La
Educación en Valores. In proyecto de vida que exige
redefinir los valores que queremos impulsar
La educación en valores se está
convirtiendo en una cuestión
explícitamente prioritaria en el ámbito educativo
de una manera generalizada y universal, aunque en cada sociedad
esta prioridad se expresa de forma diferente y nos indica
también aspectos diferentes.
Entre nosotros, hoy, esta prioridad
se centra en la pérdida de valores, de referentes.
Se habla
de vacío de valores, de una cierta
crisis de valores, de nuevos valores o de valores tradicionales,
universales, morales, religiosos, familiares, sociales,
etc.
Sin ser del todo conscientes tendemos a idealizar el pasado
y no es difícil encontrarnos hablando con cierta
preocupación que hasta hace relativamente poco tiempo
nuestro alumnado y sus familias tenían unos valores
de los cuales actualmente están faltos. Este es uno
de los aspectos que invitan a la reflexión en diferentes
sentidos.
1. El valor
de los valores
Entendemos por valores el conjunto
de calidades que hacen que una persona o cosa sea apreciada.
Los valores se concretan en comportamientos específicos,
en predisposiciones y actitudes hacia el mundo y hacia las
demás personas. Pero los valores son conceptos ambiguos,
complejos, variables, polisémicos. Vemos, por ejemplo,
la complejidad de significados del valor de la autonomía
personal:
Probablemente podríamos suscribir
que por persona autónoma se entiende aquella persona
que es capaz de no depender de los demás, de ser
individuo por ella misma, que practica en cierto modo la
cultura del ego, que es competitiva, fuerte, poco emotiva,
etc. En cambio, nuestro significado de autonomía
personal es diferente. La hemos de conseguir a partir del
aprendizaje de elementos de la cultura de las relaciones
interpersonales y de la confianza, buscar la autonomía
a partir de las redes de dependencias entre las personas,
la ternura. la flexibilidad, la armonía, etc.
Es decir, en
una sociedad en cambio, los valores adoptan formas nuevas
y necesitan aprendizajes específicos.
Del mismo modo, las nuevas formas y los nuevos aprendizajes
pueden derivar en una nueva redefinición de los valores.
Tenemos que ser extremamente prudentes con las definiciones
que se pretenden que sean universales y atemporales. Tenemos
que preferir múltiples aproximaciones a una definición
consensuada de los valores concretos, a no dar paso al espejismo
de encontrar la definición.
Cuando hablamos de valores, ¿nos
referimos a los derechos y deberes sociales?¿ O cuando
nos referimos a los valores perdidos, nos estamos refiriendo
a la carencia de implicación de las personas en los
deberes sociales? Un deber es una obligación, un
ligando que exige una conducta determinada. Una conducta
correcta, no cualquiera conducta: una conducta responsable
y respetuosa. Se puede dar la situación, y de hecho
quizás se podría generalizar, que el alumnado
poco motivado y con un comportamiento poco responsable y
respetuoso al centro, fuera de la escuela muestre un comportamiento
que podríamos calificar de extremadamente responsable,
por ejemplo en el cuidado de los hermanos más pequeños,
de personas grandes a cargo de la familia o hasta a la hora
de proveer recursos para la vida cotidiana.
Para que la persona ejecute algo que
depende de su voluntad, de la manera como se espera que
lo ejecute -correctamente, de acuerdo con las expectativas
sociales establecidas-, tiene que haber un compromiso, un
proyecto que le anime a comportarse de una determinada manera.
Este es un elemento clave que hace
falta tener presente en la escuela para trabajar los valores:
la motivación del alumnado por un proyecto concreto
y compartido.
2. El aprendizaje
de los valores
Hace falta tener muy presente que,
siempre y en todas partes, educar en valores ha sido y es
inherente al mismo proceso de transmisión cultural,
independientemente de cual sea la cultura e independientemente
también de la generación. Los valores de los
diferentes individuos que componen la comunidad escolar,
están vinculados al proceso de culturización
de cada uno, vertebrados en el seno de una cultura, de un
momento histórico y de un contexto socioeconómico
y político concretos. Se han elaborado para cada
individuo en un proceso único, pero están
mediatizados por los universos simbólicos de referencia,
que son colectivos.
La educación
en valores pasa, pues, en primer termino, por los sujetos
culturales y sociales de la comunidad escolar
-docentes, no docentes, alumnos, familias...- que articulamos
con nuestra interacción cotidiana una red compleja
de relaciones sociales, empapada de múltiplos y diversos
valores implícitos y explícitos que configuran,
y lo continuarán haciendo, el universo en qué,
todos, unos y otros, resolvemos nuestra existencia y aprendemos
a vivir como individuos sociales.
Es fundamental la reflexión
crítica sobre los universos simbólicos colectivos,
sobre los criterios de autoridad que les legitiman y sobre
las medidas que se utilizan para su consolidación
perpetuación. En este sentido, la escuela tiene establecidos
los valores centrales de su proyecto, pero el significado
que los diferentes colectivos atribuyen a estos valores
puede no ser coincidentes. Además, los comportamientos
humanos varían según el contexto, el momento,
las personas implicadas en la situación, etc.; por
lo tanto, son flexibles, no son estables ni inmutables.
Es igualmente importante velar por
el desarrollo de una interacción positiva entre los
diferentes individuos implicados en la comunidad escolar,
porque esta interacción positiva es la que posibilita
ir construyendo una identidad individual basada en el reconocimiento
de la dignidad de todas y cada una de las personas implicadas
en el proceso educativo.
Todas las actividades creativas, entre
las cuales consideramos el proyecto educativo de las personas,
implican, además de unos derechos, un conjunto de
deberes y obligaciones, que sin duda echamos de menos y
reclamamos con urgencia. Sí quiero construir una
casa, tengo que calcular la resistencia de los materiales;
si quiero hacer feliz a una persona, tengo que realizar
unas acciones y omitir otras. Si el interés es desarrollar
un proyecto educativo que incorpore una propuesta de educación
en valores, hacen falta algunas consideraciones previas:
- Proponerse
la realización de cambios concretos en la vida
cotidiana de la escuela en aspectos que se vinculen con
la modificación de comportamientos entre el alumnado,
entre el profesorado y entre ambos colectivos.
- Crear
unas condiciones favorables en los centros para que el
profesorado pueda compartir dudas y convencimientos, con
el interés de concretar el consenso sobre el cambio.
Establecer estas condiciones favorables también
implica tomar decisiones sobre cuestiones muy concretas,
como son la distribución del tiempo, la asignación
de espacios y recursos, la voluntad de establecer consensos,
etc.
- Crear
las mismas condiciones favorables, ahora en relación
con el alumnado. Que entre ellos junto con el profesorado
puedan discutir y establecer aquel proyecto compartido,
no impuesto, tan necesario para la motivación personal
y colectiva.
- Establecer
unos espacios y horarios de encuentro con las familias
para debatir cuestiones relacionadas con la socialización
de los alumnos y conocer de esta forma los diferentes
puntos de vista de las familia.
- Utilizar
instrumentos concretos que permitan la concreción
y comparación de situaciones, entre personas, en
diferentes momentos, con diferente motivo o con diferentes
implicados, causas o consecuencias, con el fin de no generalizar
negativamente en relación con los valores de la
escuela.
Solamente
concretando los comportamientos podremos arbitrar cambios
concretos en la vida escolar que
favorezcan un camino de encuentro en la redefinición
de los valores centrales del proyecto educativo compartido.
3. Pertenencia
histórica.
La LOGSE
establece que a la escuela le corresponde la tarea entre
otras, de desarrollar unos "ejes transversales"
y unas "actitudes, valores y normas" determinadas
en todas las áreas de conocimiento.
Las nuevas nomenclaturas y regulaciones
en materia de educación explican una serie de intenciones
normativas y sugerencias en este sentido, actualmente bastante
desarrolladas, aunque a menudo pendientes de concretar.
Los cambios sociales y tecnológicos,
altamente relacionados, son determinantes en la configuración
de la sociedad del presente y del futuro, y para encararlos
correctamente desde el mundo educativo hacen
falta elementos estructuradores que, desde un enfoque transversal,
engloben los aspectos intelectuales y morales con el objeto
de formar la ciudadanía capaz de afrontar los retos
del nuevo siglo.
La educación es un proyecto
de vida que exige ciertos compromisos por parte del profesorado,
pero indudablemente también por parte del alumnado,
las familias y la ciudad, y solamente es posible desarrollarlo
sí es concreto y al alcance de todos los implicados.
La responsabilidad social que nos corresponde no permite
aplazar más el establecimiento de las condiciones
favorables que permitan redefinir juntos los valores que
queremos impulsar.
Amparo Tomé
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