QUISIERA
PEDIR PERDÓN.
Quisiera pedir
perdón por haber malgastado mi vida estudiando una
carrera, haciendo un doctorado y preparando una oposición,
mientras los demás se labraban un porvenir.
Quisiera pedir
perdón por no haberme dado cuenta de que los institutos
no son lugares donde se va a aprender, sino guarderías,
y que mi función no consiste en enseñar, sino
en cuidar a los hijos de todos aquellos que sí realizan
un trabajo productivo y provechoso para la sociedad.
Quisiera pedir
perdón por no saber hacer mi trabajo y no aprobar
a alumnos que no saben nada, porque cuando llegan a casa
después de un día agotador juegan a la Play
Station y ven Crónicas Marcianas con la aquiescencia
de sus progenitores que comprenden, no como yo, lo dura
que es la vida del estudiante.
Quisiera pedir
perdón por no saber aguantar el desprecio, la humillación
y el insulto diario; incluso la agresión.
Quisiera pedir
perdón por querer dignificar mis condiciones laborales,
las condiciones de estudio de mis alumnos y la enseñanza
en general.
Quisiera pedir
perdón por no haber sabido aceptar humildemente mi
situación de desprestigio social; por no haber sabido
aceptar que soy un paria, un ciudadano de segunda, un desecho
social, y me lo tengo merecido porque soy un vago que no
quiere trabajar y que sólo piensa en las vacaciones.
Quisiera pedir
perdón, en suma, por ser profesor.
De todo corazón.
( 13/06/2004
15:11 ) El-País. Emilio Garoz Bejarano / Madrid.
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