ÉSTE
ES EL SECRETO DE LOS COLEGIOS EN FINLANDIA
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Jenni,
de 15 años, tiene una media de siete horas
lectivas al día. En su clase están juntos
los buenos y los malos estudiantes, aunque lo habitual
es que el nivel sea muy similar. Se ha beneficiado
de un plan del 96 para mejorar en Matemáticas
y Ciencias. La enseñanza, el material y la
comida son gratuitos. Y el profesor está supermotivado.
"Los
resultados demuestran que el gasto por alumno tiene
cierta relación con el rendimiento, pero no
garantiza unos buenos resultados"
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Vamos, sacúdele, pégale
una patada en el culo!». La voz del chiquillo suena,
desde luego, inquietante. En el patio del colegio Ressu,
en Helsinki, un grupo de colegiales se ha arremolinado en
torno a él.
Nadie está
machacando a nadie, sin embargo. No hay empujones ni golpes
reales y ningún chico se está peleando. Lo
único que hacen es entretenerse con el nuevo juego
de sus móviles Nokia antes de que comiencen las clases.
No se diferencia
demasiado de otras mañanas en cualquier colegio finlandés.
A las puertas ya del invierno, aún no ha amanecido
del todo cuando los críos se disponen a entrar, a
las ocho de la mañana. Tampoco verán el sol
cuando vuelvan a casa, a las cuatro de la tarde.
Llega la
hora y los chavales suben apresurados las escaleras que
conducen a las aulas. Una vez en ellas, se quitan los abrigos,
desconectan las melodías de sus móviles, los
guardan en sus mochilas y se disponen a recibir clase en
el mejor sistema educativo del mundo. Así, al menos,
lo acaba de determinar la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económicos (OCDE) después
de examinar durante seis horas y media a 250.000 estudiantes
de 15 años en 40 países. Finlandia obtuvo
la mejor puntuación en las tres categorías
que se evaluaron, Lectura, Matemáticas y Ciencias.
España,
12 puntos por debajo de la media de países de la
OCDE, quedó en el puesto 24, superada por Polonia,
República Checa, Irlanda, Hungría...
Los 20 alumnos
llenan enseguida la pequeña clase. Los chicos se
sientan detrás y las chicas en los pupitres delanteros.
Entre ellas, Jenni Sinkonnen, de 15 años, alumna
de 9º curso, el último de la Enseñanza
Obligatoria, en Ressu. Vestida con un suéter negro
y unos vaqueros, y con el pelo recogido en una coleta, podría
pasar por típica estudiante de cualquier lugar de
Europa más al norte de Bélgica.
«Todavía no me
lo puedo creer», explica con tranquilidad. Los resultados
han sido una gran sorpresa para nosotros, los alumnos».Agrada
lo bien que se expresa la adolescente.
Muy probablemente
habrá leído algo en el periódico. Tres
de cada cuatro niños finlandeses de 15 años
aseguran leer por placer todos los días y, a diferencia
de otros chavales europeos, prefieren los periódicos,
las revistas y los cómics a las obras de ficción.
Los finlandeses
son conocidos por su modestia y Jenni no puede evitar ruborizarse
mientras habla, pero sigue exponiendo con bastante coherencia
las que ella cree que son las razones del éxito finlandés.
«No nos consideramos superestudiantes. Nos limitamos
a hacer los deberes y a estudiar para los exámenes.
Si algún compañero se siente cansado y no
tiene ganas de seguir todos los demás le animamos
y tratamos de ayudarle».
En su lúcida
candidez, Jenni acaba de dar una de las claves del sistema.
Y es que por encima de los espectaculares resultados, lo
que los expertos de la OCDE y de otros países han
resaltado de las conclusiones del informe es la equidad
del sistema finlandés.La diferencia de puntuación
es muy escasa entre los mejores y los peores alumnos del
país nórdico. Y los resultados de éstos
últimos son bastante satisfactorios en relación
con la media de los de la OCDE.
«Uno de los aspectos más
importantes del sistema es que los profesores se aseguran
de que ningún alumno se quede atrasado». Mientras
Jenni atiende a las lecciones de su profesor de Matemáticas
en clase, como ella en jersey y vaqueros -es casi imposible
ver una corbata o un vestido en un instituto finlandés-,
Erja Hoven se explaya orgullosa sobre Educación en
el despacho de dirección de Ressu.
«No dividimos a los alumnos
entre los que van mejor y los que necesitan más tiempo»,
prosigue. «Aquí todo el mundo es igual.No hay
repetidores. No dejamos que ninguno se quede atrás.
Si se nos presenta un problema con algún estudiante,
lo tratamos inmediatamente con los demás profesores,
sus padres, el director del colegio y un psicólogo».
Pero la
atención a la diversidad y la confianza ciega en
los sistemas comprensivos frente a los selectivos -esto
es, en los sistemas que no separan a los alumnos en función
de sus capacidades- no son las únicas claves del
éxito finlandés.
HASTA
LOS LAPICES GRATIS
Todos los
días, después de haber dormido nueve horas,
Jenni se levanta algo después de las 6 de la mañana
en su casa de Malminkartano, un suburbio de Helsinki. Desayuna
unas tostadas, se viste y se maquilla ligeramente y coge
un tren que 45 minutos más tarde le deja en el centro
de la capital, donde se encuentra Ressu.
Con 350
alumnos de entre 7 y 16 años, Ressu es una escuela
mediana de las más de 4.300 de Enseñanza Básica
del país. Las hay de hasta 900 alumnos, pero también
de nada más que 10 en las zonas rurales. Hasta el
9º curso, el que estudia ella, la educación
es obligatoria en el país báltico.
Hasta hace
dos años, Jenni estudió al lado de casa, en
el colegio de Malminkartano, pero en octavo decidió
cambiarse siguiendo a unas amigas que cambiaron de casa
y, consecuentemente, de escuela.Aunque los padres pueden
elegir con casi total libertad el colegio de sus hijos,
lo habitual es que acaben estudiando en el más cercano
a casa, en parte porque, como acaba de demostrar el informe
de la OCDE, apenas hay diferencias entre centros.
Ni en Malminkartano
ni en Helsinki tuvo que pagar nada. La enseñanza
obligatoria es absolutamente gratuita en Finlandia y el
Estado paga no sólo los salarios de los profesores
sino todo tipo de material escolar, desde los libros hasta
el último lápiz.
Si el alumno
vive a más de cinco kilómetros, el centro
tiene que garantizar su transporte. Además, todos
los alumnos reciben una comida caliente todos los días
al mediodía que garantiza su buena alimentación,
una medida que ha permanecido inalterable desde hace 50
años.
«De esa forma»,
comenta Hoven, que además de directora es profesora
de Física, «Los alumnos y sus padres se muestran
más receptivos hacia la enseñanza. Incluso
hoy día hay algunos chavales de familias pobres que
hacen su única comida caliente del día en
la escuela».
Hoy hay
pescado, patatas, ensalada, leche y pan en Ressu. A menudo,
Jenni y sus amigas critican la comida de la escuela, pero
se la comen con hambre.
«La verdad es que no pensamos
mucho en ello», dice la niña, «pero nos
damos cuenta de que somos muy afortunadas por disfrutar
de un sistema en el que todo está pagado y no hay
tasas». El Estado financia incluso los escasos colegios
privados que existen. Universidades hay 20 -en un país
de cinco millones de habitantes-, todas ellas públicas.
¿Una carga demasiado
onerosa? No del todo. Finlandia invirtió en 2001
el 5,8% de su PIB en Educación. Es más que
lo que invirtió España (4,9%), pero apenas
dos décimas más que la media de los países
desarrollados.
«Los resultados demuestran
que el gasto por alumno tiene cierta relación con
el rendimiento, pero no garantiza unos buenos resultados»,
explica Andreas Schleicher, jefe de la División de
Análisis de Indicadores Educativos de la OCDE y uno
de los coordinadores del reciente informe. «Austria,
Corea, Finlandia o los Países Bajos han invertido
bien su dinero, pero países que invierten mucho por
alumno, como Italia o EEUU han quedado por debajo de la
media». No se trata tanto de gastar más en
Educación (que también) como de gastar mejor.
CUATRO
IDIOMAS
«Tenemos unas siete u
ocho horas de clase al día». Jenni aprovecha
uno de los descansos de 15 minutos entre clase y clase para
seguir contando cómo pasa un día de colegio.
Desde hace dos años puede elegir algunas de las asignaturas
que quiere estudiar, entre ellas Inglés y Francés.
Ha cogido las dos. Además, estudia sueco obligatoriamente
desde 3º. El sueco es la segunda lengua oficial de
Finlandia, el idioma materno de cerca del 6% de la población.
Si quisiera,
Jenni podría estudiar una cuarta lengua extranjera,
alemán o ruso. Entre las asignaturas que también
ha dejado de lado, están las manualidades y Economía
del Hogar, pero no ha podido esquivar la Informática.
«Los ordenadores e Internet
se han convertido en herramientas de uso diario en nuestras
aulas. Enseñamos a los niños a manejarlos
desde que tienen 7 años, desde el primer curso»,
asegura la directora Hoven.
En 1996
las autoridades educativas pusieron en marcha el programa
LUMA, siglas de luonnontieteet ja matematiikka (Ciencias
y Matemáticas, en finés). El objetivo era
mejorar los resultados de los alumnos de todos los niveles
en esas dos asignaturas. Para ello se formó a los
profesores, se organizaron enseñanzas de carácter
mucho más práctico y experimental y se invirtió
mucho dinero en modernizar los laboratorios de los colegios
e institutos y en adquirir ordenadores y programas informáticos.
LA
PIEDRA ANGULAR
Pero desde
el experto Schleicher hasta el último padre de los
500.000 estudiantes de Enseñanza Básica finlandeses
están convencidos de que la piedra angular del éxito
finlandés son los profesores.Hasta los alumnos lo
reconocen. Jenni: «Se ve enseguida que un profesor
está motivado cuando te anima a estudiar y siempre
parece feliz. Ah, y no nos manda muchos deberes».
Su directora
también cree que es la buena formación de
los profesores finlandeses lo que explica los excelentes
resultados. «Aquí los profesores están
mejor preparados que en muchos otros países.Para
dar clases se exige una titulación universitaria
de carácter superior. Ser sólo un maestro
de Primaria requiere seis años de carrera en la Universidad»,
enfatiza Hoven, con 21 años de experiencia.
El número
total de profesores de Enseñanza Obligatoria ronda
los 40.000. La proporción aproximada de alumnos por
profesor en 2002 era de unos 14, más o menos la misma
que en España y la media de los países desarrollados.
Lo que diferencia
a los profesores finlandeses es que, como apunta el profesor
Jouni Välijärvi, de la Universidad de Jyväskylä
-hacia el centro del país- y coordinador del estudio
de la OCDE en Finlandia en 2000, su formación está
dirigida a que, además de perfectos conocedores de
la materia que imparten, sean «auténticos expertos
en Pedagogía». De ahí lo extenso que
resulta su paso por la Universidad.
«En la cultura finlandesa,
el profesor es visto como uno de los profesionales más
importantes de la sociedad», continúa Välijärvi;
«en consecuencia, se han invertido muchos recursos
en la formación de maestros».
Los profesores,
sin embargo, creen que a pesar de este reconocimiento cobran
poco. «Es muy triste que tengamos unos sueldos tan
bajos», se lamenta Hoven. «La paga depende del
tiempo que el profesor lleve trabajando. Uno joven recién
llegado al colegio puede ganar unos 1.600 euros brutos.
Con los años puede llegar a ganar unos 2.400. Todo
el mundo opina que es muy poco».
La OCDE
da unas cifras un poco más altas, algo más
de 26.000 euros brutos anuales para un recién llegado,
más o menos el equivalente a la renta per capita
del país (26.478 dólares, en 2002).
A pesar
de ello, muchos jóvenes aspiran a convertirse en
profesores.Y ello redunda en la calidad del sistema. Las
universidades que ofrecen titulaciones de profesor sólo
pueden aceptar al 15% de los alumnos que solicitan matricularse
cada año. El 85% restante queda fuera. La selección
es brutal y se garantiza que sólo los más
brillantes terminan por acceder a las facultades.
20
AÑOS DE UNIVERSIDAD
Cuando acaban
las clases, Jenni dedica media hora a hacer los deberes.
Después, va a clases de ballet cuatro días
a la semana o sale un rato con sus amigas. Casi nunca ve
la televisión y lo más normal es que a las
nueve de la noche ya esté en la cama.
Si sale
con sus amigas no charlan de chicos o de música pop.O
no sólo. Sorprendentemente, pasa buena parte de su
tiempo libre discutiendo sobre los deberes. «Nos juntamos
en el centro comercial y vamos a ver una peli, pero acabamos
tratando de arreglar los deberes o hablando del próximo
examen. Si alguna de nosotras no ha tenido tiempo de estudiar
suficiente o hay algo que no entiende, las demás
se lo explicamos. Cuidamos una de otra».
La chica
está muy motivada con sus estudios porque tiene bastante
claro lo que quiere. Como la mayoría de sus amigos,
el otoño que viene seguirá estudiando. Empezará
los tres años de Educación Secundaria Superior,
la etapa en que la escolarización deja de ser obligatoria
en Finlandia.
Se graduará
con 19 años y tratará de acceder a la Universidad.El
71% de estudiantes finlandeses llega a la Universidad. Desde
hace años sueña con estudiar Medicina. «Me
gustaría ser doctora, ayudar a la gente».
Tanto la
Secundaria Superior como la Universidad son gratuitas en
Finlandia. Si aprueba los exámenes de acceso uno
puede estudiar durante 20 años si le da la gana,
aunque la mayoría de universitarios no pasan más
de siete (tampoco menos de cinco).
Otro de
los descansos entre clases está a punto de acabar.
Con briosa energía, Jenni coge su mochila y revisa
una vez más si le han mandado algún mensaje
al móvil. Le toca volver a clase en el sistema educativo
más eficaz del mundo.
JENNI
SINKONEN
Tiene 15
años y estudia 9º curso, el último de
la Enseñanza Obligatoria del sistema finlandés,
en el colegio Ressu de Helsinki.l Cuando acabe este curso
habrá sobrellevado una carga lectiva de 6.126 horas
de clase desde los siete años. l Al final de su periodo
de escolarización obligatoria el Estado finalndés
habrá invertido en su formación 40.866 euros.
l Se graduará de Secundaria Superior con 19 años
y estudiará Medicina. El 71% de alumnos finlandeses
acaba ingresando en la Universidad. l Pasa unas siete horas
en clase y necesita alrededor de media hora diaria para
hacer sus deberes. l Además de su lengua natal estudia
sueco, inglés y francés. Tiene además
la posibilidad de estudiar un cuarto idioma, alemán
o ruso. l Fuera de horas lectivas practica ballet cuatro
días a la semana.
ELENA
BARTOLOMÉ
Tiene 15
años y estudia 4º de Enseñanza Secundaria
Obligatoria (ESO), el último de escolarización
forzosa del sistema español en el Instituto Juan
de Mairena de San Sebastián de los Reyes (Madrid).
l Cuando acabe este curso habrá sobrellevado una
carga lectiva de 7.731 horas de clase desde los siete años.
l Al final de su escolarización obligatoria el Estado
español habrá invertido en ella 35.155 euros.
l Se graduará de Bachillerato con 17 años
y estudiará Periodismo. El 50% de alumnos españoles
acaba ingresando en la Universidad (un 19% más realiza
otro tipo de estudios superiores.l Pasa unas siete horas
en clase y necesita hasta dos horas diarias para hacer sus
deberes. l Además de su lengua natal estudia inglés
y francés como optativa. l Fuera de horas lectivas
estudia inglés y practica aerobic.
ERJA
HOVEN
Tiene 47
años (21 de profesora). Enseña Física
y es directora del colegio Ressu de Helsinki. l Imparte
clases a grupos de entre 21 y 26 alumnos. l Cobra aproximadamente
3.400 euros (brutos).Según la OCDE, el salario en
Finlandia de un profesor de Secundaria es de 30.575 euros
anuales al empezar, 36.625 euros tras 15 años y 38.325
euros al final de su carrera. l El 71,4% de profesores de
Secundaria Obligatoria son mujeres frente al 46% en la Enseñanza
Superior. l Una demanda: «Es muy triste que tengamos
unos sueldos tan bajos. Todo el mundo opina que ganamos
muy poco».
ANGELES
GONZALEZ
Tiene 46
años (22 de profesora). Enseña Biología
y Geología en el Instituto Juan de Mairena de San
Sebastián de los Reyes (Madrid). l Imparte clases
a grupos de entre 17 y 25 alumnos.l Cobra aproximadamente
1.800 euros. Según la OCDE, el salario en España
de un profesor de Secundaria es de 23.562 euros anuales
al empezar, 27.580 euros tras 15 años y 34.322 euros
al final de su carrera. l El 59,8% de profesores de ESO
son mujeres frente al 35,2% en la Enseñanza Superior.
l Una demanda: «Los profesores estamos hartos de leyes
de Educación. Queremos un pacto de Estado que siente
las base de qué y cómo tenemos que hacer consensuado
por todos los sectores sociales».
EL
Mundo. Juho-Rissanen
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