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TEMA 48.- LA L�RICA RENACENTISTA EN FRAY LUIS DE LE�N,

SAN JUAN DE LA CRUZ Y SANTA TERESA DE JES�S.

 

1.- Asc�tica y m�stica.

 

����������� 1.1.- Fases.

 

����������� La cr�tica ha establecido una serie de etapas que componen el ansia de uni�n con Dios y purificaci�n del alma que se da en la asc�tica y la m�stica, especialmente para el siglo XVI, aunque v�lidas para otros fen�menos an�logos de otros tiempos y lugares.

 

a)    Periodo purgativo: es el propio de la asc�tica. Se toma conciencia de la limitaci�n humana como postura moral. Al tiempo, se siente una necesidad imperiosa de amor con Dios y de eliminar los obst�culos que lo impidan. No se desde�a la mortificaci�n como ejercicio preparatorio.

b)   Periodo iluminativo: una vez que el alma est� purificada, se siente la presencia de Dios. Se presentan una serie de s�ntomas que preparan para la uni�n con �l: recogimiento y quietud, sue�o de profec�as, incapacidad de discurrir, rechazo de lo material y gusto por estar a solas en atenci�n ardorosa hacia Dios.

c)    Periodo unitivo: se produce el desposorio espiritual: la uni�n del alma con Dios, sentimiento cierto de la grandeza de �l en el alma y comunicaci�n de �sta con Aqu�l; las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad, se ciegan en su presencia: es una experiencia inefable. El m�stico retorna al mundo lleno de paz y fortalecido para un fin proselitista: realizar obras en servicio de Dios.

 

 

����������� 1.2.- Car�cter, origen y clasificaci�n.

 

����������� Por la reacci�n ante las reformas de Erasmo y Cisneros, se produce una �poca de gran religiosidad; de hecho, en los Siglos de Oro se publicaron m�s de tres mil obras religiosas. Las asc�ticas, que eran gu�as did�cticas, ten�an una tradici�n que arrancaba del Medievo. La m�stica, por el contrario, es puramente renacentista y trata de comunicar los periodos iluminativo y unitivo.

 

����������� Juan Luis Alborg ha establecido la siguiente cronolog�a:

 

I.     Hasta 1500: Traducci�n y difusi�n de obras europeas.

II.   1500 - 1560: Asimilaci�n de Eckhart, Ruysbroeck y Kempis y aparici�n de antecedentes espa�oles como Francisco de Osuna y Fray Hernando de Talavera.

III.1560 - 1600: �poca de los grandes m�sticos. Seg�n Am�rico Castro, tras la Contrarreforma, el misticismo es la v�a de escape de la espiritualidad.

 

����������� Para S�inz Rodr�guez las fases y la cronolog�a no dan cuenta de los tipos de m�stica, que �l divide as�:

 

/   Afectiva: Predomina lo sentimental y sensorial sobre lo intelectual, mediante una contemplaci�n afectiva de la naturaleza en la l�nea de San Francisco de As�s y la vida erem�tico contemplativa del Carmelo. Es seguida especialmente por franciscanos y agustinos como Fray Luis.

/   Escol�stica: Tiene preeminencia lo intelectual: se llega a la divinidad mediante una serie de principios� doctrinales metaf�sicos. Es la propia de dominicos y jesuitas, y tal vez ello explica su poco �xito: gran parte de estas mismas �rdenes miraban con recelo la m�stica en cuanto albergaba ideas potencialmente iluministas y erasmistas, como el de la interiorizaci�n de la religi�n.

/   Ecl�ctica: une elementos de las anteriores, como hicieron San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jes�s.

 

 

2.- Fray Luis de Le�n (1527 - 1591).

 

����������� 2.1.- El contexto de su producci�n.

 

����������� Fray Luis de Le�n se integra en la hoy llamada por la cr�tica escuela de Salamanca junto a otros poetas cultos como Francisco de la Torre, Francisco de Medrano,... Por la influencia del �mbito universitario salmantino, se da en ella� un hondo predominio de lo teol�gico, siendo el germen de la poes�a asc�tica, m�stica y metaf�sica. Pero tambi�n notamos en su producci�n una presencia clara de poes�a moral y filos�fica, que recrea las Odas de Horacio mediante la imitatio gracias a la erudici�n filol�gica. Su est�tica adelgaza la sensualidad meridional de la poes�a l�rica renacentista: concisi�n ling��stica y tono grave, moderado cromatismo y predominio de lo intelectual sobre lo sensorial, o austeridad en el ornatus son rasgos definitorios de una est�tica que no pretende sino hacer hincapi� en lo religioso y los moral con estilo austero.

 

����������� Fray Luis fue, de hecho, uno de los primeros cl�rigos en tener una s�lida formaci�n human�stica, que iguala las fuentes cristianas y paganas. Su humanismo le lleva a un novedoso revisionismo b�blico en Espa�a: la Filolog�a era la ciencia b�sica para restaurar los textos y aclarar situaciones, personajes,... tanto paganos como b�blicos.

 

����������� No public� en vida, pero en 1611 Quevedo edit� su obra siguiendo la clasificaci�n de aqu�l en poes�a original, traducciones profanas de autores cl�sicos e italianos y traducciones b�blicas. Algunos factores contribuyeron a esa actitud: por un lado, mantuvo siempre un continuo af�n corrector, al modo horaciano, por otro lado, su �ndole de fraile le imped�a ser reconocido por su propia poes�a y por las traducciones de autores grecolatinos hasta el punto de usar heter�nimos. A ello se a�ade la preeminencia que �l mismo otorgaba a la prosa, relegando su poes�a a un segundo plano, que consideraba� de menor eficacia did�ctica. Los t�picos de humildad y error pueril, que explicita en sus odas, no son m�s que maneras de captatio benevolentiae que ya estaban en Petrarca.

 

����������� 2.2.- La imitatio en Fray Luis de Le�n.

 

����������� Al margen de la divisi�n que el propio autor dio a su obra, y que Quevedo recogi� para su edici�n, podemos establecer otras taxonom�as de su producci�n: imitatio de los cl�sicos, hasta 1570; imitatio de la l�rica renacentista italiana, entre 1570 y 1578; y poes�a de orientaci�n asc�tica entre 1581 y 1591.

 

����������� Al margen de influencias menores en su l�rica, como la Biblia y la tradici�n castellana, se funda especialmente en la imitatio de Horacio, Virgilio y la l�rica renacentista italianizante. El primero es su autor favorito: de �l toma la oda y el beatus ille como t�pico moral y otros motivos que, como veremos, actualiza mediante la nacionalizaci�n y la cristianizaci�n. De Virgilio lleg� a insertar versos completos de las Buc�licas, de las que toma un hortus amoenus cristianizado neoplat�nicamente, y fundido con la tradici�n provenzal: la naturaleza, en vez de la dama, es fuente de perfecci�n moral y reflejo de su Creador. De los stilnovistas, de Petrarca y de Garcilaso toma las formas m�tricas y, de �ste, su hortus amoenus y la lira.

 

����������� Los procedimientos de la imitatio m�s llevados a cabo por �l son la abstracci�n, la cristianizaci�n, la nacionalizaci�n y la personalizaci�n. La abstracci�n consiste en situar un ideal arquet�pico por medio de una narraci�n o de una descripci�n gen�rica de un tipo humano, que sirve de ejemplo moral para el adoctrinamiento; en este sentido equipara y relaciona mitos grecolatinos y personajes b�blicos en virtud de su humanismo renacentista.

 

����������� Del mismo modo, cristianiza argumentos y motivos universales, especialmente de la tradici�n grecolatina; sustituye por hechos espa�oles rasgos de la Historia cl�sica; y proyecta experiencias personales sobre motivos preexistentes, como el beatus ille.

����������� 2.3.- T�picos recurrentes.

 

����������� Fray Luis de Le�n renueva los t�picos d�ndoles un significado moral cristiano, ya sean filos�fico-morales, mitol�gicos, religiosos y m�sticos.

 

����������������������� 2.3.1.- Motivos filos�ficos-morales.

 

/   Vanitas vanitatum: son las primeras palabras que inician el Eclesiast�s: ante la vanidad de las vanidades hay que despreciar lo terrenal en cuanto lastre que impide la tranquilidad espiritual.

/   Carpe diem unido a ubi sunt? y tempus fugit: Plantea el carpe diem desde la vejez, retrospectivamente, al contrario de lo com�n, de modo que es f�cil seguir con el ubi sunt? y el tempus fugit; siempre insistiendo en las consecuencias morales negativas que acarrea vivir el presente.

/   Aurea mediocritas unida a beatus ille y ab ipso ferro: El primero es la dorada moderaci�n: viene del Quattrocento, y se�alaba al cortesano que se mide por s� mismo. En Fray Luis el cortesano deviene hombre que busca su ideal moral alejado de todo lo mundano para tener como referente� a �l mismo, de modo que el horaciano beatus ille adquiere un tono nost�lgico de retiro ideal, que enlaza con el t�pico de ab ipso ferro. �ste es un t�pico de origen b�blico: por el mismo hierro con que la adversidad hiere al hombre, recobra �ste nuevas fuerzas.

/   Secretum iter unido a odi profanum vulgum y a locus amoenus: El primero se asocia al mito de la Edad de Oro de Las Metamorfosis, de Ovidio, donde no hay conflictos sino relaciones humanas en armon�a con la naturaleza. A ella se accede por un camino secreto s�lo conocido por unos pocos, y que es el contrario del que sigue el vulgo atareado en cosas mundanas. El espacio ideal al que se llega es un locus amoenus, entorno natural de corte neoplat�nico, seg�n explicamos arriba. Tal lugar es el marco ideal para el asceta y el mismo ascenso m�stico, pues est� situado en zonas elevadas, cerca de Dios, como las cumbres y las altas sierras.

/   Barca en mar tempestuoso unido a portus quietis: Aqu�l, de origen amoroso petrarquista, expresa el naufragio de la vida en medio del mundanal ruido. Esto puede evitarse con la gu�a del clar�simo lucero, la Virgen, o con la arribada a un puerto tranquilo, marco de retiro en soledad ideal.

/   C�rcel: Viene de la tradici�n estoica y su idea de que el cuerpo es la prisi�n del alma, que ans�a retornar a su origen primero, el cielo. En �l se personaliza debido a la prisi�n que sufri� en vida.

 

 

����������������������� 2.3.2.- Motivos religiosos y mitol�gicos.

 

����������� En un principio, los motivos mitol�gicos son puro ornato, pero posteriormente llegan a ser esenciales por su proceso de cristianizaci�n: los mitos, como las historias de las Biblia, son ejemplos morales de valores cristianos. Por influencia cl�sica invoca a los personajes b�blicos como si fueran las musas y Dios aparece, al modo pitag�rico, como m�sico o arquitecto del universo.

 

 

����������������������� 2.3.3.- Motivos m�sticos.

 

����������� Son t�picos que �l mismo inaugura:

 

/   El aire es expresi�n del camino de ascenso m�stico, huida asc�tica de �ndole moral.

 

/   Noche estrellada unida a la m�sica divina: refiere el momento en que cielo est� limpio, sin obst�culos -como reflejo del estado del alma-. Al principio se recibe un est�mulo sensorial, el alma se purifica y alcanza la m�s alta esfera donde se escucha la m�sica de Dios, con la que el alma entra en armon�a.

 

 

 

 

3.- San Juan de la Cruz (1549 - 1591).

 

 

����������� 2.1.- Su producci�n.

 

����������� Hatzfeld distingue, en la l�rica asc�tica y m�stica, entre poes�a manierista y experimental. La primera es la asc�tica, propia de poetas que no han tenido ninguna experiencia m�stica, pero que la conocen de modo intelectual. En ellas hay una ausencia de simbolog�a y un evidente didactismo. La experimental es poes�a de autores que han llegado a vivir las fases iluminativa y� unitiva del ascenso m�stico. En ellos hay una casi total ausencia de didactismo y una abundante simbolog�a amorosa de tradici�n oral. San Juan de la Cruz encaja perfectamente en esta poes�a experimental: no quiere adoctrinar tanto como transmitir verbalmente una experiencia inefable, de ah� que s�lo trate de los �ltimos per�odos de ascenso m�stico, obviando los primeros.

 

����������� �l escribi� poes�a de ra�z tradicional en cinco canciones, diez romances y dos glosas a lo divino; son composiciones l�dicas que anuncian la estilizaci�n barroca de lo tradicional y que le familiarizan con s�mbolos que va a emplear en su poes�a m�stica.

 

����������� Su poes�a m�stica versa acerca del propio ascenso al �xtasis en forma de lira. Tom� esta composici�n estr�fica de Garcilaso, a trav�s de una versi�n a lo divino de 1575 de Sebasti�n de C�rdoba. Realiz� una serie de prosas aclaratorias como comentarios a estos poemas, donde hay un expl�cito didactismo. Este hecho se debi�, quiz�, a la necesidad de adecuar a posteriori su experiencia a la ortodoxia teol�gica del momento. La Noche oscura del alma es un poema narrativo-aleg�rico, donde no aparece la v�a purgativa -estando ya mi casa sosegada-; en el C�ntico espiritual describe gradualmente el proceso m�stico al modo narrativo de las albadas amorosas medievales: b�squeda del amado, encuentro y consumaci�n. La Llama de amor viva -en la que ampli� la lira a seis versos- es menos narrativa y m�s simb�lica: todo en ella es una exclamaci�n gozosa del desposorio del alma con Dios.

 

 

����������� 3.2.- Fuentes literarias.

 

����������� En San Juan, a diferencia de en Fray Luis, no se da la imitatio: sus influencias se limitan al l�xico, al s�mbolo y a lo estr�fico. De la l�rica renacentista toma las oposiciones y contrastes conceptuales, adem�s de la l�rica, seg�n dijimos. Para aumentar la ambig�edad es conciso y selecto en los adjetivos, que suelen ser ep�tetos intensificadores y explicativos. Introduce voces latinizantes: fonte, amoroso, b�lsamo vulnerado,..., al tiempo que usa del l�xico coloquial para hacer m�s pr�ximos los t�picos del hortus amoenus: ejido, majada, ca�ada,... Utiliza t�rminos usuales para acomodar el misterio a las dimensiones de lo ya conocido: muestra lo no sensible a trav�s de los sensible, como indica Crist�bal Cuevas.

 

����������� De hecho, toma de la tradici�n oral abundante simbolog�a y la t�cnica del di�logo del C�ntico espiritual. Ambos rasgos le vienen tambi�n del Cantar de los cantares b�blico. �ste es una antolog�a de de canciones populares, atribuidas dudosamente al rey Salom�n y que exaltaban el amor marital: en un principio se vio una alegor�a de las bodas de Yahv� con Israel, en la Edad� Media se cristianiz� el desposorio, siendo ahora las bodas de Dios con la Iglesia. San Juan hace una lectura nueva e individual: la uni�n del alma con Dios.

 

����������� El platonismo le viene, en cuanto amor m�stico, de San Agust�n y de los m�sticos alemanes Eckhart, Taulero y Ruysbroeck, de quienes recoge tambi�n la idea de sosiego interior propicio para el encuentro y de los mensajeros de Dios. La contemplaci�n como purificaci�n del alma parece haberla tomado de la patr�stica, en concreto del Pseudoareopagita. M�s dudosa son las influencias de la obra de Ram�n Llull, Francisco de Osuna o de los andalus�es Abul Abb�s e Ibn Abbad de C�rdoba.

 

 

����������� 3.3.- La simbolog�a.

 

����������� La poes�a m�stica de San Juan es de un l�xico tan ambiguo como el del Cantar de los cantares, ostenta un entramado de s�mbolos que, como afirma Emilio Orozco, no tienen sentido por s� solos: son como teselas de un mosaico: as� la noche parece haberla tomada de Fray Luis, como v�a hacia el encuentro con Dios, pero aqu� no es lugar sino agente, como la naturaleza, que participa en la busca del esposo y es interlocutora de la esposa. La casa es el t�pico estoico del cuerpo como prisi�n del alma; de ella se sale mediante una� secreta escala, como en la l�rica provenzal y en la tradicional. Parad�jicamente, salir de la casa es entrar en lo m�s hondo del alma. La esposa, como la tortolica, o la paloma, es el alma, que se erige en yo l�rico y� que busca, como en el Cantar, al esposo o al ciervo herido -como aparece en el mismo Cantar o en la l�rica galaico portuguesa, como s�mbolo er�tico- , es decir Dios. Lo cierto es que esta amalgama de reinterpretaciones y creaciones de s�mbolos de procedencias diversas s�lo tiene� un fin: el de� expresar de modo simb�lico una experiencia inefable.

 

 

4.- Santa Teresa de Jes�s (1515 - 1582).

 

 

����������� Esta abulense ingresa con 19 a�os en la orden del Carmelo, que llegar� a reformar, iniciando una sucesi�n de aperturas de nuevos conventos, como refleja en el Libro de las fundaciones y en Las cuatrocientas cartas. Fund� sus ideas en el recogimiento contemplativo y la vida cristiana pr�ctica. Su �ndole autodidacta le hizo preferir el franciscanismo a las abstracciones escol�sticas y le marca sus influencias literarias: conoci� la Biblia, San Agust�n y Kempis y, de joven, fue aficionada a los libros de caballer�as. Tambi�n ello explica su estilo, que responde al registro familiar de la Castilla septentrional.

 

����������� Hizo poemas de escaso valor literario, de los que sobresalen algunas glosas de villancicos populares.

 

����������� A diferencia de San Juan o Fray Luis, escribe por orden de sus superiores, especialmente Camino de perfecci�n, tratado de asc�tica para sus monjas, y el Libro de su vida, donde narra su evoluci�n vital hasta alcanzar los �xtasis m�sticos. En prosa redacta Las moradas, o Castillo interior, donde expresa su experiencia m�stica bajo la alegor�a-marco del alma como castillo con muchas estancias interiores -que tal vez tomara de los libros de caballer�as-; en la m�s honda c�mara se produce la uni�n con Dios. Sus met�foras y alegor�as son mayoritariamente populares, no cultas.

 

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