El
sistema educativo de Cataluña adolece de graves problemas.
En términos
de formación, los jóvenes catalanes se sitúan
a la cola de Europa y también de España. Así
lo denuncia el informe elaborado por el Plan Estratégico
Metropolitano en el que han participado políticos
y empresarios. No por casualidad, el informe concluye con
dos datos: un trabajador cualificado equivale a 3,8 trabajadores
sin estudios, y el incremento de la productividad asociada
el conocimiento en el periodo que va de 1995 a 2001 fue
de sólo el 0,2%. Los estudiantes del área
metropolitana de Barcelona, y por extensión los catalanes,
tienen un pésimo dominio de los idiomas extranjeros,
el peor de la Unión Europea, sólo detrás
de los británicos.
En Cataluña, el porcentaje
de inversión en educación sobre el PIB es
del 2,08%, muy lejos de la media española (3,10%)
y aún más de lo que invierte Canarias (3,82%)
o Andalucía (3,66%). El informe reseña también
que la comprensión lectora de los estudiantes catalanes
de entre 14 y 16 años y el conocimiento de gramática,
literatura y matemáticas es inferior a la media española.
El informe se abre con un diagnóstico
demoledor: "El sistema educativo no logra niveles
suficientes de eficacia, ni en los aspectos de instrucción,
ni en los educativos, ni de formación de una ciudadanía
crítica y plenamente responsable". Además,
añade, "no se da una adecuada relación
y coordinación entre el sistema productivo y el educativo",
hecho que es perfectamente comprobable, afirma el estudio,
"en el área metropolitana".
"Los peores resultados se producen
con demasiada frecuencia en determinados centros que pertenecen
a la red pública; muchos de ellos se hallan situados
en los barrios más deprimidos o habitados por grupos
sociales constituidos por familias de menor capital cultural,
de baja posición social y de menos recursos económicos".
Un dato: el 78% del alumnado de estos centros públicos
es de clase social baja o muy baja, un porcentaje que no
se da ni por aproximación en la escuela concertada.
El informe señala seis problemas.
El primero, que los escolares de primaria y secundaria tienen
un bajo nivel de instrucción en los aspectos fundamentales.
Una situación que es calificada de "alarmante",
sobre todo en la red pública de los suburbios.
El segundo problema es que se ha
acabado por configurar una red dual de centros, en función
del origen de clase de los alumnos. De este modo, aunque
los centros públicos dispongan de más recursos,
acaban logrando peores resultados por el contexto social
y cultural del alumnado, que exige muchos más medios.
Además, aparece un fenómeno nuevo: "La
violencia y la fuerte conflictividad escolar en las zonas
calientes, que se corresponden con las que acogen a niños
y jóvenes de los barrios más marginales y
que coinciden con los que acogen las fuertes oleadas migratorias
de los últimos cinco años".
Los centros no están preparados
para resolver estos problemas. Tienen un régimen
excesivamente reglamentista y, además, ha fracaso
el sistema de designación de directores, que en el
60% de los casos han tenido que ser designados por la Administración.
Tampoco se puede contar con los padres de los alumnos, cuya
participación no supera el 3%. Los profesores no
se arriesgan a innovaciones y "un amplio sector del
profesorado vive la profesión docente con un evidente
malestar que se manifiesta a menudo en en número
elevado de bajas laborales" y otros factores.Además,
el área metropolitana, como Cataluña y España,
se hallan muy lejos de haberse adaptado a las nuevas tecnologías,
con lo que se aleja también de las "nuevas exigencias
económicas, sociales y laborales".
Finalmente, la formación profesional
se halla mal repartida territorialmente, sin coordinación
entre los centros y las especialidades, y desvinculada del
entorno productivo, lo que no es sino el reflejo "de
unos centros poco flexibles que no se ajustan a las necesidades
del momento en que vivimos". El informe no se limita
a lamentar la situación y se cierra con diversas
propuestas para mejorar las cosas. Las medidas sugeridas
van desde la reforma de la organización administrativa
de la educación, tendiendo a un modelo menos centralizado,
hasta la redefinición del modelo de gestión
de los centros, reforzado su autonomía y aumentando
los recursos.
Se propone también la creación
de un plan piloto en el área metropolitana de Barcelona,
donde habría que hacer hincapié en la calidad
y la eficacia del sistema global y, especialmente, de la
formación profesional, a través de un sistema
de conciertos con los municipios. Los autores del informe,
asumido por el plan estratégico en su conjunto, insisten
en el papel reequilibrado de la formación profesional,
que sin embargo debe revisar periódicamente los ciclos
formativos y los contenidos de las enseñanzas que
se puedan ofrecer. Sin olvidar la conveniencia de una cierta
estabilidad, de modo que se evite una ley educativa cada
cinco años.
El País, Francesc Arroyo,
Barcelona
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