Tema 27. Nacimiento y expansión del islam
Introducción
La expansión islámica es un fenómeno muy complejo en el que no se deben tener encuentra una sola variable. La religión, la etnia, la civilización o el ansia de riquezas son explicaciones parciales de un mismo fenómeno. Una de las características más sorprendentes de la expansión islámica es su rápido desarrollo. Desde las primeras predicaciones, hacia el 612 hasta el fin de los Omeyas en el 750, cuando dominan desde la península ibérica hasta el río Indo, han pasado tan solo 138 años.
El
islam es, ante todo, una religión fundada por Mahoma a comienzos del siglo V.
La figura de Mahoma es un tanto legendaria y desconocida. Nace en una familia
de comerciantes acomodados. Recibe sus primeras revelaciones hacia el 610;
hacia el 612 comienza la predicación. Durante los primeros años sólo la mujer
de Mahoma, Jadíya, su esclavo Alí Zayd, su suegro Abú Bakr y su yerno Omar
, estuvieron al tanto de las
revelaciones y le apoyaron.
Las gentes a las que predicó Mahoma eran nómadas del desierto, de religión animista y politeístas, entre los que había gran número de santones, magos y profetas. Pero en Arabia también había civilizaciones sedentarias, como la de Saba en el sur de la península. La región es pobre y está un tanto asilada. Solo en el sur había una civilización rica, agrícola y sedentaria, aunque en decadencia. En el norte predominaban los pueblos nómadas, con fuertes vínculos tribales. La tribu será un elemento fundamental en el mundo islámico.
Sin embargo, Arabia no es una región tan aislada como pudiera parecer, ya que los nómadas beduinos del desierto tenían relaciones con los países limítrofes. Había entre ellos cristianos y judíos, aunque predominaban los animistas politeístas que creían en la existencia de semidioses y adoraban a la piedra de la Kaaba. La Kaaba estaba situada en La Meca y era un motivo de peregrinación para todos los árabes. Estas influencias se notan en la religión islámica: el cristianismo y el judaísmo constituyen la base moral e ideológica del islam, se les considera religiones hermanas, al ser monoteístas y tener un libro revelado.
Cinco
son los pilares del islam o faraid, que se consideran fundamentales y son el
centro de la vida de la comunidad. La primera obligación es la kalima, la ilaha
ila Alá «No hay más Dios que
Dios», la profesión de fe o testimonio: No hay más dios que Dios y Mahoma es su
enviado. La segunda obligación es el salat, la de las cinco oraciones diarias.
El tercer precepto fundamental es el zakat, entregar limosna . El cuarto es el
ayuno del mes del Ramadán, y la quinta obligación es la hach
, la peregrinación a La Meca.
Aunque no es un principio también es obligación de todo musulmán proteger el
islam: la yihad
.
La ley
islámica vienen descrita en la saría. La saría es código detallado de conducta,
o los cánones describiendo los modos del culto; los criterios de la moral y de
la vida, las cosas permitidas o prohibidas, las leyes separadoras entre el bien
y el mal. Las fuentes de la saría son el Corán y el hadiz
. Si el Corán es una revelación
divina, (el din), el hadiz
es un recuerdo de las
instrucciones dadas por Mahoma y de sus memorias. Los textos recopilados por
Malik, Bujarí, Muslim, Tirmidzi, Abú Daúd, Nasai e Ibn Majah son consideradas
como las más auténticas. Por otro lado, la suna es una recopilación de lo que
dijo e hizo el Profeta. Existen cuatro escuelas de pensamiento jurídico, o
fiqh, que son interpretadiones de la saría: el fiqh hanafi que es el fiqh
recopilado por Abú Hanifa
Numán Ibn Tabit, ayudado por
Abú Jusuf, Mohamed ach Chaibani, Zufar y otros, todos conocidos por su gran
conocimiento de los problemas religiosos. Es conocido bajo el nombre de la
escuela hanofo
del fiqh. El fiqh malikí: del
andalusí Malik ibn Anás al-Asbahi. El fiqh yafí: fundada por Mohamed ibn Idris
al-Yafí. Yel fiqh hambali
: fundada por Ahmed ibn Hambal
. Todos ellos fueron
elaborados, en su forma actual, durante los doscientos años siguientes a la
muerte del Profeta. De otra parte el tasaúf juzgará las oraciones desde el
punto de vista de la concentración, devoción, pureza de las almas y del efecto
de las oraciones en la moral y los modales. Así el tasaúf mide el espíritu de
obediencia y sinceridad, mientras que el fiqh vigila las reglas que se deben
seguir hasta en sus menores detalles.
1. La Meca y Medina: la creación de la religión
La Meca era una ciudad comercial dominada por la oligarquía mercantil. Era el lugar en el que vivía Mahoma y donde estaba la Kaaba. Estas circunstancias la convertían en una urbe ideal para comenzar la predicación de una nueva religión. Mahoma participa en la vida política y comercial de la ciudad, aunque la suya no es una de las familias más influyentes.
En el 610 comienzan las revelaciones y las visones proféticas, y en el 612 la predicación en su ciudad. Mahoma predica una fe monoteísta y antiidólatra, lo que entraba en conflicto con los intereses de la oligarquía de La Meca, ya que buena parte de sus ingresos provenían de la peregrinación para ver la Kaaba, donde además estaban reunidos todos los dioses de las tribus del desierto. Esto le creó problemas con la oligarquía, y en el 615, ante la persecución contra sus seguidores, aconsejó a algunos de ellos que se refugiasen en Abisinia, lo que dará origen a las primeras discrepancias. En el 619 muere su tío Abú Talib jefe del clan al que pertenecía Mahoma, con lo que se quedó sin su protección. Fue entonces cuando la persecución contra Mahoma y sus seguidores se hizo más intensa.
Ante el hostigamiento sistemático, Mahoma decidió emigrar a otra ciudad y buscar la protección de las tribus nómadas. Se decidió por, Yatrib, una ciudad agrícola en el centro de Arabia. En Yatrib había dos etnias, judíos y árabes, enfrentadas. Las negociaciones de Mahoma para entrar en la ciudad le dejaron como árbitro y máxima autoridad de la misma. Los árabes constituirían al umma en la que todos debían ser solidarios. La ciudad se llamaría Media al-Nabí (la ciudad del profeta). Desde el 620, a pesar de las persecuciones, las conversiones aumentaron entre los nómadas beduinos del desierto. En el 622 la situación se hace insostenible para Mahoma, y decide emigrar. Esta emigración se llamará la Hégira y será tomada como el comienzo del calendario musulmán. Medina se convierte rápidamente a la religión que predica Mahoma, ya que la nueva fe les permite superar sus diferencias tribales y actuar solidariamente. En Medina se creó el primer centro de oración propio de la comunidad: la mezquita.
Una vez establecido en Medina, las relaciones con los judíos comenzaron a ser difíciles. Hacia el 624 les expulsa de Medina, establece que se debe rezar mirando a La Meca y que el Corán es la única palabra de Dios.
La falta de recursos de los seguidores de Mahoma les empuja a comenzar una serie de pillajes contra las caravanas que van a La Meca, lo que se ha mitificado como una guerra, al mismo tiempo que Mahoma continúa predicando entre los nómadas beduinos del desierto, donde consigue muchos adeptos.
La Meca ve el peligro que suponen los ataques contra las caravanas, y en el 627 emprende una guerra contra Medina; pero fracasa. A partir de ese momento, los mahometanos comienzan su ofensiva, más organizada. En el 628 deciden hacer una peregrinación a La Meca, pero su oligarquía negocia con Mahoma para que no entre en la ciudad hasta el año siguiente, y sólo durante tres días, y se firma una tregua de 10 años. El éxito de Mahoma provoca que algunos clanes de La Meca se unan a su causa. Su ejército aumenta, y en el 630 conquista La Meca y declara el templo de la Kaaba lugar sagrado. Mahoma destruye todos los ídolos, excepto la Kaaba, Abraham, Jesús y María. El triunfo de Mahoma es completo.
Desde ese año, la religión musulmana comienza a crecer gracias a los nómadas beduinos que la propagan por toda Arabia. El 8 de junio del año 632 muere Mahoma. Poco antes de morir había designado a Abú Bakr para que le sustituyera como guía en la oración del viernes, pero no determinó cómo debía realizarse su sucesión.
2. La creación del Estado islámico: la primera expansión
Uno de los motivos que más influyó en la rápida difusión del islam fue la creación de un Estado musulmán, ya que tras la creación del mismo sólo los seguidores de Mahoma podían gozar de todos los derechos y pertenecer a la umma.
Durante su estancia en Medina, Mahoma dicta una serie de leyes y normas para organizar la ciudad y la comunidad, que luego pasarán a formar parte del Corán. En el Corán se establecen cinco pilares básicos que todo buen musulmán debe seguir: Alá es el único Dios y Mahoma su profeta, la oración, la limosna, el ayuno en Ramadán y la peregrinación a La Meca.
Tras la muerte de Mahoma se perfilaron dos sucesores, con los mismos derechos: su suegro Abú Bakr y su yerno Omar. Para designar sucesor, o califa (título que tendrán en adelante los sucesores de Mahoma), se despreció la línea consanguínea, que legitimaba a Alí como califa, y se impuso el criterio de Omar, que refrendaba a los fieles seguidores de Mahoma. Así, el primer califa fue Abú Bakr en el 632, que moriría en el 634. Abú Bakr hubo de sofocar las corrientes centrífugas, y durante su gobierno el islam se extendió, definitivamente, por toda Arabia.
El califa debía ser el custodio y protector de la Fe, debía gobernar sobre los hombres y los territorios, para lo que precisaba nombrar gobernadores o visir, y jueces o cadí. Los califas dirigieron su comunidad desde Medina, pero en cuanto su imperio creció se trasladaron a Damasco.
El segundo califa fue Omar (634-644), el auténtico creador del Estado islámico. Se preocupó por incrementar las tierras bajo control musulmán e inició una campaña de conquista dirigida a territorios que no estaban habitados por árabes. Incorporó: Egipto (639- 642) y el norte de África hasta Túnez, Mesopotamia (629-632), la Persia sasánida que había resistido a los romanos, y las tierras hasta los límites del Imperio bizantino (630-642). Bizancio se deshacía en luchas internas tras la muerte de Heraclio, en el 641. En el 636 toma Damasco, la futura capital califal.
Para
gobernar los nuevos territorios hay que crear un nuevo Estado. Para administrar
las regiones se pone al diván, encargado del registro de los musulmanes
combatientes, que recibían una asignación del Estado, ya que se les prohibía
tener propiedades en las tierras conquistadas. Las zonas conquistadas
pertenecían al Estado, y los agricultores eran arrendatarios de él, aunque
algunas tierras las explotaba directamente. Pero también se distinguían los
territorios según hubiese sido la conquista. En los países que se rendían, los
propietarios conservaban sus posesiones, y los que se convertían pasaban a ser
protegidos (dimí
), los cuales tenían que pagar
una renta, que recaudaba el diván. El diván, además, recogía el diezmo o zakat.
El poder político y militar de las provincias se entrega a un valí. De todas
formas, los musulmanes trataron de mantener las estructuras anteriores en las
tierras conquistadas. Con la conquista del Imperio sasánida y Egipto, los
musulmanes, en su mayoría beduinos, se hacen sedentarios, ya que son
civilizaciones con grandes ciudades. En los territorios que había que
conquistar por la fuerza se confiscaban las propiedades.
En el
644 muere asesinado Omar y le sustituye el tercer califa: Otmán
(644-656), de la familia
Omeya. Otmán hubo de luchar por el califato con Alí. El asesinato de Omar
desmitificó la figura del califa y aparecieron disensiones. Los seguidores de
Alí serán lo chiítas. Bajo el califato de Otmán se terminó la organización del
Estado, y se fijó la redacción definitiva del Corán. Durante el califato de
Otmán aparecieron las primeras disensiones entre los musulmanes árabes y los no
árabes, sirios principalmente. Otmán permitió a los árabes tener propiedades
fuera de Arabia. Los problemas para gobernar las tierras conquistadas le
inclinaron a permitir, a los árabes, la creación de grandes propiedades
territoriales, de carácter semifeudal. Fue en este periodo cuando su familia
toma los mejores puestos de la Administración. Al frente de las provincias se
puso a un emir, que era gobernador, jefe del ejército y de la policía, y la
máxima autoridad. Otmán continuó la expansión musulmana por Persia y el norte
de África. Se organizó la primera flota musulmana en Alejandría, en el 649, y
comenzaría la expansión por mar. En el 649 caería Chipre y pondría en jaque a
la flota bizantina. En realidad fueron los sirios quienes organizaron la flota
musulmana.
En el
656 Otmán es asesinado por un partidario de Alí, y este es nombrado califa
(656-661). Surge así la primera fitna, o ruptura, de los musulmanes: los
chiítas, partidarios de Alí; y los sunitas, partidarios de la suna
o tradición ortodoxa,
encarnada en los Omeyas. Alí fue califa después de vencer en una guerra civil.
Durante la guerra se separaron del bando de Alí un grupo integrista minoritario
que abogaba por la igualdad entre todos los musulmanes independientemente de su
origen, fueron los jariyíes. El islam estaba dividido en tres grupos
irreconciliables. Las conquistas de Alí fueron pocas, ya que estaba muy ocupado
consolidando su poder. Alí no encontró apoyo ni en Medina ni en La Meca, por lo
que trasladó la capital del califato a Kufa. En el 661 Alí es asesinado por un
jariyí: los Omeyas ya no tendrían competidores.
3. Los Omeyas
El oponente de Alí en la guerra civil fue Moavia, familiar de Otmán y valí de Siria, el auténtico fundador de la dinastía omeya, ya que hace el califato hereditario. Alí nunca tuvo influencia en todo el islam. Fue Moavia quien obtuvo el favor de Medina y La Meca, y quien controlaba el occidente. Moavia fue proclamado califa tras la muerte de Alí en el 661. Todos los Omeyas tendrán que luchar contra las disidencias chiíes y jariyíes, pero sus califatos serán, en general, esplendorosos. Sobre todo entre el 685 y el 715, época de máximo esplendor.
Moavia (661-680) reestructuró el Estado islámico para hacer de él un sistema aún más centralizado. Traslada el califato a Damasco en el 661, una ciudad mucho mejor comunicada que Medina. Para aplacar los descontentos, da a los jefes de las tribus una nueva dignidad, y crea el Sura, un consejo consultivo que, además, debía aceptar la designación del sucesor del califa. El sucesor debía ser uno de los hijos del califa. El nuevo Estado islámico era semejante al bizantino o al persa, y dominará todo el mundo árabe.
Los sucesores de Moavia: Yazid (680-683), Moavia II (683-684) y Marván (684-685) ocuparon el poder durante cortos periodos de tiempo, lo que activó
las disidencias internas. Hubo de ser un califa más enérgico Abd al-Malik
(685-705) quien impusiese la
paz. Se considera el 693 el año de la reunión, por lograr establecer un poder fuerte bajo su autoridad. Este
califa hizo las primeras acuñaciones de moneda islámica, profesionalizó el
ejército y continuó las conquistas.
Sin
embargo, el imperio había crecido mucho, y su sucesor Valid
I (705-715) no pudo controlar
todo el territorio. En el 711 se conquista la península ibérica sin pedir
permiso a Damasco. Sin embargo, los califas de esta época pudieron consolidar
el poder.
Pero
los conflictos internos no habían sido extinguidos, y Marván
II (744-750) tendrá que
enfrentarse a una crisis que, a la postre, será el fin de la dinastía. La
oposición se reunió en torno a la familia de los Abasíes, vinculados a Mahoma a
través de su tío Abás. En esta familia se concentró la disidencia chií y todas
las minoritarias, con lo que obtuvieron un poderoso ejército con el que
enfrentarse a los Omeyas. En el 749 Abú-l-Abás al-Safá
se proclama califa en Jurasán
e inicia una guerra civil contra el califa omeya. Al-Safá vence a Marván II en
Zab, e inicia una violenta represión contra su familia. De esta represalia sólo
se libró el joven Abderramán, que reconstruirá la dinastía en Córdoba. Es el
fin del califato omeya de Damasco.
4. Los Abasíes
Los
Abasíes
son más unos líderes
religiosos, imanes, que gobernantes. Los califas abasíes dejarán el gobierno en
manos de sus visires. Esta dejadez del gobierno provocó el desprestigio del
califato y favoreció que aparecieran otros califas, como el fatimí en el norte
de África (909), o el omeya de al-Ándalus (929). De todas formas, la unidad ya
se había roto con la instauración, en el 756, de un emirato omeya en Córdoba.
Al-Safá
(750-754) se dedicó, sobre todo, a perseguir a los fieles a los Omeyas,
apartándoles del gobierno de las provincias. Al-Mansur
(754-775) le sucedió en el
califato. Se enfrentó a los chiíes y los jariyíes, que consideraban que se les
había apartado del poder, e iniciaron una revuelta en el 755. Los jariyíes se
establecieron en El Cairo en el 758, creando un territorio autónomo. Pero en el
760 fueron derrotados por las tropas califales. No obstante, fundaron un
emirato en Tahert
, en África. En el 762
al-Mansur funda Bagdad (la ciudad de la paz) y traslada allí la capital del
califato. Durante la época abasí es la familia Barmakí la que controla el
visirato, hasta su caída en desgracia en el 803.
A la
muerte de al-Mansur se abre un periodo de luchas por el califato que llegan a
la anarquía total entre el 809 y el 813. Ese año logra imponerse como califa
al-Mamún
(813-833) que inició una época
de esplendor intelectual. El siguiente califa es al-Mutasim
(833-842) que no pudo mantener
el califato en Damasco y se trasladó a Samarra, en el 835. Harto de las
intrigas de su guardia personal, la sustituyó por mercenarios extranjeros,
bereberes y turcos. Los mercenarios trucos acabaron dominado al califa, y a la
institución califal, quitando y poniendo califas a su antojo. Puede
considerarse como último califa abasí a al-Mutauakil
(847-861). Después de él los
califas apenas tienen autoridad, y son más que nada una ficción. En 1258 la
invasión mongola obliga al califa a refugiarse en El Cairo. En 1299 Osmán I se
hace con el poder y funda la dinastía de los Otomanos que acabarán por
conquistar Bizancio, en 1453. El imperio musulmán comienza a perder territorios
y los califas no tienen ningún poder. No obstante, la ficción se mantendrá
hasta 1517, cuando los Otomanos legalicen su poder.
5. La expansión islámica
Una de las características de la expansión musulmana es su rapidez, y su persistencia en los países ocupados. Se conquistan vastísimos territorios, con muy pocos medios, que hay que gobernar de una manera diferente a como se gobierna una tribu. Las causas que explican la expansión son confusas, y muy a menudo insuficientes. En principio, los pueblos conquistados por los musulmanes no están obligados a la conversión, aunque deben pagar impuestos. La suya es la imposición de una hegemonía política y económica. Se pude considerar como un intento de la población nómada de controlar territorios más ricos y fértiles.
En la época de la expansión musulmana se puede observar la decadencia y la desintegración de todos los grandes imperios que rodeaban Arabia, y que mantenían sometida a la zona: Roma, Bizancio y Persia. Además, los pueblos nómadas beduinos asumen una conciencia panarábiga, gracias al islam.
Las primeras conquistas suponen una afirmación de la soberanía política árabe en la zona. El Estado islámico ofrece estabilidad política a la región y en principio una escasa islamización de las estructuras del poder. Sin embargo, los propietarios de las zonas conquistadas se convertirán al islam muy pronto, ya que ello implica acceder, o conservar, el poder político y económico. Con el tiempo, el Estado se irá haciendo más islámico e intransigente, y se perseguirá a los infieles. Sin embargo, ésta también es la época en la que termina la hegemonía árabe sobre el Estado islámico.
La estructura tribal de los beduinos y los bereberes, otro pueblo nómada islamizado, llevará a profundos conflictos dentro del islam por la hegemonía del clan y la tribu, dentro de la sociedad; a pesar de la umma y el concepto igualatorio de todos los creyentes. El Estado islámico se desintegrará en múltiples estados de carácter plenamente feudal, al igual que los reinos cristianos.
5.1. La conquista de Oriente
La expansión fuera de Arabia comienza muy pronto, en el califato de Abú Bakr. En el 633 se conquista Iraq. En principio son simples razias dentro de un estado en descomposición, como era el Imperio persa, dominado por la anarquía. Los grupos nómadas que asolaban el país fueron formando una guerrilla que terminó por controlar la zona, con el permiso del califa. Las nuevas conquistas siempre debían estar autorizadas por el califa.
Las tribus islámicas que se instalaron en el valle del Tigris y el Éufrates verían como la población les facilitaba su labor, ya que ellos ofrecían estabilidad política frente a la anarquía que reinaba en el Imperio sasánida. Los nuevos conquistadores fundarían flamantes ciudades, como Kufa y Basora, en el 638.
La invasión de Persia comienza en el 640, y en menos de diez años habrá caído el imperio que resistió a las tropas romanas. La arabización del país fue muy rápida, pero, además, ayudó a que las tribus nómadas que formaban el islam se hiciesen sedentarias, sobre todo en la época omeya. Persia perdió su religión zoroástrica y su independencia política, pero no su lengua ni su cultura, que a través del islam se extendería por todo el mundo.
5.2. La conquista de Siria, Mesopotamia y Armenia
Pero el imperio más coherente de la zona es el bizantino. Bizancio logra contener el avance de las tropas musulmanas, aunque pierde territorios. El Imperio se encuentra en graves dificultades económicas, y en plena campaña para reconstruir el Imperio romano.
El asalto del Impero bizantino se planea en Medina, a petición de la población, y comienza en el 633. La invasión se organiza como una auténtica campaña militar. La conquista de Siria es relativamente fácil, ya que cae en el 640. Desde aquí se organizan aceifas que llegan hasta el Cáucaso. La islamización de la sociedad es más lenta que en Persia, excepto en Armenia, pero el país se controla políticamente. Siria se convierte en una provincia con cierta autonomía, aunque está plenamente arabizada. Son los sirios quienes crean la flota musulmana y quienes apoyarán a los califas omeyas. Moavia hizo de esta zona su base territorial para crear una dinastía y un imperio, por lo que trasladó la capital del califato a Damasco en el 661. La cultura islámica se urbaniza definitivamente, será la civilización urbana de la Edad Media.
5.3. Conquista del Occidente: Egipto y el norte de África
Una vez consolidada Siria, se comienza la conquista de Egipto, que se librará así de la dominación bizantina, que le exigía impuestos muy elevados. La invasión de Egipto comienza en el 642, y apenas ofrece resistencia. En Alejandría se crea la primera flota musulmana, en el 649, que expulsaría del Mediterráneo a los piratas, pondría en jaque a la flota bizantina y aseguraría la navegación por este mar; con lo que se recuperaría el comercio. Esta flota les permitiría continuar la conquista por mar. En el 649 conquistarán Chipre y atacarán las costas mediterráneas del norte.
La conquista de Egipto planteó algunos problemas al islam. A diferencia de los territorios conquistados hasta entonces, Egipto tenía una raza y una lengua diferente, y totalmente extraña para ellos, además de una historia muy antigua y esplendorosa. Sin embargo, la arabización e islamización de Egipto fue muy rápida y profunda. Aquí se creará un tipo de mezquita que triunfará en todo el mundo islámico. En Egipto se irán asentando distintas tribus que irán llegando en sucesivas oleadas migratorias, durante 200 años.
En el
resto del norte de África la población indígena es también mónada: libios,
númidas, bereberes, etc. Pero la resistencia es mayor, aunque sea esporádica e
ineficaz. Los musulmanes se hicieron rápidamente con el control económico y
político de la región y su civilización se superpuso a la de los bereberes en
lengua y cultura. Los bereberes asumen rápidamente la cultura islámica y se
convierten en grandes defensores de la Fe, pero no se arabizan. La conquista
del norte de África hizo el mundo islámico muy grande y Damasco comenzó a
perder contacto con las tierras conquistadas. Se crea el Magreb
cada vez más desvinculado de
la capital del califato.
5.4. Las conquistas europeas: España, Francia e Italia
La iniciativa de comenzar la conquista al otro lado del estrecho de Gibraltar no surge en Damasco, sino en el Magreb, por iniciativa del valí Muza y con apoyo de su jefe militar Tarif.
La
invasión de la península ibérica comienza en el 711, durante el cenit de la
dinastía omeya, con una expedición de Tarif, ordenada por Muza. La conquista
comienza con muy pocos hombres. El reino visigodo se está descomponiendo. El
rey don Rodrigo no es aclamado como rey por todos los nobles, y está en plena
guerra civil para consolidarse en el poder. Además, el reino visigodo nunca
llegó a controlar efectivamente toda la península. La invasión acabó con el
Estado y la Corona. La tradición cuenta que los musulmanes fueron llamados por
los opositores a Rodrigo para poner en el poder a Agila II. Tras la victoria de
Guadalete, en el 711, los musulmanes no encuentran excesiva resistencia por
parte de la población hispanovisigoda, ya que para ellos sólo significó un
cambio de señor feudal, y algo más benigno. Muza se instala en Toledo en el
712, Tarif en Amaya y Guadalajara, y avanzan hasta las estribaciones de la
Cordillera Cantábrica y los Pirineos. En el 714 tienen casi toda la península
bajo su control. En el 722 (según la tradición en el 718) Pelayo detiene la
incursión en Covadonga
, al mismo tiempo que comienzan
los problemas internos en el al-Ándalus
, con lo que se consolida un
reino cristiano en la península. Hacia el 732 los musulmanes comienzan a perder
territorios al norte del Duero. Sin embargo, los musulmanes están plenamente
asentados en la península y las conquistas consolidas. En el año 756 Abderramán
I llega a al-Ándalus e
independiza el territorio de los califas abasíes, creando un Estado unitario.
En el
año 714 Tarif, desde Barcelona, lanza aceifas contra el territorio francés. A
veces se enfrentará a tropas regulares. Las conquistas árabes son imparables y
están atacando el corazón del reino franco de Carlos Martel. En el 721 el valí
al-Sam
toma Narbona y asedia Tolosa,
pero es derrotado. En el 732 Abd al-Rahmán al-Gafiqi
ataca Poitiers, pero cae
derrotado ante Carlos Martel. Este revés significa la detención definitiva de
la expansión. Los éxitos militares contra los cristianos disminuyen, y los
problemas internos aumentan.
En el año 827 los musulmanes ocuparán Sicilia. El dominio del mar es absoluto, ya que se lo han arrebatado, definitivamente, a Bizancio. Aunque en el 1060 es reconquistada por los normandos, lo que marca la desaparición de las incursiones musulmanas en Italia.
5.5. Las conquistas orientales
El islam también se expande hacia el Oriente por el Asia central y la India. En el año 670 se ocupa Afganistán, que es dependiente, culturalmente, del Asia central. Allí domina el budismo y el zoroastrismo, y está bajo la influencia del Imperio chino. La cultura y la población asiática es totalmente diferente a la musulmana, y ofrecieron una resistencia feroz a la invasión, pero pudieron dominar el territorio. La conversión al islam implicaba la exención de los tributos exigidos a los infieles, pero la islamización no es completa.
En el 750 se produce la revolución abasí contra los Omeyas. El califato se traslada a Bagdad en el 762 y la unidad del islam se viene abajo. Sin embargo, la religión se universaliza. Es entonces cuando se emprende la conquista de la India, muy difícil. La India no se arabiza, aunque sí se islamiza en buena medida. La conquista de la India procede de los países limítrofes, sin tanta fuerza como Bagdad.
6. El fin del imperio
Tras la revolución abasí, en el 750, se crean tres califatos y múltiples reinos de taifas. Los abasíes no controlan todo el territorio. Las luchas por el califato, llevan a la anarquía total entre el 809 y el 813. Al-Mutasim (833-842), que no pudo mantener el califato en Damasco, se trasladó a Samarra en el 835.
En 1258
la invasión mongola de Gengis-Jan
sacude el Imperio en el
oriente y obliga al califa a refugiarse en El Cairo. El imperio musulmán se ha
desintegrado. No obstante, habrá califas abasíes hasta 1517, cuando los
Otomanos conquisten el poder.
Allí donde se instaló el islam la religión perdura, o al menos estuvo asentada durante muchos años. El espíritu del Imperio musulmán pasará a los turcos otomanos que dominarán el Próximo Oriente hasta la Edad Contemporánea.
BIBLIOGRAFÍA
Bernard Lewis: «El mundo del islam: gente, cultura y fe». Destino. Barcelona 1995
Claude Cahen: «El islam». Siglo XXI. Madrid 1972
Robert Mantran: «La expansión musulmana. (Siglos VII al XI)». Labor. Barcelona 1973
Emilio Cabrera y Cristina Segura: «Historia de la Edad Media: Bizancio y el islam». Alhambra. Madrid 1988
Miguel Cruz Hernández: «El islam de al-Ándalus: Historia y estructura de su realidad social». M.A.E. (Agencia española de cooperación internacional, Instituto de cooperación con el mundo árabe) Madrid 1992