Tema 32. La cultura renacentista. Los enfrentamientos político-religiosos del siglo XVI.
1. RENACIMIENTO Y HUMANISMO
1.1. CONCEPTO DE RENACIMIENTO
El Renacimiento es una derivación lógica de las ideas y modo de ser del hombre y de la sociedad de la Edad Media. La trayectoria cultural del mundo europeo que culmina artística y literariamente a principios del siglo XVI, tiene sus puntos de partida en el cambio espiritual que experimenta Europa en el siglo XII.
Inicialmente la cultura renacentista es común al occidente europeo, para vincularse luego al espíritu italiano que lo define en la primera generación del Cuatrocientos y lo desarrolla hasta el Renacimiento clásico.
El concepto de Renacimiento engloba las transformaciones experimentadas a fines del siglo XV en la economía, la sociedad y el gobierno del Estado, englobando en su conjunto hechos económicos, sociales, políticos, religiosos y culturales.
Las características generales se asientan en el siglo XIV y son un afán de renovación de lo religioso y lo laico. La atracción por la naturaleza lleva a Petrarca a buscar la existencia libre y solitaria, lejos del bullicio urbano. Este descubrimiento de los valores naturales tiene consecuencias insospechadas: crece el interés por las narraciones de viajes a países exóticos, creando el ambiente que propiciaría los grandes descubrimientos. El empirismo científico comienza a imponerse a las grandes construcciones filosóficas representadas por el aristotelismo.
Junto a la naturaleza, el hombre es otro valor en alza. Aspira a la autonomía de su propio ser, a su individualización completa. Se busca la gloria y la perpetuidad de un modo terreno y no paradisíaco. Lo importante es el triunfo del hombre en la sociedad coetánea, de aquí nace el nuevo tipo de héroe que impulsa una actitud dinámica, un nuevo espíritu de empresa y aventura.
El individualismo renacentista conduce al cosmopolitismo, el hombre del Renacimiento es tolerante y poco dado a verdades absolutas. Su formación espiritual y física es cuidadosamente seleccionada, se desarrolla la etiqueta y la cortesía. Nace una cultura laica impregnada de un subjetivismo radical, que se manifiesta en el relativismo cultural.
El ciudadano burgués que, como mercader o comerciante quería zafarse de las limitaciones que le imponía el gremio, o de la prohibición de intereses ordenados por la Iglesia, buscaba un mundo ideológico que disculpase sus manejos y , que incluso, los pudieses justificar. No se puede entender en Renacimiento si n o se le concibe como una justificación de la burguesía urbana.
1.2. EL HUMANISMO: ORÍGENES Y CARACTERÍSTICAS
En el campo de las ideas se extendió por Europa una nueva concepción del mundo y de la persona que se conoce con el nombre de humanismo. El contacto con la cultura clásica grecolatina favoreció loa afirmación de la dignidad humana, esto es, se atribuyó al hombre el lugar central en todas las especulaciones. Uno de los exponentes más destacado de este movimiento, Pico della Mirandola, afirmó que: en el mundo no se puede ver nada más admirable que el hombre. Fue fundamentalmente en el desarrollo de los valores humanistas la influencia del pensamiento griego en el campo de la filosofía (Platón) y de la ciencia (Pitágoras y Euclides) así como de autores griegos (Homero, Esquilo, Sófocles y Eurípides) y latinos (Virgilio, Cicerón, Séneca).
Se produjo, de este modo, un cambio de mentalidad que abarcó todos los ámbitos del pensamiento. El hombre pasaba a ser el centro del Universo, en el cual construía un nuevo orden de valores. Aunque este movimiento no supuso la negación de Dios, e incluso inicialmente intentó conciliar la tradición grecolatina con el cristianismo, su impacto en el campo de las ideas religiosas trajo consigo la gran conmoción de la Reforma luterana.
El humanismo conoció dos etapas en su formación. La primera que abarca el fenómeno renacentista hasta principios del siglo XV, se inspiró en la cultura romana, en la segunda, la rápida asimilación de la civilización helénica original constituye su característica más acusada.
1.3. EL RENACIMIENTO Y EL HUMANISMO EN ITALIA
A medida que fueron robusteciéndose los principios esenciales que informaron el movimiento renacentista, los círculos intelectuales buscan las bases filosóficas y estéticas en que cimentar el nuevo impulso cultural, justificando su postura revolucionaria amparándola bajo el dosel de la Antigüedad, como una resurrección de la ideología imperante en el mundo clásico.
Esta corriente adquirió un mayor impulso en Italia, por conservar su población y sus ciudades un contenido romano más intenso y por la riqueza y densidad política y social de los siglos XIV y XV.
En Italia el Renacimiento encuentra los valores espirituales y estéticos de la Antigüedad. Conocer lo antiguo y crear un ambiente cultural para comprender la Antigüedad en sus esencias íntimas, capaz de anular los propios progresos, fue la fórmula practicada por los intelectuales italianos del siglo XV.
El humanismo florentino vibraba en la conducción de los negocios bancarios y textiles, en la economía de las horas, en las aspiraciones de la burguesía, en la fusión del trabajo industrial con la especulación científica que había de echar las bases del saber técnico propio d la mentalidad renacentista.
A mediados del siglo XV la Santa Sede, aunque no reacia a admitir las nuevas corrientes literarias y estéticas, se mostraba partidaria de continuar ligada a la escolástica, más o menos adulterada por el ocamismo.
1.4. CAUCES DE DIFUSIÓN: IMPRENTA Y UNIVERSIDADES
La imprenta es una invención vinculada al progreso técnico de los tiempos medievales: el grabado en madera, la fundición de metales por orfebres ya la calidad de las grasas y las tintas usadas por los pintores. Estas diversas técnicas fueron conjugadas en un todo por Juan Gutenberg y la escuela maguntina de impresores.
Hacia 1450 la imprenta se hallaba descubierta, convirtiéndose en el más poderoso instrumento de la vulgarización de la cultura, y en vehículo extremadamente útil para la difusión de los principios humanistas. También fue portavoz de la Reforma, por lo que pronto la Iglesia y los monarcas dictaron leyes para censurar las ediciones de libros y folletos.
El nacimiento de las academias renacentistas indica un cambio profundo en la orientación de los métodos de transmitir la cultura. Al florecimiento de los centros urbanos había correspondido un instrumento característico: la Universidad.
Pero desde el momento que las corrientes culturales evolucionaron para adoptar un contenido laico e individualista, el sincretismo filosófico del humanismo ganó terreno sobre las especulaciones escolásticas, y las investigaciones en el campo de la naturaleza atrajeron a los individuos con más vigor para la pura dedicación al desciframiento y comprensión de las verdades metafísicas, la Universidad medieval perdió su primacía en la dirección cultural del mundo europeo. La Universidad, sin embargo, se convirtió en semillero de nuevos humanistas sobre todo, en sus facultades de Artes.
Fuera de Italia, directamente influidos por las corrientes renacentistas de esta nación se desenvuelven los estudios humanistas de las universidades alemanas, en las que resalta la de Erfurt. Basilea se convierte en centro de contacto entre el humanismo italiano y el alemán, influyendo en la cuenca del Rhin medio.
1.5. SU MANIFESTACION EN OTROS PAISES EUROPEOS
Desde Florencia y Roma, el Renacimiento se difundió por toda Europa. En primer lugar por el resto de Italia, especialmente Venecia, donde Sansovino renovó la arquitectura de la ciudad, y donde floreció una escuela pictórica propia. Cabría citar también otras ciudades como Milán, Génova, Ferrara, Mantua, Siena, Parma, claros ejemplos de la potencialidad económica italiana de esa época.
Los Países Bajos, otra de las regiones más ricas de Europa, se convirtieron asimismo en un centro renacentista de primer orden, sobre todo en pintura, donde destaca la obra de El Bosco y de Pieter Brueghel el Viejo.
En Francia el Renacimiento se localizó primordialmente en el valle del Loira, donde se levantaron magníficos castillos. Pero el Renacimiento llegó también con fuerza a otros países como España, Inglaterra, Alemania (con la gran figura de Dudero), Polonia e incluso Rusia.
1.6. ERASMO Y EL ERASMISMO
Erasmo de Rotterdam (1476-1536) fue un incansable viajero. Nacido en esa ciudad holandesa, estuvo en París, Inglaterra, Italia y Basilea donde murió. Su pensamiento es un ejemplo de tolerancia y visión crítica. Su obra más importante es el Elogio de la locura, en la que ataca severamente las desviaciones de la Iglesia, aunque sin llegar a abandonar la ortodoxia católica aunque ello no le sirvió para evitar persecuciones.
Otras obras son Institutio princis christini (1516) donde defiende la concordia universal, y De libero arbitrio (1524) un texto en el que se opone a las tesis de Lutero.
Erasmo dio al Humanismo su denominador común y su valor universal y permanente. Potencia las fuerzas del Renacimiento en su aspecto cultural: profundo conocimiento del mundo y de la cultura clásica, sagaz crítica de textos, espíritu tolerante y polifacético, doctrina filosófica relativista, verbo caústico y mordaz contra las instituciones medievales, ideal de renovación presente. Resume las posturas del Humanismo frente a la Reforma de la iglesia y sintetiza sus tendencias renovadoras.
Erasmo pertenece aun grupo bastante reducido: los idealista absolutos que, al mismo tiempo, son completamente moderados. No pueden soportar las imperfecciones del mundo; se siente constreñidos a combatir. Necesitaba luchar contra lo viejo, y a pesar de ello, no podía aceptar lo nuevo.
El erasmimo adquiría particular difusión en toda Europa, pero sobre todo en Alemania es omnipotente el influjo el sabio holandés, hasta el punto que es allí donde se desencadena la segunda oleada humanista, impregnada del evangelismo erasmista.
1.7. EL FLORECIMIENTO ARTÍSTICO DURANTE EL RENACIMIENTO
La creación artística experimentó una notable renovación. En la mirada creadora del artista, la figura humana cobró una importancia fundamental . Fue en la ciudad de Florencia, en el siglo XV (el Quatrocientos), donde se hizo realidad esta nueva visión artística.
En arquitectura destaca Brunelleschi, autor de la airosa cúpula de la catedral, la primera gran obra de la arquitectura renacentista. En escultura, Donatello creó su famoso David, que evidencia un detenido estudio del cuerpo humano. En pintura Sandro Boticelli creó El nacimiento de Venús, de claras referencias mitológicas.
El origen de la arquitectura del Renacimiento se encuentra en Italia, donde el gusto por la tradición clásica se ha mantenido a lo largo de la Edad Media. En el Renacimiento italiano se distinguen dos períodos: el Quattrocento (siglo XV) y el Cinquecento (siglo XVI). En el primero se aprecia una riqueza decorativa en el exterior, en el interior los temas son vegetales y animales, también se emplean guirnaldas, laureles, etc.
El Cinquecento prefiere el efecto de masas y las monumentales líneas constructivas, a la menuda decoración del período anterior.
La escultura está inspirada en las obras clásicas imprimiéndoles nueva vida. En el siglo XV tiene una tendencia al realismo y a la individualización de las figuras, en el XVI se tiende a reproducir las obras clásicas idealizándolas y prestando gran atención al desnudo y al cuerpo humano. En el siglo XVI el centro artístico del Renacimiento se traslada de Florencia a Roma.
En la pintura del Quattrocento aún se aprecia la influencia del gótico, con su ingenuidad representativa. Durante el Cinquecento se alcanza su mayor importancia, desaparecen los detalles menudos, se unifica el tema con frecuencia de grandes proporciones, mediante la eliminación de escenas secundarias.
1.8. LOS CENTROS DEL HUMANISMO EN ESPAÑA
En España el Humanismo de cuño italiano se define en el último tercio del siglo XV, aunque ya antes el petrarquismo y el ciceronismo habían hecho adeptos que se vieron poderosamente influidos por el pensamiento erasmista,
Gracias a la labor del cardenal Cisneros, el Humanismo se convirtió en un plantel de intelectuales católicos instruidos en la erudición clásica, cuya futura actuación en la obra de reforma y defensa de la Iglesia había de resultar decisiva. Destaca Antonio de Nebrija como filólogo, y Luis Vives.
De los centros de difusión del Humanismo, destaca Salamanca y sobre todo la Universidad de Alcalá de Henares, fundada por el propio cardenal Cisneros.
1.9. EL HOMBRE POLÍTICO DEL RENACIMIENTO: MAQUIAVELO Y MORO
La ideología renacentista planteó una nueva visión del político y de los fines a que debía tender su obras.
Uno de los más sagaces tratadistas de todas las épocas fue Nicolás Maquiavelo (1469-1527), que vivió uno de los momentos más interesantes de la política de su patria, Florencia, y de Italia entera, actuando activamente desde 1498 a 1512 como secretario del Consejo de los Diez.
Tras ser destituido de su cargo por los Medici, Maquiavelo escribe El Príncipe (1513), sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio (1519), de los que se desprende una política d gobierno y una teoría sobre la vida. Descubre al hombre como una fuerza de la Naturaleza cuyo dinamismo se traduce en acciones dignas de ser consideradas por el valor que tienen como acontecimiento y experiencia. Maquiavelo pudo plantear el problema político en el ámbito histórico y convertir la política en una ciencia empírica. Sentó los principios de la secularización radical de la política y de la moral.
Maquiavelo se propone rehacer al ser humano, llevarlo por el camino que sugieren sus propias facultades y señala la experiencia de la vida, primando la virtud, la necesidad, la fortuna y la gloria; y considerando la virtud como la condición necesaria de la escena política, aún prescindiendo de las reglas de la moral colectiva. La virtud se redime por el éxito, y ella sola puede proporcionar el imperio.
El maquiavelismo es una doctrina política positiva, en laque los grandes principios han de someterse a las experiencias fortuitas del momento y a una táctica oportunista. Desaparece el soberano moderado, y da paso al príncipe que sólo tiene en cuenta el interés supremo del Estado, que es el suyo propio, y el de la opinión que secunda sus ideas.
Simultáneamente a Maquiavelo, publica sus obras el inglés Tomás Moro. Su obra Utopía es de muy distinto orden que las de aquel.
Moro es evasión, disgusto por la mezquindad del mundo que lo rodea. Construye su propio edificio político, en el que le gustaría vivir, una sociedad que ha alcanzado la felicidad renunciando a la propiedad, al dinero, al ejército. Un Estado previsor, regido por magistrados consentidos y elegidos por el pueblo, organiza el trabajo de los utópicos y distribuye entre ellos los víveres y los bienes producidos por la colectividad. Nadie es rico, pero a nadie le falta nada.
2. LA CRISIS RELIGIOSA: LA REFORMA LUTERANA. LA REFORMA CALVINISTA Y EL CISMA INGLÉS
2.1. LA CRISIS RELIGIOSA BAJO MEDIEVAL
La expansión de la vida y actividad religiosas en el Cuatrocientos se empalma directamente con la piedad próxima que se desarrolló en la Edad Media; con los ideales sustentados por los grandes santos del siglo XIII.
La fuerza espiritual que se desarrolla durante el siglo XV, tiende a concentrarse en el interior de los individuos. El creyente prescinde de los motivos exteriores, acentuando su vida religiosa íntima, con el triunfo de la mística alemana.
Esta ola de renovación espiritual choca con la realidad social y eclesiástica, provocando la aparición de las corrientes religiosas disgregadoras que, apoyadas en la aparición de la imprenta, difunden el Antiguo y el Nuevo Testamento, basando en las escrituras sus ideales de pobreza e igualdad frente a una Iglesia que había salido del Medievo rica y jerárquica.
Se desarrollan varias herejías como el socialismo cristiano alemán, los valdenses en Francia y los husitas bohemios. El descontento social y la inquietud religiosa tuvieron otra manifestación no menos perturbadora: el apocaliptismo, apoyado en textos bíblicos, y que renovó la idea del anticristo.
La Iglesia de fines del siglo XV se hallaba en condiciones poco adecuadas para canalizar la corriente religiosa. El Papado se hallaba desprestigiado por la vida mundana y egoísta de sus titulares, la aparición de los Estados nacionales había debilitado su posición política, la alta nobleza se apoderaba de obispados y abadías sin tener en cuenta vocaciones ni educación religiosa. Mientras el bajo clero, pobre y mal instruido, no podía realizar su misión entre las almas de sus feligreses.
2.2. NUEVAS FORMAS DE ESPIRITUALIDAD: LA DEVOTIO MODERNA Y EL ERASMISMO CRISTIANO
Los descontentos de la organización social y los económicamente insatisfechos basan en la Biblia sus ideales de pobreza e igualdad frente a una Iglesia rica y poderosa, originándose el socialismo cristiano que teñirá de sangre los campos alemanes durante las sublevaciones agrarias antes y después de la reforma luterana. El socialismo cristiano predica por medio de Hans Böhm el retorno al estado natural para preparar el advenimiento próximo del reino de Dios, o en Rosenplüt el apologista del trabajo natural y d la gente pobre. Esta corriente religiosa se aproxima a los ideales sustentados por la secta de los hermanos bohémios, y favorece la difusión de los valdenes que, aunque duramente reprimidos en Francia y Alemania, continuó desarrollándose en los bordes montañosos de Bohemia, derivando en una mística panteísta. Este nuevo tipo de espiritualidad se basaba en el cumplimiento de las Leyes de Dios: pobreza, resignación al sufrimiento ante el Estado y prohibición del juramento.
Paralelamente se desarrolla el apocalipticismo apoyado en el Evangelio y en el Apocalipsis de San Juan, manifestándose en gran parte de las actividades de la época, y con él se relaciona la crítica de los pecados capitales, el temor al Juicio Supremo, el menosprecio a las vanaglorias humanas y el ferviente deseo de una penitencia que prepare para el último día.
La intelectualidad humanista contribuyó a preparar el ambiente propicio para una reforma. Los humanistas partían de ideales opuestos a los propios de la Iglesia, pretendiendo la renovación del cristianismo por la sabiduría clásica, se pusieron de relieve los valores individualistas del espíritu cristiano, y se menospreció lo colectivo y tradicional. El dogma quedó desplazado por la crítica e imperó un teísmo religioso universal.
En España el nuevo ideal fue puesto al servicio de la Iglesia para su reforma dentro del cuadro de sus tradiciones históricas. El resto de Europa en cambio, vivió bajo los preceptos de la filosofía de compromiso de Erasmo.
Erasmo no era subversivo, pretendía el esplendor del humanismo por el Papado y del Papado por el Humanismo, estableciendo un racionalismo teológico. Para Erasmo el problema se plantea como una manifestación de la inteligencia soberana reflexionando sobre la fe y considerando como autónomos los valores de Dios, Cristo, Iglesia, hombre y voluntad. Y esa manifestación la extrae en la condición previa que exige Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento: una acción de la libertad humana, que se encarna en la fuerza de voluntad del cristiano. Esta acción individualista, subjetiva, socava la dogmática católica y establece la filosofía de Cristo única compatible con los postulados del espiritualismo clásico.
2.3. LUTERO Y EL AMBIENTE POLÍTICO DEL IMPERIO
El fervor religioso del siglo XV se entremezclaba en Alemania con vivos sentimiento disidentes, en lo nacional y en lo dogmático, de la Iglesia romana, mientras que la inestabilidad social y el fracaso de las tentativas centralizadoras del gobierno público procuraban la coyuntura propicia para el arraigo en el pueblo de las nuevas posturas religiosas. En esta atmósfera creció la generación reformista de 1517, cuyas características son el espíritu entusiasta, violento, crítico y profundamente religioso.
En Alemania sobrevivía la idea de Imperio y de la autoridad del monarca, pero durante el siglo XV el Reich se había desmembrado y el poder imperial se había anulado, perdiendo el poder central atribuciones y derechos que eran asumidos por los príncipes. Así la Alemania moderna nacía con no menos de cuatrocientos estados independientes en su régimen interno. El único órgano común, además del Emperador, era la Dieta o Reigstag.
Durante el reinado de Federico III, la anarquía del régimen era evidente, por lo que hubo que plantearse la reforma, que afrontaría Maximiliano I. Se constituyó un tribunal imperial, y se dieron los pasos para formar un ejército nacional.
2.4. RUPTURA CON ROMA. REPERCUSIONES POLÍTICAS Y SOCIALES. SU EXPANSIÓN.
La nueva escolástica ejerció profunda huella en el espíritu de Lutero, el nominalismo occamista grabó dos ideas en su mente: fuerte pronunciamiento de la voluntad humana y severa justicia de Dios, llevada hasta lo arbitrario.
Tras ingresar en la orden de los eremitas agustinos en 1505, pasó Lutero a la Universidad de Wittemberg donde enseña dialéctica y física aristotélica. En 1510-1511 realiza un viaje a Roma para resolver problemas de su orden.
El problema de cómo lograr la salvación eterna era su preocupación más acuciante. Su visión del mundo y su excesivo temperamento le inducían a buscar la solución apoyándose en una concepto personal y firme. Llegando a una conclusión negativa: la voluntad humana era incapaz, por sí sola, de superar el estado de pecado y alcanzar la justificación ante Dios.
La doctrina de la justificación por el puro acto y sentimiento de creer, sin ninguna contribución por parte del cristiano llevaba larvado el concepto de predestinación, ya que la Providencia otorgaba o no la misericordia suprema de la creencia de Dios y en la obra histórica de Cristo. Por lo tanto la gracia divina quedaba identificada con la misma justificación, y negada su consecución por las simples obras del cristiano.
Lutero propagó sus conclusiones primero al círculo universitario de Wittemberg. Pero una cuestión circunstancial, las indulgencias otorgadas por León X, favoreció la difusión de sus doctrinas, al mostrarse Lutero discrepante con la forma materialista en que se tomaban las indulgencias. Por ello redactó sus famosas 95 tesis de Wittemberg (31 de octubre de 1517) fijándolas al día siguiente en la puerta del castillo de la ciudad. En ella, además de la protesta, sentó proposiciones heréticas sobre el poder de la Iglesia, el Purgatorio y la jerarquía eclesiástica.
A las tesis de Lutero replicaron Tetzel y Eck. Estas discusiones, que podían derivar hacia una controversia erudita, tuvieron una resonancia popular insospechada, que nacía de las mismas inquietudes sociales, políticas, nacionales y espirituales de Alemania. Debido a esta conmoción intervinieron directamente en la cuestión el papa León X y el emperador Maximiliano, mientras Lutero contaba con el apoyo de Federico El sabio, duque de Sajonia.
La muerte de Maximiliano propició a Lutero dos años de calma, ante el temor del Papado de enemistarse con el duque de Sajonia y a la búsqueda de un acercamiento, bruscamente roto en la Controversia de Leipzig (julio de 1519) al reconocerse Lutero partidario de las tesis husitas y negar la jerarquía del Papado y la autoridad de los Concilios.
Desde Leipzig la ruptura era clara, y había de conducir a la creación de una nueva Iglesia moldeada según los sentimiento luteranos.
En 1520 aparecen los tres escritos esenciales, donde se precisa la doctrina luterana y se desarrolla su determinismo místico y religioso: A la nobleza de la nación alemana de contenido político y religioso, De la cautividad babilónica de la Iglesia de contenido dogmático y apocalíptico, De la libertad cristiana que sintetiza los anteriores, acentuando la justificación por la sola fe en Cristo.
En junio de 1520 el Papa expide contra Lutero la bula Exsurge domine, lo declara herético y lo excomulga. Lutero quemó la bula y se ratificó en su actitud ante la Dieta de Worms (1521) convocada por el emperador Carlos V. La Dieta condenó a Lutero a las penas reservadas para los herejes, pero éste halló refugió y amparo en el castillo de Wartbugo propiedad del elector de Sajonia.
Desde 1519 figuraban junto a Lutero un círculo de humanistas y profesores universitarios, protegidos del elector de Sajonia, el más importante de ellos Felipe Schwarzerd, Melanchton, profesor de griego y hebreo en Wittemberg, de profunda influencia en toda Europa.
Lutero fue incapaz de dominar el movimiento que había iniciado mientras se encontraba en el castillo de Wartburgo. Los predicadores evangelistas partieron de la región de Turingia y Sajonia, y difundieron la nueva doctrina por las ricas ciudades del mediodía de Alemania y por las del Rin. La difusión de la nueva doctrina dio lugar a multitud de conflictos, unos de carácter social y otros de orden religioso.
Este hervidero social y religioso se acentuó cuando Federico de Sickingen se sublevó en nombre de la caballería y reclamó la secularización de las propiedades eclesiásticas del arzobispado de Tréveris. Este levantamiento fue ahogado en sangre por la alta nobleza.
El movimiento agrario se inició en el sudeste de Alemania en 1524 con reclamaciones estrictamente sociales, que poco a poco se fueron llenando de dogmatismo religioso. Este levantamiento también fue sofocado por la nobleza en el transcurso de 1525 de forma muy cruel.
2.5. EL ANABAPTISMO
La Reforma suiza está estrechamente relacionada con el espiritualismo y el humanismo de la Alta Alemania y con su ambiente revolucionario, sin embargo difiere bastante de la obra luterana tanto en el ámbito religioso como en el político.
Se desarrollo aquí la secta de los anabaptistas, como ala izquierda de la Reforma protestante. Nacida de la inquietud en las clases bajas del campo y la ciudad, adoptó formas apocalípticas y comunistoides. De Suiza pasó a Alemania propagada por Baltasar Hubmaier, tomando como focos de difusión Augsburgo y Estrasburgo, desde donde partían profetas a establecer comunidades en el Palatinado y los Países Bajos.
La introducción del anabaptismo se caracterizó por grandes disturbios sociales, como los acaecidos en Münster en 1532 y 1535. Mostrando que los señores no estaban dispuestos a tolerar reformas subversivas.
2.6. CALVINO Y LA SEGUNDA FASE DE LA REFORMA. SUS PRINCIPIOS DOCTRINALES. ÁREAS DE EXPANSIÓN.
En Francia las ideas reformistas no fueron eficaces, al oponerse a ellas la monarquía, y a los movimientos de reforma dentro de la propia Iglesia.
Calvino, francés de Picardía, pertenece a la segunda generación reformista, y aporta a la subversión religiosa del siglo XVI una serie de elementos originales que le imprimieron un carácter inconfundible.
Huido de Francia, publica en Basilea su libro Institutio religionis christianae y su éxito hace que Farel le llame a Ginebra. Tras una etapa de actividad propagadora, la burguesía ginebrina expulsa a ambos reformadores que se establecen en Estrasburgo. Su estancia en esta ciudad permite a Calvino profundizar en las ideas religiosas de los evangelistas alemanes, hasta que nuevamente es llamado a Ginebra.
Calvino parte de la premisa luterana de la justificación por la fe, para afirmar la predestinación del cristiano. Priva al hombre del libre albedrío y lo justifica sólo por la fe, y ésta sólo se comunica por la elección divina. Desde el principio de los tiempos, el dios omnicomprensivo había decretado el bien y el mal, atribuyendo a unos la elección y a otros la reprobación. La Divinidad, al crear el pecado en Adán, señaló para siempre a los réprobos. Estos se incluían en el plan divino como simples medios para la perfección de los elementos positivos: los elegidos.
Este racionalismo exigente indujo a Calvino a negar cualquier institución religiosa que no derivara de la interpretación evangélica. Su principal preocupación radicaba en imponer el espíritu de Cristo en todas las manifestaciones de la vida de la época, lo que le lleva a intervenir en la vida pública, constituyendo en Ginebra un gobierno teocrático.
De Ginebra parten los propagandistas calvinistas para toda Europa. Fundan comunidades en Francia (hugonotes), Inglaterra (puritanos), Escocia (presbiterianos), Países Bajos, Alemania (reformados), Polonia, Hungría y Transilvania, fueron combatidos por los poderes públicos, tanto católicos como luteranos, puesto que constituían un peligro de subversión político-social.
2.7. ZWINGLIO Y LA REFORMA EN ZURICH
La reforma suiza está estrechamente relacionada con el espiritualismo y humanismo de la Alta Alemania y asimismo con el ambiente creado por Lutero. Sin embargo difiere bastante de la obra luterana, tanto en el aspecto religioso como en el político. Su precursor, Ulrico Zwinglio, era hombre de temperamento ardiente e intransigente. En 1516 se estableció en Einsieldeln, donde comenzó a predicar contra las ceremonias judaicas de la Iglesia exterior, el mal uso de los sacramentos y el servicio divino. En 1519 propaga la lectura de la Biblia como única fuente de salvación para el cristiano y difunde los escritos de Lutero, si embargo elabora una teología propia, cuyo fundamento halla en la pura y exclusiva aceptación de la Biblia como ley de Dios revelada. Intenta una subversión total contra la Iglesia: la fe que conduce a la salvación eterna es predestinada por Dios creador del bien y del mal, y por tanto del pecado. Juzga los sacramentos como puros símbolos y convierte el es de la fórmula eucarística en significa. Reduce la misa a un sermón conmemorativo, e introduce en Zurich un gobierno teocrático en el que el profeta inspira las decisiones del Consejo municipal burgués.
La obra de Zwinglio adquiere un marcado interés político nacional, tanto de unidad suiza como de liberación de influencias exteriores. Ligaba la difusión de la Reforma al sentimiento de emancipación nacional.
2.8. LA CUESTIÓN DEL DIVORCIO DE ENRIQUE VIII Y EL CISMA
La Reforma en Inglaterra es el resultado de la formación de Iglesias nacionales dominadas por la monarquía centralizadora. Por ello originalmente no fue una herejía, si no un movimiento cismático de fuerte contenido antipapista.
La original forma de gobernar que impuso Enrique VIII, se había apreciado en varios hechos: la aspiración al Imperio Alemán en 1519, o las extravagantes combinaciones que urdió en el campo de la política internacional para sacar partido de la lucha entre Carlos V y Francisco I.
Pero el problema del divorcio del rey y su esposa Catalina de Aragón, precipitado por la falta de sucesión masculina y la desbordante pasión de Enrique VIII por Ana Bolena, se convirtió muy pronto en una cuestión de interés nacional. Es evidente que el monarca intentaba dar rienda suelta a su voluntad sin enfrentarse con Roma que tantas veces había cedido a peticiones de tal naturaleza. Pero detrás de Clemente VIII estaba el sobrino de la reina de Inglaterra, el emperador Carlos. En 1529. El Papado dio una respuesta negativa formal. Entonces Enrique VIII, aconsejado por el teólogo de Oxford Thomas Crammer se decidió por el divorcio y la ruptura con Roma.
2.9. SITUACIÓN DE LA IGLESIA EN INGLATERRA: THOMAS CRAMMER Y LA REFORMA INGLESA
La Iglesia católica inglesa se mantenía mucho más pura que otras Iglesias del continente, y merecía la confianza de gran parte de la población. Los círculos humanistas de Oxford y Cambridge capitaneados por Tomás Moro, no aceptaban la propaganda luterana. El propio Enrique VII adoptó una postura de defensa de la Iglesia.
Cuando la cuestión del divorcio del rey provocó la ruptura con Roma, la gran mayoría de Inglaterra era católica, a excepción de algunos puntos de Londres, Kent, East Anglia y Cambridge, donde el luteranismo había conseguido algunos avances.
El clero inglés sentía, sin embargo, cierto recelo contra la continua intervención del Papado en la vida de la nación. La nobleza aspiraba a las propiedades del clero, por lo que ninguno de los dos estamentos puso excesivos reparos al cisma, sintiéndose halagado el país en su sentimiento de vanidad e independencia patria.
En 1531 el monarca fue declarado único jefe supremo de Iglesia, luego los eclesiásticos se sometieron al rey en 1532. Preparadas así las cosas por Crammer, que acababa de ser nombrado arzobispo de Canterbury, declaró el 23 de mayo de 1533 la nulidad del matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón. La Santa Sede excomulgó al monarca, a lo que el Parlamento respondió aprobando el Acta de Supremacía en 1532 que legalizaba la constitución de la nueva Iglesia anglicana.
Se había producido un cisma de escaso contenido ideológico. Crammer era un luterano moderado, Cromwell elevado al cargo de canciller, sólo aspiraba a hacerse con las riquezas de los conventos. Al principio se mantuvieron los principios básicos del cristianismo medieval, haciéndolo compatible con la teocracia monárquica acabada de implantar.
Más tarde (1536) se publicó el Libro de los Diez Artículos que establecía los dogmas básicos de la Iglesia anglicana, mantenía los tres sacramentos esenciales (comunión, bautismo y penitencia), la creencia en el Purgatorio y el celibato eclesiástico. Poco después se produjo la publicación de los llamados Seis Artículos de 1539, que pretendían defender el anglicanismo de las reformas luteranas y anabaptistas, e intentaba demostrar que la Iglesia anglicana podía seguir siendo católica sin el Papa a su cabeza.
Entre 1536 y 1539 se produjo la secularización de los monasterios, provocando un tremendo expolio de las propiedades de la Iglesia, con el exclusivo beneficio de la Corte.
3. LA CONTRARREFORMA
3.1. POSTURA DE LA IGLESIA CATÓLICA ANTE LA REFORMA PROTESTANTE. INTENTOS DE CONCILIACIÓN Y RENOVACIÓN INTERNA.
En el mismo año en que Lutero clavaba sus 95 tesis a la puerta de la Iglesia de Wittemberg, nacía dentro de la Iglesia Católica, en el Oratorio del Amor Divino de Roma la idea de renovación a fondo de la vida eclesiástica. En especial había que poner fin a la disolución moral de la clerecía, causa por la que la opinión pública se hallaba frente al clero, mediante la formación de sacerdotes de una vida intachable que supieran vivir en el mundo.
El saqueo de Roma por las tropas de Carlos V en su lucha contra los papas de tendencias francesas puso brusco fin al esplendor del Renacimiento romano. A los papas humanistas de fines del siglo XV y principios del XVI, le siguieron una serie de hombres que intervinieron con férrea dureza en la vida eclesiástica.
Correspondiendo al deseo del emperador, y con la esperanza de mover a los partidarios de la fe evangélica a su reunificación con la Iglesia católica, el papa Pablo III convocó el Concilio ecuménico de Trento (1544) en el que se reservó también una plaza a los partidarios de Lutero, plaza que no aceptaron.
Se distingue en el catolicismo de esa época dos generaciones distintas: la propiamente reformista y la contrarreformista. La línea divisoria de ambas se sitúa en el año 1541, fecha en que fracasó la última aproximación intentada por los católicos respecto a los protestantes en la Dieta de Ratisbona. Los reformistas habían querido darle a su obra un tono tradicionalista, conciliador y educativo. La virulencia protestante, singularmente la calvinista, hizo imposible que alcanzaran la meta. Entonces prevaleció la actitud combativa, dramática, propagandística y social típica de la Contrarreforma.
3.2. EL CONCILIO DE TRENTO: VICISITUDES PREVIAS A SU CONVOCATORIA. ETAPAS Y CONCLUSIONES. AFIRMACIÓN DE LA ORTODOXIA CATÓLICA.
Muchos católicos consideraban imprescindible introducir cambios en la Iglesia, de ahí que en países de fuerte arraigo católico, como Italia y España, tuvieran lugar movimientos reformistas.
La convocatoria de un Concilio ecuménico se retrasó debido a los recelos del Papado que sospechaba que tras la insistencia de Carlos V de Alemania se escondía el designio de imponer su autoridad suprema. También la situación bélica que vivía Europa contribuyó al retraso, situación en la que todo lo religioso se aprovechaba en beneficio de la política y viceversa. Sólo tras la paz de Crepy fue posible pensar en el Concilio. Finalmente Pablo III convocó el Concilio de Trento. Las sesiones duraron de 1545 a 1563.
Las reuniones celebradas se agrupan en tres períodos: de 1545 a 1547, período del papa Pablo III; de 1551 a 1552 período del papa Julio III; y período de 1562 a 1563 del papa Pío IV. La política internacional provocó dos suspensiones: la primera en 1547 por la acción de Carlos V contra los confederados de Esmalcalda, y la segunda en 1152 a raíz de los éxitos de los protestantes y las resoluciones de la Dieta de Augsburgo.
Se hicieron evidentes dos tendencias: una de carácter más conservador y centralista representada por los obispos italianos, y otra de carácter más renovador en la que destacaron eminentes teólogos jesuitas y dominicos españoles.
Se negó el libre examen y se reconoció como fuente de revelación a la tradición. Se reconoció la necesidad de buenas obras. Se definieron los siete sacramentos, la existencia del Purgatorio, el culto a la Virgen y a los santos, la presencia real de Cristo en la Eucaristía y el valor de las indulgencias. También se reformó la autoridad del papa reafirmándola, se confirmó el celibato para los sacerdotes, se obligó a que no se acumularan cargos eclesiásticos en una misma persona y a que los obispos y abades residieran en sus respectivas diócesis y monasterios. Asimismo se crearon seminarios en cada diócesis. Se revisó la parte del derecho canónico relativa al matrimonio. Ya durante el Concilio sus decisiones fueron anunciadas en los países católicos y llevadas a la práctica.
Después que se hubo visto que no tenía resultados querer ganar a los evangélicos por el camino de la persuasión, empezó la lucha, iniciada no en último lugar por los príncipes católicos con medios mundanos, para la reconquista de los territorios perdidos hasta 1517. El Papado podía apoyarse para este objeto en una Iglesia que internamente se había renovado del todo. El Concilio tridentino dio a la fe católica una nueva y firme base de espiritualidad y organización.
El Concilio de Trento cierra un ciclo de la historia de la Iglesia, que se inicia en el siglo XIII con la aparición de los grandes movimientos heréticos, se fomenta en el XIV con la lucha entre el Papado y el Concilio, y culmina a principios del XVI con la Reforma protestante, secuela natural de unos y otos. De la contienda la Iglesia católica sale triunfante, porque opone su universalismo al particularismo luterano, y al subjetivismo de éste objetividad de una institución divina anclada en el Papado.
3.3. LA COMPAÑÍA DE JESÚS Y LAS ÓRDENES DESCALZAS
El más importante portador del nuevo espíritu de la Iglesia católica fue la Compañía de Jesús. Su fundador fue el noble vasco Ignacio de Loyola (1492-1556) en un principio oficial del ejército español, inutilizado por una herida para el servicio de armas. Con algunos compañeros creó las bases de la nueva orden, que en 1540 fue confirmada por el papa Pablo III. Junto a los votos usuales de pobreza, castidad y obediencia, los miembros de la orden jesuita juraban también someterse sin réplica a las instrucciones del papa. La Compañía de Jesús fue organizada con rigidez militar, de este modo era fácil para la dirección enviar a sus miembros donde hiciera falta.
Para el examen de conciencia y formación del carácter jesuita servían los Ejercicios (días de recogimiento y meditación) que se practicaban con regularidad. No se entendía el ascetismo y el renunciamiento, prohibiendo a sus miembros los ayunos, azotes, cilicios, etc.
Ignacio de Loyola y su Compañía de Jesús representan el ápice del activismo católico y es la muestra más completa de la reacción contra las fuerzas disolventes del Renacimiento.
Otras nuevas órdenes se crearon o se reformaron en la época. Entre las figuras más destacadas, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Santa Teresa creó en su ciudad natal, Avila, el primer convento de monjas carmelitas reformadas. Tuvo grandes problemas con las autoridades debido a sus fundaciones y reformas.
San Juan de la Cruz, además de un importantísimo autor lírico, participó en la reforma de la rama masculina del carmelo, colaborando con Santa Tersa, lo que le comportó graves incomprensiones y sufrimientos, incluso la prisión. Ocupó altos cargos en su orden.
3.4. EL PROBLEMA PROTESTANTE: ACTITUD DEL EMPERADOR
En 1530 millones de alemanes eran luteranos. Carlos V no era un hombre intolerante, por lo que en principio trato de reducir la herejía mediante el diálogo y la negociación, hasta el punto de sorprender a los protestantes en la Dieta de Augsburgo. Se puso de manifiesto la necesidad de un concilio tanto para acometer la reforma de la Iglesia, como para lograr la unidad perdida. Sin embargo el Concilio llegó tarde. La Iglesia se reformó, pero la unidad no sólo no se lograría, sino que los acuerdos conciliares provocan la ruptura definitiva. Como consecuencia la política del emperador cambio radicalmente, se cerraba la vía del diálogo y la tolerancia. La constitución de la Liga de Esmalcalda por parte de los luteranos constituía un grave peligro, por cuanto reivindicaban no sólo la libertad de conciencia, sino la independencia de los príncipes alemanes frente al poder imperial. El fracaso de la postura conciliadora de Carlos V llevó a las armas. El emperador no era intolerante y se sentía influido por la corriente erasmista.
Al final Carlos V derrota a la Liga de Esmalcalda en la batalla de Mülhberg, pero acuciado por otros problemas abandona Alemania en manos de su hermano, y se acepta el principio de cuis regio, eius religio (cada príncipe, su religión). No se daba la libertad religiosa individual, sino que cada príncipe escogía la religión en su territorio y sus súbditos debían aceptarla, ya fuese católica o protestante.
3.5. RELACIONES CON EL PAPADO. CARLOS V Y EL CONCILIO DE TRENTO
Como ya hemos indicado la política del emperador con respecto a los luteranos fue de diálogo y tolerancia. Su primer deseo consistía en llegar a un acuerdo pactado que conservase la unidad de la Iglesia. Para ello se puso de manifiesto la necesidad de un concilio, tanto para acometer la reforma de la Iglesia como para lograr la unidad perdida. La Iglesia se reformó, pero la unidad no sólo no se lograría, sino que los acuerdos conciliares provocaron la ruptura definitiva.
El concepto de concilio no era el mismo para el papa y el emperador. Carlos V pensaba más bien en un sínodo de mesa redonda, en que los luteranos, salvadas ciertas garantías con respecto al dogma y la autoridad pontificia, pudieran exponer libremente su opinión; para el Pontífice, la sumisión previa de los herejes era requisito imprescindible para que pudieran ser admitidos en las deliberaciones.
La discrepancia explica en gran parte las dilaciones que una y otra vez fueron demorando la convocatoria del sínodo religioso, pese a la excelente voluntad del Papa y del Emperador. Cuando al fin se reunió el tan esperado Concilio era demasiado tarde para muchas cosas. No fue el Concilio de la unión sino el de la separación radical, la definición tajante de la fe católica frente a un protestantismo poderoso que desde bastantes años antes había perdido todo deseo de diálogo.
Carlos V, como tantos otros católicos, comprendía la necesidad de una seria reforma en el seno de la Iglesia. Su doble error consistió en creer que las diferencias entre católicos y protestantes eran accidentales y que una serie de reformas externas o en puntos doctrinales no afectados por el dogma, serían suficiente para atraerse a Lutero y a los suyos.
3.6. EL REINADO DE FRANCISCO I: PROBLEMAS POLÍTICOS Y RELIGIOSOS.
Francisco I (1515-1547) consiguió afianzar el sistema de gobierno y llevar a Francia a una época de plenitud. La nación se aproxima al rey, y consigue imponer y reforzar la administración real.
Consiguió el concordato de 1516 que le aseguró grandes ventajas y ponía fin al sistema de elección. Para los beneficios consistoriales, el monarca presentaba su candidato y el papa concedía la investidura canónica.
La historia interna de Francia fue muy tranquila. No hubo querellas dinásticas ni levantamientos internos importantes. Probablemente las campañas exteriores contra el imperio alemán ayudaron a ello, pues ocuparon las energías de la nobleza. Aunque internamente estable, la preocupación de sus soberanos por los problemas exteriores impidió a los reyes franceses tender adecuadamente a los internos.
Sutilmente las nuevas doctrinas luteranas comienzan a introducirse en los años veinte, en el decenio de los cuarenta, los calvinistas desde Ginebra, preparan una larga etapa de guerras religiosas y civiles.
4. CONFLICTOS POLÍTICO-RELIGIOSOS
4.1. FRANCIA
LAS GUERRAS DE RELIGIÓN BAJO CARLOS IX Y ENRIQUE III
La muerte de Enrique II colocó en el trono al joven Francisco II de sólo quince años. La regencia recayó en el cardenal de Lorena, de la católica familia de los Guisa. Comenzaba a plantearse con toda su crudeza el problema del avance del calvinismo, en el que estaban implicadas las rivalidades de las grandes familias francesas.
En los primeros meses de 1560 la situación político-religiosa de Francia ya era crítica. El sínodo calvinista reunido en 1559 fue duramente reprimido, por lo que los nobles calvinistas articularon una conspiración para derribar a los Guisa. La súbita muerte de Francisco II modificó la situación.
Le sucedió su hermano de diez años Carlos IX. La cuestión de la regencia, que correspondía a la casa de Borbón, fue asumida por la madre del monarca, Catalina de Médicis, cuyo único objetivo era conservar la paz y el trono de Francia para sus hijos. Pero su política religiosa provocó la oposición de los más significativos personajes católicos, que constituyeron el llamado Triunvirato Católico.
En enero de 1562, Catalina rodeada ya de consejeros calvinistas, publicó el edicto de la tolerancia que garantizaba a los protestantes la libertad de culto. Este edicto desagradó enormemente a Roma y a España, que estimularon a los católicos a la acción, lo que provocó altercados que hicieron al católico Guisa entrar triunfante en París y poner bajo su protección al rey y a la regente. esto hizo que los protestantes se levantaran el armas, ocuparon Orleans y se dedicaran a destruir iglesias católicas.
Esta primera guerra adquirió dimensión internacional: los calvinistas recibieron ayuda de Ginebra, del elector Federico y de Isabel de Inglaterra; los católicos fueron apoyados por Felipe II.
La guerra se cobró la vida de algunos de los más destacados actores el bando católico, por lo que Catalina se apresuró a firmar la paz y a ampliar el decreto de libertad de conciencia a todos sus súbditos. Inmediatamente inició la tarea de la reconciliación nacional, lo que la llevó a una entrevista en Bayona con el español duque de Alba que le ofreció su apoyo para acabar con los protestantes.
El temor de estos les llevó a volver a tomar las armas e intentar capturar a Catalina y al rey, para lo que se apoyaron en un fuerte contingente de protestantes alemanes. La segunda guerra fue breve ante los recelos de Catalina de una intervención española, se forzó un acuerdo que establecía el statu quo y aproximó a la regente al sector católico.
Así se inició en septiembre de 1568 la tercera guerra en la que el duque de Anjou, hermano del rey, derrotó a los hugonotes refugiados en La Rochela. Pero hábiles movimientos de las tropas protestantes durante 1569, unidos a la escasa eficacia del ejército real y a las nuevas conversaciones de paz de Catalina, llevaron a la firma de una nueva paz en el verano de 1570 muy favorable a los protestantes. Este acercamiento de Catalina estaba justificado por la actitud del duque de Alba en Flandes que irritaba a los calvinistas franceses, por lo que la regente inició el acercamiento por razones de estado, y realizó una nueva política matrimonial.
Los temores de Catalina a quedar fuera del poder la llevaron a organizar en agosto de 1572 una terrible matanza de hugonotes, la matanza de la noche de San Bartolomé. Estos asesinatos provocaron el exilio de numerosos protestantes a Ginebra y Estrasburgo.
Los hugonotes endurecieron sus posturas y se rebelaron contra un rey que había ordenado su exterminio, tomaron las armas en todas partes e iniciaron la cuarta guerra, ahora contra el poder real. A ellos se aproximaron alguno nobles incluso católicos, deseosos de acabar de una vez con las luchas religiosas.
Carlos IX murió en el verano de 1574 y le sucedió su hermano el duque de Anjou, con el nombre de Enrique III. Astuto y perspicaz, carecía de vigor físico y de tenacidad para ejecutar sus propósitos. En su ausencia, Catalina enemistada con alguno nobles, había provocado la existencia en el sur y sureste de Francia de un virtual estado hugonote independiente, con sus propias instituciones, su estructura financiera y un acuerdo para vivir una plena libertad de conciencia. Enrique III, sin medios para combatirlos, tuvo que aceptar la humillante paz de Monsieur muy favorable a los hugonotes. Parecía que Francia estaba dividida en dos religiones, pero numéricamente los católicos representaban un gran volumen de la población.
Los católicos se reunieron en una Liga y forzaron a Enrique III a iniciar la sexta guerra (1576-1577) que acabó con una tregua menos favorable a los protestantes.
Siguieron unos años confusos, que sumieron a Francia en el caos. La Liga católica revivió en 1584 para imponer sus candidatos a la sucesión al trono de Francia. Contaba con el importante apoyo de Felipe II que necesitaba mantener una dinastía católica que no apoyara a los protestantes flamencos. Presionado por la Liga, Enrique III revocó todos los edictos de tolerancia religiosa y declaró proscrita la herejía protestante.
Así en septiembre de 1585 surgía la octava guerra, la más larga y encarnizada. Se jugaba la supervivencia protestante y la sucesión a Enrique III. París se sublevó contra el monarca y le declaró tirano y asesino, implantando un régimen revolucionario. Enrique III no tuvo más remedio que apoyarse en los protestantes. El 1 de agosto de 1589 fue asesinado ante los muros de París. Antes de morir declaró sucesor a Enrique de Navarra jefe del partido hugonote. La Liga apoyada por Felipe II proclamó en París a Carlos X, el cardenal de Borbón ya muy anciano. La prosecución de la lucha era inevitable. Los hugonotes arreciaron en sus campañas y asediaron París, que resistió gracias al apoyo de Alejandro Farnesio. La situación de empate provocaba una indefinición del conflicto.
ENRIQUE IV Y LA PROCLAMACIÓN DEL EDICTO DE NANTES.
Era evidente que la mayoría católica de Francia no quería un rey calvinista, y también que el triunfo de la Liga católica provocaría la desmembración de Francia o su sumisión a España. Se necesitaba una solución de compromiso que terminara con un conflicto que duraba ya dos generaciones. Se buscó la unidad de Francia bajo un trono católico y una política de moderación religiosa.
El último obstáculo lo constituía la fe calvinista del pretendiente al trono, Enrique de Navarra. Este adjuró, por segunda vez, del calvinismo. En la basílica de Saint Denis se reconcilió con la Iglesia. Francia necesitaba una conversión completa y adecuada a la realidad religiosa. Enrique IV fue entonces aceptado por el pueblo de París como su legítimo monarca el 22 de marzo de 1594.
El nuevo rey comenzó de inmediato la tarea de la reconquista nacional, encontrando oposición en Borgoña. La absolución otorgada por el papa Clemente VIII en 1595 a Enrique IV, facilitó en grado sumo la política del rey, así en octubre de 1595 terminaron las guerras religiosas en Francia.
Reconocido por todos los franceses, Enrique IV fundó el dominio de la casa de Borbón en Francia. A los que habían sido hasta entonces sus correligionarios les concedió en el edicto de Nantes de 1598, una amplia libertad religiosa.
4.2. INGLATERRA
LA POLÍTICA RELIGIOSA: AFIRMACIÓN DEL ANGLICANISMO
Aunque la Iglesia de Inglaterra seguía conservando algunas formas católicas sin embargo los 39 artículos con su repulsa al Papado, de la doctrina católica de la Eucaristía, de la veneración de los santos y de las indulgencias, está separada por un abismo que no es posible soslayar. Contra los adversarios de la Iglesia estatal se dictaron una serie de disposiciones legales, que en los primeros años fueron aplicadas a los papistas con bastante suavidad. Sólo cuando la reina escocesa María Estuardo, cuyas pretensiones al trono inglés eran apoyadas por España, los demás países católicos y una parte de los católicos ingleses, buscó refugio en Inglaterra ante una rebelión de calvinistas escoceses, y fue apresada; se alzó una ola de persecuciones contra los católicos. Inglaterra se convirtió en la cabeza del frente evangélico, por lo que se enfrentó a los Habsburgo y al Imperio español.
RELACIONES CON ESCOCIA
María Estuardo regresó a Escocia en 1561, era católica, y se encontró que desde 1545 las aspiraciones antieclesiásticas de la alta nobleza se habían plasmado en el credo calvinista difundido por John Knox, que creó el tipo presbiteriano de moral escocesa y que obtuvieron la secularización de los bienes de la Iglesia, de los que los nobles obtuvieron la parte más importante.
María Estuardo se halló ante una nobleza sublevada, sin apoyos externos y con la enemistad de Isabel de Inglaterra, y optó por casar con Enrique Darnley, primo de Isabel de Inglaterra, lejano aspirante al trono inglés y favorito de la nobleza católica de aquel país.
Se produjo una sublevación nobiliar incitada desde Londres, en laque perdió la vida el rey regente. María volvió a casar con el conde de Bothwell, pero las sospechas de su participación en el asesinato de su anterior marido, provocó una rebelión que obligó a María Estuardo a abdicar en su hijo Jacobo de dos años de edad.
La reina huyó de Escocia y se refugió en Inglaterra, donde fue detenida por Isabel, a la vez que el papa Pío V excomulgaba a la reina inglesa e incitaba a los católicos de este país. Esto provocó la persecución contra estos, de los que muchos fueron ejecutados acusados de traición. En 1587 un tribunal inglés condenó a muerte a María Estuardo.
Como Isabel I permaneció soltera, con ella se extinguió la casa Tudor. Su heredero fue el hijo de María Estuardo, Jacobo VI, que fue educado como calvinista. Así las islas Británicas quedaban unidas bajo una corona.
4.3. LA INSURRECCIÓN DE LOS PAÍSES BAJOS.
A partir de 1556 Flandes fue el mayor problema que hubo de afrontar España, condicionando en gran medida su política exterior. Se entrecruzan las luchas religiosas y el crecimiento de las ideas nacionales.
Flandes era una próspera posesión de la casa de Borgoña. Felipe II había encomendado el gobierno a su hermana Margarita de Parma y a Gravela, al cual hubo de destituir presionado por el conde de Esmont y el príncipe de Orange, pero no aceptó otras reivindicaciones como la libertad de cultos que preocupaba a los calvinistas.
Estos junto a la nobleza flamenca recelaban de la política intransigente de Felipe II, por lo que en 1556 estallaron tumultos que acabaron con el saqueo de varias iglesias.
Felipe II reaccionó enviando al duque de Alba para sofocar la rebelión y este procedió con mano dura, acabando con la vida de los condes de Esmont y de Horn. La insurrección se agravó y se convirtió en guerra al mando de Guillermo de Orange que se alió con los protestantes alemanes e ingleses, y con los hugonotes franceses, con cuyo apoyo organizó una flota que le proporcionó importantes victorias, haciéndose fuerte en las provincias del norte.
A partir de 1573 la guerra se volvió sangrienta, agravándose cuando en 1576 las tropas mal pagadas saquearon Amberes. En 1579 se firmó la Unión de Arras al sur y la unión de Utrech al norte, por lo que los Países Bajos quedaron divididos entre protestantes y católicos.