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1. ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) y los interes creados

Afectadas de anquilosis severa, las universidades españolas se ven ocasionalmente sacudidas por arrebatos de agitación. En lo que tienen de síntoma de vitalidad no cabe dejar de celebrarlo; pero en las últimas semanas están llegando fuera de los claustros ecos de un sordo descontento levantado, como casi siempre, en las muy sindicalizadas juntas de personal docente (las de la igualación rasante por principio) y por clanes dedicados a la defensa casi ferina del territorio académico que entienden propio. De allí salieron los clamores que auguraban desastres con la llegada de la LOU que, dos años después, rige razonablemente bien la vida de las universidades.

Ésta vino a sustituir a una Ley de Reforma Universitaria que había conducido a lo que la mayoría más autorizada consideraba una situación límite. Uno de los síntomas, y también causa, de esa situación era el sistema de acceso al ejercicio docente con condición funcionarial mediante unas pruebas poco exigentes y un procedimiento tan mediatizado por cada universidad que, de hecho, podía eliminar la competencia garantizando el escalafonamiento del candidato de la casa aun cuando sus méritos no fuesen los más sobresalientes; lo que se dio en llamar endogamia. Todo ello era síntoma de un declive en los niveles de autoexigencia en la calidad que está en la raíz de que la competitividad de la universidad española, aun habiendo crecido, esté lejos de lo deseable y lo posible. Las setenta (sí, setenta) universidades españolas, públicas y privadas, expiden títulos con igual valor oficial y, lógicamente, para que respondan a una preparación académica homologable es necesario un sistema público de evaluación y acreditación de su calidad. Por ello dispuso la LOU la creación de una Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) que, en su primer año de actividad, ha empezado a dejar notar su presencia en la vida universitaria, no a gusto de todos, y de ahí el vocerío que se esfuerza por hacerse oír, sobre todo, fuera de las propias universidades.

De los cometidos que la LOU encomienda a la ANECA, el que más ha irritado ciertas susceptibilidades ha sido la evaluación de los candidatos a determinadas modalidades de contratación. Para acceder al contrato, el candidato debe haber obtenido una evaluación positiva de su carrera académica previa. Tres cuartas partes de quienes hasta ahora la han solicitado han obtenido evaluación positiva, lo que es indicio tanto de que el nivel del profesorado en estadios preliminares de la carrera académica es correcto, como de que el procedimiento es equilibrado y operativo. El desabrimiento ha venido, claro, del veinticinco por cierto de quienes habrán de esperar al menos seis meses para volver a someter a evaluación sus curricula, y de sus allegados y valedores. En algún sonado caso, el descontento se ha canalizado por la vía del dossier a base de medias verdades, tergiversaciones y vituperios con sus finalidades habituales de confundir y amedrentar. Se han puesto en circulación argumentos que merecen alguna consideración.

Un primer plano de rechazo a la existencia de un sistema público de evaluación parte del repudio por principio de la misma. Su inconsistencia es tal que a veces cuesta pensar que quienes tales cosas arguyen lo hagan con un mínimo de conocimiento y sentido constructivo. Por ejemplo, al ejercicio por la Administración de una función certificativa ajustada a todo requisito formal y legal se le llama «estatalismo autoritario» invasor de la «sociedad civil»; encarnada, al parecer, en instituciones sostenidas con fondos públicos, cuyos actos surten efectos legales y pobladas por funcionarios y aspirantes a serlo más que a ninguna otra cosa. O sostener que medir la calidad del trabajo académico de acuerdo con criterios que valoren la proyección exterior del mismo, además de ser «aldeanismo» sea desconocer «cualquier idea de España»; ya se sabe cuán socorrido es, en ausencia de razones, esto del patriotismo extemporáneo.

Más interés tiene la suposición de que instituciones como la ANECA no pueden hacer técnica y moralmente lo que hacen, sin embargo, con rigor y tino. Se dice que quienes evalúan, catedráticos con decenas de años de vida profesional y densos curricula, no pueden hacerlo por no ser expertos de todos y cada uno de los campos del saber presentes en las universidades españolas, y además porque no reúnen méritos ni están capacitados ni siquiera en lo suyo, de acuerdo con una grosera manipulación de su producción científica. Pero eso importa poco. Lo sustancial es si el mérito profesional se puede estimar y valorar de acuerdo con índices y pautas distintos al dominio de una materia. Quienes sostienen lo contrario contradicen con poco más que mero voluntarismo una práctica universal allí donde la vida académica es más pujante. Lo que tales evaluadores académicos hacen no es tan distinto a lo que se espera de los responsables de recursos humanos de una empresa. Basta que sepan apreciar los indicadores de calidad y garantía que permiten distinguir un perfil profesional sólido del que no lo es.

Y a nadie se le pasa por lo alto lo incompatible de esos métodos de apreciación de la calidad y estímulo de la excelencia con rutinas corporativas y maniobras de parcialidad. Como tales prácticas se resisten a desaparecer, si no tuviéramos ANECA sería urgente inventarla, que para mejorarla no faltará ocasión.

El Mundo, Sociedad, 25-11-03

 

2. Profesores universitarios se concentran en protesta contra la evaluación de la ANECA


Más de 1.600 profesores universitarios, según Comisiones Obreras, han secundado esta mañana en centros de varias comunidades las concentraciones convocadas por ese sindicato para protestar contra el sistema de evaluación de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA).

El sindicato considera que la ANECA actúa con 'oscurantismo y falta de transparencia' y reclama la creación de las distintas Agencias de Evaluación Autonómicas previstas en la Ley Orgánica de Universidades, según un comunicado de la federación de enseñanza de CC.OO. Además, las concentraciones estaban convocadas también para reivindicar a las universidades y comunidades autónomas la negociación de los convenios colectivos que regulan la figura del profesorado en contratación laboral, y exigir al ministerio de Educación la convocatoria de la Mesa Sectorial de Universidad.

Según los datos de CC.OO, en Andalucía se han concentrado 400 profesores; en Aragón, 50; en Castilla-La Mancha, 250; en Cataluña, 100; en el País Vasco, 120; en Extremadura, 120; en Madrid, 200; en Murcia, 120; y en Valencia, 150. En Madrid, en la Universidad Complutense, los concentrados fueron en torno a 70, según dijeron a Efe fuentes de ese centro así como el responsable de personal docente y de investigación de la secretaría de enseñanza de CCOO, Angel Ponce, presente en la protesta. Ponce explicó que 'entre hoy y mañana' se entregará en todos los rectorados un manifiesto con sus reivindicaciones. EFE

Agencia EFE, 28-11-03