint-Hilaire que Lamarck siempre rechaz�. La influencia indirecta del medio sobre el organismo que evoluciona fue establecida por Lamarck:

Ciertamente, si se tomasen estas expresiones al pie de la letra, se me atribuir�a un error, porque cualesquiera que puedan ser las circunstancias, no operan directamente sobre la forma y sobre la organizaci�n de los animales ninguna modificaci�n (o.c., p. 167)

Por otra parte est�n los h�bitos. Los h�bitos son lo que explica la reacci�n por medio de la cual el viviente cambia de forma para adaptarse a las nuevas situaciones en las que se encuentra sumido, de acuerdo con la ley de uso y desuso. La necesidad que tienen los seres de adaptarse a su medio les hace adoptar nuevos h�bitos de comportamiento. Esos h�bitos comportamentales determinan, a su vez, modificaciones morfol�gicas, porque un �rgano se desarrolla, se atrofia, se desplaza o desaparece en proporci�n al uso que se haga de �l. Es lo que Lamarck denomina �ley de uso y desuso� que implica que todo �rgano que no se utiliza, se atrofia, mientras que el que se utiliza, se fortalece:

En todo animal que no traspasado el t�rmino de sus desarrollos, el uso frecuente y sostenido de un �rgano cualquiera lo fortifica poco a poco, d�ndole una potencia proporcionada a la duraci�n de este uso, mientras que el desuso constante de tal �rgano le debilita y hasta le hace desaparecer (o.c., p. 175)

Es la funci�n la que produce el �rgano, lo transforma, lo fortalece o lo atrofia, seg�n el pensamiento lamarckista. Y es el organismo el que evoluciona en su esfuerzo por adaptarse al medio en el que vive. La teor�a de Lamarck se puede resumir en la siguiente frase: �Un cambio de las circunstancias induce un cambio de los h�bitos; �ste, a su vez, determina un cambio de los actos, lo que conduce finalmente a un cambio de los �rganos. Junto a esta frase tenemos las siguientes dos �leyes� o �hip�tesis�:

  1. la necesidad crea el �rgano necesario; el uso lo robustece y aumenta. La falta de uso determina la atrofia y la desaparici�n del �rgano in�til.
  2. el car�cter adquirido por la acci�n del ambiente se transmite por la generaci�n. El car�cter adquirido es as� pues hereditario

Para ilustrar su teor�a el propio Lamarck propuso algunos ejemplos de variaciones animales, a saber: los topos, que pasan casi toda su vida bajo tierra y sin luz, apenas utilizan el sentido de la vista y, en consecuencia, casi la han perdido debido a que sus ojos son diminutos y est�n profundamente hundidos.

La jirafa se alimenta del follaje de los �rboles, todo su cuerpo �tiende hacia arriba�, por lo que se le han alargado el cuello y las patas delanteras. Los patos, las ocas y los animales palm�pedos, que tienen a vivir en lugares con abundancia de agua, han desarrollado en las patas una membrana interdigital que les facilita la nataci�n.

El concepto de herencia constituye la clave de la teor�a lamarckiana. No basta con que surjan variaciones en los individuos para que se produzcan modificaciones en las especies, es necesario, adem�s, que estas variaciones individuales sean heredadas por sus descendientes. En este sentido, la evoluci�n para este cient�fico posee un car�cter finalista, es decir, seg�n �l, en el proceso evolutivo van surgiendo cada vez especies mejor dotadas, m�s desarrolladas, m�s perfectas

5.1 Cr�ticos y sucesores

La teor�a de Lamarck ha sido muy controvertida siendo, a�n hoy, fuente de pol�mica. Entre sus primeros cr�ticos destaca Cuvier, el cual defendi� el creacionismo como origen de las especies y, en consecuencia, el fijismo de �stas. Los animales se distribu�an, seg�n Cuvier, en cuatro planes principales de organizaci�n: vertebrado, molusco, articulado y radiado, que son independientes e irreductibles entre s�. Consecuentemente, hab�a de combatir cualquier teor�a que afirmase la unidad o continuidad de la escala animal, bien fuese en el tiempo, bien en el espacio.

Cuvier estableci� que ha habido una sucesi�n de faunas independientes entre s� en el transcurso de los tiempos geol�gicos. Dichas faunas fueron distintas de la actual, y sus restos guardan relaci�n con determinados grupos de estratos, no existiendo transiciones o formas intermedias entre unos y otros. Para explicar tales hechos postul� su teor�a de las cat�strofes, seg�n la cual sucesivos cataclismos geol�gicos habr�an ocasionado la extinci�n de la mayor�a de las especies contempor�neas, siendo sustituidas por otros conjuntos de especies m�s avanzadas. De ah� surgi� la idea de las creaciones sucesivas, que desarrollaron sus disc�pulos.

Lyell, frente al lamarckismo, afirm� la constancia de las especies. No admiti� la doctrina de las creaciones sucesivas para explicar los cambios de flora y fauna, sino que los atribuy� a un efecto de perspectiva incompleta, considerando los conjuntos de seres vivos pret�ritos an�logos a los actuales.

Sin embargo, no todo fueron cr�ticas a Lamarck. Entre sus defensores se encuentra Haeckel, quien estaba convencido de que los caracteres adquiridos son normalmente adaptativos. Haeckel defend�a la teor�a de la evoluci�n progresiva, en la que el lamarckismo era la fuerza fundamental que produc�a caracteres y que deb�a ser probada por la selecci�n en el nivel de competencia entre las especies. El concepto de variaci�n por adici�n al crecimiento era fundamental en la aceptaci�n por parte de Haeckel de la teor�a de la recapitulaci�n o ley biogen�tica.

Esta ley postulaba que la serie de fases por las que atraviesa un organismo durante su desarrollo embrionario es una repetici�n abreviada de la larga serie de formas por las que atravesaron sus antepasados en el curso de la evoluci�n. En otras palabras, �la ontogenia es una recapitulaci�n de la filogenia�. De este principio, as� como de la teor�a de la selecci�n darwinista, dedujo: a) una concepci�n estrictamente mecanicista de la naturaleza, que rechazaba cualquier perspectiva teleol�gica y vitalista, y reemplazaba la teor�a de la creaci�n de la vida por la �generaci�n espont�nea�; b) una concepci�n monista, que rechazaba el dualismo esp�ritu-materia y ve�a en el hombre el resultado de la evoluci�n de los vertebrados inferiores, consider�ndolo, por lo tanto, objeto de estudio de la Zoolog�a; c) una concepci�n pante�sta de aliento goethiano.

Tambi�n de corte lamarckista es la teor�a de Spencer, quien ve�a la adaptaci�n como un proceso por el cual el organismo se ve impulsado a restablecer un equilibrio con el medio ambiente cambiante mediante la acci�n y reacci�n de una serie de fuerzas. Seg�n �l, negar que este proceso puede tener un efecto permanente a trav�s de la herencia de los caracteres adquiridos supone negar el principio de la conservaci�n de la energ�a o de la �persistencia de la fuerza�. Spencer sugiri� que la herencia es controlada por �unidades fisiol�gicas� con una fuerza polarizadora desconocida capaz de responder a las condiciones externas. La existencia de unas condiciones nuevas produce en la especie variaciones �tiles y variaciones al azar, de forma que operan tanto los mecanismos lamarckianos como los darwinianos. Unos producen un equilibrio �directo� y los otros un equilibrio �indirecto�, entre el organismo y su medio ambiente.

Tambi�n Samuel Butler defendi� el lamarckismo. Butler afirmaba que las acciones inteligentes pueden llegar a ser instintivas y, por tanto, heredadas. Sostuvo la idea de que el cuerpo puede comportares de forma inteligente sin necesidad del cerebro, a trav�s de los efectos heredados del instinto. A partir de ah� elabor� la analog�a entre la herencia y la memoria: el cuerpo recuerda sus actividades pasadas no s�lo en forma de instintos, sino tambi�n de modificaciones f�sicas que ha provocado el comportamiento instintivo.

La analog�a de la memoria llev� a Butler a una posici�n lamarckista. Butler afirm� que esa teor�a explicaba todos los hechos de la herencia, incluyendo la herencia de los caracteres adquiridos y la recapitulaci�n de la evoluci�n pasada por el embri�n en crecimiento, y supon�an una soluci�n v�lida de todos los problemas conceptuales planteados por el darwinismo.

6. El darwinismo

En 1831 el Almirantazgo Brit�nico organiz� una expedici�n cient�fica a las cosas de Am�rica del Sur y a algunas islas del Pac�fico; es la famosa expedici�n del Beagle en donde Darwin particip� como naturalista. En este viaje Darwin realiz� gran cantidad de observaciones y recolect� multitud de datos; entre las numerosas observaciones que fue realizando, varias series de hechos le llamaron especialmente la atenci�n: el modo en que especies distintas, aunque parecidas, se reemplazan ocupando el mismo h�bitat de una regi�n a otra; el hallazgo, en las formaciones geol�gicas de la pampa argentina, de mam�feros f�siles comparables, pero no iguales a ciertos animales que la habitan actualmente; la semejanza de la fauna y flora de las islas con el continente m�s cercano a ellas; la existencia de especies diferentes, pero afines, en las distintas islas de un mismo archipi�lago.

A la vuelta de su viaje, mientras intentaba poner orden en todos estos datos, ley� la obra de Malthus Primer ensayo sobre la poblaci�n, en la cual se advierte que la poblaci�n humana tiende a aumentar m�s deprisa �en progresi�n geom�trica� que los recursos necesarios para la subsistencia que, en el mejor de los casos, lo hacen en progresi�n aritm�tica:

La capacidad de crecimiento de la poblaci�n es infinitamente mayor que la capacidad de la Tierra para producir alimentos para el hombre [...] La poblaci�n, si no encuentra obst�culos, aumenta en progresi�n geom�trica. Los alimentos tan s�lo aumentan en progresi�n aritm�tica. Basta con poseer las m�s elementales nociones de n�meros para poder apreciar la inmensa diferencia a favor de la primera de estas dos fuerzas (Malthus, T.R., Primer ensayo sobre la poblaci�n, Madrid, Alianza, 1966, p. 53)

Como consecuencia de ello, supone Malthus, se produce una �lucha por la existencia�. Los recursos son limitados y, en consecuencia, ha de producirse una lucha por la consecuci�n de estos recursos; esta lucha es a muerte. Ahora bien, �qui�nes y dotados con qu� cualidades sobreviven al enfrentamiento de la poblaci�n? Herbert Spencer respondi� que quienes sobreviv�an eran �lo selecto de su generaci�n�, los m�s aptos. De este modo, la especie humana progresa, y Darwin aplic� este razonamiento a las especies animales para explicar su origen y diferenciaci�n. De este modo nac�a el Origen de las especies y, con �l, la teor�a evolucionista.

Lo que Darwin extrajo de la lectura de Malthus fue que el proceso de selecci�n natural ejerce una presi�n que fuerza a algunos a �abandonar la partida� y a otros a �adaptarse� y a �sobreponerse�. Es decir: la lucha por la existencia en el mundo org�nico, dentro de un ambiente cambiante, engendra alteraciones org�nicas, en el curso de las cuales, sobreviven los m�s aptos, los cuales transmiten a sus descendientes esas caracter�sticas m�s favorables. En esto consiste b�sicamente la selecci�n natural.

Sin embargo, estas ideas no fueron gestadas solamente por Darwin. En 1855 Wallace public� un art�culo (�On the law which has regulated the introduction of new species�) cuya principal conclusi�n era que las especies actuales coinciden, tanto en el espacio como en el tiempo, con especies preexistentes muy afines a ellas. Era l�gico deducir que s�lo el cambio en el transcurso del tiempo pod�a aclarar satisfactoriamente esta conexi�n entre los animales del presente y los del pasado. Mientras tanto, Wallace tambi�n hab�a le�do a Malthus y, en febrero de 1858, se le ocurri� la teor�a de la selecci�n natural. Wallace hab�a elaborado sus ideas combinando la doctrina de Malthus con sus observaciones sobre la diversificaci�n de las especies en variedades, y el resultado fue una teor�a de la selecci�n natural an�loga a la de Darwin.

El trabajo de Wallace se�ala en primer lugar el valor universal de la lucha por la existencia en el mundo animal. En todas las especies el n�mero de individuos tiende a aumentar r�pidamente, pero a la larga permanece estacionario. El n�mero de los que mueren debe ser inmenso, y como la existencia individual de cada animal depende de �l mismo, los que mueren deben ser los m�s d�biles, mientras que aquellos que sobreviven ser�n los m�s perfectos en salud y vigor. Y lo que ocurre entre los individuos de una especie se aplica asimismo a las variedades que existen dentro de esa especie. Si una variedad presenta mayores posibilidades de preservar su existencia que la forma originaria, aumentar� el n�mero de individuos y acabar� por desplazarla.

Como reacci�n a la publicaci�n de Wallace, Darwin publica El origen de las especies. En esta obra se manifiesta decididamente contrario a la tesis creacionista:

Aunque es mucho lo que permanece oscuro, y permanecer� durante largo tiempo, no puedo abrigar la menor duda, despu�s del estudio m�s detenido y desapasionado juicio de que soy capaz, de que la opini�n que la mayor parte de los naturalistas mantuvieron hasta hace poco, y que yo mantuve anteriormente, o sea, que cada especie ha sido creada independientemente, es err�nea. Estoy completamente convencido, no s�lo de que las especies no son inmutables, sino de que las que pertenecen a lo que se llama el mismo g�nero son descendientes directos de alguna otra especie, generalmente extinguida, de la misma manera que las variedades reconocidas de una especie cualquiera son los descendientes de �sta. Adem�s, estoy convencido de que la selecci�n natural ha sido el m�s importante, sino el �nico medio de modificaci�n (El origen de las especies, p. 57)

Darwin encontr� cierta incompatibilidad entre la aceptaci�n de la teor�a de la selecci�n natural y la admisi�n de la idea de la creaci�n independiente de las especies. Por ello, se lament� de tener que haber incluido al final de la obra una referencia expl�cita al Creador:

As� pues, el objeto m�s excelso que somos capaces de concebir, es decir, la producci�n de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Hay grandeza en esta concepci�n de que la vida, con sus diferentes facultades, fue originariamente alentada por el Creador en unas cuantas formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando seg�n la constante ley de la gravitaci�n, se han desarrollado y se est�n desarrollando, a partir de un comienzo tan sencillo, infinidad de formas cada vez m�s bellas y maravillosas (o.c., p. 604)

En la obra de Darwin ocupa un lugar importante la cr�tica de la noci�n de especie y, aunque tuvo muchas dudas sobre este concepto, en el momento de escribir El origen... tiene una certidumbre: un camino conduce del individuo a series de variedades m�s y m�s estables y distintas, que a su vez conducen a subespecies y, finalmente a especies, que no aparecen sino al t�rmino de numerosas variaciones acumuladas sin que las transiciones sean siempre perceptibles:

Ciertamente, no se ha trazado todav�a una l�nea clara de demarcaci�n entre especies y subespecies �o sea, las formas que en opini�n de algunos naturalistas, se acercan mucho, aunque no llegan completamente, a la categor�a de especies�, ni tampoco entre subespecies y variedades bien caracterizadas, o entre variedades �nfimas y diferencias individuales (o.c., p. 105)

Es por ello que Darwin concede tanta importancia a las diferencias individuales, pues esas diferencias iniciales, generalmente �nfimas, son los verdaderos puntos de partida del cambio que conduce a las futuras especies.

De acuerdo con las pautas evolucionistas, se presume que las especies proceden unas de otras, a trav�s de los cambios que se han ido operando con el correr de los milenios. Ahora bien, no es de esto de lo que Darwin habla en su libro, lo que lleva a una imprecisi�n en la definici�n del objeto del libro. Si el libro lleva por t�tulo El origen de las especies, parece que de lo que se deber�a de hablar ah� es del origen existencial de las mismas; y, sin embargo, no es de esto de lo que se habla; no se inquiere c�mo es que hay especies, sino que, presuponiendo que las hay, se investiga c�mo son. Darwin tampoco resolvi� el problema del origen de la forma actual de las especies, pues la soluci�n que propone es la lucha por la vida a partir de variaciones espont�neas que favorecen la supervivencia de ciertos individuos y, gracias a la transmisi�n hereditaria de esos caracteres favorables, la formaci�n progresiva de una nueva especie. Si es as�, se ha objetado, son las variaciones individuales espont�neas los verdaderos or�genes de las especies, y son ellas, m�s que la lucha por la vida o la supervivencia del m�s apto, lo que habr�a que explicar de entrada.

La �nica justificaci�n de Darwin se reduce a afirmar que un camino conduce del individuo a series de variedades m�s y m�s estables y distintas, las cuales, a su vez, conducen a subespecies y, finalmente, a especies. �stas no aparecen sino al t�rmino de numerosas variaciones acumuladas, sin que las transiciones sean siempre perceptibles. En suma, el problema del origen absoluto de las especies no ser� planteado por Darwin, que apenas hace una alusi�n de pasada a �l.

Pero, entonces, �de qu� habla el libro?, �por qu� es tan importante? En la obra de Darwin hay dos aspectos destacables: por un lado, la recopilaci�n de un gran conjunto de datos paleontol�gicos y biol�gicos, de los cuales se infiere la idea de evoluci�n; por otro, la formulaci�n de la teor�a de la selecci�n natural para explicar el mecanismo del proceso evolutivo. Darwin estableci� el principio de la selecci�n natural por deducci�n, bas�ndose en determinados hechos observables en la naturaleza: la variaci�n en animales y plantas, la tendencia de todos los organismos a incrementar su n�mero en progresi�n geom�trica y la necesaria eliminaci�n de gran n�mero de individuos. De la combinaci�n l�gica de estos hechos se deduce la selecci�n natural a trav�s de la lucha por la existencia.

En principio, el n�mero posible de descendientes de cualquier especie animal o vegetal sobrepasa siempre al de sus progenitores, existe una tendencia universal hacia el aumento num�rico de individuos. Sin embargo, la cantidad de individuos de cada especie permanece constante en general, a pesar de dicha tendencia al aumento progresivo. Lo cual se debe a que los individuos �que sobran� son eliminados en la lucha por la existencia, tanto por competencia directa de unos organismos con otros, como por la acci�n restrictiva de los factores f�sicos ambientales.

Por otra parte, los individuos de cualquier especie no son todos absolutamente iguales: presentan variaciones, algunas de las cuales ser�n ventajosas en la lucha por la existencia, mientras que otras resultar�n desfavorables. De aqu� se desprende que en competencia mutua y con el medio, los individuos con variaciones favorables sobrevivir�n en proporci�n m�s elevada que los afectados por variaciones desfavorables. Y, como a su juicio, casi todas las variaciones que se producen en los organismos son hereditarias, tales efectos se ir�an acumulando por selecci�n natural en el transcurso de las generaciones. El motor de la evoluci�n ser�a la selecci�n natural que act�a constantemente para mantener la adaptaci�n de los seres vivos a su ambiente:

Seg�n el principio de la selecci�n natural con divergencia de caracteres, no parece incre�ble que, tanto los animales como las plantas, se puedan haber desarrollado de alguna de tales formas inferiores e intermedias; y si admitimos esto, tambi�n tenemos que admitir que todos los seres org�nicos que en todo tiempo han vivido sobre la tierra descienden tal vez a partir de una sola forma primordial (o.c., p. 599)

La selecci�n aparece como resultado l�gico de tres hechos b�sicos de la vida: superpoblaci�n, variabilidad y herencia. El primero, la superpoblaci�n: los animales y las plantas tienden a producir m�s descendientes que los que pueden sobrevivir. La superpoblaci�n entra�a mortalidad. El segundo, variabilidad: en toda especie existe diversidad de estructura y funci�n corporal. Hay diferencias en caracteres m�s o menos triviales, como el color de los ojos o del pelo, pero existen tambi�n diferencias importantes, hasta el punto de que podr�an condicionar la supervivencia, como la agudeza visual en algunas especies. El tercero, la herencia: muchos caracteres del individuo pasan a su descendencia por transmisi�n gen�tica. De hecho, se considera que la mayor�a de los caracteres est�n supeditados a la gen�tica en mayor o menor extensi�n. Estos tres factores interrelacionados dan como resultado la selecci�n natural.

En su libro, Darwin aborda algunas dificultades de la teor�a. La primera de ellas es la ausencia de la esperable perfecci�n en todos los seres org�nicos. Sobre esta objeci�n, Darwin quiere dejar claro que la selecci�n natural no impone necesariamente un progresivo perfeccionamiento en los seres vivientes.

Pero puede objetarse que si todos los seres org�nicos tienden a elevarse de este modo en la escala, �c�mo es que por todo el mundo existen todav�a multitud de formas inferiores, como es que en todas las clases grandes hay algunas formas much�simo m�s desarrolladas que otras? �por qu� las formas m�s desarrolladas no han suplantado ni exterminado por todas las partes a las inferiores?... Seg�n nuestra teor�a la persistencia de organismos inferiores no ofrece dificultad alguna, pues la selecci�n natural, o la supervivencia de los m�s actos, no implica necesariamente desarrollo progresivo, s�lo saca provecho de las variaciones a medida que surgen y son beneficiosas para cada ser en sus complejas relaciones vitales. Puede preguntarse: �qu� ventaja �hasta donde nosotros podemos comprender� para un anim�lculo infusorio �para un gusano intestinal� o incluso para una lombriz de tierra, en tener una organizaci�n superior? (o.c., pp. 180-181)

Otra dificultad es la ausencia de formas transicionales entre las especies, ausencia que atribuye a la precariedad del registro f�sil. Esta objeci�n es de tal gravedad que, a juicio de Darwin, puede suponer la aniquilaci�n de su teor�a:

Quien rechace esta opini�n de la imperfecci�n del archivo geol�gico, rechazar� con raz�n toda la teor�a, pues tal de se pregunte en vano d�nde est�n los innumerables lazos de transici�n que enlazaron antiguamente las especies afines o representativas, que se encuentran en los pisos sucesivos de una misma gran formaci�n (o.c., p. 458)

�Por qu� no hallamos estas transiciones graduales? Seg�n Darwin y los neodarwinistas actuales, esto es debido a la imperfecci�n del registro f�sil. �ste contiene lagunas por la forma azarosa como acontece la fosilizaci�n, condenada a ser una cr�nica imperfecta de la historia de la vida. Por otra parte, Darwin dio por seguro que todos los miembros de una especie estar�an en competencia unos con otros �competencia intraespec�fica�, y las especies con las otras especies �competencia interespec�fica�. Pero, en realidad, la competencia intraespec�fica es mas bien infrecuente, y los animales desarrollan mecanismos para evitarla, como el marcar el territorio o la especializaci�n diet�tica.

Las dificultades aumentan considerablemente si se intenta esclarecer lo que ha dado en llamarse �el enigma de los �rganos complejos�, acudiendo en exclusiva a la teor�a de la selecci�n natural. �C�mo explicar, por ejemplo, que una estructura tan compleja como el ojo pudiera haber surgido por acumulaci�n causal de variaciones favorables? La respuesta de Darwin es que

Aunque la creencia de que un �rgano tan perfecto como el ojo pudo haberse formado por selecci�n natural es para hacer vacilar a cualquiera, sin embargo, en el caso de un �rgano determinado, si tenemos noticia de una larga serie de gradaciones de complejidad, cada una de ellas buena para su poseedor, entonces, en condiciones variables de vida, no hay ninguna imposibilidad l�gica de la adquisici�n, por selecci�n natural, de cualquier grado de perfecci�n concebible (o.c., p. 264)

La selecci�n desempe�ar�a, pues, un papel muy importante en el proceso evolutivo, aunque obrar�a lentamente por acumulaci�n de variaciones favorables, peque�as y sucesivas. No obstante, Darwin admite que tambi�n intervienen otros factores en la modificaci�n de las especies.

Esto se ha realizado principalmente por la selecci�n natural de numerosas variaciones sucesivas, ligeras y favorables, auxiliado de modo importante por los efectos hereditarios del uso y desuso de las partes, y de un modo accesorio �es decir, con relaci�n a las conformaciones de adaptaci�n, pasadas o presentes- por la acci�n directa de las condiciones externas y por variaciones que, en nuestra ignorancia, nos parece que surgen espont�neamente (o.c., p. 594)

Por lo tanto, Darwin aceptaba como un complemento de su teor�a las ideas lamarckianas del uso y desuso en el desarrollo de los �rganos y la herencia de los caracteres adquiridos, y en grado menor, la influencia directa del medio ambiente.

En resumen, la teor�a de Darwin era una teor�a compuesta de los siguientes aspectos:

  1. Evoluci�n. �sta es la teor�a de que el mundo no es constante, ni se ha creado recientemente, ni est� en un perpetuo ciclo, sino que est� cambiando continuamente, y de que los organismos se transforman en el tiempo.
  2. Origen com�n. �sta es la teor�a de que cada grupo de organismos desciende de un antepasado com�n, y de que todos los grupos de organismos, incluyendo los animales, las plantas y los microorganismos, se remontan a un �nico origen de la vida en la Tierra.

Finalmente, las diversas clases de hechos que se han considerado en este cap�tulo, me parece que proclaman tan claramente que las innumerables especies, g�neros y familias, de que est� poblada la tierra, descienden todos, cada uno dentro de su propia clase o grupo, de unos progenitores comunes, y que se han modificado todos en el transcurso de la descendencia, que yo adoptar�a sin titubeos esta teor�a, aun cuando no se apoyarse en otros hechos o argumentos (o.c., p.p. 571-572)

  1. Diversificaci�n de las especies. Esta teor�a explica el origen de la enorme diversidad org�nica. Postula que las especies se diversifican, ya sea por divisi�n en especies hijas o por �gemaci�n�, es decir, por el asentamiento de poblaciones fundadoras geogr�ficamente aisladas que evolucionan a nuevas especies.
  2. Gradualismo. Seg�n esta teor�a, el cambio evolutivo tiene lugar a trav�s del cambio gradual de las poblaciones y no por la producci�n repentina (saltacionista) de nuevos individuos que representen un nuevo tipo.
  3. Selecci�n natural. Seg�n la cual, el cambio evolutivo se produce a trav�s de la producci�n abundante de variaci�n gen�tica en cada generaci�n. Los relativamente pocos individuos que sobreviven gracias a una combinaci�n especialmente bien adaptada de caracteres heredables, dan lugar a la siguiente generaci�n.
  4. El modelo: una fuente especial de la teor�a darwiniana ha sido la observaci�n de la selecci�n artificial de las variedades dom�sticas, animales y vegetales. Pero era imposible transportar tal cual a la naturaleza salvaje este modelo de la ganader�a y la agricultura sin postular un Selector, un dios que escoge las especies en funci�n de criterios y de fines. Como cient�fico, Darwin se negaba a tal antropomorfismo finalista.

6.1 �C�mo evolucionan las especies?

El principal argumento a favor de la evoluci�n es la existencia del registro f�sil. Sin embargo, �ste es tremendamente incompleto, en el sentido de que el registro f�sil rara vez muestra transiciones graduales entre diferentes estadios evolutivos de una misma especie; en vez de ello lo que nos encontramos son saltos. Darwin explic� los �saltos� del registro f�sil diciendo que el registro era incompleto. Sosten�a que, si una misma persona pudiera recoger f�siles que representaran de manera m�s completa el paso del tiempo, ver�a las formas de transici�n entre especies. Una explicaci�n alternativa, planteada por Niles Eldredge y Stephen Jay Gould nos dice que las especies nuevas aparecen como resultado de acontecimientos relativamente s�bitos y no como consecuencia de transiciones graduales lentas.

Seg�n Darwin, las especies nuevas aparecen por la adici�n gradual de rasgos nuevos a una especie existente, de modo que, si se examina la poblaci�n en un punto del tiempo, se ver�n todas las caracter�sticas de la especie antecesora, mientras que un examen de un momento posterior, quiz� correspondiente a un mill�n de a�os despu�s, mostrar� una especie relacionada, pero diferente, que tiene rasgos nuevos. Y en cualquier momento intermedio habr�a estadios de transici�n, con las caracter�sticas nuevas desarrolladas a�n de forma incompleta. La transici�n evolutiva, dec�a, afecta a toda la poblaci�n de una especie. A esta teor�a se le ha dado el nombre de �gradualismo fil�tico�.

Esta idea de Darwin ha sido criticada por Gould en los siguientes t�rminos:

Siempre ha habido problemas con el gradualismo, en particular, con la transici�n entre los dise�os org�nicos principales: de los invertebrados a los vertebrados, por ejemplo, y de los peces sin mand�bulas a los provistos de ellas. Nadie ha resuelto nunca el viejo dilema de Mivart de �las etapas incipientes de estructuras in�tiles�. Por ejemplo, la mand�bula es una maravillosa obra de ingenier�a; los mismos huesos funcionaban igualmente bien para aguantar el arco branquial de un antecesor desprovisto de mand�bula. Pero �podemos realmente construir una serie gradual de formas intermedias que funcionen? �Para qu� sirven una serie de huesos desligados de las branquias, pero todav�a demasiado alejados para funcionar como una boca? �Se trasladaron hacia delante, mil�metro a mil�metro, hasta alcanzar finalmente una posici�n coordenada alrededor de la boca?

Darwin b�sicamente respondi� que ten�a que existir una serie gradual de intermediarios, y que nuestra incapacidad para especificar su funci�n lo �nico que expresa es nuestra falta de imaginaci�n. Darwin dijo: �Si se pudiera demostrar que existi� cualquier �rgano complejo sin posibilidades de haberse formado por numerosas modificaciones leves y sucesivas, mi teor�a se derrumbar�a totalmente�.

Sin embargo, seg�n la concepci�n de Gould (equilibrio discontinuo), el cambio anat�mico ser�a completo en diez o cien generaciones, y esta fase de transici�n resultar�a muy corta en comparaci�n con la duraci�n total de la especie. Ello explicar�a por qu� no se hallan f�siles de formas intermedias. En conjunto, la fosilizaci�n es un fen�meno raro. La inmensa mayor�a de los restos animales son revueltos y dispersados antes de tener la oportunidad de quedar enterrados en dep�sitos que asegurar�n su fosilizaci�n. Son muy peque�as las probabilidades de que sea hallada una forma transicional de una especie en el registro geol�gico.

Seg�n la teor�a del equilibrio discontinuo, el origen de una especie nueva siempre se produce en un grupo reducido de individuos que se hallan geogr�ficamente aislados de la poblaci�n principal de la especie. La nueva especie surge all� y luego ocupa el territorio de la poblaci�n principal de la especie, con lo que aparecer� en el registro f�sil bajo su forma plenamente desarrollada. Seg�n este modelo, por una parte, se acepta que el registro f�sil sea incompleto, debido a que la fosilizaci�n es un acontecimiento raro, y nunca hay un registro completo de los cambios producidos de a�o en a�o. Y, por otra parte, se acepta tambi�n la existencia de �saltos� en el registro, porque se interpreta que �stos son un fiel reflejo del modo en que opera la evoluci�n.

7. El mutacionismo y la posici�n actual

Seg�n la teor�a de Darwin, todas las especies existentes tienen un origen com�n; a partir de este origen com�n, y mediante un proceso gradual regido por la selecci�n natural, las especies han ido evolucionando (apareciendo unas y desapareciendo otras) hasta la situaci�n actual. En todo este proceso hay dos factores clave: la selecci�n natural y la herencia. La teor�a de Darwin necesita explicar c�mo es posible que los caracteres adquiridos se transfieran de unos individuos a otros y c�mo se realiza esta transmisi�n. Una vez explicado esto, es la selecci�n natural la encargada de seleccionar aquellos caracteres que son favorables y de rechazar aquellos que no lo son.

Uno de los problemas del darwinismo es que era incapaz de explicar c�mo se transmit�an los caracteres adquiridos de una generaci�n a otra. Fue G. H. Mendel quien, finalmente, logr� dar una explicaci�n de la transmisi�n de la herencia. Mendel, tras una larga serie de experimentos con guisantes, formul� las leyes de la herencia (hoy conocidas como leyes de Mendel). Estas leyes son tres:

Ley de la uniformidad de los mestizos de la primera generaci�n filial. Si cruzamos dos razas puras con respecto a un determinado car�cter �es decir, que difieren entre s� con respecto a ese car�cter�, los descendientes de la primera generaci�n son todos iguales con respecto a ese car�cter. Si se cruzan, por ejemplo, dos razas puras de guisantes con flores rojas y blancas, respectivamente, el resultado ser� que todas las plantas de la generaci�n filial tendr�n todas sus flores de color rojo. Esto se explica porque el color rojo de las flores del guisante es dominante sobre el color blanco, en este caso (principio de la dominancia).

Ley de la disyunci�n de los alelos. Los genes alelos procedentes del padre y de la madre est�n juntos en los h�bridos, pero se pueden separar en la generaci�n siguiente. Esto significa que la descendencia obtenida por autofecundaci�n de los h�bridos no es uniforme, sino que en ella aparecen individuos que presentan el car�cter dominante e individuos que ostentan el recesivo, en la proporci�n de tres a uno (principio de la segregaci�n).

Ley de la herencia independiente de los caracteres. Cada uno de los caracteres hereditarios se transmite a los descendientes con absoluta independencia de los dem�s, como si �stos no existiesen. Para demostrarla, Mendel cruz� dos variedades de guisante que difer�an en dos caracteres: forma de la semilla y color de los cotiledones. La descendencia resultante de la uni�n de estos gametos present� las siguientes proporciones: semilla lisa y cotiled�n amarillo 9:16, semilla rugosa y cotiled�n amarillo 3:16, semilla lisa y cotiled�n verde 3:16 y semilla rugosa y cotiled�n verde 1:16. Lo que confirma que los factores que determinan cada car�cter se transmiten de modo completamente independiente (principio de la recombinaci�n).

Ahora bien, las leyes de la herencia s�lo nos dicen c�mo se transmiten los caracteres desde los padres hasta los descendientes; pero no nos dicen c�mo cambian. Para explicar el cambio de estos caracteres y, por tanto, la posibilidad de que aparezcan caracteres nuevos es necesario un concepto nuevo. Este es el concepto de mutaci�n. Por mutaci�n se entiende cualquier cambio en el material gen�tico, heredable y detectable, no atribuible a segregaci�n o recombinaci�n, que se transmite a las c�lulas o individuos mutantes. La mutaci�n puede afectar a c�lulas som�ticas, con lo que todas las c�lulas descendientes de �stas la llevar�n, pero la mutaci�n muere con el individuo; y puede ocurrir en una o m�s c�lulas germinales, que tienen capacidad de reproducir un organismo completo, con lo que es probable que alg�n descendiente lleve el gen mutado, perpetu�ndose la mutaci�n. Es evidente que es este �ltimo tipo de mutaci�n el que tiene que ver con la evoluci�n.

El concepto de mutaci�n, tal y como se lo entiende hoy, fue introducido por el holand�s Hugo de Vries. De Vries sustituy� la noci�n de variaci�n continua darwiniana por la de variaci�n discontinua o mutaci�n. Seg�n dicha concepci�n, en los seres vivos se pueden distinguir dos clases de variaciones: unas llamadas modificaciones, debidas a factores medioambientales; y otras, denominadas mutaciones, que poseen un origen m�s complejo y que ocasionan perturbaciones gen�ticas. Las primeras no se transmiten y, por tanto, no desempe�an ning�n papel en la evoluci�n; las segundas, actuando sobre las c�lulas germinales, provocan cambios que se transmiten y originan las variaciones de las especies.

Seg�n el neodarwinismo sint�tico �la teor�a actualmente m�s extendida sobre la evoluci�n� la selecci�n no act�a sobre genes individuales cuando son creados por mutaci�n, sino sobre un conjunto de genes que constituyen el fondo de varibilidad de la especie, constantemente reaprovisionado mediante mutaci�n y recombinaci�n gen�tica.

Seg�n Haldane la selecci�n natural por s� sola puede producir cambios considerables en una poblaci�n heterog�nea, pero es la mutaci�n la que proporciona el material sobre el que act�a la selecci�n. Las diferencias entre especies son de la misma naturaleza que las diferencias entre variedades. �stas se deben en general a unos pocos genes y aqu�llas afectan normalmente a un n�mero muy grande. Gracias a la selecci�n natural se van acumulando las variaciones favorables hasta llegar a constituir diferencias de grado espec�fico. Otras veces, la especie puede surgir bruscamente, pero siempre debe pasar ante el tribunal de la selecci�n.

La teor�a sint�tica, aun cuando procede de Darwin y utiliza las mismas expresiones darwinistas, ha cambiado, de hecho, el significado de casi todas las palabras, de tal manera que lo que resulta es considerablemente distinto de lo que Darwin propuso.

  1. �Variaci�n debida al azar�. Darwin pensaba en la variaci�n fenot�pica. Con la misma expresi�n, los neodarwinistas significan variaci�n genot�pica o mutaci�n.
  2. �Supervivencia del m�s apto�. Darwin argumentaba como si realmente tomase �supervivencia� en el sentido que un organismo vive durante un largo per�odo, y la expresi�n �el m�s apto� para significar �el m�s capaz de llevar a cabo las transacciones ordinarias de la vida�, tales como correr, recoger alimento, etc. El significado que los neodarwinistas confieren a estos t�rminos es, por completo, diferente. Sustituyen �supervivencia� por �reproducci�n�; y con �el m�s apto� significan �el m�s eficaz en contribuir con sus gametos a la siguiente generaci�n�. As�, toda consideraci�n de habilidad para llevar a cabo los asuntos ordinarios de la vida ha desaparecido en la teor�a neodarwinista, siendo enteramente reemplazado por el concepto de eficacia para la reproducci�n.

El quid quaestionis de las teor�as darwinistas es la selecci�n natural o la �supervivencia del m�s apto�, la idea de que las especies pueden surgir por la diferente supervivencia de las criaturas en su lucha por la existencia. La apreciaci�n no era original de Darwin, sino que la sugiri� Malthus, para quien el crecimiento de las poblaciones org�nicas en proporci�n geom�trica y el de los medios de subsistencia en proporci�n aritm�tica obliga a las especies a una lucha por la existencia, tanto entre individuos de la misma especie, como entre especies del mismo g�nero. En esta lucha sobreviven solamente los m�s aptos, los que exhiben variaciones favorables. La preservaci�n de las variaciones y diferencias individuales favorables es obra de la selecci�n natural.

La selecci�n natural escoge autom�ticamente las mutaciones y combinaciones de genes que favorecen a sus poseedores en la competici�n por la supervivencia, y durante el transcurso de unas generaciones las incluye en la constituci�n hereditaria de la especie. En consecuencia, los organismos van mejorando paulatinamente y quedan mejor reajustados a las condiciones de su vida (J.S. Huxley, Evolution in action, Harper, Nueva York, 1953, p. 31)

Si esto es as�, al cabo de muchas generaciones, los caracteres con �xito aumentar�n, mientras que los ineficaces desaparecer�n y, con suficiente tiempo, la poblaci�n se habr� modificado en respuesta a un medio ambiente cambiante. En esto radica la denominada selecci�n natural que conduce, de este modo, a la formaci�n de nuevas especies. La selecci�n aparece, en s�ntesis, como resultado l�gico de tres hechos b�sicos de la vida:

Superpoblaci�n: los animales y las plantas tienden a producir m�s descendientes que los que pueden sobrevivir. La superpoblaci�n entra�a mortalidad.

Variabilidad: en toda especie existe diversidad de estructura y funci�n corporal. Hay diferencias de caracteres m�s o menos triviales, como el color de los ojos o del pelo, pero existen tambi�n diferencias importantes, hasta el punto de que podr�an condicionar la supervivencia, como la agudeza visual en algunas especies.

Herencia: muchos caracteres del individuo pasan a su descendencia por transmisi�n gen�tica. De hecho, se considera que la mayor�a de los caracteres est�n supeditados a la Gen�tica en mayor o menor extensi�n.

Estos tres factores interrelacionados dan como resultado la selecci�n natural. Ahora bien, la selecci�n no es el �nico integrante del proceso evolutivo. Seg�n la teor�a sint�tica, la selecci�n natural y la mutaci�n son conjuntamente responsables del proceso que ha llevado los organismos primitivos a los organismos complejos de hoy d�a.

Las mutaciones ejercen un papel secundario, pero coadyuvante. Aparecen de manera aleatoria, independientemente de que sean ventajosas o no a sus poseedores, aunque su car�cter azaroso est� contrarrestado por la selecci�n natural, que preserva y multiplica las mutaciones �tiles y elimina las da�inas. Ambos elementos, selecci�n y mutaci�n, se concitan y coimplican en el fen�meno evolutivo, son ingredientes necesarios de la evoluci�n, seg�n la teor�a sint�tica: sin mutaciones, la evoluci�n no podr�a acaecer, puesto que no habr�a variantes que la selecci�n pudiera escoger; pero, sin la selecci�n, el proceso aleatorio de la mutaci�n llevar�a a la desorganizaci�n y a la extinci�n, puesto que, por ser aleatorias, la mayor�a de las mutaciones son desfavorables. La selecci�n natural se constituye, por tanto, como un proceso determin�stico, capaz de engendrar el orden que se aprecia en la naturaleza, conservando y transmitiendo las mutaciones favorables. Como �stas son pocas y muy peque�as, hace falta que transcurran enormes per�odos de tiempo para que lleguen a producirse cambios notables en las especies.

7.1 La crisis del neodarwinismo

En los a�os 60, profesores del MIT demostraron, mediante c�lculos estad�sticos, que si los organismos vivos hubiesen elegido ciegamente entre el gran n�mero de posibilidades existentes, a trav�s de los mecanismos postulados por la teor�a sint�tica, la probabilidad de existencia para la mayor parte de los seres vivos hoy ser�a nula; esto supon�a �seg�n estos cient�ficos�, una refutaci�n general al mecanismo evolutivo neodarwinista basado en el binomio azar-selecci�n natural.

En respuesta a estos trabajos, Jacques Monod afirm� en El azar y la necesidad, que los seres vivientes son estructuras dotadas de propiedades particulares: invarianza reproductiva y teleonom�a (son estructuras en apariencia finalistas). Sin embargo, Monod critica todas las explicaciones globales teleol�gicas y animistas que suponen una alianza entre el hombre y la Naturaleza, como tambi�n las reivindicaciones procedentes del cientificismo (religiones, antropocentrismo teilhardiano, materialismo dial�ctico de los marxistas).

Para Monod, las propiedades de lo viviente deben explicarse a partir del azar que reina en el nivel microsc�pico, y ser compatibles con el segundo principio de la Termodin�mica. El azar interviene igualmente a nivel del patrimonio gen�tico y el ADN asume el papel del v�nculo entre invarianza y teleonom�a.

Monod conf�a en la selecci�n natural de Darwin completada por el descubrimiento del ADN que, �sacado del reino del puro azar, entra en el de la necesidad, el de las m�s implacables certezas� (p. 119). El problema del origen de las especies se convierte en �el mayor problema� de �el origen del c�digo gen�tico y del mecanismo de su traducci�n�. Monod sostiene que s�lo el azar est� en el origen de toda novedad evolutiva y es, por tanto, el responsable de toda creaci�n org�nica:

S�lo el azar est� en el origen de toda novedad, de toda creaci�n en la biosfera. El puro azar, el �nico azar, libertad absoluta pero ciega, en la ra�z misma del prodigioso edificio de la evoluci�n: esta noci�n central de la biolog�a moderna no es ya hoy en d�a una hip�tesis, entre otras posibles o al menos concebibles. Es la sola concebible, como �nica compatible con los hechos de observaci�n y experiencia (p. 113)

El problema �y de ah� gran parte del impacto del libro de Monod� lleva directamente a la cuesti�n sobre el origen de la vida, es decir, del c�digo gen�tico. Cualquiera que sea �ste, un tal estatus de azar despoja a la humanidad de toda significaci�n trascendente. Sin embargo, la �tica no se halla en peligro porque el mismo conocimiento cient�fico descansa en imperativos morales que gozan del mismo rango que el de la objetividad. El af�n de superaci�n y de trascendencia humana se encarna, seg�n Monod, en un socialismo humanista, que no es �socialismo cient�fico marxista�, pero que deber� perseguir el ideal de la objetividad cient�fica.

Otro aspecto del neodarwinismo que ha sido atacado es la doctrina de la selecci�n natural. Las cr�ticas contra ella provienen de la teor�a neutralista de la evoluci�n, defendida por Motoo Kimura. Seg�n Kimura, la mayor parte de las variantes gen�ticas son neutras en sus efectos, no confieren ventaja ni desventaja al portador, y son capaces de derivar por las poblaciones sin el estorbo de la selecci�n. �sta posee, por tanto, un poder mucho menor que el que se atribuyen los neodarwinistas. Kimura no admite que la selecci�n sea la fuerza omnipotente de la evoluci�n.

Ambas teor�as, neodarwinismo y neutralismo, est�n de acuerdo en la existencia de la selecci�n negativa �forma de selecci�n natural que act�a evitando que las mutaciones desventajosas aumenten su frecuencia�. Las dos est�n de acuerdo en que algunas mutaciones son desventajosas, y que la raz�n por la cual estas mutaciones no se encuentran en las poblaciones naturales es que la selecci�n negativa las evita. La diferencia entre las dos teor�as reside en cu�l es la causa de los cambios evolutivos. El neodarwinismo afirma que la evoluci�n est� dirigida por selecci�n natural positiva. Por el contrario, la teor�a de la neutralidad de Kimura afirma que est� dirigida por una deriva al azar:

En mi opini�n, la mayor�a de los genes mutantes que s�lo se detectan por medio de las t�cnicas qu�micas de la gen�tica molecular, son selectivamente neutros, es decir, no tienen adaptativamente ni m�s ni menos ventajas que los genes a los que sustituyen; a nivel molecular, la mayor�a de los cambios evolutivos se deben a la �deriva gen�tica� de genes mutantes selectivamente equivalentes (M. Kimura, �Teor�a neutralista de la evoluci�n molecular�, Libros de Investigaci�n y Ciencia, Barcelona, Prensa Cient�fica, 1979-1987, p. 232)

La teor�a de la selecci�n natural ha sido criticada tambi�n, desde un plano epistemol�gico, por Popper. Seg�n Popper esta teor�a es demasiado vers�til. Su versatilidad se resuelve en la incapacidad de ser sometida a verificaci�n emp�rica, porque, en principio, puede dar cuenta de muchas situaciones alternativas del mundo vivo. En otras palabras, Popper censura la ambig�edad de la teor�a de la selecci�n natural. A tenor de su formulaci�n, sobrevirir�n en esa lucha por la vida �los mejor dotados� o �lo m�s fuertes�. Pero los organismos vivos son tan complejos, y tambi�n el entorno en que se encuentran tan intrincado, que son muchos los aspectos en que pueden basarse la apreciaci�n de que un ser est� �m�s adaptado� o �mejor adaptado�. Esto significa que, para interpretar un mismo fen�meno, caben muy distintas opciones, lo cual es poco cient�fico. Y si se objeta que no es cierto que para interpretar un fen�meno caben muchas opciones, sino que hay varias razones interrelacionadas que explican un fen�meno, habr� que justificar por qu� se dan a veces interpretaciones contradictorias para fen�menos similares. Es m�s, la teor�a es tautol�gica, no puede demostrarse su falsedad y, por tanto, de acuerdo con el falsacionismo popperiano, no es cient�fica.

8. Teilhard de Chardin, una concepci�n providencialista

Seg�n Teilhard de Chardin, el Universo se ha ido desarrollando en distintas etapas hasta formas las condiciones propicias para la aparici�n de los seres vivos. Surge as� la esfera de la vida que, a su vez, configura la base o el soporte del esp�ritu, inteligencia o nous y, de este modo, nace el ser humano, que constituye la m�s perfecta expresi�n de la vida sobre la Tierra. Ahora bien, con el surgimiento del esp�ritu, de la inteligencia y del ser humano la evoluci�n se orienta hacia su meta final, hacia �el Punto Omega�, que constituye el logro de la plena espiritualizaci�n del ser humano dentro de la obra de Dios.

La interpretaci�n de Teilhard de Chardin supone una visi�n teleol�gica y providencialista del mundo, es decir, que tanto el proceso evolutivo como su punto de llegada estaban previstos y predise�ados por la omnisciencia divina; por consiguiente, la evoluci�n no es m�s que la realizaci�n del proyecto divino que orienta la marcha de la naturaleza.

Se ha insistido frecuentemente en que la evoluci�n, entendida de esta manera, no constituye una concepci�n cient�fica, sino una teor�a metaf�sica y teol�gica en la que se interpretan determinados datos f�sicos a la luz de la fe y de los contenidos religiosos. Mas, Teilhard de Chardin niega esta interpretaci�n y afirma que su teor�a se encuentra respaldada por las investigaciones paleontol�gicas y los hallazgos de las ciencias geol�gicas.

9. Fundamentos de la evoluci�n

9.1 Lucha por la existencia

Darwin tom� este concepto del libro de Malthus. Este autor califica como ley natural �la tendencia constante de todos los seres vivos a multiplicarse m�s r�pidamente de lo que permite la cantidad de alimento de que disponen�. Como consecuencia de ello, los individuos de una especie luchan entre s� por la obtenci�n de recursos limitados: alimento, pareja sexual, espacio o territorio, ... Los m�s fuertes y adaptados sobreviven, transmitiendo sus caracter�sticas hereditarias a la descendencia, mientras que los menos aptos desaparecen en un periodo de tiempo m�s o menos largo. La lucha por la existencia tambi�n se da contra individuos de otras especies y contra el entorno ecol�gico).

9.2 Adaptaci�n al medio

Todas las especies se esfuerzan por adaptarse al medio ambiente en el que viven, ya que ello incrementa sus posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Aqu�llas que consiguen una mejor adaptaci�n aumentan sus probabilidades de perpetuarse con �xito, mientras que aquellas otras que no consiguen adaptarse disminuyen sus posibilidades de supervivencia y, por lo tanto, de reproducci�n.

9.3 Mutaciones gen�ticas

Se habla de mutaci�n cuando se producen nuevas variantes hereditarias. El proceso tiene lugar en la replicaci�n del ADN durante la transmisi�n hereditaria, al surgir alteraciones que convierten a las c�lulas hijas en diferentes de las parentales. En general, se habla de dos tipos de mutaciones: la g�nicas, que alteran uno o muy pocos nucle�tidos de un gen, y las cromos�micas, que afectan al n�mero o a la configuraci�n de los cromosomas. Seg�n sea su frecuencia, se dividen en recurrentes (cuando las mutaciones aparecen con una frecuencia determinada) y no recurrentes (si su aparici�n es excepcional). Estas �ltimas apenas influyen en la evoluci�n, al contrario que las primeras ya que ellas s� pueden afectar a un n�mero alto de individuos dentro de una poblaci�n. Las mutaciones beneficiosas son favorables para la selecci�n natural y se incrementan progresivamente de generaci�n en generaci�n. Las mutaciones pueden ser debidas al azar o provocadas por factores externos.

9.4 Selecci�n natural

Es el mecanismo m�s importante de la evoluci�n. Darwin constat� que existen variaciones entre los individuos de una especie; unas que son �tiles para los organismos porque aumentan sus probabilidades de sobrevivir y reproducirse; y otras que son perjudiciales, pues provocan el efecto contrario. �l mismo escribe: �esta conservaci�n de las diferencias y variaciones favorables de los individuos y la destrucci�n de las que son perjudiciales es lo que yo he llamado selecci�n natural�. Darwin ignoraba, sin embargo, los mecanismos hereditarios. Hoy sabemos que la selecci�n natural debe complementarse con las mutaciones gen�ticas para explicar el proceso evolutivo. �ste consiste, en s�ntesis, en lo siguiente:

Cuando una mutaci�n aleatoria favorece la adaptaci�n de un organismo al medio ambiente, se convierte en una caracter�stica ventajosa para la supervivencia de dicho organismo. Como es l�gico, aumentan sus posibilidades reproductoras, con lo cual la mutaci�n se transmite a los descendientes. Como �stos son favorecidos por la mutaci�n con respecto a los otros miembros de la poblaci�n que no la poseen, sobrevivir�n y se perpetuar�n con mayor facilidad, provocando as� un desarrollo evolutivo dentro de esa poblaci�n. A la vez, y como fruto de la lucha por la existencia, los individuos menos aptos ir�n desapareciendo al no gozar de las ventajas adaptativas de la mutaci�n gen�tica.

La selecci�n natural puede ser estabilizadora (cuando favorece los valores medios de una poblaci�n, penalizando los valores extremos) o direccional (cuando una poblaci�n evoluciona sistem�ticamente en una direcci�n determinada, dando lugar a grandes cambios gen�ticos).

9.5 Selecci�n familiar

Uno de los m�s graves problemas de la teor�a evolutiva era la explicaci�n del comportamiento altruista en numerosas especies, puesto que parec�a contradictorio con la lucha por la existencia de los individuos. Pero analizado convenientemente resulta que no es as�. Puesto que cada individuo comparte el 50% de los genes con sus descendientes, la selecci�n natural favorece las conductas altruistas en relaci�n con los hijos, siempre que el peligro de dicha conducta represente menos de la mitad del beneficio que recibe por ella el descendiente.

Seg�n R. Dawkins, el sujeto de la selecci�n natural no es ni la especie ni el individuo, sino el gen. Por lo tanto, son los genes los que luchan por la existencia, mientras que los organismos no son m�s que sofisticadas m�quinas de supervivencia fabricadas por los genes con el objeto de perpetuarse. De esa manera, un gen, en virtud de su capacidad replicadora a trav�s de la herencia, se transmite de un cuerpo a otro durante un n�mero elevado de generaciones, mientras los individuos concretos que lo han portado desaparecen. El altruismo ser�a, as�, una forma encubierta de ego�smo. Puesto que los parientes comparten entre s� un n�mero elevado de genes id�nticos, la selecci�n natural habr�a favorecido comportamientos altruistas en beneficio del parentesco, ya que se obtendr�an m�s posibilidades de supervivencia para los genes con este tipo de conducta que con la contraria.

9.6 Especiaci�n

La definici�n cl�sica de especie es: �el conjunto de organismos que pueden reproducirse entre s�, pero no con individuos pertenecientes a otros grupos�. Hoy existen en la Tierra aproximadamente dos millones de especies. Todas ellas provienen, por evoluci�n, de un antepasado com�n. �C�mo se produjo esta diferenciaci�n tan extrema?

Seg�n la tesis cl�sica del gradualismo, a trav�s de un proceso en el que dos poblaciones pertenecientes a una especie com�n divergen entre ellas hasta convertirse en especies distintas. No es posible, pues, hablar de un momento concreto de separaci�n, sino que se dan gradualmente procesos intermedios de divergencia hasta la escisi�n definitiva. Sin embargo, no todos los evolucionistas aceptan totalmente esta explicaci�n.

Si las especies se caracterizan por su aislamiento reproductivo, preguntar por el origen de las especies es preguntar por los mecanismos de aislamiento reproductivo entre poblaciones. Se han propuestos dos teor�as de especiaci�n:

Teor�a incidental: dos especies divergen gen�ticamente como consecuencia de la adaptaci�n a sus respectivos entornos. Poco a poco ir�n aumentando las diferencias entre ellas hasta que sus acervos gen�ticos resulten tan diferentes que no sea posible la generaci�n de h�bridos.

Teor�a selectiva: considera el aislamiento reproductivo como un producto directo de la selecci�n. En el caso de que dos poblaciones est�n ya gen�ticamente un tanto diferenciadas, los h�bridos estar�n menos adaptados que los no h�bridos. La selecci�n natural favorecer� directamente la evoluci�n de mecanismos de aislamiento reproductivo, puesto que genes que restringen la hibridaci�n tienen mayor eficacia que los que la favorecen o permiten.

10. El impacto filos�fico y teol�gico

El darwinismo es una combinaci�n de cinco teor�as: 1) la evoluci�n como modo de desenvolverse la vida en el tiempo; 2) el origen com�n de las especies; 3) la diversificaci�n de estas especies por cambios gen�ticos y geogr�ficos; 4) el gradualismo del cambio evolutivo; 5) la selecci�n natural (el cambio evolutivo se produce a trav�s de la producci�n abundante de variaci�n gen�tica en cada generaci�n). Con estas cinco teor�as, Darwin desafi� algunas de las creencias b�sicas de su tiempo. Cuatro de ellas eran pilares del cristianismo: 1) la creencia en un mundo constante, 2) el car�cter creado de este mundo, 3) su dise�o por un Creador sabio y benigno, 4) la posici�n �nica del hombre en la creaci�n; pero tambi�n hab�a creencias de car�cter puramente filos�fico, y no teol�gico: el planteamiento filos�fico esencialista, la causalidad mecanicista de los f�sicos y la creencia en causas finales o �teleolog�a�.

Todas estas creencias han sido un pilar b�sico �durante siglos� del modo de vida occidental; y, aunque algunas de ellas ya hab�an sido sometidas a cr�tica, esta cr�tica se hab�a considerado m�s como un ejercicio puramente intelectual que como algo que afectase a la realidad profunda de las cosas; la teor�a de la evoluci�n, por el contrario, atacaba todos los fundamentos del mundo occidental y, sobre todo, uno: el car�cter privilegiado del hombre dentro de la creaci�n. Es m�s, al afirmar que todas las especies existentes proceden, por evoluci�n, de un tronco com�n, se atacaba directamente un dogma fundamental del cristianismo: Dios, seg�n el G�nesis, hab�a creado al hombre a su imagen y semejanza. Desde Darwin, el hombre no es creado por Dios, sino fruto de la evoluci�n, y no est� hecho a imagen y semejanza de Dios, sino que es el �ltimo eslab�n �hasta ahora� de una larga cadena; pero que sea el �ltimo eslab�n no quiere decir que sea distinto, sino uno m�s.

En resumen, la teor�a de Darwin viene a destruir una imagen de la naturaleza fundamentalmente estable y ordenada, querida por Dios, que s�lo es inteligible en su funcionamiento y evoluci�n si se parte de la noci�n omnipresente de finalidad, de una naturaleza en que la distinci�n de las especies es ontol�gica, una naturaleza cuya �vejez� no supera unos cuantos milenios, una naturaleza en que el hombre ocupa un lugar soberano y ontol�gicamente distinto, pues es el �nico ser vivo que tiene un alma supranatural... Nada de todo eso resiste el potencial revolucionario del pensamiento darwiniano, que subraya:

La primera reacci�n de los te�logos fue de rechazo, por suponer que Darwin atacaba la doctrina de la singularidad del hombre como creaci�n m�xima de Dios. En el caso de los c�rculos protestantes se consideraba que atacaba tambi�n la extendida convicci�n de que la Biblia era una fuente de informaci�n sobre el mundo natural.

Algunos te�logos propusieron m�s tarde considerar el darwinismo como una concepci�n elevada del papel divino: el hombre ser�a algo singular, aunque parte de la Naturaleza y producto de un proceso evolutivo.

En el campo filos�fico el darwinismo afect� principalmente al punto de vista dominante desde la �poca de Plat�n, el esencialismo, que afirma que los seres vivos est�n compuestos por un n�mero limitado de esencias invariantes, del que las manifestaciones variables son meros reflejos incompletos.

Otra consecuencia fue el auge del materialismo. A este respecto son c�lebres las cartas entre Marx y Engels a prop�sito de la obra de Darwin.

Spencer intent� formular la teor�a evolutiva en t�rminos que englobaran todas las esferas de la existencia, m�s all� de la naturaleza org�nica, persiguiendo la reducci�n del conocimiento a una ley suprema. Mecanicismo, unicidad del Universo, teor�a empirista del conocimiento, agnosticismo religioso son rasgos sintetizadores del pensamiento de Spencer. Este darwinismo social pretende fundamentar biol�gicamente las ciencias sociales. Desde una perspectiva conservadora trata de legitimar el liberalismo econ�mico y el primitivo capitalismo industrial.

Spencer realiza una biologizaci�n de la �tica e intenta establecer leyes naturales de las que inferir conclusiones morales o principios de conducta: los individuos mal adaptados sufren las condiciones de su existencia, mientras que los mejor adaptados se aprovechan de su superioridad. No hacen falta reformas sociales ni intervenci�n del Estado, la selecci�n social act�a por s� sola.

El rasgo principal del darwinismo social de derechas o de izquierdas es utilizar todo tipo de acotaciones m�s o menos emparentadas con la teor�a de la evoluci�n para ilustrar o justificar un comportamiento social y legitimar la acci�n pol�tica.

Otra corriente del darwinismo social se vincul� al racismo. Destacan Houston Stwart Chamberlain, Alfred Rosenberg o el mismo Hitler.

Haeckel englob� darwinismo y organicismo. El ser humano no podr�a escapar de los condicionamientos biol�gicos, y no respetar la selecci�n natural conducir�a a la decadencia de la humanidad. Propuso luchar contra la desviaci�n social mediante la selecci�n artificial.

En otra l�nea pol�tica se encuentra Kropotkin, que usa la obra de Darwin como fundamento de su �tica libertaria: las especies que prosperan y perduran son las que recurren a la cooperaci�n y a la ayuda mutua.

Nietzsche tambi�n utilizar� conceptos como �derecho de los fuertes� y otros. Aunque la evoluci�n no se cumple en la sociedad, dado que no son siempre los fuertes quienes triunfan, y ello se debe a la nefasta influencia del cristianismo, que considera iguales a los d�biles y a los fuertes.

Bergson lleg� al evolucionismo progresivamente y cre� una versi�n relativamente original, rechazando el mecanicismo y admitiendo un finalismo parcial. El tiempo trae novedad y perfeccionamiento, permite que el universo evolucione. Las dos l�neas b�sicas de la evoluci�n son la de los insectos y la de los vertebrados, �sta �ltima contin�a su desarrollo hasta llegar al hombre. El hombre es el t�rmino y la finalidad de la evoluci�n.

10.1 Etica y biolog�a

Cabe hacerse una pregunta: la capacidad para crear y adecuarse a c�digos morales, �es un rasgo distintivo de la naturaleza humana?. Hay tres teor�as al respecto:

  1. La que considera que la �tica es un producto de la evoluci�n
  2. La que propone que la evoluci�n ha de guiar el desarrollo futuro de las ideas �ticas. Es el caso de Spencer, E. Wilson. Ambos incurrir�an en la falacia naturalista, pueden explicarse conductas, pero no dictarse
  3. La que sugiere que las ideas �ticas afectan al curso futuro de la evoluci�n. Lo que afecta al hombre el mecanismo de la evoluci�n se ha transferido al nivel social. El futuro de la evoluci�n org�nica, y no s�lo la cultural, depender� en buena medida de la actuaci�n del ser humano.

10.1.1 La evoluci�n de la �tica

Nuestras capacidades morales y nuestras ideas morales han evolucionado seg�n un proceso que forma parte del proceso general de la evoluci�n o, al menos, es an�logo al proceso general de la evoluci�n. En un sentido, esto es obviamente verdadero, pues nuestras ideas morales son hoy, efectivamente, distintas a muchas de las existentes, por ejemplo, en la pen�nsula en el siglo XII de nuestra era. Ahora bien, en tanto que obvio, esto no explica nada. Estamos, en este caso, usando el t�rmino �evolucionado� como sin�nimo de �desarrollado�.

Sin embargo, hay otro sentido mucho m�s interesante de esta expresi�n. Es aquel seg�n el cual la capacidad moral humana es un producto de la evoluci�n. Esto es lo que afirmaba Darwin en su obra Descent of Man. Los psic�logos modernos tambi�n explican nuestra capacidad moral desde un punto de vista evolutivo, aunque ligeramente distinto al de Darwin. Los psic�logos modernos no intentan ver si la selecci�n natural ha sido el medio por el que las facultades morales se han desarrollado. En lugar de ello, han construido teor�as que muestran c�mo nuestras capacidades morales est�n constituidas a partir de otras facultades mentales como el amor y el miedo, en respuesta a los est�mulos de la familia y del medio social m�s amplio.

Las teor�as de fil�sofos anteriores a Darwin mostraban que el hombre desarrolla sus capacidades morales a partir de sentimientos y deseos de los que todos los seres humanos est�n naturalmente dotados. A esto Darwin a�adi� tres cosas:

  1. sugiri� que los impulsos sociales iniciales que constituyen la base sobre la que se edifica la conciencia se encuentran tambi�n en los animales;
  2. sugiri� que la selecci�n natural probablemente ha constituido un factor causal importante en el desarrollo de los �instintos sociales�. Un individuo de instintos sociales fuertes es menos probable que sobreviva que un individuo ego�sta atento a salvar su pellejo, y por ello es menos probable que deje descendencia que herede sus instintos. Pero debido a que su tipo de conducta contribuye m�s al bienestar del grupo, podr�a ser alabado por sus semejantes y el aprecio de sus cualidades har�a que otros las emularan y estimularan esta emulaci�n en sus cr�as. Un aumento de tales cualidades en un grupo por la fuerza del ejemplo dar�a al grupo mayor valor de supervivencia que el de grupos cuyos miembros actuaran s�lo para su bienestar social;
  3. Darwin pensaba que las cualidades de la mente y de la conducta adquiridas por ejemplo, y por educaci�n, se transmiten por herencia a los hijos.

Los dos primeros puntos parecen verdaderos; el tercero es, obviamente, falso.

10.1.2 �tica evolutiva

La tesis de que un estudio de la evoluci�n puede ense�arnos lo que hay que considerar bueno no se encuentra en las obras de Darwin; sin embargo, s� que influyeron en otros autores. Los intentos del XIX de basar la �tica en la evoluci�n fueron criticados por T.H. Huxley. La idea fundamental de la �tica evolutiva es que, lo mismo que las especies que surgen despu�s en el tiempo est�n m�s perfeccionadas que las que surgieron antes, lo mismo se puede aplicar a las normas morales. A esta tesis, T.H. Huxley objeta lo siguiente:

Los defensores de lo que denominamos la ��tica de la evoluci�n�, si bien �evoluci�n de la �tica� expresar�a mejor el tema de sus especulaciones, aducen un n�mero de hechos m�s o menos interesantes y de argumentos m�s o menos sanos a favor del origen de los sentimientos morales, del mismo modo que de otros fen�menos naturales, por un proceso de evoluci�n. Por mi parte, dudo poco de que se encuentren en el buen camino; pero como los sentimientos inmorales no han evolucionado menos, hay, hasta ahora, la misma sanci�n natural para los unos que para los otros ... La evoluci�n c�smica puede decirnos c�mo pueden haberse producido las buenas y las malas tendencias del hombre; pero, en s� misma, no puede darnos ninguna raz�n mejor de las que ten�amos de por qu� lo que llamamos bien sea mejor que lo que llamamos mal.

Nadie cree que las cosas mejores precisamente por ser posteriores y que la resaca de la borrachera sea preferible a la juerga, por venir a la ma�ana siguiente. �Por qu�, pues, hay que suponer que la direcci�n de la evoluci�n pueda constituir una gu�a para la �tica?

Una raz�n pudiera ser que �m�s evolucionado�, a diferencia de �posterior�, incluye la idea de superior, de m�s alto en una escala de valores. Pero, �qu� criterio de evaluaci�n se aplica, de hecho, al afirmar que un organismo es �superior� en la escala evolutiva a otro? A primera vista pudiera parecer que los resultados naturales del proceso de la evoluci�n facilitan el criterio. Pues la selecci�n natural se traduce en �la supervivencia del m�s apto� y es f�cil suponer que �m�s apto� significa �mejor�. As� ser�a si pens�ramos en lo que es m�s apto para sobrevivir. Pero en tal caso la supervivencia del m�s apto no significa m�s que la supervivencia del m�s capaz de sobrevivir, pero no del �mejor�. Es m�s, la supervivencia como tal no basta para captar nuestra simpat�a. No vemos con ninguna simpat�a los esfuerzos del virus de la gripe para sobrevivir y multiplicarse.

Una gran capacidad de una funci�n no va necesariamente de la mano con un elevado valor �tico. Los criterios de evaluaci�n �tica no dependen del desempe�o de ninguna funci�n espec�fica. Decir que un hombre es bueno no es encomiarlo por los mismos criterios que se utilizan al decir que es un buen superviviente.

El jardinero que cultiva un trozo de tierra trabaja oponi�ndose al estado de la naturaleza, eliminando malas hierbas que, en otro caso, ganar�an en la lucha natural por la existencia. Huxley acepta que el hombre, y lo que el hombre hace, forma parte de la naturaleza. �Por qu�, pues, la lucha entre el jardinero y las malas hierbas no debe considerarse una parte del proceso evolutivo general de selecci�n natural? Justamente porque el proceso de selecci�n natural no es un proceso de selecci�n propiamente hablando. Darwin mismo insisti� en que usaba el t�rmino �selecci�n� en sentido metaf�rico, ya que no implica una selecci�n consciente. El jardinero, a diferencia de las malas hierbas y otras plantas, posee un prop�sito: asegurar la supervivencia de las plantas que le gustan o necesita. Si cesa en sus esfuerzos, el proceso natural reanudar� su curso y las malas hierbas invadir�n el jard�n. El jardinero selecciona ciertas variedades de plantas para que sobrevivan. En cambio, la selecci�n natural deja sobrevivir las variedades que son m�s fuertes que sus competidoras.

En conclusi�n, seg�n Huxley los principios de la �tica se oponen completamente al principio de selecci�n natural:

La pr�ctica de lo que es �ticamente mejor (de lo que llamaremos bondad o virtud) implica una conducta que, en todo respecto, se opone a lo que conduce al �xito en la lucha c�smica por la existencia ... su influencia est� dirigida no tanto por la supervivencia del m�s apto, como por el ajuste del mayor n�mero posible para sobrevivir...

Comprendamos, de una vez por todas, que el progreso �tico de la sociedad consiste, no en imitar el proceso c�smico, todav�a menos en huirlo, sino en combatirlo (T.H. Huxley y J. Huxley: Evolution and Ethics)

Esta conclusi�n de T.H. Huxley ha sido combatida por C.H. Waddington y J. Huxley. Waddington se opone al veredicto de T.H. Huxley de que el perfeccionamiento �tico est� en contra de la evoluci�n:

Hemos de aceptar la direcci�n de la evoluci�n como buena simplemente porque es buena seg�n toda definici�n realista de tal concepto. Definimos los principios psicol�gicos como coacciones psicol�gicas actuales derivadas de la experiencia de la naturaleza de la sociedad; afirmamos que la naturaleza de la sociedad es tal que, en general, se desarrolla en cierta direcci�n; pues bien, los principios �ticos que ayudan al movimiento en tal direcci�n son, de hecho, los adoptados por tal sociedad (Waddington, C.H. and others, Science and Ethics, London, Allen and Unwin, 1942, p. 18)

Por su parte, J. Huxley, nieto de T.H. Huxley, est� en desacuerdo con la contradicci�n establecida por T.H. Huxley entre la direcci�n del progreso �tico y el curso de la evoluci�n natural.

T. H. Huxley opin�, hace cincuenta a�os, que hay una contradicci�n fundamental entre el proceso �tico y el proceso c�smico:

Actualmente, creo que la contradicci�n puede resolverse, por una parte, extendiendo el concepto de evoluci�n hacia atr�s, hacia lo inorg�nico y hacia delante hacia el dominio de lo humano, y, por otra parte, considerando la �tica no como un cuerpo de principios fijados, sino como un producto de la evoluci�n y en evoluci�n �l mismo (T. H. Huxley y J. Huxley, o.c.)

J. Huxley aplica el t�rmino �evoluci�n� para cubrir tres fases del desarrollo: primera, la del mundo org�nico; segunda, la de las especies biol�gicas; y tercera, la de las sociedades humanas. S�lo en la segunda de estas fases el agente de la evoluci�n es el proceso darwinista de la selecci�n natural. La primera fase de la evoluci�n fue seguida de la segunda cuando la sustancia se transform� en organismo autorreproductor, y la segunda fase fue seguida de la tercera cuando la sociedad se hizo autorreproductora. Sucedi� as� mediante el pensamiento y el lenguaje que permite que el producto de la experiencia se maneje en la tradici�n y educaci�n.

Lo com�n a estos dos saltos evolutivos es que cada uno implica el surgimiento de un tipo de autorreproducci�n, y ello a pesar de que las causas de ambos saltos son diferentes. Por tanto, la conexi�n entre la evoluci�n y los criterios de la �tica nada tiene que ver con el proceso darwinista de selecci�n natural.

�C�mo se produce esta conexi�n? Las ideas �ticas del hombre tienden a estar determinadas por factores psicol�gicos y sociol�gicos. Sin embargo, podemos aprender a luchar contra nuestros prejuicios y a encontrar criterios externos para la validez de nuestro sentido moral.

Si observamos el proceso de la evoluci�n podemos observar dos cosas: 1) la direcci�n general de la evoluci�n va desde lo menos a lo m�s complejo y, en consecuencia, est� produciendo continuamente nuevas formas de existencia; 2) como este proceso de evoluci�n incluye, en su �ltima fase, las cosas que nosotros valoramos muy en alto, podemos decir que la direcci�n del proceso va desde lo que tiene poco o ning�n valor a lo que tiene m�s valor. La conclusi�n de J. Huxley parece ser que, como el proceso de la evoluci�n en su conjunto ha conducido a resultados en los que lo bueno predomina sobre lo malo, podemos inferir que, en su mayor�a, los cambios dentro del proceso conducen preferentemente a resultados buenos y no a malos.

10.1.3 Evoluci�n �tica

Seg�n J. Huxley, la �tica puede ayudar a determinar el curso de la evoluci�n en su fase actual, la tercera.

S�lo por la evoluci�n social la materia del mundo puede realizar ahora posibilidades realmente nuevas. La interacci�n mec�nica y la selecci�n natural seguir�n operando, pero se har�n de una importancia secundaria. Para bien o para mal, el mecanismo de la evoluci�n se ha transferido al nivel social o consciente...

Y a medida que el mecanismo de evoluci�n cesa de ser ciego y autom�tico y se hace consciente, la �tica puede inyectarse en el proceso evolutivo. Antes del hombre el proceso era meramente amoral. Despu�s de haberse elevado al nivel m�s alto de la vida se ha podido introducir en la evoluci�n la fidelidad, el valor, la veracidad, la bondad, en una palabra, el prop�sito moral (o.c.)

10.1.4 La �tica, atributo humano universal

La �tica es un atributo humano universal. Los hombres tienen valores morales, es decir, aceptan normas con arreglo a las cuales pueden decidir si su conducta es buena o mala, recta o no, moral o inmoral. Los sistemas y normas morales var�an de un individuo a otro, de una cultura a otra, pero en todas las culturas los hombres adultos forman juicios de valor moral.

El car�cter universal de la capacidad �tica surgiere que su fundamento est� en la naturaleza humana misma y, por ello, que es un producto de la evoluci�n biol�gica. Sin embargo, su car�cter espec�fico, es decir, el que se trate de un atributo exclusivo de la humanidad, sugiere que la capacidad �tica ha aparecido muy recientemente en la evoluci�n.

�Hasta qu� punto puede decirse que la �tica es un atributo natural, determinado por la constituci�n gen�tica de los seres humanos? Los puntos de vista difieren de unos autores a otros: para unos, los valores �ticos son naturales, mientras que, seg�n otros, los valores �ticos o est�n establecidos por la sociedad humana con el fin de facilitar la convivencia social o se derivan de las creencias religiosas. Cuando se plantea la cuesti�n de si la �tica est� determinada por la naturaleza biol�gica humana, la cuesti�n a discutir puede ser una u otra de las dos siguientes: 1) �est� la capacidad �tica de los seres humanos determinada por su naturaleza biol�gica?, 2) �est�n los sistemas o c�digos de normas �ticas determinados por la naturaleza biol�gica humana?.

La noci�n de que los hombres sean �seres �ticos por naturaleza� no es nueva: Arist�teles y otros fil�sofos manten�an que la capacidad �tica es natural, est� enraizada en la naturaleza humana; el hombre no es s�lo homo sapiens, sino tambi�n homo moralis. Pero la evoluci�n biol�gica a�ade una nueva dimensi�n al problema, nos provee con una nueva perspectiva desde la cual se puede considerar la cuesti�n. La evoluci�n biol�gica es un proceso gradual: �cu�ndo y c�mo surge la capacidad �tica en la evoluci�n y por qu� se da en los seres humanos pero no en otros animales?

Parece que la cuesti�n de si la capacidad �tica est� determinada por la naturaleza biol�gica, es decir, de si la propia constituci�n gen�tica de los seres humanos hace necesario que �stos emitan juicios morales, debe resolverse de manera afirmativa. Los hombres poseen capacidad �tica como un atributo natural, son seres �ticos, porque su naturaleza biol�gica determina con ellos la presencia de las tres condiciones necesarias y, juntamente, suficientes para que se d� en ellos el comportamiento �tico. Tales condiciones son: a) la capacidad de prever las consecuencias de las acciones propias; b) la capacidad de formular juicios de valor, es decir, de evaluar las acciones (o los objetos) como buenos o malos, deseables o indeseables, y c) la capacidad de elegir entre modos alternativos de acci�n.

10.2 El problema de la teleolog�a

Los objetos animados parecen tener una funci�n. Los organismos que tienen caracter�sticas identificables con procesos adaptativos, algo frecuente en biolog�a, suelen describirse con expresiones aparentemente teleol�gicas, pero eso presupone la existencia de un plan predeterminado de alg�n agente externo o creador divino.

La cuesti�n de por qu� utilizan los bi�logos un lenguaje teleol�gico ofrece respuestas variadas, pero siempre se afirma que la biolog�a exige modelos finalistas, puestos que los bi�logos, a diferencia de los f�sicos, se ocupan de objetos que se asemejan a modelos intencionales.

El fil�sofo o epistem�logo sigue mostr�ndose inc�modo, puesto que las explicaciones teleol�gicas se asociaron en el pasado a la doctrina de las causas finales, y porque a menudo invocan impl�citamente la presencia de prop�sitos u objetivos como factores causales de los procesos naturales.

E. Nagel ha propuesto considerar los enunciados teleol�gicos como abreviaturas o argumentos resumidos que no implican explicaciones realmente finalistas. Los enunciados aparentemente finalistas pueden adaptarse al modelo deductivo.

Se�alaremos por �ltimo el problema de la ortog�nesis, o progreso evolutivo orientado en direcci�n ascendente. Los bi�logos hablan a menudo de �progreso evolutivo�, pero por ello no entienden habitualmente �direcci�n ascendente�. El cambio evolutivo no implica progreso, puesto que no pueden producirse cambios que, para una especie determinada, no supongan progreso.

10.3 La teor�a de la evoluci�n y la religi�n

10.3.1 La teor�a de la evoluci�n y las pruebas de la existencia de Dios

Las visiones predarwinianas del mundo se pueden caracterizar como un mapa global de las cosas, desde su c�spide hasta su base. A menudo se describe como una escalera; Dios se encuentra en la c�spide, con los seres humanos un pelda�o o dos por debajo (dependiendo de si los �ngeles forman parte o no del esquema). En la base de la escalera se encuentra la nada o tal vez el caos o tal vez la materia inerte e inm�vil. La escalera es como una gran cadena de seres que se puede representar seg�n el siguiente esquema:

Seg�n esta visi�n del mundo, todas las cosas encuentran su lugar en uno u otro nivel de la pir�mide c�smica, incluso la vac�a nada, el �ltimo fundamento. No toda la materia est� ordenada, alguna se halla en estado de caos; s�lo alguna materia ordenada se encuentra tambi�n dise�ada; s�lo algunas cosas dise�adas tienen tambi�n mentes y, naturalmente, s�lo una mente es Dios. Dios, la primera mente, es la fuente y explicaci�n de todas las cosas por debajo de �l.

El mundo es un mundo ordenado; ahora bien, este orden no es un orden no es un mera regularidad, sino que m�s bien es un dise�o, obedece a un telos. Ahora bien, si este orden tiene un fin, debe haber alg�n ser supremo que imponga este fin, y este ser supremo es Dios. �ste es el sentido de la quinta v�a de Sto. Tom�s. Seg�n Sto. Tom�s, todas las operaciones de los cuerpos naturales tienden hacia un fin, a�n cuando carezcan en s� mismos de conocimiento. La regularidad con que alcanzan su fin muestra bien a las claras que no llegan a �l por azar, y esta regularidad no puede ser m�s que intencional y querida. Puesto que carecen de conocimiento, es preciso que alguien conozca por ellos, y a esta inteligencia primera, ordenadora de la finalidad de las cosas, llamamos Dios. La idea es que vemos orden y prop�sito en todo lo que es. �Por lo tanto, existe un Ser Inteligente que dirige las cosas naturales a su finalidad y orden, y este Ser es Dios�. En esta prueba se presupone el axioma de que todo lo que est� ordenado es racional.

La quinta v�a se toma del gobierno del mundo. Vemos, en efecto, que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que m�s les conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas materiales a su fin, y a �ste llamamos Dios.

Este argumento qued� invalidado a partir de Darwin (esto, por supuesto, no quiere decir que se haya demostrado que Dios no existe). Lo que nos ense�a la teor�a de la evoluci�n mediante la selecci�n natural es que podemos llegar a un orden mediante el azar; que podemos llegar a un orden sin que haya un ordenador. En efecto, la teor�a de la evoluci�n por medio de mutaciones y selecci�n natural nos dice que las mutaciones se producen por azar, y es el azar el que determina qu� mutaciones son ventajosas y cu�les perjudiciales para sus poseedores. Ahora bien, mediante este proceso azaroso �la naturaleza ha conseguido� estructuras tan ordenadas como un p�jaro o un ser humano; por tanto, no es necesaria la intervenci�n de Dios; o, al menos, no lo es en el sentido de la quinta v�a de Sto. Tom�s; de donde se sigue que la quinta v�a no demuestra la existencia de Dios, pues hemos sido capaces de encontrar orden sin que Dios tenga que intervenir para nada.

Para mostrar que podemos conseguir orden simplemente mediante el azar, Dennett usa el siguiente ejemplo: supongamos un torneo de tenis en donde los partidos se deciden lanzando una moneda al aire. Qui�n sea el ganador de un partido es una cuesti�n totalmente azarosa (suponiendo que la moneda no est� trucada, y que no se hace ning�n otro tipo de trampa). Del mismo modo es algo totalmente dependiente del azar qui�n ganar� el torneo. Pero podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que al final habr� un ganador. Por tanto, en este torneo, donde s�lo interviene el azar, hay tambi�n un orden, aunque no hay un ordenador. Podr�a objetarse que aqu� no se tienen en cuenta las cualidades ten�sticas de los competidores, y que el ganador, que lo es simplemente por suerte, no tiene por qu� ser el mejor tensita. Pero esto es, precisamente, lo que afirma la teor�a de la evoluci�n. Parece ser que el hombre es, hasta ahora, el ganador en este juego, pero �no lo es simplemente por azar? Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que si el medio hubiera sido otro (si hubiera salido otra moneda) el hombre no habr�a ganado. Parece ser que los datos acumulados apoyan esta conclusi�n y que, por tanto, el argumento de Tom�s era err�neo, pues podemos conseguir orden sin ordenador.

10.4 Evoluci�n y epistemolog�a

En el siglo XX, sobre todo a ra�z de la ca�da en descr�dito de la filosof�a del positivismo l�gico han surgido dos enfoques nuevos de considerar la epistemolog�a partiendo de un punto de vista evolucionista.

El primero de ellos intenta dar cuenta del cambio de teor�as y del progreso en la ciencia utilizando la evoluci�n de las especies org�nicas como una analog�a de la que pueden obtenerse recursos explicativos iluminadores. Las teor�as cient�ficas (en el caso de Popper) o las disciplinas cient�ficas integradas por diversas poblaciones conceptuales (en el caso de Toulmin) desempe�ar�an el papel de las especies org�nicas, mientras que la cr�tica racional y los intentos rigurosos de falsaci�n (Popper) o la aceptaci�n de la �lite de la comunidad cient�fica (Toulmin) ejercer�an el mecanismo de selecci�n. El conocimiento en general, y la ciencia en particular, ya no se conciben como un proceso simplemente acumulativo, en donde es solamente la mayor cantidad de potencial explicativo lo que explicar�a el que prefiramos una teor�a cient�fica a otra; a partir de Popper es, m�s bien, el �xito en la lucha por la existencia. La labor de los cient�ficos no es demostrar que nuestras teor�as son verdaderas, sino intentar demostrar que son falsas. En este intento de falsaci�n s�lo sobreviven aquellas teor�as que mejor pueden resistir a los intentos de cr�tica; estas teor�as son las mejor adaptadas en la lucha por la existencia y, por tanto, son las mejores. El caso de Toulmin es muy parecido. Una teor�a cient�fica tiene �xito en tanto en cuanto hay cient�ficos dispuestos a defenderla. Ahora bien, en un mundo en competencia, donde los cient�ficos no s�lo compiten por alcanzar el conocimiento, sino tambi�n por alcanzar recursos econ�micos que les permitan llevar a cabo sus proyectos de investigaci�n, s�lo sobrevivir�n aquellas teor�as cient�ficas cuyos defensores est�n m�s capacitados para conseguir tales recursos. En este sentido, las teor�as que sobreviven no son, necesariamente, las que son �m�s verdaderas�, sino aquellas cuyos defensores mejor saben desenvolverse en un mundo en competencia.

El segundo enfoque (denominado bio-epistemolog�a o, tambi�n, epistemolog�a naturalizada) no trata de explicar el modo en que se produce el cambio de teor�as o el desarrollo del conocimiento usando la analog�a evolucionista. Lo que pretende es averiguar las bases evolutivas de las capacidades perceptivas y cognitivas de los humanos, entre otros seres vivos. Por mucho que su historia sea tambi�n la historia de la separaci�n mediante la cultura del suelo natural sobre el que se asent� su origen, los seres humanos no son extra�os a la naturaleza. Como cualquier otro ser vivo son el producto de un proceso evolutivo de adaptaci�n al medio; es decir, son el resultado de la selecci�n natural que el ambiente ha ejercido sobre ellos a partir de las variaciones azarosas de su dotaci�n gen�tica. Y para los epistem�logos evolucionistas sus capacidades y mecanismos cognitivos no pueden ser considerados como algo aparte de este hecho natural.

Somos, no s�lo en nuestro fenotipo, sino hasta en nuestras actividades simples o complejas, el efecto (y para algunos su mero medio de perpetuaci�n) de las �rdenes expresadas mediante un c�digo gen�tico �nsito en las mol�culas de ADN que forman nuestros cromosomas. En la visi�n del ser humano que intenta fijar la epistemolog�a evolucionista de corte naturalista, el hecho de que �ste sea un animal cultural no lo hace menos dependiente de la biolog�a, porque la cultura s�lo es posible sobre la base de sus peculiaridades como animal, esto es, del hecho singular de que el hombre ha dispuesto de su inteligencia como el mejor instrumento de adaptaci�n al medio. La tradicional oposici�n naturaleza/cultura ser�a, por tanto, una dicotom�a falaz cuando se la presenta como una interacci�n de instancias divergentes o contrapuestas; pues las capacidades cognitivas que posibilitan y generan la cultura se han formado evolutivamente, y si son las que son y no otras posibles es porque la naturaleza determin� que era con esas y no con otras con las que ten�amos mejores oportunidades de supervivencia y reproducci�n.

�Por qu� nuestro subjetivo e innato espaciamiento de cualidades se acuerda tan bien con los agrupamientos funcionalmente relevantes de la naturaleza, al punto de hacer que nuestras inducciones tiendan a resultar correcta? [...]

Un cierto est�mulo para el aliento lo hay en Darwin. Si el innato espaciamiento de cualidades de la gente es un rasgo fundado en una combinaci�n de genes, entonces el espaciamiento que condujo a las inducciones de mayor �xito habr� tendido a predominar a trav�s de la selecci�n natural. Las creaturas que marran inveteradamente en sus inducciones tienen una pat�tica, si bien encomiable, tendencia a morir antes de reproducir su g�nero (Quine, W.v.O., La relatividad ontol�gica y otros ensayos, Madrid, Tecnos, 1986, pp. 161-2)

Konrad Lorenz, por su parte, pretende investigar la emergencia de los mecanismos cognitivos complejos como producto de presiones y constricciones evolutivas. Al final del proyecto encontraremos una historia natural del conocimiento que muestre la profunda unidad de todos los sistemas vivos como sistemas que almacenan y procesan la informaci�n del medio para preservar su propia estructura.

Konrad Lorenz se�ala que las ciencias biol�gicas del siglo XX han abierto un nuevo camino para la epistemolog�a: el conocimiento debe considerarse como un fen�meno biol�gico producto de la evoluci�n de los organismos. En el marco de la adaptaci�n de los organismos a su medio, encuentran acomodo, seg�n Lorenz, los problemas tradicionales de la epistemolog�a normativa.

La perspectiva biol�gica nos lleva, seg�n Lorenz, a una expansi�n del espectro de sistemas cognitivos m�s all� del complejo de categor�as que ocupa tradicionalmente a la epistemolog�a, que, tal vez, hayan ca�do en el pecado del provincianismo. Los organismos dotados de sistema nervioso central deben ser objeto de reflexi�n epistemol�gica, puesto que presentan los mismos problemas que el sujeto culturalmente maduro, impl�cito en la epistemolog�a tradicional, y lo que es m�s importante, avanzan algunas posibles soluciones.

Los fil�sofos que defienden una epistemolog�a evolucionista comparten, a pesar de sus diferencias, las siguientes tesis:

  1. Todos los sistemas vivos son sistemas negantr�picos que violan localmente el segundo principio de la termodin�mica: preservan su propia estructura transformando la energ�a del medio. Hay una continuidad ontol�gica entre todos los seres vivos que permite considerarlos como procesadores de informaci�n.
  2. Los mecanismos propiamente cognitivos son sistemas funcionales producidos por la presi�n de la selecci�n natural. La selecci�n natural ha operado desarrollando una gradaci�n de mecanismos de complejidad creciente, desde los tropismos, hasta el aprendizaje cultural.
  3. Hay una relaci�n entre el desarrollo individual del organismo y la evoluci�n de la especie a partir de tipos anteriores de organismos. El desarrollo individual est� sometido a constricciones que derivan de los estadios de organizaci�n anteriores que dejan huella en la forma de organizaci�n de los sistemas cognitivos.
  4. La teor�a de la evoluci�n contiene elementos intr�nsecamente normativos, como son los de eficacia biol�gica y adaptaci�n sobre los que descansa la parte normativa de los conceptos epistemol�gicos.
  5. Discusiones tradicionalmente epistemol�gicas, como la presencia de elementos cognitivos a priori son analizables ahora emp�ricamente: cada especie tendr�a sus propios elementos a priori.

Dentro de la epistemolog�a naturalizada la l�nea m�s vigorosa es la epistemolog�a evolucionista, que ve al conocimiento humano como un resultado de un proceso darwiniano de adaptaci�n al medio. El conocimiento cient�fico no queda excluido de esta tesis general, y por ello los epistem�logos evolucionistas tienen a pensar en las teor�as cient�ficas como el resultado de un prolongado (y sofisticado) proceso de evoluci�n cuyo origen est� en la evoluci�n natural.

La naturalizaci�n de la raz�n supone una nueva concepci�n filos�fica del conocimiento humano que tuvo sus or�genes en las propuestas de Quine. En opini�n de quienes defienden la epistemolog�a naturalizada, la epistemolog�a tradicional sigue planteando preguntas que no pueden responderse. Se trata de preguntas como las siguientes:

  1. �Cu�les son las bases, o los fundamentos �ltimos, de nuestras creencias sobre el mundo externo?
  2. Si los sujetos que conocen no tienen un acceso directo o inmediato al mundo externo, �cuales son los criterios bajo los cuales se puede decidir que tienen conocimiento del mundo externo, o que tienen creencias debidamente justificadas?

La manera usual de plantear esta �ltima pregunta desde la epistemolog�a tradicional, as� como la forma en la que �sta sugiere que debe responderse, supone que los criterios son absolutos, v�lidos para todo sujeto en cualquier contexto, en cualquier tiempo y en cualquier lugar. La epistemolog�a naturalizada, en cambio, niega que haya criterios absolutos, intemporales y omniaplicables de cientificidad. No existen fundamentos �ltimos ni criterios absolutos respecto al conocimiento cient�fico. Tambi�n niega que pueda buscarse una fundamentaci�n externa a la ciencia:

Si reconocer que las ciencias y sus m�todos ofrecen el mejor conocimiento que tenemos acerca del mundo, entonces lo que tenemos que preguntarnos no es cu�les son las condiciones a priori que han permitido esto, sino dar una explicaci�n a posterior de c�mo eso ha sido posible y por qu� las ciencias y sus m�todos se han desarrollado de la manera en que lo han hecho (Mart�nez, S., Oliv�, L., Epistemolog�a evolucionista, M�xico, Paid�s, 1997)

Ello equivale a decir que la filosof�a de la ciencia es una reflexi�n a posteriori sobre la ciencia, y que debe tener en cuenta el car�cter hist�rico de �sta.

Pero la propuesta de Quine iba m�s lejos, pues afirmaba que la epistemolog�a tradicional deb�a ser abandonada, sustituy�ndola por la investigaci�n cient�fica en torno al conocimiento humano, y en particular por la psicolog�a.

Otro de los fil�sofos que m�s ha defendido la naturalizaci�n de la filosof�a de la ciencia es P. Kitcher. Retomando la oposici�n entre la concepci�n heredada y la concepci�n sem�ntica, el proyecto de Kitcher consiste en lo siguiente:

En lugar de pensar en la ciencia como una secuencia de teor�as, y en las teor�as como conjuntos de enunciados, ofrecer� una descripci�n multifac�tica del estado de la ciencia en un momento dado. Adem�s, tratar� el crecimiento de la ciencia como un proceso en el que entidades biol�gicas cognitivamente limitadas combinan sus esfuerzos dentro de un contexto social. Poner firmemente al sujeto que conoce en el trasfondo de la discusi�n de los problemas epistemol�gicos me parece la marca de f�brica de la epistemolog�a naturalizada. (Kitcher, P., The Advancement of Sciencie, Nueva York, Oxford University Press, 1993)

La filosof�a naturalizada de la ciencia insiste mucho en la importancia que tienen el sujeto cognoscente y el modo en que dicho conocimiento surge y se transforma. Kitcher distingue entre los estados cognitivos y las pr�cticas de dicho sujeto, tanto en su fase de aprendizaje como cuando act�a como profesional. La ciencia no la hacen seres l�gicamente omniscientes, sino sistemas biol�gicos con cierto tipo de capacidades y limitaciones. Por ello, hay que preguntarse por las caracter�sticas de dichos sistemas cognitivos, por sus cambios de estado, por sus limitaciones y por sus metas e intereses a la hora de investigar. En cuanto a sus pr�cticas, son muy diversas seg�n los individuos, pero aun as� hay algo com�n: el consenso sobre esas pr�cticas. Kitcher subraya la existencia de una fuerte componente social en la actividad cient�fica, que se manifiesta en las pr�cticas de los diversos cient�ficos.

La epistemolog�a evolucionista mantiene tesis del tipo siguiente:

La teor�a evolucionista del conocimiento toma de las ciencias biol�gicas noticia de que no s�lo los �rganos sensoriales, el sistema nerviosos central y el cerebro han surgido evolutivamente, sino tambi�n por supuestos sus funciones: visi�n, percepci�n, memoria, el conocer, el pensar, el hablar.

A partir de estas tesis, se aplica la teor�a de la evoluci�n para explicar la aparici�n del conocimiento cient�fico. Hay dos grandes tendencias. La primera, defendida por Popper, Campbell y Toulmin, recurre a la met�fora evolutiva para explicar el cambio de teor�as y compara las especies con las teor�as (Popper) o las disciplinas (Toulmin). La segunda, defendida por Lorenz, Ruse y Vollmer, no se preocupa tanto del cambio de teor�as, sino de las bases biol�gicas y evolutivas del aparato sensorial y cognitivo de los seres humanos. Estos �ltimos autores defienden la epistemolog�a evolucionista, que es la variante m�s fuerte de la epistemolog�a naturalizada. De acuerdo con ella, el sistema cognitivo humano es un producto de la evoluci�n natural, por lo que los procesos y las capacidades cognitivas han de ser consideradas, en �ltimo t�rmino, como un resultado de la adaptaci�n al medio. Ello tiene una consecuencia muy importante, que consiste en relativizar la validez del conocimiento sensorial directo.

Una epistemolog�a que supusiera la percepci�n visual como ver�dica no ser�a compatible con el modelo evolucionista, a menos que tal epistemolog�a fuera tambi�n compatible con la evoluci�n del ojo desde una serie de estadios previos menos adecuados, hasta llegar a un gr�nulo de pigmento sensible a la luz (Campbell, D.T., �Evolutionary Epistemology�, en P. Schilpp (ed.), The Philosophy of Karl Popper, La Salle, Illinois, Open Court, 1974, pp. 413-463)

El lenguaje observacional ya no s�lo depende de las diversas teor�as e instrumentos cient�ficos que implementan el aparato sensorial humano, sino que est� sujeto a una dependencia mucho m�s originaria, que suele ser descrita por la teor�a de la evoluci�n. La base emp�rica com�n a los seres humanos de la que hablaban los neopositivistas, caso de existir, ser� relativa al proceso evolutivo de la especie humana y, por tanto, una consecuencia de complicados procesos adaptativos. Despu�s de esto, dif�cilmente puede buscarse un fundamento para la ciencia en este tipo de conocimiento, a no ser que aceptemos el car�cter evolutivo e hist�rico del mismo. La epistemolog�a evolucionista ataca la l�nea de flotaci�n epistemol�gica del empirismo l�gico, y suscita el debate sobre el relativismo. �C�mo afirmar, despu�s de esto, que el mundo es como lo percibimos?, �no habr� innumerables percepciones distintas de la naturaleza, tantas como especies vivas se han adaptado a ella?

Seg�n Vollmer,

No hay ninguna ley natural (y tampoco ninguna ley de la teor�a evolucionista del conocimiento) que afirme que la inteligencia y el conocimiento hubieran de surgir [...] Pero la teor�a evolucionista del conocimiento afirma que, bajo las condiciones iniciales dadas, el conocimiento humano ha surgido seg�n leyes naturales. Ning�n milagro fue necesario, ninguna intervenci�n divina, ninguna lesi�n de las leyes de la naturaleza (Vollmer, K., Was k�nnen wir wissen?, Stuttgart, 1985, vol. I, p. 79)

Esto, en t�rminos del programa estructura de filosof�a de la ciencia, quiere decir lo siguiente: la teor�a darwiniana de la evoluci�n (ed) es universalmente ED-te�rica, y desde luego es ED-te�rica para la epistemolog�a. Si para conocer las leyes naturales que rigen los procesos evolutivos hemos de recurrir obligatoriamente, como es el caso, a un sistema cognitivo cuya constituci�n ha estado regida por esas mismas leyes naturales que queremos determinar, entonces los conceptos b�sicos de la teor�a de la evoluci�n son T-te�ricos para la epistemolog�a y, en la medida en que la ciencia depende tambi�n del sistema cognitivo de los seres humanos, lo son tambi�n para todas las teor�as cient�ficas. Ello implica un reduccionismo evolucionista, reduccionismo que algunos autores han intentado suavizar:

En cuanto naturales, todos los elementos que integran el sujeto cognoscente, incluida por tanto la denominada �raz�n�, o bien son producto directo de la evoluci�n biol�gica, o bien est�n indirecta pero originariamente determinados por ella. Como se ha observado, la teor�a evolucionista del conocimiento afirma que s�lo la capacidad cognitiva es producto de la evoluci�n biol�gica, no sus adquisiciones; �stas son producto (directo), no de la evoluci�n biol�gica, sino de la cultural. Frente a la acelerada movilidad de la evoluci�n cultural, la biol�gica es pr�cticamente �invariable�; las diferencias entre las teor�as de Arist�teles y Newton, Euclides y Riemann, no son pues explicables mediante la evoluci�n biol�gica, y en este sentido tampoco mediante la teor�a evolucionista del conocimiento, pero s� todas estas teor�as en lo que concierne a las comunes condiciones reales de posibilidad (Pacho, J., �Naturalizar la raz�n? Alcance y l�mites del naturalismo evolucionista, Madrid, Siglo XXI, 1995, pp. 94-95)

La epistemolog�a evolucionista ha sufrido fuertes cr�ticas. As�, Thagard, en un art�culo titulado �En contra de la epistemolog�a evolucionista�, describ�a a �sta as�:

El modelo neodarwiniano de la evoluci�n de las especies consiste en la teor�a de Darwin de la selecci�n natural sintetizada con la teor�a de la gen�tica del siglo XX. Los ingredientes centrales del modelo neodarwiniano son la variaci�n, la selecci�n y la transmisi�n. Las variaciones gen�ticas que ocurren en una poblaci�n son el resultado de mutaciones y de combinaciones mixtas de material gen�tico. Los individuos participan en una lucha por la existencia basada en la escasez de comida, territorio y posibilidades de apareamiento. Por ello, es m�s probable que los individuos con variaciones que les confieren cierto tipo de ventaja ecol�gica sobrevivan y se reproduzcan. Sus caracter�sticas valiosas se transmitir�n gen�ticamente a sus descendientes.

La epistemolog�a evolucionista presta atenci�n al hecho de que la variaci�n, la selecci�n y la transmisi�n son tambi�n caracter�sticas del crecimiento del conocimiento cient�fico. Los cient�ficos generan teor�as, hip�tesis y conceptos; s�lo algunas de estas �variaciones� se consideran como avances respecto a ideas ya existentes, y �stas son �seleccionadas�. Las teor�as y los conceptos seleccionados se transmiten a otros cient�ficos por medio de revistas especializadas, libros de texto y otros recursos pedag�gicos. Las analog�as entre el desarrollo del conocimiento y el desarrollo de las especies son ciertamente sorprendentes, pero s�lo en un nivel superficial. Tratar� de demostrar que la variaci�n, la selecci�n y la transmisi�n de las teor�as cient�ficas difiere significativamente de sus contrapartidas en la evoluci�n de las especies (Thagard, P., �En contra de la teor�a evolucionista� en Mart�nez y Oliv�, o.c., pp. 285-286

A continuaci�n Thagard considera la primera componente te�rica de los modelos darwinianos, la variaci�n, y afirma:

Las unidades de variaci�n en las especies son los genes, y la variaci�n se produce por errores en el proceso mediante el cual los genes se replican. Puesto que los cambios en los genes generalmente son independientes de las presiones ambientales en el individuo, suele decirse que la variaci�n gen�tica es fortuita [...] A diferencia de la variaci�n biol�gica, la variaci�n conceptual depende de las condiciones ambientales [...] las innovaciones cient�ficas son dise�adas por sus creadores para resolver problemas reconocidos [...] es tambi�n com�n que los cient�ficos busquen nuevas hip�tesis que corrijan los errores en ensayos previos [...] As�, la generaci�n de las unidades de la variaci�n cient�fica no tienen ninguna de las tres caracter�sticas de la ceguera que Campbell describe como distintiva de la variaci�n evolucionista (o.c., pp. 286-287)

Con respecto al problema de la selecci�n natural y de la selecci�n de propuestas cient�ficas, Thagard afirma:

Las diferencias entre la selecci�n epistemol�gica y la biol�gica surgen del hecho de que la selecci�n de teor�as es llevada a cabo por agentes intencionales que trabajan con un conjunto de criterios, mientras que la selecci�n natural es el resultado de tasas diferenciales de organismos que transmiten genes adaptativos. La naturaleza selecciona, pero no de acuerdo con determinados criterios generales. La naturaleza es totalmente pragm�tica, favorece cualquier formaci�n que sirva a un ambiente determinado [...] En contraste con lo anterior, la selecci�n de teor�as y conceptos ocurre en el contexto de una comunidad de cient�ficos con fines definidos. Estos fines incluyen encontrar soluciones a problemas, explicar hechos, alcanzar la simplicidad, hacer predicciones precisas, etc. (o.c., pp. 289-290)

En resumen: en la evoluci�n biol�gica no hay progreso, mientras que en la cient�fica s�. Por tanto, la segunda componentes de los modelos dawinianos tampoco se adecua a las peculiaridades de la evoluci�n de la ciencia.

Por �ltimo, compara la transmisi�n biol�gica y la epistemol�gica:

Un gen ben�fico se replica en miembros espec�ficos de una poblaci�n, pero una teor�a exitosa se distribuye inmediatamente a la mayor�a de los miembros de la comunidad cient�fica. La preservaci�n se hace mediante publicaciones y pedagog�a, y no por un proceso que se asemeje a la herencia. La diseminaci�n de teor�as exitosas es mucho m�s r�pida que la diseminaci�n de genes ben�ficos (o.c., p, 291)

11. Bibliograf�a