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TEMA 72. CAMBIO SOCIAL Y MOVIMIENTOS ALTERNATIVOS.

FEMINISMO, PACIFISMO, ECOLOGISMO.

1.    CAMBIO SOCIAL Y MOVIMIENTOS ALTERNATIVOS

“Más que cambiar el mundo, como diría Marx, hay que cambiar la vida, como decía Rimbaud”. Esta cita efectuada por el poeta Leopoldo María Panero (El País; 27 de octubre de 2001) nos va a servir de punto de partida para analizar los cambios sociales producidos en los últimos años.

Efectivamente, durante la historia de las movilizaciones sociales se puede señalar un claro punto de inflexión. Hasta los años sesenta, los movimientos sociales, canalizados en lo que se conocía como “movimiento obrero”, pretendían “cambiar el mundo”. Eran movimientos orientados a transformar la estructura social con la esperanza de que, generando nuevas formas sociales, la emancipación del trabajador sería posible.

Sin embargo, a partir de los años sesenta la efervescencia en la movilización social aumenta. Emergen infinidad de movimientos que no encajan, o bien encajan mal con los esquemas que han ordenado los anteriores. Como diría nuestro poeta, querrán “cambiar la vida”. Sus demandas ya no estarán dirigidas a la obtención de mejoras económicas, sino a mejorar la vida: a crear espacios de libertad, de participación, de gestión conjunta de los asuntos sociales. Para conseguirlo, utilizaron recursos, estrategias y tácticas tan nuevas que las ciencias sociales no encontraron forma alguna de hacerlas inteligibles desde los viejos modelos marxistas, y se vieron obligadas a construir otros nuevos.

Feminismo, ecologismo, liberación gay y lésbica, nacionalismo, antiglobalización, okupas, etc. Son ejemplos de estos nuevos movimientos sociales. Pero ¿Qué son? ¿Cómo aparecen? ¿Cómo funcionan? ¿Qué consecuencias generan todos estos movimientos?

A pesar de su variedad y de su evidente complejidad,  es posible hallar un cierto número de características que los unen:

1. Son grupos heterogéneos respecto a su composición, contenidos y formas de organización . Como señala A. Touraine, los actores de estos movimientos alternativos son individuos que, a diferencia de los movimientos sociales clásicos, no se encuadran en posiciones estructurales homogéneas ni tampoco presentan un alto nivel de habilidades estratégicas.

2. Presentan una estructura descentralizada y poco burocrática, que destaca por un proceso de toma de decisiones ante todo participativo. Plantean un desafío al orden político contemporáneo, al abogar por un nuevo estilo de acción política, basado en la participación directa. Con ello, muestran una manifiesta oposición y crítica al modelo  democrático liberal de participación política.

3. Son antiinstitucionales, tanto desde sus formas organizativas, como desde su comportamiento, funcionando de manera distinta a como lo hacen otras instituciones sociales y políticas. Esta posición anti-institucional se hace patente en el carácter de sus reivindicaciones, y es que tras una etapa de las sociedades occidentales, en la que las necesidades materiales habían quedado más o menos cubiertas por el Estado del Bienestar, los movimientos alternativos pasan a incluir en sus demandas la satisfacción de nuevas necesidades derivadas de nuevos valores “postmaterialistas, no satisfechos por el mercado. Necesidades de carácter colectivo antes que individual, de solidaridad, y de búsqueda y reivindicación de nuevas identidades colectivas (étnicas, de género, de minorías...)

4. Los movimientos sociales clásicos elaboraban propuestas de cambio total del sistema  mediante la lucha reivindicativa de la clase obrera. Sin embargo, los movimientos alternativos ya no tienen a esta clase social como protagonistas de la acción sino a las clases medias. Estas clases ya no buscan revoluciones sino la satisfacción de unas necesidades hasta cierto punto particulares, que se combinan con demandas de carácter universalista, pero que son demandas de logros y beneficios extensivos al conjunto de la sociedad. De este modo, la consecución de las metas y objetivos que orientan su acción no sólo benefician a los participantes de la acción o a los miembros del movimiento, como ocurría con el movimiento obrero, sino que se extienden al conjunto de la sociedad.

5. Todos estos movimientos expresan también una crítica a la Sociedad moderna, señalando dónde están sus contradicciones y erigiéndose en protagonistas de la búsqueda de soluciones a esas contradicciones. Para los movimientos alternativos, las contradicciones y el conflicto social no se generan exclusivamente en el ámbito económico ni en la producción y distribución de bienes, sino que existen otras zonas de conflicto. El conflicto social no es ya de carácter económico sino cultural. Con ello se cuestionan los modelos culturales y civiliza torios, los ámbitos donde se dirime la identidad personal y el sentido de la vida. Para los sociólogos R. J. Dalton, M. Kuechler y W. Bürkin  esta ideología es lo que verdaderamente distingue a los movimientos alternativos de otros movimientos sociales.

6. Se les denomina movimientos alternativos porque reivindican el quedarse fuera, al margen del marco institucional de la administración pública. Prefieren influir en las decisiones políticas mediante presiones y mediante la opinión pública, en lugar de comprometerse con la actividad política convencional. Uno de los instrumentos utilizados por los nuevos movimientos sociales para ejercer influjo en la opinión pública y en aquellos que toman decisiones políticas, es la protesta, que se ha convertido en una actividad planeada y organizada. En numerosas ocasiones, se apoyan para la acción y la movilización de sus simpatizantes en los medios de comunicación, que son considerados como un factor muy importante para lograr extender sus mensajes y reivindicaciones a toda la población (especialmente internet). Por último, su estilo político es no convencional, es decir, alternativo: impregnado de fuerte sentimiento antisistema, alejado de los procesos de negociación y conflicto de los sistemas corporatistas de las sociedades democráticas occidentales, y de las formas, estilo y normas de los partidos políticos.

      Hay que precisar que no todas las formas de acción colectiva y sus organizaciones presentan  estos rasgos, pero sí son fácilmente observables entre aquellos movimientos más representativos y que mayor impacto han tenido y tienen en las sociedades contemporáneas, como son el movimiento feminista, el movimiento pacifista y el movimiento ecologista, con sus derivaciones y particularidades. Veamos ahora de forma pormenorizada las principales características de estos movimientos alternativos.

2. FEMINISMO. ECOLOGISMO PACIFISMO.

a)    Origen:

La mayor parte de los analistas comparte la idea de que el origen de los nuevos movimientos sociales debe buscarse en el ciclo de luchas y protestas de la década de los sesenta que culmina en 1968 y se prolonga, según los países, hasta mediados los años setenta del siglo XX. La expresión "nuevos movimientos sociales" comprendía entonces básicamente tres: feminismo, ecologismo y pacifismo. Estos tres movimientos no pueden analizarse de manera aislada sino que guardan entre sí estrechas relaciones. Además, tampoco tienen rasgos fijos en el tiempo sino que han ido evolucionando conforme los han hecho los acontecimientos históricos.

Teniendo en cuenta estas premisas, podemos afirmar que todos ellos tienen estas características básicas:

·         Los tres (feminismo, ecologismo y pacifismo) han nacido en el marco y al rebufo de un movimiento social más amplio, el movimiento estudiantil o universitario que, entre 1965 y 1970, se extendió desde California a Frankfurt y Berlín, desde París a Praga y desde Barcelona y Madrid a Italia y México.

·         Los tres tienen su origen en las capas medias ilustradas de las sociedades llamadas de capitalismo tardío o avanzado, en una fase de crecimiento económico relativamente acelerado, de acentuada generalización de la enseñanza universitaria (lo que entonces se llamó "masificación") y de incorporación relativamente rápida de la mujer al trabajo externo (no exclusivamente doméstico).

·         Los tres han crecido, sobre todo por lo que hace a Europa, discutiendo, polemizando y/o dialogando con el movimiento social crítico de la sociedad capitalista más implantado en la época, es decir, con el movimiento obrero y sindical.

·         Los tres han nacido y se han desarrollado criticando a la vez "la democracia realmente existente" (en Estados Unidos y Europa occidental) y el "socialismo realmente existente" (sobre todo en la URSS y en los países del Pacto de Varsovia).

·         En su origen fueron básicamente movimientos antiautoritarios, antiburocráticos, antimilitaristas, antiimperialistas, anti-productivistas, antipatriarcales; y, por extensión, fueron también a la vez anticapitalistas y antisocialistas (entendiendo por tal, básicamente, el modelo soviético de socialismo existente en la URSS, no el socialismo como ideal o como movimiento).

·         Los tres (feminismo, ecologismo y pacifismo) han nacido en Estados Unidos, en conexión con lo que se llamó "contracultura", trasladándose rápidamente, a través de la cultura anglosajona, a todo el mundo. Luego estos movimientos se han ido diferenciando por regiones y/o países casi siempre en función de estos dos factores: las peculiaridades culturales y nacionales; y la implantación relativa, en cada país, del movimiento obrero y sindical con el que polemizaban o dialogaban.  En efecto, allí donde el movimiento obrero y sindical era muy débil o estaba particularmente integrado en el sistema social (casos de Estados Unidos, Alemania, Países Bajos y parte del Norte de Europa) estos otros movimientos sociales alcanzaron bastante rápidamente un alto grado de autonomía, tanto teórica como práctica. El ejemplo más notable en este sentido fueron las "iniciativas ciudadanas" en la RFA de finales de la década de los setenta, origen de lo que luego sería el Partido Verde Alemán. En aquellos lugares en que, en cambio, el movimiento obrero y sindical (y los partidos políticos a ellos vinculados) habían conservado cierto espíritu de resistencia al sistema (por ejemplo, en la Europa del Sur, en Latinoamérica y en otros lugares) feminismo, ecologismo y pacifismo tuvieron que moverse en los márgenes de la socialdemocracia organizada, fluctuando, por tanto, entre la afirmación de la autonomía y la tendencia a transformar desde dentro estas otras organizaciones y partidos. Tal fue el caso, hasta la década de los ochenta, de Francia (donde los partidos socialista y comunista tenían una importante implantación en la década de los setenta), de Italia (con un partido comunista a punto de llegar al gobierno a mediados de los setenta) y de España, Portugal y Grecia (en fase de transición a formas democráticas y con una muy fuerte implantación de los partidos y movimientos comunistas hasta la década de los ochenta.

·         Hablando con propiedad, los tres movimientos sociales mencionados  son sólo relativamente "nuevos". En la década de los setenta del siglo pasado solía decirse que dichos movimientos eran "nuevos" por comparación con el "viejo" movimiento obrero y sindical. Pero, de hecho, el feminismo como movimiento social (sufragista, por ejemplo) es tan antiguo como el movimiento obrero y sindical; el pacifismo como actitud es más antiguo que el movimiento obrero y sindical, y como movimiento propiamente dicho se remonta, en Europa, por lo menos a la antesala de la primera guerra mundial o, en algunos aspectos, a la guerra franco-prusiana de 1870. De modo que "la novedad" de estos dos movimientos en los años 60-80 tiene que referirse sobre todo a su dimensión (a la realidad social que representaban) y a su orientación (antisistema) más que a las ideas que defienden sobre la igualdad entre los géneros o sobre la paz. Sí era "nuevo", en todos los sentidos, el movimiento ecologista o medioambientalista, pues aunque antes de los años sesenta había habido personalidades individuales de las que puede decirse que fueron "ecologistas", nunca hasta entonces había habido un movimiento social que tuviera como objetivo explícito rectificar abiertamente el productivismo industrialista de nuestras sociedades.

Muchas veces cuando se escribe sobre el feminismo, el ecologismo y el pacifismo de la década de los setenta, sobre todo en Europa, se tiende a colocar su origen en el mayo francés de 1968. Esto es inexacto. Los documentos escritos del movimiento francés de ese año y las grabaciones que han quedado de las asambleas estudiantiles no avalan esta tesis. En los textos y en las grabaciones en que se recogen las reivindicaciones y las discusiones de los estudiantes, obreros e intelectuales que participaron en los acontecimientos del mayo francés apenas hay nada que tenga que ver con el feminismo, el ecologismo y el pacifismo. Hay que considerar, más bien, que el origen intelectual de estos movimientos está en la contracultura norteamericana de la década de los sesenta, vinculada a su vez a una reconsideración radical de las relaciones entre los sexos, al respeto de las diferencias (empezando por las diferencias de género), al retorno a la naturaleza a través de una nueva vida comunitaria, al movimiento en favor de los derechos civiles y a la desobediencia civil como forma principal de protesta.

Además de estos tres movimientos sociales y del ya mencionado movimiento estudiantil o universitario no se debe olvidar, en este contexto, que por los mismos años se estaba configurando y desarrollando otro movimiento social: el movimiento ciudadano, de base urbana, organizado por barrios, cuyas reivindicaciones (creación y mejora de infraestructuras, de los servicios sanitarios, de las condiciones de salubridad e higiene, de enseñanza, de esparcimiento y ocio, etc.) se entrecruzaban con algunas de las reivindicaciones de los otros movimientos y también con las reivindicaciones tradicionales del movimiento obrero y sindical. Así, por ejemplo, algunas de las luchas de los años setenta en las grandes ciudades incorporan reivindicaciones transversales del movimiento obrero, del movimiento ecologista, del movimiento feminista y del movimiento ciudadano. Este movimiento enlazaba ya, desde principios de la década de los setenta, con las prácticas de lo que en Estados Unidos se llamó "el nuevo vecindario" y con las teorizaciones que por entonces se estaban haciendo sobre el sentido y la función de los movimientos urbanos (H. Lefèbvre, A. Touraine, M. Castells, J. Borja, A. Mattelart) en Estados Unidos, Europa occidental y algunos países latinoamericanos (sobre todo en el Chile de Allende.

b)Auge del neoconservadurismo:

A partir de 1980, la acentuación del ciclo conservador (tatcherismo y reaganismo) en las sociedades industrialmente desarrolladas del Norte (Estados Unidos y Reino Unido, sobre todo) no sólo quebró parcialmente la ética de la resistencia del movimiento obrero y sindical sino que afectó también, y profundamente, a los movimientos alternativos. La primera mitad de la década de los ochenta estuvo marcada, en el plano internacional, por la inflexión ofensiva de Estados Unidos y de la OTAN en materia de estrategia nuclear. Esta inflexión, que fue captada muy bien, ya en sus inicios, por el historiador británico E. P. Thompson, hizo pasar a primer plano (sobre todo en Europa) el movimiento antimilitarista y pacifista.

Sintomáticamente, gran parte de los militantes de los anteriores movimientos ecologista y feminista pasaron a trabajar en los movimientos anti-OTAN y en las organizaciones antimilitaristas y pacifistas. Esto se explica por el temor generalizado que entonces se produjo a una guerra librada con armas nucleares y porque la parte más activa del movimiento ecologista a comienzos de la década de los ochenta se oponía a la energía nuclear en sus diferentes manifestaciones. Así nació lo que se conoce con el nombre de “Ecopacifismo”. Al mismo tiempo el movimiento feminista se vio afectado por los efectos de la reestructuración industrial y por las restricciones impuestas (desde un punto de vista neoliberal) al Estado asistencial que frenaron el ritmo de incorporación de la mujer al trabajo externo.

Así, pues, se puede decir que el gran movimiento social de mediada la década de los ochenta ha sido el movimiento pacifista (con sus diversas corrientes). Casi todas las grandes manifestaciones de esos años en Europa tienen que ver con la preocupación ante lo que se percibía como un inminente peligro de guerra nuclear entre las dos grandes potencias, peligro que no empezó a decrecer hasta la proclamación de la “Perestroika” en la Unión Soviética y la declaración, por parte de Gorbachov, de un desarme unilateral.

Durante ese período, y hasta la celebración del referéndum sobre la OTAN (1986), en la mayoría de las comunidades autónomas que componen el estado español coincidió en este movimiento antibelicista y antimilitarista casi todo lo que quedaba en el país de la vieja izquierda social-comunista con casi todo lo que había nacido en la década de los sesenta como nueva izquierda (libertaria y antiestalinista). Ahí hay que ver, por lo demás, el origen de Izquierda Unida como movimiento político-social.

De ese período habría que subrayar otras dos cosas.

1ª la incorporación (cuantitativa y cualitativamente importante) de sectores religiosos (en nuestro caso, cristianos) al movimiento antimilitarista; incorporación favorecida no sólo por la actividad de las comunidades de base sino también por la actitud de la jerarquía de algunas iglesias ante las armas nucleares y por el desarrollo de la filosofía latinoamericana de la liberación. Todo eso contribuyó a dar una nueva dimensión ideológica, más mestiza, más plural, al movimiento, factor éste que le diferencia de las marchas antibelicistas de las décadas anteriores en varios países europeos, como Alemania e Inglaterra.

2ª la influencia, cada vez mayor en el conjunto de los movimientos sociales, de las reflexiones de origen feminista sobre la vida cotidiana, sensibilidad, educación de los sentimientos, diferencias de género e igualdad; una influencia que, independientemente de las fluctuaciones del movimiento feminista propiamente dicho en el aspecto organizativo, se hizo muy patente en el conjunto del movimiento antimilitarista y ecopacifista de entonces. Este fenómeno es observable tanto en algunas de las manifestaciones antibelicistas de la época en Inglaterra como en numerosos documentos teóricos del movimiento en Alemania e Italia.

Paralelamente, durante ese período, se produjo una importante crisis del anterior movimiento ciudadano. Se trata de un proceso con oscilaciones cuyo factor determinante ha sido (casi siempre) la proximidad al gobierno y al poder de unos u otros partidos políticos. Esta crisis tuvo dos derivaciones principales, cuyos ejemplos, emblemáticos, fueron Alemania y España.

En Alemania las anteriores iniciativas ciudadanas, que habían estado poniendo el acento en el voluntariado social, quedaron incorporadas (como gran parte del movimiento pacifista, del ecologismo y del feminismo alternativo) al Partido Verde, que se fue consolidando como una opción político-social independiente de los dos grandes partidos parlamentarios (la democracia cristiana y la social-democracia).

En España, con el PSOE en el gobierno desde 1983, el movimiento ciudadano fue perdiendo autonomía, bien por integración de sus miembros en los partidos políticos, bien por incorporación de los mismos en el más amplio movimiento antimilitarista y pacifista. Poco a poco el movimiento ciudadano fue colonizado por los diferentes partidos políticos y su actividad anterior generalmente sustituida por los profesionales de la gestión y de la animación cultural, con lo que el trabajo social voluntario pasó a un segundo plano.

Así, pues, cuando se entra en la nueva fase de distensión internacional (a partir de 1986-1987) todos los movimientos sociales anteriormente mencionados estaban en un nivel más bajo que el que habían alcanzado en la década de los setenta. En España el movimiento anti-OTAN se deshace después de la derrota en el referéndum. El más amplio movimiento antimilitarista se fragmenta en movimientos sociales menores, organizativamente menos articulados (objetores al servicio militar, objetores a los gastos militares, insumisos...) y muy marcados, además, por las peculiaridades nacionales y regionales o por la influencia directa de los nacionalismos. Se diría, por tanto, que la nueva situación internacional y el proceso de institucionalización progresiva de estos movimientos han contribuido a hacerlos más plurales pero al mismo tiempo han tenido el efecto de limar las puntas críticas anticapitalistas con que nacieron.

c) Los movimientos alternativos desde los noventa hasta hoy:

La caída del muro de Berlín, la desmembración de la URSS, la desaparición del Pacto de Varsovia y el final de la bipolarización en el plano internacional han significado, desde los inicios de la década de los noventa del siglo XX, un nuevo desplazamiento de los ejes principales de la conflictividad mundial. El conflicto del golfo Pérsico (primera guerra del Golfo) se puede considerar como el momento inicial de esta nueva fase, caracterizada por la guerra por los recursos (entre Norte y Sur, entre centro y periferia) así como por las latentes guerras por los mercados entre los principales bloques económicos y financieros (Estados Unidos, Japón, UE y, potencialmente, China).

Tras un breve momento inicial de relativa euforia, ideológicamente caracterizado en "Occidente" como "fin de la historia", se ha ido imponiendo la percepción de que las "guerras entre culturas" o "guerras entre civilizaciones" pasaban a ocupar el lugar de la antigua polarización entre los Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Soviética. La dimensión étnico-cultural y/o religiosa de las guerras que desde 1990 han tenido lugar en los Balcanes, en Chechenia, en Argelia, en Turquía, en la región africana de los Grandes Lagos, en Oriente Medio, en Afganistán, entre India y Pakistán,(y actualmente en Irak) parecen confirmar esta percepción, aunque también es verdad que en la presentación de los hechos se tiende a ignorar por lo general otras dimensiones de los mismos: la agudización paralela de los problemas económicos y sociales en el tercer mundo, el aumento de las desigualdades y la existencia de intereses geoestratégicos de las grandes potencias ...

El nuevo impulso adquirido por el proceso de globalización del sistema capitalista ha producido dos formas paralelas de fundamentalismo en el mundo: de un lado, el integrismo llamado "neoliberal", muy vinculado al etnocentrismo euronorteamericano, y, de otro, los nuevos integrismos religiosos, que en parte expresan un sentimiento de resistencia al proceso de uniformización cultural mediante la reafirmación de las identidades y en parte suponen una reacción conservadora a los vertiginosos cambios que sufren en sus respectivos países.

Así pues, podemos afirmar que, desde la Primera Guerra del Golfo, "pacifismo", "ecologismo" y "feminismo", sin más consideraciones, ya no significanlo que significaron hace veinte años. De la misma manera que cuando alguien pronuncia la palabra "izquierda" hoy en día es razonable preguntar "qué izquierda", así también cuando se pronuncian esas otras palabras hay que preguntar qué pacifismo, qué ecologismo, qué feminismo.

   En efecto, los tres movimientos han sufrido cambios espectaculares en los últimos tiempos, estas transformaciones pueden resumirse en las siguientes:

1. Los tres principales movimientos sociales surgidos en la década de los sesenta están pasando ahora por un proceso de institucionalización y burocratización, bien mediante la integración en partidos políticos preexistentes; bien mediante la utilización de dichos partidos con el objetivo de relanzar sus propias reivindicaciones; o bien, simplemente, mediante la aceptación de la financiación estatal directa. Este proceso de institucionalización afecta muy sensiblemente a la autonomía de dichos movimientos y, en general, puede decirse que también ellos cumplen la ley de Robert Michels sobre la burocratización necesaria de las grandes organizaciones sociopolíticas.

2. Un rasgo característico importante de la evolución de estos movimientos en esta época es la mayor concreción y relativa desideologización de sus propuestas: la tendencia a lo que suele llamarse "realismo". Esto es muy patente, por ejemplo, en la transformación de una parte del movimiento ecologista en partidos verdes o ecopacifistas. Y vale, con variantes, lo mismo para España que para Alemania, Países Bajos, Francia o Italia. Al tiempo que una parte de las propuestas del feminismo, del ecologismo y del movimiento de objetores ha calado en el conjunto de la sociedad civil, también se ha producido un debilitamiento de su ideología y una dispersión de sus objetivos socipolíticos. Éstos incluyen desde la práctica de la caridad (en el sentido más tradicional de la palabra) para con los segmentos sociales excluidos o en peor situación en diferentes países del mundo, hasta la ayuda al desarrollo ecológicamente orientado pasando por el comercio justo o por la ayuda humanitaria a refugiados y desplazados, lo que incluye numerosísimos proyectos de colaboración internacional solidaria.

3. Otro rasgo importante es el hecho de que, en la práctica, dejan de ser “movimientos alternativos”. En este sentido, se debe precisar que una parte importante de estas organizaciones sólo son "no-gubernamentales" nominalmente: muchas de ellas dependen (y no sólo en lo económico) de los gobiernos; otras han sido ya creadas directamente por los gobiernos (en sus diferentes instancias) con la intención política de contrarrestar la influencia de organizaciones previamente existentes y que actuaban, éstas sí, con inequívoca autonomía; algunas aparecen como la forma posmoderna de la beneficencia organizada por los ayuntamientos y los gobiernos municipales o por instituciones eclesiásticas que compiten indirectamente en la alternancia gubernamental; y sólo algunas, la minoría, pueden ser consideradas como asociaciones voluntarias dependientes de los fondos aportados por sus afiliados. Reconocer que esto es así no implica juicio alguno sobre la mayor o menor eficiencia de cada una de ellas en relación con los fines propuestos, pero sí sugiere la existencia de un cambio general de orientación respecto de lo que fueron los movimientos críticos y alternativos de las décadas pasadas: Así, la decantación libertaria y/o voluntariamente extraparlamentaria o anti-sistema en el feminismo, en el ecologismo y en el pacifismo se hizo mínima a partir de la década de los noventa.

Pero, por otra parte, no debemos concluir que la integración de estos movimientos sociales en el sistema capitalista haya acabado con los movimientos alternativos.La primera excepción importante a esta tendencia, desde mediados de los años noventa, es seguramente el “movimiento ocupa”, criminalizado en muchos países porque atenta contra la sacrosanta propiedad privada en sociedades que dicen garantizar constitucionalmente el derecho a la vivienda. De todos los movimientos sociales surgidos en la década de los noventa éste es el que ha afirmado con más coherencia y radicalidad la propia autonomía respecto de las instituciones y de los partidos políticos institucionalizados, seguramente porque en la concreción de sus reivindicaciones pone el dedo en la llaga de una de las lacras más llamativas del sistema y que más afecta los jóvenes en el momento actual.

En este ámbito de la “no-integración” hay que considerar también las actividades críticas de algunas organizaciones con importante implantación en todo el mundo, como "Greenpeace" y "Amnistía Internacional", así como las asociaciones y organizaciones (surgidas durante los últimos años en los cinco continentes) en favor de los inmigrantes pobres en países ricos, asociaciones antirracistas, en defensa de los derechos sociales de los trabajadores, en defensa de las mujeres maltratadas, contra la esclavización de los niños, en defensa de las culturas indígenas, en favor de un uso alternativo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, etcétera.

Estas últimas asociaciones no siempre han logrado hasta ahora cristalizar en verdaderos movimientos coordinados y estructurados, pese a lo cual parecen estar anunciando al menos un concepto alternativo de ciudadanía para el siglo XXI, una revisión de la idea ilustrada de tolerancia y una ampliación de la idea tradicional de los derechos humanos.

El fenómeno más significativo del cambio de siglo en lo relativo a los movimientos sociales alternativos ha sido el rápido desarrollo del llamado "movimiento antiglobalización". En su génesis hay tres ciudades muy distintas que, sin embargo, simbolizan bien lo que este nuevo movimiento quiere representar: Chiapas, Seattle y Porto Alegre.

Numerosos analistas han coincidido en señalar como un primer antecedente de este movimiento el “Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo” organizado en 1996, en Chiapas, México, por iniciativa del EZLN(Ejército Zapatista de Liberación Nacional). Esta iniciativa se prolongaría luego en varias reuniones más y daría impulso a la propuesta de una Acción Global de los Pueblos en la que se complementan las reivindicaciones indigenistas del neozapatismo y la crítica a la globalización neoliberal. En este ámbito empezaron a discutirse y a esbozarse algunas de las reivindicaciones que han inspirado las acciones más importantes del movimiento antiglobalización hasta la fecha: primero en Seattle (1999), luego en Praga (2000), Porto Alegre (enero de 2001), Génova (julio de 2001) y, ya en el año 2002, en Barcelona, Roma y nuevamente Porto Alegre.

En poco más de dos años la dimensión alcanzada por el movimiento antiglobalización y su repercusión mediática han sido impresionantes, tanto por el número de participantes en las manifestaciones (en crecimiento sostenido desde la movilización en Seattle) organizadas contra diferentes reuniones de la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el G-8, la cumbre europea etc., y por su composición (que es realmente internacional y multicultural) como por el número de asociaciones vinculadas (más de un millar de organizaciones de los cinco continentes formaron parte del I Foro Social Mundial de Porto Alegre).

El denominado movimiento antiglobalización es propiamente un movimiento de resistencia global, un movimiento de movimientos, en el que se puede considerar superada la anterior distinción entre viejos y nuevos movimientos sociales, pues en él concurren sindicatos y partidos políticos de izquierda, organizaciones ecologistas, pacifistas y feministas, asociaciones indigenistas, antirracistas y grupos de ciudadanos que ponen el acento en la defensa de los derechos humanos, de los derechos sociales y de los derechos civiles.

Esto no quiere decir que se trate de un movimiento de síntesis en la que hayan desaparecido las tendencias y diferencias ideológicas, tácticas y estratégicas que caracterizaron a los otros movimientos aquí analizados. Tales diferencias siguen existiendo y aparecen con claridad en muchos de los documentos producidos y en las manifestaciones organizadas por el movimiento. El movimiento antiglobalización ha heredado de los anteriores movimientos sociales el espíritu crítico respecto de las actuaciones de los partidos políticos tradicionales y de las cúpulas sindicales así como también su énfasis originario en la autonomía respecto de los mismos. Pero, por otra parte, ha dejado en un lugar secundario muchas de las discusiones que sacudían e estos otros movimientos en su fase de declinación en favor del análisis de los efectos (económicos, sociales y culturales) de la globalización neoliberal y en favor de la concreción de sus objetivos alternativos. Es en este sentido en el que se puede decir, por tanto, que empieza a hacerse anacrónica la anterior diferenciación entre movimientos viejos y nuevos.

Un síntoma de ello es la incorporación al movimiento antiglobalización, tanto de sindicatos importantes - en Estados Unidos, en Brasil, en Italia, en Francia, en España, etc.- como de algunos partidos políticos que llevan tiempo actuando en el límite entre la política institucional y la política alternativa. Así, por ejemplo, militantes y dirigentes del Partido de los Trabajadores de Brasil, de Izquierda Unida en España, del Partido de la Refundación Comunista en Italia, del Partido Verde Alemán e incluso de varios partidos socialistas se han comprometido desde el primer momento con este movimiento.

Probablemente la explicación de esta característica no es sólo que el movimiento antiglobalización esté todavía en sus inicios. Hay también otros factores coadyuvantes. Entre ellos habría que subrayar los siguientes:

-          Una coincidencia muy amplia en priorizar lo social frente a lo político;

-          La crítica compartida a la democracia representativa actualmente existente en la mayoría de los países;

-          La conciencia de la involución autoritaria de lo que habitualmente se llama neoliberalismo;

-          La creación, a través de Internet, de redes propias de contrainformación, diálogo y discusión. Este último factor tiene por el momento una gran importancia pues ha evitado que la agenda del movimiento quedara determinada desde el principio, como está ocurriendo con casi todos los sindicatos y partidos políticos institucionalizados, por la presión de los grandes medios de comunicación.

A pesar de la heterogeneidad de este movimiento de movimientos, que es evidente, hay toda una serie de objetivos compartidos por las diversas organizaciones y personas comprometidos en el mismo: el control del poder ahora ilimitado de las multinacionales, la condonación de la deuda externa de los países empobrecidos, la reforma radical (o la supresión) de las grandes organizaciones económicas y políticas internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la construcción de una democracia participativa como alternativa a la democracia representativa realmente existente. En la formulación de objetivos el movimiento oscila entre una estrategia declaradamente anti-neoliberal y una estrategia decididamente anticapitalista.

En la conciencia de la mayoría de las personas y organizaciones que lo integran el movimiento antiglobalización es un movimiento anti-sistema. Pero no lo es en el mismo sentido en que lo eran originalmente los movimientos sociales alternativos, entre otras razones porque hoy se conoce mucho mejor lo que el "sistema" es y sobre todo sus vías directas e indirectas de asimilación inmediata de todo aquello que se presenta como alternativo. Comparativamente, una de las cosas que llaman la atención es que este movimiento de movimientos ha abandonado la inspiración romántica, marcusiana, de la crítica a los medios de comunicación y a la publicidad para poner el acento en un uso alternativo del más avanzado de los medios de comunicación existentes.

El listado de las acciones que el movimiento antiglobalización ha programado en Porto Alegre para 2002-2003 da ya una idea de la amplitud de sus objetivos. Allí el movimiento se ha comprometido a dar la batalla por el acceso de las gentes pobres al agua potable y a los fármacos que ahora no están a su alcance, señaladamente para combatir el SIDA; se ha comprometido a presionar para modificar la estrategia de la FAO contra el hambre en el mundo; se ha comprometido a exigir la adhesión de todos los gobiernos al protocolo de Kyoto; ha incorporado la reivindicación del 0,7 del PIB para la ayuda a los países empobrecidos; se ha comprometido a dar la batalla contra el comercio de armas y por la reconversión de las fábricas de armamentos; se ha manifestado contra las patentización de partes de seres vivos; ha hecho campaña a favor de la tasa Tobin y de la cancelación de la deuda de los países empobrecidos; y ha hecho suya las reivindicaciones indigenistas frente a la globalización cultural que conduce a la homogeneización y a la extinción de lenguas y culturas minoritarias. Es obvio que todos y cada uno de estos objetivos chocan de frente, en mayor o menor medida, con la orientación neoliberal de la globalización en curso.

Aun así, la caracterización habitual de este movimiento como antiglobalizador es todavía imprecisa. En primer lugar porque supone en él un genérico empeño crítico contra la globalización en general cuando la mayoría de las organizaciones, grupos y personas que lo componen a lo que se oponen, en realidad, es a la gestión neoliberal y neocapitalista  de este proceso. En segundo lugar porque esa caracterización parece implicar en el movimiento una orientación exclusivamente negativa, anti, cuando uno de los rasgos del mismo está siendo ya su capacidad para hacer propuestas alternativas en positivo.

El conocido slogan "otro mundo es posible" no es sólo una palabra recuperadora del espíritu de la utopía; es también expresión de la convicción interna del movimiento en el sentido de que hay ya propuestas alternativas realizables. Basta con pensar a este respecto en las aportaciones teóricas de algunas de las personas que más han influido en el desarrollo de la conciencia de los militantes y organizaciones que componen el movimiento: Marcos, subcomandante del FZLN, sobre el vínculo existente entre la defensa de los deseos y necesidades de los indígenas y la autonomía de los movimientos; Noam Chomsky, con su crítica radical de la política exterior de EE.UU desde la época de la guerra fría hasta el 7 de octubre de 2001: Bernard Cassen e Ignacio Ramonet, de Le monde diplomatique, como promotores (entre otros) del Foro Social Mundial de Porto Alegre; Tarso Genro y Raul Pont, alcaldes de Porto Alegre en distintos momentos, sobre la virtualidad de la democracia participativa en los ámbitos local y regional; Walden Bello, director de Focus, sobre la democratización de la economía global; Susan George, del Instituto Transnacional de Ámsterdam, sobre la posible democratización de la Organización Mundial de Trabajo; Hazen Henderson sobre lo que puede ser un desarrollo humano sostenible; Diane Matte, feminista, sobre las posibles medidas para corregir el efecto negativo de globalización actual entre las mujeres del mundo; Naomi Klein sobre el papel de las grandes marcas (Nike, Microsoft, MacDonald's, Motorola, Coca cola, etc.) en el mercado mundial y cómo hacerlas frente; José Bové sobre los métodos de acción a emplear contra las grandes empresas transnacionales en la agricultura; I. Wallernstein sobre el sistema-mundo como perspectiva de análisis; Toni Negri y Michael Hart sobre la caracterización del Imperio actual y las perspectivas de un movimiento simétrico contra la globalización sin mediaciones ideológicas...

La novedad de este movimiento respecto de otros movimientos sociales anteriores es su carácter no sólo internacionalista sino realmente mundial, su aspiración a una ciudadanía planetaria respetuosa de las diferencias lingüísticas y culturales. Hasta ahora ninguno de los movimientos sociales críticos y alternativos mencionados en este balance había logrado tener una dimensión así, o sea, una organización que oponer a las grandes instituciones económicas internacionales y a las asociaciones políticas institucionalizadas que, con matices, dan su apoyo a las organizaciones económicas básicas del sistema. Los partidos comunistas dejaron de tener una organización internacional hace tiempo; los sindicatos no han logrado levantar una organización internacional operativa que vaya más allá del análisis conjunto de las situaciones; los partidos nominalmente socialistas la tienen pero no son ya ni siquiera arena en los engranajes del sistema que ha generado esta fase de la globalización; los otros movimientos no pasaron del "pensar globalmente y actuar localmente". De manera que el mundialismo crítico del sistema que quedaba en las últimas décadas había que buscarlo en algunos documentos de la UNESCO o en algunas organizaciones religiosas con vocación ecuménica. Esa situación ha empezado a cambiar en los dos últimos años al irse configurando una red de redes con presencia de personas y organizaciones de los cinco continentes.

Otra de las consecuencias de la aparición del movimiento antiglobalización es la tendencia a superar una de las limitaciones de los movimientos sociales críticos y alternativos de las décadas anteriores: el ser, en muchos casos, movimientos de un solo asunto, por grande e importante que este asunto fuera (la crisis medioambiental, la crítica de las armas, las reivindicaciones de las mujeres). Las manifestaciones de Seattle, Praga, Génova y Barcelona, por una parte, y el intercambio de ideas y proyectos alternativos que ha supuesto la creación del Foro Social Mundial, por otra, obliga a inscribir el trabajo cotidiano de asociaciones críticas que siguen dedicándose mayormente a un solo asunto (sea éste el comercio justo, las batallas ambientales, la cooperación, la defensa de los derechos de los inmigrantes o la lucha contra el SIDA) en un proyecto colectivo más amplio y de dimensión internacional. De manera que, como ha escrito Vittorio Agnoletto, representante italiano en el consejo del Foro Social Mundial, la multiplicidad de las prácticas no implica ahora buscar el mínimo común denominador sino el máximo común múltiplo.

Entre los rasgos que caracterizan este movimiento de movimientos hay que subrayar cuatro que están cargados de futuro: 1º el rechazo de toda subalternidad respecto de la política institucional y de los partidos políticos existentes; 2º el compromiso con la globalización de los derechos de las personas y de los pueblos, lo que da una dimensión nueva a la lucha por los derechos humanos; 3º la implicación en la realización de formas avanzadas de democracia local; 4º la tendencia a la ampliación de la democracia representativa en democracia participativa empezando por las organizaciones del propio movimiento.

Aun es pronto para entrar a valorar lo que el movimiento antiglobalización lleva en su seno. Pero hay en él varios síntomas esperanzadores que conviene mencionar. El primero de estos síntomas es el crecimiento de la conciencia de que, para hacer frente a los peores efectos de la globalización neoliberal, hay que superar la atomización de los otros movimientos sociales alternativos y su dimensión nacional-estatal para establecer una estrategia global de actuaciones también en un ámbito mundial. Es en este sentido en el que el movimiento antiglobalización se estructura como un movimiento de movimientos, como una red de redes conectadas en distintos ámbitos geográficos. El segundo síntoma esperanzador es que, habiendo cuajado en los países ricos del planeta (Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Europea principalmente), el actual movimiento antiglobalización pone el acento en la crítica de las desigualdades que perjudican mayormente a las poblaciones empobrecidas o excluidas de los países de África, Asia y América Latina. Expresa, por tanto, de forma inequívoca, su compromiso con las gentes que están en peor situación en el mundo actual. De este modo el movimiento enlaza bien con las principales resistencias, protestas y movilizaciones de los países y pueblos periféricos o semiperiféricos respecto al centro del Imperio, en particular con las propuestas y experiencias organizativas de Chiapas y Porto Alegre y con las propuestas del Foro Social Mundial.