Tema 3:
EL CONSUMO DE ENERGÍA EN ESPAÑA Y EN EL
MUNDO. CRITERIOS Y TÉCNICAS DE AHORRO ENERGÉTICO. ENERGÍAS ALTERNATIVAS
Profesores de Enseñanza Secundaria -
Especialidad: Tecnología
Tema 3: EL CONSUMO DE ENERGÍA EN
ESPAÑA Y EN EL MUNDO. CRITERIOS Y TÉCNICAS DE AHORRO ENERGÉTICO. ENERGÍAS
ALTERNATIVAS
1. LA ENERGÍA EN EL MUNDO
2. LA ENERGÍA EN ESPAÑA
2.1.Rasgos
básicos de la estructura energética española
2.2. Demanda y producción energética
3.TÉCNICAS DE AHORRO ENERGÉTICO
3.1. Técnicas Activas:
3.1.1. Regulación
3.1.2. Ciclos combinados. Cogeneración
3.1.3. Otras técnicas
3.1.3.1. Combustión en lecho fluido
presurizado
3.1.3.2.
Gasificación del carbón
3.1.3.3. Celdas de combustible
3.2.Técnicas
Pasivas:
3.2.1.Aislamiento
3.2.2.
Arquitectura solar
3.2.3.
Otros sistemas
3.3.
Otras técnicas de ahorro energético
4. ENERGÍAS ALTERNATIVAS
4.1. Fuentes de energía. Clasificación
4.2. Fuentes de energía de recursos renovables
4.2.1. Energía hidráulica
4.2.2. Energía solar
4.2.3. Energía Eólica
4.2.4.
Biomasa
4.2.5. Energía mareomotriz
4.2.6. Energía geotérmica
4.3.Comparativa
de energías alternativas
1. LA
ENERGÍA EN EL MUNDO
Las implicaciones económicas, ecológicas y de
desarrollo y equilibrio mundial que se tocan desde el tema de las fuentes de
energía, no permiten abordar el problema de la energía desde un punto de vista
parcial:
-El desarrollo humano ha venido tradicionalmente ligado
al consumo energético. El consumo energético a nivel mundial dista mucho de ser
homogéneo, de modo que la distinción entre "primer"
"segundo" y "tercer mundo" bien se podría realizar desde el
nivel de consumo de energía, que conlleva un cambio en el medio de vida que
pasa a ser urbano, con un progresivo abandono del medio rural. A esto hay que
añadir una explosión demográfica mundial, que tiende a concentrarse en
ciudades, y que afecta de modo desigual siendo especialmente acentuada en zonas
de bajo desarrollo económico y tecnológico.


-Por otra parte, Las
fuentes de energía convencionales (petróleo, carbón, incluso nuclear) se basan
en la explotación de recursos naturales finitos que se agotarán. Además su
utilización como combustibles, supone una terrible carga ambiental que la
Tierra no puede contrarrestar con sus mecanismos naturales que funcionan en
téminos de tiempo mucho más lentos que el vertiginoso desarrollo humano.

-Es imposible, a corto plazo sustituir estas fuentes
de energía, ya que eso supondría una ralentización de los procesos de
desarrollo de países y la renuncia (por parte de los demás países) a un grado
de bienestar ya conquistado.
-Como respuesta a esta situación, desde diversos
ámbitos científicos y tecnológicos se suceden las propuestas de explotación de
otros recursos más limpios, que puedan dar prestaciones parecidas a los modos
habituales de obtener calor para las viviendas, movimiento a los vehículos y
electricidad. Son las energías
alternativas o renovables, que son conceptos distintos que han venido a unirse;
alternativas en cuanto a que intentan servir como sustitutas del carbón,
petróleo y nuclear, renovables en cuanto a que pretenden aprovechar recursos
naturales que se regeneran de forma natural, o que son inagotables en términos
de tiempo referidos a la existencia humana en la Tierra (energía solar)

2. LA ENERGÍA
EN ESPAÑA
El enfoque localizado (en un país, en una región o
en una ciudad) del problema energético, sin duda será un reflejo de un problema
global, localizado a las condiciones propias de la zona, sólo cabe este estudio
aislado en términos económicos, los cuales sí se refieren a países. No tiene
sentido plantear desde un punto de vista medioambiental, la situación de un
país como coto cerrado, las políticas económicas lo son de cada país, las
políticas medioambientales, si tienen vocación de eficacia, deben ser globales.
En España, no es una excepción, el sector energético
tiene una gran importancia en el conjunto de la economía. Dos razones
justifican esa relevancia, por un lado, porque en toda economía industrial,
como es el caso de la española-- la energía tiene un destacado papel, al ser
indispensable en la práctica totalidad de los procesos productivos, Poro a
importancia de la energía dentro de la estructura económica española no queda
arteramente aclarada por lo que se acaba de señalar; es preciso, asimismo,
aludir a la escasez de recursos energéticos de nuestro subsuelo y a sus
implicaciones. Nuestro marco natural resulta bastante pobre en hidrocarburos a
lo que se une lo deficiente calidad y carestía de explotación de otros recursos
fósiles; esto origina un enorme déficit por contraste entre la débil producción
propia y unas necesidades relativamente elevadas, con negativas implicaciones
sobre la economía, e incluso nos atreveríamos a afirmar, que también sobre la
sociedad española, porque trasciende de lo estrictamente económico para influir
sobre otros aspectos de esa sociedad, como lo prueban los efectos de la crisis
energética en los años setenta sobre la vida del país.
2.1.Rasgos
básicos de la estructura energética española
Al contemplar lo que el sector energético en su
conjunto supone en la estructura económica de España, el primer rasgo
destacable es la posición clave que aquel ocupa dentro de ésta. Con ello se
quiere significar que nuestro sistema productivo -como el de cualquier economía
desarrollada- depende de la energía para su funcionamiento, de tal manera que
cualquier corte en su suministro podría acarrear la inmediata paralización de
toda actividad productiva.
Se puede apreciar que los sectores económicos en los
que se utiliza energía no producida en España, el consumo por este concepto
supone un valor superior a los 1.000 millones de pesetas al año. Como
excepciones a esta regla sólo encontramos, entre los 33 sectores identificados,
la fabricación de tractores y maquinaria agrícola, la fabricación de aeronaves
y otro material de transporte, y la industria tabaquera, cuyas compras
energéticas son del orden de unos cientos de millones de pesetas; a ellos se
añade el peculiar caso del sector producción imputada a servicios bancarios que
tiene su columna vacía.
El segundo rasgo importante es el ya señalado
déficit energético, que implica una elevada dependencia del exterior, al tener
que importar grandes cantidades de energía para cubrir e] consuno interior. En
el cuadro l se ha tratado de precisar la cuantía de esa dependencia,
comparándola con la que también sufren los países de la CEE., para que sirva
como término de referencia al juzgar la situación española.
Como se puede apreciar, el grado de dependencia
energética se mantiene sistemáticamente en los últimos doce años por encima del
60 por 100, alcanzando como media valores próximos al 65 por 100. Estas cifras
son suficientemente expresivas por sí mismas como para no requerir comentarios
adicionales. En todo caso cabe señalar una progresiva tendencia a la baja,
especialmente perceptible en los últimos años resultando no casual! sino
consecuencia de un permanente esfuerzo para reducir esa dependencia, objetivo
común a todos los planes energéticos elaborados desde el comienzo de la crisis,
desde el PEN-75 hasta el actual.
Evolución comparada del
grado de dependencia energética de España
A) Consumo
interior bruto (en 106 tep)
|
año |
A) Consumo
interior bruto (en 106
tep) |
B)
Producción interior bruta (en 106 tep) |
Grado de dependencia energética española (A-B)/A
en % |
Grado de dependencia Energética
CEE |
1973 57,68 15,18 73,7 62,3
1975
60,78 16,39 68,1
56,7
1977 67,36 19,30 71,4 55,1
1979 73,15 21,95 70 54,1
1981 70,72 20,64 70,8 46,9
1983 73,07 26,44 63,8 42
1984 74,34 29,43 60,4 44,9
1985 73,18 29,48 59,7 41,9
1986 73,18 29,48 59,7 41,9
1987 79,45 29,11 63,4 43,2
Las implicaciones de la alta dependencia energética española son muy importantes, Dejando de momento aparte las relativas a su coste e incidencia en la balanza de pagos, de las que nos ocuparemos más adelante, tener supeditados los 2/3 de nuestro consumo energético a los abastecimientos desde el exterior supone un grave riesgo ante cualquier problema en los mercados energéticos internacionales, y precisamente hemos venido asistiendo en los últimos dos decenios a grandes conmociones esos mercados, más graves en el caso del petróleo, pero no menos comprometidas las ocurridas en el gas natural o en el combustible nuclear, aunque en estos casos han trascendido menos a la opinión pública, quizás por el menor peso que estas energías primarias tienen en nuestro balance energético- Incluso se puede afirmar que cuando la evolución de los precios es a la baja -como viene sucediendo en los últimos años- la situación no está tampoco exenta de riesgos- Las incertidumbres creadas por la espectacular caída de los precios de los crudos en los primeros meses de 1986 son un ejemplo de lo que se acaba de afirmar.
Un problema relacionado con el de la dependencia es
el de la vulnerabilidad de los suministros exteriores. La vulnerabilidad se
define en función del grado de dependencia, pero también de la concentración de
las importaciones por países, áreas económicas y sistemas políticos; de la
afinidad geográfica, cultural y política de los Estados que nos venden energía,
y de las distorsiones en los mercados energéticos Considerando estos criterios
se puede evaluar la vulnerabilidad de nuestros suministros del exterior como
muy elevada, superior en el caso del gas natural a la que se sufre en el del
petróleo, aunque la mayor difusión de los avatares que suceden en este mercado
y la importancia cuantitativa y cualitativa de las importaciones de crudo dan
una imagen menos tranquilizadora en este caso que en aquél.
Evolución de las
importaciones energéticas durante el periodo 1970-1986
|
Año |
Importaciones
de energía (millones de
ptas) |
Porcentaje
respecto al valor total de las importanciones |
|
1972 |
63103 |
14.4 |
|
1973 |
72988 |
13 |
|
1974 |
22852 |
25.3 |
|
1975 |
240469 |
25.8 |
|
1976 |
341569 |
29.2 |
|
1977 |
383166 |
28.4 |
|
1978 |
406443 |
28.4 |
|
1979 |
515982 |
30.2 |
|
1980 |
942615 |
41.2 |
|
1981 |
1258812 |
42.4 |
|
1982 |
1376051 |
39.7 |
|
1983 |
1671335 |
40 |
|
1984 |
1741615 |
37.6 |
|
1985 |
1807947 |
35.6 |
|
1986 |
930194 |
19 |
|
1987 |
985506 |
16.3 |
|
1988 |
802072 |
11.4 |
Íntimamente vinculado con la dependencia exterior en
materia energética, medida en términos físicos, está el elevado coste de
nuestras importaciones de estas materias primas y de los productos derivados.
El coste de esas compras energéticas reúne dos
características negativas: es muy elevado y ha seguido una clara
tendencia creciente hasta 1985. En cuanto a la primera, se puede afirmar que en
1985 los desembolsos efectuados para adquirir en el exterior energía
equivalieron a casi 1.808.000.000.000 pesetas, cifra que se expresa por sí
misma. No obstante, para precisar aún más su alcance la relacionaremos con
otras magnitudes económicas. Así, en el quinquenio 1980-84 las citadas compras:
- Se aproximaron al 40 por 100 de valor total de las
importaciones de mercancías.
- Supusieron entre el 50 y el 67 por 100 del valor
total de nuestras exportaciones de mercancías.
- Superaron claramente el saldo negativo de nuestra
balanza de mercancías. Si excluimos el comercio exterior energético de la misma
su saldo seña positivo.
- Superaron holgadamente la suma de los ingresos por
turismo y transferencias, tradicionales partidas compensatorias de la
deficitaria balanza de mercancías.
Todo lo anterior adquiere su verdadero sentido si se
tiene en cuenta que la factura energética no se puede pagar en pesetas, sino en
dólares y para adquirirlos es necesario lograr superávit en alguna o algunas
balanzas.
La tendencia creciente de la factura energética
española es consecuencia de la evolución de los precios de las principales
energías importadas, especialmente de los crudos de petróleo, que entre 1973 y
1982 se multiplicaron por diez en términos monetarios y por cinco en dólares
(referente económico mundial, constante). Las implicaciones de estas alzas de
precios sobre nuestra economía fueron muy importantes, constituyendo uno de los
factores básicos que explican el progreso contractivo-inflacionista en el que
se vio inmer-sa durante una década, con caída de casi cinco puntos en la tasa
de crecimiento. alcanzada entre 1960 y 1973, con aumento del paro hasta casi
los tres millones y con tasa de inflación de dos dígitos. En definitiva,
convulsionando totalmente nuestra estructura productiva y sumiendo al país en
una crisis aguda y duradera. A partir de 1986 la caída del precio de los crudos
y la depreciación del dólar respecto a la peseta han aliviado de forma notoria
la factura energética, que aún alcanza cifras bastante elevadas.
2.2. Demanda y producción energética
Si nos centramos en el análisis de la demanda
energética española, lo primero que nos surge es el fuerte e ininterrumpido
crecimiento que experimenta hasta el año 1979, año en el que se alcanza un
máximo que no será superado hasta cinco años después (véase el cuadro adjunto).
Este proceso expansivo no sólo coincide con la época de desarrollo económico
acelerado, sino que incluso se mantiene durante los primeros años de crisis,
síntoma de las rigideces de nuestro sistema económico y de la ineficacia de las
escasas medidas orientadas a reducir el consumo. Es preciso esperar hasta la
década actual (1991-2000) para que se puedan apreciar, tanto en la disminución
del consumo energético como en el menor uso del petróleo, los resultados de las
medidas adoptadas a partir de finales de 1977, pero sobre todo en 1979, para
ajustar nuestra economía al nuevo marco impuesto por la evolución alcista de
los precios energéticos. Así pues, en el caso español el ajuste se produce con
varios años de retraso respecto al comienzo de la crisis y bastante tiempo
después de la articulación en casi todos los países de la Europa Occidental de
políticas anticrisis.
Un segundo punto de interés es la composición y
evolución de la demanda según energías primarias, sobre lo que cabe realizar
toda una serie de consideraciones. Aunque con algún retraso, España se
incorpora al proceso de sustitución del carbón por el petróleo desde comienzos
de la década de los cincuenta. Esta sustitución era ineludible ante los altos
costes de extracción de nuestros carbones, su deficiente calidad y el bajo
coste del petróleo durante el cuarto de siglo posterior a la II Guerra Mundial.
Sin embargo, ese proceso, muy útil e indispensable para apoyar el gran desarrollo
económico español del periodo 1960-1973, mostraría a la larga sus riesgos,
Consumo interior bruto de energía primaria (en 10 3 tec)
|
año |
Carbón |
% |
E. Hidroeléctrica |
% |
E. Nuclear |
% |
Petróleo |
% |
Gas Natural |
% |
Total |
1950 12.800 73,6 3.000 17,5 — — 1.600 8,9 — — 17.400
1960 14.381 47 5.464 25.1 8.817 27,9 — — 28.662
1970 14.401 22,3 9.272 14,7 326 0.5 39.301 62,2 173 0,3 63.179
1971 13.799 20,3 10.366 15,2 891 1,3 42.537 62,5 480 0,7 68.073
1972 14.465 19,2 11.990 15.9 1.576 2,1 46.313 61,6 843 1,2 75.187
1973 14.542 17,3 9.772 11,7 2.042 2.4 56.336 67.2 1.552 1,4 83.844
1974 13,947 15,8 10.724 12,1 2.228 2,5 60.394 68,3 1.111 1,3 88.404
1975 14.951 16,9 9.300 10.5 2.353 2,7 59.905 67,9 1.759 2 88268
1976 13.968 14,9 7.402 7,9 2.297 2,5 67.424 72! 1 2.351 2,5 93.442
1977 15.173 15,4 14.373 14,6 2.059 2,1 64.838 65,8 2.125 2,1 98.562
1978 15.314 15.1 14.454 14,2 2.491 2.4 67.136 66,1 2.142 2,1 101.537
1979 16.301 15,1 16.970 15.8 2.188 2 69.649 64,8 2.431 2,2 107.539
1980 19.989 18.8 l0.686 10 1.591 1,5 71.416 67,1 2.778 .2,6 106.430
1981 23.186 22,4 7.847 7,6 3.239 3,1 66.099 63,9 3.066 3 101437
1982 27.049 25,8 8.890 8,5 2.937 2,8 62.429 59,7 3.319 3,2 104.624
1983 27.368 25,9 10.380 9,8 3.655 3,5 60.730 57,5 3.391 3,2 105.524
1984 27.361 26.3 12.903 11,9 8.252 7,6 56.339 524 1236 3 l08.091
al hacer depender nuestro consumo de una energía
importada. Cabe añadir que los riesgos se acumularon por la débil aportación de
otras fuentes energéticas primarias como el gas natural y la energía nuclear a
la demanda global.
Durante esos años la única ventaja residió en una
importante participación hidroeléctrica muy superior a la que como media obtenían
los países europeos occidentales, lograda gracias a la acelerada construcción
de centrales hidráulicas realizada durante la década de los sesenta. En
definitiva, al agravarse la crisis energética en 1973 -puesto que realmente se
había iniciado en el invierno de 1971-72- la situación energética española era
muy vulnerable y esto se pudo comprobar inmediatamente cuando a pesar del apoyo
español a la causa árabe los desvíos de crudos por las multinacionales del
petróleo a los dos países boicoteados por la OPEP situaron nuestras reservas en
un nivel critico.
Durante los primeros años de la crisis energética,
con el petróleo encarecido hasta niveles nunca imaginados nuestro consumo de
este hidrocarburo alcanza niveles record, que sólo en los años del segundo
«shock» petrolero serán sobrepasados en términos absolutos, porque en términos
relativos su participación en el consumo interior bruto asciende en 1976 por
encima del 72 por 100, máximo que no volverá a repetirse. Al logro de este
indeseable record contribuyeron diversos factores: por un lado, la fuerte
inercia alcista de la demanda energética que en plena crisis, con un PIB.
prácticamente estancado en términos reales, creció a tasas superiores al 6 por
100 anual. Pero quizá los factores más relevantes actuaron desde el lado de la
oferta. En primer lugar destacaremos la fuerte rigidez al alza de la producción
de hulla y antracita, al menos a corto y medio plazo. En segundo lugar, la
coincidencia de una climatología adversa en esos años -la sequía que de forma
más o menos periódica azota nuestra geografía- y cuyos efectos inmediatos sobre
la producción hidroeléctrica fueron muy apreciables (véase cuadro 4), haciendo
necesario su sustitución por producción térmica, quemando fuel. Por otro lado,
la lentitud en la ampliación de la red de distribución de gas natural coartó
una mayor participación de esta energía primaria en la satisfacción de la
demanda total. Finalmente, otro importante factor, la desaceleración del
programa nuclear al inciarse la transición política. Como consecuencia de esta
moratoria no declarada, pero real, las centrales de la segunda generación se
han conectado a la red con varios años de retraso sobre las fechas inicialmente
previstas; esto en el mejor de los casos. Posteriormente, el Gobierno salido de
las elecciones de octubre de 1982 elaboró un nuevo plan energético -el PEN-83--
que ha supuesto la paralización de la construcción de tres de los cinco
gru-83.844 pos nucleares autorizados dentro de la llamada tercera generación de
reactores.
Ya en la década de los 80 el panorama empezará a
cambiar, la explotación intensiva a cielo abierto de los yacimientos de lignito
pardo descubiertos en Galicia y el Plan Acelerado de Construcción de Centrales
de Carbón, junto a importaciones de car-bones térmicos y a medidas de fomento
para reemplazar el uso de fuel por carbón en sectores altamente consumidores de
energía (caso de la industria del cemento), invertirán el proceso de
sustitución de carbón por petróleo, permitiendo reducir en unos diez puntos
porcentuales el consumo relativo de éste y aumentando en una cuan tía
similar el uso de aquél. Obviamente, todo ello en el
marco de una demanda ener-gética estancada.
El
comportamiento de la demanda en relación a la renta constituye otro punto de
in-terés, especialmente por sus repercusiones en la estimación de la demanda
futura. Hasta 1979 la elasticidad-renta de la demanda energética ha sido
positiva y superior a la unidad, lo que supuso que la tasa de crecimiento de
ésta quedó por encima de la tasa de aumento del PIB. Sin embargo, la política
de precios realistas adoptada por entonces, repercutiendo a los consumidores
intermedios y finales las fuertes al-zas que se dieron en los mercados de
hidrocarburos influyó positivamente en el comportamiento del consumidor, sobre
todo en el industrial, que tomó medidas muy enér-gicas para ahorrar consumos
superfluos e invirtió en nuevo equipo mucho más efi-ciente desde la perspectiva
energética. Así pues, durante los últimos años la elasti-cidad renta de la
demanda de energía se ha reducido, aunque sea prematuro predecir el
comportamiento futuro a la vista de la evolución más reciente.
Evolución de
la producción y de la potencia hidroeléctrica
|
años |
Producción
en GWh |
Potencia en
MW |
1970 27.959 10.883
1971 32.747 11.057
1972 36.458 11.136
1974 31.347 11.841
1973 29.524 11.470
1975 26.448 11.954
1976 22.508 12.497
1977 40.742 13.096
1978 41.497
15.530
1979 47.473 13.510
1980 30.807 13.577
1981 23.178 13.579
1982 27,394 13.821
1983 28.865 14.087
1984 33.420 14.119
1985 33.033 14.661
1987 28.167 15.220
1986 27.415 15.201
1988 36.140 15.579
1989 19,600 16.505
Como colofón a este examen del consumo es preciso
destacar dos hechos, en primer lugar, el aumento de la participación relativa
de la energía nuclear al entrar en producción cinco de los siete grupos de la
segunda generación. Sin embargo, este crecimiento va a quedar frenado en los
próximos años al paralizarse la construcción de varios grupos termonucleares de
la tercera generación, moratoria incluida en el PEN-83. En segundo lugar, la
puesta en explotación del yacimiento de gas de Serrablo y de otros descubiertos
en el golfo de Vizcaya, unido a la ampliación de la infraestructura de
distribución de esta energía, permitirá en un inmediato futuro un ligero
aumento de su participación en el consumo global.
Para examinar la relación entre producción y consumo
utilizaremos la técnica del balance energético. En el cuadro adjunto aparece el
relativo a 1984; de su análisis se pueden extraer varias conclusiones que de
forma resumida expondremos.
En primer lugar, es destacable que la tasa de
cobertura alcanzada -del 39,6 por 100- es la más alta de los últimos quince
años, dato realmente positivo que se va incluso a superar en 1985 a la vista de
las cifras acumuladas hasta noviembre! últimas que se han podido consultar.
Respecto a la producción interior bruta se puede
afirmar que en un año hidrológico casi normal -como fue 1984-los hidrocarburos
no superaron el 8,6 por 100 del total. Así pues, entre el carbón y la
electricidad primaria (de origen hidráulico y nuclear) se obtiene el 91,5 de la
producción energética española. Este hecho tiene una indudable trascendencia de
cara al futuro, pues si se considera -lo que parece bastante razonable- que las
posibilidades de incrementar la producción de carbón y de hidroelectricidad son
muy reducidas, los crecimientos futuros de producción únicamente pueden
provenir de la electricidad nuclear, precisamente la producción frenada por
criterios políticos de racionalidad dudosa, pues esta energía es la de coste de
generación más bajo. Es obvio, que tal razonamiento descansa en el supuesto
-bastante realista- de las limitadas posibilidades de encontrar yacimientos
importantes de hidrocarburos en suelo español o en la plataforma continental
situada dentro de nuestro mar territorial. En el mejor de los casos sólo es
previsible ir sustituyendo los recursos que se van agotando por explotación con
nuevos descubrimientos.
Balance
energético de España en 1984 (en M tep)
|
Fuentes
energéticas primarias |
Consumo
interior bruto |
% |
Producción
interior bruta |
% |
Saldo comer cio ext. (1) |
Carbón 19,22 25,9 14,30 48,6 4,92
Hidroeléctrica 8 16 11 7,45 25,4 0,68
Nuclear 5,02 6,8 5,18 17,5 (—0,16)
Petróleo 40.03 53,8 2,32 7,9 37,71
Gas natural
1,90 2,5 0,16 0,5 1,74
74,34 100 29,44 100 44,90
(1) El saldo
negativo indica exportaciones netas y el positivo importaciones netas. No se ha
tenido en cuenta la elaboración de «stocks».
Comentario aparte merece el Plan de Energías
Renovables (PER), cuyas previsiones sitúan el consumo de estas en 0,911
millones de tep, en 1988, y 2,73 1 millones de tep, en 1992.
Para finalizar, haremos una breve reflexión sobre la
más reciente evolución de los precios de los crudos, que no trata, ni de lejos,
de especular sobre un futuro cuya evolución se resiste a encajar en las más
sofisticadas previsiones de los economistas. La bonanza de los mercados
petrolíferos a partir de diciembre de 1985 y su benéfica influencia en los
precios de las restantes energías primarias - con claras secuelas en nuestras
importaciones- no debe hacernos olvidar ni pasadas angustias energéticas, ni el
deficiente marco natural de nuestro país en lo relativo a estos recursos. Por
tanto, continúan teniendo plena validez las medidas de ahorro energético, de
aprovechamiento racional de nuestros recursos y de diversificación de
proveedores y de fuentes energéticas.
3.TÉCNICAS DE
AHORRO ENERGÉTICO
A la vista de la situación, se plantea como solución
la propuesta de un "desarrollo sostenible" que ralentice el consumo
indiscriminado de energía mediante un ahorro energético y se plantea la
necesidad de una diversificacion de las fuentes energéticas, para de forma
gradual, pasar del consumo de energías fósiles, limitadas y contaminantes, a
favor del consumo de energías alternativas, renovables y limpias.
Centrándonos en el primer aspecto del ahorro
energético, se exponen las distintas técnicas: activas y pasivas.