TEMA 27.- EL TEXTO DESCRIPTIVO:
ESTRUCTURAS Y CARACTER�STICAS.
1.- Definici�n y caracter�sticas
principales.
����������� Seg�n el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, describir es representar a personas o cosas por medio del
lenguaje, refiriendo o explicando sus distintas partes, cualidades o
circunstancias. Lo que se representa es, pues, muy diverso, en cuanto
llamamos cosas a los objetos, pero tambi�n a los ambientes y a las acciones.
Entre los estudiosos de las tipolog�as textuales, la descripci�n es definida de
maneras diferentes, pero todos coinciden en algunos puntos esenciales: es la
organizaci�n jer�rquica, a partir de una palabra clave, o n�cleo, a la que se
aplican uno o m�s predicados, y la progresi�n mediante la selecci�n de palabras
que se convierten en n�cleos de nuevos predicados.
����������� Por otra parte, las secuencias
descriptivas incluyen, generalmente, enunciados de estado, que se actualizan en
tiempos verbales aspectualmente durativos, especialmente el presente y el
imperfecto. Carece de una temporalidad asociada a una causalidad y a una
consecuencia -cualidad m�s propia de la narraci�n-. Puede formar textos
homog�neamente descriptivos, pero igualmente admite la heterogeneidad
textual:� puede aparecer en otros textos
de otra �ndole, as�, por ejemplo, cuando se hace uso de ella como soporte
ilustrativo de una narraci�n o de una argumentaci�n. Igualmente tales textos
pueden ser secundarios respecto a un texto predominantemente descriptivo: por
ejemplo, en una descripci�n del r�o Xi Jiang se puede narrar una leyenda a �l
asociada para aumentar la belleza y singularidad de su paisaje.
2.- Principales operaciones descriptivas.
����������� Nos parece especialmente �til el
esquema que propone Adam, quien se�ala cuatro operaciones fundamentales en
la descripci�n: anclaje, aspectualizaci�n, puesta en relaci�n y tematizaci�n.
����������� 2.1.-
Anclaje.
����������� El anclaje orienta a al receptor
sobre la relaci�n de las proposiciones con un tema determinado, y no con otro,
es decir: con el objeto de la descripci�n. Es el punto de partida de la
descripci�n y suele coincidir con el t�tulo o el tema de la misma. Es un n�cleo
de entrada que generar� una expansi�n. El�
anclaje t�pico va al
principio del texto de modo que sabemos a qui�n o a qu� se atribuyen las
partes, las propiedades, ...
����������� El anclaje con afectaci�n es, seg�n Adam, el
que no tiene lugar hasta el final de la secuencia descriptiva por necesidades
discursivas. En ella tenemos un conjunto de proposiciones que caracterizan un
objeto: el receptor tiene que ir acot�ndolo a medida que avanza en la lectura,
como en un juego de suspense. Tanto es as� que puede dejarse sin mencionar, por
ejemplo en las adivinanzas: Llevo mi casa
al hombro, / camino con una pata
/ y voy marcando mi huella / con un hilito de plata. O no,
procurando que el receptor se haga cargo de cada una de las cualidades,
desvelando al final el anclaje: Libertad,
deseo, conquista, sue�o, potencia, (...) �xito, vida. Boxster. Porsche en
estado puro.
����������� La reformulaci�n consiste en designar al objeto de descripci�n con dos
o m�s expresiones para ofrecer una representaci�n m�s rica y sugerente de la
diversidad de percepci�n o de interpretaci�n de un texto, para ahondar en �l,
ofrecer visiones diversas,...: Se dice,
con raz�n, que Hong Kong es la puerta que cruza la China comunista para
negociar con el mundo capitalista. No obstante, para la mayor�a de turistas
esta perspectiva est� invertida y la isla constituye una ventana abierta sobre
el exotismo de la cultura china. Aqu� Hong Kong es puerta que une capitalismo y comunismo, y ventana al exotismo chino.
����������� 2.2.-
Aspectualizaci�n.
����������� Trata de llevar a cabo la
descripci�n del objeto descrito mediante su fragmentaci�n, generalmente por
enumeraci�n, en partes y/o propiedades. Las partes mantienen una relaci�n
sinecd�quica en relaci�n al total del objeto: Rafael (objeto - anclaje) era
un chico flaco (propiedad), con el
pelo (parte) enmara�ado.
����������� Tales enumeraciones pueden ser
exhaustivas o selectivas, seg�n la intenci�n latente en la descripci�n. En este
sentido, la excesiva parquedad puede conducir a la indefinici�n, e, igualmente,
la acumulaci�n de informaci�n puede llegar a desdibujar el objeto de
descripci�n. Ambas tiene que estar determinadas por el principio de relevancia:
seleccionar y resaltar aquellas partes o propiedades que distingan al objeto
por oposici�n con otros parecidos. Y ello puede suceder hasta el punto de que
no exista propiamente enumeraci�n: Winston:
el genuino sabor americano.
����������� 2.3.-
Puesta en relaci�n.
����������� La puesta en relaci�n del objeto
descrito con el mundo exterior se hace, b�sicamente, mediante dos operaciones: el
enmarque situacional y la asociaci�n: el enmarque
situacional tiene como base la relaci�n meton�mica, porque se refiere a
caracter�sticas contiguas al objeto descrito, tanto por su situaci�n
espacio-temporal como por lo que respecta a otros objetos pr�ximos, cuyas
cualidades ayudan a definirlo, representarlo y situarlo: Rafael viv�a en el Par�s de 1968 y siempre llevaba consigo un libro de
alg�n autor �comprometido�.
����������� La asociaci�n
aproxima el conjunto de aspectos diferentes de dos o m�s objetos supuestamente
conocidos por el receptor, de modo que ayuda a entender el objeto de
descripci�n� por su parecido o
divergencia con aqu�llos. La forma m�s com�n es la comparaci�n: El regreso del
puente del 1 de mayo no provoca grandes atascos en las carreteras. Las
retenciones fueron similares a las de un fin de semana de primavera. En
algunos casos no se especifica el segundo punto de comparaci�n porque el
conocimiento del mundo del receptor lo asume: Hoy la temperatura diurna es m�s elevada -no es necesario a�adir que la de ayer-. No obstante, en otros
casos se hace con la intenci�n de que s� exista una cierta ambig�edad,
provocando una evocaci�n abierta en el receptor: Opel Corsa es m�s alegre�
-�que otros coches, que otros j�venes usuarios de otros coches,...?-.
����������� La asociaci�n por met�fora consiste en se�alar la
intersecci�n de semas -o rasgos de significado- entre el objeto descrito y
otro; de este modo se resaltan por analog�a unas cualidades concretas. La
met�fora suele marcar la subjetividad del emisor, al tiempo que exige al
receptor una descodificaci�n m�s laboriosa: as�, por ejemplo, un reportaje
sobre fracasos televisivos que se titulara Los
cad�veres televisivos de la temporada.
����������� 2.4.-
Tematizaci�n.
����������� Cualquier elemento referido al
objeto central de la descripci�n puede ser seleccionado como un nuevo objeto de
descripci�n, es decir, como un nuevo tema, que puede generar nuevas
proposiciones descriptivas, aunque se inserte en una macroestructura
descriptiva general: en este ejemplo de Castilla,
de Azor�n, el objeto descriptivo es un pueblo castellano, sin embargo una serie
de elementos se tematizan: luz, casa, zagu�n, ni�o, flauta y melod�a: All�, a la entrada
del pueblo una viva faja de luz corta el camino. Sale la luz de una casa.
Acerqu�monos. La casa tiene� un ancho
zagu�n: a un aldo hay un viejo telar; a otro, hay un viejecito y un ni�o. Este
ni�o tiene ante su boca una flauta. La melod�a va saliendo de la flauta, larga,
triste, fluctuante.
3.- El retrato.
����������� Cuando una descripci�n tiene como
objeto a un ser animado estaremos ante un retrato. Un retrato incluye la aspectualizaci�n de las partes y cualidades
f�sicas -prosopograf�a- y de sus
cualidades internas -etopeya-, como
el car�cter, la moral,... Igualmente se puede retratar mediante la puesta en relaci�n,
transfiriendo las cualidades de lo que rodea a la persona descrita a ella
misma. Tambi�n sus acciones pueden ser entendidas como expansiones de su
persona, si las conectamos meton�micamente con el objeto descrito.
����������� En el caso de que el anclaje no
marque a un referente �nico estaremos ante un objeto de descripci�n que nos e
refiere a nadie en concreto, sino que generaliza un perfil de persona: son los retratos gen�ricos, que retratan tipos: procedencia geogr�fica,
ocupaci�n, condici�n social, personalidad -especialmente en publicidad-, ...:
as�, en el eslogan No estamos locos:
sabemos lo que queremos, se describe a un tipo de destinatario del refresco
Sprite.
4.- La descripci�n de acciones.
����������� Como ya se ha dicho, la descripci�n
suele incluir enunciados de estado entre los cuales no existe relaci�n
cronol�gica alguna. Pero esto no ocurre en la descripci�n de acciones,
especialmente a ra�z de una cronograf�a,
o descripci�n de �pocas, o en la descripci�n din�mica de un entorno, que puede
ser real -estaremos ante una topograf�a-
o ficticia -llamada topotesia-. Se
diferencia de la narraci�n en que aqu� s�lo se pretende caracterizar de modo
din�mico. Ve�moslo en los dos grandes tipos de descripci�n de acciones:
/Caracterizar a un personaje explicando su comportamiento por lo que
Adam llama predicados funcionales. En este caso tendr�amos una clase especial
del retrato, donde tales predicados nos permitir�an derivar las propiedades del
personaje: �l hace a, �l hace b, �l hace c, �l hace n: �l es X.
/Caracterizar una situaci�n describiendo las acciones de diferentes
actores, que se consideran elementos, o partes, de esa situaci�n: ellos hacen
a, ellos hacen b, ellos hacen c, ellos hacen n: la situaci�n es X.
5.- Estructuras gramaticales de
la descripci�n.
����������� Los verbos que predominan en una
descripci�n son los que se�alan cualidades y partes: verbos copulativos y
semicopulativos, verbos que indican posesi�n -tener, poseer, ...-� y tambi�n predicativos de costumbres,
acciones,... Todos ellos est�n generalmente conjugados en tiempos
aspectualmente imperfectivos por su car�cter de evocaci�n: n�tese en el
presente gn�mico -El parisino es afable
con quien quiere- y el presente y el imperfecto habituales -Soy /
era una persona afable con quien quer�a: soy parisino-.
����������� �Normalmente aparecen en oraciones enunciativas
afirmativas. Aunque pueden valerse de la negaci�n, definiendo al objeto por lo
que no es; este tipo de negaci�n implica una comparaci�n no expresa: se�ala lo
que no es y de qu� carece, normalmente en relaci�n con otros objetos: Tom Hanks no es guapo, no tiene los hombros
especialmente anchos, no es un gal�n ni un aventurero, pero su presencia domina
la pantalla.
����������� Las descripciones son proclives a
los elementos que funcionan con valor adjetival: adjetivos calificativos
-normalmente expresan valoraci�n y cualidad inherente si van antepuestos, y
objetividad y cualidad no inherente a su clase si van pospuestos: por ejemplo, blanca nieve y victoria segura, respectivamente; aunque no siempre se a as�: rugido ensordecedor y excelente noticia, invierten el criterio
de inherencia antes citado-; complementos preposicionales -Era el hombre del abrigo gris-; aposiciones directas -El Rey Juan Carlos- o indirectas -Juan, mi hermano, es alto-; u oraciones
subordinadas adjetivas de relativo especificativas -Los venecianos que no quieren m�s turistas son muy suyos- y
explicativas -Los venecianos, que no
quieren m�s turistas son muy suyos-.
����������� En cuanto a los adverbios, en las
descripciones abundan los que funcionan cono complementos circunstanciales de
modo, que determinan la gradaci�n de la cualidad: bastante alto, parcialmente
interesante,... y, asociadas a ellos, todas aquellas construcciones que
sit�en espacial y temporalmente al objeto de descripci�n: En aquel tiempo, Juan andaba todos los d�as alegre y curioso en clase.
����������� Las conjunciones m�s abundantes son como y que, como introductoras de comparaciones y cualidades en
subordinadas de comparaci�n y adjetivales. Y
tiene el valor de sumar significados, generalmente referidos a cualidades y/o
partes del objeto. La adversativa pero tiene un cierto valor argumentativo en
cuanto anula la conclusi�n que el receptor espera del objeto de descripci�n: en
el ejemplo anterior si decimos Tom Hanks
no es guapo, no tiene los hombros especialmente anchos, no es un gal�n ni un
aventurero esperar�amos una conclusi�n desfavorable al actor, pero la
adici�n de la adversativa introduce una valoraci�n inesperada: �pero
su presencia domina la pantalla.
6.- Cohesi�n y coherencia
textuales de la descripci�n.
����������� La coherencia de un texto la
garantizan especialmente, seg�n Halliday, la referencia y la cohesi�n l�xica.
La referencia endof�rica, es decir, la foricidad, o se�alamiento, a elementos
dentro del texto dan cohesi�n a las cualidades, partes, objetos de
descripci�n,... especialmente mediante pronombres personales, posesivos,
demostrativos y relativos.
����������� La cohesi�n l�xica es asegurada
mediante la repetici�n de palabras o la utilizaci�n de series de ellas
relacionadas por sinonimia, hiponimia o hiperonimia, contraste,... en las
operaciones de aspectualizaci�n y de puesta en relaci�n. No hace falta decir
que este tipo de relaciones sem�nticas no son privativas de los textos
descriptivos, pero son una de las estrategias m�s utilizadas en estos textos,
no s�lo para cohesionarlos, sino tambi�n para hacerlos avanzar.
����������� De hecho, la operaci�n de
tematizaci�n, es decir, la aparici�n progresiva de nuevos temas es
caracter�stica de la descripci�n, seg�n vimos arriba. As�, pues, las secuencias
descriptivas siguen, en general una progresi�n tem�tica de tipo lineal, en la
que cada rema -es decir, la informaci�n nueva de partes, propiedades, puestas
en relaci�n,...- que se atribuye a un tema se convierte en tema de una nueva
proposici�n, origen de un� nuevo rema: A lo largo de todo el trayecto el r�o se va
encontrando ocupado de ni�os, de� mujeres
que lavan la ropa o hacen la comida, de bueyes pl�cidamente sumergidos en el
agua, y sobre todo de pescadores que trabajan con los tradicionales juncos
aprovech�ndose de la efectiva colaboraci�n de los cormoranes, esas aves
acu�ticas expresamente adiestradas, que pueden capturar hasta ochenta peces
diariamente.
7.- Caracter�sticas pragm�ticas
de la descripci�n.
����������� La selecci�n de los elementos que
conforman el objeto descrito se realiza teniendo en cuenta el prop�sito de la
descripci�n y el destinatario de la misma, y por tanto, las operaciones de
anclaje, aspectualizaci�n, puesta en relaci�n y tematizaci�n.
����������� En este sentido tenemos, b�sicamente
un tipo de descripci�n objetiva, que
quiere reproducir con fidelidad el objeto descrito, casi de modo impersonal; y
una impresionista, que pretende
provocar en el receptor emociones parecidas a la que el mismo emisor ha
experimentado ante ese objeto.
����������� As�, en publicidad el receptor
aparece, por ejemplo, por identificaci�n con el objeto descrito -un coche alegre, con marcha,...- o participando en la descodificaci�n de un mensaje
lac�nico y lleno de connotaciones: �Tengo
pinta de conformarme con poco?, leemos en un anuncio de cigarrillos.