VOLVER A LISTADO DE TEMAS

EDUCAJOB

 

TEMA 47.- LA L�RICA RENACENTISTA: FORMA Y ESP�RITU

ITALIANOS EN ESPA�A. GARCILASO DE LA VEGA.

 

 

1.- La l�rica italiana renacentista en Espa�a.

 

����������� 1.1.- Introducci�n.

 

����������� Si entendemos que los Siglos de Oro se inician con el reinado de Carlos I, en 1519, y acaban con la muerte de Calder�n en 1681, el comienzo de la l�rica renacentista espa�ola se sit�a en el primer cuarto del siglo XVI. Las relaciones pol�ticas con la Pen�nsula It�lica ayudaron a la implantaci�n del Renacimiento en nuestro pa�s: en 1443 Alfonso V de Arag�n conquista N�poles y emprende una fruct�fera relaci�n comercial y cultural con las rep�blicas italianas. A ello ha de sumarse la vocaci�n europea de Carlos I, �ntimamente ligada a Italia

 

����������� En tales a�os, docentes como Pedro M�rtir de Angler�a y Lucio Marineo S�culo, y eruditos de la talla de Antonio de Nebrija o los hermanos Juan y Alfonso Vald�s traen a las universidades y a las cortes espa�olas el esp�ritu de la Italia del Renacimiento. Ya antes Micer Francisco Imperial, Juan de Mena o el Marqu�s de Santillana introdujeron en parte el proyecto que nace en Petrarca, pero a�n lastrando la herencia medieval. La tradici�n castellana era, a�n en la primera mitad del XVI, la cancioneril, con sus metros y formas propias: octos�labos, conceptismos, juegos de palabras,... En 1526 Carlos I se casa con Isabel de Portugal en Granada; all� Juan Bosc�n conversa con Andrea Navagero acerca de la necesidad de introducir aqu� la nueva est�tica, labor que se llevar� a cabo con �xito: �sta es la fecha de nacimiento de la poes�a l�rica renacentista en nuestro pa�s.

 

 

����������� 1.2.- M�trica y estilo.

 

����������� Se emplea el metro m�s usado por Petrarca, el endecas�labo. En Espa�a, el Marqu�s de Santillana intent� adaptarlo con el de gaita gallega, acentuado en las s�labas 4�, 7� y 10�, que ya Garcilaso evita. Ser� �ste quien perciba la potencialidad de adecuaci�n del endecas�labo a diversos contenidos: el enf�tico, acentuado en la 1�, 6� y 10�, es el de m�s intensidad; el heroico es el m�s equilibrado por su ritmo, acentu�ndose en las s�labas 2�, 6� y 10�; mientras que el mel�dico y el s�fico son los m�s pausados,� acentu�ndose en la 3�, 6� y 10�, y en la 4�, 8� y 10�, respectivamente. Por su parte, el metro m�s importante de arte menor fue el heptas�labo, combinado con el endecas�labo en liras, estancias, silvas y canciones. El predominio de la rima consonante, m�s culta que la asonancia, ser� casi absoluto.

 

/   El soneto tuvo un origen provenzal y se usaba para los di�logos silog�sticos; se recogi� en el XIII en italia y los consagra Petrarca en el Canzionere, siendo una de las formas m�s escritas aqu�. Adem�s de dos cuartetos y dos tercetos, puede tener estrambote, o coda, con rima 7c11E11E consonante.

/   El terceto encadenado, empleado por Dante en La Divina Comedia, era apropiado para disertaciones, ep�stolas y eleg�as, cuya estrofa era as�: 11ABA BCB CDC (...) YZYZ.

/   Los cuartetos son endecas�labos de rima ABBA, llamados serventesios si son de rima enlazada ABAB. El cuarteto y el serventesio se llaman redondilla y cuarteta si son de arte menor.

/   La lira la introdujo Garcilaso en su Canci�n V, Ad florem Gnidi, a trav�s de Bernardo Tasso, de forma 7a11B7a7b11B. El cuarteto lira s�fico mezcla tres endecas�labos y un pentas�labo dact�lico, acentuado en la s�laba 1� y 4�; mientras que el de la Torre, combina tres endecas�labos y un heptas�labo. Estos dos pueden tener rima enlazada abab, o abrazada abba. La seguidilla tiene forma 7a5b7a5b.

/   La octava real, ya usada por Boccaccio, adquiere su m�xima importancia en la �gloga III de Garcilaso y su estructura es de 11ABABABCC

/   La silva es una combinaci�n libre de no menos de veinte endecas�labos y heptas�labos. La llamada de consonantes riman con pareados, mientras que la silva octos�laba cambia el heptas�labo y el endecas�labo por el tetras�labo y el octos�labo.

/   La canci�n petrarquista se compone de un n�mero indeterminado de endecas�labos y heptas�labos que riman al gusto; ahora bien, la estrofa que marca la primera estancia la repiten las dem�s. Cada estancia se compone de las siguientes partes, marcadas por Petrarca y fijadas para la l�rica castellana por Garcilaso en su Canci�n III: Pie, o comienzo, con dos pies a su vez (abc / abc); llave, o nexo opcional heptas�labo (c); sirima, de rima variada, normalmente una redondilla y un pareado (deedff); pod�a a�adirse un env�o, o remate, con rima diferente; por ejemplo (ghighijj).

 

����������� Esta cantidad de nuevas estrofas se pueden encauzar a trav�s de composiciones fijadas por la Antig�edad y el Renacimiento italiano. As� la �gloga viene de Virgilio y es la propia de la poes�a buc�lica y pastoril; la eleg�a se especializa en poemas de dolor y desgracia; la canci�n, ligada a su origen trovadoresco se asocia a los temas amorosos, como la oda, tambi�n preferida, adem�s, para asuntos patri�ticos; la ep�stola horaciana, m�s serena, se mostrar� �ptima para los temas familiares, doctrinales y literarios.

 

����������� Se impone un estilo basado en la norma del cortesano, como quer�a Castiglione: naturalidad por selecci�n, huida de la afectaci�n, sintaxis regular y sencilla, renuncia a latinismos innecesarios;... aunque no se dejan de lado ciertos artificios como el hip�rbaton para resaltar ideas, la bimembraci�n, que da un refuerzo expresivo, al tiempo que marca un ritmo pausado; o la abundancia de im�genes y met�foras de f�cil comprensi�n.

 

 

����������� 1.3.- Los temas.

 

����������������������� 1.3.1.- El amor.

 

����������� Se contin�a en cierto modo con la tradici�n de amor cort�s filtrado por el tratamiento que le da Petrarca con neoplatonismo del Dolce Stil Novo, que hace del amor el elemento cohesionador del cosmos. Se plantea un amor m�s abstracto e introspectivo: la mujer es reflejo de la Belleza divina, ya sea donna angelicata o belle dame sans merci, o desde�osa. Por eso es ella camino de perfecci�n hacia Dios; de ah� que este periplo exija una fuerte lucha entre el esp�ritu y los sentidos, y entre el deseo y la raz�n.

 

����������� ����������� 1.3.2.- La naturaleza.

 

����������� Marca las pautas del bucolismo cuyos or�genes est�n en los Idilios, de Te�crito, las Buc�licas, de Virgilio, la Arcadia, de Sannazaro y la Ninfale Fiesolano y la Ninfale D�Ameto, de Boccaccio. A ellos se suman dos t�picos: por un lado, el del Beatus Ille horaciano, que canta la paz y el reposo en un marco natural que perfecciona al hombre como soluci�n a las imperfecciones del mundo civilizado y le ayuda en la conquista de la sabidur�a; y, por otro el de la Edad de Oro, ucron�a de un tiempo primigenio en el que reinaban las leyes naturales en armon�a con la libertad del hombre.

 

����������� A�n cabr�a a�adir un matiz amoroso: el cortesano se retira del mundo palaciego y lleno de intrigas y se refugia, como pastor idealizado, en un marco natural donde realiza las confidencias de sus cuitas amorosas a un amigo o a la naturaleza misma. Esta naturaleza, adem�s, se ti�e del neoplatonismo imperante, de modo que el paisaje real deviene idea plat�nica de s� mismo, convirti�ndose en modelo de perfecci�n.

 

 

����������������������� 1.3.3.- La mitolog�a.

 

����������� Se funda en Las metamorfosis, de Ovidio, de donde toman seres mitol�gicos cl�sicos como s�mbolos de fuerzas y fen�menos naturales -as�, amor es Venus; Marte, la guerra, H�rcules la fuerza,...- y de cualidades f�sicas, morales y de experiencias humanas -como la belleza de Apolo, el orgullo de �caro, o las historias de Apolo y Dafne, Orfeo y Eur�dice, Dido y Eneas,...-

2.- Garcilaso de la Vega (1501 - 1536).

 

����������� 2.1.- Vida.

 

����������� Naci� en Toledo en 1501, de noble linaje. Recibi� una formaci�n human�stica y cortesana: estudi� Ret�rica, Po�tica, Mitolog�a, Historia Antigua, lat�n, griego y arpa; estudios que complet� con su formaci�n en las armas: en 1523 era ya Caballero de Santiago. De hecho su vida es la de un guerrero: lucha en Rodas contra los turcos, en Pamplona se enfrenta a los franceses. Fue desterrado al Danubio por asistir, bajo prohibici�n del Emperador, a las bodas de un sobrino suyo. Am� a una dama de compa��a de la reina, Isabel de Farnesio, ya casada. Entre 1532 y 1534 su estancia en N�poles le consolida como poeta, pero sufre el rev�s de la muerte de Isabel en 1533. Tras luchar en T�nez muere en el asalto a la fortaleza de Muy, en Frejus, Provenza, en 1536.

 

 

����������� 2.2.- Fuentes filos�ficas.

 

 

����������� ����������� 2.2.1.- Estoicismo y Epicure�smo.

 

����������� En el Renacimiento se toma del estoicismo la idea de antropocentrismo. El hombre ha de encontrar con la raz�n, o virt� renacentista, el medio para afrontar� las pasiones y las adversidades de Fortuna; esta purificaci�n conducen a un ideal �tico que garantiza la gloria renacentista, llave de la vida eterna a trav�s de la fama. Por otro lado, la resignaci�n y la serenidad espirituales traducen no s�lo en su pensamiento sino en su propia expresi�n refrenada de los sentimientos.

 

����������� Partiendo del t�pico horaciano del carpe diem, el epicure�smo renacentista propone regular la vida de modo que �sta sea m�s placentera que dolorosa. Uno de los modos de encontrar tal placer es la uni�n a la naturaleza, m�s como ausencia de dolor� y confusi�n que como marco de goce desenfrenado.

�����������

 

����������������������� 2.2.2.- Platonismo.

 

����������� Bebe de la tradici�n de la quattrocentista Academia Plat�nica de Firenze, de Marsilio Ficino y Picco della Mirandolla, m�s laica y menos cristianizada. Todo lo sensible es reflejo de una idea superior, la suprema belleza. El hombre ha de aspirar a ella para alcanzar la beatitud plat�nica siguiendo al amor, que ordena el universo. Este proceso se encuentra con duros obst�culos terrenales que hay que vencer; posteriormente el alma abandona el cuerpo, que es su c�rcel, y se eleva a la divinidad impulsado por el fuego de la Belleza Divina hasta gozar de ella, retornando a su casa primera.

 

����������� 2.3.- Fuentes literarias.

 

����������� Garcilaso escribi� cuarenta sonetos, de los que dos son atribuidos, cinco canciones a la italiana, nueve seg�n la tradici�n castellana, dos eleg�as, una ep�stola, tres �glogas, una octava, tres odas y un epigrama, adem�s de tres cartas y su testamento, que suelen incluirse en sus obras completas. Recibe influencias de diversas fuentes: la castellana, la cl�sica -a trav�s del Renacimiento italiano- y de la misma poes�a italiana.��

 

����������������������� 2.3.1.- Poes�a cancioneril.

 

����������� Ya de por s� est� influenciada por el Dolce Stil Novo y la l�rica petrarquista. Expresa la lucha entre la raz�n y la voluntad y el deseo propio del amor cort�s en una formas que privilegiaban la ingeniosidad y destreza t�cnica. As�, encontramos octos�labos llenos de ant�tesis, paradojas, personificaciones, alegor�as, �stas tomadas especialmente del catal�n Aus�as March.

����������������������� 2.3.2.- Poes�a cl�sica.

 

����������� Realiza una imitatio de formas y temas de Virgilio, Horacio y Ovidio. Del primero toma la actitud melanc�lica de sus pastores de las Buc�licas, y las sensibilidad ante la naturaleza� para sus �glogas. Horacio le marca el esquema r�tmico de la oda, que Garcilaso transforma en lira; los t�picos del carpe diem y Beatus Ille y el tomo filos�fico y conversacional de su Ep�stola y la Eleg�a II. Las Metamorfosis, de Ovidio le nutren de mitos amorosos y de una cierta destreza para la descripci�n pl�stica.

 

����������� ����������� 2.3.3.- Poes�a italiana.

 

����������� Al margen de la influencia m�trica y estr�fica de Petrarca, que ya hemos mencionado, �ste le influye en el tratamiento de los valores sensoriales y del amor imposible: Laura, la amada de Petrarca, muere joven y �l lo refleja, como har� Garcilaso con Isabel de Farnesio.

 

����������� Durante su estancia en N�poles, en la Academia Pontoniana, descubre la octava en Ariosto y el amor desmedido e irracional de Orlando lo traslada al Albanio de la �gloga II. Igualmente valora all� a Jacopo Sannazaro y sus obras Eclogae piscatoriae, en lat�n,� y La Arcadia. Por �l Garcilaso introduce aqu� la �gloga con todos sus componentes: una naturaleza id�lica y muy sensorial, la naturaleza como marco est�tico y refugio �tico. Del mismo tom� el terceto, que a su vez el italiano tom� de Dante.

 

 

����������� 2.4.- Los temas.

 

 

����������������������� 2.4.1.- El amor.

 

����������� El eje central, al estilo cortesano, es Isabel de Farnesio, dama portuguesa del s�quito de Isabel de Portugal. En las �glogas aparece como Galatea, Elisa y Camila. En ellas se ve su evoluci�n vital: al principio el poeta se queja y entristece por su desd�n, pues ella se casa en 1529 con Don Antonio Fonseca; luego la evoca tras su muerte, al dar a luz a su tercer hijo en 1533. Luego, convierte a Elisa en un mito, y alterna la aceptaci�n estoica del sufrimiento con la desolaci�n m�s absoluta; por fin, en una l�nea petrarquista, abstrae su idea de amor y se recrea en la esperanza de recuperar el amor m�s all� de la muerte.

 

����������� ����������� 2.4.2.- La naturaleza.

 

����������� Una naturaleza real deviene, al m�s puro estilo neoplat�nico, en deleite est�tico-sensorial y moral, seg�n detallamos arriba. Aqu�, la comuni�n entre el poeta y su locus amoenus es absoluta: la naturaleza llega a ser testigo y aun confidente de sus cuitas.

 

����������� ����������� 2.4.3.- Los mitos.

 

����������� Se centra en las historias amorosas desgraciadas que toma de Las Metamorfosis, de Ovidio -Ifis y Anaj�rete, Orfeo y Eur�dice, Apolo y Dafne,...- siempre como elementos comparativos del estado an�mico del yo l�rico, a veces como t�cnica de distanciamiento: as�, por ejemplo, las ninfas de la �gloga II ven en tapices mitos amorosos, elevando a categor�a de mito la historia de Elisa - Isabel de Farnesio- y Nemoroso -Garcilaso-.

 

 

 

 

 

�����������

����������� 2.5.- M�trica y estilo.

 

����������� Vale para Garcilaso todo lo que hemos apuntado antes, pues no es s�lo su m�ximo representante, sino aun el mayor creador de la l�rica renacentista espa�ola. Con todo, cabe apuntar algunas de sus peculiaridades. Su expresi�n responde al principio de continencia expresiva, as�, predominan los endecas�labos s�ficos y heroicos, el encabalgamiento suave para dar un ritmo pausado, met�foras e im�genes de interpretaci�n sencilla, sonetos donde los cuartetos exponen o describen y los tercetos interpretan o concluyen,... En la misma l�nea, usa de elementos que remansan el ritmo del poema: gradaciones, bimembraciones y numerosas estructuras paralel�sticas -La dulce vida entre la hierba verde, El arena quemaba, el sol ard�a,...-, el ep�teto, suaves aliteraciones y onomatopeyas,...

����������� �����������

 

�����������

 

 

�����������

�����������