Ahora
toca divertirlos
Tratase, una
vez más, de la calamidad nacional que conocemos como
movida, botellón o como puñetas quieran llamarle.
Si en invierno la cosa es de cuidado, en verano ni te digo.
Para darse cabezazos contra las esquinas. Ahora, a la luz
de la luna y con las ventanas de las casas abiertas, como
para marcharse a Tombuctú, donde hace el mismo calor
que aquí, pero no hay botellón. En la antedicha
carta, el joven remitente se queja a la autoridad local
de haber clausurado un espacio habitual que los jóvenes
botelloneros habían ocupado por decreto de su real
voluntad. Se trata de un puerto pesquero. Los marineros
estaban hasta el gorro de que cada sábado y cada
domingo por las mañanas el puerto pareciese más
una pocilga que un lugar de abrigo y trabajo para gente
que se gana la vida de forma bastante más dura que
la que lo hacen las mesnadas de parásitos que frecuentan
y guarrean el lugar. Pues nada queridos. Uno de los afectados
por tamaña discriminación municipal le dice
al concejal de turno que ellos "tienen derecho a mantener
la cultura del botellón". ¡Toma ya! Un
nuevo derecho inalienable para añadir a la lista,
y además cultural. Cualquiera tose. Pero no termina
ahí la cosa. El quejoso, angelito mío, le
recrimina al ayuntamiento que "no plantea ninguna alternativa".
Esto ya lo sabíamos aquí en Málaga
como en el resto de España: Los ayuntamientos tienen
la obligación de divertir a nuestros jóvenes
botelloneros. Naturalmente que con dinero público.
Ahora que tenemos recién pagado el escandaloso IBI
que soportamos es buen momento para que nuestros ayuntamientos
se lo gasten en tener entretenidos a estos caballeros del
alto plumero. Punto y aparte para que respiren, porque la
cosa no acaba aquí. El muchachito de marras, el de
la carta, enfadado con papá ayuntamiento no se corta
un pelo y amenaza. A quién se le ocurre. Contradecir
a la juventud botellonera. Habráse visto. Pues os
vais a enterar. Nos vamos a ir a "realizar el botellón
en otros lugares, seguramente cercanos a núcleos
urbanos, con el problema que supone para los vecinos".
El entrecomillado es textual. Ahí tienen al matoncillo:
Como no nos dejéis en el puerto, aquí este
verano no van a dormir ni los gatos. Estas son las tiernas
criaturitas que hemos alumbrado, consentido y jaleado entre
todos. Criados a nuestros pechos y a los de la Logse ya
nos amenazan si no los divertimos. Aviados vamos.
El prenda éste de la carta
que les traigo en esta croniquilla primisemanal es un ominoso
ejemplo de este sector de nuestra juventud a la que hemos
abonado en el error, en la equivocación y en la engañifa
más absoluta. Nadie les ha dicho que la sociedad
no tiene obligación alguna de divertirlos. Algunos
de estos son ya carrozas que pasan de la treintena y dicen
todavía que lo suyo es la marcha. Hay que tenerla
dura. El trabajo y las obligaciones para papi y para el
ayuntamiento, que para eso son adultos. A nosotros que nos
diviertan y si no lo hacen se van a enterar. ¡Qué
tíos!
La Opinión, Rafael Ordóñez,
Málaga
|