Tema 2

 

Transporte y distribución de la energía.

 

Introducción.

 

La energía es imprescindible en la sociedad actual. Pero, las fuentes de energía se encuentran habitualmente separadas del lugar donde se consume, por tanto se hace necesario conocer los medios empleados para el transporte y distribución de la energía. Éste es el objetivo del presente tema.

 

 

2.1 Transporte y distribución de la energía eléctrica.

 

Recordemos que la energía eléctrica se produce en las centra­les eléctricas: hi­dráulicas, debidas a un salto del agua almacenada en una presa hasta las turbinas de la central; térmicas, cuyo medio de producción de energía es el vapor producido en un hogar ali­mentado por combustible sólido, lí­quido o gaseoso; y nucleares, cuya fuente de energía son los isótopos radiactivos. Mientras que el consumo de energía eléctrica tiene lugar en el hogar, en la calle y en cualquier actividad industrial. Se hace necesario, por tanto su transporte y distribución. Para ello, se utilizan conductores, por las condi­ciones prácticas, técnicas y econó­micas de esta clase de transporte, son hilos metálicos, generalmente de cobre (ya que es más barato), de pequeña sección variable depen­diendo de la capacidad e importan­cia de la línea, y en número tam­bién variable según la clase de trans­porte: corriente continua o alterna (monofásica o trifásica).

 

Se ha de conseguir un transporte eficaz, para ello se tienen en cuenta que:

 

Esque­ma de transporte y distribución de la energía eléctrica.

Los elementos principales son: el centro pro­ductor (central eléc­trica); un transformador de salida, que aumenta la tensión y dismi­nuye la intensidad en la misma proporción, de forma que su pro­ducto sea constante; la línea de transporte, con sus conductores apo­yados sobre torres metálicas; las estaciones  transformadoras  o subestaciones y las redes de dis­tribución.

 

LÍNEAS DE TRANSPORTE DE ENERGÍA ELÉCTRICA.

El objetivo fundamental es transportar la energía eléctrica lo más económicamente posible.

Como se ha comentado, es necesario reducir las pérdidas en los conductores por efecto Joule. Siendo las pérdidas de potencia proporcionales al cuadro de la intensidad, resulta convenien­te transportarla con la tensión más alta posible. Pero, a partir de los 100 KV se producen las llamadas pérdidas de corona por las des­cargas iónicas de la atmósfera, cau­santes de las. Entonces se busca una solución de compromiso: se intenta fijar una tensión que para la longitud de lí­nea y la potencia a transportar, dé el menor coste de transmisión por uni­dad de energía. Como regla empí­rica se suele decir que la adecuada tensión en KV es igual a la mitad de la longitud de transporte en kiló­metros (por ejemplo, 200 KV para 400 Km.).

En las líneas de transporte trifásicas, las tres fases tienen que conservar entre sí una cierta distancia (metros) porque de otro modo serían demasiado grandes las pérdidas reactivas (gran inductancia mutua). Para los transportes por ca­ble a larga distancia (por ejemplo, para atravesar grandes ríos o bra­zos de mar), hay que acudir a la corriente continua de alta tensión, porque los cables de alta tensión trifásica resultarían demasiado caros. El método requiere la presen­cia de rectificadores de mercurio para corriente continua y alterna en los extremos.

 

Protección de sobre-corrientes.

En caso de cortocircuito o de so­brecarga de una línea, la intensi­dad puede resultar tan grande que dañe las instalaciones. Las partes afectadas tienen que desco­nectarse, lo cual es misión de las protecciones de sobre-corriente. Éstas son fusibles o interruptores automáticos. Los fusibles son hilos metálicos, frecuentemente de pla­ta, que se funden en caso de exce­so de corriente. Los tapones fusi­bles empleados en las casas sue­len ser de este tipo. Los fusibles pueden usarse hasta los 30 KV y contienen entonces algún medio, por ejemplo, arena, que, refrigerando, apaga el arco formado por la inte­rrupción de la corriente. Con tensiones mayores y grandes corrientes, el arco resulta muy difícil de apagar. Entonces se emplean interruptores, accionados automáticamente por relés de protección conectados a las líneas a través de transformado­res de medida.

Los dos contactos metálicos de los interruptores se abren muy rá­pidamente en ciertos aparatos con ayuda de aire comprimido. El arco se alarga, es refrigerado por el aire comprimido y se apaga. Otro tipo es el interruptor de aceite, en el cual los contactos, sumergidos en acei­te, son abiertos por muelles. Si la abertura es insuficiente, el arco puede seguir destituyendo rápidamente el interruptor. Este tiene, pues, que ser dimensionado de acuerdo con la co­rriente de cortocircuito producida por el sistema de red conectada. Los interruptores se emplean también para los cortes de línea voluntarios causados por reparaciones, amplia­ciones, etc.

 

ESTACIONES TRANSFORMADORAS O SUBESTACIONES.

La transformación y distribución de energía eléctrica tiene lugar en estaciones de distintos tipos y po­tencias: las estaciones transformado­ras o subestaciones, situadas a lo largo de las líneas de transporte. La entrada y salida del servicio de líneas, así como el control del ser­vicio y de los objetos conectados de la corriente entrante y saliente, exigen cantidad de aparatos que se concentran aquí. Para bajas tensio­nes, las subestaciones suelen es­tar bajo techo; en cambio, para alta tensión se usa cada vez más la sub­estación al aire libre. La subestación es un conjunto complicado, lleno de líneas, de aisladores y con un bos­que de postes.

Uno de los aparatos más impor­tantes de una subestación es el interruptor, que con ayuda de los relés protege contra los defectos de las instalaciones. Las líneas más importantes se equipan con pro­tección a distancia, que propor­ciona un tiempo de interrupción adecuado a la situación y al tipo de trastorno. Es muy importante para todas las líneas disponer de una protección selectiva. Esta tiene que desconectar la líneas afectada por la avería por medio del interruptor más cercano y con los menores estorbos posibles para el resto de la red.

Otros órganos de acoplamiento en las subestaciones son los seccio­nadores, que pueden ser manio­brados solos sin necesidad de co­rriente y los interruptores de poten­cia, que pueden abrirse bajo co­rriente normal.

Aparatos de protección contra las sobre-tensiones son las vál­vulas de derivación que se insta­lan entre una fase y la tierra. Son, en principio, resistencias sensi­bles a la tensión (poca resisten­cia con mucha tensión), compues­tas frecuentemente por carburo de silicio. Estas válvulas tienen que ser adaptadas a las circuns­tancias locales, ya que tienen que cerrarse a la tensión normal una vez pasada la sobre-tensión.

Todos estos dispositivos de aco­plamiento y protección se reúnen en la subestación, eventualmente con un reactor de apagado, compensa­dores de fase, etc. En el edificio auxi­liar de control se reúnen los relés, instrumentos y aparatos de medida de corriente, tensión, potencia, etc. Frecuentemente las subestaciones son dirigidas a distancia por una torre de mando central para toda la red.

En algunos casos se colocan tam­bién en la subestación condensa­dores para compensación de fase. Están constituidos por delgadas hojas de aluminio, separadas por hojas aislantes de papel impregnado de aceite dieléctrico.

El desarrollo de energía en cada cortocircuito puede ser enorme y conlleva grandes riesgos, no sólo de daños materiales, sino también para el personal: quemaduras por el gran calor de los gases ionizados que se desprenden del punto de cor­tocircuito, daños en los ojos por la intensidad de luz de la chispa, o peligro de las piezas lanzadas lejos por una explosión.

Como el precio tanto de los inte­rruptores como de los restantes apa­ratos de una subestación, aumenta progresivamente con la capacidad de ruptura o con los cortocircuitos, resulta interesante limitar los efec­tos de un cortocircuito en la red. Esto puede conseguirse por reac­tores de limitación de corriente o por subdivisión de la red en gru­pos.

Se tiende a que todas las centra­les estén interconectadas, pero con subdivisión en grupos (bloques de energía). De esta forma puede com­pensarse una sequía en un ex­tremo del país por la abundancia de agua en otras partes. Como la situación de la demanda de ener­gía y de la producción posible varía mucho de una región a otra, es de esta forma como se explota mejor el total, que resultaría mal utiliza­do, si cada central trabajara inde­pendientemente.

 

REDES DE DISTRIBUCIÓN.

La línea de alta tensión que trans­porta la energía desde el centro pro­ductor, no alimenta directamente al consumidor, ya que el manejo de tensiones elevadas es muy peligro­so y requiere personal especializado.

La línea de alta tensión recibe el nombre de red primaría. Al llegar a núcleos de población, la red prima­ria lleva el fluido a estaciones de transformación, en las que se reba­ja la tensión a valores inferiores, aun­que superiores todavía a los que consumen los abonados. Ello tiene por objeto distribuir la energía de un modo económico aunque sin el peligro de la alta tensión de la red primaria. El conjunto de instalacio­nes entre las estaciones transformadoras y las subestaciones, que fi­nalmente distribuirán la energía eléc­trica para el consumo, se denomina red secundaria.

En general, la red secundaria no solamente une una estación trans­formadora con una única subesta­ción, sino que enlaza varias de ellas de modo que la red queda alimenta­da por varios puntos y, asimismo, alimenta a múltiples redes de baja tensión.

Las redes suelen estar cerradas en forma de anillo, para que, de este modo, a un punto determinado le llegue corriente por diversos cami­nos, y así en caso de avería por rotura, por ejemplo, de un conductor de la red, no faltará el suminis­tro.

Tal como se acaba de explicar, la red de baja tensión se encarga de llevar a los distintos usuarios la energía eléctrica que necesitan.

La red de baja tensión se alimen­ta en la subestaciones de transfor­mación, y recorre, ya sea aérea o subterráneamente, las distintas ca­lles de una ciudad, a fin de que se conecten a ella las diversas aco­metidas de los consumidores.

Las redes de baja tensión forman también anillos cerrados, alimentán­dose por diversos puntos a fin de que quede asegurado el suministro de corriente, aun en caso de avería en algún lugar de la red.

 

FORMAS DE ALIMENTACIÓN DE RECEPTORES.

La estación transformadora o ge­neradora mantiene entre los conduc­tores una tensión constante V. En derivación con estos conductores, se conectan los distintos recepto­res, que consumen unas intensida­des, cumpliéndose que: la intensi­dad total suministrada por el generador es igual a la suma de las in­tensidades consumidas por cada uno de los receptores.

La principal ventaja de la alimen­tación a tensión constante, también llamada en paralelo, es la absoluta independencia de los receptores; es decir, que la conexión de uno de ellos no repercute en el funciona­miento de los demás.

El hecho de que a medida que nos vayamos acercando a la uni­dad de alimentación, la intensidad que llevan los conductores vaya cre­ciendo, implica la necesidad de em­plear cables de gran sección, lo cual constituye el principal inconvenien­te de la distribución en paralelo.

Un caso particular muy usado de distribución a tensión constante, lo constituyen las líneas trifásicas a cuatro hilos. Tres de ellos, de la mis­ma sección, constituyen las 3 fa­ses, y el restante (en general de menor sección) realiza la función de neutro.

Entre cada fase y neutro hay una tensión V igual en los tres, de modo que conectando receptores entre ellos, los tendremos alimentados a esta tensión. Entre cada dos fases hay una tensión mayor igual a la anterior multiplicada por F3 (es de­cir, V x F3)~ siendo posible, por tanto, alimentar receptores a esta tensión. Los receptores trifásicos (como mo­tores, calefactores de gran poten­cia, etc.) se conectan a las tres fa­ses.

La gran ventaja de este sistema de distribución consiste, por tanto, en disponer de dos tensiones dis­tintas y, al mismo tiempo, de poder alimentar receptores trifásicos.

Las tensiones más usuales en baja tensión son 127 V y 220 V, entre fase y neutro, resultando las ten­siones conjuntas, entre fases, respectivamente iguales a 127 x ~F3 = 220V,y220x ~[5~=380V

La alimentación a intensidad cons­tante, también llamada en serie, consiste en conectar todos los receptores uno detrás de otro. En este caso, la intensidad suministrada por el generador es igual a cada una de las intensidades que circulan por cada receptor, o sea que todas las intensidades son iguales, propiedad que da el nombre de alimentación a intensidad constante a este siste­ma de distribución.

La tensión en bornes del genera­dor es igual a la suma de las ten­siones que hay en los extremos de cada receptor.

La alimentación en serie es la más sencilla de todas, pues se necesita un solo hilo conductor de sección constante (la intensidad no varía), que representa un gran ahorro de material.

 

Presenta, en cambio, los siguien­tes inconvenientes:

Los receptores no son indepen­dientes entre sí. En efecto, si uno de ellos se estropea e interrum­pe la corriente que por él circu­la, dejará sin alimentación a to­dos los demás. Este inconveniente se supera fácilmente, conectan­do en cada receptor un interrup­tor automático, que se cierra cuan­do sucede la avería.

Cuando el número de receptores es muy grande, es necesario el empleo de tensiones muy eleva­das. En efecto, si se han de ali­mentar, por ejemplo, 50 lámpa­ras de 220 V, sería necesario que el generador suministrase una tensión de 220 x 50 = 11.000 V. Esto constituye un grave incon­veniente, pues tendrán que ser personas expertas las que mani­pulen la instalación, y será ne­cesaria la utilización de aislantes de buena calidad (que natural­mente son caros). Una de las apli­caciones más importantes de la alimentación a intensidad cons­tante la constituye la iluminación pública de calles y plazas. En estos casos los receptores se po­nen en marcha y se paran todos al mismo tiempo, lo que hace que sean dependientes unos de los otros; la utilización del interrup­tor automático es necesaria si se quiere que no quede interrumpi­da la conexión en caso de ave­ría en una de las lámparas.

 

 

2.2 Transporte y distribución de la energía calorífica.

 

TRANSPORTE DE LA ENERGÍA CALORÍFICA.

Los productos de la combustión que están constituidos por nitró­geno, C02 y vapor de agua, prin­cipalmente, no son un fluido muy adecuado para efectuar el trans­porte de la energía calorífica con un consumo razonable de energía mecánica, por lo que es necesa­rio recurrir a calentar con los ga­ses de combustión otros fluidos más propicios para el transporte Entre estos últimos, los que tienen una gran aplicación en la industria son el agua, el vapor de agua, los de­nominados líquidos termales, como el Dowtherm, sales fundidas, los aceites minerales y metales fundi­dos. Todos ellos tienen en común que su capacidad calorífica es gran­de, son químicamente estables en su rango de aplicación, su presión de vapor permite utilizar diseños económicos y la energía mecáni­ca que hay que suministrar a estos fluidos para su transporte es aceptable. En el caso de que qui­siéramos utilizar los gases de com­bustión como medio de transpor­te, veríamos que sus mayores in­convenientes son que, debido a su pequeña capacidad calorífica, se necesita mover una masa muy gran­de de ellos; esto supondría utili­zar conductos muy voluminosos y consumir una proporción muy gran­de de energía mecánica para suministrar la presión necesaria para vencer los rozamientos por los con­ductos de instalación.

Por otra parte, los gases son co­rrosivos, circunstancia que nos obli­garía a utilizar materiales de cons­trucción caros.

El vapor de agua es el fluido más comúnmente utilizado como vehículo para el transporte de calor, puesto que no es tóxico; su mayor limita­ción es que su presión de vapor se eleva considerablemente para tem­peraturas de más de 5000C.

 

CALENTADORES.

Para ceder el calor del medio al ambiente se emplean aparatos de ca­lefacción de diversos tipos, que fre­cuentemente ceden el calor por convección o por radiación. Serpenti­nas de tubos lisos se emplean princi­palmente en fábricas, almacenes, así como en invernaderos de plantas.

Es un tipo sencillo y efectivo, fá­cil de mantener limpio.

Tubos de peine (o tubos en pei­ne con bridas), de hierro fundido o forjado, dotados de aletas forman­do peines más o menos tupidos que aumentan la superficie calentadora, se emplean sobre todo en locales de espacio reducido y sin preten­siones estéticas.

Los calentadores más corrientes para edificios son los radiadores de chapa de 11,5 mm de espesor, de elementos unidos por soldadura en secciones de adecuada longitud, mientras que los radiadores de fun­dición se emplean hoy sólo para ca­lefacción con vapor.

En contraste con la calefacción por radiadores, donde el calor es transmitido  al  local tanto por convección como por radiación, el sistema de calefacción por radiación consiste en introducir en suelos y techos o paredes tubos lisos de ca­lefacción. En contraste está la calefacción con radiadores, donde el calor es transmitido al local tanto por convección como por radiación. Los convectores son un tipo de radiadores o de tubos en peine que ceden el calor sólo por con­vección. Se empotran en las pare­des por debajo de las ventanas. Por la acción de la chimenea del hueco de la ventana, se produce alrede­dor una buena velocidad de circu­lación del aire caliente.

Una batería de aire caliente, que se emplea para calentar con aire circulante, se compone en principio de una cantidad de tubos de acero de poco diámetro formando peine y acoplados por secciones. Como por­tador de calor se emplea vapor o agua de más o menos temperatura. Para aumentar la capacidad de ce­sión de calor de la batería, se insufla aire a través de ella con un ventila­dor. Este tipo de calefacción se em­plea corrientemente en talleres, garajes, almacenes, cines y otras salas de reunión.

Para insuflar aire caliente en ofi­cinas o similares se utilizan normal­mente los llamados climatizadores, aparatos provistos de un dispositivo para dosificar el aire, filtros de aire, baterías de calor y ventiladores.

 

SISTEMA DE CALEFACIÓN.

La distribución de la energía calorífica desde el lugar donde el calor se produce hasta el lugar donde se emplea, necesita un medio (lí­quido o gaseoso) que pueda fluir fácilmente por las tuberías o simi­lares, y que absorba el calor.

Para el calentamiento de loca­les, el aire es el medio natural para transportar el calor en interiores. Sin embargo, puede también calen­tarse el aire para varios locales en un punto central, desde donde se distribuye después a los diferentes sitios. Para distancias mayores, el único medio prácticamente utiliza­ble es el agua o el vapor de agua. Mientras la temperatura requerida en el lugar de empleo sea inferior a los 70~75oC, se puede trabajar con el agua a presión atmosférica en un sistema abierto, como en la calefacción de edificios; pero si se requieren temperaturas más altas, que es normalmente el caso en la mayoría de los procesos industria­les, incluso en los sistemas de ca­lefacción a distancia hay que po­ner el agua a presión o emplear el vapor a baja presión, pero en los procesos industriales se suele tra­bajar con vapor a alta presión.

Sin embargo, para calentar edifi­cios con calefacción central, se em­plean sistemas de agua caliente, por su mayor sencillez y porque al no estar sometidas a presión las tuberías, no se precisa mu­cha calidad.

Un sistema de vapor a baja pre­sión es más barato que uno con el sistema de agua caliente, pero es difícil su regulación central y la consecuencia es frecuentemente una mala economía de explotación. Como las superficies de las estu­fas se ponen muy calientes (más de 1000C) se calienta el polvo del aire, que huele mal. Además pue­den resultar irritantes los ruidos que se oyen frecuentemente en los ra­diadores. Hoy en día se utiliza el sistema de vapor en las grandes cocinas, lavaderos, instalaciones de baños, grandes naves o alma­cenes, así como en algunas igle­sias. En América es el sistema co­rriente para la calefacción de los rascacielos.

A pesar de que el calor se trans­mite fácilmente al medio, se re­siste al transporte. Si el medio es al aire, el transporte se realiza con ayuda de ventiladores; si el medio es el agua caliente, puede haber autocirculación, pero lo normal es el empleo de bombas, que permi­ten trabajar con tuberías más pe­queñas.

Si el portador de calor es el va­por, la presión del aire suministrará el impulso hasta los separadores de agua del condensador, situados más allá de las superficies calientes, pero después no se puede utilizar la presión del vapor sin que el con­densador vuelva atrás por gravedad, o sea, recogido en pozos especia­les de condensación, para, desde allí, ser devuelto por bombeo a la caldera.

 

 

2.3 Transporte y distribución del agua.

 

EL TRANSPORTE DEL AGUA.

El agua es el elemento más esen­cial de la naturaleza para el hom­bre, los animales y las plantas, la industria y, en fin, para toda la vida sobre la Tierra.

Con ser muy abundante, el agua en nuestro planeta, cuya superficie cubre en sus dos terceras partes el mar, no siempre se encuentra en los sitios o en la cantidad o condiciones de potabilidad necesarias. Por tanto, hay que transportarla. Para hacer llegar el agua a donde no la hay, el hombre se vale de dos me­dios: desviar los cursos naturales del agua, que son los ríos, y trans­portarla desde allí para sus necesi­dades: abastecimiento de la pobla­ción y de la industria, riegos y pro­ducción de energía en los saltos hi­dráulicos.

De cualquier forma, el agua se puede transportar dejándola correr, por efecto de gravedad, o forzán­dola a moverse por presión.

 

Así, se tiene, por una parte, los canales, y por otra, las tuberías.

 

 

DISTRIBUCIÓN DEL AGUA EN EL INTERIOR DE LOS EDIFICIOS.

Tuberías y accesorios.

La necesidad de llevar el agua, a través de los edificios, hasta los pun­tos de uso, obliga a estudiar un sis­tema de conducciones eficientes, fá­ciles de mantener, y que creen tan pocos problemas como sea posible al adecuarse a la forma arquitectó­nica interior. Podemos aceptar en principio que, excepto en los sóta­nos, en locales de servicio y en los puntos de acceso a los aparatos de control y maniobra, la instalación nor­malmente debe estar oculta. En los edificios a base de entramado re­sistente, se tienen siempre espa­cios huecos donde ocultar la instalación, aunque en los edificios que deben ser resistentes al fuego, hay que disponer muchas veces de es­pacios para canalizaciones vertica­les y horizontales, debidamente revestidos.

Los efectos corrosivos del agua y la resistencia de los metales a la corrosión son usualmente objeto de estudio de los químicos y me­talúrgicos.

En general, en todos los casos debería efectuarse un tratamiento del agua para corregir sus efectos corrosivos. Entonces, teóricamen­te pueden usarse tuberías del ma­terial más barato (acero), aunque es prudente emplear un material me­jor. El acero galvanizado y el hie­rro forjado son mucho mejores contra la oxidación que el acero negro (no galvanizado). Entre los mate­riales no ferrosos, el latón rojo y el cobre resisten bien a la corrosión. La tubería de cobre es muy usada. Es más barata que el latón, se en­sambla más fácilmente, y no está expuesta al descincado, que es el ataque por los ácidos del zinc, cons­tituyente del latón.

Cuando las aguas son abrasivas, el plástico es muchas veces un buen material. Como el cobre, es ligero y se ensambla  con facili­dad. Para los tubos de acero y a veces para los de latón se emplean uniones roscadas. La roscada ex­terior del extremo de un tubo, ahusada, se embadurna con mi­nio o masilla y se introduce a rosca en el extremo correspondiente de un manguito, de otro tubo o de una pieza accesoria, de modo que las dos piezas queden perfectamen­te ajustadas.

En las tuberías de cobre las unio­nes soldadas se fundan en el efecto de atracción capilar que hace pe­netrar el material de soldadura en el espacio hueco, de forma cilín­drica, que queda entre las superfi­cies, que encajan, del extremo del tubo y del manguito o pieza que con él se une. Para ello se pulen y limpian las superficies, y se juntan las piezas que deben unirse, poniéndolas en su posición definiti­va.

Entonces se calientan y se echa soldadura fundida en el extremo hue­co circular que queda entre el tubo y el manguito. El material echado penetra entonces por capilaridad y llena todo el espacio cilíndrico de la unión. Los materiales empleados como soldadura son aleaciones de estaño y plomo o de estaño y anti­monio. Este tipo de unión tiene la ventaja de que se hace todo el en­samblado de las tuberías sin tener que hacer girar ninguna pieza (como ocurre con las uniones roscadas), y antes de empezar a efectuar las sol­daduras.

Para una misma resistencia los tubos de cobre pueden tener las pa­redes más delgadas, pues no que­dan debilitadas por las rocas que hay que tallar en otra clase de tu­berías.

Su superficie interior, lisa, ofrece menos rozamiento con el agua que circula por ellas. Aunque estos ti­pos de unión son los más corrien­tes en las obras pequeñas, las hay de otros muchos tipos. Los tubos de hierro de gran tamaño muchas veces se sueldan o se unen con bridas roblonadas.

Válvulas y grifos.

Se emplean válvulas de compuerta, de plato, de retención y de ángu­lo, según las necesidades de las distribuciones de agua.

Las válvulas de hasta 1 1/2 pul­gadas de diámetro deben ser de bronce, y las de 2 pulgadas en ade­lante deben tener el cuerpo de hie­rro y los discos y asientos de la válvula de bronce. Los grifos más corrientes son los de llave, los de presión y los de cierre automáti­co.

Las válvulas abren o cierran el paso del agua por las tuberías y los grifos, canillas o espitas sirven para dar salida a la misma.

 

 

2.4 Transporte y distribución del petróleo y gases combustibles

 

OLEODUCTOS Y OTROS TRANSPORTES POR TUBERÍA.

La importancia industrial, y eco­nómica de los combustibles fluidos, petróleo y sus derivados y gases combustibles, ha hecho que estos productos sean un índice muy significativo para valorar la riqueza o el desarrollo de un país. De ahí que sea fundamental el transporte de los mismos, desde los yacimientos a las refinerías de transformación y des­de éstas a los centros de consumo o a los muelles petroleros de los puertos para su expedición. La gran capacidad, velocidad y rentabilidad económica del transporte por tube­ría de estos productos hace insustituibles los oleoductos como medio de transporte rápido, seguro y económico.

El transporte a las largas distan­cias entre diferentes países se hace en los grandes buques petroleros, que alcanzan las 450.000 toneladas, verdaderos monstruos marinos, y desde los muelles petroleros hasta los centros de consumo y transfor­mación, se realiza mediante oleoductos, en los que el petróleo se mueve por diferencias de presión creadas en centrales de bombeo, establecidas al comienzo de cada tramo del oleoducto.

Lo mismo ocurre con los gaso­ductos, en los que los gases son transportados a gran presión y se caracterizan por ser tuberías de menor diámetro que las de los oleo­ductos.

En general, en todos los trans­portes por tubería conviene tener en cuenta las pérdidas, que se van acumulando a lo largo de la tube­ría; el control, que se lleva a cabo mediante llaves de paso, válvulas y manómetros o indicadores de pre­sión, y las condiciones técnicas y económicas de establecimiento y explotación, necesarias para lograr un transporte rápido, seguro y ren­table.

 

DISTRIBUCIÓN DE GASES COMBUSTIBLES.

Es la actividad de repartir gas a medía y baja presión, mediante re­des de tuberías, hasta las instala­ciones receptoras de los usuarios.

 

Las redes de distribución, cual­quiera que sea el sistema adopta­do, se proyectarán, ejecutarán y explotarán de forma que resulte garantizada la prestación del su­ministro en las condiciones estable­cidas en la concesión y autoriza­ción respectiva y siempre dentro de las normas de seguridad correspon­diente.

El cálculo de las redes de distri­bución y de su capacidad deberá atender no sólo las necesidades del momento y las previsiones deduci­das del crecimiento vegetativo, sino también en función del desarrollo económico y social dentro del área cubierta por la concesión.

En los núcleos urbanos pertene­cientes a la concesión, la red abar­cará todas las calles y plazas en las que, por su densidad de población y número posible de consumidores, no resulte antieconómica su instalación a juicio de la Delegación Provincial del Ministerio de Industria, oyendo a la Empresa interesada.

Deberán existir los Centros regu­ladores necesarios para proporcio­nar un suministro regular y cons­tante, habida cuenta de las carac­terísticas topográficas de la zona de abastecimiento

El emplazamiento de las válvulas y llaves se estudiará procurando que su situación permita en casos de avería, reducir en lo posible las zo­nas que hayan de aislarse y los suministros como consecuencia ten­gan que interrumpirse.

La red deberá tener los registros suficientes para la aplicación de los aparatos de contrastación. Estará así mismo protegida contra las varia­ciones de temperatura y en forma que el paso de vehículos no pueda dañarla.

 

1) El cálculo de las tuberías y de los elementos accesorios se hará teniendo en cuenta las características físico-químicas del gas, la presión de servicio, las pérdi­das de carga admisibles y cuan­tas garantías aconseje la insta­lación de que se trata.

2) Las tuberías enterradas se ten­derán de forma que la profundi­dad entre la generatriz superior de los   tubos y la superficie del suelo sea la suficiente para pro­teger la canalización de los es­fuerzos mecánicos exteriores a que se encuentren sometidas, te­niendo en cuenta la constitución del suelo y las protecciones adi­cionales utilizadas. Cuando la zanja se excave en el suelo ro­coso, se hará un lecho de mate­rial blando, no corrosivo, para que no se dañen los tubos o su re­vestimiento. Las tuberías estarán conveniente­mente protegidas contra la corro­sión exterior y lleva­rán protección catódica cuando sea preciso.

3) En las canalizaciones aéreas, los anclajes, soportes y la propia tu­bería deberán calcularse tenien­do en cuenta los esfuerzos que actúan simultáneamente sobre la misma. En el caso de canaliza­ciones próximas a vías de circu­lación deberán protegerse con­tra los posibles impactos de los vehículos que circulen por las mis­mas.

4) Cuando una canalización se ins­tale bajo el agua o bajo el nivel freático se tomarán todas las pre­cauciones necesarias para que las posibles corrientes no modi­fiquen las condiciones exigidas para la seguridad de canalización y se ajustará ésta conveniente­mente para evitar su desplazamiento en cualquier sentido. La posición de los extremos de la tubería se hallará convenien­temente balizada, y si la travesía del curso de agua es de im­portancia suficiente, podrá obli­garse a disponer en cada extre­mo de la misma una válvula de seccionamiento.

Los órganos de la Administración a cuya jurisdicción corresponda fijarán en cada caso las medidas de balizamiento y seguridad.

5) En las canalizaciones que discu­rren paralelas y en las proximi­dades de líneas eléctricas de alta tensión de comunicaciones, de fe­rrocarriles, de carreteras o aná­logas, o que las crucen, deberán tomarse las precauciones suple­mentarias adecuadas a juicio de la Administración competente, procurando que se pueda tender, re­parar o reemplazar la canaliza­ción de gas sin interrumpir el otro servicio y reduciendo al mínimo los riesgos que puedan existir en tales operaciones.

6) El transporte, colocación y mon­taje de las tuberías y elementos auxiliares o complementarios de las canalizaciones constituidas de un gasoducto y arterías de una red de distribución urbana debe­rá realizarse de forma que no re­sulten afectadas las condiciones de seguidas previstas para la ins­talación de que se trate.

Los materiales a emplear en las tuberías tendrán que cumplir de no existir normas nacionales o específicas publicadas por el Mi­nisterio de Industria en lo refe­rente a gas, las contenidas en normas de reconocido prestigio internacionales aceptadas por di­cho Ministerio.