El
80% de profesores y alumnos exige castigos
Más
de ocho de cada diez alumnos y profesores de los centros
españoles se han mostrado partidarios de establecer
castigos y sanciones a los estudiantes conflictivos en los
centros, según un estudio elaborado por el Instituto
de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), presentado
ayer en Madrid.
En los últimos tres años hay un incremento
preocupante los insultos, chantajes, amenazas, destrozos
y robos de material y de prendas en los centros de Secundaria.
La comunidad educativa coincide en la necesidad de acciones
más severas para controlar los conflictos escolares.
El 50,8 por ciento de los alumnos de Educación Secundaria
Obligatoria (ESO) cree que se debería intervenir
más duramente con los compañeros que causan
problemas en el aula. Los profesores coinciden con sus estudiantes
(66 por ciento) en las necesidad de acciones más
severas para controlar los conflictos escolares.
Los docentes consideran que los problemas que surgen en
las clases se resuelven de manera justa (68,4 por ciento)
pero los estudiantes son más críticos respecto
a la justicia del aula (44 por ciento), según la
encuesta realizada a 1.296 profesores de Infantil, Primaria
y Secundaria de centros públicos y concertados de
todas las comunidades autónomas.
La diferencia de criterios a la hora de aplicar las normas
en Secundaria produce desconcierto en el alumnado (53,9
por ciento).
Dialogar y llegar a acuerdos es la principal solución
por la que apuestan estudiantes y docentes de Secundaria
(68,1 y 90,6 por ciento, respectivamente) pero más
de ocho de cada diez alumnos y profesores (84,7 y 82 por
ciento, respectivamente) abogan por castigos y sanciones.
Intervención de la escuela.
Mayoritariamente, los enseñantes quieren solucionar
el conflicto tratándolo entre todos. En general,
la comunidad escolar (padres, estudiantes y profesores)
percibe que hay un clima adecuado y ordenado en la escuela
que permite una buena convivencia, siendo la opinión
más crítica la del alumnado, que reclama más
participación para resolver los problemas.
De este modo, mientras casi el 70 por ciento de los docentes
opina que el centro da importancia cuando un alumno se mete
constantemente con otro, ni la mitad de los estudiantes
cree en la intervención de la escuela en la resolución
de conflictos.
Los más optimistas con la disciplina escolar son
los padres: el 78,5 de las familias considera adecuadas
las normas de convivencia y el 64,2 por ciento de los profesores
las ven idóneas, mientras sólo el 52 por ciento
de los alumnos creen que son buenas, tal y como reflejan
los datos del estudio «La opinión de los profesores
sobre la convivencia en los centros», patrocinado
por el Centro de Innovación Educativa (CIE-FUHEM).
El clima se ve perturbado por agresiones y conductas disruptivas
minoritarias, pero negativas para la convivencia, principalmente
en Secundaria. En esta etapa, los profesores presencian
insultos (41,5 por ciento) y aislamiento social (39,3 por
ciento) entre estudiantes, que, aunque coinciden con sus
docentes, su percepción de estos hechos cambia según
sean víctimas o agresores.
Las agresiones físicas ocupan el último lugar
de la lista, en la que también se detectan actuaciones
de chantaje, amenazas y destrozo o robo de material y prendas.
Los estudiantes atacan a los profesores mediante la falta
de respeto y la conducta disruptiva en el aula, tal y como
expresa el 80 por ciento de este colectivo, que considera
raros los ataques físicos (5,2 por ciento según
los enseñantes de Secundaria y 2,3 por ciento según
los niños). En cuanto a la actitud del sector docente
hacia su alumno, el 22,6 por ciento ha visto alguna vez
a un compañero de profesión ridiculizar a
sus alumnos y el 14,4 por ciento, tenerle manía a
algún estudiante, frente al 50,3 y 38 por ciento
de los adolescentes que creen, respectivamente, que alguno
de sus profesores les ha tenido manía o que les ha
ridiculizado.
Insultar o intimidar con amenazas a los alumnos son acciones
que los enseñantes practican en menor medida, según
los resultados del estudio.
Financiación diferenciada.
De todo ello, el director de IDEA e impulsor de la anterior
legislación educativa (LOGSE), Álvaro Marchesi,
deduce la necesidad de un sistema de financiación
de centros públicos y concertados «diferenciado»
por dificultades, tipo de alumnado y proyecto educativo,
con la finalidad de que tengan autonomía y recursos
para actuar «rápidamente» en la búsqueda
de soluciones rápidas, como la contratación
por obra y servicio de personal de apoyo.
La Razón
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