TEMA 24.- LA COHERENCIA TEXTUAL:
DEÍXIS, ANÁFORA
Y CATÁFORA. LA PROGRESIÓN
TEMÁTICA.
1.- La coherencia y la cohesión
en el texto.
La coherencia de un texto es lo que determina que
éste pueda ser comprendido por el oyente como una unidad cuyas partes se relacionan
entre sí y como emisión adecuada a un contexto. Por eso, según Coseriu, tiene
que adecuarse a lo que dicta la norma de una comunidad. En este sentido, lo
normativo no solo toca a las estructuras lingüísticas que, en forma de actos de
habla, son más comúnmente emitidas por una comunidad: la coherencia de un texto
radica igualmente en la adecuación de éste a la cosmovisión del mundo que tenga
esa comunidad: Me he comido el corazón de
él, será emisión adecuada a la cosmovisión de las lenguas de comunidades
caníbales; en español sería tomada como una desviación de la norma, literaria o
estilística. Por eso la coherencia está estrechamente ligada a la pragmática, a
la retórica y a la semántica.
La cohesión es, por su parte, el
conjunto de elementos lingüísticos que cuyas funciones revelan sus relaciones
mutuas: se relaciona, pues, de modo directo con la morfosintaxis. No obstante,
la cohesión garantiza la gramaticalidad de un texto y ello no nos da certeza de
la coherencia o incoherencia del mismo: El
picaporte bilingüe descifraba su tristeza es desde el punto de vista
normativo incoherente aunque cohesionado.
Con todo, coherencia y cohesión no
pueden separarse. Un texto coherente sólo puede ser expresado a través de una
buena cohesión. La cohesión de un texto viene dada precisamente por las
estrategias comunicativas de un emisor:
en términos generativistas, la estructura profunda, con sujeto y predicado
lógicos, guarda la intención comunicativa primaria. El emisor tiene que
cerciorarse de que el receptor la capte. En pro de esa intención, cohesionará
la la estructura superficial. En última instancia, el oyente percibirá
analíticamente la coherencia de esa intención a través de la cohesión del
texto.
Por eso la coherencia y la cohesión
se relacionan directamente con la competencia comunicativa de los integrantes
en la comunicación, o lo que es lo mismo: con la capacidad que tienen emisor y
receptor para emitir y comprender secuencias inéditas y adecuadas a la norma de
su lengua y alos contexto en que tales emisiones pueden realizarse.
2.- La coherencia: el núcleo
informativo fundamental del texto.
Aquello que hemos llamado intención
comunicativa primaria del oyente es lo que va a marcar la coherencia de un
texto: es ella la que marca el núcleo informativo fundamental del texto. Este
núcleo ha recibido diversos nombres según
No obstante, recordemos que, como
dijimos arriba, un texto cohesionado y con una coherencia textual puede no
tener éxito comunicativo si no se adecua a la cosmovisión del mundo que tiene la
comunidad lingüística del idioma que emplea el emisor y entiende el receptor.
Aquí llegamos a un punto en el que la pragmática -entendida como las relaciones
del signo con el sujeto que lo usa- fiscaliza las emisiones. En este sentido
hay emisiones que no son ni verdaderas ni falsas: por ejemplo, en español El rey de Navarra no viajará hoy en metro,
no es ni verdadera ni falsa en cuanto la cosmovisión del mundo que tiene
nuestro idioma excluye un rey de Navarra.
3.- El marco contextual.
No tenemos que confundir éste con el
MIG. El marco se refiere a las coordenadas espacio-temporales donde se emite un
acto de habla. En este sentido tendremos, por un lado, emisiones adecuadas e
inadecuadas y, por otro, actos de habla que adquirirán un significado u otro
dependiendo en qué contexto, o marco, se enuncien.
La adecuación tiene sus
determinantes socioculturales: pongamos por caso que el acto de habla Yo os declaro marido y mujer sólo es
adecuado en el marco contextual de una ceremonia nupcial y emitido por un
sacerdote. Fuera del mismo se evidenciará como una emisión inadecuada y sin
efecto si la intención comunicativa primaria era la unión sacramental. Ahora
bien, dicho en un contexto lúdico, por ejemplo en un bar, adquirirá un nuevo
significado: el de, tal vez, una broma a una pareja: el contexto deja claro que
la intención no era la unión nupcial verdadera.
Las emisiones que suponen un desvío
de la norma, por razones estilísticas o literarias, se reconocen como adecuadas
precisamente por su contexto: si leemos en
Poeta en Nueva York, de Lorca, que La
aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y un huracán de negras
palomas que chapotean entre las aguas podridas, le otorgaremos coherencia
en el marco contextual del poemario en el que se integra: fuera de él, además
de inadecuada sería incoherente.
Incluso un texto de cohesión y
coherencia precarias en primera instancia pueden ser coherentes dependiendo de
su marco contextual: Ha dimitido el
ministro de Educación. El terremoto de Granada no ha causado víctimas. El paro
bajó un 3 % carece de coherencia salvo si es el conjunto de titulares de un
noticiero radiofónico.
4.- Implicaciones y
presuposiciones.
La coherencia textual depende, en gran
medida, del tejido de implicaciones lógicas y semánticas que los elementos
léxicos de un texto contengan: La
Juventus ganó al Milán implica que El
Milán ha perdido; Tu amante tiene
halitosis presupone que Tú tienes un
amante. La implicación, en sentido lógico se explica como si P es verdadero
entonces Q también lo es; la presuposición se enuncia como P es verdadero o
falso sólo si es verdadero Q.
No obstante, no podemos olvidar que
mientras que la lógica trabaja con operadores abstractos, los enunciados de un
idioma, como dijimos, están sujetos a la cosmovisión del mundo de esa lengua.
En este sentido recordemos que hay emisiones que no son ni verdaderas ni
falsas: recordando el ejemplo anterior, en español El rey de Navarra no viajará hoy en metro, no es ni verdadero ni
falso en cuanto la cosmovisión del mundo que tiene nuestro idioma excluye tal
monarca También quedan fuera de implicación y presuposición las emisiones
acordes con la norma -salvo las desviaciones estilísticas y literarias- que
incurran en incompatibilidades de valencias semánticas: Los niños fueron pavimentados con diligencia, no implica ni
presupone nada: es inaceptable en cuanto pavimentar
exige, en este caso, un sujeto paciente cuyo sema genérico no sea humano.
Otras emisiones guardan unas
implicaciones latentes: Hoy no te he
matado es cierto, pero mi cosmovisión del mundo me dice que nadie enuncia
tal perogrullada: permanece latente que ha contemplado la posibilidad. De ahí
que las implicaciones latentes tengan una serie de efectos en la manipulación
informativa: El alcalde desmiente estar
implicado en el escándalo del tráfico de influencias deja latente que ha
habido indicios de implicación. Ello demuestra que las lenguas van más allá de
emisiones enunciables en términos de lógica.
Por último, los actos realizativos
implican su ejecución: va pareja a su emisión, como el anterior: Yo os declaro marido y mujer , o los
relacionados con promesas u otras actitudes parecidas: Lo siento mucho. En este sentido hay emisiones cuya verificación
depende de que sean corroboradas por el tiempo, como las promesas y los
pronósticos: Te prometo que iré contigo
o Mañana lloverá en el sur.
5.- La deíxis.
Si entendemos que
todo acto de habla se sustenta en un marco contextual, convendremos en que
siempre se realizan en una situación comunicativa que comparten emisor y
receptor. Con todo, hemos de advertir que las barreras temporales pueden
romperse a veces sin que se anule la comunicación, como en la correspondencia
epistolar, y que lo mismo puede ocurrir con las espaciales, como en las
videoconferencias, por ejemplo; también emisor y receptor pueden coincidir en
el monólogo.
No obstante, la situación
comunicativa típica siempre tiene al emisor como referencia espacio-temporal absoluta,
aun en los casos anteriores. La deíxis es por tanto la relación de indicación
que mantienen los elementos lingüísticos con en el entorno espacio-temporal
que, en última instancia, remite al del emisor. Tal deíxis puede ser espacial,
temporal y personal.
Los deícticos espaciales marcan el
tiempo en relación con el aquí del
emisor: los adverbios, ahí, allí,...; los demostrativos: este, ese, aquel,...; ... Los
temporales indica el tiempo respecto del ahora
del emisor: los adverbios: mañana,...;
los tiempos verbales: diré,...;... La
deíxis personal se refiere, fundamentalmente, a los pronombres personales,
cuyos referentes dependen del emisor, incluyéndose aquí la deíxis social, es
decir, la referida al tratamiento, que marca la posición del emisor respecto a
los otros: Yo, tú, usted,...
6.- La foricidad.
En este caso estamos, por así
decir, ante una deíxis textual, es decir, hablamos de la relación que mantiene un
elemento del discurso con otro que aparezca en el mismo texto, no
necesariamente en el contexto espacio-temporal del emisor, como en la deíxis.
Cuando un elemento se refiere a otro
aparecido anteriormente estamos ante la anáfora: Juan estuvo contigo. Lo vi bien. Aquí, el pronombre personal lo hace referencia a Juan. Si sucede lo contrario, es decir,
un elemento anuncia a otro que va a aparecer se da una catáfora: Te lo dije: él iba a venir, donde lo anuncia la oración él iba a venir. En el caso de que el
sustituto sea Ø estaremos ante una anáfora elíptica: Ya Ø sé: él
iba a venir, donde Ø sustituye a él iba
a venir.