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TEMA 65.- NUEVAS FORMAS DEL TEATRO ESPA�OL

�EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX.

VALLE-INCL�N. GARC�A LORCA.

1.- Introducci�n.

����������� El teatro de esta �poca se caracteriza por unos fuertes condicionantes comerciales que imponen el inter�s de los empresarios. Las ganancias estaban garantizadas con obras poco complejas destinadas a un p�blico burgu�s conservador. Por lo tanto se coarta la libertad en los temas y las nuevas tendencias formales.

����������� 1.2.- El teatro que triunfa.

����������������������� 1.2.1.- La comedia benaventina.- Jacinto Benavente, retrataba a las clases altas con sus hipocres�as y convencionalismos: critica al p�blico pero con cierto tacto y sin llegar a ser nunca realmente provocador. Propone comedias - La noche del s�bado (1903), Los intereses creados (1907),... - y, en menor medida, dramas rurales como La Malquerida (1913). Las comedias son obras� sin grandilocuencia, de ambientes cotidianos y trivialmente desenga�ados: no pretende cambiar lo que critica, sino que se recrea en ello.

����������� �En 1922 recibi� el Premio Nobel, pero los nuevos autores j�venes lo rechazan acus�ndolo de conservador y complaciente con los gustos burgueses.

����������������������� 1.2.2.- El teatro en verso.- Tambi�n se le llam� teatro po�tico, que combinaba el postrromanticismo con el estilo modernista m�s grandilocuente: versos y temas rimbombantes y sonoros. Ten�a una ideolog�a altamente conservadora: ensalza el casticismo de los valores nobiliarios espa�oles y las grandes haza�as del pasado. Por eso intenta emular el teatro del Siglo de Oro, por ser el propio de aquellos siglos heroicos.

����������� Francisco Villaespesa (1877-1936).- Hizo dramones f�ciles y superficiales, llenos de t�picos sobre Espa�a, como en La leona de Castilla (1916). En la misma l�nea sigui� Eduardo Marquina(1879-1946), con obras de ambiente heroico espa�ol, en obras del tipo Las hijas del Cid� (1908).

����������� Los hermanos Machado, Antonio y Manuel, hicierom obras comerciales dentro de esta l�nea, aunque de mayor calidad e ideolog�a m�s abierta, como en La Lola se va a los puertos (1929), donde una cantaora desde�a a los se�oritos otorgando su amor a un guitarrista que simboliza el pueblo.

����������������������� 1.2.3.- El teatro c�mico.- La comedia costumbrista y el sainete alcanzaron un enorme �xito. El sainete es es una pieza corta humor�stica de ambiente popular que recrea en convencionalismos sociales y en el gracejo intrascendente de corte popular: siempre intentan reproducir el habla de las clases bajas, consideradas graciosas.

����������� �Sus principales representantes son los hermanos �lvarez Quintero, Seraf�n (1871-1938) y Joaqu�n (1873-1944), quienes representan una sucesi�n de gags en una Andaluc�a t�pica sin m�s problemas que los sentimentales. Todo el mundo es bueno y reina la gracia salerosa en personajes t�picos: El genio alegre (1906), Las de Ca�n (1908),...

����������� Carlos Arniches (1866-1943), cobr� fama con sainetes an�logos a los de los Quintero, pero siendo de ambientes madrile�os llenos de chulapos y chulapas: El santo de la Isidra (1898), Don Quint�n el amargao (1924). No obstante, a partir de 1916 inicia un g�nro de mayor inter�s: la tragedia grotesca, en la que se a�ade a las caracter�sticas del sainete una observaci�n de las costumbres m�s profunda y cr�tica, como en La se�orita de Trev�lez (1916) o Los caciques (1920).

����������� El portuense Pedro Mu�oz Seca (1881-1936) fue el mayor representante del astrac�n, o astracanada, pieza descabellada que solo quiere provocar la carcajada. Tal vez destaque una parodia del teatro en verso de la �poca: La venganza de don� Mendo (1918).

2.- Valle - Incl�n.�����

����������� Ram�n Valle Pe�a naci� en la pontevedresa Villanueva de Arosa en 1866. Inici� Derecho, pero lo abandon� para ir a la Revoluci�n Mejicana entre 1892 y 1893. A su vuelta a Espa�a se instala en la vida bohemia de Madrid. En una disputa� callejera un bastonazo le hunde un gemelo en la mu�eca amput�ndosele por la infecci�n el brazo izquierdo. Esto, sus gafas ovaladas, su melena y sus barbas de chivo, le dar�n la imagen bohemia conocida por todos desde entonces.

����������� Mostr� una enorme aversi�n a la civilizaci�n econ�mica y est�tica burguesa y proclama los ideales de la sociedad arcaizante gallega. Llega, incluso, a proclamarse carlista en 1910 por est�tica.

����������� En 1907 contrae matrimonio con la actriz Josefina Blanco. En 1916 es corresponsal de guerra en el frente franc�s y vuelve para hacerse cargo de la c�tedra de Est�tica de la Escuela de Bellas Artes, pero se aburre y se olvida de todo, incluso de su familia - su mujer se separar� de �l en 1933-, para dedicarse de lleno a la literatura.

����������� �Su actitud cr�tica con todos los sistemas pol�ticos - especialmente a la dictadura de Primo de Rivera- y art�sticos le valdr�n ser un� adalid del inconformismo bohemio: en 1915 adquiere una ideolog�a revolucionaria de izquierdas muy personal: durante la Rep�blica critica a �sta por su timidez en las reformas y pide una aut�ntica dictadura leninista. En 1933 ingresa en el Partido Comunista. De todas formas es dif�cil saber d�nde comienza su ideolog�a y d�nde empieza su pose est�tica: incluso hay testimonios de su admiraci�n por Benito Mussolini.

����������� 2.1- Ideas est�ticas. Primera etapa.

����������� Aunque su obra siempre mantuvo un inconformismo antiburgu�s, su evoluci�n va de un modernismo elegante y nost�lgico hacia una literatura cr�tica que distorsiona enormemente la realidad de su �poca con fines cr�ticos, de un modo algo paralelo al de Antonio Machado

����������� El teatro de Valle-Incl�n no fue representado casi en su tiempo. Ello se debe a que sus argumentos chocaban con los prejuicios de un p�blico burgu�s. Por otro lado, se declar� partidario de numerosas innovaciones: as� sus obras tienen much�simos escenarios, sus acotaciones tienen indicaciones m�s literarias que representables, y todo ello dificultaba enormemente su puesta en escena en la �poca.

����������� En una primera etapa publica una serie de cuentos y novelas de corte modernista, donde ya aparece la Galicia primitiva tan grata al autor, con una mezcla de realidad y leyenda. Su trayectoria culmina con las Sonatas: Sonata de Oto�o (1902), Sonata de Est�o (1903), Sonata de Primavera (1904) y Sonata de Invierno (1905).

����������� Son la memorias del Marqu�s de Bradom�n - un don Juan feo, cat�lico y sentimental, seg�n el mismo Valle-Incl�n-, que se componen de numerosos episodios donde el personaje hace gala de su elegancia decadentista y de su amoralidad antiburguesa. Lo escribe con una prosa modernista: r�tmica, cercana a veces al poema, y rica en efectos sensoriales.

����������� 2.2.- La transici�n hacia los esperpentos.

����������� Se inicia con las Comedias b�rbaras: �guila de blas�n (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata (1922). En ellas contin�a la l�nea de la Galicia rural, pero ahora mostrada con personajes extra�os, tarados, violentos y tir�nicos, como el hidalgo Juan de Montenegro.

����������� Escribi� igualmente farsas y dramas entre 1909 y 1920: El embrujado, Cuento de abril,... En �stas y en las comedias b�rbaras, su lenguaje usa de t�rminos cada vez m�s desgarrados y brutales, en consonancia con los temas y personajes tratados: mundos en descomposici�n que son heroicos y violentos hasta la crueldad.

����������� 2.3.- Los esperpentos.

����������� En 1920 publica cuatro dramas claves: Farsa italiana de la enamorada del rey, cuyos personajes son marionetas grotescas; en Farsa y licencia de la reina castiza, donde se deforma despiadadamente la corte de Isabel II, con evidentes intenciones de cr�tica pol�tica.

����������� En Divinas palabras, enlaza con las Comedias b�rbaras: es un violento drama que se desarrolla en una Galicia s�rdida. Todos los personajes est�n deformados desde el punto de vista social, moral e incluso f�sico. Su lenguaje es, como cada vez m�s lo ser� en su obra, desgarrado y sin contemplaciones.

����������� En Luces de bohemia se define el esperpento como la mezcla de lo tr�gico y lo burlesco con una est�tica que quiere ser una superaci�n del dolor y la risa. En los esperpentos el lenguaje de figuras marginales y fantoches grotescos no retrocede ante el decoro teatral. La realidad se distorsiona exager�ndose los rasgos m�s criticables de ella: no se respetan ni instituciones, ni personas, ni ideas,... Este modo de representar la realidad asocia a Valle-Incl�n con el Expresionismo europeo del momento

����������� Los personajes est�n vistos desde arriba, es decir, como si fuesen peleles. El autor no los mira desde abajo, como se hace con los h�roes, ni a su misma altura, como en la comedia de costumbres. Por eso tienen rasgos de cosificaci�n, animalizaci�n o mu�equizaci�n.

����������� La trama representa la �ltima noche del escritor bohemio, ciego y arruinado Max Estrella, trasunto de Alejandro Sawa. En compa��a de don Latino de H�spalis, gu�a desleal de Estrella,� recorre los lados m�s s�rdidos y marginales del Madrid de su tiempo: se suceden las escenas que pretenden ilustrar una Espa�a deforme, injusta, opresiva y absurda traspasada por la miseria y el hambre.

����������� Este retablo de miserias cuenta con m�s de cincuenta personajes. Ellos protagonizan la traici�n, la represi�n policial, la religiosidad tradicional y vac�a, las instituciones literarias, los problemas pol�ticos de Espa�a, empezando por Alfonso XIII, las prostitutas y los borrachos,... Repasa todos los estamentos sociales.

����������� Evidentemente, Luces de bohemia no se represent� en su tiempo hasta que en 1963 se escenific� en el Th�atre National Populaire de Par�s. En Espa�a se mont� por vez primera en 1969 bajo la direcci�n de Jos� Tamayo.

����������� Siguiendo la l�nea del esperpento, Valle-Incl�n public� Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1921), La hija del capit�n (1927) y las piezas breves que conforman el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (1924-1927). En la misma est�tica se sit�an las novelas Tirano Banderas (1926) y la trilog�a El ruedo ib�rico (1927-1932).

3.- Garc�a Lorca.

����������� Naci� en Fuentevaqueros (Granada) en 1898. En la capital inici� Letras y Derecho; acab� �sta por agradar a su padre. En 1919 se traslada a la Residencia de Estudiantes, donde coincide con personajes como Bu�uel o Dal�. All� conoce a Juan Ram�n Jim�nez y a la mayor�a de los poetas del 27.

����������� En el curso 29-30 viaja a Nueva York como becario, experiencia que le marcar� profundamente. En 1932, ya en nuestro pa�s, es apoyado por el gobierno de la Rep�blica para fundar La Barraca, compa��a� teatral universitaria que acerca por los pueblos espa�oles la vanguardia y el acervo dramat�rgico espa�ol. Es, hasta su muerte, un poeta de reconocido prestigio: autor dram�tico, poeta, colaborador en revistas, conferenciante,... Sus afinidades con la Rep�blica provocaron su detenci�n y fusilamiento en 1936.

����������� 3.1.- Ideas est�ticas sobre el teatro.

����������� La obra de Lorca podr�a resumirse como el conflicto de frustraci�n que se establece entre la realidad y un deseo imposible. De ah� que en su obra se describan destinos tr�gicos: personas que no pueden cumplir sus deseos por oponentes metaf�sicos - el Tiempo y la muerte- o sociales - la intolerancia y los yugos sociales-.

����������� Detest�, naturalmente, el teatro que triunfaba en aquellos a�os desde el punto de vista comercial, pues pensaba que carec�a de personajes que mostraran los conflictos del ser humano. Para �l es important�simo mezclar lo po�tico con lo real: ahondar en los lados oscuros de los hombres y las mujeres, al tiempo que poner en tela de juicio las convenciones e instituciones sociales de su tiempo.

����������� Sus fuentes teatrales son muy extensas: el drama rural del siglo XIX - por los medios donde se insertan muchos de sus dramas y su gusto por lo popular-, la tragedia griega y shakesperiana - donde los personajes est�n condenados de antemano por un fatum tr�gico-, el teatro del Siglo de Oro - especialmente por la puesta en escena y la importancia del elemento musical como apoyo de la trama-; por supuesto, tambi�n se ver� influido por las propuestas vanguardistas tanto en la forma como en los temas de sus obras. De ah� la enorme cantidad de g�neros que cultiv�, como luego veremos.

����������� 3.2.- Primera etapa: los comienzos.

����������� En 1920 escribe El maleficio de la mariposa, de ra�z simbolista. Su protagonista era un cucaracho con un amor frustrado por una mariposa. En esta obra ya se adelantan los principales temas lorquianos que hemos citado. Naturalmente, la obra fracas�.

����������� Tres m�s tarde escribe un teatrillo para ni�os, Los t�teres de la cachiporra, en esta pieza expone la infancia como un para�so perdido. En 1931 tratar� el gui�ol de nuevo, pero esta vez para adultos, por su desvergonzada, pero no vulgar, frescura popular en el Retablillo de San Crist�bal.

����������� Su primer �xito llega con Mariana Pineda (1925). Esta obra, en verso, trata la condena de una granadina por bordar una bandera liberal y tuvo resonancias antidictatoriales contra Primo de Rivera no intencionadas por su autor. La pieza supuso una superaci�n del drama hist�rico modernista de Marquina.

����������� En 1926 escribe La zapatera prodigiosa. En ella se cuenta con un insuperable aire popular la historia de una bella muchacha casada con un zapatero viejo. En prosa y verso, se apoya en c�mo se esgrime lo po�tico y el deseo contra la realidad hostil con unos resultados insatisfactorios. Igualmente, representa un amor tr�gico, aunque tratado con cierto humor, Amor de don Perlimpl�n con Belisa en su jard�n (1928).

����������� 3.3.- La experiencia vanguardista.

����������� Tras la publicaci�n del Romancero gitano (1928), y posterior viaje a Nueva York, Lorca sufre una crisis personal y est�tica que le lleva a cambiar de rumbo su obra: apuesta ahora por una est�tica surrealista muy personal.

����������� Sin embargo, su surrealismo es s�lo de im�genes, es decir, no se deja guiar por el libre fluir de la conciencia ni por la escritura autom�tica: a pesar de su aparente incoherencia y yuxtaposici�n de im�genes, estas obras tienen una coherencia interna que sigue respondiendo a las constantes preocupaciones del poeta. Formalmente todas ellas fueron rechazadas por lo arriesgado de su puesta en escena, algo que �l mismo sab�a.

����������� El p�blico (1930) es una obra surrealista donde los personajes simbolizan las obsesiones ps�quicas m�s hondas de Lorca: la cr�tica a la sociedad, a quienes no reaccionan valientemente contra las injusticias, y la proclamaci�n de que todo tipo de amor es l�cito porque el amor desconoce leyes.

����������� En As� que pasen cinco a�os (1931), representa la historia de un joven que desea ser padre de modo imposible por estar dividido entre dos amores. La obra se desarrolla, parcialmente, en los sue�os del protagonista.

����������� 3.4.- Tercera etapa: la plenitud.

����������� En 1933, sale de esta etapa surrealista e inicia una nueva que casa a la perfecci�n el ideal de un teatro vanguardista con uno al alcance de todos los p�blicos. Esto se explica por la coincidencia con la direcci�n teatral de La Barraca.

����������� En todas ellas hay un tema central: el de la mujer ante una sociedad intolerante y que la tiene como criatura marginada, como los gitanos, los ni�os y los negros en obras anteriores suyas.

����������� Bodas de sangre (1933) cuenta la historia real de una novia que se escapa con su amante el mismo d�a de su boda, rompiendo todas las barreras sociales y que desembocar� en la muerte. Tiene de tragedia griega el hecho de que los personajes est�n predeterminados gen�ticamente por su pasi�n y por el enfrentamiento entre familias de una Andaluc�a� de oscuras ra�ces. La obra fue un �xito clamoroso.

����������� En Yerma (1934) se representa la esterilidad femenina como s�mbolo de desesperanza. La mujer est� frente a un poder, el del marido, que le impone sumisi�n e imposibilidad de realizarse.

����������� El paso de los ambientes rurales a los urbanos se da en Do�a Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935). Se retrata la mujer de burgues�a acomodada, timorata y condenada a la solter�a y a marchitarse como las flores de las que cuida mientras espera el amor que llame a su puerta. En esta obra combina lo rid�culo con lo pat�tico introduciendo cierta dosis de humor tierno.

����������� Como colof�n del teatro lorquiano, escribe el a�o de su muerte La casa de Bernarda Alba (1936).

4.- Otras corrientes renovadoras.

����������� 4.1.- Principales autores.- Por razones comerciales, como dijimos, la mayor�a de los autores que vamos a ver no tuvieron cabida en las salas de teatro de la �poca: el p�blico no entend�a las nuevas propuestas y no quer�a salir de lo siempre visto. Los temas le molestaban porque eran m�s reflexivos y hasta ferozmente cr�ticos con la sociedad que estaba sentada en el teatro.

����������� Unamuno cultiv� el teatro como una forma de impactar directamente al espectador con sus conflictos internos. Son obras de di�logos densos y sin concesiones a las florituras esc�nicas, como en Fedra (1911) o El otro (1927).

����������� Azor�n hizo un teatro simb�lico e irreal, donde aparecen personajes extravagantes y que significan una idea, como el Doctor Death de 3 a 5 (1928), sobre la angustia de la muerte.

����������� Ram�n G�mez de la Serna , con su ideal de arte arbitrario y convencido de que ning�n empresario contratar�a sus obras, realiz� obras vanguardistas, como Los medios seres (1929), donde los personajes aparecen partidos por la mitad para expresar su personalidad incompleta. Otras piezas suyas son irrepresentables - teatro para quien no quiere ir al teatro, matizaba con iron�a- por sus propuestas esc�nicas, como que irrumpiera un barco y aplastara al p�blico.

����������� 4.2.- La Generaci�n del 27.- Signific� una importante renovaci�n en la dramaturgia nacional con tres prop�sitos comunes a todos ellos: romper con el teatro que triunfaba comercialmente, acercar el teatro al pueblo y, al mismo tiempo, incorporar las nuevas tendencias vanguardistas.������

����������� Rafael Alberti.- Cultiv�, al principio, un teatro surrealista que ahonda en la crisis existencial del hombre del siglo XX, como en El hombre deshabitado (1930). Posteriormente da un� giro hacia un teatro comprometido pol�ticamente con ideas revolucionarias -Ferm�n Gal�n (1931), Noche de guerra en el Museo del Prado (1956),... - que alterna con otras obras de �ndole m�s po�tica; en �stas resalta el anhelo de libertad y la opresi�n que sufren sus personajes, como en El adefesio (1944).