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Niños sobreprotegidos.

La rigidez de los horarios laborales angustia a las madres, que acaban pidiendo ayuda psicológica. La solución no está en dejar el trabajo, afirman los expertos

Luisa R., de 40 años, era una apreciada enfermera de quirófano de urgencias en un hospital de Barcelona. Cuando nació su segundo hijo, que ahora tiene 6 años, pidió pasar al turno de noche, de ocho de la tarde a ocho de la mañana, con intervalos de días libres. Perdió su especialidad. Ahora controla el sueño de enfermos cardiacos y sufre un insomnio esporádico.

Descansa por las mañanas ('descuelgo teléfonos y tapono la puerta') y está satisfecha porque ve a sus hijos. Ésa fue la razón por la que pidió un turno ingrato y difícil de tolerar. 'Sé que en pocos trabajos se tiene mi opción', afirma.

Las consultas de psicólogos infantiles tienen un tipo de cliente que va en aumento: el de la madre de un bebé de pocos meses -rara vez el padre- que sufre ansiedad, insomnio, angustia y gran preocupación por el poco tiempo de que dispone para estar con su hijo, al que quiere mucho. Sobrellevan el malestar hasta el día en que el niño coge la gripe. Eso amplifica su ansiedad y, sin razonarlo, se sienten culpables.

'Me preguntan si tendrían que dejar de trabajar, porque ven que su bebé no está contento. Y yo les digo que ésa no es la solución', explica Caterina Munar, psicóloga de Anne Fundació y del Instituto Dexeus. 'Saben que a sus hijos no les falta cariño, sino dedicación y tiempo para estar con ellos. La estructura laboral no tiene eso en cuenta', añade.

Cuando se trata de una pareja que se ha divorciado, el temor a las repercusiones que esa separación tendrá en su hijo adolescente afecta tanto a la madre como al padre. 'Finalmente, suele ser el hijo o la hija quien inicie una psicoterapia para digerir su papel de elemento querido por dos personas que se guardan rencor, o se odian', explica Montse C. psicoterapeuta.

Sin que se pueda establecer una relación causal, el hecho es que en paralelo a la ansiedad de las madres, o de los padres, han aumentado los procesos de irritabilidad, mal humor permanente, intolerancia a la comida e insomnio en bebés de apenas un año de vida, explican los terapeutas.

Aceptar la autoridad

Una reacción frecuente entre los padres -de todos los barrios- es la sobreprotección del niño en las sucesivas etapas de su vida. 'A veces, se quiere compensar la falta de tiempo disponible con todo tipo de gratificaciones --explica Munar--. Es evidente que hay un exceso de tolerancia con los hijos. Ven tanta tele como quieren, comen como les apetece y tienen los juegos que piden'.

Una vez en la adolescencia, añaden los psicólogos, puede ser difícil que acepten algo de autoridad. Dos casas de acogida --las fundaciones Marianao, en Sant Boi de Llobregat, y Cassià Just, en Gavà-- se han creado en Catalunya para acoger a niños que se han ido de casa. Suelen estar llenas.

Pero no todo se ve negro en la nueva situación familiar. 'Las madres de antes, las que no trabajaban, no eran más felices, sino todo lo contrario --afirma Munar--. Las de ahora hablan de igual a igual con sus hijos, hay más confianza, tratan la sexualidad con franqueza. Eso es beneficioso'.

En cualquier caso, coinciden, no se trata de recuperar problemas antiguos, sino de solucionar los nuevos. '¿Qué hemos de hacer?', pregunta Josep Ballester, responsable de Salut Mental de la Generalitat. 'Trabajar para que el padre o la madre puedan reducir, si quieren, su jornada laboral sin represalias', propone.

El Periódico, Actualidad, 24-12-03