LA NATURALEZA EN ARIST�TELES

Para Arist�teles, la segunda ciencia teor�tica, tras la philosophia prima o �metaf�sica� (que tiene por objeto la realidad suprasensible, caracterizada intr�nsecamente por la ausencia absoluta de movimiento), es la �f�sica� o �filosof�a segunda�, aquella que tiene por objeto la investigaci�n de la realidad sensible, caracterizada intr�nsecamente por el movimiento. De este modo, la f�sica consiste en el estudio de las �causas segundas� (que son las que observamos operantes en la Naturaleza), mientras que la metaf�sica se dedica a las �causas primeras�. Pero, seg�n Arist�teles, la Naturaleza es un �g�nero determinado del ser�, entonces la f�sica es una �especie de la filosof�a�, aunque no sea la filosof�a primera.

Seg�n Arist�teles, el mundo sensible, de cosas tangibles es, al mismo tiempo, un mundo inteligible. Las sustancias �son�, �existen�, y adem�s de esto, son inteligibles, por lo que el hombre puede comprenderlas. Y �por qu� podemos comprenderlas? Precisamente porque tienen inteligibilidad; son inteligibles porque su ser se descompone en el ser puro y simple existencial, y en la esencia inteligible. El hombre concibe los entes naturales como impregnados de inteligibilidad; y esa �impregnaci�n� se basa en que su �origen� (teleol�gico) es sumamente inteligible (el The�s). Por eso Arist�teles necesita que tanto su metaf�sica como su f�sica culminen en una teolog�a, pues s�lo �sta es la garant�a de la inteligibilidad �ltima de lo real. Sin el The�s los hombres no entender�amos el motivo de la inteligibilidad de los entes f�sicos, por lo que la inteligibilidad de las cosas �demuestra� la existencia de Dios, en tanto que existe un correlato entre el ser (divino) y el modo de ser (de los entes f�sicos). Dios, que no piensa en otra cosa, sino �nicamente en su propio pensamiento, al pensar sus pensamientos dota de inteligibilidad a las cosas f�sicas.

La distinci�n entre metaf�sica y f�sica conllevar� la superaci�n definitiva del horizonte de la filosof�a presocr�tica (atada �nicamente a lo sensible) y supondr� un cambio radical del antiguo sentido de physisque, en lugar de significar la totalidad del ser, vendr� a significar ahora el ser sensible, y �naturaleza� servir� para designar preferentemente a la naturaleza sensible, pese a que se trate de una naturaleza sensible en la que la forma (eidos) sigue siendo el principio determinante supremo.

En el Corpus aristotelicum no encontramos una �f�sica� en el sentido moderno de la palabra, sino solamente un conjunto de principios generales, aplicando los conceptos de acto, potencia y movimiento a los seres del mundo corp�reo. La f�sica aristot�lica no es una f�sica cuantitativa de la naturaleza, sino una ciencia cualitativa. Comparada con la f�sica moderna, la f�sica de Arist�teles, m�s que una �ciencia� ser�a una �ontolog�a� o metaf�sica de lo sensible.

En Arist�teles nos hallamos frente a una consideraci�n rigurosamente filos�fica de la naturaleza. Por esto no sorprender� el hecho de que en los libros de la Metaf�sica de Arist�teles se encuentren abundantes consideraciones f�sica y, viceversa, en los libros de la F�sica existan abundantes consideraciones de car�cter metaf�sico. Lo suprasensible es causa y raz�n de lo sensible y a lo suprasensible se dirige tanto la investigaci�n metaf�sica como tambi�n la investigaci�n f�sica misma (aunque en sentido diferente); adem�s, es id�ntico tambi�n el m�todo de estudio que se aplica en las dos ciencias.

La filosof�a de Arist�teles hac�a hincapi� sobre todo en la biolog�a, frente a la importancia que Plat�n conced�a a las matem�ticas. Para Arist�teles, el mundo estaba compuesto por individuos (sustancias) que se presentaban en tipos naturales fijos (especies). Cada individuo cuenta con un patr�n innato espec�fico de desarrollo y tiende en su crecimiento hacia la debida autorrealizaci�n como ejemplo de su clase. El crecimiento, la finalidad y la direcci�n son pues aspectos innatos de la naturaleza, y aunque la ciencia estudia los tipos generales, �stos, seg�n Arist�teles, encuentran su existencia en individuos espec�ficos. La ciencia y la filosof�a deben, por consiguiente, no limitarse a escoger entre opciones de una u otra naturaleza, sino equilibrar las afirmaciones del empirismo (observaci�n y experiencia sensorial) y el formalismo (deducci�n racional).

1. El concepto de naturaleza en el pensamiento griego

El t�rmino �naturaleza� procede del t�rmino griego physis, el cual corresponde al verbo phyo, que significa �producir�, �crecer�, �hacer crecer�, �engendrar�, �formarse�, etc�tera. De esta forma, puede decirse que �naturaleza� es �lo que nace�, �lo que es engendrado o engendra�, �y por ello tambi�n cierta cualidad innata, o propiedad, que pertenece a la cosa de que se trata y que hace que esta cosa sea lo que es en virtud de un principio propio suyo�. Por naturaleza se entiende cualquier realidad que sea capaz de crecer y tambi�n el proceso de crecer considerado en s� mismo.

En los presocr�ticos la physis lo abarca todo y est� presente en todos los seres. A ella se refiere todo tipo de realidad ya sea de car�cter antropol�gico, divino o natural. La naturaleza es considerada por ellos en su origen, en su substrato o constituyente �ltimo y en su causa. Y esta investigaci�n coincide con el hallazgo de un solo arch� o principio de todas las cosas, por lo que se puede decir que physis y arch�aparecen asimilados. Arist�teles critica a los presocr�ticos el que fueron m�s f�sicos que metaf�sicos, a la hora de concebir la naturaleza, porque atendieron m�s a la realidad material y corp�rea que a la formal. Las respuestas que nos dieron fueron muy concretas y de car�cter exclusivamente f�sico, exceptuando la de Parm�nides.

2. La concepci�n aristot�lica de la realidad

La concepci�n aristot�lica de la realidad se basa en dos ideas clave:

  1. la creencia en la existencia de �naturalezas� cualitativamente definidas
  2. la creencia en la existencia de un cosmos, en suma, la creencia en la existencia de principios de orden en virtud de los cuales el conjunto de los seres reales forma un todo jer�rquicamente ordenado.

Todo, orden c�smico, armon�a: estos conceptos implican que en el universo las cosas est�n (o deben estar) distribuidas y dispuestas en un cierto orden determinado, que su localizaci�n no es indiferente ni para ellas ni para el universo; que, al contrario, cada cosa tiene, seg�n su naturaleza, un �puesto� determinado en el universo, el suyo propio. Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar: el concepto de �lugar natural� expresa esta exigencia te�rica de la f�sica aristot�lica.

La concepci�n de �lugar natural� est� fundada en una concepci�n puramente est�tica del orden. Si cada cosa estuviera �en orden�, cada cosa estar�a en su lugar natural, y por supuesto, all� se quedar�a y permanecer�a para siempre. �Por qu� habr�a de abandonarlo? Al contrario, ofrecer�a resistencia a todo esfuerzo por echarlo fuera de �l. No se la podr�a expulsar de all� m�s que ejerciendo una especie de violenciay si debido a tal violencia el cuerpo se encontrara fuera de �su� lugar natural, buscar�a el modo de volver a �ste.

As�, todo movimiento implica una especie de desorden c�smico, una perturbaci�n en el equilibrio del universo, pues es o bien un efecto directo de la violencia, o bien, al contrario, un efecto del esfuerzo del ser por compensar esta violencia, por recobrar su orden y su equilibrio perdidos y turbados, por llevar de nuevo las cosas a sus lugares naturales, lugares donde deben reposar y permanecer. Es esta vuelta al orden lo que constituye el movimiento �natural�.

El orden constituye un estado s�lido y duradero que tiende a perpetuarse �l mismo indefinidamente. No hay, pues, necesidad de explicar el estado de reposo, o por lo menos el estado de un cuerpo en reposo en su lugar natural, propio; es su propia naturaleza la que lo explica. Igualmente, es evidente que el movimiento es necesariamente un estado transitorio: un movimiento natural se termina naturalmente cuando alcanza su objetivo. En cuanto al movimiento violento, Arist�teles es demasiado optimista para admitir que este estado anormal pudiera durar; adem�s, el movimiento violento es un desorden que engendra desorden y admitir que pudiera durar indefinidamente, significar�a realmente que se abandona la idea misma de un cosmos bien ordenado. Arist�teles mantiene, pues, la creencia tranquilizadora de que nada de lo que es contra naturam possit esse perpetuum.

La f�sica de Arist�teles est� basa en la percepci�n sensible y por esto es resueltamente antimatem�tica. Se niega a sustituir por una abstracci�n geom�trica hechos cualitativamente determinados por la experiencia y por el sentido com�n, y niega la posibilidad de misma de una f�sica matem�tica, fund�ndose: a) en una heterogeneidad de los conceptos matem�ticos con los datos de la experiencia sensible; b) en la incapacidad de las matem�ticas para explicar la cualidad y deducir el movimiento. No hay ni cualidad ni movimiento en el reino intemporal de las figuras y de los n�meros.

En cuanto al movimiento, la f�sica aristot�lica lo considera como una especie de proceso de cambio, en oposici�n al reposo, que, siendo el fin y la meta del movimiento, debe ser reconocido como un estado. Todo movimiento es cambio (actualizaci�n o corrupci�n) y, por consiguiente, un cuerpo en movimiento no s�lo cambia con relaci�n a los otros cuerpos, sino que al mismo tiempo est� sometido a un proceso de cambio. Por eso el movimiento afecta siempre al cuerpo que se mueve.

3. El esquema de la F�sica de Arist�teles

La F�sica la escribi� Arist�teles entre el 335 y el 332, y est� compuesta de ocho libros. La obra aborda la teor�a din�mica del cambio, y de la realidad potencial y actual de los seres que, de potencialidades abstractas, devienen cosas concretas.

En el libro I aborda la definici�n de la f�sica, afirmando que su objetivo es el estudio de los principios de las cosas y de la �physis�. Los tres principios fundamentales son la materia, la forma y la privaci�n. El estudio de la f�sica se encamina, sobre todo, a la primera, que es tangible y est� en movimiento; de este modo, el estudio del movimiento es esencial a la f�sica. En el libro II examina las causas de las cosas, que son cuatro: material, formal, eficiente y final, mientras que en el libro III emprende el estudio del movimiento, que es la evoluci�n de un ser a otra cosa u otro modo de ser, defini�ndolo como el tr�nsito del ser en potencia al ser en acto. El movimiento, esencial para el estudio de lo f�sico, muestra que el mundo es din�mico, dirigi�ndose todo teleol�gicamente hacia su perfecci�n, a excepci�n del Motor no movido. Pero el cambio acontece en el espacio, y �ste est� vinculado tanto al tiempo como al vac�o; introduce, adem�s, la noci�n de �infinito�, que puede ser tanto un espacio imposible de recorrer como un espacio en el cual la materia est� ausente. Por esto, el infinito no es en acto, sino s�lo en potencia. El infinito, contra Plat�n, no es un ente en s�. A esto dedic� el final del libro II y el libro IV. El tiempo es el n�mero del movimiento; el tiempo es, como el espacio, continuo, y no puede separarse de �l. Al movimiento dedica Arist�teles los libros V y VI. Si existe el movimiento (y esto es perceptible por los sentidos), es porque existen los contrarios, que act�an como los puntos de partida y de llegada del movimiento. Los diferentes tipos de movimiento dependen directamente de los diferentes tipos de contrarios. Existen tres tipos de movimiento: cualitativos (cambio de sustancia), cuantitativos (cambio de cantidad) y locales (cambio de lugar).

El movimiento se dirige de la privaci�n de algo hasta la consecuci�n de ese algo. Los �ltimos dos libros Arist�teles los dedica a la demostraci�n de la existencia de un primer motor, que es no movido por otro; es, tambi�n, inm�vil, pero lo que �l quiere acentuar es que no debe su ser (cualitativo) a ning�n otro ser; es acto puro, del que est� ausente cualquier tipo de potencia, por lo que es el Ser Perfecto: el The�s.

4. Concepto de naturaleza

Para Plat�n, la naturaleza de las cosas consist�a en las ideas, puras formas que ten�an su verdadero correlato fuera de este mundo que vemos; pero para Arist�teles no pod�a interpretarse que la naturaleza de las cosas se encontrara fuera de este mundo que vemos, y mucho menos pod�a admitirse que fuera inmutable. Para Arist�teles, por el contrario, la f�sica es la ciencia del movimiento, y es desde este movimiento como va a diferenciar a unos seres de otros.

La primera definici�n de naturaleza la da Arist�teles en la Metaf�sica, 1014b y ss. donde dice:

Se llama naturaleza, en un sentido, la generaci�n de las cosas que crecen y en otro sentido, lo primero a partir de lo cual comienza a crecer lo que crece, siendo aquello inmanente [en esto]; adem�s, aquello-de-donde se origina primeramente el movimiento que se da en cada una de las cosas que son por naturaleza y que corresponde a cada una de �stas en tanto que es tal (�). Adem�s, se llama naturaleza lo primero de lo cual es o se genera cualquiera de las cosas que son por naturaleza, siendo aquello algo informe e incapaz de cambiar por su propia potencia (�) y es que de esta misma manera llaman tambi�n naturaleza a los elementos de las cosas que son por naturaleza (�). Adem�s, y en otro sentido, se dice que la naturaleza es la entidad de las cosas que son por naturaleza (�) por ello, al referirnos a cuantas cosas son o se generan por naturaleza, no decimos que poseen la naturaleza correspondiente hasta que no poseen ya la forma y la configuraci�n, aun cuando exista ya aquello de lo cual por naturaleza son o se generan (�). A causa de esta [acepci�n], y por ampliaci�n ya del significado, y en general, se llama naturaleza a toda entidad, puesto que la naturaleza es cierto tipo de entidad.

De lo dicho resulta que la naturaleza, primariamente y en el sentido fundamental de la palabra, es la entidad de aquellas cosas que poseen el principio del movimiento en s� mismas por s� mismas

Seg�n este texto, tenemos que

1�) la naturaleza es el hecho mismo de nacer las cosas o de venir a existir de aquellas cosas que est�n en movimiento, es decir, naturaleza es todo aquello que est� en movimiento

2�) la naturaleza es la causa que hace que exista todo lo que existe

3�) la naturaleza es los elementos de los que est�n formadas todas las cosas

4�) naturaleza es aquello que hace que un ser sea lo que es y

5�) naturaleza es todo lo existente.

Estas cinco acepciones del t�rmino naturaleza se pueden resumir en tres:

  1. La naturaleza puede ser considerada como el principio ontol�gico de cada ser. En este caso se trata de la naturaleza de un ser en concreto, que existe, es algo individual e intr�nseco a un ser natural. En este sentido, la naturaleza de un ser es aquello que hace que el ser sea lo que es.
  2. La naturaleza tambi�n es considerada por Arist�teles como la totalidad del Universo o Cosmos; en este sentido, lo que es cada cuerpo y el lugar que ocupa dentro del conjunto del universo siempre est� en referencia a la totalidad de la cual depende.
  3. Consideraci�n teleol�gica de la naturaleza; en este sentido, la naturaleza de un ser viene dada por aquello hacia lo que tiende, por su fin.

Arist�teles distingue entre seres naturales y seres fabricados; con ello pretende caracterizar a los seres naturales para poder encontrar m�s f�cilmente qu� es lo propio de un comportamiento natural:

De las cosas que existen, algunas existen por naturaleza, otras por otras causas. Por naturaleza, los animales y sus partes, las plantas y los cuerpos simples, como la tierra, el fuego, el aire, el agua; de �stos, en efecto, y de otros parecidos decimos que existen por naturaleza � las cosas naturales tienen en s� mismas el principio de movimiento y de reposo, unas en cuanto al lugar, otras en cuanto al crecimiento, otras en cuanto a la alteraci�n. En cambio, un lecho, un vestido, y cualquier otro objeto de esta clase, en cuanto recibe tales designaciones, es decir, en el grado en que son producto del arte, no tienen ning�n impulso natural al movimiento

Lo que Arist�teles nos dice en este texto es que la distinci�n entre seres naturales y seres artificiales es, por un lado, naturaly, por otro, evidente. Es evidente porque la diferencia entre un tipo de seres y otro es algo que salta a la vista; y es esencial porque la esenciade los seres naturale es distinta de la esencia de los seres artificiales; los seres naturales lo son por su propia naturaleza, mientras que los otros deben su ser (su existencia) a otras causas distintas de ellos mismos): la actividad constructora del hombre. Lo que diferencia a los seres naturales de los seres fabricados es que los primeros poseen un �principio del movimiento y del reposo�, una tendencia natural al movimiento; mientras en los seres naturales la causa del movimiento es intr�nseca a ellos mismos, en los seres artificiales la causa es exterior a ellos; por ejemplo, una silla, un objeto fabricado por el hombre, nunca cambia, siempre permanece id�ntica a ella misma; por el contrario, un animal, que es algo no creado por el hombre y, por tanto, natural, es algo que est� sujeto a cambio, sujeto al movimiento.

Arist�teles dice que la naturaleza es principio y causa del movimiento y del reposo; la naturaleza es principio porque es lo que origina el movimiento de las cosas existentes, es el fundamento de que las cosas est�n en movimiento; el que adem�s de principio sea causa quiere decir que es un principio activo, que siempre est� actuando; el que sea un principio �de movimiento y reposo quiere decir que tanto el movimiento como el reposo se justifican desde la naturaleza, porque las cosas, por su propia naturaleza, pueden permanecer en su lugar o estar en movimiento; el reposo no es la inmovilidad absoluta, sino el cese temporal del movimiento de algo que es capaz de moverse por s� mismo; la causa del movimiento de lo que es natural pertenece a la cosa misma; por el contrario, el ser artificial se mueve por causas externas a �l. La naturaleza, por tanto, es movimiento y, por tanto, aquellos seres que tienen el movimiento de forma natural son seres naturales y los que lo tienen en tanto que recibido desde fuera son seres artificiales.

La naturaleza se explica a partir de la sustancia. Por sustanciaentiende Arist�teles aquello a lo que le corresponde ser por s� y no por otro; por tanto, al concepto de substancia va unido el concepto de independencia, de individualidad. La sustancia (lo que es en-s�), se distingue, por tanto, del accidente (lo que es en-otro). Sustancia es lo que subyace por debajo de las cosas, lo que las sustenta, la substancia es lo que soporta todas las caracter�sticas de la cosa.

La naturaleza, en tanto que substancia, se manifiesta de tres formas: como unidad, como totalidad y como esencia. En tanto que unidad, la naturaleza es lo que no es afirmado de ning�n sujeto ni se halla en �l, la naturaleza siempre es sujeto, nunca predicado; de la naturaleza se dicen todas las cosas, pero ella no se dice de ninguna. La naturaleza subyace debajo de todos los accidentes, los soporta a todos.

En cuanto totalidad, la naturaleza es el individuo, una realidad individual determinada, concreta.

En cuanto esencia, la naturaleza es aquello que puede ser separado mentalmente, por abstracci�n intelectual (es algo parecido a las ideas de Plat�n, pero con la diferencia de que no existe en otro mundo, sino en este). La naturaleza como esencia es aquello que hay de universal en un ser concreto. Por ejemplo, la naturaleza o esencia del �hombre� es aquello que todos los hombres tienen en com�n.

La naturaleza es la totalidad de los objetos que son materiales y est�n sujetos al movimiento. Los objetos artificiales, por ejemplo un lecho, no tienen el poder de moverse a s� mismos. Los cuerpos �simples� de que se compone el lecho tienen este poder de iniciar el cambio o movimiento, pero lo tienen en cuanto son cuerpos naturales, no como componentes del lecho en cuanto tal. Esta posici�n debe matizarse con la doctrina de que el paso de los cuerpos inanimados desde un estado de reposo a un estado de movimiento ha de provocarlo alg�n agente externo. Pero, como hemos visto, cuando el agente remueve un obst�culo, cuando, por ejemplo, hace un agujero en el fondo de una vasija, el agua responde con un movimiento propio, con su movimiento natural hacia abajo.

Todos los seres naturales est�n compuestos de materiay de forma. En la Metaf�sica dice que la materia es �el elemento informe e inmutable desde su propia potencia del cual es o se hace cada uno de los seres�; dicho en otras palabras, la materia es el elemento material del que est�n compuestos todos los seres; caracter�stica fundamental de la materia es que es eterna (�si uno entierra un lecho de madera, y tiene la putrefacci�n fuerza suficiente para hacer brotar un reto�o, lo producido ser� madera�). Ahora bien, la materia no es suficiente para formar un ser natural; un ser que s�lo tuviese materia es algo contradictorio, algo que no se puede pensar; para que un ser sea tal, adem�s de materia necesita una forma; s�lo entonces las cosas empiezan a ser, a existir, las cosas tienen naturaleza cuando adquieren la forma, algo no es naturaleza hasta que no ha recibido la forma; la forma es lo que hace que una cosa sea cognoscible, moldea a la materia y, por tanto, tiene primac�a sobre ella. Todos los seres naturales est�n compuestos, por tanto, de materia y forma, a este compuesto se le denomina compuesto hilem�rfico.

En la producci�n de un objeto natural concurren cuatro causas, que son las que lo explican completamente; estas cuatro causas son la material, la formal, la eficiente y la final.

La causa material es la materia de la cual una cosa est� hecha (por ejemplo, en una casa, la causa material ser�an los ladrillos de que est� hecha). La causa formal es la idea o modelo que preside la realizaci�n de alguna cosa (en el ejemplo, de la casa, ser�a la idea que el arquitecto ten�a en la cabeza). La causa eficiente es el agente o productor del cambio o de la cosa (en el ejemplo, de la casa ser�a el capataz que manda a los alba�iles trabajar hasta que terminan la casa, y les ordena parar cuando la casa est� terminada). Por �ltimo, la causa final es la finalidad que impulsa la actividad del agente (en el ejemplo, de la casa, la causa final ser�a su el objetivo con el que la casa fue construida). La causa final es la m�s importante para Arist�teles, porque todo agente act�a por un fin; no es, por tanto, posible el azar, porque el final del proceso ya est� dado incluso cuando se inicia el movimiento. La naturaleza no ha sido producida por fen�menos azarosos, sino que obedece a un fundamento racional. La causa final es una causa ordenadora, productora de racionalidad en el Universo. Todas las cosas aparecen ordenadas porque est�n orientadas a un fin.

5. La sustancia: categor�a explicativa fundamental de la naturaleza

En general, considera Arist�teles que se entiende por sustancia aquello a lo que le corresponde ser en s� y no en otro. Por tanto, va �ntimamente aparejado al concepto de sustancia la idea de su independencia, individualidad. En este sentido, lo que es sustancia se distingue de lo que es accidente, que es en otro. La sub-stancia, como su nombre indica, viene a significar lo que subyace por debajo de las cosas, lo que las sustenta. La sustancia es lo que soporta todas las caracter�sticas de la cosa.

El ser se dice de muchas maneras, y la m�s importante es la sustancia. La considera Arist�teles como g�nero supremo del ente real finito, al igual que el resto de las categor�as. Pero, de todas ellas, la sustancia es la categor�a primera. Es g�nero supremo porque es un atributo aplicable a muchos otros seres, o una clase que tiene m�s extensi�n que las cosas que define. Se refiere al ente real finito, porque la filosof�a aristot�lica, al ser tremendamente realista, elimina de su consideraci�n cualquier ente finito, por inabarcable desde lo real y cualquier ente de raz�n, por pertenecer al �mbito de la fantas�a.

En el libro V, c. 4, 14-16 de la Metaf�sica se dice que, por extensi�n, y en general, la sustancia se llama naturaleza. �La naturaleza primera y propiamente dicha es la sustancia de las cosas que tienen el principio del movimiento en s� mismas en cuanto tales�. Por tanto, la naturaleza se identifica con el ser sustancial, entendido como totalidad. En el libro II de la F�sica, tambi�n se refiere a la identificaci�n entre sustancia y naturaleza, pero aqu� la referencia es distinta, ya que la sustancia aparece considerada en el sentido de unidad, no en el de totalidad. Dice exactamente Arist�teles: �Todos esos seres son sustancia; pues son sujetos, y la naturaleza est� siempre en un sujeto�.

La sustancia se manifiesta como unidad, como totalidad y como esencia. En el sentido de unidad, la sustancia es la que soporta las caracter�sticas de la cosa. Es un sujeto de predicados. En este caso, la naturaleza es lo que no es afirmado de un sujeto ni se halla en �l. De ella se dicen las dem�s cosas, pero ella, a su vez, no se dice de ninguna. La naturaleza subyace debajo de los accidentes, los soporta a todos ellos. Y es que, como dice Arist�teles, la naturaleza est� siempre en un sujeto, nunca es, considerada en este sentido, predicado de un sujeto.

Como totalidad, la naturaleza es el individuo, una realidad individual determinada, concreta.

Las cosas son llamadas seres en cuanto son determinaciones de la sustancia. Se refiere aqu� Arist�teles al compuesto hilem�rfico de materia y forma o sustancia primera. La llama as� porque para �l es la m�s importante de todas las concepciones, y tambi�n porque es lo primero que evidenciamos; el compuesto inseparable constituyendo una totalidad es el modo m�s importante de entender la naturaleza, porque es lo m�s evidente, los seres se nos patentizan formando una totalidad.

Por otro lado, la sustancia segunda, o esencia, tambi�n es considerada por Arist�teles como naturaleza. Se refiere a lo que puede ser separado mentalmente, por abstracci�n intelectual, no como existiendo en otro mundo, como las ideas de Plat�n. Propiamente es lo que hay de universal en un ser concreto; en este sentido tambi�n podemos hablar de su naturaleza o esencia.

La sustancia es fuente de dinamismo porque, por una lado, la naturaleza resulta ser algo esencial al m�vil, al sujeto del movimiento, dice referencia a �l y, por otro lado, cada sustancia tiene un determinado movimiento y un determinado reposo, que se comprende desde s� mismo. La sustancia es el fin de la generaci�n, con lo que justifica el cambio y la tendencia en la naturaleza. Con todo ello, queda justificado el cambio desde la sustancia. Desde �sta se quiere decir que la naturaleza es aut�noma, capaz de moverse por s� misma. Por tanto, la sustancia es la categor�a explicativa fundamental a la que se acude cuando los seres tienen autonom�a y capacidad de moverse por s� mismos.

6. El punto de partida de la f�sica: la experiencia del movimiento

Para Arist�teles en el mundo lo m�s patente es el movimiento. Todo tipo de movimiento se reduce, en �ltima instancia, al movimiento espacio-temporal. Pero tambi�n existe un aspecto cualitativo del movimiento, as� como teleol�gico: todo tiende hacia su lugar propio. As� el fuego tiende hacia arriba, y la tierra hacia abajo, y tal suerte de movimiento viene determinado por la naturaleza de cada cosa, con su cualidad (y no s�lo con su cantidad). De esta forma, se opone al atomismo de Dem�crito, para quien no existen diferencias cualitativas, sino s�lo cuantitativas.

Arist�teles sigue, en cierta forma, la divisi�n c�lebre desde Emp�docles, de los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire; los cuatro elementos son, seg�n Arist�teles, cualitativamente distintos. Y es precisamente en su diferencia de cualidad o �eidos�, donde hay que situar la esencia de las cosas, y no en sus relaciones o diferencias cuantitativas. Arist�teles a�ade a estos cuatro elementos un quinto: el �ter o �quintaesencia� (quinto elemento), que es la �materia� de la que est�n compuestos los astros supracelestes, y que son incorruptibles. Y lo son precisamente porque el �ter no tiene ning�n elemento que le sea contrario y contra el que �luchar�. Los astros tienen un movimiento �ideal�, circular y eterno. De esta forma, en atenci�n a la corruptibilidad o no de los elementos, el mundo aristot�lico se divide en lo corruptible (los cuatro elementos, que se oponen de dos en dos) y lo incorruptible; lo que est� bajo la Luna y lo que est� sobre ella.

Arist�teles toma como punto de partida de su filosofar, por una parte, la observaci�n de que es innegable el cambio y la alteraci�n de las cosas y, por otra parte, la convicci�n de que s�lo hay conocimiento verdadero de lo inmutable:

Qu� es la ciencia resulta claro de estas consideraciones [...]. Todos pensamos que aquello de que tenemos ciencia no puede ser de otra manera: de lo que puede ser de otra manera, cuanto tiene lugar fuera del alcance de nuestra observaci�n, no sabemos si es o no. Por consiguiente, lo que es objeto de ciencia es necesario. Luego es eterno, ya que todo lo que es absolutamente necesario es eterno, y lo eterno, ing�nito e imperecedero (�tica a Nic�maco, VI, 3, 1139b).

La visi�n que tiene Arist�teles de la naturaleza es la de un naturalista o bi�logo que ve en ella la manifestaci�n multiforme de la vida en las cosas que nacen o perece, cambian, se alteran o se transforman. El movimiento, la vida, ha de venir de alg�n principio, porque �todo lo que se mueve es movido por algo�; este principio, en las cosas naturales, no puede ser, por definici�n, sino interno a las cosas mismas:

Algunas cosas son por naturaleza, otras por otras causas. Por naturaleza, los animales y sus partes, las plantas y los cuerpos simples como la tierra, el fuego, el aire y el agua �pues decimos que �stos y otras cosas semejantes son por naturaleza. Todas estas cosas parecen diferenciarse de las que no est�n constituidas por naturaleza, porque cada una de ellas tiene en s� misma un principio de movimiento y de reposo, sea con respecto al lugar o al aumento o a la disminuci�n o a la alteraci�n. Por el contrario, una cama, una prenda de vestir o cualquier otra cosa de g�nero semejante, en cuanto que las significamos en cada caso por su nombre y en tanto que son productos del arte, no tienen en s� mismas ninguna tendencia natural al cambio; pero en cuanto que, accidentalmente, est�n hechas de piedra o de tierra o de una mezcla de ellas, y s�lo bajo este respecto, la tienen. Porque la naturaleza es un principio y causa del movimiento o del reposo en la cosa a la que pertenece primariamente y por s� misma, no por accidente (F�sica, 189b-191a)

Si nos atenemos a la experiencia del movimiento, no habr� m�s remedio que romper el hermetismo univocista del ser y del logos, en el que quedaban atrapados por el eleatismo, y abrirse a la multivocidad (y analogicidad). Es una exigencia dela experiencia f�sica fundamental: vemos cosas que se mueven y que cambian, en el espacio y en el tiempo. De lo contrario, el movimiento se hace ininteligible, inexplicable e imposible por irracional. La inmersi�n en la experiencia del cambio y del movimiento nos sumerge en la diversidad y mutabilidad de lo real. Esta constataci�n impeli� a Arist�teles a elaborar y expresarse mediante nuevos conceptos f�sicos (aunque tienen rango metaf�sico): forma, acto, potencia, causa, movimiento, tiempo, infinito, etc.

Si no se rechaza la irrupci�n del cambio y movimiento en el ser, no hay otra salida que dejar ser al ser en su diversidad y mutabilidad, tal cual se presenta en la experiencia de los sentidos. �Todo cambio es por naturaleza ext�tico� (F�sica, IV, 13), esto es, todo cambio pone fuera de s� al ser, por lo que el ser en movimiento deviene o tiene lugar como devenir, y as� llega a ser lo que es, ya que es ext�tico; el cambio produce escisiones en el ser: �ste cambia, deviene otra cosa, se convierte en algo diferente. Por esto dice Arist�teles que �el movimiento pone fuera de s� a lo subsistente. El cambio y el movimiento son aquello en virtud de lo cual lo sub-sistente s�lo se mantiene en el ser como un ex�sistente. Este car�cter ext�tico del ser produce alteridad, diversidad, diferencia; el orden sucesivo de tal alteridad y diversidad genera la experiencia del tiempo, junto con la del movimiento. Esta es la ra�z f�sica de la transformaci�n del logos univocista (Parm�nides); la experiencia f�sica del movimiento y del tiempo revelan fen�menos originarios que la ciencia f�sica aristot�lica tendr� que inteligir conceptualmente.

7. El cambio

Cambio o movimiento es todo proceso de mutaci�n que se produce en el mundo f�sico. �ste fue el problema por excelencia que se plantearon los presocr�ticos, y es adem�s el problema central de toda la f�sica griega, dado que su explicaci�n supone resolver el problema de su posibilidad: �c�mo es posible el cambio, si cambiar supone que una cosa deja de ser, o que algo que no era comienza a ser? Supone, en consecuencia, la realidad del no-ser o la imposibilidad del cambio, o bien, exige distinguir entre lo que es apariencia y realidad.

La f�sica de Arist�teles es una respuesta sistem�tica al problema, naturaleza, condiciones y principios del cambio. Parte Arist�teles del hecho de sentido com�n de que el cambio en la naturaleza es evidente y no cabe discutirlo; a�n m�s, que le es esencial a la naturaleza la presencia del cambio y el movimiento.

Para designar este fen�meno natural, emplea casi indiferentemente los t�rminos de :,J"$@8H(cambio) y 64<Z@4H (movimiento):

Puesto que la naturaleza es un principio del movimiento y del cambio, y nuestro estudio versa sobre la naturaleza, no podemos dejar de investigar qu� es el movimiento; porque si ignor�semos lo que es, necesariamente ignorar�amos tambi�n lo que es la naturaleza. Las cosas �algunas s�lo en acto, otras en potencia y acto� son �esto� o una cantidad o una cualidad, y de la misma manera en las otras categor�as de lo que es. Ahora bien, no hay movimiento fuera de las cosas, pues lo que cambia siempre cambia o sustancialmente o cuantitativamente o cualitativamente o localmente, y, como hemos dicho, no hay nada que sea com�n a tales cambios y no sea un �esto o una cantidad o una cualidad o alguna de las otras categor�as�. Por consiguiente, las especies de movimiento y de cambio son tantas como las del ser (F�sica, III, 1, 200b-201a)

Para poder hablar del movimiento Arist�teles establece sus principios o factores a tener en cuenta cuando se habla del movimiento, que son: el sujeto (hypoke�menon) del cambio, o la materia, que permanece durante el proceso del cambio, y los dos contrarios o contrapuestos entre los cuales se da el cambio: la forma (ya sea la esencial, la sustancia, o la accidental, la cualidad, la cantidad y el lugar) y la privaci�n (no el no-ser, sino la carencia de una forma por parte del sujeto):

En todos los casos de llegar a ser tiene que haber siempre algo subyacente en lo que llega a ser. Decimos �algo llega a ser de algo�, y no �algo llega a ser algo�, principalmente de las cosas que no permanecen; as� decimos �el m�sico llega a ser del no-m�sico�, y no �el m�sico llega a ser del hombre�. Aunque tambi�n de las cosas que permanecen hablamos en ocasiones de la misma manera, pues decimos que del bronce llega a ser una estatua. En cuanto a los opuestos que no permanecen, se dicen de ambas maneras. Decimos �esto llega a ser de esto� y tambi�n �esto llega a ser esto�; as�, �del no-m�sico llega a ser el m�sico� y tambi�n �el no-m�sico llega a ser m�sico�. Y hablamos de la misma manera en el caso del compuesto, pues decimos: �de un hombre no-m�sico llega a ser un m�sico�, y tambi�n �un hombre a-m�sico llega a ser un hombre m�sico��; por tanto es evidente que todas las cosas que llegan a ser proceden de un sustrato. Resulta claro entonces de cuanto se ha dicho que todo lo que llega a ser es siempre compuesto, y que no s�lo hay algo que llega a ser, sino algo que llega a ser �esto�, y lo �ltimo en dos sentidos: o es el sustrato o es lo opuesto. Entiendo por �opuesto�, por ejemplo, el no-m�sico, y por �sujeto� el hombre; llamo tambi�n �opuesto� a la carencia de figura o de forma o de orden, mientras que llamo �sjeto0 al bronce o a la piedra o al oro. Por tanto, si de las cosas que son por naturaleza hay causas y principios de los que primariamente son y han llegado a ser, y esto no por accidente, sino cada una lo que se dice que es seg�n su sustancia, entonces es evidente que todo llega a ser desde un sustrato y una forma. Porque �hombre m�sico� est� compuesto, en cierto sentido, de �hombre� y de �m�sico�, ya que se lo puede analizar en los conceptos de ambos. Es claro, entonces, que lo que llega a ser proviene de �stos. El sustrato es uno en n�mero, pero dos en cuanto a la forma (pues lo numerable es el hombre o el oro o, en general, la materia, ya que es sobre todo la cosa individual, y no por accidente como lo generado llega a ser de ello; en cambio, la privaci�n y la contrariedad son s�lo accidentales). Pero la forma es una, como el orden o la m�sica o cualquier otra determinaci�n similar (F�sica, 1, 7, 189b-190)

El cambio, as� visto, no es sino la adquisici�n de una forma de la que la materia sustrato, o el sujeto, est� privada. Hay cambio, es decir, algo llega a ser algo, cuando un sujeto que carece de una determinada perfecci�n la adquiere por s� mismo (cambio natural) o por otro (cambio artificial), de modo tal que �algo llega a ser de algo�, esto es, el cambio se produce sobre un sujeto, o sustrato, siempre existente.

Otra forma de contemplar el cambio es verlo como el llegar a ser (�esto�) de algo que pod�a ser (�esto�), es decir, mediante los conceptos de acto y potencia. En este caso, el movimiento es la actualidad de lo potencial en cuanto tal y todo lo que existe est� en acto o en potencia; las cosas son o pueden ser. No es lo mismo ser una actualidad que ser una posibilidad, pero entre una cosa y otra hay un v�nculo necesario, y si existe algo en cuanto se est� actualizando, esto est� en movimiento. De hecho, para Arist�teles, todo lo que existe son potencias actualizadas, y el conjunto de la naturaleza no es sino el desarrollo de las posibilidades de cada cosa, seg�n su naturaleza.

El hecho de alcanzar una cosa el t�rmino de su movimiento, lo llama Arist�teles fin; nada tiende a un fin, a trav�s de un movimiento, a menos que exista un responsable, o agente, del inicio del movimiento; y �ste no es posible sin una forma y una materia. Materia, forma, agente y fin son las causas, o factores explicativos, del cambio; aquello que podemos responder cuando se pregunta por qu� las cosas son como son. Para comprender el cambio debe disponerse de una terminolog�a adecuada, que permita hablar sin contradicci�n sobre las cosas que cambian, de modo que sea posible decir y entender que lo que cambia no se crea de la nada ni tampoco desaparece, sino que cambia en alg�n aspecto y en alg�n aspecto no cambia, permaneciendo de alg�n modo tambi�n id�ntico a s� mismo; de esta terminolog�a carecieron los presocr�ticos. Deben determinarse, por tanto, los factores o principios del cambio, a saber: la materia, la forma y la privaci�n; esto es, el sustrato, que permanece, pero que adquiere aquella forma de que est� privada y, en esto mismo, cambia.

8. Definici�n del movimiento: paso del ser en potencia al ser en acto

Todas las sustancias pertenecientes al mundo de la naturaleza f�sica son m�viles, aunque tengan distintas clases de movimiento; �ste est� determinado por la naturaleza misma de cada sustancia. Las sustancias celestes son compuestas y m�viles, pero s�lo tienen un movimiento circular. Las sustancias del mundo terrestre tienen movimiento local, y tambi�n un �movimiento� de generaci�n y corrupci�n (un movimiento en su ser, en su entidad).

Todo movimiento implica potencialidad; el movimiento es el tr�nsito de un ser en potencia al acto, y lo define como el acto de un ser en potencia en cuanto potencia. Es decir, no se da movimiento ni cuando un ser est� en potencia ni cuando est� ya en acto, sino �nicamente cuando se encuentra en el estado intermedio entre la potencia y el acto; de lo contrario, o bien estar�a �nicamente en potencia (pero �quieto�), o ya estar�a plenamente en acto (igualmente �quieto�). El sujeto m�vil se encuentra en acto imperfecto entre la potencia (t�rmino a quo) y el acto al que tiende (t�rmino ad quem). El movimiento es una mezcla de potencia y de acto, pues el m�vil se halla a la vez en acto 8respecto de la potencia parcialmente actualizada) y todav�a en potencia (respecto al t�rmino al que se ordena o dirige, que es el acto perfecto).

Todas las cosas materiales se componen de dos maneras del ser, que son el acto (en�rgeia) y la potencia (d�namis). El acto, o entelequia (entel�khia), es la actualidad de una cosa o de un ente y significa realizaci�n y perfecci�n, mientras que la potencia es pura posibilidad de ser algo. Entel�cheia, significa �movimiento continuo�; designa aquello que posee en s� mismo su propia perfecci�n, lo que le impulsa a conseguir su fin o telos.

En las cosas materiales, la materia (h�le) es la potencia y la forma (eidos), el acto o entelequia, y el compuesto de materia y forma es tambi�n un compuesto de potencia y acto.

Todo lo que cambia pasa de la potencia de ser algo al acto de serlo, de ser ese algo que pod�a ser, de tal manera que la potencia no debe entenderse como si fuera la nada o el no-ser, sino una sustancia precedente que, respecto de la posterior es su potencia. As�, una estatua no surge de la nada, sino de un sustrato material anterior (capaz de ser esculpido, por lo que se halla s�lo en potencia de ser estatua o alguna otra cosa), que respecto de aqu�lla es su materia, pero que, independiente de ella, es la sustancia material del oro y el marfil. El cambio, que es la actualizaci�n de una potencia, siempre ocurre sobre un sustrato preexistente, el sujeto del cambio, que es aquello de donde y aquello de lo cual proviene una cosa.

As� pues, el cambio puede ser visto desde la perspectiva que ofrece la distinci�n de acto y potencia. Todo, seg�n Arist�teles, est� en acto o en potencia; todo, en efecto, tiene una determinada realidad y una determinada capacidad o posibilidad de ser alguna otra cosa o poder realizar algo: el hombre que no sabe m�sica puede aprenderla, un ni�o de pocos meses puede llegar a ser adulto y una semilla puede convertirse en �rbol; pero ning�n humano puede esperar que le salgan alas ni la semilla confiar en ser un ave. No todo puede ser cualquier cosa; se est� en potencia s�lo respecto de aquello que se puede ser. Movimiento es, entonces, estar en tr�nsito desde lo que se es a lo que se puede ser. Es decir, es movimiento es la actualidad de lo potencial en cuanto a tal:

Y puesto que distinguimos en cada g�nero lo actual y lo potencial, el movimiento es la actualidad de lo potencial en cuanto a tal; por ejemplo, la actualidad de lo alterable en tanto que alterable es la alteraci�n, la de lo susceptible de aumento y la de su contrario, lo susceptible de disminuci�n, es el aumento y la disminuci�n; la de lo desplazable es el desplazamiento. Que esto es el movimiento se aclara con lo que sigue. Cuando lo construible, en tanto que decimos que es tal, est� en actualidad, entonces est� siendo construido: tal es el proceso de construcci�n; y lo mismo en el caso de la instrucci�n, la medicaci�n, la rotaci�n, el salto, la maduraci�n o el envejecimiento. El movimiento es, pues, la actualidad de lo potencial, cuando al estar actualiz�ndose opera no en cuanto a lo que es en s� mismo, sino en tanto que es movible. Entiendo el �en tanto que� as�: el bronce es estatua en potencia, pero el movimiento no es la actualidad del bronce en tanto que bronce, pues no es lo mismo ser bronce que ser algo en potencia; si fueran lo mismo en sentido absoluto y seg�n el concepto, el movimiento ser�a entonces la actualidad del bronce en tanto que bronce; pero, como se ha dicho, no son lo mismo. Esto es claro en el caso de los contrarios, ya que poder curarse es distinto de poder enfermar �si no lo fueran, estar enfermo ser�a lo mismo que estar sano�; pero el sujeto del estar sano y el del estar enfermo es uno y el mimo. Y puesto que no son lo mismo, como el color no es lo mismo que la cosa visible, es evidente que el movimiento es la actualidad de lo potencial en tanto que potencia. Es claro, entonces, que esto es el movimiento, y que una cosa se mueve cuanto est� en actualidad, a veces no, como en el caso de lo construible, y la actualidad de lo construible en tanto que construible es el proceso de construcci�n; porque la actualidad de lo construible es el proceso de construcci�n o la casa; pero cuando la casa existe ya no es construible; lo que se construye es lo construible. Esta actualidad, entonces, tendr� que ser el proceso de construcci�n; y el proceso de construcci�n es una clase de movimiento. El mismo razonamiento se aplicar� tambi�n a los otros movimientos (F�sica, II, 1, 201a-201b)

9. Movimiento y t�los de la physis

Arist�teles tiene del movimiento �y de toda la naturaleza� un concepto finalista (teleol�gico) y teol�gico. El movimiento es el paso de la potencia al acto y posee, por tanto, siempre un fin o t�los, que es la forma o especie que el movimiento tiende a realizar. Puesto que el acto como sustancia precede siempre a la potencia, cada movimiento presupone ya en acto la forma que es su t�rmino final. De este modo, todos los seres se mueven naturalmente hacia su fin, que es su propia perfecci�n. Y as�, los movimientos se diversifican y especifican por raz�n del acto o t�rmino al que tienden.

La perfecci�n del mundo, que es el presupuesto de toda la f�sica aristot�lica, implica la estructura finalista del propio mundo; es decir, implica que en el mundo cada cosa tenga un fin. La consideraci�n teleol�gica es esencial a la totalidad de la f�sica aristot�lica. Para Arist�teles el movimiento de un cuerpo no se explica sino admitiendo que el mismo tiende naturalmente a alcanzar su lugar natural: la tierra tiende hacia el centro y cada uno de los dem�s elementos a su propia esfera. El lugar natural de un elemento est� determinado por el orden perfecto de las partes del universo. Alcanzar este lugar, alcanzando y manteniendo la perfecci�n de todo, es el finde todo el movimiento f�sico. En la ley fundamental que explica los movimientos de la naturaleza est� presente ya la consideraci�n del t�los. Pero �ste es todav�a m�s evidente en el mundo biol�gico, es decir, en las investigaciones biol�gicas, a las que Arist�teles dedic� gran parte de su actividad. �La divinidad y la naturaleza no hacen nada in�til� (Del cielo, I, 4, 271a). El �acaso� no existe. Decimos que se realizan por casualidad los efectos accidentales de ciertos acontecimientos que intervienen en el orden de las cosas. Una piedra que hiere a alguien, lo hiere por casualidad porque no ha ca�do con el fin de herirlo; sin embargo, la ca�da de la misma forma parte del orden de las cosas. La fortuna es una especie de causalidad que se verifica en el orden de las acciones humanas: como, por ejemplo, el que va al mercado por cualquier motivo y all� encuentra a un deudor que le paga la suma que le adeuda. La acci�n de este hombre afortunado iba encaminada a un fin, pero no a aquel fin: por eso se habla de �fortuna�.

Por otra parte, seg�n Arist�teles, hay mutaciones o cambios sustanciales, en las cuales no se da propiamente movimiento, porque son instant�neas, aunque se d� en ellas cambio de ser, pasando de una forma a otra: trans-formaci�n (lo que equivale a transustanciaci�n). Y hay tambi�n mutaciones o cambios accidentales; en ellas se da propiamente el movimiento f�sico; estas mutaciones se diversifican seg�n que t�rmino ad quem sea:

  1. el lugar del movimiento (movimiento local); es el movimiento propiamente, f�sicamente, dicho;
  2. la cantidad (movimiento cuantitativo), que implica aumento o disminuci�n;
  3. la cualidad (movimiento cualitativo), donde se pierde o adquiere alguna cualidad.

Lo que aparece a la vista del entendimiento, cuando contempla la realidad s�lo en cuanto es, es la sustancia, o entidad. El mundo es, metaf�sicamente hablando, un todo estructurado de sustancias o de modos de la sustancia (accidentes), y sustancia o entidad es, primariamente, la esencia y el individuo compuesto de materia y forma (hilemorfismo); hay muchas maneras de ser y de decir �que algo es�, pero todas se dicen con relaci�n a una sola, que es la entidad o sustancia.

Las sustancias, en Arist�teles, se nos presentan bajo tres aspectos:

  1. Ontol�gico-metaf�sico: como unidad existencial de forma y materia.
  2. L�gico: como predicabilidad de un sujeto.
  3. Gen�tico: como la actuaci�n de la potencia. Este aspecto gen�tico nos posibilita la realidad no como realidad, sino como �realizaci�n�; la sustancia no como forma de una materia, sino como �formaci�n�; el acto no como acto de una potencia, sino como �actuaci�n�. As� como una cosa artificial se explica enteramente cuando la vemos hecha por su art�fice y adviene a su ser en virtud de la acci�n del art�fice, y m�s que una cosa es una especie de �cosaci�n�, as�, igualmente, todas las cosas del mundo f�sico deben ser contempladas bajo la especie dela �fabricaci�n�. Por eso, la estructura del ser y la estructura de la sustancia culminan en Arist�teles en una teor�a de la �realizaci�n�. Y la estructura de la realizaci�n es, precisamente, la teor�a de las cuatro causas.

Bajo la constante inestabilidad de todo lo existente, puesta en claro por la f�sica, la metaf�sica halla puntos s�lidos donde fundar el conocimiento: lo que Arist�teles llama sustancia, entidad, esencia, ous�a, con su doble sentido fundamental: como �qu� es� (aspecto l�gico, reducible a lo inteligible: forma o esencia) y como �aquello que es� (aspecto ontol�gico reducible al ser individual: acto); lo uno es lo otro, porque la forma o esencia no puede existir sino actualizada.

La metaf�sica, la ontolog�a, mira en perspectiva, buscando el conocimiento m�s all� de los individuos y las cosas concretas. Si nada hay aparte de los individuos, nada habr� inteligible, sino que todas las cosas ser�n sensibles, no habr� ciencia de nada, a no ser que se llame ciencia a la sensaci�n. Las sustancias o entidades son de tres clases: dos f�sicas (corruptible una, como las plantas y los animales, e incorruptible y eterna la otra, pero m�vil, como los astros del cielo) y una inm�vil y eterna; sin �sta, aqu�llas no existir�an.

Todo en el mundo es actividad y movimiento, ya sea que se mire el mundo como un conjunto de cambios de forma en un sustrato material, ya sea que se mire como un conjunto de tr�nsitos de la potencia al acto. La armon�a del mundo es una sucesi�n de cambios de forma y sucesivas actualizaciones de potencialidades, s�lo explicable si hay una primera sustancia cuya esencia es movimiento sin ninguna clase de potencialidad. A este primer moviente llamada Dios, porque es eterno, entidad y acto, que �mueve sin moverse�, como lo �deseable e inteligible�, que �mueve en tanto que amado�, es necesario, perfecto y �absolutamente es como es�; de �l penden el Universo y la Naturaleza; su actividad es �placer�, vida, pensamiento, �de modo que entendimiento e inteligible se identifican�. En el libro VII de la F�sicaArist�teles describe a Dios como principio, centro, del movimiento del mundo, porque a �l tiende todo como tienden las cosas hacia un fin, porque mueve como hace lo deseable e inteligible. En el universo entero hay finalidad (teleolog�a), no porque el primer moviente tienda a algo o mueva con �vistas a algo�, sino porque �l es �para bien de algo�.

Esta finalidad es lo que Arist�teles llama el Bien del universo, que se expresa en el orden del universo, y se logra por el hecho de que todas las sustancias �tienden� a realizar, a actualizar, todas las potencialidades de su propia forma. El orden del mundo es el encadenamiento de la actividad de las sustancias, compuestas de materia y forma, que despliegan sus posibilidades o capacidades de acuerdo con su esencia.

10. El movimiento en la naturaleza

10.1 El movimiento como esencia de la naturaleza

El movimiento no se convirti� en problema filos�fico hasta despu�s de haber sido negado por los eleatas, siendo calificado por �stos como �apariencia ilusoria�. Igualmente, los pluralistas recuperaron este concepto, justific�ndolo en parte. Pero ni siquiera Plat�n supo precisar cu�l era la esencia del movimiento y su estatuto ontol�gico. Los eleatas negaron el devenir y el movimiento porque, en su opini�n, �stos supondr�an la existencia de un no-ser, siendo as� que el no-ser no existe. Arist�teles consigui� solucionar la apor�a de la forma m�s brillante hasta entonces.

El movimiento es un dato perceptible acerca de un hecho originario, del que no es posible dudar. Pero, �c�mo se justifica? Arist�teles precis� en su Metaf�sica que �el ser se dice de muchas maneras�, que el ser tiene muchos significados, y que un grupo de �stos se deriva del ser en cuanto potencia y del ser en cuanto acto. Respecto al ser en acto, el ser en potencia puede considerarse no ser, m�s concretamente no ser en acto; pero est� claro que se trata de un no ser relativo, ya que la potencia es real, porque es una capacidad real y una posibilidad efectiva de llegar al acto. Ahora bien, el movimiento (como todo cambio en general) es precisamente el paso del ser en potencia (no ser todav�a algo, pero poder ser algo) al ser en acto (el movimiento y el acto o �la actuaci�n de lo que es en potencia en cuanto tal�, es decir, lo que algo es ya actualmente). As� pues, el movimiento no supone en verdad el no ser parmen�deo, porque se desarrolla en el seno del ser y es el paso del ser (potencial) al ser (actual). De este modo, el movimiento pierde definitivamente el car�cter que podr�amos calificar como nulificante o nihificador, por el que los eleatas se cre�an obligados a eliminarlo, quedando as� b�sicamente explicado. De aqu� la definici�n que Arist�teles da del movimiento:

Las cosas �algunas s�lo en acto, otras en potencia y en acto� son o un �esto� o una cantidad o una cualidad, y de la misma manera en las otras categor�as de lo que es. En cuanto a las que son relativas a algo, se dicen seg�n el exceso o el defecto, o seg�n la actividad o la pasividad, o, en general, seg�n su capacidad de mover o de ser movida; porque lo que puede mover es tal con respecto a lo que puede ser movido, y lo que puede ser movido es tal con respecto a lo que puede mover. Ahora bien, no hay movimiento fuera de las cosas, pues lo que cambia siempre cambia o sustancialmente, o cualitativamente o localmente, y, como hemos dicho, no hay nada que sea com�n a tales cambios y no sea un �esto� o una cantidad o una cualidad o alguna de las otras categor�as. As�, pues, no hay movimiento ni cambio fuera de los que hemos dicho, ya que no hay ninguno que se encuentre fuera de lo que hemos dicho. Cada una de estas categor�as est� presente en las cosas de dos maneras; por ejemplo, con respecto a un �esto�, en su forma o su privaci�n; con respecto a la cualidad, en lo blanco o lo negro; con respecto a la cantidad, en lo completo o incompleto; y de la misma manera con respecto al desplazamiento en el arriba o el abajo, lo pesado o lo ligero. Por consiguiente, las especies del cambio son tantas como las del ser. Y puesto que distinguimos en cada g�nero lo actual y lo potencial, el movimiento es la actualidad de lo potencial en cuanto a tal; por ejemplo, la actualidad de lo alterable en tanto que alterable es la alteraci�n, la de lo susceptible de aumento y la de su contrario, lo susceptible de disminuci�n �no hay nombre com�n para ambos�, es el aumento y la disminuci�n; la de lo generable y lo destructible es la generaci�n y la destrucci�n; la de lo desplazable es el desplazamiento (F�sica, III, 1, 200b25-201a16)

10.2 La estructura ontol�gica del movimiento

Potencia y acto se refieren a las diferentes categor�as y no s�lo a la sustancia o protocategor�a. Por tanto, el movimiento, que es paso de la potencia al acto, se referir� a las diferentes categor�as, al menos a las m�s importantes. Y, as�, de la lista de las categor�as podemos deducir las diferentes formas del cambio. Es cierto que algunas de las categor�as no admiten variaci�n. Por ejemplo, respecto a la categor�a de �relaci�n�, ya que basta que se mueva uno de los dos t�rminos de la misma (los relacionados) para que tambi�n el otro, incluso permaneciendo invariable, cambie el significado relacional (y, por tanto, si acept�ramos el movimiento seg�n la relaci�n, admitir�amos el absurdo de un movimiento sin movimiento para el segundo t�rmino). Las categor�as de �acci�n� y �pasi�n� son ya movimiento en s� mismas, no siendo posible el movimiento del movimiento. Finalmente, el �tiempo�, que es una afecci�n del movimiento. Quedan a�n las categor�as siguientes: sustancia, cualidad, cantidad y lugar. El cambio seg�n la sustancia se llama generaci�n y corrupci�n; el cambio seg�n la cualidad se denomina aumento y disminuci�n; el movimiento seg�n el lugar es la traslaci�n. De este modo el �cambio� es un t�rmino gen�rico que se adapta perfectamente a estas cuatro formas; por el contrario, el movimiento es un t�rmino que designa las tres �ltimas, sobre todo a la �ltima.

Existen, pues, varias clases de movimientos o cambios:

  1. El cambio sustancial: hay sustancias que son afectadas por procesos de generaci�n y de corrupci�n. En este proceso surge una sustancia nueva, o bien desaparece una sustancia existente. Estos cambios afectan a las cosas en su perdurabilidad sustancial, afectando a las sustancias por completo. No afectan s�lo a su consistencia, sino a su propio subsistir existente como �algo�, como �ser�.
  2. El cambio accidental. Aqu� las sustancias no son ni generadas ni corruptas, sino que sufren s�lo modificaciones que no afectan a su esencia, que no impiden, pues, que ese algo siga siendo algo. Estos cambios, por tanto, son s�lo accidentales, afectan a los accidentes de las cosas, pero no a la esencia de lo que la cosa es. Y estas modificaciones accidentales pueden ser, seg�n Arist�teles, de tres clases:
    1. Cualitativas: si se pierde o se adquiere alguna cualidad que no es esencial a la cosa (que no es �definitoria� de la misma).
    2. Cuantitativas: cuando tiene lugar un crecimiento o una disminuci�n.
    3. Translativas: cuando el cambio s�lo afecta a la posici�n espacial, o al movimiento translativo (no esencial).

El devenir, pues, en todas sus formas, supone un sustrato (que viene a ser el ser potencial) que pasa de un extremo a otro; en la primera forma el paso se realiza de un contradictorio a otro y en las otras tres, de un contrario a otro. La generaci�n es la asunci�n de la forma; la alteraci�n es un cambio de la cualidad, mientras que el aumento y la disminuci�n constituyen el paso de peque�o a grande y viceversa; el movimiento local es la transici�n de un punto a otro. S�lo los compuestos de materia y forma pueden cambiar, porque s�lo la materia implica potencialidad; por lo tanto, la estructura hilem�rfica de la realidad sensible, que implica necesariamente materia y potencialidad, es la ra�z de todo movimiento.

El hilemorfismo es una teor�a de origen aristot�lico que atribuye a todos los seres materiales o f�sicos la composici�n de dos principios, la materia y la forma, que constituyen una unidad (el cuerpo o cosa concreta) al complementarse. Por materia debe aqu� entenderse la materia prima, que no es todav�a nada corp�reo o concreto, pues si lo fuera ya tendr�a una forma determinada y no ser�a pura potencialidad, susceptible de mutabilidad, sino que ser�a una materia segunda, que es la que ya est� informada o configurada por la forma.

La materia prima es, seg�n Arist�teles, la posibilidad gen�rica de ser un cuerpo determinado una vez que tenga una forma concreta. La materia prima no es perceptible por los sentidos externos del hombre. En realidad se trata de una hip�tesis a la cual Arist�teles se vio obligado a recurrir llevado por su an�lisis del movimiento. En efecto, el movimiento exige que algo permanezca (lo movido); en el movimiento o cambio accidental permanece la sustancia; y en el cambio sustancial, en cambio, lo que se mueve es la propia sustancia. Pero el problema se plantea precisamente aqu�: en el cambio de sustancia, �no permanece absolutamente nada? �Todo desaparece por completo? Desde la postulaci�n de un universo �nico, finito y ordenado teleol�gicamente, como es el aristot�lico, incluso debe permanecer algo hasta en el cambio sustancial. Arist�teles pens� que podr�a superar esta apor�a postulando la existencia de una �realidad inmaterial� a la cual pudiera unirse la forma (que hace que una cosa sea lo que es), pero como esa realidad material si ya est� conformada es un ser en acto, �de d�nde surge la materia que debe unirse a la forma, antes de ser informada? Arist�teles postul� la existencia de la materia primera o prima, que es la pura potencialidad material de ser conformada por una forma, dando lugar a la materia segunda (ya conformada). La materia, pues, sin forma alguna (no existente en acto ni perceptible por los sentidos), es la materia prima. De este modo, la materia segunda es ya una concreci�n hilem�rfica, esto es, la conjunci�n o adici�n de la materia prima y la forma sustancial. La relaci�n entre la materia prima y la forma sustancial es la misma que existe, seg�n Arist�teles, entre la potencia y el acto.

10.3 La estructura ontol�gica de la naturaleza

Para Arist�teles la physis es la causa radical de aquellos seres que son �por naturaleza�. Si la investigaci�n sobre los principios le condujo a los elementos constitutivos de la realidad, f�sica, en el libro II la investigaci�n de las causas, de la physis como causa, le conduce a dise�ar el �mbito de lo natural. �Todos los seres poseen en s� mismos un principio de movimiento y reposo�, de forma que �la naturaleza es un principio y causa del movimiento y de reposo para aquellos seres en que reside inmediatamente, por s� y no de un modo accidental� (F�sica, II, 1). Los seres f�sicos lo son en virtud de que se mueven, de que tienen en s� un principio de movimiento. La cuesti�n es, �c�mo hemos de entender ese se mueven? Es importante delimitar cu�l es la estructura de los seres que se mueven, porque a partir de ella Arist�teles a) fundamentar� el �mbito de lo f�sico frente a otros �mbitos, como el de las cosas artificiales; b) se basar� en ella para abrirse, desde el conocimiento de lo f�sico, a la necesidad de lo transf�sico, de lo que no es f�sico, pero tampoco artificial.

La physis se presenta como causa necesaria, pero no suficiente, en los seres f�sicos respecto de aquello que los determina como tales: su movimiento. Esto queda claro atendiendo a la diversidad de movimientos posibles y a la misma definici�n del movimiento. Siendo �ste el tr�nsito de la potencia al acto, �qu� determina en un momento concreto que lo posible pase a ser actualizado? Siendo m�ltiples las posibilidades, �qu� determina la realizaci�n de unas u otras cosas en una sola cosa?

La physis es causa intr�nseca del movimiento en las cosas, pero hay que atender a otro polo de la concepci�n aristot�lica: todo lo que se mueve es movido por otro. Y todo lo que mueve sin ser movido entra en el campo de estudio de la f�sica, �porque causan el movimiento sin poseer en s� mismos ese movimiento, ni el principio del movimiento, pues son inm�viles� (F�sica, II, 7). Compaginando ambas afirmaciones, podemos concluir que los seres f�sicos, que tienen en s� un principio del movimiento, semueven siendo a su vez movidos. Para que algo sea f�sico se requiere la referencia a un principio intr�nseco de su movimiento, pero ello no es suficiente ni niega la acci�n de otras causas. Las causas intr�nsecas son la material y la formal (son principios que sustentan al propio ente). Lo espec�fico de las sustancias f�sicas es no poder explicarse exclusivamente por causas extr�nsecas; a diferencia de lo artificial, que se reduce a sus causas extr�nsecas.

11. La teor�a hilem�rfica

La afirmaci�n seg�n la cual �el ser se dice de muchas maneras� quiere decir que el ser tiene o puede estar afectado por muchas categor�as. Arist�teles enumera diez, de las cuales la categor�a b�sica es la sustancia (ous�a), que es la esencia de cada cosa, aquello que existe por s� mismo y no se predica de ninguna otra cosa, es decir, aquello que es espec�fico. Arist�teles distingue dos tipos de sustancia:

Adem�s de la sustancia, tenemos nueve categor�as accidentales, que son afecciones de la sustancia, y que no pueden existir por s� mismas, si no est�n adheridas a alguna sustancia; estas nueve categor�as son: cantidad, cualidad, relaci�n, lugar, tiempo, posici�n, posesi�n, acci�n y pasi�n.

La sustancia del ser goza de preeminencia sobre el resto de las categor�as del ser: el ser �es�; las otras categor�as �son� del ser. Y la forma goza de prioridad sobre la materia, porque la forma es la esencia del ser.

La teor�a hilem�rfica nos dice que la sustancia �es decir, la realidad concreta compuesta por categor�as� es un compuesto doble: est� constituida por la materia y por la forma.

La materia, del t�rmino griego hyle, que quiere decir bosque o madera, asume en Arist�teles un significado filos�fico y t�cnico: materia es indeterminaci�n y receptividad, disposici�n a recibir cualquier determinaci�n, posibilidad para alguna cosa.

La forma, por el contrario, es aquello que determina e �in-forma� a la materia; es la actualidad, frente al ser potencial de la materia. Forma es aquello a lo que tiende la indeterminaci�n de la materia. Estos dos constitutivos de la sustancia, materia y forma, se corresponden con la potencia y el acto del ser, y ambos determinan que el ser sea din�mico y, en consecuencia, que el cambio y el movimiento sean posibles.

La forma ser�a, salvando las distancias y situ�ndola en el mundo de la tierra, el equivalente aristot�lico de la Idea plat�nica. Sin embargo, mientras Plat�n situaba las Ideas en un mundo propio, real, verdadero y diferente del mundo de los objetos sensibles, regido por la apariencia, Arist�teles sostiene que la idea, es decir, la forma, est� indefectiblemente ligada a la materia, la cual no se puede dar ni conocer sin la forma. No hay dos mundos, el de las Ideas y el de las cosas, sino uno solo: el mundo de los seres, constituidos por la sustancia (materia y forma) y el resto de accidentes.

12. La teor�a de las causas

Para Arist�teles la causa es el principio del ser, aquello de lo que depende la existencia de un ser determinado, de tal modo que para explicar cualquier cosa es necesario que nos refiramos a su causa, a lo que lo ha realizado, a lo que lo ha hecho, lo ha formado, o a aquello a lo que ese ser se encamina o tiende.

El t�rmino causa quiere decir producci�n de alguna cosa de acuerdo con una cierta norma. Arist�teles pensaba que los fen�menos del mundo f�sico no suceden al azar, sino que todo deviene por una raz�n y por obra de la necesidad, de manera que no hay movimiento ni cambio sin causa. Seg�n Arist�teles, �todo lo que se mueve, necesariamente se mueve por otro�. Esta teor�a va dirigida contra dos principios: 1) contra la idea de los atomistas de que el mundo es fruto de un azar; 2) contra la idea del automovimiento de Plat�n, pues incluso en el automovimiento se da un motor y un movido, de modo que incluso aqu� vale el principio b�sico de que todo lo que es movido es movido es movido por otro.

La f�sica, como ciencia, debe explicar el �porqu� del ser natural, es decir, cu�les son las causas por las que los cuerpos se comportan como seres naturales. Teniendo en cuenta que todo ser natural est� sujeto a movimiento es preciso que el f�sico sepa el porqu� se mueve y cu�l es el n�mero de causas o razones que pueden explicar cient�ficamente la generaci�n de los cuerpos sensibles. Estas causas se reducen a cuatro: material, formal, eficiente y final.

I. Causa material: es la materia de la cual una cosa est� hecha, como por ejemplo, el m�rmol es la causa material de la estatua de David; y en los seres naturales, la materia es potencia, posibilidad de ser.

As�, pues, en un primer sentido, se llama causa a aquello a partir de lo cual algo se hace o produce, de manera que permanece en el ser producido como inmanente. As�, por ejemplo, el bronce es causa de la estatua, y la plata lo es de la copa (F�sica, II, 3)

II. Causa formal: es la idea o modelo que preside la realizaci�n de alguna cosa; por ejemplo, la imagen previa del David, que Miguel Angel ten�a en su mente; y en los seres naturales, la forma es acto, y provoca la determinaci�n de la materia.

(�) y de otra manera lo son las formas y el ejemplar o modelo. Esta es, por otra parte, la noci�n de la esencia y sus g�neros; as�, respecto de la octava, es la relaci�n de dos a uno, y, en general, el n�mero, y las partes que vienen incluidas en la definici�n (F�sica, II, 3)

III. Causa eficiente: es el agente o productor del cambio o de la cosa

En otro sentido, es causa aquello de donde proviene el primer principio del cambio o del reposo. Causa de este tipo es el que toma una decisi�n; y lo es el padre del hijo (F�sica, II, 3)

IV. Causa final: es la finalidad que impulsa la actividad del agente

Finalmente, lo es tambi�n lo que tiene raz�n de fin. Y esto es la causa final. Por ejemplo, la salud respecto del pasear. Preguntamos, en efecto, �por qu� pasea? Y respondemos: para gozar de buena salud (F�sica, II, 3)

Estas cuatro causas se pueden reducir a dos: la material y la final, puesto que la forma, la eficiencia y el fin son una misma cosa:

Pero hay tres, sobre todo, que confluyen en una, pues la forma y el fin son una misma cosa; y el ser primero, de quien procede el movimiento, no difiere espec�ficamente de la forma y el fin: el hombre, en efecto, engendra al hombre (F�sica, II, 7)

En su f�sica, Arist�teles parece dar preponderancia a la causa final de entre todas las causas. �Por qu� ello es as�? Para explicar esto recurriremos a t�rminos que no son aristot�licos, sino contempor�neos. Aunque pueda parecer un anacronismo, esto nos permitir� entender de forma relativamente sencilla las razones aristot�licas.

En un sentido, en el nivel f�sico-molecular, un organismo es la suma o agregaci�n de sus partes, pero esto no es cierto en el nivel bioqu�mico ni en otros niveles de organizaci�n. Por ejemplo, la suma de la masa de las partes es la masa del todo. La �universalidad� del nivel f�sico, el sentido en el que intuitivamente pensamos que la f�sica es la m�s fundamental de las ciencias, tiene que ver precisamente con esta propiedad. En t�rminos de propiedades, las propiedades f�sicas de los sistemas son una agregaci�n de las propiedades de las partes. Un ser humano es algo m�s que las mol�culas que lo componen, pero la masa de su organismo es simplemente la suma de la masa de sus mol�culas componentes.

Hay varias maneras en las que un sistema puede verse como la agregaci�n de las partes. Un sistema es reducible a sus partes en la medida en que (con respecto a ciertas propiedades �primarias� que identifican para nosotros al objeto) el todo puede verse como una mera agregaci�n de las partes. En caso de que esas propiedades, con respecto a las cuales hablamos de reducci�n, sean materiales o f�sicas como las propiedades geom�tricas o la impenetrabilidad, entonces hablamos de un reduccionismo en sentido material. As�, una mesa, en tanto que se la identifica con su solidez, sus dimensiones geom�tricas y, m�s en general, por sus propiedades primarias, es reducible a las partes en este sentido material.

Pero una mesa no es reducible a sus partes en muchos otros sentidos. Las propiedades �secundarias� de la mesa, como su textura o su color, son no agregativas con respecto a las propiedades de las partes. En estos sentidos, las propiedades del todo no son reducibles a las de las partes.

Arist�teles reconoci� la importancia de las explicaciones teleol�gicas, i.e., explicaciones por causas finales, en relaci�n con sistemas en los cuales las propiedades del todo son no agregativas de las propiedades de sus partes. Arist�teles quiere mostrar que es necesario introducir consideraciones de causas finales y formales en las explicaciones biol�gicas y en otros dominios en los que es crucial explicar la presencia de propiedades no agregativas. Pero �qu� es lo que Arist�teles quiere decir cuando asevera que el-llegar-a-ser de un ser vivo tiene como fin el organismo maduro, por ejemplo? Arist�teles consideraba que la naturaleza org�nica estaba formada por entes individuales o elementos, cada uno de un tipo espec�fico, con varios atributos y potencialidades. Todo proceso consiste en la acci�n o la interacci�n de estos elementos. Un movimiento o cambio se explica en la medida en que se muestra como el resultado o la actualizaci�n de la acci�n (interacci�n) de estos elementos que no son reducibles materialmente. Una vez que, como parte de los supuestos de la explicaci�n, se acepta que los elementos componentes tienen poderes causales que no son reducibles a su base material, el siguiente paso es la pregunta: �Podemos entender el desarrollo de un organismo como un agregadode las actualizaciones de los elementos potencialmente activos (de las �fuerzas�) o hay algo en la actualizaci�n de la forma que no es un mero agregado de la actualizaci�n de sus componentes?

Por lo menos en el caso de los sistemas biol�gicos, la respuesta de Arist�teles es clara. El desarrollo de un organismo vivo noes la mera agregaci�n de la actualizaci�n de sus elementos componentes. En F�sica(II.8), Arist�teles dice lo siguiente:

�Por qu� suponer que la naturaleza act�a con un fin y por qu� es mejor? �Por qu� no podr�a ser todo como la lluvia? Zeus no manda la lluvia para que crezca el grano: la lluvia cae por necesidad. La materia que se fue hacia arriba se enfr�a, y una vez fr�a se vuelve agua y cae. Es meramente concurrente que el grano crezca cuando esto sucede [...] �Y qu� puede impedir pensar que las partes de la naturaleza son as�? (198b12)

Lo distintivo de la explicaci�n por causas finales es que, como en el caso de la biolog�a, las propiedades de las cosas s�lo pueden explicarse como propiedades no agregativas de alguna forma, que en todo caso explican la finalidad de las cosas en el contexto de un plan racional del mundo.

La idea de Arist�teles es clara. Una explicaci�n por causas materiales no puede explicar las propiedades emergentes que son pertinentes para explicar la relaci�n del todo con las partes. Una explicaci�n por causas finales es algo m�s que una descripci�n de la actividad de los potenciales de los elementos constituyentes (descritos por las leyes de la transformaci�n de la materia). Las propiedades de un ser vivo s�lo pueden explicarse como propiedades no agregativas de la forma caracter�stica del ser vivo espec�fico de que se trate. En resumen, Arist�teles sistematiza una concepci�n de ciencia en la cual los procesos que hay que explicar tienen aspectos que son explicables por medio de diferentes tipos de causas.

13. La quintaesencia: el �ter y la divisi�n de los mundos celeste y sublunar

En astronom�a Arist�teles propone un Universo esf�rico y finito que tiene a la Tierra como centro. La parte central est� compuesta por cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. En la F�sica de Arist�teles cada uno de estos elementos tiene un lugar adecuado, determinado por su peso relativo o �gravedad espec�fica�. Cada elemento se mueve, de forma natural, en l�nea recta hacia el lugar que le corresponde, en el que se detendr� una vez alcanzado, de lo que resulta que el movimiento terrestre siempre es lineal y siempre acaba por detenerse. Los cielos, sin embargo, se mueven de forma natural e infinita, siguiendo un complejo movimiento circular, por lo que deben, conforme con la l�gica, estar compuestos por un quinto elemento, que �l llama aither, elemento superior que no es susceptible de sufrir cualquier cambio que no sea el de lugar realizado por medio de un movimiento circular. Se trata de la quintaesencia. En su sentido usual significa lo m�s fino o puro de una cosa, as� como el extracto m�s sutil, fundamental o importante de algo. El vocablo, en un sentido m�s t�cnico, proviene de Arist�teles, que le llam� aither o �ter, designando una quinta esencia o quinto elemento que hab�a que a�adir a las cuatro sustancias b�sicas de la naturaleza sublunar. Para Arist�teles el �ter era la materia sutil�sima, siempre m�vil, de la que estaban formadas las esferas o los astros supralunares.

El mundo f�sico es uno; y la raz�n es que todo lo que tiene movimiento depende del primer motor no-movido. Y este mundo es esf�rico, estando la tierra en el centro, en estado de quietud y reposo, siendo circundada por 56 esferas conc�ntricas, que no cesan de girar alrededor de sus respectivos ejes. Arist�teles no acertaba a explicar los movimientos de las esferas, a no ser por la ayuda de un motor trascendente a las mismas, por lo que pens� que pod�an existir diferentes motores m�viles, a los que llam� �inteligencia de las esferas�; pero, pese a esto, el motor inm�vil, el Th�os, es s�lo uno y absoluto, del cual dependen todos los dem�s motores, sean movidos o no.

Arist�teles consider� la realidad sensible como dividida en dos esferas claramente diferenciadas entre s�: por una parte, el mundo sublunar, y por otra, el mundo supralunar o celeste. El mundo sublunar se caracteriza por todas las formas de cambio, entre las cuales predomina la generaci�n y la corrupci�n. Los cielos se caracterizan exclusivamente por el movimiento local (en concreto, circular). En las esferas celeste y en los astros no puede haber ni generaci�n, ni corrupci�n, ni alteraci�n, ni aumento, ni disminuci�n. La diferencia entre la esfera supralunar y la esfera sublunar consiste en la diferente materia de la que est�n formadas. Para Arist�teles,

si existe algo movido eternamente, ni siquiera tal cosa puede ser movida seg�n la potencia, si no es pasando de un punto a otro (como se mueven precisamente los cielos). Y nada impide que haya una materia propia de este tipo de movimiento. Por esta raz�n, el sol, los astros y todo el cielo est�n siempre en acto; y no hay por qu� temer que tales astros se detengan en cierto momento como temen los f�sicos. Ni se cansan de realizar su recorrido, porque su movimiento no es como el de las cosas corruptibles, vinculado a la potencia de los contrarios, lo que convertir�a en laboriosa la continuidad del movimiento (Metaf�sica VIII, 1050b 20-27)

En fin, si los cuatro elementos poseen por naturaleza un movimiento rectil�neo (fuego y aire hacia arriba, tierra y agua hacia abajo); si hay otros cuerpos (los astros) que naturalmente se mueven en forma circular, hay que admitir que no pueden estar constituidos por ninguno de los cuatro elementos simples de Emp�docles. Adem�s, lo perfecto

es anterior a lo imperfecto por naturaleza, y el c�rculo es una de estas cosas perfectas, mientras que l�nea recta no hay ninguna perfecta; no lo es, en efecto, la l�nea recta infinita, pues de ser perfecta tendr�a t�rmino y fin; ni lo es tampoco ninguna de las l�neas rectas finitas, ya que fuera de todas ellas hay algo que es posible a�adir a cualesquiera de ellas a manera de incremento (De caelo, I, 2)

Y de esto concluye Arist�teles en el mismo lugar:

Por lo dicho resulta evidente que existe naturalmente alguna otra sustancia corporal fuera y adem�s de las restantes constituciones corporales que existen aqu�, la cual sustancia es m�s divina que todas �stas y anterior a ellas.

Esta materia corruptible, que es potencia de los contrarios, viene dada por los cuatro elementos de Emp�docles que Arist�teles considera transformables uno en otro. En cambio, la otra materia que s�lo posee potencia de pasar de un punto a otro �s�lo puede recibir movimiento local� es el �ter (aquello que �siempre fluye�). Mientras el movimiento caracter�stico de los cuatro elementos es rectil�neo, el movimiento del �ter es circular. El �ter no ha sido generado, no es corruptible, no est� sometido al desarrollo ni a la alteraci�n, ni a otras modalidades que implican estos movimientos, y por este motivo son tambi�n incorruptibles los cielos, que est�n formados por �ter.

El universo f�sico, que comprende los cielos formados por el �ter y el mundo sublunar, formado por los cuatro elementos, es, seg�n Arist�teles, perfecto, finito, �nico y eterno. La perfecci�n del mundo la demuestra Arist�teles con argumentos aprior�sticos, carentes de toda alusi�n a la experiencia. Invoca la teor�a pitag�rica sobre la perfecci�n del n�mero 3 y afirma que el mundo, como posee las tres dimensiones posibles (altura, anchura y profundidad) es perfecto porque no carece de nada.

14. El lugar

Con el tema del movimiento se relaciona con el tema del lugar. Donde est� un cuerpo puede estar otro, y de ello se deduce que el lugar es algo separado del cuerpo. Se prueba porque existe en los cuerpos una tendencia natural a moverse hacia ciertos lugares o a permanecer en ellos. Lo alto y bajo, los lugares, no se definen con relaci�n al observador, sino que lo alto es hacia donde se dirige el fuego, y lo bajo hacia donde se dirige la tierra. Hay un �lugar natural�.

El lugar en Arist�teles es el l�mite del cuerpo continente (que contiene algo). El recipiente ser�a el lugar inm�vil, y el lugar ser�a el recipiente inm�vil.

En el universo de Arist�teles no hay espacio vac�o. El movimiento de los cuerpos no se expresa por �tomos y vac�o; el vac�o no es necesario para explicar el movimiento porque los cuerpos pueden ocupar unos el lugar de los otros sin que haya intervalo separable entre los cuerpos; por ejemplo, podemos verlo en el movimiento de torbellino de los l�quidos.

Los cuerpos que se expanden y se contraen no necesitan del vac�o; esos cambios se deben a la capacidad de la materia de tomar estados variados, a la capacidad de llenar el espacio con todos los posibles grados de intensidad. La materia es continua a trav�s de todo el universo, pero no hay l�mite a su posible eternidad.

En De Caelo, Arist�teles trata de demostrar porqu� la estructura del universo debe ser tal como es (si la physis es cosmos y el cosmos es universo, ese universo ordenado ha de tener una estructura concreta).

El movimiento del cielo es eterno y por esa raz�n el cielo debe ser una esfera rotatoria. El centro de una esfera en movimiento est� en reposo; hay, pues, una Tierra en reposo en el centro del universo. Si hay Tierra, existe su contrario, el fuego, que se eleva y entre los dos est�n los intermediarios aire y agua. La existencia de estos dos elementos implica la generaci�n y la corrupci�n. Sin embargo, en el cielo los movimientos son regulares y eternos. Los cuerpos celestes est�n constituidos por el quinto elemento (�ter) no sometido a la generaci�n y corrupci�n.

La estructura del universo quedar�a as�: la tierra es una esfera cuya dimensi�n no es relativamente grande y est� en reposo en el centro del universo. La envoltura exterior del universo es una esfera finita que contiene a las estrellas fijas. Estas estrellas no tienen movimiento propio, pero la rotaci�n de la esfera les confiere cumplir una revoluci�n en veinticuatro horas.

Para explicar los movimientos m�s complejos de los astros sigue la teor�a de Eudoxo. Suponemos una esfera rotando con movimiento uniforme y en su superficie tiene fijos los polos de una esfera rotatoria m�s peque�a. Suponemos una tercera esfera en las mismas relaciones con la segunda que la segunda con la primera. Un cuerpo en el ecuador de la tercera esfera tendr�a un movimiento compuesto de tres movimientos de rotaci�n. Dando cierta velocidad y cierta direcci�n a estas tres rotaciones se puede obtener un movimiento compuesto que responda al movimiento del Sol y la Luna tal como demuestra la observaci�n. Para Eudoxo esto era un artificio matem�tico, pero para Arist�teles representa el mecanismo real de los cielos. Ahora bien, como el universo est� lleno, para que una esfera no arrastre a otra en su rotaci�n, Arist�teles propone esferas reactivas con movimiento en sentido contrario a los originales, que permiten que el movimiento de la esfera exterior de cada sistema se propague a todo el sistema situado en el interior. Obtiene cincuenta y cinco esferas m�s una para cada elemento, con lo que nos ponemos en cincuenta y nueve esferas conc�ntricas.

El movimiento del primer ciclo se debe a la acci�n de Dios, que act�a como objeto de amor y de deseo. Para Arist�teles el espacio es finito, no hay vac�o, y la rotaci�n de una esfera es el �nico movimiento que puede durar eternamente sin cambio de direcci�n y sin exigir un vac�o y un espacio infinito.

Las esferas del Sol, la Luna y los planetas tienen direcci�n diferente a la esfera de las estrellas fijas, y este movimiento lo explica Arist�teles no por la acci�n de Dios, sino por la de un agente para cada esfera. Estos se pueden denominar �inteligencias� y como son seres incorporales no act�an como agentes f�sicos, sino como objetos de deseo.

Hasta aqu� estar�a la estructura del mundo supralunar que es incorruptible. Por debajo de la esfera lunar est� la regi�n sublunar, donde reinan generaci�n y corrupci�n. Es la zona donde act�an los cuatro elementos. Es aqu� donde los cuerpos se mueven por tendencias, y estas tendencias son naturales.

El movimiento de un cuerpo hacia el lugar que le es propio es el movimiento hacia su forma propia. Pertenece a la naturaleza de la tierra estar en el centro del universo y en consecuencia no puede encontrar reposo antes de haber llegado all�, o de haber arribado tan cerca como lo permitan otras partes de la Tierra.

En De generatione et corruptione trata el tema de la generaci�n de las sustancias: �c�mo puede nacer una sustancia?, �por qu� la generaci�n es perpetua?. A esto responder� diciendo que la destrucci�n de una sustancia es la generaci�n de otra y viceversa. La causa material de la generaci�n-destrucci�n y de su perpetuidad es la materia, que puede asumir una forma sustancial y luego otra. Generaci�n y destrucci�n son dos aspectos de la transformaci�n de una sustancia en otra.

El causante de la generaci�n y destrucci�n es el Sol con sus movimientos a lo largo de la ecl�ptica. Los elementos se transforman y se convierten unos en otros debido a la aproximaci�n y alejamiento del sol, y explica c�mo los cuatro elementos no han fijado de una manera permanente su permanencia en las cuatro esferas conc�ntricas a las cuales pertenecen y hacia las cuales tienden siempre. Hace madurar las plantas, trae las estaciones y por su retroceso produce su declinaci�n. Es el movimiento del Sol el que produce intercambio entre los elementos.

15. El espacio

El espacio no coincide con la materia, como hab�a cre�do Plat�n; ni tampoco con la forma de los cuerpos particulares ni con la distancia entre ellos. Es m�s bien �el l�mite del cuerpo envolvente� respecto al cuerpo envuelto. Arist�teles se representa a todos los cuerpos como envueltos por otros cuerpos, y as� surge el lugar (lugar individual). Tambi�n el mundo en su conjunto est� rodeado y como ce�ido por un l�mite, el primer cielo, y as� surge el espacio general. No existe, pues, vac�o alguno. El espacio es concebido as� de un modo totalmente realista; todo est� lleno de cuerpos. No hay espacios intermedios vac�os. S�lo cuando abstraemos nosotros el cuerpo envuelto del envolvente y consideramos s�lo el l�mite sin parar en el contenido, tropezamos con una nueva realidad o contenido real que denominamos espacio. Y s�lo as� puede tambi�n darse un movimiento, puesto que s�lo as� es posible un contacto. En un espacio vac�o todo fluir�a sin orden ni concierto con movimientos enteramente dispersos. Fuera del mundo que encierra todos los cuerpos y fuera del cual nada se da, no hay tampoco espacio. S�lo dentro del mundo est�n los cuerpos en el espacio. El mundo mismo, como totalidad, tampoco est� en el espacio.

El mundo no es infinito. El cuerpo tiene por su esencia y concepto planos que lo limitan, tiene, pues, l�mites. �C�mo podr�a un cuerpo extenderse por una dimensi�n infinita?. En la hip�tesis del infinito no hay ni arriba ni abajo, ni izquierda ni derecha, ni medio ni l�nea envolvente, porque en realidad no hay ya espacio. Pero, adem�s, el concepto de infinito dice tanto como imperfecto, incompleto, y esto es para Arist�teles lo inacabado, lo no formado. Pero siendo la forma el principio de su metaf�sica, no puede en modo alguno considerarse al mundo como infinito, que es para �l tanto como indefinido.

16. El vac�o

Arist�teles niega la existencia del vac�o y de todo movimiento en el vac�o. En la din�mica aristot�lica cada cuerpo es concebido como dotado de una tendencia a encontrarse en su lugar natural y a volver a �ste si ha sido separado de �l con violencia. De esta idea Arist�teles deduce tres argumentos contra la existencia del vac�o:

  1. Todo movimiento natural procede en l�nea recta y cada cuerpo camina hacia su lugar natural tan deprisa como le es posible; es decir, tan deprisa como su medio, que se resiste a su movimiento y se le opone, le permite hacerlo. As�, pues, si no hubiera nada que lo detuviera, si el medio ambiente no opusiera ninguna resistencia al movimiento que le atraviesa (tal ser�a en caso en un vac�o), el cuerpo caminar�a hacia �su� puesto con una velocidad infinita. Pero tal movimiento ser�a instant�neo, lo que parece absolutamente imposible a Arist�teles. Por tanto, un movimiento (natural) no puede producirse en el vac�o.
  2. Un movimiento en el vac�o equivaldr�a a un movimiento sin motor; es evidente que el vac�o no es un medio f�sico y no puede recibir, transmitir y mantener un movimiento.
  3. En el vac�o no hay lugares o direcciones privilegiados. En el vac�o no hay, ni puede haber, lugares �naturales�. Por consiguiente, un cuerpo colocado en el vac�o no sabr�a donde ir, no tendr�a ninguna raz�n para dirigirse a una direcci�n mejor que a otra, y, por tanto, ninguna raz�n para moverse. Viceversa, una vez puesto en movimiento, no tendr�a m�s raz�n para detenerse aqu� que all� ni, por tanto, raz�n alguna para detenerse. Las dos hip�tesis son completamente absurdas.

17. El tiempo como medida del movimiento

Para Arist�teles no hay devenir, o cambio, sin tiempo; y sin movimiento no puede darse el tiempo. Pero ambos se distinguen realmente, porque el tiempo a�ade al movimiento la intervenci�n de una inteligencia capaz de medir y comparar las distintas posiciones del m�vil seg�n el �antes� y el �despu�s�. El tiempo es la medida del cambio, o del movimiento seg�n el �antes� y el �despu�s�, es decir, �el n�mero del movimiento seg�n lo anterior y lo posterior�; esto es, lo hace inteligible, pese a que en s� mismo el tiempo no es, por su parte, demasiado inteligible. El cambio de las cosas s�lo lo comprende un sujeto que tenga conciencia del tiempo en la misma direcci�n �del antes y el despu�s�, tal como ocurren los fen�menos en la naturaleza. La introducci�n del tiempo, que permite comprender la sucesi�n, la duraci�n y la simultaneidad de los fen�menos, permite tambi�n medirlos o cuantificarlos.

Arist�teles suprime la distinci�n entre la realidad y la apariencia del tiempo: no tiene sentido explicar la physis a trav�s de algo que est� m�s all� de ella. De ah� que la eternidad de la que habla Plat�n pase a corresponderse con el suceder del tiempo susceptible de percepci�n. Ahora bien, lo que da lugar a la percepci�n del tiempo es el movimiento, de modo que el tiempo no puede concebirse sino como algo consustancial al mismo.

Para abordar la cuesti�n del tiempo, su naturaleza y estructura, Arist�teles lo vincula al movimiento, pero lo separa de �ste, ya que un movimiento puede ser r�pido o lento, mientras que esto no tiene sentido decirlo del tiempo, ya que la rapidez o lentitud lo son respecto de �l. El tiempo, dice, es algo que pertenece al movimiento, pero no existir�a sin �l, ya que solamente existe cuando el movimiento comporta un n�mero. Ahora bien, el problema es si existir�a el tiempo sin el alma ya que, si no existe nada que verifique la operaci�n de numerar, nada habr�a susceptible de ser numerado y, por tanto, tampoco habr�a ni tiempo:

�Existir�a o no el tiempo si no existiese el alma? Porque si no pudiese haber alguien que numere tampoco podr�a haber algo que fuese numerado, y en consecuencia no podr�a existir ning�n n�mero, pues un n�mero es o lo numerado o lo numerable. Pero si nada que no sea el alma, o la inteligencia del alma, puede numerar por naturaleza, resulta imposible la existencia del tiempo sin la existencia del alma, a menos que sea aquello que cuando existe el tiempo existe, como ser�a el caso si existiera el movimiento sin que exista el alma; habr�a entonces un antes y un despu�s en el movimiento, y el tiempo ser�a �stos en tanto que numerables (F�sica, 223a)

De esta manera, no puede haber tiempo sin el alma. De hecho, no s�lo la posici�n aristot�lica deja muchos interrogantes sin contestar, sino que, a veces, Arist�teles elude realmente enfrentarse a ellos. As�, por ejemplo, se pregunta si el tiempo debe colocarse entre los seres o entre lo no-seres, y su respuesta es ambigua; a veces lo considera como una categor�a, pero a veces lo considera como un predicamento; declara que es el n�mero del movimiento, pero no depende s�lo de �ste, sino que depende tambi�n de un alma que numere, etc. Consciente de la dificultad del estudio del tiempo Arist�teles plantea algunas de las principales apor�as que esta noci�n engendra. As�, por ejemplo, estudia la noci�n de instante, al que declara, respecto del tiempo, an�logo al punto respecto del espacio, es decir, el tiempo no se compone de instantes, de la misma manera que una l�nea no se compone de puntos, pero ambos conceptos expresan una noci�n de l�mite, en el cual se anulan las caracter�sticas propias del tiempo y del espacio (un instante no dura, como un punto no tiene extensi�n). Ambos, instante y punto, son, a la vez, uni�n y separaci�n. Esta analog�a entre el instante y el punto, as� como la concepci�n del tiempo en funci�n del movimiento, nos revela la �ntima conexi�n entre el tiempo y el espacio. Por otra parte, al igual que la estructura del espacio (coexistencia), la estructura del tiempo (sucesi�n) es considerada continua por Arist�teles. De la misma manera, lo concibe como infinito (no en acto, sino en potencia).

Tambi�n plantea los problemas de las relaciones entre el pasado (que ya no es), el futuro (que todav�a no es) y el presente que, en la medida en que continuamente est� fluyendo y no puede detenerse en un instante que posea una duraci�n, tampoco es propiamente. As�, la cuesti�n del tiempo nos remite a las paradojas de lo uno y lo m�ltiple, y de la identidad y la diferencia.

Para Arist�teles, el tiempo no es una realidad en s�, sino una formaci�n mental an�loga al n�mero. Lo mismo que la reuni�n de unidades en una cifra es resultado de la operaci�n correspondiente, la unidad temporal es una integraci�n que hace la mente con ayuda de la memoria. Lo que hay de unidad en un lapso temporal s�lo existe en el alma racional, que integra y unifica. El tiempo es n�mero, es decir, numerable en cuanto numerable. Pero este �en cuanto� presupone la raz�n. Numerable en cuanto numerable lo es s�lo por un �poder numerar�; y s�lo la raz�n puede numerar.

Sin embargo, mientras que los n�meros naturales componen una serie discontinua, la serie temporal es continua y un�voca: lo que hay entre dos instantes temporales es tambi�n instante temporal. Esta diferencia se relaciona con el hecho de que el tiempo tiene un fundamento real en la sucesi�n de partes continuas que caracterizan el movimiento.

18. Bibliograf�a