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TEMA 20 EL CONOCIMIENTO HISTÓRICO.TIEMPO HISTÓRICO Y CATEGORíAS TEMPORALES. EL HISTORIADOR Y LAS FUENTES. EXPLICACiÓN y COMPRENSiÓN EN LA HISTORIA

1. El conocimiento histórico.

            1.1. El conocimiento histórico como conocimiento cientlfico.

            1.2. La estructura dei conocimiento histórico.

            1.3. El conocimiento histórico a través de la Historiografía..

2.. La periodización;

3. El historiador y las fuentes.

            3.1. Concepto general de fuentes.

            3.2. Clasificación de las fuentes.

            3.3. La autenticidad y fiabilidad de las fuentes.

4. Explicación y comprensión en Historia

INTRODUCCiÓN.

En cualquier comunidad cientrfica surge una cierta especialización, ya que mientras unos se limitan a resolver los problemas inmediatos aplican­do los principios establecidos y aceptados por la mayoría (los practicantes de esa ciencia), otros dedican su esfuerzo a mejorar los métodos y herra­mientas de trabajo y, finalmente, existe un reducido grupo de científicos, que es el más especulativo, consagrado a resolver problemas teóricos. Los tres grupos de científicos enumerados formarían una pirámide de ancha base.

En la comunidad científica de los historiadores existe un numeroso gru­po de practicantes: son los encargados de "construir la Historia mediante sus investigaciones". Por 0.ncima de ellos se situarían los dedicados a problemas metodológicos y especialmente a las técnicas de investigación histórica, como, por ejemplo, el análisis crítico de las fuentes. Estos tra­bajos forman parte de la Metodología Histórica. Ya en la cúspide de '? pirámide habría que situar a los teóricos del conocimiento histórico, ocu­pados en reflexiones sobre la Epistemología (estudio del conocimiento científico), la Gnosología (indagación sobre el conocimiento en general), la Historiografía (estudio crítico sobre la Historia), y la Teoría de la Histo­ria, que especula sobre el lenguaje de la ciencia histórica y analiza las operaciones de investigación desde el punto de vista' teórico.

En el presente tema se incluyen aspectos relativos a varias de estas disciplinas.

1.EL CONOCIMIENTO HISTÓRICO..

1.1. EL CONOCIMIENTO HISTÓRICO COMO

CONOCIMIENTO CIENTíFICO.

El conocimiento científico del pa­sado, objeto de. la Historia, se de­nomina conocimiento histórico y di­fiere del conocimiento cotidiano que tenemos del pasado. Si hemos de asegurar la cientificidad del conoci­miento histórico, será conveniente precisar antes qué se entiende por conocimiento cientrfico.

1.1.1.EL CONOCIMIENTO CIENTí lbo EN GENERAL.

Diversos autores han ido acumu­lando rasgos para una aproximación a la definición de este tipo de co­nocimiento:

1. Por su objetivo, el conocimiento científico es un conocimiento ver­dadero, es decir, se basa en la "verdad" contra la falsedad como principio.

2. Por su método, es un conocimiento generalizado, distinto del cono­cimiento sensorial de los hechos, para lo cua1 hay que determinar la identidad de los objetos y da­sificarlos, es decir, poner juntos aquellos objetos entre los que se haya detectado la misma identi­dad.

3. Por su inspiración, es neutral, por no estar sometido a la ideología que sustenta los intereses de los diversos grupos sociales.

4. Por sus cultivadores, se trata de un conocimiento que se adquie­re por un grupo de personas apro­piadas que se ocupan de la ciencia de un modo profesional. Estos hombres de ciencia se guían por ciertas normas de conducta es­pecializadas que están destina­das a obtener un conocimiento verdadero. La más común de es­tas normas es el principio de su­pervisión de la investigación por la totalidad de los científicos.

5. Por el proceso cognoscitivo por el que se accede a él, es una variante del proceso cognosciti­va general, que se basa en la experiencia sensorial y requiere el empleo de instrumentos es­pecializados, que le permiten descifrar la Información normal­mente inaccesible a la gente or­dinaria.

6. Por la naturaleza de dicho pro­ceso cognitivo, en el que predo­mina el conocimiento abstracto, se hace imprescindiblo 01 uso del lenguaje científico, que facilita al máximo el trasvase de informa­ción dentro y fuera del mundo científico.

7. Para su validación requiere ser comprobado. Sólo el conocimien­to comprobado puede ser cientí­fico.

1 .1.2. LOS RASGOS DEFINITORIOS DEL CONOCIMIENTO HISTÓRICO.

Algunos autores han cuestionado la validez del conocimiento históri­co como conocimiento científico. La razón fundamental que argumentan es nuestra situación en el tiempo (la de los historiadores), que no nos permite observar los diversos he­chos pasados que constituyen el objeto de la historia.

Para ser científico, el conocimiento del pasado debe diferenciarse del conocimiento cotidiano del pasado. cumpliendo las condiciones gene­rales más arriba enunciadas y ha­ciendo un uso prioritario de las fuen­tes y un uso secundario de la me­moria (al revés que en el conoci­miento cotidiano).

Pero, ¿cuáles son los rasgos que distinguen el conocimiento científi­co histórico de otros conocimientos científicos? .

1 . Se adquiere, fundamental­mente, mediante una aproximación indirecta. Esta afirmación, aún sien­do Cierta, debe ser matizada con las siguientes precisiones:

a) El conocimiento del pasado in­cluye la observación de objetos físicos todavía existentes, incluyendo los seres humanos (sus restos y sus acciones actuales), sus recuerdos y sus conductas (mediante grabaciones. fotogra­fías o películas).

b) También se puede realizar la ob­servación de objetos inanimados: objetos materiales, restos huma­nos, sustancias orgánicas o fuen­tes escritas en forma de docu­mentos originales. La observación de estos restos tiene una doble dimensión cognoscitiva: en si mis­mos constituyen objeto de obser­vación directa, pero a la vez son portadores de un contenido de­terminado (ese contenido son los datos que contienen y deben ser deducidos por el historiador), y como tales, pasarían a ser obje­to de observación indirec1a.

c) Algunas fuentes registran las ob­servaciones hechas por otras per­sonas (por ejemplo, un cronista o el autor de una carta). Por lo tanto, el conocimiento histórico incluye el uso de las observacio­nes científicas hechas, directa­mente o no, por otros historiado­res. M. Bloch afirma que "la exis­tencia de intermediarios entre un hecho pasado y el historiador es 01 criterio do distinción entre co­nocimiento directo e indirecto".

d) El conocimiento basado en la memoria de otros (historia oral) es también una fuente de cono­cimiento histórico directo.

e) Nuestra propia memoria (la del investigador) es también una fuen­te de conocimiento histórico di­recto. .

f) Algunas fuentes de las que utili­

zan los historiadores sirven de "indicadores ilativos" (aquellos sobre los que se sacan conclu­siones sobre determinados suce­sos). El trabajo con este tipo de indicadores constituye una obser­vación indirecta.

Por tanto, el conocimiento histó­rico sería una combinación de co­nocimientos obtenidos directa e in­dirr3ctamente. Como muy a menu­do el conocimlonto se basa en los datos proporcionados por otros (los historiadores trabajan principalmente sobre fuentes escritas), parece ndo­cuado señalar lo indirecto del co­nocimiento histórico como su pro­piedad principal. Ahora bien, el co­nocimiento basado en fuentes, ya sean orales o escritas, exige la mo­vilización de conocimientos previos (conocimiento científico acumulado): la memoria de otras personas sólo puede "revivir" por nuestras pregun­tas, y las otras fuentes de conoci­mi,ento sólo pueden dar información si somos capaces de interpretarlas y extraer de ellas los datos que nos interesan.

Por lo tanto, maticemos que se trata de un conocimiento fundamen­talmente indirecto obtenido desde la experiencia científica previa.

2. Es un conocimiento limita­do por la existencia de las fuen­tes de conocimiento. Kula afirma que la "historia anterior" comenza­ría en el momento en el qUé no hay testigos de los sucesos de los que nos ocupamos. Ahí empezarían los problemas para el historiador por su incapacidad de crear un número ili­mitado de fuentes, ya que tiene que arreglárselas con las que existen, lo cual supone una limitación res­pecto al conocimiento obtenido por otras disciplinas. No obstante, esta limitación queda compensada por su conocimiento de los efectos y con­secuencias consiguientes de los he­chos que estudia.

3°. Es un conocimiento que se adquiere mediante un procedimien­to de postgnosis. El historiador par­te del conocimiento de los efectos (consecuenciRs de 105 hechos pnm buscar las causas). El procedimiento opuesto, el prognóstico, utilizado por otras ciencias, intenta predecir los efectos de un hecho que se torna como causa. De esta particularidad metodológica de la historia sobre­vendrá un debate fundamental en la historiograHa: la capacidad de la historia para formular leyes sobre los hechos sociales.

1.2 LA ESTRUCTURA DEL CONOCIMIENTO HISTÓRICO.

Han sido muchos los intentos de establecer una estructura fundamen­tal del conocimiento. Phoenix ha­blu do quo Inu uiunillcnrJnn qlln 01 ser humano adquiere pertenecen a seis cate,gorías o campos que él de­nomina:

. Simbólica: designa un campo de significados del cual dependen la mayoría de las restantes catego­rías, puesto que se refiere a la com­prensión de los símbolos usados en el lenguaje ordinario en un área con­creta (ejemplo: el área inglesa) o de comprensión universal (ejemplo: el lenguaje matemático).

. La Empírica: se aplica a las ciencias físicas, biológicas y socia­les que se basan en la utilización del método científico y aceptan cier­tas normas para la verificación de los resultados que proponen.

. La Estética: trata de los signi­ficados a encontrar en la contem­plación de las artes y la música,

. La Sinoética: designa un tipo de conocimiento de objetos y per­sonas al que se llega mediante la experiencia personal, aunque su cariz es más intuitivo que racional.

. La Ética: designa significados morales en los que lo importante es el desarrollo de la noción de lo que debe hacerse en el comporta­miento personal.

. La Sinóptica: comprende aque­llos campos de conocimiento que combinan o integran otros signifi­cados. como por ejemplo, la filoso­fía, la religión y la historia.

Hirst (1965) afirma que el cono­cimiento puede subdividirse en "for­mas" fundamentales independiente­mente del uso final a que se desti­ne, En otras palabras, cualesquiera que sean las divisiones del conoci­miento que puedan ser útiles en la práctica cotidiana, existe una divi­sión del conocimiento que es ir:lhe­rente a lo que llamamos conocimien­to.

Hirst entiende que existe un sis­tema de significados públicos que gozan del consenso general y son distintos de los significados e im­presiones privados, propios de cada individuo (que no son comprendi­dos o compartidos) de manera ge­neral. Este sistema de significados ha sido construido por la humani­dad a través de generaciones gra­cias a la capacidad del ser humano para el manejo del lenguaje, gra­cias a la capacidad de ::;imbolizar,

Estos significados públicos, cons­truidos y simbólicos están integra­dos por conceptos, que tienen su origen en la necesidad de formular nuestras experiencias. Mediante un proceso de diferenciación progresi­va, los conceptos van quedando en­cuadrados en grupos característicos. Así, los conceptos de masa, volu­men y densidad están interrelacio­nadas en un grupo que generalmente denominamos Física. Estos concep­tos no están relacionados con los conceptos de renta económica, uti­lidad marginal o costes sociales usa­dos en Economía.

Dentro de cada forma de conoci­miento, los conceptos no sólo es­tán relacionados entre sí por medio de lo que se ha llamado su gramá­tica lógica, sino que las proposicio­nes que relacionan estos concep­tos entre sí (leyes y principios) tie­nen pruebas de verdad que tam­bién son características de cada for­ma de conocimiento. En Física, la prueba de verdad consiste en la ve­rificación experimental de una hipó­tesis. Para otras formas de conoci­:niento, Hirst no expone tan clara­mente sus pruebas de verdad ca­racterísticas,

Aunque en la lista de formas de conocimiento propuestas por Hirst no aparece la Historia, quizá par el desacuerdo existente entre los his­toriadores respecto a qué es lo fun­damental en las explicaciones, J. Dominguez (1989) considera que sí se puede aplicar el esquema de Hirst para determinar cuál es la es­tructura de la Historia como forma de conocimiento, y propone tres sub­estructuras: los conceptos, los pro­cedimientos explicativos y los pro­cedimientos de investigación-verifi­cación.

Aplicando la propuesta de Domin­guez a los conceptos y los procedi­mientos explicativos (los procedimien­tos de investigación-explicación se tratarán más adelante), tendríamos:

1.2.1.LA ESTRUCTURA CONCEPTUAL.

Otras disciplinas disponen de una estructura conceptual propia. Dicha estructura se puede jerarquizar, de manera que se establezcan qué con­ceptos tienen la categoría de inclu­sores (según la terminología em­pleada por Ausubel), y cuáles tie­nen menor rango y están incluidos en ella.

La Historia, sin embargo, no puede presentar una red conceptual jerar­quizada, e incluso para algunos au­tores ni siquiera dispone de unos conceptos específicos, sino que uti­lizél los de la experiencia general humana.

A la hora de identificar y selec­cionar los conceptos específicos de la historia y establocor las ,rolacio­nes de dependencia existentes en­tre ellos, encontramos varios pro­blemas:

1. La indefinición conceptual. deri­vada de la utilización de'algunos conceptos con significados limi. tados o ahistóricos en el lengua­je cotidiano. Existe un gran nú­mero de conceptos compartidos por los historiadores y los hablan­tes comunes que utilizan dichos conceptos con significados mas limitados o diferentes, cuando no radicalmente contrarios al signi­ficado que tienen en su especifi­cidad histórica. (Un ejemplo es el calificativo "histórico" como si­nónimo de "excepcional", en el que desaparece el referente al pasado).

2. Muchos conceptos utilizados en el ámbito exclusivo de la histo­riografía presentan una carga de indefinición o no son aplicados con idéntica significación por parte de los historiadores, como son, entre otros muchos, los siguien­tes: subsistema, crisis, industria­lización, progreso.., Algunos tér­minos ponen en evidencia el com­ponente de relativismo histórico, particularmente aquellos que alu­den a diferentes interpretaciones que, respecto a los procesos de cambio, realizan historiadores o corfientes historiográficas. De ahí la dificultad a la hora de una apli­cación uniforme de esos concep­tos a determinados procesos de transformación.

Además, el significado de a1gu-, nos conceptos se modifica en fun­ción del contexto espacio-temporal al que hacemos referencia, es el caso de la tiranía en la Grecia Clásica y en el si­glo actual. Otro tanto cabría decir de democracia, monarquía, sufragio, caballero, etc.

J. Dominguez (1989) propone la acoptación oclócllca do dou tipos do conceptos o nociones:

a) Hipótesis o conceptos explicati­vos sobre las diferentes confor­maciones de las sociedades hu­manas en el tiempo. A esta ca­tegoría pertenecerían gran parte de los conceptos utilizados por el materialismo histórico, como clase, siervo, señor, excedente, etc.

b) Generalizaciones, que sin tener un carácter explicativo, son con­ceptos imprescindibles y continL:a­mente empleados. (Por ejemplo, los de Renacimiento, Absolutis­mo, Ilustración, etc.).

Las generalizaciones pueden ser consideradas metaconceptos, por­que tienen tal densidad conceptual que su comprensión exige previa­mente la de otros conceptos. Su com­plejidad les viene dada por la con­densación de experiencia histórica que comportan y por la propia com­plejidad de las relaciones que se ponen en juego para su definición.

El metaconcepto feudalismo ocu­pa la cúspide de un mapa concep­tual (técnica propuesta por Novak, 1985), en el que, convenientemen­te enlazados mediante proposicio­nes, figurarían conceptos como ser­vidumbre, vasallaje, feudo, corveas...

1.2.2.LOS PROCEDIMIENTOS EXPLICATIVOS.

Constituyen el entramado de re­laciones que se da entre los con­ceptos. Nos proporcionan esquemas de análisis de los hechos sociales, tanto presentes como pasados.

a) El principio globalizador: aceptado por las distintas corrien­tes historiográficas y que puede enunciarse así: "La explicación histórica debe abordar los hechos como una realidad global, ya que la explica­ción histórica es el resultado de cons­tatar la existencia de un alto grado de interdependencia y confluencia entre los distintos niveles que con­figuran una sociedad.

b) La explicación teleológico In­tencional: que pone el acento en las motivaciones personales o gru­pales a la hora de explicar los he­chos históricos. En relación con la explicación intencional hay que si­tuar otro procedimiento utilizable en historia pero controvertido por al­gunas corrientes historiográficas: la empatía, con la cual se pretende alcanzar la comprensión.

c) La explicación causal: la no­ción de causa para las Ciencias Na­turales se define como la "condi­ción o condiciones suficientes que explican un determinado fenómeno que se considera el efecto". Pero en el caso de la Historia y en gene­ral en todas las ciencias o discipli­nas sociales y humanas, la cues­tión es bastante más compleja, como se explica más adelante; pero apun­temos aquí dos particularidades de la causalidad como principio expli­cativo de la historia: su multiplici­dad y su internldad.

La multiplicidad de causas o mul­ticausalidad proviene del hecho de que en el resultado de un proceso histórico entran en juego múltiples factores que interactúan, se condi­cionan mutuamente y dan lugar a una serie de nexos causales de re­laciones en diferentes niveles es­tructurales (pollticos, económicos, sociales, mentales...). Además, los procesos de cambio en Historia tienen, según Mario Bunge, un carácter interno donde es imposible separar condiciones (o causas) externas de las realidades en cambio. Por lo tanto, será difícil separar efectos y causas, por ser éstas internas a la colectividad que experimenta los cambios y que, de alguna manera, dicha colectividad "se cambia a si misma".

d) Los procesos de cambio: los acontecimientos y las transforma­ciones. Evidentemente los aconte­cimientos o hechos históricos cons­tituyen elementos específicos de la historia. Sin embargo, el uso que el historiador debe hacer de ellos ha sido objeto de enconados enfrenta­mientos historiográficos.

Según González Marzo (1993) la concepción positivista de la histo­ria, desde una posición extrema y mediatizada como era la visión epi­sádica, tan atenta a contamos ba­tallas, acontecimientos políticos "re­levantes", a confundir la vida de una sociedad con las notas de socie­dad atribuibles a sus protagonistas principales y a difumin"ar hasta .10 irreconocible en una masa grisábea las multitudes de protagonistas in­dividuales y protagonlsmos colecti­vos de la historia, que terminó por acarrear su descrédito' y; en cierto modo, el descrédito de la historia.

Frente a ese determinado "uso y abuso" del acontecimiento siguió una reacción antipositlvista (basada, bien erl la teoría, bien en los métodos cuantitativos) que desdeñaba y pres­cindla completamente de los hechos. Todavía se hace notar el influjo de este punto de vista historiográfico extremado que, frecuentemente, pretende negar la validez al acontocl­miento y al personaje singular o re­levante.

Independientemente de su rele­vancia global en el análisis históri­co hay que considerar la interpre­tación que los distintos historiado­res hacen del hecho histórico como objeto de conocimiento.

Los hechos históricos para Pie­rre Vilar (1992) pueden ser contem­plados bajo la triple perspectiva de causas, consecuencias" y síntomas.­

Topolsky (1982) entiende que el hecho histórico se interpreta de dos maneras:

a) Ontológicamente, el hecho his­tórico es un objeto de investiga­ción histórica que existe objeti­vamente, de forma independien­te a la materia de conocimiento: un suceso en si mismo.

b) Epistemológicamente. el hecho histórico es una construcción cien­tffica, es una interpretación de un suceso efectuada por el historia­dor.

El acercamiento positivista al he­cho histórico participa de ambas in­terpretaciones, de manera que un hecho histórico se interpreta como "un reflejo más o menos aproxima­do de un hecho considerado corno materia' objetiva de conocimiento", de suerte que el pasado lo consti­tuye un número de hechos que re­construye el historiador.

La aproximación estructuralista (antipositivista) considera el hecho histórico como una construcción cien­tífica y se centra exclusivamente en el papel activo de la materia de co­nocimiento en el proceso de "crear el pasado". La interpretación dialéctica, acep­tando ambas posiciones (positiva y estructural), considera que existe una realidad objetiva e independiente de la materia de estudio y, al mismo tiempo, acepta que esta realidad no es una serie de hechos que sólo necesitan ser reflejados, sino que su complejidad y su diversidad (y las de sus relaciones mutuas) exi­ge una construcción de las mismas como un método de acercamiento a la verdad absoluta a través de verdades relativas y aproximadas.

1.3. EL CONOCIMIENTO HISTÓRICO A TRAVÉS DE LA H ISTORIOGRAFIA.

La Historiografía es "el estudio bi­bliográfico y crítico de los escritos sobre la historia y sus fuentes". Un recorrido por las distintas épocas de ploducclón histórica resulta ilustra­tivo para descubrir la valoración y significado que en cada momento se ha dado al conocimiento históri­co, así como cuáles eran sus pro­cedimientos explicativos prédominan­teso

Los inicios de la historia escrita e:5tán ligados, a juicio de J. Fonta­na (1982) a la justificación del es­tado monárquico por el doble pro­coso de señalar su origen sagrado y de identificarlo con el pueblo. Los más antiguos textos históricos co­nocidos son las listas de reyes, como las que los sacerdotes sumerios guar­daban en los templos: asociaban a los reyes con las divinidades, refor­zaban el prestigio de la casta sa­cerdotal y contribuían a explicar las formas de organización del presen­te. Al igual que en Mesopotnmin, en Egipto son listas de reyes los más antiguos documentos históricos.

La Historiografía griega nace con los "Iogógrufos" do Asia Menor, qUtl habían recogido la información de los manuales en que los marinos anotaban los puertos y pueblos de las costas mediterráneas, con ob­servaciones sobre sus costumbres y sobre su historia local. La misma palabra "historia" deriva de un ver­bo que significa "explorar", "descu­brir", lo que vendría a corresponder al hecho de que la primitiva histo­riografía griega era, ante todo, una exposición de "descubrimientos" so­bre tierras y pueblos ajenos. La fi­gura más destacada entre los logó­grafos es la de Hecateo de Mileto (500 a. J.C.), cuyas obras se. refie­ren a la descripción de la tierra y la historia, y de quien se destaca la voluntad expresa de analizar racio­nalmonto 108 mitos dol pnnndo. Tras Hecateo vendrá el gran salto hacia adelante representado por dos hombres: Herodoto y Tucídides, con quienes la historiografía griega lle­ga a su cima. Fontana dice que la interpretación histórica de la edad clásica es fruto de la concurrencia de cambios políticos (sustitución de los reyes por tiranos) y religiosos.

   Horodoto continúa a los logógrafos y combina los conocimientos re­cibidos de ellos con los adquiridos personalmente en sus viajes. Por primera vez el historiador no se con­tenta con narrar, sino que señala las causas de los acontecimientos y busca el sentido profundo de la evolución histórica. Se interesa por los aspectos económicos y socia­les y por la totalidad de la actividad humana, descubriendo relaciones para buscar una explicación para de­terminados acontecimientos.

Tucídides se dedicó a investigar las leyes que regulaban el predo­minio entre los estados y creía que un estudio exacto del pasado ser­vía para manejarse en el presente.

En el siglo IV hay una decaden­cia que para Fontana tiene que ver con un cambio en los métodos de análisis: "Se desgaja de la historia la reflexión generalizada, convirtién­dola en la ciencia política de Platón y Aristóteles". Para este último, la ciencia política debe explicar "cuántas clases de constitución hay, cuáles son los medios más adecuados para su mantenimiento y cuáles las cau­sas internas o externas por' las que cada forma puede ser destruida".

Polibio escribió sobre Roma y para los romanos, siendo un auténtico "cronista" del imperialismo romano, aunque escribiera en griego. Devolvió a la historia su antiguo propósito generalizador, ya que quería que no sólo fuera investigación sobre el pa­sado, sino también, y sobre todo, un medio de formación política. Es muy interesante su formulación de una teoría cíclica de los gobiernos: partiendo de las elaboraciones de Platón y Aristóteles, las incorpora a un marco histórico,

      Los historiadores romanos escri­ben "proemios" (exposiciones filo­sóficas con las que inician sus obras y en las que se insiste en. su pre­ocupación por la imparcialidad y en su propósito moralizador. Pero es difícil admitir la imparcialidad en los historiadores de la etapa final de la República y del primel' siglo del Im­perio, cuya vinculación a la política era clara. Este es el caso de Sa. lustio, Tito Livio o Tácito.

Entre Tácito y San Agustín hay una larga coexistencia de una his­toriografía romana pagana y otra cris­tiana. Lo que distingue a ambas es, por un lado, el planteamiento: cícli­co (para la pagana) y lineal (de la creación del mundo al fin de los tiem­pos), y por otro lado el hecho de que la grecorromana buscaba la ex­plicación de los fenómenos en el interior de la propia sociedad, ha­ciendo uso de una causalidad fun­damentalmente tenena, mientras que la cristiana supone que existe un esquema determinado desde fuera de la sociedad humana, por desig­nio divino, que marca el curso de la evolución histórica. El e:¡tudio de la historia le sirve al cristiano para confirmar la fe.

San Agustin, en "La ciudad de Dios" no se limitaba a condenar las especulaciones proféticas (que es­tablecían una serie de edades des­pués de las cuales vendría el fin del mundo), sino que iba más allá: reinterpretaba la historia, separan­do la de Roma de la del cristianis­mo. .

Siguiendo ese modelo, y en los siglos VI al IX, los historiadores cris­tianos se dedicaron a restablecer el enlace entre el relato bíblico y la realidad política en que vivían.

Isidoro de Sevilla es importante, ante todo por sus Etimologías, com- ' pilación enciclopédica de aquella parte del saber antiguo que pare­zra útil Integrar en la enseñanza de la Iglesia.

En la época feudal, la Iglesia ofre­ce una nueva interpretación de la sociedad, la teoría de los tres ór­denes o estados, que justifica su función en el seno de la nueva so­ciedad feudal. Propone una división social del trabajo en tres grupos dis­tintos: los caballeros, los eclesiásti­cos y los laboratores.

El Renacimiento, con su visión antropocéntrica del mundo propició que la Historia abandonara toda re­ferencia al designio divino y vol­viera a interesarse por las causas de la evolución de la sociedad. Surge además una nueva visión de la his­toria, como compendio de enseñan­zas morales y políticas. "El Prínci­pe" de Maquiavelo, o "La Repúbli­ca" de J. Bodin son ejemplos de eilo.

La Reforma protestante añade un nuevo elemento, que supone la in­troducción de una perspectiva ra­cionalista e individualista. Y los gran­des decubrimientos ponen en con­tacto a la cultura europea con otras formas de organización social. Por otra parte, la aparición de la crítica histórica motivó la aparición de las lIt1mudus "ciencias auxiliares", como la Diplomática, encargada de verifi­car la autenticidad de los documentos oficiales.

Ya en el siglo XVIII, la aportación de Vico, precursor de Cornte, su­pone el intento de descubrir en la Historia los criterios de verdad, para lo que emplea su "ley de los tres estados" (edad divina, edad heroi­ca y edad humana). Hay que des­tacar, además, lo novedoso de sus técnicas e investigaciones, como el estudio de documentos o el análi­sis lingüístico, que son consecuen­cia de su voluntad de aplicar a los hechos sociales los principios de Bacon, superadores de las visiones normativas en favor de un estudio realista y objetivo.

La obra de Montesquieu repre­senta un hito en la historia de las Ciencias Sociales, ya que es consi­derado "el último de los filósofos" y en él se inician muchos caminos de desarrollo posterior: La Ciencia Po­Htica, la moderna Sociologfa... Su gran aportación es considerar que la infinita diversidad de las leyes y de las costumbres puede ser susti­tuida por un orden inteligible, ya que las razones de los hombres son ra­cionales y por lo tanto pueden en­contrarse las causas que las rigen, que desde luego no hay que bus­car en explicaciones teológicas o morales.  e trata, por el contrario, de ePlcontrar leyes, que él define como "relaciones necesarias que deriven de la naturaleza de las co­sas". Montesquieu es el primero en afirmar la independencia de los fe­nómenos sociales y en definir en las Ciencias Sociales un mé'todo' empírico, donde la hipótesis verifi­cada se convierta en principio.

2.LA PERIODIZACIÓN.

En todas las construcciones his­tóricas, el problema de una división cronológlca, es decir de una divi­sión del tiempo en periodos (perio­dización) se convierte en algo cru­cial. En la historiografía, la división del pasado en periodos ha sido ob­jeto de múltiples controversias. Ello es debido a que el critedo cronoló­gico adoptado por cada historiador está determinado, o al menos muy influido, por la totalidad de sus opi­niones sobre el pasado, es decir so­bre sus preconcepciones, que le guían en su ponstrucción de la sín­tesis histórica.

Kula distingue dos tipos de pe­riodizaclones:

a) Convencionales: si el historia­dor Intenta construcciones sim­ples. Son aquellas a través de las cuales el investi! ador se aproxima a un aspecto concreto del pasado o a un periodo corto.

b) Objetivas: las que establece el historiador cuando intenta des­cubrir los periodos cuya diferen­ciación se basa en el proceso his­tórico. Son más controvertidas ya que dependen de la visión del pasado que presenta el autor, por lo que puede afirmarse que las discusiones básicas sobre la pe­riodización son, en realidad, dis­cusiones básicas sobro los mé­todos de reconstrucción del pa­sado.

Topolsky distingue varios tipos de periodizaciones objetivas:

1. Periodizaciones cíclicas: Suelen

referirse a largos periodos y a la historia. de unidades territo­riales grandes. Sin embargo, tam­bién podrían aplicarse a perio­dos cortos a condición de que haya fluctuaciones cíclicas (de procesos de producción, etc.) que sirvan como base para la divi­sión en periodos. En este tipo hay que encuadrar teorías como la del movimiento pendular, pre­sididas por la idea del eterno re­torno. El acercamiento cíclico al proceso histórico se puede como binar con el direccional, dando lugar así a una visión espiral del pasado.

2. Periodizaciones direccionales: son típicas de las concepciones que Imaginan un limite (como el Jui­cio Final cristiano) al que se acer­ca la historia humana. Este gru­po incluye también la visión so­bre un progreso constante en la historia, que tiene lugar con in­dependencia de la causa o los hechos históricos concretos. En­tre las más antiguas periodiza­ciones de este tipo hay que citar la realizada por San Agustín, que establecía cinco épocas anterio­res a Cristo, y la sexta, a partir de él, que concluiría en el Juicio Final.Las periodizaciones direc­cionales están bastante caducas hoy en día.

3. Periodizaciones irregulares: se caracterizan por una estrecha unión de los periodos que se dis­tinguen con los hechos históri­cos específicos, Estos hechos son complejos y suelen seguir cur­vas poco regulares, que esas pe­riodizaciones intentan mostrar. El resultado (las periodizaciones) suele variar grandemente según el factor que determina una divi­sión concreta en periodos: primero fue el factor político, pero desde e/ marxismo, el factor económi­co se convirtió en elemento fun­damental en el procedimiento de periodización, especialmente para , la división de la historia humana en sus etapas básicas.          

3. EL HISTORIADOR Y LAS FUENTES

3.1. CONCEPTO GENERAL DE FUENTES.

Marrou define a las fuentes como "todo aquello que en la herencia del pasado pueda interpretarse como un indicio revelador por algún concep­to de la presencia, de la actividad, do lor¡ tWlllillli'Jlllotl y 01 modo do pensar del hombre que nos prece­dió".

Bernheim, on un sentido pareci­do afirma: "las fuentes son resulta­dos de la actividad humana que, por su destino o por su propia existen­cia, origen u otras circunstancias, son particularmente adecuados para informar sobre hechos históricos y para comprobarlos".

Las definiciones de fuentes his­tóricas, por lo general, hacen refe­rencia a dos aspectos:

a) Son restos, resultados, reliquias, productos de la existencia hUma­na.

b) Esos restos facilitan el proceso cognoscitivo de reconstrucción de los hechos históricos.

Cabe añadir la memoria hum na (la tradición) en el concepto de fuente histórica, que debe abarcar todas las formas del conocimiento históri­co: directas e indirectas (como se señalaba en otro apartado de este tema). Es decir, hay que incluir toda la información sobre el pasado hu­mano, dondequiera que se encuen­tre esa información, junto con los canales utilizados para transmitir esa información.

A veces, la fuente lo es en po­tencia: cualquier cosa de la que un historiador pueda extraer informa­ción sobre el pasado. Pero para ser una fuente efectiva hay que reali­zar el trabajo investigador y extraer los datos con los que construir el conocimiento histórico.

3.2. CLASIFICACiÓN DE LAS FUENTES.

Se trata, una vez más, de un tema polémico, aunque en este caso se explica por la, dificultad de clasifi­car en general (en otras ciencias surgen también desacuerdos en la realización de clasificaciones).

La reflexión  sobre los tipos de fuentes comenzó a finales de la E. Media. A finales del s. XVII la es­cuela erudita realiza una distinción elemental entre fuentes auténticas y falsas. Pero fue en el s. XIX cuando se elaboraron las primeras clasifi­caciones sistemáticas de las fuen­tes. Así Lelewel en 1815 dividió las fuentes en:

1. Tradición (relaciones orales).

2. Fuentes no escritas (monumen­tos silenciosos del pasado).

3. Fuentes escritas.

Droysen clasificó las fuentes en tres categorías:

1. Monumentos: Abarcan los restos

hechos a propósito para ser trans­mitidos a las generaciones pos­teriores, pero no con la intención de dar testimonio de los hechos pasados, sino servir a las nece­sidades de individuos específicos, familias, etc. (documentos lega­les, medallas, lápidas...).

2. Restos: Todos los signos mate­riales (escritos y no escritos) de los seres humanos y de los su­cesos, con la excepción de las informaciones hechas a propósi­to. .

3. Fuentes: Serían los signos ma­teriales hechos a propósito.

Otros autores distinguen tradición (fuentes indirectas) y restos (fuen­tes directas). Las fuentes directas son restos conservados de' lá exis­tencia y de las actividades pasadas del hombre, que abarcan los restos materiales (monumentos) y no ma­teriales (reliquias). Las fuentes indi­rectas son documentos destinados a conservar la memoria del pasado.

Topolsky propone una doble cla­sificación:

a) Directas e indirectas (y a su vez, con destinatario y sin él).

b) Escritas y no escritas.

    También es importante saber si una fuente escrita estaba destina­da o no a influir sobre las opinio­nes de algunas personas, incluidos los historiadores. Los destinatarios pueden ser: personas contemporá­neas (cartas, anuncios, etc.), la pos­teridad (inscripciones, etc.) o los his­toriadores (crónicas, etc.).

   LA AUTENTICIDAD Y FIABILIDAD DE LAS FUENTES.

El exceso positivista al magnifi­car la importancia de los documen­tos llevó a que algunos de sus críti­cos hablaran del "fetichismo de los textos". Precisamente por este peli­gro se exige al investigador el criti­cismo necesario para no dar por bue­no cualquier dato por el simple he­cho de aparecer en un texto. Por­que, según Suárez todo dato falso nos aparta del objeto de investiga­ción en la medida en que se acepta como verdadero un dato que no lo es. No se puede reconstruir sobre datos falsos, porque desde el mo­mento en que los hechos suminis­trados por ellos jamás han existido como nos los presentan, lo que se reconstruye con ellos es imagina­rio, en la misma proporción en que los datos no son verdaderos.

Para dar como válidas las infor­maciones extraídas de las fuentes, el historiador debe valorar la cantI­dad y la calidad de las mismas. Respecto a la cantidad, una formu­lación clásica de la escuela positi­vista es que un sólo rff'r:/ll1wnto no lmstll para establecer un hocho ex­torior. P. Vllar parece coincidir con dicho axioma cuando afirma: "El his­toriador, como el juez, rechaza el testimonio aislado. A sus ojos, sólo la frecuencia en la repetición con­fioro al dor:umonto subjetivo su grado de significación objetiva". Desde lue­go, si un hecho viene expuesto por diversidad de testimonios, reúne in­dudablemente más garantías, pero siempre y cuando tales testimonios sean fidedignos.

Se plantea así la otra gran cues­tión: la calidad, porque no es la mul­tiplicidad de fuentes lo que garanti­za la seguridad de un/dato, sino la autenticidad de la fuente y la vera­cidad del autor del testimonio. El trabajo de validación de la informa­ción contenida en las fuentes es ob­jeto de una parcela importan 'te de la investigación histórica: el análi­sis crítico.

. La autenticidad. La determi­nación de la autenticidad de las fuen­les es el punto de partida de todas las operaciones de investigación, Un documento puede ser, o no ser, au­téntico en cuatro sentidos:

a) Respecto a la fecha y el lugar en que fuo escrito. SI se conocen esos datos y son verdaderos, el do­cumento es auténtico en cuanto a la localización espacio-temporal. Hay que decir que una fuente puede ser auténtica aunque no se conozca su autor (por ejemplo, una crónica).

   b) En el sentido de su alcance, que se define como "la suma de aquellas cuestiones (problemas) a las Que una fuente concreta puede proporcionar respuestas verdaderas". Se da el caso de Que una fuente sea auténtica para el estudio de cier­tas cuestiones y falsa para otras.

c) En el sentido m{\fJ ostrlcto : su falsedad o autenticidad puede ser total o parcial. Para discernirlo hay que atender a dos reglas básicas:

1 ) Las caracterfsticas externas del documento no deben ser ana­crónicas respecto a otros de su épo­ca.

2°) Su contenido no debe ser de­masiado discordante, no diferir de­masiado respecto a otras fuentes reconocidas como auténticas, El gran número de falsificaciones que sur­gen continuamente ha agudizado el sentido crítico de los historiadores, que a menudo se vuelven hipercrí­ticos (un ejemplo muy conocido es la negación inicial de Obermaier de la autenticidad de las pinturas de Altamira).

d) En la medida en que es origi­nal o por el contrario se trata de copias, transcripciones, extractos, elc, Sin embargo, un documento puede ser original pero falso, por lo que sería auténtico en el sentido d) Y falso en el c)

. La fiabilidad. Este concepto debe restringlrse para valorar al in­formante, no a la información. Determinar la fiabilidad del informante es una cuestión esencial en investigación histórica, y tiene dos facetas:

a) La relación entre los hechos y su mensaje. Cuando el informante construyó su mensaje estaba con­dicionado por varios hec!lOs: los medios de los que disponía, su propia formación cultural, la cantidad de información manejada, etc. Puede ocurrir que no exista una adecua­ción entre los hechos y el mensaje, ajona a la persona Informante.

b) La relación entre la visión que tiene el informante, y que conside­ra veradera, y el mensaje que cons­truye para transmitir. Ahr es donde entra en juego la intencionalidad. El análisis de la intencionalidad es com­plejo, y debe valorar la posición so­cial del informante (como condicio­nante) y sus posibles motivaciones. No obstante, cada autor "se gana" nuestra fiabilidad en la medida en que vamos comprobando la veraci­dad de sus afirmaciones.

Englobando ambos aspectos se puede sitetizar que el informar,le sólo transmite información verdadera si puede acceder a la verdad y si quiere transmitirla.

Algunos historiadores han mos­trado un celo excesivo en el tema de la fiabilidad. Así Langlois y Salg­nobos afirman: "El valor de la afir­mación de un autor depende exclu­sivamente de las condiciones en que haya trabajado". Llevando esta afir­mación a sus últimas consecuencias se paralizarra la investigación his­tórica, porque haría falta un trabajo fmprobo para llegar a una conclu­sión: la imposibilidad de fijar el va­lor de un dato por la imposibilidad de precisar en cada caso las condi­ciones en que trabajó.

4. EXPLlCACIÓN y COMPRENSIÓN EN LA HISTORIA.

El objetivo último de la labor in­vestigadora del historiador es ile­gal' a interpretar los procesos que tienen lugar en la sociedad. Carr afirma que "historiar significa inter­pretar". Para él la interpretación viene a ser la visión que se adopta ante la historia. Así se puede interpretar on clavo "política", "económico-so­cial", etc

Pero no todos los autores concI­ben así la interpretación. Salmon distingue entre interpretación (como un momento de la investigación en el que se colman lagunas recurriendo n In hirótosis, utilizando el razona­miento constructivo) y explicación, que es una operación posterior que supone superar la observación y la descripción de los hechos para in­tentar relacionarlos con otros hechos es decir, explicarlos por medio d  sus causas y sus consecuencias.

LAS DIVERSAS MODALIDADES DE LA EXPLICACiÓN HISTÓRICA.

En Historia hay preguntas expli­cativas (¿por qué fue así?) que re­quieren una explicación causal. La tarea de la explicación histórica se puede interpretar, al menos de las siguientes maneras:

a) Descriptiva: Es el concepto más amplio, ya que puede abarcar todos los restantes tipos de expli­cación. Además, todas las formas de explicación suelen adoptar la for­ma de una descripción histórica (na­rración histórica). Aquí nos referi­mos a la simple descripción, sin nin­gún intento de señalar las causas.

b) Genética: La explicación ge­nétlca consiste en se alar los su­cesivos estadios de desarrollo de un hecho histórico cuando respon­do ti la progunta ¿ cómo ocurrió?

Por ejemplo, ¿cómo ocurrió la Guerra Civil Española?: la respuesta se re­fiere no sólo a las causas, sino que deseamos una descripción de los hechos sucesivos que condujeron al estallido de la Guerra Civil. Algu­nos autores, que aseguran que la respuesta se refiere no solo a las causas sino que deseamos una descripción de los hechos sucesivos que condujeros al estallido de la Guerra Civil. Algunos autores que aseguran que la investigación histórica se ocupa de "lo único", y por tanto no ofrece nin­guna explicación causal (al revés que las Ciencias Naturales). Esos autores dicen que al contestar con una descripción de lo que ocurrió estamos contestando a la vez a la pregunta ¿por qué?

c) Estructural ( o funcional): Se­ñala las funciones de un elemento específico en un todo concreto. Una de las principales tareas del histo­riador es señalar el papel de deter­minados hechos dentro de estruc­turas más amplias.

d) Definitoria: Nos encontramos con dos variantes de dicha explica­ción: ¿ qué (quién) es eso? ¿porqué?

Por ejemplo ¿qué eran los reinos de taifas? Para contestar podemos recurrir a:

. definiciones nominales, si ex­plican el significado de un término concreto refiriéndonos a los signifi­cados de los términos que el re­ceptor conoce ya.

. definiciones reales, si intentan caracterizar un objéto concreto de un modo no ambiguo, al modo como lo hacen los diccionarios históricos y las enciclopedias.

    e) Causal: Es la única que se pue­de considerar explicación en el sen­tido estricto del término. Es el pro­cedimiento fundamental que adop­ta el historiador, por encirr¡a de las simples descripciones de los hechos y que une su investigación con el estudio de las leyes científicas y teo­rías.