TEMA 26 – ORÍGENES Y DESARROLLO
DEL FEUDALISMO. LA ECONOMÍA SEÑORIAL. DEBATE HISTORIOGRÁFICO
i.
LA POSESIÓN DE LA TIERRA
ii.
LA EXPLOTACIÓN DE LA TIERRA
iii.
RÉGIMEN DE TENENCIA DE LA TIERRA
1.- INTRODUCCIÓN: UN TÉRMINO
POLÉMICO, EL FEUDALISMO.
El término feudalismo es un
término polémico, sobre su utilización no existe un acuerdo consensuado.
Resumiendo, podríamos decir que existen dos formas de acercarse al enfoque del
feudalismo:
Ganshof es el
autor de este enfoque, aunque éste tiene graves deficiencias al tener un
sentido ahistórico de las palabras. Sin duda existía una estructura de poder,
pero si se pretende, como en el caso de Ganshof, utilizar el término feudalismo
en su sentido “técnico-jurídico” hay que hacer comenzar el estudio en el siglo
XIII, incluso en el XIV, épocas en que se constituye realmente un derecho
feudal. Ganshof utiliza términos como “jurídico”, “político”, “social” sin
reflexionar sobre ellos, sin saber claramente lo que encubren, sin preguntarse
tampoco si esas distinciones son realmente pertinentes para el periodo y la
sociedad que pretende estudiar.
Esta última forma de acercamiento
es la que vamos a utilizar para mostrar la estructura socioeconómica de la
Europa feudal. Entenderemos el feudalismo como un sistema en el cual están
imbricados unos en otros los distintos planos que componen la sociedad. Si bien
esto tendrá ciertas matizaciones y prestaremos un especial interés al papel de
la iglesia dentro del sistema feudal.
2.- ELEMENTOS INSTITUCIONALES DEL
FEUDALISMO
Tenemos que destacar dos
elementos fundamentales: uno personal (relación personal entre dos hombre
libres) o VASALLAJE; otro real (la entrega de una cosa de un hombre a otro) o
FEUDO. Para la interpretación institucional no podrá haber feudalismo hasta que
estos dos elementos no se den unidos.
Esta
encomendación se diferencia por los servicios que se prestan al señor: si son
militares se llama sociedad feudal, si lo son de tipo económico, régimen
señorial. El vasallaje implica un acto físico con unos ritos que revisten dos
caracteres en dos épocas distintas: en la época carolingia encontramos dos
ritos esenciales: INMIXTO MANUUM, el vasallo pone sus manos entre las del señor,
es la señal de la protección que el vasallo espera del señor; y el JURAMENTUM,
juramento de fidelidad del vasallo al señor, en el que se especificaban las
obligaciones del vasallo al señor.
En los siglos
XI, XII y XIII el homenaje está divido en el INMIXTO MANUUM, el VOLO (acto de
voluntad del vasallo al encomendarse al señor) y el SACRAMENTUM (limitación del
vasallo), terminado con un beso entre el señor y el vasallo. Este pacto
conlleva unas obligaciones recíprocas:
·
FEUDO: Es la cesión de tierras a cambio de la
prestación de servicios, sobre todo militares. Esta cesión concluía con la
muerte de unos de los contratantes. El feudo se denomina con el término de
tenencia que es la tierra que uno disfruta y controla, pero no posee. Su
derecho de no es pleno sino IUS IN RES ALIENA. El feudo puede ser un castillo,
una tierra, un trozo de poder político, … La tierra tiene una gran importancia
en el vasallaje, porque el señor limitará las exigencias hacia el vasallo,
según las tierras que tenga éste.
·
UNIÓN DE VASALLAJE Y FEUDO: Los orígenes del
feudalismo se pueden situar en la monarquía franca (siglo VIII); época de
inestabilidad en la que los reyes no se encontraban en condiciones de defender
a sus súbditos, se formaron unas clientelas militares nobiliarias que daban
protección a cambio de servicios por parte de los protegidos. Estas clientelas
son sustituidas por unos señores que dan protección y una tierra que asegura el
sostenimiento del protegido (BENEFICIO). La evolución de esta unión pasa por dos
etapas:
i.
Gestación: no existe un lazo personal sino real,
es una etapa de unión legal. A principios del siglo IX se estima que los
servicios del vasallaje están condicionados a la entrega de un feudo.
SERVITITUM SECUMDUM QUANTITATEM Y QUALITATEM BENEFICII. Antes, con la muerte
del señor, el vasallo se quedaba en la calle, con la muerte del vasallo sus
hijos corrían la misma suerte. Pero el vasallo es cada vez más propietario y
sus derechos son mayores, así el poder de los señores disminuye. Los romanistas
sólo admiten dos dominios:
1.
directo: está en manos del señor.
2.
indirecto: en manos del vasallo
Cuando el
vasallo aumenta su poder, convierte sus tierras en patrimonio familiar en con
la que comienza la segunda etapa: heredatibilidad, divisibilidad y repartibilidad.
ii.
Consolidación del feudalismo: está caracterizado
por la imposibilidad del señor de arrebatar las tierras al vasallo, así lo que
antes era vitalicio ahora es hereditario. Los derechos del señor quedan
reducidos. Poco a poco los vasallos se niegan a prestar servicios al señor e
incluso dividen las tierras entre sus sucesores. Se produce también una
subinfeudación por la que el señor pierde más derechos porque el vasallo divide
el feudo entre subvasallos que pasan a depender del vasallo por un contrato.
Luego al unirse el vasallaje y el feudo se puede ser vasallo de varios señores,
lo cual creará discordancias. Los señores para impedirlas imponen que todos los
homenajes sean de fidelidad absoluta.
En el siglo XII
estos elementos institucionales entran en crisis, el feudalismo clásico inicia
su declive, se vuelve a estudiar el derecho romano y van apareciendo los
primero estados absolutistas.
3. LA SOCIEDAD
FEUDAL
·
DISGREGACIÓN DEL PODER POLÍTICO: A partir del
siglo IX los cargos políticos se feudalizan: los condes son vasallos del
emperador y llegan a crearse relaciones personales con el propio emperador, no
sólo en relaciones políticas. Carlomagno pretende que los condes dependan del
emperador por medio de una fidelidad personal y que reciba de ellos vasallaje.
El cargo y recompensa de éste es un pago a la fidelidad personal, así hacen
patrimonial su cargo político y su feudo; por lo tanto se convierten en un
poder autónomo frente al propio estado. Sus bienes son hereditarios. La época
de Carlomagno supuso una rehabilitación administrativa, cultural y monetaria.
Una red administrativa centralizada cuya base son los condes, a los que no se
les paga con un salario, sino con una parte de las rentas de su condado o
concediéndoles tierras. Así se forma la base social de la aristocracia.
Se va a dar
también, superpuesto a este sistema de condados un grupo reducido de magnates
del séquito de Palacio, de donde surgen los missi dominici para estar al tanto
de lo que ocurre en el Imperio; además están los VASSI (vasallos militares) a
los que se les da unas tierras, las cuales son una recompensa obligada por sus
servicios militares o administrativos.
La
convergencia de estos tres grupos es lo que forma el feudo: concesión de legada
de tierras que el emperador da a un vasallo, con unos poderes jurídicos y
políticos a cambio de un servicio militar o administrativo.
Con la
expansión de los feudos, éstos se están haciendo hereditarios socavando los
cimientos del estado carolingio.
La segunda
oleada de invasiones provocó que los condes sembrasen el país de castillos en
la segunda mitad del siglo X. La población campesina cae cada vez más en manos
de los condes al ser defendidos por éstos de los ataques de la segunda oleada
de invasiones. Los castillos se convierten a la vez en prisión y protección
para el campesinado. Si antes la relación REY-SÚBDITO era directa, ahora con la
nueva relación REY-SEÑOR-SÚBDITO aparece la guerra privada, el monarca ha
perdido la facultad de mantener la paz dentro de sus propio territorio.
Los bienes de
la Iglesia eran considerables desde el bajo imperio y siguieron siéndolo
durante mucho más tiempo hasta que fueron secularizados. Venían a representar
entre una quinta y una tercera parte de las tierras, sin contar los diversos
ingresos subsidiarios, entre ellos el diezmo. Esta fantástica riqueza formaba
parte de la misma estructura del clero, la cual era obtenida de forma
relativamente fácil y no tenía ningún problema de herencia. Todo bien adquirido
por la Iglesia lo era de forma definitiva y los clérigos siempre fueron los que
más preparados estaban para conservar la exacta memoria de sus derechos, así
como para administrar sus posesiones con celo y diligencia. Durante la Alta
Edad Media fue la única organización capaz de realizar una cierta acumulación,
lo que evidentemente le proporcionó una fuerza relativamente considerable en
cualquier ámbito de la actividad social en que esa acumulación fuese condición
previa.
Los controles
de la Iglesia eran grandes:
·
Controlaba el tiempo, tanto el anual
(calendario) como el diurno: tiempo de trabajo y tiempo de fiesta; tiempo de
paz, de abstinencia. Más abstractamente, también controlaba el tiempo
histórico, a la vez mediante el cómputo (desde el nacimiento de Cristo) y
mediante la perspectiva general de la historia del mundo, de la creación al juicio
final.
·
Sobre marcos espaciales era menos absoluto,
aunque sin embargo ejercía una notable influencia en el sector: en el plano
general marcando implícitamente los límites de la cristiandad; en el plano
regional, por los límites de las diócesis, los más estables de toda la Europa
feudal; en el plano local, por la organización del espacio de las parroquias:
reductos consagrados de los cementerios, recintos de la iglesias, recorridas
ceremoniales de los calvarios. El conjunto formaba una sólida red muy jerarquizada
a la cual se superponía otra red muy ramificada y muy compleja de cultos de
medio y largo radio de acción que, permanentemente, lanzaban sobre los caminos
innumerables muchedumbres siempre renovadas de peregrinos de toda laya. En
suma, una red fija y una red itinerante.
·
Sobre los lazos de parentesco y de las formas de
matrimonio que la Iglesia impuso, al menos como norma.
·
Sobre el sistema de enseñanza: desde las
escuelas episcopales y monásticas de la Alta Edad Media a los colegios de las
órdenes religiosas, pasando por las universidades, todo lo que cuenta
perteneció a la Iglesia. Ese control del saber acompañaba un estrecho control y
multiforme de las creencias y de la moral: el catecismo reiterado y
reactualizado en los sermones dominicales; la práctica de la confesión
individual permitió penetrar en las conciencias para intentar orientar más
directamente las conductas. Este monopolio del saber y de la moral pudo
apoyarse eficazmente en el monopolio de lo escrito hasta el siglo XII y en una
posición dominante en los distintos ámbitos de representación.
·
Sobre el sistema de asistencia y de hospitales,
el cual estaba justificado por el deber de la caridad y sostenida por la
riqueza eclesiástica.
·
Sobre los poderes principescos y reales. La
Iglesia intervenía simultáneamente como clero detentador de lo sagrado y como
pueblo cristiano. La consagración eclesial intervenía solamente para
autentificar de algún modo la relación privilegiada entre el pueblo y su rey en
el momento que esa relación se renovaba; de ese modo la consagración real
participaba por una parte del control de parentesco (fuente de legitimidad) y
por otra del control del tiempo (reinados con denominaciones socializadas de la
cronología general).
Desde el siglo V al XIII, el
poder de la Iglesia no cesó de reforzarse en todos los sentidos, de extenderse
y refinarse. De forma más general, la Iglesia aparecerá como la fuerza motriz
principal del sistema feudal, al menos desde el bajo imperio hasta el siglo
XVI.
La Iglesia ha autonomizado en cierto
sentido lo esencial de la reproducción generalizada del sistema. El sistema de
producción feudal reposaba sobre dos pilares: el vínculo de los hombres a la
tierra y la cohesión de la organización de la aristocracia. La vinculación al
suelo era una vinculación con los vivos y con los muertos. La vinculación con
los vivos fue doblemente sacralizada y fijada por el matrimonio único e
indisoluble y por la proliferación del parentesco espiritual. Pero la
vinculación con los muertos gozó asimismo de suficiente atención. El culto
funerario estrechamente socializado, fijado en el espacio, imbricado en los
aspectos generales y obligatorios del culto cristiano, apareció como una de las
más sólidas garantías de la estabilidad de las poblaciones.
Por lo que respecta a la
organización de la aristocracia, fue una función casi monopolizada por la
Iglesia hasta el siglo XIII; a partir de entonces debió compartirla con el
estado. Hasta el siglo XII la incorporación de una tierra marginal al sistema
feudal se hacía por la conversión de la aristocracia al cristianismo. A partir
de esta conversión, las poblaciones eran integradas por su aristocracia en las
redes del saber (lengua latina) y de parentesco que les asimilaban al resto de
la cristiandad. Hasta el siglo XIII de hecho, la perdurabilidad y homogeneidad
de la Iglesia constituyó el fundamento único de la cohesión aristocracia, el
único contrapeso eficaz de la lógica tribal y guerrera que articulaba la
aristocracia feudal: de ahí la importancia absolutamente de una separación
extrema entre el “ordo clericum” y el “ordo loucorum”, puesto que la
supervivencia del sistema como tal iba en ello. La Iglesia era la intermediaria
necesaria entre dios y los hombres.
·
CABALLERÍA Y HONOR. Cuando las tierras están
repartidas y ya no hay más para poder recompensar a los guerreros, éstos tratan
de alcanzar la nobleza personal a expensas de la guerra. Lo mismo pasa con los
hijos de los nobles que no son los primogénitos que buscan también la nobleza
personal. La manera de conseguirlo es formar parte de la orden de caballería,
para ello tienen que ser católicos, fieles a su señor, ayudar a los más
débiles, ser de casa noble y, sobre todo, vivir noblemente (sin hacer trabajos
manuales). No pueden ser castigados con penas capitales. Desaparece hacia el
siglo XV, pero su influencia va a ser grande como forma de vida y de cultura
(incluye la gentileza y el honor). No pagan impuestos, tienen derecho a la
guerra privada y sólo pueden ser juzgados por sus iguales. Crean la primera
cultura laica entre la Clásica y el Renacimiento.
·
LA MÉDULA DEL SISTEMA FEUDAL: La explotación de
un hombre por otro constituye dicha médula, esto va a suponer la posesión de la
tierra y de otros hombres por parte del señor y la apropiación de funciones
públicas.
o RÉGIMEN DE TENENCIA DE LA TIERRA: No tiene porque coincidir régimen de propiedad con régimen de tenencia de la tierra. En la explotación directa (régimen de propiedad de la tierra coincide con la tenencia. El poseedor del dominio eminente también tiene el dominio útil) y en la indirecta (régimen de propiedad de la tierra no coincide con la tenencia. El poseedor del dominio eminente no ejerce el dominio útil)
El conflicto señores-campesinos sobre la apropiación del excedente de la tenencia campesina constituye el principal motor en la evolución de la sociedad medieval. Los campesinos que ocupaban y cultivaban la tierra no eran sus propietarios. La propiedad agrícola estaba controlada privativamente por una clase de señores feudales. Esta coerción extraeconómica, que tomaba la forma de prestaciones de trabajo, rentas en especie u obligaciones consuetudinarias del campesino hacia el señor, se ejercía tanto en la reserva señorial, vinculada directamente a la persona del señor, como en las tenencias o parcelas cultivadas por el campesino.
3. CARACTERÍSTICAS ESTRUCTURALES DEL FEUDALISMO.
Sacaremos dos conclusiones: una relativa a la producción y la otra a la relación social de producción. En cuanto a la producción, la forma característica del sistema es la pequeña producción campesina al marcar sus ritmos de crecimiento a la economía. Una visión exclusivamente institucional a veces enmascara esta evidencia al sobreimponer el marco jurídico de la producción (el señorío) a la unidad fundamental de la producción (la explotación campesina).
La complementariedad de estos dos grupos ha, sin lugar a dudas, contribuido a mantener, incluso a reforzar, las solidaridades lugareñas el orden económico, en la medida que el goce de derechos de uso y pastos comunes era indispensable para la supervivencia del jornalero y, consiguientemente, útil para la pequeña producción en su conjunto.
o Las instituciones sociales tienden también a preservar la pequeña producción. Así la comunidad de lugareños juega un papel análogo al del gremio en el artesanado urbano en la defensa de los derechos de uso o de su ampliación, rechazo de todo lo que es susceptible de romper los equilibrios socioeconómicos, y particularmente la innovación técnica. En lugar de contradecir la pequeña producción individual es su auxiliar y protectora. Así, resulta un bloqueo tecnológico que es una de las mayores características del sistema, cuyo término supone la debilitación previa de esas instituciones. De manera que el crecimiento en el sistema feudal toma necesariamente una característica extensiva que se expone al riesgo de los rendimientos decrecientes.
o A la hegemonía de la pequeña producción corresponde probablemente una demografía original. Su primera característica estaría en la naturaleza misma del régimen demográfico, especialmente su principal mecanismo autorregulador: la adaptación de la nupcialidad a las variaciones tendenciales de la mortalidad, sobre la base de una fecundidad prácticamente estable. Semejante microrregulación (se hace en la escala de la explotación familiar) sólo es concebible en un sistema dominado por la pequeña producción individual, donde el nacimiento de niños queda subordinado a la desaparición de sus parientes. Su segunda característica tiene una importancia excepcional en el funcionamiento del sistema y en sus desarreglos eventuales. Esto resulta del carácter extensivo del crecimiento económico: los progresos de la producción suponen los de la población y a la inversa. Pero la estrecha relación entre las dos formas de crecimiento quiebra cuando el crecimiento demográfico, obedeciendo con unos mecanismos que le son propios, sigue una trayectoria autónoma respecto al crecimiento económico.
De cualquier manera, la pequeña producción es el eje del sistema. Es en su seno donde se muestran los resorte del crecimiento y, por consiguiente, la dinámica del sistema. ¿Esto quiere decir que la hegemonía de la pequeña producción es tal que el lugar económico del señor es accesorio y que se encuentra confinado en un papel social y político? Los hechos contradicen esta hipótesis. El campesino se inserta en unas relaciones sociales determinadas y la marcha de su explotación no sería comprendida independientemente de la renta señorial a la que está sometido.
Veamos ahora las relaciones sociales de producción. La originalidad del sistema estudiado reside no sólo en las características de la producción sino también en un modo de explotación del hombre, del que conviene recordar los siguientes rasgos distintivos:
· La renta feudal es el aspecto principal de la intervención económica del señor. En la función del señor se distingue una acción directa (participación en las actividades de producción) y una indirecta (efecto de la renta señorial sobre la producción campesina). La primera es bastante reducida; asegura, evidentemente, la responsabilidad del equipo de uso colectivo (molino, bosques), pero hay que tomar en consideración el papel limitado de la reserva señorial cultivada, sólo interviene de forma marginal en la esfera de las actividades productivas propiamente dichas. A cambio, ejerce una influencia constante y multiforme sobre esas actividades. Porque la primera razón de ser del sistema es suministra a los amos de la vida social una renta que es sacada de la producción, hipotecando más o menos el funcionamiento de las explotaciones campesinas.
· La tasa de cargas feudales o tasa de participación en las cosechas no tiene una evolución anárquica. Por el juego de los mecanismos socioeconómicos diversos está afectada por un movimiento de caída tendencial que sólo es interrumpido por la intervención de un factor extraeconómico: el desarrollo de la guerra y la fiscalidad real.
· El movimiento de caída tendencial de la tasa de cargas feudales deriva de la misma estructura social. En la presión contradictoria ejercida por cada uno de los protagonistas sobre dicha tasa, el campesino dispone con el usufructo de la tierra y el control del proceso de producción de una mayor ventaja. El señor, excluido de de este proceso, sólo ejerce sus punciones en virtud de actos de origen extraeconómico. El resultado de esta presión a largo plazo es una evolución favorable al campesino de la relación de fuerzas económicas, generando una erosión de la tasa de cargas feudales. Sólo una nueva definición de las presiones extraeconómicas, es decir, un arreglo político de las relaciones de explotación, es susceptible de cambiar por un tiempo, esta tendencia.
La hegemonía de la pequeña producción renta señorial por presiones extraeconómicas son las dos grandes características del sistema socioeconómico, cuyos cimientos aparecen, de este modo, contradictorios. De un lado, el carácter individual y familiar del proceso de producción; de otro, el carácter señorial de la apropiación de la tierra y del poder. Entre ambos, las tensiones son constantes.
5. LA DINÁMICA DE LARGA DURACIÓN
En el sistema feudal encontramos una dinámica de larga duración caracterizada por la alternancia entre fases de crecimiento y fases de retroceso o estancamiento, el paso de una a otra sería ineludible debido a la disminución de la productividad.
· FASE DE AUGE O FASE A: Tiene siempre un carácter extensivo, se manifiesta por la conquista del espacio agrario, con una base técnica prácticamente constante, y por el crecimiento de la población. Comporta también una caída tendencial de la productividad del trabajo. Por razón de las permanencias técnicas, la extensión de la producción en el espacio, más la sobrecarga de hombres, trae consigo una caída de la productividad global por el juego de múltiples factores[3]. A este proceso también corresponde una tendencia ascendente de los precios y una evolución en tijera de los precios agrícolas e industriales. El encarecimiento de los precios agrícolas tiene como punto de apoyo principal la caída de la productividad en ese sector; inversamente, la subida de los precios agrícolas favorece el crecimiento al justificar la puesta en valor de tierras marginales, aun siendo mediocres. Esto acentúa la caída de la productividad.
Por último, en el crecimiento se produce un debilitamiento de los salarios reales, lo cual es un índice de una pauperización de la masa campesina. Siendo éste, un nuevo factor del debilitamiento de la productividad.
Un último elemento del proceso de crecimiento es la caída de la tasa de cargas feudales. Esto es un elemento indispensable e inseparable de la caída de la productividad. La sobrecarga de hombre y la parcelación de la tierra a fines del siglo XIII sería inconcebible si no se hubiera exigido menos a cada campesino. Inversamente, cuando el producto por cabeza disminuye, la parte de este producto susceptible de ser cedida también declina, hay aquí una acción de cambio sobre la tasa de cargas feudales. Sin una caída tendencial de la tasa de cargas feudales, la conservación de una tendencia larga para la reproducción libre (económica-demográfica) a pesar del declive de la productividad sería incomprensible. Gracias a ello, una parte más grande del producto es destinada a los gastos de equipamiento y al consumo campesino, es decir, para la reproducción.
En este proceso de crecimiento están implícitas las condiciones de su crisis. Se llegará a umbral en el que la caída de la productividad hará cada vez más aleatoria la reproducción simple para un gran número de explotaciones. Pero el verdadero umbral crítico llegará cuando el volumen de renta señorial dé signos de retroceso cuando los efectos de la caída de la tasa no serán compensados por los del crecimiento económico y demográfico. La clase señorial deberá entonces sacar más de cada uno y por un acto político invertir la página del crecimiento.
· FASE DE CRISIS O FASE B
Este proceso no es la simple imagen invertida del crecimiento. A fines de la edad media, este proceso de crisis se manifiesta bajo la forma de crisis violentas y generalizadas, cronológicamente limitadas, pero desbordando su marco económico y demográfico al afectar a todos los aspectos de la vida social.
La sucesión de muchas explosiones, separadas por fases de tranquilidad, no debe, sin embargo, enmascarar la continuación del proceso que, como el de crecimiento, presenta un carácter acumulativo. La dinámica de la crisis hace que el volumen e la renta feudal tienda a decrecer a pesar del aumento de las cargas feudales, de ello resulta una incitación permanente a tomar una parte más grande del producto de la explotación campesina, por el impuesto o el pillaje. Se advertirá también que considerados en un periodo de larga duración, haciendo abstracción de los periodos intermedios de tranquilidad, las manifestaciones de la crisis son simétricas a las del crecimiento. Ello se traduce en la contracción del espacio agrícola y la regresión demográfica, sin cambios de orden técnico. Se acompaña de un alza de la productividad del trabajo[4]. Por razones inversas a las enunciadas más arriba, este movimiento de la productividad está estrechamente relacionado con el que la tasa de las cargas feudales; desde este punto de vista, la presión señorial y real, a pesar de la apariencias, es un factor decisivo de progreso.
A la FASE B también le corresponde una tendencia descendente de los precios y un encarecimiento relativo de los precios industriales. La contracción de los precios agrícolas refleja el eficiente crecimiento de la agricultura actuando sobre la producción (obligando al repliegue sobre las mejores tierras) y sobre la productividad. En fin, la crisis también produce un alza de los salarios reales y una mejora de los niveles de vida cuando las tempestades económicas o militares se alejan. Este fenómeno está en estrecha unión con los progresos de la producción.
Como movimiento acumulativo, la crisis encuentra entonces en la evolución de la productividad un mecanismo autorregulador que le asigna unos límites. Estos se alcanzan cuando la productividad llega a un nivel tal que la explotación campesina está en condiciones de soportar las nuevas cargas fiscales y en posición de practicar una reproducción libre. Desde entonces las condiciones socioeconómicas de otro fase de crecimiento pueden ser realizados. Este conjunto de consideraciones nos conduce a ver los movimientos largos algo que los fenómenos coyunturales unen a las variaciones de la masa monetaria o de la población. Estos movimientos de larga duración son específicos de la economía feudal ya que el comportamiento de la renta y de la productividad es propio de este sistema. La dinámica de larga duración está principalmente sometida a la acción de dos leyes socioeconómicas tendenciales y complementarias:
· La ley de la caída tendencial de las cargas feudales está unida a la contradicción entre la apropiación señorial de la tierra y el carácter individual del proceso de producción.
· La ley de caída tendencial de la productividad lo está a las características de la producción (la pequeña producción sólo permite un crecimiento extensivo).
6. LA CIUDAD EN EL SISTEMA FEUDAL
Hay dos tipos de tesis respecto a la ciudad dentro del sistema feudal:
La consecuencia del desarrollo de la conciencia burguesa fue el movimiento comunal urbano del siglo XII y el establecimiento de señoríos colectivos, es decir, entidades políticas diferenciadas dentro del orden feudal, separadas de ese mundo, pero poseedores de una soberanía parcelada comparable a la de los feudatarios.
Esto va a ser la tesis aquí defendida. Para ello estableceré primero una amplia clasificación de la ciudad medieval:
Se analiza, ahora, la estructura interna de las ciudades. La economía urbana, como la economía rural, se basaba universalmente en la unidad de producción y distribución familiar, es decir, el taller artesanal o la pequeña tienda. En las ciudades mayores las organizaciones artesanales, fraternidades y gremios actuaban como estructuras intermedias entre los artesanos y los pequeños comerciante, por un lado, y el gobierno urbano, por el otro. Estas fraternidades estaban dominadas por los artesanos más ricos.
La elite urbana eran los comerciantes capitalistas, grandes, medianos y pequeños; gentes que acumulaban capital en dinero como beneficio derivado de la venta más que de la producción. Había semejanzas entre ellos y los señores feudales[5] y también diferencias.
Dado que la mayor parte del beneficio de los comerciantes derivaba de la provisión de las clases aristocráticas, puede decirse que vivían indirectamente del excedente campesino y naturalmente se veían afectados por los cambios en el equilibrio del poder entre señores y campesinos y, en consecuencia, por los ingresos a disposición de los terratenientes.
La gran mayoría de las pequeñas ciudades de mercado eran burgos señoriales, a ellos habría que añadir algunas ciudades mayores que, a pesar de su desarrollo económico, no habían obtenido la autonomía relativa de los burgos reales.
Si se consideran las ciudades medievales en su conjunto es evidente que no se pueden ver como islas feudales en mares feudales. Ni se pueden considerar los intereses sociales y económicos de los burgueses medievales como opuestos y en desarrollo antagónico a los intereses del estado feudal y su clase propietaria dirigente. Hay que mirar la economía urbana como una parte del conjunto de la economía feudo-señorial.
7. LA CRISIS DEL SIGLO XIV: CRISIS DEL FEUDALISMO
El sistema feudal es un sistema dinámico. Podríamos distinguir cuatro etapas en la evolución del sistema feudal:
a) Siglos V-X: periodo de formación
b) Siglos XI a primera mitad siglo XII: ascenso del sistema feudal
c) Segunda mitad del siglo XII-XIV: florecimiento del sistema feudal, crecimiento del comercio y de la economía monetaria, especialización de los señoríos en artículos determinados. En Europa Central la aparición de las rentas monetarias en vez de las prestaciones en la reserva señorial o renta en trabajo. Diferenciación en el seno de la clase campesina: labradores-jornaleros.
d) Crisis del siglo XIV: gran recesión económica, mutaciones dentro del sistema, retroceso de la servidumbre en occidente y aparición del estado absolutista.
Sobre esta última etapa va a versar este apartado. Es la denominada crisis del feudalismo. En el siglo XIV nos encontramos en la denominada FASE B. La transición de principios del siglo XIV no es un episodio cualquiera. Es el principio de su crisis. Esto quiere decir que el sistema ha agotado sus posibilidades de expansión con una conquista casi integral del espacio cultivable.
Un callejón económico sin salida en primer lugar. Todas las contradicciones del crecimiento se acumulan y se exacerban. La sobrecarga de hombre se acrecientan peligrosamente, la productividad cae, la miseria se extiende. Y si el nivel de actividades se mantiene aún durante un tiempo, es por el coste de una inflación que retarda los plazos pero los agrava al mismo tiempo.
El impás es, a la vez, institucional, político y moral. Es este carácter general de la crisis lo que queremos designar con la expresión de crisis de feudalismo. Significa simplemente que el sistema no puede funcionar más sobre bases tradicionales y que está por tanto condenado a la desorganización. El signo de esta desorganización es dada por el feudalismo cuando se lanza a unas aventuras militares de las que espera entradas de ayudas. El implacable mecanismo guerra-fiscalidad-guerra se coloca en su lugar tan pronto como es puesto en funcionamiento.¿Cómo el tejido, ya de por sí anémico, de las unidades de producción campesina habría podido resistir la avalancha de nuevos cargos que caen sobre ella? Después de 1337, la sobrerrenta fiscal rompe los equilibrios de la economía campesina. No se necesita más para que la sociedad sea expuesta a todas las catástrofes. Tanto que, delante de esta marea humana agitada por convulsiones cada vez más violentas, la fragilidad irrisoria de las instituciones políticas no ofrece ningún recurso.
Las catástrofes se abaten unas sobre las otras, confundiéndose: el hambre, la peste, la guerra. Sería insensato querer minimizar los efectos o pretender que solo los mecanismos económicos sean aún directamente responsables de la regresión demográfica.
La solución adoptada para impedir la caída de los ingresos señoriales tiene una significación particular: la renta feudal centralizada se superpone de una manera permanente como una sobrerrenta feudal, cuya mayor parte por múltiples canales va a parar a las tesorerías señoriales. No hay ninguna revolución en esto. Las dos clases fundamentales de la sociedad permanecen cara a cara. Sólo las modalidades de explotación de la una por la otra han cambiado. El poder del príncipe en adelante será respaldado por el del señor para extraer de la producción campesina lo que es necesario para mantener a la clase dirigente. Entre las dos formas de renta, la coexistencia se vuelve necesaria, pero es difícil. Más poderosa, la administración monárquica es más apta para sostener su papel cuando, al contrario, la administración señorial se desmorona. Así, se abre la vía para una centralización acrecentada de la renta combinada con la hipertrofia del aparato de estado con el horizonte del absolutismo.
Esta es una de las principales consecuencias de la crisis del siglo XIV, esto supuso, como hemos visto, una disminución de sus ingresos por la contradicción entre la pequeña y la gran propiedad, con la consiguiente reacción señorial que va hacer la nobleza se agrupe ante un monarca. El poder de clase de los señores feudales quedó directamente amenazado por la desaparición gradual de la servidumbre. El resultado fue un desplazamiento de la coerción política en un sentido ascendente hacia una cima centralizada y militarizada: el estado absolutista.
Otra de las consecuencias de la crisis será el final de la servidumbre en el occidente europeo y el paso de una renta en trabajo a una renta en dinero o especie (aunque la primera no desaparece) y la aparición de la denominada segunda servidumbre al este del Elba.
[1] Cartas de fundación de un señorío: al noble X se le cede todo lo que hay en determinado territorio, esto va acompañado de la jurisdicción sobre todos los habitantes de dicho territorio.
[2] Esto es debido al hándicap de productividad que debe soportar, que sólo superará por el favor de las circunstancias particulares de los privilegios de origen social (para las explotaciones señoriales), una fertilidad particular del suelo, facilidades de venta de productos (proximidad de los grandes mercados de consumo y de vías navegables) o una coyuntura de precios altos y salarios bajos.
[3] Mediocridad de las tierras marginales, descenso de la ganadería, fragmentación de las explotaciones, etc.
[4] Repliegue sobre las mejores tierras, aumento de la ganadería, reestructuración de las explotaciones, eliminación de las más ineficientes, etc.)
[5] Distancia respecto al proceso productivo y no tendencia a invertir. Ingresos comerciantes dependían de una función de intermediario y de los préstamos a aristócratas y al estado.